
El espíritu ya no camina con paso noble,
rara vez hay un aire vivo y fecundidad de temas,
el arte carece del cuidado asombroso de los detalles;
estilos sin ideas y fondos sin forma:
los escritores se dedican a producir y nunca a perfeccionar.

El espíritu ya no camina con paso noble,
rara vez hay un aire vivo y fecundidad de temas,
el arte carece del cuidado asombroso de los detalles;
estilos sin ideas y fondos sin forma:
los escritores se dedican a producir y nunca a perfeccionar.

Toma, poeta, argumento para tus versos:
la niebla entrando en sus rubios cabellos.

Compañero de perros y jabalíes,
el arroyuelo de mansa corriente,
no pasa por las hierbas ponzoñosas
de mi tierra hemonia envenenada.
1Christian Sanz Gomez

Cuando dan las primeras luces del alba,
a través de las tablas de mi choza,
me incorporo de un salto,
me envuelvo en la piel del lobo,
y con flechas y lanza salgo a cazarte mi amor.

De la muchedumbre anfibia y mal nacida surgió demasiado español torticero y tartaja
Ocres residuos otoñales y banales y tiernos posos del corazón. No abundan los poetas sino una cohorte cochambrosa de agilipollados
La rivalidad entre pautas individuales mueve el mundo. Las contiendas gregarias lo paralizan.
Tanta belleza encerrada en el silencio del pasado y tanta m… exhibiéndose osada y obscena en el escaparate yermo del presente.
«Las cosas llevan las riendas y dominan la humanidad». Emerson.
La autoridad emana del consentimiento del pueblo. El pueblo puede ser consciente de los males políticos, pero prácticamente siempre desconoce sus causas.
Dudo del mejoramiento del hombre como escalón superior de los monos, o como homo faber et ludens.
El muy pobre y chato escritor a granel, el ejecutivo cutre de la literatura, se pavoneaba que en sus escritos o enseñanzas no asomaba ni un pico de distinción o pedantería. Mero esclavo de la opinión su idioma avulgarado no levantaba una pulgada del suelo. Omito nombres.
-Molliter ossa quiescent
Sint modo carminibus non onerata malis.
La única cordialidad intelectual; fusilar, como Narváez, a todos tus enemigos antes de morir.
La cohorte de pestíferos izquierdistas (que ni servirían para barrer las baldosas o letrinas de mi palacio), esos maestros de la crispatura ignara y sandia, critican con sorna los post de José María Álvarez y Luis Antonio de Villena. Lo mejor, con gran diferencia, que se encuentra en Facebook. Que los idiotas condesciendan a su idiotez; el mayor cumplido que merece esta época es tener a esos dos poetas sabios en plena forma. Su agudeza sigue a la par de su inmarcesible reputación. Magis habuit quod fugeret, quam quod sequeretur.
El oficio de peluquero o de cajera de supermercado (¿lo oíste Irene, tía?) o del que hace velas de sebo no puede ser un honor para nadie, por no hablar de otros oficios u ocupaciones más serviles. Por supuesto que esos hombres jamás deben sufrir opresión e incuria por parte del Estado, pero el Estado sufrirá una opresión insoportable si se permite que individual o colectivamente nos gobiernen.
El hombre moderno lleva en el fondo de su mente un mapa muy detallado de toda clase de vicios, y sus facultades y juicios no se nutren de la razón sino del angosto significado del «dinero» o del ansia de poseerlo.

Escribo «Suave mari magno», y al fin se desincrustan de mis oídos tanta quincallería retórica oída en esta Moción de censura.Paz a los hombres.
Qué seso tan quebrantado y qué flaqueza del entendimiento de nuestros políticos. Dicen túrtura, y no tórtola, mensa, y no mesa, home y no hombre, asín por así, comío por comido,; y tan asinos que hablan de asinos y no de asnos, Prisioneros, ay, de su ilimitado ingenio.
Cuánto otium studiosum en la tribuna parlamentaria. Precisión en la memoria y rigor en la inteligencia; como en las Noches áticas de Aulo Gelio, como en las Saturnales de Macrobio, como en el Banquete de los siete sabios de Plutarco. Qué placer oír el culto y elocuente Orbis litterarum de nuestros políticos.
«…iam pompa venit…. tempus adest plausus.» Ovidio (sobre Casado y Abascal)
«Transit prasinus, pars populi maeret; praecedit venetus et ocius turba affligitur» Casiodoro (sobre los nefastos políticos patrios)
Romanis templum et habitaculum et contio et cupitorum spes omnis est Circus Maximus. (la importancia del circo político mongoloide y borderline que nos tocó vivir)
Casado no sabe ceder ni imponerse.

