Oh siglo

Photo by luis gomes on Pexels.com

Catulo se quejaba amargamente de un siglo lleno de generaciones de hombres ausentes de gusto y gracia, «O saeculum insipiens et infacetum!» Policarpo, obispo de Esmirna y Padre de la Iglesia, dijo en el siglo II, según se lee en la Patrología de Migne: “¡Dios mío! ¡En qué tiempo me habéis hecho nacer!” Leopardi, en una carta enviada desde Florencia a Pietro Giordani el 24 de julio de 1828, escribe «En suma, empieza a asquearme el soberbio desprecio que aquí se profesa por todas las cosas bellas y por toda literatura: sobre todo porque no me entra en la cabeza que la cumbre del saber humano consista en saber política y estadística. Al contrario, considerando filosóficamente la inutilidad casi perfecta de los estudios hechos desde la época de Solón para obtener la perfección de los estados civiles y la felicidad de los pueblos, me da un poco de risa este furor de elucubraciones y cálculos políticos y legislativos. […] Sucede así que lo placentero me parece más útil que todas las cosas útiles, y la literatura útil de una forma más verdadera y cierta que todas estas aridísimas disciplinas [la política y la estadística]» Nada extraña que el poeta tildara su siglo de «soberbio y estúpido». «Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» señaló cáustico -y muy certero- Gautier.

San Agustín consideraba la estupidez un pecado original de Adán; acepto la alegoría; en cualquier civilización simplemente tendremos menores o mayores grados de estupidez. Ahora es especialmente estúpido el evangelismo tecnológico, la obsesión de los amantes del «subiti guadagni» (es decir, de rápidos beneficios monetarios) y una especie de «universae ignorantia».No hace falta esperar a los bárbaros.

POVERTÀ

Photo by Anna Marszau0142ek on Pexels.com

Tres versos del Canto VIII de la Comedia explican proféticamente el carácter de (nosotros) los catalanes: «E se mio frate questo antivedesse, / L´AVARA POVERTÀ DI CATALOGNA / già fuggiria, perché non gli offendesse» El enorme Sagarra, en traducción clásica, lo tradujo así «I, el meu germà, si hagués això pensat, / de Catalunya la pobresa avara, / per ofendre´l, no fóra al seu costat»

Estar al lado de esos cutres secesionistas mesiánicos e irracionales, que estetizan un totalitarismo infantiloide e irracional, que creen en energías vaporosas -mera hipóstasis- llamada «pueblo» o «nación» («pueblo» que medró económicamente, ironías de la historia, a partir del siglo XVIII) nunca fue mi destino ni mi tradición. La burguesía hacendada piensa ahora como la CUP.

«¡Hola! Soy Chucky, ¿quieres jugar?» se oye en el gobierno aldeano catalán.

Democracia y mercado

Photo by Lukas on Pexels.com

Puedo comprar ( o no comprar ) un libro en Gredos, la BAC, Alianza, Encuentro, Planeta, Hiperión, Penguin, Feltrinelli, Bertelsmann, Gallimard, etc…; puedo comprar un libro a las tres de la madrugada desde casa en Iberlibro o bien navegando en Amazon o en la web española todocoleccion; comprar dentro de un mes, cada año y medio, nunca, o acudir a una librería cada sábado (y departir con el librero y degustar un café); en lugar de comprar un libro puedo comprar una entrada al teatro o al cine o gastármelo en un videojuego, o no gastar y ahorrar (añeja y dignísima virtud burguesa, cuando se podía); en fin, sutilezas varias del MERCADO.

La DEMOCRACIA solo permite, a la pregunta, «¿Un libro?», un SÍ/NO sin componendas, sin alternativas y en bloque, una disyunción excluyente y categórica y burda, sin matices, de un binarismo tosco. Y, encima, solo te lo pregunta cada cuatro años -el libro puede no gustarte y decepcionarte bien pronto. Ojalá yo pudiera votar escogiendo cosas distintas entre Ciudadanos, PP y VOX (o del PSOE de Felipe, si existiera), sin necesidad de aceptar todo el lote, confeccionando un menú político a mi gusto.

