Elecciones

Recuerdo al que leyere que la vox populi (esencia de la democracia) no es por ciencia mágica y automática vox dei (voz de Dios) petrificada y definitiva, que la democracia no procesa la información ni maximiza el acierto de modo infalible y perfecto, aunque tiene dos enormísimas virtudes: permite el cambio de gobierno sin derramar una gota de sangre y representa a la pluralidad. Muchas elecciones han sido contraproducentes para el pueblo. Obvio observar que los pueblos en política no pocas veces se equivocan. Ningún gobierno puede hacerte más rico o más feliz o más libre, pero muchos pueden volverte más pobre o más infeliz o más esclavo.

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“La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”, dijo acerado Voltaire, acaso pensando en nuestras recientes elecciones.

“Quien empieza creyendo en la política es un ingenuo, quien continúa creyendo en ella es un cómico”, afirmó perspicaz el ingenioso escritor homosexual inglés Quentin Crisp.

El Teorema de Arrow, del economista Kenneth Arrow, es un teorema de imposibilidad (como las leyes de la termodinámica, la teoría de la relatividad y el principio de incertidumbre en física, como el teorema de Gödel en matemáticas, el de Arrow es un teorema de imposibilidad y limitación en política). Arrow demostró que la votación democrática perfecta es imposible. Arrow demostró de modo incontrovertible que lo único que podemos hacer es elegir entre unos sistemas de votación imperfectos y malos en un sentido y otros malos en otro sentido.

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Ayer voté. Por la recuperación de derechos y libertades, soñando en el advenimiento de una patria alta. Por la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, sin distinción de sexo, raza, religión o lugar de residencia. Por la presunción de inocencia, la no inversión de la carga de la prueba, la protección de la infancia y la juventud, por hombres y mujeres libres e iguales. Por la aplicación de la Constitución y las leyes en todas las partes de España, sin ninguna excepción. Por la cultura, tanto cultura elitista como la cultura popular, sin cancelaciones ni prohibiciones ni censuras, y por el derecho a la libre investigación y creación artística, por el fomento de la ciencia y en contra del analfabetismo científico. Por una educación de calidad, indiferentemente que sea privada o pública (mejor así, pues entonces pueden competir) que vuelva al rigor, a la exigencia y a los contenidos, voté por una educación cuya raíz radicara en el conocimiento y no en el desarrollo de vagas habilidades afectivas o empáticas. Por el no a una economía bloqueada y estéril, intervencionista, dirigista, que te trata como un menor de edad, subsidiada y basada en el déficit y la deuda, y el sí a una economía competitiva, abierta, eficaz, moderna, y no confiscatoria de modo abusivo mediante impuestos innecesarios y a todos luces hipertróficos. Porque el Estado permita que yo elabore mi vida y no que mi vida sea elaborada por el Estado. Porque pueda desarrollarme con mi talento y mi esfuerzo, aunque siempre penda la incertidumbre del fracaso, y no porque mi vida sea tutelada desde la cuna a la tumba. Porque todos tengamos igualdad de oportunidades, pero sabiendo que es imposible asimismo también que tengamos igualdad de resultados. Por una patria libre, culta, despejada y feliz. Por una nación no cainita, sin la influencia en ella de aquellos que la quieren destruir, tolerante, profundísimamente autónoma. Donde crear una empresa sea cuestión de horas y no de meses, donde no se demonice al rico, donde se castigue severamente la inmoralidad y la corrupción, donde el mérito y el esfuerzo y no el atajo y la chapuza sean los objetivos a buscar y la manera de conducirse. Donde los políticos sean los mejores, y que no nos mientan compulsivamente, y que sean a la vez honestos y capaces. Donde no se incentive ni la vagancia ni el vandalismo. Donde el éxito no sea vilipendiado. Donde el fracaso no sea estigma. Voté por un Estado pequeño, y porque la iniciativa privada guie nuestros asuntos. Por sacar al Estado de nuestras cocinas, de nuestras camas, de nuestras conciencias. Por una civilización donde se fomente el orden, la ley y sobre todo la propiedad privada (la máxima expresión de la civilización). Por estas y otras muchas razones voté ayer (y no dejé de ser algo escéptico al votar debo confesarles). Vistos los resultados me siento ahora todavía más escéptico y mucho más deprimido. España. Demasiados retrocesos.

