O Gibbon o las Campos

Photo by SerinusCanaria on Pexels.com

Se otorga a las mentes el placer de lo impropio. La rúbrica de esta Era acaso sea ir mal vestido, andrajoso, y sucio y sin lavar para más inri. La plaga del sincorbatismo y el tuteo, la manifiesta informalidad tabernaria, asolan las maneras modernas. En lugar de beber en una copa se chuperretea por el gollete, en vez de la solemnidad de las ceremonias religiosas se prefiere (divierte más) casarse en Las Vegas.

Los placeres de lo informal, de la carencia de formas, las admito en mentes artísticas y creativas, imbuidas de un poderoso anhelo de lo ilimitado (tipo de deseo a favor del infinito fáustico que en algunos les permite grandes averiguaciones espirituales o científicas o artísticas), pero en mentes vulgares eso se traduce solo en un mero odio a las limitaciones y constreñimientos, a las reglas y el orden, resuelto todo en un pueril querer hacer de la capa un sayo.

Pero cualquier estructura antropológica u organización (familia, empresa, Administración, Universidad, Estado, etc…) sino está atravesada de normas (más abstractas) y sobre todo de formas que permitan el feliz intercambio de valores, ideas o costumbres, propende al caos y la entropía o disolución. Por ejemplo una Universidad o familia donde se es faltón, maledicente, agresivo, y contestario, donde no hay disciplina ni mandatos que reglamente humanamente las interacciones (sin, insisto, agresividad, burlas ominosas o lo que fuera), entonces es tal el displacer o caos experimentado que uno solo desea huir o encomendarse a la Virgen.

Las formas son la argamasa, la savia, el quid de una civilización. Al entrar en un ascensor lleno nos desplazamos en un ballet inconsciente para dejar paso al nuevo vecino porque hemos asumido inconscientemente formas. Hacemos fila en la cola del supermercado y no nos apelotonamos como salvajes sobre la cajera, porque aprendimos formas. En el entierro de nuestros padres no nos presentamos drogados, borrachos y semidesnudos porque aprendimos formas. No nos casamos vestidos de Elvis ni nos entierran con la moto Harley porque somos formales. No le lanzamos un puñetazo a quien sustenta una opinión discrepante a la nuestra pues nos preciamos de civilizados. Al cortejar a la amada seguimos un ritual de formas. En un parlamento hay (o debieran haber) deliberación racional y exquisitas formas. A la hora de comer los cubiertos y las copas conspiran en unas organizadas formas.

Mi percepción (sesgada; vivo aislado en una aldea y encima convivo con una inusitada familiaridad con mis propias hipótesis) es que la civilización moderna es muy impropia e informal. Los Rufián e Iglesias (por citar a los más pintureros), los jóvenes de manera acusada, hacen defección de la educación. Abundan Napoleones kitsch, humanos como figuritas de Lladró, abunda la insoportable España tatuada.

En los jóvenes particularmente existen una serie de «instituciones» que los marcan con más perdurabilidad y eficacia que el buen sentido, aflojando la influencia de las imprescindibles formas cívicas y el civismo y la educación, «instituciones» como las redes sociales, Internet, los videojuegos y videoconsolas, los cómics, la televisión, el telefonino, la tablet y el Ipod, la pandilla, las discotecas, el haxix y muchas otras drogas, el sexo desenfrenado (conejero y cinegético), la anti-humanista música coribántica, los conciertos, la literatura basura, incluso me atrevería a decir que también el deporte y un gusto desmedido por el mismo.

Así, un jovencito o una damita (muchos muy hermosos físicamente y no pocos también con buen fondo moral) suelen conducirse como asilvestrados (tutean al profesor o camarero que les triplica la edad, ponen los pies en el asiento de delante del tren, beben durante el botellón como si no existiera un mañana, no limpian sus habitaciones o las ordenan, bah, a qué seguir…)

En infinidad de posts de este muro escribí, aduje pruebas, sobre el medievalismo anti-ilustrado que sufrimos. Hoy señalo un tema cotangente. Una civilización sin formas (igual que ignorante) se corrompe y declina hasta su anonadamiento. El civismo, la urbanidad y la buena educación no son patrimonio de la burguesía sino del Occidente mismo (léase El proceso de civilización, de Elias)

El estilo popular anti-informal conspira contra Eliot, Shakespeare, Virgilio, Dante, Newton y Gauss para sustituirlos por María Teresa Campos, David Bisbal, Kiko Matamoros o Yola Berrocal. Cuando Churchill estuvo de joven en Egipto se imbuyó de lecturas clásicas y de Gibbon. Tácito y Gibbon -a través de Churchill- nos ayudaron a ganar la segunda guerra mundial.

Si usted no se ducha, no se pone corbata, escupe en la calle, se viste con jeans rotos y con parches y con el dobladillo desgalichado, no solo muestra un explícito rechazo a la elegancia, no solo indica -con ese egotismo esnob- falta de sensibilidad para con los terceros (yo me perfumo TAMBIÉN para no ofender narices ajenas), si usted, decía, abdica de la formalidad (y esta es una conexión más difícil de observar) está construyendo una civilización alternativa en que Rufián y Trump arrasarán con la delicadeza, la capacidad, el logro, la herencia y los éxitos de lo mejor de largos siglos.

