Adiós a la mente 9

OLAS DE FONDO LEVANTAN IMPRESIONES DE HUIDA

Asciende la Luna en el
fariseo y arlequinado universo.
Contemplo, y mis ojos ven con
frialdad, con indiferencia,
la línea que separa los hosannas
de las acres palabras.
Túmulos de agavanzos las noches.
Solo me queda la memoria.
Todo en el mundo parece inmóvil.
¿Por qué no partir
ahora?

Adiós a la mente 8

Escucho a Irene Montero y Trump. Desconocen astronómicamente una cantidad enorme de bibliografía. Discursos exaltados de barricada y nula capacidad de análisis.

¿Cuáles son las tres características -se pregunta Hayek- para que un grupo político, un grupo dispuesto voluntariamente a someterse a aquella disciplina totalitaria que luego impondrá por la fuerza al resto, sea conformado por los peores elementos de la sociedad?

En primer lugar, dice el austríaco: “si deseamos un alto grado de uniformidad y semejanza de puntos de vista, tenemos que descender a las regiones de principios morales e intelectuales más bajos, donde prevalecen los más primitivos y comunes instintos y gustos”.

Luego viene “el segundo principio negativo de selección: será capaz de obtener el apoyo de todos los dóciles y crédulos, que no tienen firmes convicciones propias, sino que están dispuestos a aceptar un sistema de valores si se machaca en sus orejas con suficiente fuerza y frecuencia”.

El tercer factor es: “quizás el más importante elemento negativo de la selección para la forja de un cuerpo de seguidores estrechamente coherente y homogéneo. Parece una ley de la naturaleza que le es más fácil a la gente ponerse de acuerdo sobre un programa negativo, sobre el odio al enemigo, sobre la envidia a los que viven mejor, que sobre una tarea positiva. La contraposición del «nosotros» y el «ellos», parece ser un ingrediente esencial de todo credo que enlace sólidamente a un grupo para la acción común”.

Nadie con una formación intelectual sólida tiende a someterse a los dictados de un líder sin cuestionarlo, nadie decente se suma al staff de aplaudidores, nadie responsable se pone de acuerdo para destruir en vez de construir. Recuerden el credo tan comúnmente asociado al gran Ludwig von Mises, “Tu ne cede malis sed contra audentior ito“, no cedas al mal, sino procede cada vez más audazmente contra él.

Montero y Trump, glorificar la peligrosa mediocridad.

Adiós a la mente 7

Leo a De Prada; cortejo de frases de mangas abullonadas (mangas «gigot» y «beret»), corsé, enaguas, miriñaque y crinolinas. Luce una fraseología de traje de sociedad: el cuerpo, que cubre el busto y deja al aire el escote, decorado con una pieza llamada «berta», y gran cantidad de tul, muselina, lazos, galones y joyas. De Prada arma sus lenguaje dando paso a brillantes polisones. Me irrita bastante los mamotretos que está escribiendo últimamente. Quisquilloso, litigante y castizo. Me aburre un poco. Demasiado tralarí tralará, demasiada erudición «a la violeta».

Mis palabras, a diferencia de las del famoso y orondo escritor, son más pobres y magras, llenas de roquedales y bosques salvajes. El miedo o el empuje de la locura me hacen huir «d´escarafalls». Solo en la tierra, sin amigos ni prójimos, con nulo éxito para mis libros, proscrito, desligado de todo, vivo sin fe, debatiéndome con mis inseguridades. Los hay que se imponen a la historia con «faramalla», otros somos poetas -menores- sin alboroto.

***

Escribe García Martín, de modo algo irónico: «Cuando yo era niño, me decían que había que portarse bien porque Dios veía todo lo que hacíamos. Ahora procuro no hacer nada que pueda avergonzarme, porque me imagino que en el futuro habrá un biógrafo que investigará mi vida con tanta minucia como Ian Gibson la de Lorca y no habrá nada, nada, que no saque a la luz».

Sonrío por un ego tan desmedido como pueril. Yo pertenecí, durante más de veinte años, a la «Direction générale de la Sécurité extérieure», y fui torturado y descubierto -nadie me creerá- por el C.N.I. Anthony Burgess, John le Carré, Cervantes, Quevedo, Voltaire, Daniel Defoe, y otros, fueron espías. El pobre García Martín no hizo más que pasear y dar clases desiertas en su aburrida provincia.

