Burton 22

Alabo y me maravillo con tantos desnudos como el arte occidental nos ha proporcionado, pero me repugna la desnudez dominguera, es decir, hablando en plata, que la gente común y corriente se ponga en bolas, en pelotas, o en bikini…A favor del cuerpo desnudo o en bañador (se llame Ana de Armas, Margot Robbie o Chris Hemsworth), pero rotundamente en contra de la vulgar desnudez, por muy naturista o ecológica que fuere, o de la vulgar exhibición en la playa de cuerpos asimétricos y rechonchos. Una playa en Benidorm (con mujeres de tetas caídas y hombres barrigones) me parece un espanto, y exactamente lo contrario al arte. En esto soy elitista y probablemente lo somos todos los estetas: lo artístico es elaborado y bello, mientras que lo estrictamente natural tiende a vulgar y feo. Por eso el desnudo artístico está lleno de reglas, limitaciones y trucos de pose, en tanto que la mera desnudez no deja de ser una grosería, no moral -no hay de ese puritanismo en mi idea-, sino estética, que es mucho más grave. El cuerpo fofo es -metodológicamente- un pecado.

Ya lo advertía Winckelmann al estudiar a los griegos: la belleza corporal se fundamenta en la armonía matemática de las partes, donde las formas se encadenan unas con otras como las olas de un mar en calma. Esa belleza suprema, que hoy solo atisbamos en la simetría supraceleste de una Gal Gadot y sus pares, no excita los sentidos de manera grosera; al contrario, eleva el alma a una contemplación pura, libre de fluidos y miserias materiales. Es el milagro que tanto obsesionaba a Santayana: la capacidad de transformar un impulso puramente animal y posesivo en una emoción espiritual desinteresada. Ante la perfección, el deseo se suspende; ante la flacidez, el deseo simplemente muere.

Admirar un cuerpo hermoso es una de las experiencias más intensas y efímeras que nos son dadas. Ese acorde perfecto de líneas, esa cualidad de la luz jaspeada sobre la piel joven, esa actitud de reposo o de gracia contenida, existen solo para el momento. La belleza física es como el curso de un río helado que se funde: una combinación constante de elementos flotantes que cambian antes de que podamos atraparlos. Lo demás es recordarnos, a través de la celulitis y las lorzas adiposas, nuestra propia e higiénica decadencia biológica. Kristen Stewart recortada contra el horizonte donde palpitan llamas y aguas de oro. O César o nada, o placer visual o nada. Exijamos el derecho de admisión en las playas públicas.

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