Escenas de vida de provincia

ESCENAS DE VIDA DE PROVINCIA
De “Fuente de Corydon”

 

“Así que te metió la mano en el paquete y tú le dijiste que tampoco olvidara que eres o tienes un alma. Eres delicioso cariño, absolutamente delicioso. ¿Bailarás?, ¿bailarás conmigo?; me gustas tanto que ni lo resisto ni me resisto. Eres Adonis acodado en su cuevita de gatito azul. Gracias por invitarme a tu casa. Me paso ahora mismo. Una de mis aficiones preferidas es derrotar a la soledad”

 

Abisinia es bella, y tu pelo, y el mar. Y tus ojos, su ritmo, parecen púlsares de un marabú. Ríos de lava vienen de los bosques para posarse al atardecer en la playa, playa que gira con quietud de sombra, de seda y acantilado, de tapizada brea al morir el día. En la playa nocturna orgía, marabunta de amantes. Sitges. Julio de 2004 d.C.

 

Se querían. Se amaban. Se querían. Después el tren inerme y frío, la puta luz del alba, la cama fría, solitaria, un triste secarral desabrido y con polvo de barro. Se querían. El vetusto hogar de uno de ellos muy en las afueras. El tiempo debe ser una honda que al impactar con la Belleza se disuelve, se disuelve…

 

Deseó escribir como Shakespeare. Mintió. Solo y únicamente deseaba escribir como se abraza el cuerpo de un hombre a otro hombre.

 

Demasiado Twitter, demasiado invierno, dulce amigo Tulio Christian Sanctis. Natural de antros sin luz, de astros sin luz, atentamente escucha lo escrito en estos grafitos pompeyanos; “el espíritu desea lo que ha perdido”, “herido por la belleza el corazón nunca oscurece”, “armónicos son los gestos del indecente bailarín en el burdel”. Vampiro en un laberinto sin sombras, caro Tulio, será, ocurrirá que amar es rememorar, que entre silvas y arbustos se halla o hallarase el cisne de oro o el diamante de agua. Y tienes los nervios húmedos, Tulio. Y aún tiemblas de deseo, pasión y violencia ante la oscura y brillante carne. Pero jamás olvides -escrito permanece en el aire-, que, bajo el cielo y las estrellas innumerables, solo somos sombras de un recuerdo, no somos sino un breve escalofrío, un astronómico silencio sin respuesta.

 

Verano de ligues y arenas rubias. El sol unta como da las horas un suntuoso y antiguo reloj dorado. Los muchachos son de verdad, como el mar, y juegan embrujados por el deseo y las palabras. Pelotas de Nivea. Mi mirada se centra en su verdor subterráneo. Hay una tensa alba troyana en sus slips. Admito la idea polémica de sus mentes como un campo nada cultivado, cierta general inelegancia. Pero su Belleza traspúa, traspasa, hiende, hiere. Saturno y una fiesta lunar los tatuará duro. En bungalows, en noches y oro y sudores, se abrazarán, se enhebrarán. Historias comunes extraordinarias. Verano de ligues y arenas rubias.

 

El duro tronco de tu falo, el duro durazno de tu verga, lo siento en mi boca igual que si paladease un tallo de hierba entre los dientes. Tu joven cuerpo bañándose en el río es crepúsculo de alma de un poema de Calímaco. Tus abrazos son fuego donde abrasarme, río donde ahogarme, sinfonía de noche donde guerrear, luz desnuda volcada por el alba naciente, fragante agua de rosas y brillante agua de oro. Metámonos manos escondidos tras el Partenón. Seamos de Eleusis espliego. Y después, si puede, que Zeus derribe los acantilados.

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