Diario de un esquizofrénico XVIII

(LIBRO DE COSAS II)

“Otro sí, mandamos que de aquí adelante, ningún librero, ni mercader de libros ni otra persona alguna, sea osado traer a estas partes, Biblias o testamentos nuevos de las susodichas impresiones depravadas o de otras que contengan algunos errores, aunque los traigan borrados en la forma que ahora se mandan borrar los errores de la Biblia y testamentos nuevos que al presente hay en estas partes, so las penas en esta nuestra carta contenidas” Francisco Fernández del Castillo

“A los amigos, los días de rastros y encantes, o se los cita para después de faenar, o se les ignora si los vemos aproximarse, salvo que hayan venido con nosotros, eso sí, antes de rayar el alba.

En esto del rastreo de los libros uno es más que nunca corazón solitario, y tiene que estar en guardia, y por entero, pendiente de las emboscadas y regateos de las suertes. Nada tendría que alterar, al menos en mi sistema psíquico, ese auténtico monólogo interior que uno sostiene mientras un libro te lleva a otro y a otro, y de ahí a menudo al precipicio” J.C. Cataño

“Entre los pedidos por Internet de hoy se cuenta uno de los libros más aburridos con los que me topado en mucho tiempo: British Transport Film Library Catalogue since 1966 [Catálogo de películas sobre el trasporte público desde 1966] En sus páginas se incluyen títulos tan apasionantes como AC electric locomotive drivers procedures [Manual del maquinista de locomotoras eléctricas por corriente alterna], Service for Southend [Con servicio a Southend] y Snowdrift at Bleath Gill [Acumulaciones de nieve en Bleath Gill] Pese al sentir general de que los libros sobre trenes son extremadamente aburridos, se encuentran entre los más vendidos en mi tienda. Sus compradores son siempre hombres y la mayoría luce barba. Suelen ser clientes de lo más afables, quizá por el alborozo que sienten al descubrir el tamaño de la sección de libros sobre trenes, que comprende unos mil títulos” S. Bythell

“Montaigne se escapó del modelo de los lectores del Renacimiento. Sus gestos se oponían término por término al de los lectores eruditos: al leer, no llevaba ningún cuaderno de tópicos, negándose a copiar y compilar; no anotaba los libros que leía para localizar extractos y citas, sino que en la propia obra hacía figurar un juicio de conjunto; y además no utilizó, para redactar sus Essais, repertorio de tópicos, sino que compuso libremente, sin enredarse en recuerdos de lectura y sin interrumpir el encadenamiento de sus pensamientos con referencias librescas. No leyó nunca de noche, ni sentado; leyó sin método, y su biblioteca, lejos de ser aquel recurso abierto y movilizador que era toda gran biblioteca humanista, constituía un lugar privilegiado de retiro lejos del mundanal ruido” R. Chartier

“De entre los ilustres ladrones de libros españoles destaca Don Bartolomé José Gallardo, a quien debemos (a su figura y no a su pluma) el término de “bibliopirata”, pues aunque antes yo lo pintara con garfio y loro a la espalda, la voz “bibliopirata” fue usada por primera vez en un soneto que le dedicó Estébanez Calderón a Gallardo y que nos sirve para definir al personaje:

Caco, cuco faquín, bibliopirata,

Tenaza de los libros, chuzo, púa,

De papeles, aparte la ganzúa,

Hurón, carcoma, polilleja, rata;

Uñilargo garduño, garrapata

Para sacar los libros, cabría, grúa,

Ángel de bibliotecas, gran falúa

Armada en corso, haciendo cala y cata.

Empapas un archivo en la bragueta,

Un Simancas te cabe en el bolsillo,

Te pones por corbata una maleta;

Juegas del dos, del cinco por tresillo,

Y al fin beberás, como una sopa

Llena de libros, África y Europa” M. Albero

“Abro la danza de los locos, porque todo a mi alrededor acumulo libros que no entiendo y jamás leo” S. Brandt

“La incultura puede ser para los libros no menos letal que los diversos fundamentalismos. Como escribe Sánchez Mariana: “Si los destrozos de las guerras han sido brutales, no menos destructiva ha sido la acción de la incuria y el abandono, cuando no la barbarie consciente, reflejada en las abundantes mutilaciones que han padecido estos códices en sus iluminaciones, de modo sistemático, quizá entre 1745 y 1870”.