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Como escritor uno de mis temas o tópicos es la defenestración de España. Acaso aquí se encuentra la influencia del poeta y loco Leopoldo María Panero. El ciscarse en España suele ser una tradición de cierta izquierda reaccionaria; no se vea ahí la razón de mis dicterios e improperios. Más bien eso se deduce de una suerte de intensa alucinosis o paranoidismo. Juzgo a cada español no por su ideario político, religión, color de piel, orientación sexual, capacidad intelectual, nivel cultural etcétera sino exclusivamente por el contenido de su carácter, por la presencia o ausencia de bondad en su corazón, por su calidad moral. Y no tengo, hechas las sumas y restas, nada en contra de ellos. Mi crítica apacigua la camarilla de mis pesadillas. Véase como desaguadero de mi soledad y dolor. En fin.

Contra España

Entretanto anocheció, y con la penumbra viene el fresco. A estas horas a ningún español le caen borlas de seda sobre la frente, sino que se les marcan abultadas apófosis gangrenadas en las extremidades.

Imposible una charla civilizada con ellos. Hablan disputando y altercando obstinadamente, con torpe y pasmón entendimiento, como si fuese imposible que salieran de su ratonera tabernaria y su populachería. Desprecian los foulards, las rosas, las tacitas de té; sus ideas son una rancia cepa, un pastelón de garbanzo, garbanceo y garbancillo.

En España no surgen aloes, ni murmura el agua, ni fulgen los arbustos. Es un albañal, una excrecencia parasitaria con latas de Coca-Cola, un yermo rastrero con compresas y neveras desvencijadas. Sus siglos trasegaron borborigmos y floripondios ridículos por su literatura, guardias civiles taimados, sanguinaria inquisición, haraganes hidalgos y basura de reyes. España no es un jardín sino una poza o cloaca para que hocen los puercos.

Tierra garduña, gargajosa, garrotera y garrapata. De pacotilla, barriga gorda y mujeracas bigotudas. De torta perruna. Apostato. Me avergüenza vuestra historia choricera.

¡Adiós España!  Adéu Espanya!

Notas para la presentación de mi libro

El próximo día 27 de junio se presenta en el bar El cercano mi libro Diario de un esquizofrénico. Acaso improvise algo –no lo sé- pero, por si acaso, aquí está un guion de algunas cosas que me gustaría decir.

  • Gracias al Dr. Gracia por su profunda y rigurosa presentación (además de por el magnífico Epílogo al libro), como asimismo debo agradecer a Lamas su generoso y tampoco de mera conveniencia Prólogo. Gracias también al editor por incluirme en su colección, colección repleta de selectos autores, y gracias a todos ustedes por venir, ustedes que, en lugar de pasear por una avenida de tilos aspirando jazmín o bien quedarse en casa viendo fotos del torso de Pablo Iglesias Turrión, son tan generosos que decidieron acudir a esta presentación.
  • El Título del libro es algo falsario. Strictu sensu acaso el libro no sea ni un diario ni yo un diagnosticado oficial ni oficioso de esquizofrenia, pero, pese a lo engañoso, tiene una sordina sensacionalista y escabrosa que se amolda muy bien a los tiempos. ¿Qué es el libro? Un cajón de sastre desordenado, una silva de varia lección con centenares de citas, un retrato de la pasión erudita, un ajuste y acomodo y crítica con el mundo, una breve colección de poemas, algo entretenido y compilatorio como lo fue el Banquete de los Eruditos de Ateneo de Naucratis o la Varia Historia de Claudio Eliano, un popurrí con mis obsesiones, una exhibición de mis aparentes convicciones.

