Bienaventuranza

BIENAVENTURANZA
De «El falso aristócrata»

 

 
Ves a ese chico de anuncio
con pectorales de troyano,
tableta de chocolate en el estómago,
anchas espaldas,
piernas de cohete plutoniano
comestibles como un plátano azucarado.
Y ríes, sonríes…
Tú también tuviste cuerpo de atleta
aunque nadie lo juraría
al verte ahora fofo y gordo y cargado de espaldas
o con tus gafas negras de miope severo.
Fatigué gimnasios, ay, pero también bibliotecas.
No creo ni creí el símbolo de la felicidad una discoteca.
Ahora casi nada ligo con el Tinder.
El espíritu, enfín, cristaliza en la conversación
y conversar es pensar
y el análisis, la comparación y la ponderación
no abundan en la barra de bar.
El espíritu es logos,
no la selva desdichada y solitaria del gintónic.
A ese modelo de revista y televisión,
a esa beldad de deseo y materia sexual,
le recomendaría un acucioso trato libresco,
porque la belleza es caduca y mengua,
flor de un día,
como se dice exacta y vulgarmente,
y en cambio el pensamiento -la sabiduría-
a la inversa de la belleza
con la experiencia se incrementa
y permite al yo un cubículo entibiado.
El modelo de tapa ahora goza de un breve reino
que huirá veloz como guepardo,
como fantasma invisible de guepardo.
Cómprate entonces, guapín querido, unas gafas chulas,
y que pisen tus pies la librería, el museo, el teatro,
y ten un motivo para sostenerte en pie
más allá de tu hermosura efímera.
Aprende a argumentar tus méritos ahora que no eres feo.
Aprende a embellecer el alma frente a la futura calvicie.
Palabra del que fue, no es, y ha sido.

Citas

“La terre est couverte de gens qui ne méritent pas qu´on leur parle [la tierra está llena gente a quien no merece la pena dirigirle la palabra]” Voltaire.

“La opinión pública es la peor de las opiniones” Chamfort.
“Se puede estar seguro de que cualquier idea aceptada, cualquier noción recibida, será una idiotez, puesto que ha sido capaz de atraer a la mayoría” Chamfort.

Por desgracia la expresión coquin méprisable , granuja despreciable, resulta aplicable a un número terrible de personas de este mundo” Shopenhauer.

«Nec vixet male qui natus moriensque fefellit”, Horacio, “No se da mala vida quien de nacimiento a muerte pasa desapercibido”. Mejor no podría ser dicho. O bien Ovidio, “Bene qui latuit, bene vixit”, “Quien bien se esconde, bien se da”.

Siglo XXI: La publicidad por encima del logro, la revelación por encima del comedimiento, la sinceridad por encima de la decencia, el victimismo por encima de la responsabilidad, la confrontación en lugar de la cortesía, la psicología por encima de la moralidad.

Constantino

CONSTANTINO
De «El falso aristócrata»
Los tiburones en formol no atemperan las sensibilidades,
ni la idea del rudo filósofo o el marchand.
El arte nos pone ante un espejo y clama:
¡sois basura!¡maniquíes semejantes y ridículos!¡bostas!
El Arte se volvió igual a la vida: efímera, descoyuntada, febril,
popular, prescindible, olvidable, como chupar un chupa-chups.
Todo artesano es paria.
Toda intuición no mercantil es sediciosa.
El forjador de palabras mordisquea -masticamos- buidos mitos.
La empresa es la del cucañista, no la del anhelante de belleza.
La música ya no tranquiliza: enloquece.
No se pinta el ser, se pinta el paso.
Así que refúgiate en la aldea con tus oraciones pontificales,
alaba y honra los corzos y las albas, las lunas y los cuerpos,
piensa en las dos islas de su pecho,
y reza
reza al Altísimo
por otra especie de renacimiento Carolingio,
por otro Papado, otras convenciones,

por un orbe no carente de humanismo
y por la suntuosidad en los eólicos labios de Constantino.