En el siglo XIV Ricardo de Bury se quejaba de que los estudiantes maleducados causaban diversos perjuicios a los libros: mancharlos con mocos, restos de comida y bebida, manipulación con las manos sucias, glosas impertinentes, etc. Hoy hemos ganado en higiene, pero los estudiantes españoles, víctimas –como sus profesores y la sociedad- del gigantesco fraude demagógico de la LOGSE, la Eso y lo de más allá, siguen maltratando y destruyendo libros con tanto éxito como sus colegas medievales.

Barbazán cuenta que en Pastrana apareció una biblioteca emparedada de la que el alcalde-confitero sacaba hojas de cantorales manuscritos en pergamino y las utilizaba como suelo para cocer los bizcochos. En cierto pueblo conquense los dos mil ejemplares de una biblioteca estaban faltos de principio y final, pues habían usado esas hojas como papel higiénico. En los años ochenta del siglo XX, un cura de pueblo de otra provincia asaba los chorizos envueltos en hojas de manuscrito, porque decía que eso le daba un sabor especial…” F. Mendoza

Diario de un esquizofrénico XVII

Era tal el caos de mi biblioteca («Librería muy arreglada, librería poco usada»), que mi doméstica, estos días que estuve de viaje, la ordenó en triples columnas en los estantes.

En completo azar ahora las pilas de libros. Busco las cartas de Madame de Stäel que editó y publicó Joseph de Ligne, y me encuentro con «Dinero» de Amis -esa bazofia- o busco un tomito que amo mucho de Henry Saint John, vizconde de Bolingbroke, y solo veo «Saúl ante Samuel», esa otra chuchería de Benet donde se maltrató al castellano con descomunal saña (el supuesto «great style» era una mera parodia sarcástica de sí mismo ) Busco la «Patrología» de Migne o bien la «Summa» de Santo Tomás editada por la B.A.C., y me encuentro con «Beatriz y los cuerpos celestes», de la latinista Lucía Etxebarría. Busco a Wittgenstein y hallo a Jodorowsky.

Mi biblioteca ya carece del orden de las fuentes, o los jardincillos, con algo de morunos o turcos o chinescos, carece de dorados e inscripciones. Ahora es un imperio sin esplendor. Un Luis XVI con el cuello en la guillotina. Un templo sin memoria. Una Babel de caballos desbocados. Una mente con delirium tremens.

Pero la chica puso su mejor voluntad y esfuerzo. Le regalaré una villa con sol limpio. Yo, desdichado, moraré desde ahora en las sombras eternas.

Diario de un esquizofrénico XVI

(LIBRO DE COSAS I)

“Estamos habitados por libros y por amigos” D. Pennac

“Los libros tienen los mismos enemigos que los hombres: el fuego, la humedad, los animales y su propio contenido” Valéry

“La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil; el escribir, preciso” Bacon

“Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee” Unamuno

“Por el grosor del polvo de los libros en una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo” Steinbeck

“Vino viejo para beber, sarmiento para arder y buen libro para leer” Anónimo

“Muchos libros son como cadáveres, no huelen” N. G. Dávila

“El que comienza un libro, es discípulo del que lo acaba” Anónimo

“La verdadera vida, la vida al fin descubierta y aclarada, la única vida, por consiguiente, realmente vivida, es la literatura” Proust

“Cuando leemos, Dios habla con nosotros” San Agustín

“Si no tienes tiempo para leer, no tendrás herramientas para escribir” S. King

“En toda vida adulta, debiera haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud” I. Calvino

***

“El gran misterio de las letras nos da facultad de hablar con los ausentes y de escuchar ahora a los sabios antepasados las cosas que dijeron. Las letras nos mantienen la memoria, nos guardan las ciencias, y, lo que es más admirable, nos extienden la vida largos siglos, pues por ellas conocemos todos los tiempos pasados, los cuales vivir no es sino sentirlos” Fernán Pérez de Oliva

“Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a los seres humanos y, así, defendernos del inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido” S. Zweig

“¿Quiénes seríamos hoy si hubiéramos perdido el recuerdo de todos esos hallazgos (Las Troyanas, o el Arte de amar de Ovidio, o Tácito, Séneca etc…)? Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido” I. Vallejo