Sobre la abundancia de citas dos cosas. Primero, toda sucesión de citas en un orden determinado conlleva un determinado texto implícito, y, segundo, existen antologías de citas que al mismo tiempo son autobiografías sui géneris, por ejemplo, el cuaderno privado de Stevens Sur Plusieurs Beaux Sujects, o el cuaderno de trabajo de Hofmannsthal El libro de los amigos, y el de Auden, Certain World. Ambas cosas son al caso. Internet ha sido una herramienta fundamental para la búsqueda de no pocas citas.

  • Un escritor, a mi juicio, o un poeta, deben expresar una opinión fuerte sobre el mundo, un punto de vista original o radical, sin contemplaciones ni matices innecesarios. Un escritor busca la persuasión emotiva aureolada con algunos significados cognitivos. Un ensayo, novela, obra de teatro o poema no son un tratado científico. Son ondoyants como la vida, no parábolas de parámetros matemáticos. Admito que mi mirada apocalíptica es susceptible de refutación y que empleé algunas falacias en mi argumentación: sesgos múltiples, hacer de lo complejo simple, incapacidad de percibir muestras representativas, reducir fenómenos complejos a una sola causa, etcétera, etcétera. No digo aquello que creo que es falso, simplemente no me tomé la molestia de aducir y argumentar con la finezza y rigor metodológico de un tratado sino con la razón sensitiva (aunque en parte racional) de la literatura. Algo es verdadero si está adecuadamente justificado, lo creemos y además es verdadero. Digamos que los elementos de juicio que sustentan las tesis que expreso en el libro son algo perfectibles, pero, sinceramente, juraría que no son falsas.
  • Si me permiten acabo ya leyéndoles dos poemas y uno o dos breves fragmentos de prosa para que tengan una notificación o insinuación empírica de la materialidad del libro. Gracias.

Diario de una soledad 17

Guerra y paz es la novela típica en que te dices a ti mismo: «voy a dedicarle las próximas ocho horas en silencio y soledad«.

Acaso eso sea una reliquia o efecto secundario de vivir en un entorno en que no se tenía acceso a casi nada. Casi un recordatorio -leer estos novelones- a la época feudal, donde existían en la cotidianeidad espacios de ocio sin interferencias, sin despistes ni distracciones compulsivas.

Anne Todd es una escritora de veinticinco años -creo, no lo comprobé en Google. La típica chica americana. Vulgar, tonta, adicta al móvil. Con prosa máximamente tecleada y mínimamente elaborada. Pero no nos precipitemos en prejuicios solemnes sobre la literaturiedad o la excluyamos sin más de la República de las Letras. Su novela o saga After (una nulidad desde el punto de vista estético) es en muchos aspectos una cristalización del fenómeno y la fantasía juvenil Wattpad. ¿Una mamarrachada? Bueno, para mí sí; su libro no se distingue de una sesión o hilo de wasaps y su imaginación de un batiburrillo de fanfic y series de Netflix tardoadolescentes. Pero cuajó en el imaginario de la lectura y gustos colectivistas. Y acaso indique su caso un nuevo rumbo.

¿Las historias de los escritores en la Era de Internet se han vuelto interactivas?, ¿la lectura y la escritura subsiguientes responden a estímulos sociales constantes?. ¿La lectura será social y no solitaria?. ¿La escritura será social y no solitaria?. Parece el paradigma con que apuntan las maneras de las nuevas generaciones.

¿Leer Guerra y paz? ¿Middlemarch? ¿A Sterne o Thomas Mann? Algo de carrozas y dinosaurios extintos como la prensa de papel o el sombrero de nuestros abuelos, algo pasado indefectiblemente de moda igual que las galochas y el techado de paja y los serenos y el yugo de carreta. ¡Make it old!, se niegan a exclamar los nuevos escritores.

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La sociedad lectora se divide en dos clases o conjuntos, los lectores tradicionales o clásicos, de libros de papel especialmente, capaces de convertir la información en conocimiento (pues adquirieron el don de discernir, saben dirimir y procesar, pueden criticar y evaluar la información), y los «nuevos lectores», casi todos jóvenes o muy jóvenes, fascinados por las nuevas tecnologías, que leen y se informan en Internet, que se comunican ampliamente gracias a las redes sociales.

