Lacayos

LACAYOS
De «El falso aristócrata»

 

 
El hombre prefiere ser igual a otro;
es la seguridad de la oveja obsesiva.
Pero el Individuo, con su aire lobuno,
toca el organillo de las noches ligeras y heroicas
y vive intensamente su propia medida y aprecio.
La libertad ofende a la manada,
¡Dios, cómo os gusta ser gastada moneda común
y no óbolo o denario que entra solo en Casa de Lúculo!
Dios, qué pazguatos que en covachas os recluís
(nulas cosas divinas para admirar y contemplar
obligan los Negros Señores del Aire)
despreciando el monte de los palacios nocturnos.
Todos igual a todos, nadie diferente a nadie,
vuestro corazón un timbre agudo de tambor frenético
en congelados planetas donde no cae el sol.
Sucinto y breve: cómo os gusta ser lacayos.

Solo podréis legar la nada a nadie.

Solo legaréis a nadie la nada.

Ma vie

MA VIE
De «El falso aristócrata»

 

 
Con cinco años, ante el espejo, pronunciaste «Christian»
y quedaste cerrado para siempre en un círculo del Infierno.
Con catorce y quince años, debido a un exceso de energía y negrura,
eras un broncas que dabas palizas a diestro y siniestro (victorioso siempre por tus conocimientos altos de artes marciales)
Con diecisiete sufriste una rara depresión muy honda
que curaron diez electroshocks (sí, lectores,
la electricidad pasando por el cerebro
cura como la palabra imantada del exorcista)
Después años de mucho estudio y mucho sexo.
Con treinta y cinco un intento de suicidio grave
-estás vivo de milagro-
A mis ahora casi cincuenta encontré la paz (muy relativa).
Recluido ya en feraz aldea feudal gallega.
Solo con mis demonios y mis recuerdos.
Con miles de libros, un padre muerto, y mamá viva
que cuido y me cuida.
Me contemplo lo mismo que una pintura académica
y demonios y tragedias griegas aparecen en mis sueños.
Recurrentemente hice el mal, a los demás y a mí mismo.
Desembarqué en islas con rostros de muchachas ciegas.
Estuve en cuartos oscuros con hedor a droga y semen.
Vendí valiosas ediciones de Virgilio por un gramo.
Golpeé damascos y consolas doradas.
Una rara violencia ínsita en mí me apartó de la sensatez.
Torturé animalillos de plumón blanco.
Hurté al cielo el cuidado de un sueño blando, puro, quieto.
Aquí estoy, condenado, sin nobleza, purgando los pecados.
Mi sobrenombre es «El lobo» (artrítico, viejo, pobre y cojo, sarnoso y dañado)
Empotrado entre paredes de niebla mi alma expía.
Poca vida más deseo.
A ti, lector mío, envío un saludo desde el infierno.

Walden

WALDEN
De «El falso aristócrata»

 

 
La televisión, baja estirpe abyecta,
la internet, exaltado firmamento infeliz,
la sociedad de consumo, la novela de consumo, el cine de consumo, el objeto de consumo, el erotismo de consumo, la política de consumo,
la realidad como espectáculo en el noticiero de las tres,
el coche, los electrodomésticos, la cadena de alta fidelidad, la Tablet y el portátil,
el móvil última generación, las alfombras y el tresillo, la decoración navideña, las vacaciones en un transatlántico,
el burócrata,
el director comercial, la secretaria particular,
el médico, el asesor, el gestor, el psicólogo, el periodista,
el escaparate del hogar, el safari ebrio de los productos de limpieza,
la gula, la moral epicúrea, el ágape de hamburguesas,
la inflación de los cuerpos y la deflación de los cerebros,
el mail, el twitt, la foto tonta en Instagram,
el sexo conejero, el sexo cinegético, la fuga a la autoayuda,
el sobresalto al robo casero,
la morbosa web porno cada ocho horas,
la depresiva con las braguitas sucias y el pespunte deshilachado,
el delirio de lo nuevo, el muro suicida hacia lo viejo,
deportistas y turistas, futbolistas y millones, y una evanescente, frívola y liviana alma dentro,
ver y pensar el mundo a 200 km hora,
la angustia del rumor electrónico que se cura con ansiolíticos,
la exhibición impúdica del yo,
la torre de marfil con sistema Dolby,
la sugestión de la mercancía en lugar de su calidad,
el imperio audiovisual, el imperio de la publicidad, el imperio púber, el Gran Imperio de la Caca
y todo, desde el cuerpo a la materia, de la materia al espíritu, de escasa durabilidad.
Treparé por las cimas del sueño de la luna,
cortejaré peces de estanque,
me recluiré en una choza en mitad del bosque,
pensaré pensamientos con mi mente solitaria,
sembraré patatas y dulces pimientos,
leeré a la luz de una vela los Moralia de Plutarco,
sentiré la algarabía del alba y la noche inmemorial,
cualquier cosa, cualquier cosa,
menos el bobo hundirme en esta decadente civilización
de plástico, nada y locura.