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La Tomografía por emisión de positrones es la contradicción epistémica a los hierbajos o brebajes pseudoespirituales del chamán de un bohío de la selva. Uno ayuda a curar, lo otro es mesmerismo de ignorante.

A veces encontramos a personas cultas e inteligentes que usan afirmaciones vagas, exageradas o infalsables; con gran dependencia por el sesgo de confirmación en lugar de sujeción a pruebas rigurosas de refutación; con poco o nulo temple para aceptar críticas, argumentos del corpus científico o evaluaciones de expertos. Hay ahí más una suerte de revelación teológica, alquimia astrológica, o baladronada ocultista, que un conocimiento obtenido de la investigación empírica.

Solo un ejemplo. No me ocuparé mucho de Juan Manuel de Prada, porque lo considero una presa demasiado fácil, pero una cantidad asombrosa de sus intervenciones devienen estelares. Considera, por limitarnos solo a dos de sus extravagancias, los cuadernos de caligrafía Rubio como lo más decisivo en la formación de varias generaciones de españoles y «expulsar la caligrafía de las escuelas» poco menos que la causa de la decadencia del mundo contemporáneo, y, considera «la pérdida de la fe de los españoles en Cristo», como la principal causa de la crisis económica del 2008-2013.

Deberíamos pedir altura y calidad intelectual, en lugar de persuasión emotiva o mera retórica feliz del lenguaje. Yo, en mis libros, hago aserciones napoleónicas y achusemadas propias de un apocalíptico histérico, pero -enfatícese- son IRÓNICAS y CARECEN DE BASE CIENTÍFICA. Por ejemplo, una idea recurrente mía: para todo x, si x es español, entonces x es imbécil. Esto es una boludez. Pero como el aura adolescente de provocación a lo «enfant terrible» me atrae, y, si, además, logro escribir la idea -ejem- convincentemente desde un punto de vista estético, con buenos tropos, entonces no la cambio y me satisface. Juan Manuel de Prada es un imprudente: no pone esa distancia con sus múltiples afirmaciones pintorescas y excéntricas.

Adiós a la mente 6

Una cultura grosera crea personas vulgares y el refinamiento privado no puede sobrevivir ante los excesos públicos. Para la cultura existe la ley de Gresham lo mismo que para el dinero: lo malo expulsa a lo bueno a no ser que lo bueno se defienda.

España es el líder del mundo en vulgaridad. Nación famosa por sus cucarachas en las casas, la chabacanería de sus apetitos, y los desenfrenados y antisociales deseos de satisfacerlos. Masa borracha en bares y botellones, telebasura, y, respecto a la cultura, novelas para «femmes de chambre», que vendrían a ser las muchachas sentimentales impregnadas, por encima de todo, de amodorramiento y mórbido cotilleo, y no novelas de los «salons», es decir, aptas para aquellas clases de lectores que conservaron cierta dignidad de lectores aristocráticos.

Machado: “¡Qué difícil es / cuando todo baja / no bajar también!”.

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Me gustaría ser chino, japonés o tibetano, antes que español. Les veo en el metro con su desvanecida apatía estúpida y un terrible estado convulsivo y alelado en los ojos. Aparecen ante mí en oleadas, gruñendo de ira como si fueran una manada de bestias ahítas de cerveza, borrachos de incultura, fútbol y odio, ansiosos de sangre; seres de inteligencia primitiva con todos los rasgos de la humanidad borrados; como peludos animales de carga; rostros lánguidos a los que el gobierno ha vampirizado, extrayéndolos el fluido vital. Figuras hinchadas, corruptas, abotargadas; jóvenes y viejos de aspecto retorcido. Españoles, esa horda rabiosa y satánica.

Y la clase artística poblada de aprendices de inglés comercial, clase intelectual de chichinabo, cenas de gentes que se creen sofisticadas y solo hablan de chismes, ligues, negocios editoriales descarados, premios amañados, dimes y diretes propios de un concursante de Antena 3, bungalows en la playa, series de Netflix… Gentes que se llaman «querido» por teléfono, y a veces incluso «cielo». Clérigos aldeanos de conformismo payés y defensa obsesiva de su estatus, avariciosos de feria de comarca, con hedor a orujo y algarroba hacinada.

En mi mesilla de noche, «The Role of Mathematics in the Rise of Science». Si no leído, minuciosamente hojeado. Me acompaña bajo la losa de esta pesadilla de la actual (o pasada) historia de España. España, un simple mesón de camioneros con guiso de tripas, un invierno sin noción de norte. Una fiesta ruidosa y antropofágica.