Este es un tipo de lector que lee muy pocos libros o ninguno (y, si los lee, son de pésima calidad), y que también en muchas ocasiones tiene dificultad para discriminar los mensajes, o, incluso, no entiende alguno de ellos.

Para los escolásticos el «trivium» consistía en el estudio de la gramática, la lógica, y la retórica. Una persona bien educada domina la gramática (entender), la lógica (analizar) y la retórica (opinar) En las civilizaciones con ingredientes de barbarie (como la nuestra), abunda la retórica sin lógica, e incluso la retórica sin gramática.

Cada vez tengo menos esperanzas en mis antiguos ideales ilustrados. El colegio hace mucho que no enseña gramática, en la enseñanza media la lógica es un desastre sin paliativos, y los universitarios son meros retóricos a la violeta.

Otro lenguaje (como ese tan degradado que empieza a ser tan frecuente) implica otro mundo y otros sentimientos de la vida. Prefiero, lo confieso, mi autismo monástico. Lo contemporáneo y juvenil me derrotó.

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«Cualquier talento se echa a perder cuando los temas que plasma carecen de valor. El arte de nuestro tiempo cojea tanto precisamente porque nuestros artistas más recientes carecen de unos temas dignos. Es algo que nos afecta a todos; tampoco yo he sido capaz de negar mi propia modernidad» Goethe, en Conversaciones con Goethe, de Eckermann.

Diario de una soledad 16

Usamos el idioma como unos pelagatos comiendo gofres en un barucho yanqui. Nuestro panteón son las redes sociales. Nos dicen que vender es muy importante; comprar es más importante aún. El kitsch facilón se predica en los púlpitos (nos gusta más un David de Miguel Ángel de azófar que contemplarlo en la Galería de la Accademia). ¿Fue un coup de foudre esos cuadros donde representan ligueros y medias negras al más puro modo Pornhub?

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Oigo hablar (en la radio y la televisión, por la calle) en un estilo inflado de eufemismos, jerga, desgarbado, hipócrita y repleto de giros gastados.

Los vocablos griegos nôus, diánoia y lógos se tradujeron al latín por ratio, y ratio a su vez al español por “razón”. Un torbellino en el cielo indica que viene un tornado. La razón que se usa ya no indica inteligencia. Podemos considerar a las nubes las causas de las lluvias. La razón que se usa ya no causa inteligencia. La razón que oigo usar, transparentada en el idioma, no es ya ni efecto, ni intención, ni explicación, ni finalidad, ni implicación, ni significación de lucidez. El tedio somnoliento y vagabundo ocupa la testa de mis congéneres.

Triunfan conjeturas implausibles, contradictorias, sin comprobación, un ideario ideológico cutre e infantil frente a la comprensión, la verdad y la belleza. A veces creo que incluso no se es capaz de intuir los datos sensibles (debido a la inmersión en el oscuro Internet) Me comunico en el bar con camareros y parroquianos, en la plaza con transeúntes, y no me entienden y me contestan (no los entiendo) en un lenguaje rupestre.

La razón ilustrada devino en Disneylandia, la fe en alargamientos de pene para los obispos, los crepúsculos en operaciones de cirugía estética, las palabras en la mirada enrejada y sucia de los viudos.

El científico cartografía sucesivamente mejor el territorio con sus mapas. El escritor y el artista son unos rompe-pelotas poniendo bombas en la ópera. Una vocecilla muy íntima me dice que ellos son por lo único que vale la pena vivir.

Pero paseo sin rumbo por mi pensamiento y me invade, como una alucinación monstruosa, la rutina y sordidez de cada día. Y mis semejantes no pueden colorear la grisura que me rodea. Abro la luz de mi biblioteca en busca de ciencia. Al calor de la inteligencia el aliento de las palabras es más intenso. Las conversaciones de zombis con reptantes palabras-oruga, palabras-babosa, palabras-serpiente, me fatigan. Soledad: ¡Adormecerse! ¡Tranquilizarse! Y cultivar el desprecio como crepitante leña de chimenea.