Todo menos infectarme de esta sifilización.

Art or bunk?

ART OR BUNK?
De «El falso aristócrata»

 

 
Tiberio no acaricia a su caballo.

Isócrates cierra su escuela.

Despellejan a Hipatia con conchas de ostra.

Las mañanas de Abril no vibran dulces y tibias.
Las criadas ya no van al Sena a por el agua,

 
moda y arquitectura pertenecen a una conciencia onírica,
como la publicidad, como escenas deformes, y nadie quiere usar corbata o sombrero,
no hay una tierna camaradería entre ladrones, la violencia asola -como la brutalidad-
emigran a América harapientos flâneurs hondureños o mexicanos,
el terrorismo cumple bien su guerra de Estado, se vacían los templos,
crece sin cesar la muchedumbre, se llenan los hipermercados.

 
Ahora los pintores no pintan con el cuerpo
y todo semeja un ragtime surrealista.
Lo moderno se legisla
parcheando sombras,

hay niebla en las pupilas
y los arzobispos escriben tratados de vaginoplastia y las monjas se aprestan a sondar el pene de los novicios.
Y tú conoces demasiados listillos que se llaman a sí mismos «artistas».
Sea mía la luna del bosque, San Anselmo, y no las salchichas esquizofrénicas de Koons.
El arte actual es una mamarrachada.

Un engañabobos de pícaros y vividores.
Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Para mi amada profesora de latín del Liceo

PARA MI AMADA PROFESORA DE LATÍN DEL LICEO
De «El falso aristócrata»

 
«Une douceur de ciel beurre vos étamines!» Rimbaud

 
Con letra clara, pausada igual que la respiración,
clara como un potrillo o gato montés en el aire,
escribíais, madame, ubi trascendit florentes viribus annus

con dedos de delicadeza florentina sosteniendo la tiza
y el tigre a vuestro pecho -feroz en la rosada-
despertaba la maleza de los árboles.
Recuerdo vuestros pechos como simas Tártaras
el lugar más profundo del mundo
incluso debajo de los Infiernos
temido hasta por los Dioses.
Recuerdo sus labios alunados tan distantes de lo que en verdad érais
una joven filóloga recién licenciada
aquellas ondas rojas con peligro de magnolias
o la vagabunda piel donde flota y libre se vence la hierba.
Yo palpitaba, me mordía el sexo, el ímpetu me inspiraba,
gozando aquella pasión me llenaba de contento.
Amore ha fabbricato ciò ch´io linio, podría decir con Cavalcanti.
Porque tú eres en mi historia civil verso de amor y prosa de romance,
y es tu cuello un descolgarse de visiones de Benedetta,
y tus ojos zarza en la majestad suprema de la calma,
y tu tiempo lugar de bronceada isla donde bracear a solas.
Con Amor se roturan los campos con nardos
y habiendo llegando vuestra memoria
a estas ordinarias horas menguantes del planeta
a estas horas coturras del comercio y la política

habiendo llegado el mundo a esta calvicie y planicie de ideas y sentimientos
me subo a la nave de ese primer amor
primer y último amor -a partir de ahí todo fue decadencia-
y grito, me muerdo el sexo, me tiro de los pelos,

os agarro desde aquí vuestra boca con mis dientes
para negar -siempre- el requiem aeternum del tiempo.