De la defenestración del gusto y la falta de delicadeza de opinión

EL PAPA Y EL REY GUSTAN DE LA MTV RAP, USAN PLAYERAS Y POSITS DE COACHS
En el mundo de ayer los árbitros del buen gusto no eran Jorge Javier Vázquez ni Ophra sino el círculo restringido de los miembros de la élite superior, que las clases subalternas admiraban. En mi aldea los domingos, o bien en los casamientos, nos vestimos de gala a imitación de unas supuestas calidades que vemos y no despreciamos de las capas altas burguesas. Lo mismo pasaba en la discriminación estética; las capas burguesas y proletarias estéticas fiaban y cedían su admiración a la aristocracia estética. El de arriba, por saberes y mérito, guiaba al de abajo, con menos saberes y mérito, pero que aspiraba a tenerlos. Hoy Belén Esteban se vanagloria y jacta públicamente de su astronómica ignorancia, y la grey se admira. El reloj da las horas al revés, la noche es ya ahora el día.
Lo bello estético se arrecima en una serie de notas; afluye el orden, la mesura, la mensurabilidad, y la correspondencia rigurosa de las partes con el todo, porque el sentido innato de simetría y proporción es ínsito a lo bello; hay asimismo un no sé qué de vaguedad y ornamento en lo bello, un prurito como ilógico imponderable, un sentido de indeterminación muy exquisito y propio en todo lo bello; existe también una belleza funcional, es decir, en el objetivo, de ahí lo racional de una belleza (o fealdad) pedagógica, moral, política, religiosa, probablemente también ideológica; en el racimo de lo bello otra nota es su asociación a lo sensible y a Eros, su placer sentido de inmediato por el órgano espiritual; sí, hay como una elevación hacia la grandeza sensible e inteligible que turba. Esa aprehensión es cuestión de gusto no así de capacidad; por último la belleza auténtica subvierte, no es una simple asunción.
La alta cultura y los prescriptores o árbitros de la alta cultura tienen una íntima relación con las ideas anteriores de perfección y excelencia. Algo ejemplar, perfectamente logrado, es a la vez bello y bueno. Una obra artística y un hombre -por ejemplo Cristo- pueden ser ejemplares, resplandecer, brillar, aparecer envuelto en claridad, esplendor y luz. Una obra y un hombre pueden -podemos- ser imperfectos, torpes, feos, moralmente errados y estéticamente patéticos. Levantar la energía emotiva, intelectual, y sapiencial es hacer gran cultura. La alta cultura estuvo tradicionalmente ligada a la clase alta, así como el kitsch o midcult a la clase media, y la cultura popular a la clase proletaria o campesina. Dante para los aristócratas, las figuritas de Lladró para los funcionarios y el fútbol para los obreros. Hoy en día la posesión de la alta cultura solo es de las capas cultas de la burguesía, cada vez más adelgazadas. Triunfó el comunismo, todo se ha proletarizado. Si en mi aldea imitamos vestimentas de ricos, los ricos imitan vestimentas de pantalones tejanos rotos como los de los vagabundos.

Hoy todo es cultura vulgar, mediocre, vulgarísima, lerda, brutal, básica, abajada. Se odia lo refinado, serio, genuino, elaborado, alto. El papa y el rey gustan de selfies y playeras. Se insulta y desprecia la tradición y la riqueza de referentes, la coherencia formal, la aguda penetración, lo central, la luz canónica. Se admira y gusta y admira lo abajado, la escasa o nula profundidad, el símbolo elemental, la percepción mezquina y embarrada, enmerdada. Son los tiempos de Sálvame y Ophra y Trump, no de la Filarmónica de Berlín. Se goza la pandereta y se insulta o vitupera al violín. Las capas medias y bajas han impuesto su gusto ridículo. Triunfó el comunismo, no se engañen, la masscult es superdemocracia y aniquilación de la distribución jerárquica de las especies. Esto lo expresé poéticamente en mi libro «El falso aristócrata», ahora lo hago explícito con conceptos y no con símbolos y metáforas. El mercado fabrica una cultura industrial hiperdemocrática para consumo universal. Esa forma cultural es la propia de la sociedad-masa tecnológica post-industrial. Nunca asumirá la dignidad de una cultura con «c» mayúscula. Narcotiza a un público al que nada exige.