“En lugar de ir a París a escuchar conferencias, ve a la Biblioteca Pública y no salgas de ella durante veinte años, si realmente deseas aprender cosas nuevas” Tolstói

“Soy yo mismo, lector, la materia de mi libro…Hace varios años que solo me tengo a mí mismo como objeto de mis pensamientos, que solo me examino y me estudio a mí. Y, si estudio otra cosa, es para aplicarla enseguida a mí; o, mejor dicho, en mí. No hay descripción igual en dificultad que la de uno mismo; ni, a buen seguro, igual en utilidad…Éstas son mis ideas, mediante las cuales no intento de dar a conocer a las cosas, sino a mí mismo…Si hubiera elegido otra cosa, la obra habría resultado menos mía y su fin principal, su perfección, es ser exclusivamente mía” Montaigne

“En el genio del pintor, todo es arte. Pero todo no lo es, en el genio del escritor. Porque el genio del primero no es más que un genio de pintor, pero el genio del segundo es un genio de ser humano” Joubert

“Los contemporáneos respetan los libros tediosos cuando son pretenciosos y pedantes.

La posteridad se ríe de esos ídolos polvorientos, para venerar, claro está, a los análogos autores de su tiempo” N. G. Dávila

“He concluido un monumento [se refiere a las Odas] más duradero que el bronce y más alto que las regias tumbas de las pirámides, que no podrán destruir las lluvias persistentes, los fríos vientos ni el paso del tiempo con su serie innumerable de años. No moriré del todo” Horacio

“Ya he culminado una obra que no podrán destruir ni la cólera de Júpiter ni el fuego ni el hierro ni el tiempo voraz” Horacio

“Leer en una pantalla Polifemo y Galatea o escuchar sus octavas por teléfono (aunque sea un teléfono muy evolucionado) no lo imagino comparable en su deleite al de irlos leyendo con la rapidez o la demora impuesta por eso que llaman los biorritmos y que a lo mejor no es lo que yo pienso: esa conciencia imparable entre el gusto y la gana” G.T. Ballester

“Tenemos tendencia a olvidar que los libros, eminentemente vulnerables, pueden ser borrados o destruidos. Tienen su historia, como el resto de las producciones humanas, una historia en cuyo germen contiene la eventualidad de un fin” Steiner

“Había hombres capaces de ayunar cuarenta días por el gozo de oír el canto de un mirlo. Hay hombres capaces de atravesar la llama con tal de encontrarse con una prímula o un libro” Chesterton

***

“RETIRADO EN LA PAZ DE ESTOS DESIERTOS,
CON POCOS, PERO DOCTOS LIBROS JUNTOS,
VIVO EN CONVERSACIÓN CON LOS DIFUNTOS,
Y ESCUCHO CON MIS OJOS A LOS MUERTOS.

SI NO SIEMPRE ENTENDIDOS, SIEMPRE ABIERTOS,
O ENMIENDAN, O FECUNDAN MIS ASUNTOS;
Y EN MÚSICOS CALLADOS CONTRAPUNTOS
AL SUEÑO DE LA VIDA HABLAN DESPIERTOS.

LAS GRANDES ALMAS QUE LA MUERTE AUSENTA,
DE INJURIAS DE LOS AÑOS VENGADORA,
LIBRA, ¡OH GRAN DON JOSEPH!, DOCTA LA IMPRENTA.

EN FUGA IRREVOCABLE HUYE LA HORA;
PERO AQUÉLLA EL MEJOR CÁLCULO CUENTA,
QUE EN LA LECCIÓN Y ESTUDIOS NOS MEJORA
”

Quevedo

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“CUM LIBELLIS LOQUOR”, Plinio el Joven.

Hablo con los libros.

Diario de un esquizofrénico XV

Me leí hoy «Consejos a un joven científico«, de Sir P.B. Medawar, Crítica (colección Drakontos)

Los humanistas literarios suelen tener ideas distorsionadas de lo que es y hace un científico, llenas de mitología popular y desconocimiento. En la literatura abunda el científico loco o malvado, o bien personalidades calculadoras, meros registradores de hechos casi indiscernibles del alma de un autómata. Pero en los laboratorios, aulas y bibliotecas de los centros de investigación del mundo se desmienten estos tópicos.

El científico es un ser creativo y apasionado como un poeta que, en lugar del ritmo o la cadencia o la metáfora, trabaja imaginativamente con las hipótesis, de cuyo enamoramiento irracional puede sacar dolorosas consecuencias.