Sitges por los setenta

SITGES POR LOS SETENTA
De «El falso aristócrata»

 
La vida era un fresco dulce de Pisanello.
Íbamos a Sitges los fines de semana
a aquel hotelito de jardines versallescos
y la patria era el sonido del agua
y el mundo una eterna realeza de jazmines.
El cielo nuevo, la vida nueva, las camas nuevas.
Dentro de ese caldero de amor puro
se mojaban nuestros labios.
Errantes guantes argonautas

igual a babilonias de sortijas
eran la confiables voces de los gays
que tanto me querían y cuidaban
las muchas veces que os ausentabais, mis papás queridos.
De regreso del baño y los paseos
el humo del mar era un fresno y un tufo a paella buena
sabían muy frescos los cangrejos
y nada tumefacto -todo lo contrario-
era el astro perpetuo a lo lejos, amable y lírico.
Siento el salitre de luz imantando las altas terrazas del gozo.
Ahora tú papá estás muerto, mamá enferma y yo destruido.
Ahora el mundo es un cartón húmedo,
es telebasura y carencia de humanismo.
Los bárbaros se apoderaron de la ciudad.
La grey nos insulta con su cabeza cateta.

Hombres de patética categoría informal

meros mercaderes agitanados

con su prole hortera y chillona

despiezaron nuestro potro pura sangre.

 

Así mejor no vivir y solo recordar.

La belleza, como el placer, es asunto de pocos.
Pero Sitges es una Virgen altiva que gotea
en las embajadas de lo Posible
al reino de la Necesidad:
la fuerza invulnerable del Placer y la Gracia,

la fuerza de saber que sí, que aquellas villas fueron nuestras

antes de okupas y hormigón a mansalva.

Contra el Papa

CONTRA EL PAPA
De “El falso aristócrata”

 

 
El Papa usa piercings, y escritores y pensadores acuden a tatuarse.
Se puede caer en picado por biografía destemplada, pero este Papa…
Una vez descorchado el champán, leído al Cardenal de Retz, tomado el sol en el hotel Crillon, usufructuado cuerpos exquisitos, almas delicadas, llevado pajaritas impecables, ponderado los nefastos y luciferinos mamotretos indigestos marxistas, ponderado la altura de las mentes, piensas, ¿pero este señor, de qué tugurio sórdido salió, de qué pésimamente decorado local de alterne, de qué cochambroso y grasiento garaje de lavacoches industrial? Y solo quieres ya que tu doméstica te avise a la hora del crepúsculo para poder ver solitario el atardecer.
¿Es hora ya Teresa? Trae también los prismáticos y llama a Mishibú para que me acompañe. No te olvides de la copa; hoy algo cargadita.
El Papa usa playeras, nariz de payaso y se pinta los mofletes como una drag-queen.

El Papa se viste con tutús y toca la guitarra en la liturgia.
El crepúsculo es un placer de cuidados suaves como piel de ardilla, es un mar de lobos y una chatarra de astrolabios de dulce cobre que nos hurgan las fosas nasales, es un tratado de belleza que se agavilla en el matrimonio de la luz con el sueño, un lejano país ateniense en rojo y en loor de fiestas báquicas, un trabalenguas púrpura cuyo letargo balbucea sobre la maleza, es el valle rosa, la verdura verde y el bosque húmedo, y lo coronan las hiedras vivas de cualquier llama ardiendo. Ardimiento y hule de fuego que es la Vida.