Mi maestro Jesús Mosterín (fue mi profesor de Lógica en la U.B. y un ateo acérrimo pese -ja,ja- a su nombre), lo explica con su característica contundencia habitual de relojero del pensamiento en un artículo suyo brillantísimo -como era hábito- de EL País el 16 de Abril de 1995 (víspera de elecciones generales) y reformula mejor esas ideas en su controvertido libro «La cultura de la libertad», Espasa.

El mercado optimiza mejor las decisiones colectivas que la democracia (aunque, en contra de los ácratas liberales como Nozick, el Estado y los desastres políticos de su intervencionismo -y de los desastres de sus élites políticas- de algún modo son un mal necesario o precio a pagar inevitable), parece la democracia una burda copia platónica degradada del mercado. Pero el mercado crea desigualdad ya que no se reparten igual la inteligencia, la iniciativa, las ganas de trabajar, el esfuerzo, etc… y DEBEMOS ser solidarios y ayudar a los que por h o por b no pueden trabajar (enfermos mentales, personas con síndrome de Down, ancianos y demás)

Aunque me duela asumirlo, Marwan o Alejandro Sanz son premiados por algo (¿»quantitas versus qualitas»?) Pero un blog de un esteta decadente no es lugar para escribirlo. Bórrenlo y olvídenlo.

Poetas populares sin calidad

Photo by Fox on Pexels.com

Lo que critico a Marwan, Elvira Sastre, Irene X, Loreto Sesma, Defreds y toda esa larga patulea, es que inducen en sus lectores una deshonrosa formación de la conciencia, alimentando y fomentando sentimientos deleznables en lugar de elevados. Admito -claro- que hay un público incapaz de distinguir entre lo sublime y la basura, pero el filtro editorial que no corrige sino que se beneficia crematísticamente de esa falta de instrucción de los lectores, se comporta exactamente igual que un directivo de Tele 5.

Los libros son afluentes u océanos donde te influyes a ti mismo y cuya ayuda necesitas para interpretarte y madurar. Los mejores escritores son siempre quienes más nos ayudan. Los que menos nos ayudan son los peores escritores. Este tipo de literatura no distingue tipos, peculiaridades, causas o motivos humanos, y su peligro es que diluyen el genio psicológico que es forzoso -casi un destino- deber alcanzar («Es necesario que seas» Goethe), en una papilla uniforme de psicología popular que iguala -mucho- por abajo.

El deleite (estética), el consejo (cognición), la inspiración (sabiduría), se sustituyen por el burdo efectismo, el tópico sentimental y la frase hecha. Si la idea de los libros como compañeros insustituibles empieza a ser ajena en nuestra cultura (su lugar lo ocupa el ocio tecnológico, audiovisual, o el ocio meramente festivo), flaco favor hacemos a los incipientes lectores con un sucedáneo de poesía de ínfima calidad.

Y conste que no abogo indefectiblemente por una poesía minoritaria, alta o elitista. Al ser la literatura (y la poesía) más que milenaria, un género con muchas especies distintas, existe abundante poesía de calidad mayoritaria, abundante poesía de calidad minoritaria, así como también mala poesía de minorías, y mala poesía de mayorías.

Si las editoriales antes prestigiosas apuestan por la mala poesía popular (y saben a la perfección que lo es); ¿qué podemos esperar de su público? ¿y dónde está la función directiva o educativa de las instituciones culturales (también de las privadas)?

Caminamos velozmente muchas parasangas en mitad de un duro invierno parece que dichosos de ir ciegos e ignorantes hacia el báratro.

Non est judicium in vulgo

Photo by Cameron Casey on Pexels.com

«Vulgus dividi in oppositum contra sapientes, quod vulgo videtur verum, falsum est» Roger Bacon.

