La gente ya no vive su vida; vive la vida vicaria de los futbolistas enriquecidos y simiiformes, consumiendo la mercancía que les venden entre gol y gol. España es poco más que un vulgar ejemplo de subliteratura. El poder ya no necesita bayonetas para controlar a la juventud o a las masas; le basta con darles un Mundial y programas de debate futbolístico durante la semana. Ven los partidos con su sialorrea inevitable, y el nalgatorio, posaderas o asentaderas perfectamente posado en el sofá.
Yo me quedo leyendo, mientras la cloaca socialista hace de las suyas y los moscardones se comen mis rosales, mientras la grisalla atroz anubarra el mundo, yo leo «Le Vite de’ piu eccellenti pittori, scultori, e architettori, Scritte da m. Giorgio Vasari pittore et architetto aretino, Di Nuovo dal Medesimo Riviste Et Ampliate Con i Ritratti Loro Et con l’aggiunta delle Vite de’ vivi, & de’ morti Dall’anno 1550 insino al 1567».
Clásico que contiene más de 140 retratos de los artistas biografiados insertos en el texto. Cada retrato está enmarcado en una cartela xilográfica manierista diferente (algunas con figuras alegóricas de las artes, grutescos y mascarones). Estos grabados son atribuidos tradicionalmente al maestro Maestro Giovano (o grabados bajo la supervisión del propio Vasari y ejecutados por Domenico Basa)
Papel verjurado de trapo de alta calidad, de gran consistencia y grosor, típico de las prensas de los Giunti (un ejemplar de la Giuntina de 1568 se considera hoy una pieza de museo) Presenta marcas de agua (filigranas) habituales de la Toscana de mediados del siglo XVI (frecuentemente flores de lis o ánforas)
Recuerden, amigos: Stultis circumstantibus, prudentiores ad artes et litteras confugimus.
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En la prosa de críticos de arte actuales habitualmente encontramos unos galimatías propios del más opaco terrorismo lingüístico. Así observamos como sustantivan verbos y adjetivos de forma innecesaria («la espacialidad de la vacuidad trans-objetual»), describen un objeto mundano con gravedad filosófica (una superficie pulida del banal Koons se traduce como «un cuestionamiento ontológico del reflejo del ser en la hiper-realidad mediática») o bien afean su estilo con una sintaxis laberíntica: oraciones subordinadas interminables que agotan al lector y diluyen la falta de contenido real.
Vasari utilizaba conceptos claros como la maniera (el estilo), la proporción o la gracia. Cuando elogiaba a Miguel Ángel, describía minuciosamente cómo el artista extraía la musculatura del mármol, argumentando que la obra superaba a la naturaleza mediante el esfuerzo, el intelecto y el dominio técnico. El texto de Vasari acercaba el arte al lector a través de la admiración por el hacer humano.
Por el contrario, la prosa que rodea a Hirst o Koons suele ignorar por completo el proceso de producción material (ocultando a menudo que fue fabricado en masa por talleres anónimos en Alemania o China) para forzar analogías con pensadores como Baudrillard, Derrida o Marx. Se produce una paradoja irónica: se utiliza terminología anticapitalista y radical para validar las piezas decorativas de los multimillonarios de Wall Street.
Vasari es un clásico de la elegancia. La humareda verbal sobre el arte contemporáneo es un signo de bizantinismo confuso.