Solo quiero ver el crepúsculo desde mi terraza cálida, ¡sacadme a ese fantoche trapisonda de mi vista! ¡Sacadme a este mandril purpurado por Belcebú!
Porque el Papa es un bonachón lelo peronista. Un pobrista capcioso. Un fraile de bisutería.
El Papa enturbia los mágicos cristales de mi sueño, con su Orden que no expresa un llamado a la Belleza y lo Alto, al crecimiento de la savia por los verdes tallos, a la mecha azul de cometas ígneos, a la Libertad y al Conocimiento, al brío de los pumas entrevistos en la selva a la luz -luz tierna y mimosa- de la luna única. De la luna del Gran Sí.
El Papa es un auriga de patas peludas sin los labios de las Aves Marías, y se pone pósits de autoayuda en la puerta de su cuarto para saber cómo dirigir el mundo.
El Papa más y más se empecina en ejecutar fruslerías, en emborronar teologías zarrapastrosas. Teologías de bocazas sin estudio ni tradición.
Mi copa transpira debido al hielo y al paso del tiempo. De noche casi ya, o casi todavía. Suspiro solemne ante un mundo feo, estúpido e inane, romo, bajo y cutre, cuyos amos son la caterva y el empresario hortera y el ingeniero orangutanesco, un mundo zafio y desposeído de elegancia, de matiz y opinión rosa y oro, de credo celeste, un mundo sin el don de absorber la perfección. Me ilumino de un Dios inmenso que distribuye Belleza y Orden como distribuyen música los planetas al rodar. Me ilumino de ondas de peral que reverberan desde el Uno hasta, por emanación, llegar al insecto bulboso que muerde al lirio o la gusanera que traga savia bajo la tierra húmeda.

Gusanos e insectos mejores que este Papa hereje y anormal, populista y con dodotis.
El Papa que se pone AC/DC en los auriculares para dormir.

El Papa que ve fútbol y saliva con los goles.
El Gran Bostezo, el Gran Chirrido, la Osamenta de Piedra Resonante Estéril, o la nueva plaga o el nuevo trigo o el pop-corn general y consuetudinario, o el pienso royal canin que se deglute no sé si con mayor inocencia o con irreflexivo orgullo. Nadie sabe ya vivir. Los obtusos se jactan de sus limitadas entendederas. El público aplaude complacido. Nadie sabe ser uno, grande y libre. ¿No escuchan la súbita pudrición por esta dentadura cariada del Gran Bostezo?

Solo deseo contemplar mi crepúsculo desde la balaustrada.
El Papa escribe como con un descosido borderline con sus dedos gordezuelos.
El Papa es un canalla hipócrita que deglute donuts y polillas.
Teresa, mañana, sobre todo, no te olvides de avisarme del venidero crepúsculo.

No te olvides de cada uno de los crepúsculos del año.

Oda a papá

Ahora educan las discotecas, Facebook, la pandilla, Instagram,
el haxix, la televisión, los videojuegos, te lo juro papá.
Nadie ayuda con su propio bolsillo a los necesitados,
los gustos no se avienen con las opiniones,
la ropa y los labios de la gente recuerdan sus malas horas,
la risa no es un astro de la galaxia,
no se soporta el castigo ni el útil consuelo,
los secretos y las virtudes no se guardan bajo llave,
Nochevieja es una vomitona universal.
El ardor no se acomoda con la razón,
se apaga la estrella de Dios en un vacío de juglerías,
los cangrejos de las tabernas de Sitges ahora saben insípidos,
pero mamá se viste como una señora del siglo XIX si vamos a cenar…
Este mundo no sería tu tipo; ni es el mío, la duda ofende.
Los pensamientos se expresan fuera de las elegantes palabras,
el decoro es un mineral insólito,
el cielo es un juicio falaz de gasolina de avión feo,
la plebeyez de turistas un insoportable tsunami,
la neblina de Zara un turbión de gas que no deja respirar.
Os agradezco la tradición, el «stylo» que me legasteis. Las clases
de pintura y música privadas, la fe que en mí vive.
Cuido mucho de mamá. Y mucho te echo de menos.
Cuido de mamá y cuido también el desdén robusto, solidísimo, que siento por esta realidad abyecta.
Este mundo es un vil y mediocre sucedáneo del tuyo.
Ahora educan porros, discotecas, facebooks…