Debe asimilarse y digerirse fácilmente (cultura-palomitas) Su dios es entretener y distraer, no la calidad (cultura- divertirse hasta morir) La banalidad es su segundo Dios. El criterio es el mínimo esfuerzo mental y el máximo rendimiento industrial. Calidad mínima significa si y solo si ajustado a lo bajo, nunca tirando o apuntando a lo alto. Se desprecia lo singular y la firma debe ser una suerte de onanismo público impersonal. Siempre hay que adular y dar gusto al populus (cultura-vulgo) Todo se asume en el vocablo mercancía, o sea, comprar o no comprar. No aburramos ni irritamos a las masas, es el eslogan capital. El comunismo cultural no es una hipótesis, sino un hecho social. La religión, el civismo, el arte, la educación, la ideología todo se ha proletarizado, los árbitros o mandamases son ya los Trump, Campos, Ophras y sus pares en el sector correspondiente. La cultura humanista se proletariza. La cultura popular se proletariza. La cultura mediática se proletariza. La cultura digital o cibercultura se proletariza. Proletarios del mundo, no hace falta que os unáis, habéis ganado. Ahora cualquier aspiración aristocrática se percibe como elitista e inmoral. Los bárbaros golpean con sus mazas y la gente gusta de esos varapalos. Los bárbaros ganaron la batalla.

Democracia

DEMOCRACIA
De «El falso aristócrata»

 

 
Si el mejor consejo es el que uno se dirige a sí mismo
después de haber comprendido. ¿por qué pululan inanes tantos coachs,
aconsejando a creadores y empresarios y políticos? Porque hay democracia.
¿Por qué no hay teólogos, ni filósofos, ni científicos,
sino solo un florilegio de periodistas como apelotonados estudiantes despistados en un campus? Porque hay democracia.
¿por qué no se avienen naturalmente la opinión con el gusto,
las costumbres con las creencias,
las leyes con el ocio? Porque hay democracia.
La única pasión salvaje de la democracia es la cantidad, no así la calidad. Alfalfa en lugar de faisán.
El reino de la cantidad nos devora. Nos insulta.
Heráclito de Éfeso protestó acerbamente porque su polis
pactó una constitución oligárquica con el imperio persa.
Poetas; ¡Protestemos! ¡No a todo! ¡No al Orden!
Y después quedémonos a jugar con los niños.

Poética

POÉTICA
De «El falso aristócrata»

 

 
Amistó con Peter Pan.
Olvidó Faulkner por los tebeos.
Dejó la arquitectura por el transformismo.
Vació miles de botellas.
Su cara arrugada era un mapa de mil tesoros.
Y no paraba de decirme, mira chaval,
solo la ruina nos defiende de otra mayor.