Convalezco en la cama dando grandes sorbos a esta primavera fuerte. Solo y callado, vulnerable, alejado de todos.

Diario de una soledad 15

El Sr. Sánchez, en el momento del flechazo con Otegui, llevaba una levita abrochada y unos rampantes pantalones de seda carmesíes. Aires de marcialidad y suma atención al divino bulto en la entrepierna del vascongado. Larguirucho, de ojos grandes, boca «petonera» de fresón, más que chulesco, o antipático, era guapo y vacío, colosalmente vacío. Pese a haberse acostumbrado a la comodidad de la familia y de María Begoña, le rebullía el estómago de maripositas al pensar en Arnaldo, y dibujaba corazones al objeto grande y marmitako de su amor en cuadernos Moleskine. En su habitación, entre gráficos de cosechas de patatas y dígitos sobre la energía eléctrica gastada por los españoles en las horas valles, entre informes del C.N.I. sobre Ucrania y un montón de recortes de periódico, esbozaba poemas de pasión y deseo como un quinceañero.

Otegui era seboso, moralmente muy seboso, arcaicamente peludo, feo, ateo y sentimental. No le gustaba nada cuando todos alabábamos su brusquedad de pasamontañas y su recién impostada bonhomía. Desde jovencito empezó a odiar a lo español. No se lo prohibía el cura, ni los vecinos del villorrio donde triscaba entre ovejas, así que Arnaldo peroraba largas disquisiciones sobre el maligno toro de Osborne y el venenoso gazpacho de Belén Esteban. Y hubiera cambiado cien años encarcelado por poder vivir en su patria como vive un zulú en Zimbabue.

Alforfones, grajos y el Gugenheim se estremecían al saberlos tan enamorados. Los campos de centeno brillaban más. El sexo, el abrazo, más que necesario, era inevitable, como la cerveza del alcohólico. Solo un rufián podría oponerse a sus fornicios, cópulas de luz que a ambos sacaban del abismo.

¿Qué importaba la maledicencia, los antiguos yernos y suegros, las ventanas de los cuarteles tapadas con celosías?

Oponerse a esa historia de amor puro y santo era propio de crueles muchedumbres sin corazón ni cabeza. Amor vincit omnia.

Románticamente cenan ahora en la Tratttoria della Bruna. ¿Durará el affaire?. No lo sé; aquellos que se obsesionan con un misterio no son los más adecuados para resolverlo.

Horacio durante un tiempo frecuentó la escuela epicúrea de Sirón en Nápoles. Allí -presumiblemente- conoció a Virgilio, «la mitad de mi alma«. Esas dos almas al fin se han encontrado y fundido en una.

Un vasto mar separa a Ilión de Roma. Un vasto océano no separará jamás a Sánchez de Arnaldo.

Diario de una soledad 14

El medio más seguro para llegar a ser un imbécil escritor, es pretender ser muy escritor. O tener ideas y visión enanas subidas a la tarima privada de un cerebro que se comparten negligentemente en la tribuna pública.

Me encanta esta observación de Wilde sobre George Meredith: «Como escritor es un maestro consumado en todo menos en el lenguaje: como novelista puede hacer cualquier cosa menos contar una historia: como artista puede ser todo menos articulado«.

Leyendo mucha novela de mis coetáneos, diría que su principal carencia es no saber armar una historia, ignorancia para resolver elementales problemas técnicos y también la manía de copiar un modelo de prosa periodístico, liofilizado, nada dinámico, legible para párvulos, podado, mineral, homogéneo, monótono, común.

Es una prosa que sirve eficazmente para vender, pero da una impresión de rudimentos u obrador paupérrimos. Sin cabrilleo ni estremecimiento, de tono apagado, mate. Sin ese efecto poético singular que provoca la precisión irónica. Sin el cosquilleo del pensamiento encima de la verdad o bien debajo de la emoción.

Abunda así la prosa unicelular. Semillas que nutren plantas raquíticas y monocolores, anabolizantes didácticos que provocan una musculación rutinaria.