Papá

Papá, diste un porrón de dinero
a tus amigos empresarios por la crisis.
Nosotros aún no hemos visto un duro,
pero sí, es mezquino e innoble el dinero,
y, en el fondo, solo dueño de sí mismo.
El Barça aburre ganando Ligas, pero ni una sola
Champions, que se quedaron en Chamartín.
Mamá se hace mayor y te recuerda a menudo.
Ah!! Eres abuelo por segunda vez; la niña
es el más bello sentimiento convertido en realidad.
Vivo en Galicia, rodeado de una cincelada
luz de ámbar, y, mucha, muchísima lluvia.
Escribo, leo, oigo música, paseo con la perrilla.
Papá, este mundo se ha vuelto gilipollas;
todos desean imponer su voluntad,
los conventos vacíos y cutres turistas atestándolo todo,
hay un gusto mediocre y por lo bizarro,
una sexualización general como un sucedáneo de bisutería,
como un gastado sucedáneo de la experiencia,
catástrofes, violencia, brutal telebasura,
la publicidad por encima del logro,
la revelación por encima del comedimiento,
la sinceridad por encima de la educación,
el victimismo en lugar de la responsabilidad personal,
la confrontación en lugar de la cortesía,
la psicología burda por encima de la recta moralidad,
la ciencia y las máquinas en lugar del cristianismo,
bah!, a qué seguir. Este mundo es una parodia del tuyo.
Concluyo el reporte. Te echo de menos.
Messi está viejo pero parece que tiene cuerda larga…

Mamá

Mamá, te ha cambiado algo el carácter,
demasiados achaques y demasiados disgustos.
Papá nos dio mala vida, y, al final, solo tú y yo lo cuidamos
(un hombre con su carácter y su violencia en el 99% de los casos
acaba solo como un perro y ni en una residencia lo hubieran querido)
Tu prometiste que si tenía una buena muerte-en el fondo lo quisiste mucho-
no irías a la peluquería en cinco años. La semana pasada
fuiste y celebramos el difícil amor de papá -su madre era una bestia-
en el restaurante San Miguel, entre lágrimas y risas, con unas deliciosas ostras
y arroz con bogavante.
Mamá, te haces viejita, te vas haciendo viejita.
Un poco más egoísta, sí, pero igual de buena.
Y nada más dulce, sutil y enigmático que la bondad.
Y hermosa. Fuiste una de las mujeres más hermosas de Barcelona -trabajaste de maniquí para pagarte la Universidad-
y para mí, pese a tu pelo cano y a tus arrugas, sigues siendo hermosa.
La mujer más hermosa del planeta Tierra.
La mamá más hermosa del mundo.
Noe y yo te queremos con locura, Eva también, aunque está casada con un imbécil y enfermo espiritual.
A veces creo que Dios existe porque tú existes.
A veces me apena la súbita pudrición de mi alma pensando
que tú eres espectadora de ella.
Te he dado disgustos. Mi mala cabeza, mi impulsividad, mis depresiones.
A menudo nos peleamos (a mí me dura
el enfado cinco minutos) pero hace cincuenta años
que todavía no hemos parado de hablar.
Pero si no tuvieras esos problemas graves de movilidad
viajaríamos por Europa -yo te haría de traductor, que para
algo nos diste una educación de colegios y clases privadas-
Mamá, pon el oído a esta confesión pública:
en el fondo sigo siendo aquel niño que arrobado acariciaba tu cara,
en el fondo sigo siendo el niño extraviado en la ciudad populosa,
y tu amor me da cuerda como a un antiguo y hermoseado reloj dorado,
tu amor me alza como si estuviera subido al más alto trapecio,
tu amor es una claridad de sol, jade y nieve,
Mamá, ya sé que es irracional y muy cruel, pero en el
fondo no me gustaría sobrevivirte.
Mamá, que altísimas llamas, nos abrasen a ti a mí en altos cielos.
Que abejas de plata con piel húmeda
merodeen en un jardín donde eternamente tomamos el sol.
Que los criados preparen mi capa mcferlán y tus abrigos de pieles
y nos vayamos a un lugar de vida lleno de porcelanas rosas
y amapolas y lechuzas y mares.
Que vivamos tú y yo en mitad del bosque
o en una apartada villa romana.
Tu amor, querida, es una fábula de fuentes verdadera.
Tu amor, querida mía, es un verano sin escorpiones.
Demasiados disgustos te he dado,
una comezón dolorosa de no haber sido el mejor hijo
de los posibles a veces me ataca,
pero ahora, desde este poema, cojo tus delicadas y bellísimas manos artríticas,
te miro llorando de alegría a los ojos
y escribo la única verdad que sé
te querré siempre, y todavía después.

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