Confesión

No me gustan estos tiempos romos y abajados, tontuelos y memos y tartajas. Carecen de educación y humanismo. Tiempos de fantoches y horteras, de trapisondas y lameculos cucañistas. Crecí en una clase privilegiada, en una burguesía hacendada cultísima, con clases privadas de música, idiomas y dibujo. A esquiar en invierno y a Sitges en verano. Aquel mundo emitía unas radiaciones como un crustáceo desperezándose lentamente, crujía todo como una osamenta articulando mis miembros y mi sangre. Desde poco antes de la crisis el mundo se volvió muy feo, horrible e invivible. Como agitanado. Como de mercadillo balbuciendo baraturas sin calidad. Como de histéricas verduleras berreando. Un muncho chato y vacuo de hombres incultos y maleducados que se vanaglorian de su ignorancia. Yo ya solo vivo en la dulzura intemporal de mi mente. Algo me salva; sé que no envilecí mi vida. Que hay oro en mí. Que hay como un cerebro de Dios y no un engranaje de máquina. Pero una propensión melancólica me ataca pensando en los adorables viajes de antaño por Europa con papá y mamá. Ahora soy un rentista pobre. Escribo -mucho- para mí y leo para la gloria. Lampedusianamente. Y nunca pienso ponerme a trabajar. Eso ni pensarlo siquiera, jamás. A veces en mis poemas, como una estrategia de disposición retórica y de efectos de impresión en el lector, exagero las notas despreciativas y agresivas hacia los diferentes a mí, pero mi natural (os lo aseguro) es de simpatía y bonhomía y serenidad. Si desprecio a los demás es porque también me desprecio a mí mismo. Triste destino ser pobre habiendo sido rico. Ahora mi riqueza es de carácter, de cultura, de nostalgia y sutilezas. El mundo registra fácilmente ideas nuevas; más dificultosamente registra experiencias nuevas. Mi experiencia es de apocalipsis, decadencia, caída y derrumbe. Mi mundo se desmoronó y vivo como en un helado exilio. Mi vida consiste en limpiar de nieve los escarpines de la zarina y defenderla con mi vida de los lobos. Huimos por la estepa en un trineo blanco y recio. Cae cellisca de las nubes.

Detesto lo nuevo. Este mundo moderno no será castigado; es el castigo mismo.

Credo

CREDO
De «El falso aristócrata»
Con mi corazón necrosado proclamo:
¡viva la iglesia católica!
¡viva la guardia civil!
¡viva el marqués de Bradomín!
¡viva la teta de monja y el carmín!
¡viva mi sobrina en el balancín!
Con mi corazón necrosado rimo:
«Desde el fondo del abismo
el grito sideral
guerra y guerra al maquinismo
guerra y guerra al gregarismo
sin tregua y sin piedad»
«Y se oía voz en grito
persistente, abisal,
que esto es iglesia
no discoteca
¡quítense bermudas y tejanos ya!»
«En la Era de la Morralla
te detienen por Vago y Maleante
muy visible en el Joven
muy clara en el Inspector General
absolutamente universal se ve ahora
en la afición en general»
«Parte del juego son ganancias/
la mayor parte pérdidas/
pero el oro de los dados se ha perdido».

 
Con mi corazón necrosado observo y opino:
La democratización de la proteína ha traído penosos viajes baratos y pollos de factoría.
Contra lo negro del abismo, la luz del fornicio.
Los antifascistas de hoy serán los fascistas de mañana.
¿El único medio para soportar la vida? Evitarla.
No soy hípster, soy hámster.
El hombre que no se elige a sí mismo, cojea.
Matar por amor es natural, por dinero es feo, por capricho merece la horca.
Cría ricos y te comerás una crisis.
Un perro guardián que engañan con un trozo de carne: Internet.
Me hace gracia el entusiasmo.
La Ley poblada desde arriba es orgasmo; desde abajo vulgo.
Un sabio, al igual que un artista, saca de su baúl mezcladas cosas viejas y cosas nuevas.
La mediocridad solo genera mediocridad.
La hermosura hincha como un sapo.
Vivo de espaldas a todo lo que no sea la dulzura intemporal de mi existencia.
En la Era de la Maravilla lo que más abunda son discotecas llenas de chonis.
La lección de Hermes; el portento, alcanzarlo, es arduo y difícil. Lección griega para este nuestro mundo tan romo y abajado.