Este modelo de ficción pobre es el equivalente a la globalización económica. A la cultura embotada del analfabeto secundario. Parecería que debemos escribir todos como quien devora palomitas en el cine, se pone una peluca naranja al acudir al fútbol, se extasía con el pus televisivo, conversa sobre la última vicetiple famosa o comenta a Piqué en el Tik Tok.

No voy a nombrar a nadie. Allá cada uno si trabaja en un oficio del que solo sabe hacer mesas que cojean. Allá cada novelista con su organillo de juguete y su adoración de lectores difícilmente instruidos.

¿Es posible una literatura que ya no pacte de un modo definitivo con el entretenimiento y la banalidad?

¿Son posibles novelistas que no sufran alguna genopatía asociada al cromosoma X?

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En la mente popular acecha la idea que, bajo cualquier humano, se encuentra una creatividad artística deslumbrante.

Los dones para registrar emociones en prosa, bailar coordinadamente, cantar con propiedad, componer un aceptable poema, ejecutar filigranas con el pensamiento o bonitos artefactos con las manos, están ampliamente distribuidos en nuestra especie.

Pero una creación, un artista, el arte, eso, debiera predicarse de aquellos objetos salidos de una mente fuera de lo común, absolutamente extraordinaria, con una voluntad férrea y astral (fáustica) al servicio de un punto de vista singular y grande sobre la vida y el mundo. Y esto sí que escasea alarmantemente entre nuestros congéneres.

Un tipo con labia y desparpajo que se sale con la suya, una suerte de bohemio que desea vivir fuera de la rutina burguesa y anhela una suerte de vida desembridada (o sea, no dar un palo al agua), un mero imitador de formas ya establecidas como de brasero de mesa camilla, es el pseudo-talento que hoy abunda pero que nada se aviene con el genio creador.

Todo quisque desea que sus expresiones se enjuicien como artísticas, pero de ello resulta un abaratamiento y descenso del nivel medio. Cualquiera puede tener creatividad, pero casi todos carecen de creatividad en el sentido fuerte que estipulé. No, el arte no es solo expresarse.

Si los escritores no saben alcanzar la virtud, al menos que no caigan en el vicio. Un libro potable no es tan difícil como demostrar un teorema o aprender Cálculo, pero tampoco tan fácil como respirar.

Me asombra la cantidad de mala literatura que orbita en el ecosistema literario.

Diario de una soledad 13

Debido a mi epilepsia esquizofrénica mi memoria se desvanece. Ráfagas de electricidad psicótica anulan mi identidad.

Vagos recuerdos de cosas que sé: vivo en el campo, siento aversión por la pedantería de la novedad, me tonifica mi biblioteca y saboreo la soledad como un cuarteto de cuerda sonando a través de profundidades submarinas.

Poco (o nada) más.

Y que soy un tipo al fin contemporáneo: me sumo a la fila de hombres tan abarrotada, huecos de una mínima memoria.

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Se ultraja, inventa y desacredita la verdad. Se evita la pretensión de verdad. Nadie (con superiores razones) tiene derecho a chistar sobre otro con opiniones surrealistas y astrológicas. Se sustituye la convicción sólida, la racionalidad, por el fanatismo o la frivolidad.

Un régimen “doxamaníaco”, noticioso, un relleno de trivialidades a imitación de las redes y los medios, deja un surco mucho más hondo en las mentes que una idea verdadera y compleja. Una idea falsa y elemental cava más hondo que una idea veraz y compleja.

Las creencias dejan de estar reguladas por el ideal de verdad. Reina, no la ciencia, sino tolondras ablandabrevas, se oye, no el matiz y la deliberación sutil, sino un tartaja macallo bodoque. Cunde la mentira, la banalización de la mentira, la verdad extramuros, la verdad en un polvoriento anticuario, la posverdad.

¿Cómo pretende gobernarse una sociedad a sí misma si es incapaz de dotarse con el poder del conocimiento? ¿Cómo puede funcionar una democracia con cerebros a quienes no les importa la verdad ni tampoco inquirirla?