Vi a la Reina de Francia en Versalles hace años.
Nunca pareció el mundo iluminado por visión más deliciosa,
deslumbraba a los sueños y al mismísimo altar de Venus.
Fulgurante como estrella matutina, llena de vida, de goce,
y del esplendor de las emociones contempladas más altas y más rosáceas.
Brillaba de luz, leche, miel, y verdes praderas.
Sus labios eran algas tibias de felino,
el mundo se nombraba si ardía su corazón, si su piececito caminaba.
Pero llevaba la crueldad contra ella sin un antídoto posible.
En la nación guillotinaron a los hombres más valerosos, los de honor y los caballeros.
Su destino quedó en manos de la burda plebe mandril de verduleras, bacaladeras y furcias.
Yo hubiera desenvainado diez mil espadads al ver
una sola mirada capaz de ofenderla.
Pero en Francia ahora ya no existía aquella generosa lealtad al rango y al sexo,
ni obediencia digna, ni subordinación del corazón,
solo desharrapados y beodos mendigos asesinos con los dientes mellados.
¡La exaltada libertad y la seda ultrafina a cambio de las berzas y los rancios potajes de garbanzos!
Habrá que acostumbrarse a todo en la vida, incluso a este infecto horror.
Habrá que soñar con pasión en aquel pasado balcón de luz y en su maquillaje hermosísimo.

Un engarce más vital con la experiencia lo tenemos los aldeanos. Marx habló con sarcasmo de «la idiotez de la vida rural». Sí, existen limitaciones y claras torpezas, pero compensa una mayor profundidad espiritual e inmersión en lo inmediato. El sentido de lo profundo y la conectividad natural de las cosas, nuestro cauto conservadurismo, conspira contra esta Era Lateral y Turbocapitalista, contra un ambiente cargado de burda ironía, contra el desprestigio de términos como «verdad», «alma·, «Dios», o «destino». Puede que nuestra perspectiva sea en términos generales más estrecha y menos cosmopolita; pero en las aldeas hay capillas, y donde hay capillas solo puede haber civilización.

A veces la altura de la discordia es capaz de igualarse con el roble más alto,
pero un temperamento demasiado puntilloso suele ser mala vara para medir.
Grecia y Roma son las magnificentes ideas que expresan el amor más vasto por el hombre y por la naturaleza inacabable.
Ayer me ordené presbítero y puedo trasladarme al fin del monasterio
a la corte del obispo de Cambray y en pocos años espero estar en la Universidad de París.
Estuve en París; esos estudios pueden hacer a un hombre obstinado y disputador,
pero dudo mucho, muchísimo, que juicioso.
Tanto tartamudeo e impuro estilo desfigurado lo complican todo y no resuelven nada.
Sus lenguas mustias y asesinas de la elocuencia merecen una especie de mazmorra
o constante mutismo verbal. El odio y la malicia también se hallan en los hueros argumentos.
Me gustan las iglesias que refrescan el mar,
el viento que rompe los ríos y ulula en los capiteles de acanto.
Me gusta la niebla sobre el pelo rubio de las muchachas,
la conversación inteligente y la savia o corazón de la lluvia que te empapa del mismo espíritu divino.
Mis amigos Moro, Grocyn, Linacre y Colet buscan verdades generosas y no esas supersticiones cadavéricas parisinas.
Estudio griego, me enseño el griego, gozo espléndidamente aprendiendo la lengua de Platón.
El tejedor en el telar y el campesino tras el arado también son mis amigos y compinches.
Tuve una disputa libresca y algo agria con Lutero, hombre demasiado pasional, radical, nacionalista;
sus opiniones me desagradan; ese fanatismo, esa intolerancia…
Creo que en mí pesan más las consideraciones humanas que las estrictamente divinas.
Pero ahora me someten a expurgo y el Concilio de Trento me moteja de hereje impío.
¿Puede ser el humanismo un movimiento de paz universal?
Las casas de los cardenales me cierran sus puertas, los príncipes me persiguen.
Pero me consuela el ave que brota fuerte de la rama,
la alegría de estar en unión con Dios,
la corona de fuego que guarda la fe.
Si el afecto es tierno y la devoción sublime nada debemos temer.
Es invicta la dulce patria del mar.
Perdóname a mí y perdónalos a todos.
Que nos reunamos todos en la playa de las estrellas.