***

Casi acabo de leer: M. Kline (ed), «Mathematics in the Modern World». Ahora escucho la radio, las noticias estúpidas del día que mañana se saldarán, y advierto que hasta es más que posible que se me haya incrustado en el cerebro un mondadientes. Y la locura y la tormenta vagan sin rumbo por la casa. He aquí los idiotas que escuchan el informativo diario de los periodistas.

Adiós a la mente 5

ME PASÉ DE CLARO A ÁLVAREZ

Querido Maestro, demasiado tiempo ya
sin usted. Fue a la muerte, no al olvido.
Doloroso es saber que vanamente
esperaremos leer otro libro suyo.
Pero, orgulloso, me paso de claro
a Álvarez: albergue de la poesía,
hospital de gusto y la opinión delicada,
sitio único en Belleza, espejo de poetas.
Buscaré un cobijo agradable y sombreado,
a los pies de una higuera de regalada
dulzura, entre hayedos claros, detenido
el embate del sol, y entre acacias, fresnos
y chopos, abriré las hojas mágicas de
“Museo de cera” y “Los decorados del olvido”.
En mi sangre blancos pájaros, agua de Luna
rebosando en labios. Usted, querido Álvarez,
estimula siempre fecundos pensamientos;
yo, pobre discípulo, escuchando las estrellas,
donde desde la inmortalidad nos escucha.

Adiós a la mente 4

Me gusta la prosa rosa con riqueza de rizos, puntualmente jeroglífica, de carácter snob, altanero y ególatra, de sonidos elegantes, con razzias para someter el lenguaje -ya sin zarzas- de modo poético.

Prosa halcón marino, gaviota, correlimos y chorlito, cernícalo y urogallo. No prosa gallinácea. Prosa de «slang upperside». Políticamente inútil, socialmente banal, intelectualmente ingente, estéticamente distinguida, industrialmente flaubertiana. Caracoleante, eleática, helénica, Kubla Kan en sala de baile repleta de tigres.

Me gusta la prosa de eglantina velluda, agua donde floten algas, torreón de castillo gótico, parpadeo de luz lechosa, joyceano esplendor pétreo. Que las palabras huelan al interior de la calesa en que fornica madame Bovary, a cueros y palos de madera de choza de Crusoe, a pólvora y barro en la batalla de Borodino, a salón perfumado de madame Verdurin, me gusta la prosa amarrada por la roda con cabo sobrado, y boya en el orinque.

***

«Lili estaba asustada a pesar de que tenía al lado a su madre, una mujer muy competente. La niña no podía imaginar cómo pasaría el cuerpo del bebé por un agujero tan pequeño. Al cabo de unos minutos vio que la abertura empezaba a ensancharse, pero sus temores aumentaron en lugar de disminuir», Ken Follet, «El umbral de la eternidad», Plaza y Janés, p. 548.

Ejemplo de criminal prosa liofilizada terrorista, de escritor higienista de la lengua, escritor beige, oficinista repetitivo, plano y previsible.

La escritura debe tener cierta explosión azabache, un púrpura sacramental ceñido de rojos anaranjados. Cualquier escritor percibe de modo inmediato si lee buena o mala prosa. Ejemplos cimeros del arte de escribir son:

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas», Juan Rulfo.

«En Trieste, en 1872, en un palacio con estatuas húmedas y obras de salubridad deficientes, un caballero con la cara historiada por una cicatriz africana -el capitán Richard Francis Burton, cónsul inglés- emprendió una famosa traducción del Quitab alif laila ua laila, libro que también los rumies llaman de las 1001 Noches.

Uno de los secretos fines de su trabajo era la aniquilación de otro caballero (también de barba tenebrosa de moro, también curtido) que estaba compilando en Inglaterra un vasto diccionario y que murió mucho antes de ser aniquilado por Burton. Ése era Eduardo Lañe, el orientalista, autor de una versión harto escrupulosa de las 1001 Noches, que había suplantado a otra de Galland. Lañe tradujo contra Galland, Burton contra Lañe; para entender a Burton hay que entender esa dinastía enemiga», Borges.

Nota bene: Escribo lo anterior mientras el personal está pendiente del Real Madrid. Impresión de la vastedad de una cultura ínfima. Hombres corpulentos, explosívamente sanguíneos, con los ojos cernidos por la fatiga de estar pegados al televisor. Noches nerviosas ante el vértigo ortodoxo (ruin y vulgar) del fútbol. La murmuración, la malquerencia y la ignorancia no la destierran de sí. Desabridos y ásperos entonan el himno de su equipo, como locos, saltan y gritan: ¡gol!