Mamá

MAMÁ

De «El falso aristócrata»
Mamá, te ha cambiado algo el carácter,
demasiados achaques y demasiados disgustos.
Papá nos dio mala vida, y, al final, solo tú y yo lo cuidamos
(un hombre con su carácter y su violencia en el 99% de los casos
acaba solo como un perro y ni en una residencia lo hubiesen querido)
Tú prometiste que si tenía una buena muerte-en el fondo lo quisiste mucho-
no irías a la peluquería en cinco años. La semana pasada
fuiste y celebramos el difícil amor de papá -su madre era una bestia-
en el restaurante San Miguel, entre lágrimas y risas, con unas deliciosas ostras
y arroz con bogavante.
Mamá, te haces viejita, te vas haciendo viejita.
Un poco más egoísta, sí, pero igual de buena.
Y nada más dulce, sutil y enigmático que la bondad.
Y hermosa. Fuiste una de las mujeres más hermosas de Barcelona -trabajaste de maniquí para pagarte la Universidad-
y para mí, pese a tu pelo cano y a tus arrugas, sigues siendo hermosa.
La mujer más hermosa del planeta Tierra.
La mamá más hermosa del mundo.
Noe y yo te queremos con locura, Eva también, aunque está casada con un imbécil y enfermo espiritual.
A veces creo que Dios existe porque tú existes.
A veces me apena la súbita pudrición de mi alma pensando
que tú eres espectadora de ella.
Te he dado disgustos. Mi mala cabeza, mi impulsividad, mis depresiones.
A menudo nos peleamos (a mí me dura
el enfado cinco minutos) pero hace cincuenta años
que todavía no hemos parado de hablar.
Pero si no tuvieras esos problemas graves de movilidad
viajaríamos por Europa -yo te haría de traductor, que para
algo nos diste una educación de colegios y clases privadas-
Mamá, pon el oído a esta confesión pública:
en el fondo sigo siendo aquel niño que arrobado acariciaba tu cara,
en el fondo sigo siendo el niño extraviado en la ciudad populosa,
y tu amor me da cuerda como a un antiguo y hermoso reloj dorado,
tu amor me alza como si estuviera subido al más alto trapecio,
tu amor es una claridad de sol, jade y nieve,
Mamá, ya sé que es irracional y muy cruel, pero en el
fondo no me gustaría sobrevivirte.
Mamá, que altísimas llamas, nos abrasen a ti a mí en altos cielos.
Que abejas de plata con piel húmeda
merodeen en un jardín donde eternamente tomamos el sol.
Que los criados preparen mi capa Mcferlán y tus abrigos de pieles
y nos vayamos a un lugar de vida lleno de porcelanas rosas
y amapolas y lechuzas y mares.
Que vivamos tú y yo en mitad del bosque
o en una apartada villa romana.
Tu amor, querida, es una fábula de fuentes verdadera.
Tu amor, querida mía, es un verano sin escorpiones.
Demasiados disgustos te he dado,
una comezón dolorosa de no haber sido el mejor hijo
de los posibles a veces me ataca,
pero ahora, desde este poema, cojo tus delicadas y bellísimas manos artríticas,
te miro llorando de alegría a los ojos
y escribo la única verdad que sé
te querré siempre, y todavía después.

Con mis papás en la remota Belle Époque

CON MIS PAPÁS EN LA REMOTA BELLE ÉPOQUE
De «el falso aristócrata»

 