Acaso el derrumbe de la civilización burguesa y su sustitución por una civilización popular semi-analfabeta se haya dado ya.

NOTA BENE: Los artistas, no nosotros, no solo deben ser informales y no ortodoxos (desde el punto de vista mental ante todo), sino que también son custodios de la heterodoxia y la herejía. Para desgracia de muchas de sus vidas, aunque suene lo anterior «too romantic«.

¡Don Nepomuceno Cagaliere me ha bloqueado¡

Tengo el corazón destrozado, los huevos apretados

¿Cómo aprenderé ahora el secreto de los corazones?

Él es un as de la astronáutica y de los electrones,

escribe sobre la propulsión a chorro de los fotones,

su lírica explota como bomba de neutrones,

un diligente maestro en místicas contemplaciones,

un genio impar de las redes, los calambres y los amores:

lástima que también sea un tonto de los cojones.

A DON NEPOMUCENO CAGALIERE

Gallipavo senil, gagá y cogotero,

meapilas y cagapoquito, gallifante, loquito,

de poesía mandril para macacos,

andrajo salido de Tele Cinco,

empalagoso y baboso, churriguesco,

¡me bloqueaste!, a mi culo la clavaste;

pero yo aprecio tu cómico tocino,

tu jeta de berza pagafantas,

tu inteligencia que no se desgasta,

esas boutades con que trincaste la pasta

y tus éxitos de carapollo, de cararrana, de pimpollo,

el que sumes a Lope y Quevedo, a los ojos,

versos de sioux coquero y cacaseno.

Un abrazo querido. Te leo.

Dile cosas feas a tu poeta:

tienes un seso majara

y un alma cutre de peli de serie z.

Díselo muy alto, que en la editorial

lo oiga desde el bedel hasta el director general.

Dile que su poesía es una madriguera de ratas,

unas huevas yermas de escorpiones,

que sus versos son alta bosta viva,

o sus palabras cohetes dirigidos a Hiroshima.

Y cuando se lo crea,

y empiece a hostiarte entre tus brazos,

no lo dudes ni un segundo:

coge el cheque pitando.

DON NEPUMOCENO CAGALIERE INSPIRA AL POETA MENOR UNOS RIPIOS DE OCASIÓN

Es un profeta bíblico,

un sagrado vate,

¿por qué, Dios mío, por qué,

me llevé su libro al váter?

Ingrata envidia al bodrio

mondo y lirondo,

a sus sublimes pedos

apaciguando el cero.

Ay mi fracaso de bardo,

el estupor ante lo cantado.

De moda el arte sin cuidados,

la bobería y lo mugriento,

de este príncipe bufonesco,

de este botarate ora rico ora tuitero

¿Deseará que le increpemos

y subir el fraude y sus dineros?

Dios es uno y trino:

el jurado, Cicerón y Luis Alberto.

A DON NEPOMUCENO CAGALIERE

Gallipavo senil, gagá y cogotero,

meapilas y cagapoquito, loquito,

de poesía mandril para macacos,

andrajo salido de Tele Cinco,

tan empalagoso y baboso, ¡me bloqueaste!,

cruel por el culo me la hincaste;

pero yo aprecio tu cómico tocino,

tu inteligencia que nunca se desgasta

esa boutade por la que te llevaste la pasta,

y tus éxitos de carapollo, de memo pimpollo,

el que sumes a Lope y Quevedo

versos de sioux coquero y cacaseno.

Un abrazo querido. Te leo.

Premio Espasa

Yo no sé escribir ( y en absoluto es falsa modestia o modestia falsa) Ocurrió que los dioses me proveyeron de una mediocridad embarazosa e insalvable. Lo acepto con deportividad.

La sabiduría talmúdica declara «Hillel solía decir: Si yo no hablo en mi favor, ¿quién lo hace? Y cuando lo hago ¿qué soy? Y si no ahora ¿cuándo?» Hablo mucho en mi favor, pero no pretendo hacer de las mentiras una verdad.

Me llena de un sopor indescriptible la podredumbre del mundillo poético. Los novelistas -pocos- mueven dinero; parece ser que últimamente la poesía también. Y vale todo.

El poeta lo peta

Photo by Pixabay on Pexels.com

Esta chorrada que lees en mi muro

que ni se atreve a censurar Maduro

tiene cien mil me gusta

desde Aquisgrán hasta Calcuta

A mi infausta fama de lampista

-no hay peor papa que el papista-

le sucederá la gloria de mis cuartetas.

¡Me sale la churra por la bragueta!

¿Yola Berrocal está contenta?

¿con mis poesías? ¿me quiere? ¿con sus tetas?

Besitos a Ilenia y Víctor Sandoval

faros de la rima audiovisual.

De estrambote consignar lo fatal del personal.