Adiós a la mente 3

La locura hace que el alma se vuelva obtusa. Tu sustancia cerebral es burda. El temor es el fundamento, la pesadumbre la raíz. Una bilis áspera codicia mis bienes. Me aguijonea una visión de ratas, rebaños acromegálicos de ratas corriendo por la cocina. La aflicción causa un decidido terror, miedo y agobio desmesurados, salinidad en la sangre. Imaginación inválida. Oscuridad interna. Rasgos rojizos en el hocico de las ratas. Tres horas sufriendo alucinaciones. Llamo a la psiquiatra.

***

Joc, però també foc; recerca, però també gràcia; coneixença, però també transcendència. Un home duu una faixa vermella i una gorra de pell a la faisó dels pastors. Panteixant, un gos dardeja una llengua vermellosa i fugaç. Cel tempestejat de blau i verd i cendra i de negrors clapades de llum. Quatre atzagaiades de xiprers i uns penya-segats davant la ratlla de blau fúnebre del mar. Un paraigua fusiforme i una fedora bruta. Uns llavis vermell-ataronjats per on sona l’aigua inanimada del record del tors. Un bosc d’allarços de carena rocosa. La parla del lloc. Encarar els vels del temps. Emoció com de dues persones, com de dues emocions d´amants convertint-se en una.

NOTA IMPORTANTE: Me forcé a escirbir un texto en catalán. Quedó esa cosa acartonada, muerta, de idioma secuestrado y embotellado bajo el silencio de una ciudad sombría (muchas falsas lucecitas, pero nada, en el fondo, de aire y vida) Es triste y extraño que algo que uno llevó dentro de sí tantos años ya no exista. Qué óleo de perdices y conejos propio de un pintor aprendiz y presumido me quedó, qué lenguaje de mueblería anticuaria y moribunda. Para mí el catalán es ahora un ramillete de nombres sin brazos ni piernas, sin lengua ni boca, al que no puedo animar, un mero recuerdo deshabitado, extraños pensamientos y sonidos dentro del invernadero. Es triste, insisto, perder un idioma, que la madera brillante y barnizada, con remaches dorados, se convierta en astillada madera oscura. Un escopetazo a bocajarro, un veneno fulminante, acabó con mi lengua materna. Gruesos muros y ladrillos tapian lo que ya no existe.

Adiós a la mente 2

La matemática es la música de la razón, el arte de la comprensión humana, la poesía del universo, la reina y manantial de las ciencias, la disciplina que trata de aquellas cosas nunca triviales y sumamente interesantes, la ciencia de lo que es claro y evidente por sí mismo, un rasgo de la cultura y una colección de algoritmos.

Para Poincaré, el arte de dar el mismo nombre a cosas diferentes, para Dantzig, el juez supremo para cuyas sentencias no hay apelación posible, según Halmos, una falsa ciencia deductiva, pues, cuando intentas demostrar un teorema, no solo enumeras las hipótesis y luego empiezas a razonar, sino que te conduces por ensayo y error, experimentación y conjeturas, y según Courant, las matemáticas, como expresión de la mente humana, reflejan la voluntad activa, la razón contemplativa, el afán de perfección estética, y sus elementos son la lógica y la intuición, el análisis y la construcción, la generalidad y la individualidad.

Russell creyó que el verdadero espíritu del deleite, de la exaltación, o del sentimiento de ser más que meramente hombre -la piedra de toque de la más alta excelencia- se encuentra en las matemáticas. Y asimismo aseguró que nos alejan todavía más de lo propiamente humano, hacia la región de la necesidad absoluta, a la que debe ajustarse no sólo el mundo actual, sino también cualquier mundo posible.

Sin duda son la fuente principal de la creencia en la verdad eterna y exacta, algo así como unas afueras o arrabales del espacio-tiempo, un universo platónico y asomo de la mente divina asombrosamente inteligible. Las matemáticas son la creación más bella, fascinante y más poderosa de nuestro espíritu.

Las matemáticas son una opulencia de círculos y rectángulos, un fetiche de triángulos y esferas en el salón de las levitas lustrosas, escotes de ginesta de adolescentes licántropas, bollos de huevos en una mesita del Ritz, zapatitos de plata, amantes itinerantes entre libreros de Roma. Las matemáticas son polen en las techumbres de Florencia, Venus de un rojo fuerte y atávico, bellos juguetes perdidos en un poema, entre nomeolvides flotando en un arroyo. Las matemáticas son la cercanía eléctrica de las montañas.