***

Leo al poeta catalán Fra Bernat Huc de Rocabertí. Confuso y desordenado, inhábil y farragoso. Me recuerda la silueta de una morsa despedazada por la hélice de un barco. Como este principio de siglo.

Alrededor del año 90 Quintiliano se retiró de la enseñanza y atendió tranquilamente al estudio y la composición de sus tratados.

El hombre que sabe vivir vive aislado despreciando al mundo.

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El sol entra por el valle, y con él el silencio de la aldea. Todo lento, distendido, distanciado.

Las nubes se entregan a las lomas, colinas y cerros. Estrujan un cubito de hielo imaginario: orla de frescura.

Mi memoria es calisténicamente pobre, una batahola sin contenido como las prosas de un filósofo francés post-moderno.

Una cicatriz purulenta en la cercanía. Un mandato: escribir hasta antes de la desintegración.

Noche y Luna. ¿Soy lo que creo que soy?

Elogio de la soledad

Para Isabel García Lado y Lola

El fin de la soledad es hacerse un alma.

Un alma que relinche en el páramo,

con ritmo planetario para medir la Luna.

Toda persona se compone de tres sustancias:

matemáticas, material concupiscible

y una tornadiza razón. La soledad (portento arduo)

contradice pasiones como trapos, se viste con traje

de etiqueta al usar la razón, resuena (pasadizos de un

castillo gótico) con tacones rojos en la galería

matemática. La soledad (excelencia rara) es una

limusina atravesando un campo nevado,

se encarama a la horqueta de un árbol,

brilla suave lo mismo que un libro de noche

o un ramo de peonías o la bóveda estrellada.

Los solitarios besamos a actrices californianas en la

enjabelgada terraza de las Tierras del Amanecer.

La multitud es crema mohosa, una rata en la tráquea.

En esta Era de la Televisión Musical y el polvoriento

artesonado resquebrajado de la tecnología, recuerdo

que la soledad hará tu alma -y una frase de Séneca:

“Nunca seas un obstáculo para ti mismo”.

***

Administrativos de banco sin corbata,

catedráticos mascando chicle en el aula,

espectadores escupiendo pipas en la ópera,

obispos leyendo tebeos y gacetillas chismosas,

y ponerse a escribir en chándal y leggings floreados.

La tosca muchedumbre habla una lengua que desconozco.

Yo me abismo en viejos grimorios y dorados delfinarios,

vivo dentro de las nubes, en la pulpa de una pechina,

me amisto con olivos sagrados y lentos puertos.

Ahora hay un plumaje de sucio légamo en las calles,

sueños tabernarios en oscuras nieblas que trae el diablo;

nadie es bendecido por la serenidad.

El futuro como un país lleno de monstruos.

El bosque. Junto a mi perrita camino sosegado. Hallo la cabaña.

¿Al fin –noche honda- me he adormecido?

Diario de una soledad 12

Que todo el mundo participe en el gobierno es una que idea que Dios, el obispo de Canterbury, yo y el reaccionario Kierkegaard, consideramos absurda. Dijo el maestro danés:

«La publicidad total comporta que el gobernar resulte una tarea absolutamente imposible. Porque todo gobierno se basa en la idea de que existen unos cuantos individuos con mayor perspicacia que los demás, cuya visión de futuro les faculta para gobernar. La opinión pública generalizada, en cambio, se basa en la idea de que todo el mundo debe participar en el gobierno»

La opinión pública de todas las épocas causa espanto y horror.

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Montaigne nos alecciona sobre la utilidad (e inevitabilidad) del sufrimiento. Líneas esclarecedoras en medio de tanto suflé de psicología positiva y autoayuda.