 
Ah aquel mundo de ayer de mi infancia
cuando iba con mis papás arriba
al reservado del restaurante (Les gens que j´aime, digamos, o bien Vía Venetto)
y abajo quedaba la vida, la cuca coctelería, el piano perfectísimo, el aire rizado del verano.
Lo recuerdo con intensa claridad de símbolo:
la gente era aún ordenadísima,
educadísima, exacta y sólida,
no cabía ni plebeyez ni engaño, ni nihilismo alguno,
y el pensamiento era soberbio, augusto,
subrayando el gesto sereno y firme, magnánimo,
y el dinero -perdonad la confesión- lo teníamos quienes debíamos tenerlo.
Para nosotros el sileno griego, y el templo mozartiano, el lirio ruskiano,
el chelo de la noche, el violín del otoño,
las lluviosas playas de amanecida.
El mundo entero era una pastelería vienesa,
era una cristalería verdina con joyeles verdaderos,
y la vida lo mismo, sin diferencia, al sabor de los pescados
en las tabernas de Sitges. Sí, hubo un día que nosotros éramos los amos del mundo.
Sin cutres revistas del corazón ni carreteras atestadas de turistas,
éramos nosotros, los buenos, los dignos propietarios
del inexorable mecanismo de la Historia, el Arte y la Vida. Rezábamos al Altísimo
y nuestras plegarias se atendían, buscábamos fe y alegría, y de fe y de alegría se nos proveía,
creíamos en el Bien, y no había mal en el mundo ¡Qué suave era el musgo, qué azules los ríos!
Nada había que temer, pues el mundo funcionaba porque estaba bien hecho.
Sin embargo, imperceptible e insensiblemente, se socavó aquel Ancien Régime.
Se dejó de oír el crujido de aquella osamenta que sostenía el orbe,
la trompetería en rotación de los bárbaros cruzaba las fronteras conocidas.
Sin embargo ocurrió que vosotros ascendisteis al escenario de la historia. Se trocó gema por plata, por barro (las almas de oro eran reliquias del mundo de ayer)
Subieron muy mediocres y rapaces, muy mediocres y mendaces hombres al poder, todo se llenó de estas mentes ruines y vulgares del comercio, empezó caudalosa la tan indeclinable como impostergable corrupción de la Belleza.
Donde comía cada día con papá y mamá pusieron un Zara. En las voces
de mis semejantes y desemejantes enseguida percibí una neblina ácida y turbia.
Arreciaba como una plaga de langostas el tsunami de las muchedumbres.
Se imponía como blanca religión la ley de la horda.
Y ahora todo y todos continuamos como bestias en esta república.
Ahora todo está perdido y parece que nadie quiere saberlo.
El Orden industrioso y lacayuno, industrial y lacayuno, tecnólogo y sumiso, se conjura
contra aquellas virtudes de Helenas homéricas, de raudos Aquiles (y ya se observan parodias de Hefestion y podres estilizadas dentaduras de plexiglás)
Por el Orden impúdico se abren las puertas del Averno
y se congelan los vientos del mar. Y se hielan los desiertos.
Aquella sabiduría que era una perfección que absorbe, una caricia que unta,
se cambió por este expreso de Shangai cuyos raíles -raíles y bisontes-
a otra estación Mauthausen nos conducen.
Recuerdo como con papá y mamá iba arriba, al bonito reservado, a degustar mis cangrejos
y mis vieiras laminadas con aceitunas y tomatitos de invierno. Se hacía dichoso lo individual,
extenso Libro de Horas la Forma, de oro la puerta damasquina se volvía. Agradezco a mis papás la hermosa tradición que me legaron. Pero pasó,
pasó aquello como pasa la arena a través de la medida clepsidra, como pasa el agua
del tiempo a través de la cintura voluptuosa de la clepsidra. Ya ahora en mitad del camino
de mi vida, recordando con amor aquella arcadia (el maître no oía inmorales planes de sexo como debe oír ahora, ni pazguatos y analfabetos comentarios de futbolistas o sus presidentes), recordando aquella feliz memoria que -ay- no fue promesa de futuro, derrotada la flor del tiempo,
poseedor de hacienda menuda y con envidiable mente decido
decido
decido desaparecer,
vagar por mis tierras gallegas,
saberme propietario de lo noble e inmortal,
vagar por bosques de eucalipto,
vagar por mi sonrosada melancolía,
y escribir, a nadie escribir,
las líneas precisas e incomprensibles de este elegíaco poema.