Adiós a la mente 1

Escribe Manuel Rodríguez en el Facebook:

«Durante toda mi vida me he sentido solo en el mundo y la vida. No porque no me quieran y me hayan querido con generosidad y bondad, que lo hacen y lo han hecho, sino porque yo me observo fuera de la cotidianidad que me rodea, de los estímulos y referentes que mueven la sociedad donde me incardino: mi tiempo y mi espacio.

Digamos que, cuando observo costumbres y principios, dimes y diretes, inicios y finales, experimento la rareza de un alienígena recién aterrizado en el planeta Tierra.

Y, como siempre digo (para que mi soledad no se confunda con inadaptación o frustración), he sido y soy una persona con facilidad para el trato social y para el desempeño existencial. Se me da bien la gente, vamos.

Simplemente, me siento solo en este rincón del Universo. Probablemente, de este sentimiento nace mi pasión literaria».

***

Yo le comenté a Manuel: «Fui siempre un solitario voraz, yihadista, desmedido. Probablemente la soledad devora la felicidad y la dulzura, casi seguro que sí, pero me rechazaron violentamente mis semejantes y no quise mendigar amor. Ahora solo pido una vida defendida de infortunios, con mis libros, y, alrededor, la energía o bendición del silencio».

Muchos nos vemos ajenos al mundo que nos rodea. A diferencia de Manuel, yo padecí acusado ostracismo, me desempeño mal entre las gentes, y casi nadie me quiso. La angustia fue mi hermana; soy hijo de la locura y la melancolía. Me cansa la vida, la noche escupiendo agujas. Me cansa esta sociedad grotesca, verrionda y zurumbática. Una oscuridad perfectamente limpia, pero terrorífica, cierra mi garganta. Dudo que un ser humano sea capaz de soportar la cantidad de soledad y aislamiento que yo soporté.

***

Ceno solitario unos raviolis anodinos. Un día más. Sueño con mis huesos ya una vez en la tumba. No tengo ganas de leer. Me importa una mierda el mar color de vino de los antiguos helenos. A los que contemplaron el mundo que pasaba desde la incomparable nobleza de sus gorgueras. No me apetecen ni cerveza ni un barrilito de ostras en escabeche. Desprecio a la joven duquesa con su pelerina sobre los hombros. Y me atormenta la terrible erosión que el Tiempo ha ejercido sobre mí.

Solo sé vomitar palabras corruptas, atristadas, pendencieras y patéticas. Me asquea la música o esos sorbos al café cada mañana. Quemaría todos los crucifijos de marfil, de oro, de plata, de madera, de ínfimo aglomerado. Las gentes se han descastado, hervirá el sol, se romperá la tierra, la cultura no importa, no hay nadie con quien poder hablar; la degradación ya está completa. Se fragua una neolengua o argot incivil, casi inentendible. La pesca de trasmallo en peligro de desaparición. La pobreza galopando. El lustre y refino político ridículamente sanchopancesco. Solo hay zombis.

Demencia digital 9

(Adolescentes)

Scroll infinito para atiborrarse de bucles lúdicos vacíos y frustrantes, práctica pascaliana del «divertissement», y nada, o casi nada, de una práctica del saber como aprendizaje y articulación de ideas, como aprendizaje de la sintaxis lógica del lenguaje (se expresan y escriben como en un torpe desaliño cagabandurrias)

Se pirran -adictos- por el ocio tecnológico, cunde en ellos la banalización precoz de la sexualidad, cambian el amor por el porno, los libros por el teléfono portátil, Tik Tok, La Isla de las Tentaciones y el reguetón son preferidos al estudio, al silencio, esa necesaria «fons saluti» en cualquier espíritu, tenga la edad que tenga. Pandilla, discotecas, videojuegos, porros e incipiente agresividad son su santo y seña. Y no son mejores en absoluto que sus padres, y sus padres tampoco son mejores que ellos.

Benjamin afirmó en una de sus famosas tesis sobre Filosofía de la Historia que el avance de la civilización se paga al precio de una inevitable barbarie. Soy pesimista. Creo que ahora, más que escribir artículos, lo que toca es escribir epitafios. Mi lema ya es: «Olvida el presente y toma lo que la hora pasada te dio».