«Tenemos que aprender a sufrir lo que no podemos evitar. Nuestra vida está compuesta, igual que la armonía del mundo, de discordancias y de diferentes tonos, dulces y ásperos, bajos y altos. Si a un músico solo le gustasen de un tipo, entonces, ¿qué podría interpretar? Debe saber hacerlos servir todos y fundirlos unos con otros. Asimismo hacemos nosotros con nuestra vida, que es una mezcla de bien y de mal»

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Al leerme, y compararme con Gómez Jurado, Elvira Sastre, Mónica Carrillo o Elvira Lindo, espero que no piensen «cousinage, dangereux voisinage».

Son avulgarados trapaceros de music-hall. Escriben dando brincos en un estilo pogo-stick, dislocados y como canguros bebidos. Una cosa es ser fluido, sencillo y directo, y otra tener el esplenio roto.

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El 27 de Agosto del año 413 a.C. tuvo lugar un eclipse lunar de particular importancia histórica. Fue observado por Nicias y los atenienses que por entonces sitiaban Siracusa, Sicilia. Debían regresar a su patria ya que era riesgoso permanecer allí. Pero para los atenienses un eclipse era algo funesto por lo que postergaron el viaje con la consecuencia de que toda su flota fue tomada prisionera por los siracusanos.

Postergar o eclipsar la razón y la ciencia trae miserias y desdichas. La política hace mucho que no se rige por la deliberación y la previsión sino por la superstición, el populismo, la inmediatez, la mediocridad asumida, y el oscurantismo medieval. Probadas muestras tenemos ahora de ello.

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Quot homines tot sententiae. Terencio. «Tantos hombres como opiniones».

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«Porque el fascismo no consiste en impedir hablar, sino en obligar a hablar» Roland Barthes

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No recuerdo dónde lo he leído: analfabetos ha habido siempre, pero nunca tantos salidos de la Universidad.

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«Yo debo estudiar la política y la guerra para que mis hijos puedan tener libertad para estudiar matemáticas y filosofía. Mis hijos deberían estudiar matemáticas, geografía, historia natural, arquitectura naval, navegación, comercio y agricultura, para dar a sus hijos el derecho a estudiar pintura, poesía, música, arquitectura, estatuaria, tapicería y porcelana» Madison

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«Pero el algoritmo puede ir incluso mucho más allá. Hoy en día algunos ingenieros están desarrollando programas informáticos capaces de detectar las emociones humanas sobre la base del movimiento de nuestros ojos y músculos faciales. Añadamos una buena cámara a la televisión y ese programa sabrá qué escenas nos hicieron reír, qué escenas nos entristecieron y qué escenas nos aburrieron. A continuación, conectemos el algoritmo a sensores biométricos, y sabrá de qué modo cada fotograma ha influido en nuestro ritmo cardíaco, nuestra tensión sanguínea y nuestra actividad cerebral. Mientras vemos, pongamos por caso, Pulp Fiction, el algoritmo puede advertir que la escena de la violación nos causó un asomo apenas perceptible de excitación sexual, que cuando Vincent disparó por accidente a la cara de Marvin nos hizo reír de forma culpable y que no captamos el chiste sobre la Gran Hamburguesa Kahuna, pero aún así nos reímos, para no parecer estúpidos. Cuando uno se obliga a reír, emplea circuitos cerebrales y músculos distintos que cuando nos reímos porque algo es totalmente divertido. Los humanos no suelen detectar la diferencia. Pero un sensor biométrico podría hacerlo (…)A medida que los científicos conozcan cada vez mejor la manera en que los humanos toman decisiones, es probable que la tentación de basarse en algoritmos aumente. Acceder a su toma de decisiones no solo hará que los algoritmos de macrodatos sean más fiables, sino que los sentimientos humanos sean menos fiables. A medida que los gobiernos y empresas consigan acceder al sistema operativo humano, estaremos expuestos a una andanada de manipulación, publicidad y propaganda dirigidos con precisión. Nuestras opiniones y emociones podrían resultar tan fáciles de manipular que nos veríamos obligados a fiarnos de los algoritmos de la misma manera que un piloto que sufre un ataque de vértigo no ha de hacer caso de lo que sus propios sentidos le dicen y debe depositar toda su confianza en la maquinaria» Yuval Noah Harari, 21 lecciones para el siglo XXI.