La plebe se opone a los hombres sabios; lo que la plebe considera cierto, es mayormente falso.»

«…mihi parua rura et / spiritum Graiae tenuem Camenae / Parca non mendax dedit et malignum / spernere uolgus» Horacio.

…pero pequeños campos, / y un leve aliento de la griega musa / me dio la Parca, y despreciar al vulgo, / siempre maligno.

«Posse tibi res meas, pater optime, que ut paucis placeant, laboro» Petrarca.

Que sean de tu agrado, querido Padre, estos escritos en los que trabajo para complacer a unos pocos.

Flaubert, lúcido y profético

Photo by Kostiantyn Stupak on Pexels.com

«No me hable usted de los tiempos modernos, a propósito de lo grandioso. No dan ni para satisfacer la imaginación de un folletinista de la peor calaña»

«De todas las cosas relativas a la política, la única que comprendo es el motín. Fatalista como un turco, creo que todo lo que podemos hacer por el progreso de la humanidad, y nada, son exactamente lo mismo»

«¡Menudo jaleo ha provocado la industria en este mundo!¡Qué escandalosa es la máquina! A propósito de la industria, ¿has pensado alguna vez en la cantidad de profesiones idiotas que genera y en la cantidad de estupidez que, a la larga, engendrará?»

«Lo que me abruma es, primero, la feroz estupidez de los hombres, segundo, el repugnante mundo que se avecina donde no habrá lugar para gente como nosotros porque toda será utilitario y militar, con gente ahorradora, mezquina, pusilánime, abyecta»

«Lo único razonable en materia de política es un gobierno de mandarines, siempre que los mandarines sepan algo y, si es posible, mucho. El pueblo es un eterno menor de edad»

«En resumen: prefiero la vida más austera, la más solitaria y la más triste, a tener que pensar en el dinero. Renuncio a todo mientras me dejen tranquilo, es decir, mientras pueda conservar mi libertad de espíritu»

Gustave Flaubert, lúcido y profético.

Modernidad

Photo by Daria Shevtsova on Pexels.com

«Vivimos en un siglo de vapor, de electricidad, de gas, de guano, de crinolina, de caucho, de fotografía, de drenaje y de sufragio universal; y, sin embargo, somos menos letrados, menos artistas, menos delicados y menos educados que nuestros contemporáneos de Luis XIV, e incluso de Francisco I» Edmond About, Le Progrès, Hachette, 1864, p.356.

Beatus ille

Photo by Thought Catalog on Pexels.com

«Beatus ille, qui procul negotiis, / ut prisca gens mortalium, / paterna rura bubus exercet suis, / solutus omni fenore, / neque excitatur classico miles truci / neque horret iratum mare, / forumque uitat et superba ciuium / potentiorum limina, / ergo aut adulta uitium propagine / altas maritat populos» Horacio.

Feliz aquel que de negocios alejado, cual los mortales de los viejos tiempos, trabaja los paternos campos con sus bueyes, de toda usura libre. A él no lo despierta, como al soldado, la trompeta fiera ni teme al mar airado; y evita el Foro y las puertas altivas de los ciudadanos poderosos.

Sobre unas líneas de Milton

Lo que halla mi alegría o mi melancolía

lo disfruto o padezco a solas, en completa soledad,

ya que, misántropo contumaz, solo poseo bienes privados.

Nada sé de la luz; mis brillos crían estelas interiores.

Cadenas de diamantes o cuevas con tinieblas…

La innumerable multitud es un yugo que no me ata,

la pasión por el sexo un despojo o carroña de frío alpino,

la amistad una ciencia o alimento que ignoro.

Descienda mi inteligencia al embrión solitario

de las nubes benignas y los densos bosques de eucaliptos,

vivan en mí dimensiones de San Antonio, San Palemón, San Pacomio

pero no me salpiquéis más de gusanos con vuestra atroz compañía.