Me gusta el pío campesinado rural, las capillas silenciosas, las vieirias, los perfumes caros y el Châteauneuf-du-Pape. Deportes, comida y un poco de arte no me parecen nefasto ideal para la gente común.
La simpatía y el amor son más importantes para mí que la desdeñosa fría razón (opino aquí igual que Burke)
Hoy el término que se utiliza para hablar de cultura es el antropológico que usó originariamente Tylor en su obra «Primitive Culture»: «La cultura o civilización entendida en su amplio sentido etnográfico, es un todo complejo que abarca el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualquier otra competencia que haya adquirido el hombre en tanto que miembro de una sociedad». O sea, un conglomerado o aglomeración de procesamiento de la información por aprendizaje.
DISCREPO solemnemente de esta dictadura definicional (hoy universal, generalísima y avasalladora, y que crea el contradiós de permitir hablar de cultura nazi o cultura pedófila) Estipularé o convendré una definición alternativa de cultura para evitar las discusiones sobre palabras y centrarnos entonces en la materia de la cosa.
Para mí cultura es la adquirida en buenas universidades, que permite la percepción y el juicio autónomos, que te libera de la primigenia tiranía de lo mediocre, que te provee de ingredientes subversivos, y cuya gama de ideas y hábitos de pensamiento te elevan y nunca abajan (la verdadera cultura es un modo de avance, nunca de envilecimiento) Para mí la cultura es búsqueda y ansia de perfección, un modo de sentimientos y pensamientos de subido tenor, una pasión científica y moral cuya raíz se encuentra en el estudio y análisis de la perfección misma. Aunque su impulso puede ser bastante general su resultado es patrimonio siempre de una minoría selecta. Su soledad y exilio defiende de la infección de las masas urbanas. Las masas campesinas tienen ( o tenían antes al menos) una propensión espiritual más robusta y leal. La cultura, así entendida, puede concebirse como una especie de religión sustitutiva o religión laica.
Para navegar en el mar de la cultura se necesita una brújula o visión panóptica y criterios sólidos. Supongamos que un capitán inglés de la primera guerra mundial detiene a un capitán alemán , o bien que un burgués francés y otro italiano conversan en un expresso de los años veinte. Ambas parejas tienen un mundo referencial formado por textos de Cicerón, Horacio, mitos platónicos, pasajes de Suetonio, textos bíblicos, y una idea familiar sobre la conversación artística y musical occidental. Pasemos ahora a otro experimento mental: un vagón de metro de una gran ciudad mundial de ahora mismo. La Biblia, la Antigüedad y los clásicos desaparecieron TOTALMENTE del mundo alusivo de estos pasajeros de metro. Para ellos la cultura no es más que una forma de barbarie encapsulada con celofán de colorines y apócopes de tuits. Información sin conocimiento. Información azarosa y desestructurada. «Pizzicatto» de enlaces velocísimos a webs con lectura abrumadoramente superficial en diagonal y semi-esquizoide.
La cultura occidental se deshilvana porque los textos que la crearon son mero polvo de (muy malas) tesis doctorales. El espíritu de colmena tecnológica anula la libertad y el juicio independiente o capaz. Si somos incapaces de emitir un juicio objetivo y sano (y para ello se necesita buena filosofía, buena literatura, buena pintura) el voto que se exprese rozará alarmantemente la basura. Sin juicios meditados sobre el bien general solo nos queda populismo de quincalla apolillada y democracia basura.
Cultívese, amigo lector. No sea un mero fantoche de pobre e ignorante tumba. Glaucón y Adimanto experimentaron el esplendor de cierto tipo de alma. Lea y no sea un rucio y no convierta a sus hijos en rucios. Rompamos la cadena (la caverna abisal) del linaje de rucios.