Hace experimentos BACONIANOS (trastocar hechos, mezclarlos), experimentos GALILEANOS (experimentos cruciales que pueden derribar una hipótesis o una consecuencia lógica de la misma), y experimentos KANTIANOS (más conocidos como experimentos mentales)

El viejo científico se puede convertir en dogmático, el joven y brillante en un déspota inconsciente. En la ciencia siempre existieron problemas de rivalidad a la hora de evaluar el primero que dio con la solución -si solo había una- o una de las soluciones a un problema.

El autor da consejos sobre cómo escribir un artículo científico, cómo no aburrir en una conferencia, sobre cómo tratar a colegas, de los peligros del chauvinismo y el racismo y el sexismo, nos habla del inveterado mesianismo científico de algunos (algo que se parece al pensamiento arcádico de algunos humanistas), y muchísimas cosas más.


Este libro es un clásico como «Apología de un matemático«, de G.H. Hardy, o, en otro orbe espiritual, como «Consejos a un joven poeta«, de Rilke. Su prosa es opulenta y magnificente. La elegancia del entramado argumental exquisita, selecta y eximia. Su consideración con el lector educadísima. Pasé dos horas hipnóticamente sumergido en la mente de Sir Medawar. Horas de placer que erizaron la glándula pineal. Léanlo, si les parece bien. El libro es tan breve como sustancioso. Un libro opuesto a lo rancio, y adecuado a lo útil, cuya inteligencia no ordinaria renueva nuestra mente con un lenguaje más vívido, y, al hacerlo, nos proporciona una posesión más completa de la experiencia.

Frente al método de los vislumbres y las corazonadas (la ráfaga o rayo mágico que intuye el poeta y lo posee), vienen bien libros luchando por entrar en contacto con la realidad. La ciencia es polifacética, no un estéril subtítulo del mundo, y además pasmosamente bella. A la pregunta que formularon a Leavis “¿Para qué leer literatura?”, respondió en pocas palabras: “La literatura nos hace mejores”. Sustituyamos el término “literatura por “ciencia” y obtendremos la misma conclusión.

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La ciencia es bella. Muy bella. Empezando por la matemática.

Sentenció Kant en la Kritik der reinen vernunft: “Tanto hay de matemática, tanto hay de ciencia”.

La matemática, junto a la poesía, son la más grandes aventuras del pensamiento. Escribió un pionero de la lógica en España, Jesús Mosterín, mi mentor en la Universidad junto a Josep Pla i Carrera, con su típica prosa de relojero, algo que nos solía repetir en los Seminarios: “A diferencia de la ciencia antigua, que buscaba una comprensión cualitativa de los fenómenos, la ciencia moderna se basa en la construcción de modelos teóricos, es decir, matemáticos, de la realidad. La realidad es excesivamente compleja para poder ser directamente comprendida por nuestro limitado cerebro. Lo único que podemos hacer es buscar en el universo matemático una estructura que se parezca en algún aspecto relevante a la porción de la realidad por la que nos interesamos, y usar esa estructura como modelo teórico simplificado de la realidad. Una vez que disponemos de un modelo teórico, podemos traducir al lenguaje de las matemáticas las preguntas que nos hacemos en la vida real, podemos computar la respuesta dentro del modelo y, finalmente, traducir esa respuesta matemática al lenguaje de la vida real”

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G.H. Hardy: “La belleza es la primera prueba que debe superar un matemático: la matemática fea no perdura en ningún lugar” Hardy dedica todo un parágrafo de su Apology (el 10) a la precavida cuestión de la belleza en la matemática, así como una serie de reflexiones dispersas (e interesantísimas) entre los parágrafos 11-19.

Poincaré concede gran importancia a la estética de la matemática en su texto L´invention mathématique. Así: “Por sorprendente que se invoque a la sensibilidad en relación con las demostraciones matemáticas, las cuales, según parece, solo provocan a nuestra inteligencia y no a nuestro sentido estético o de lo bello. Pero eso sería olvidar el profundo sentimiento de la belleza matemática, la armonía de números y formas, la elegancia geométrica. Es un sentimiento que cualquier auténtico matemático conoce hondamente”

Presentir una ley o la demostración de un teorema matemático es como palpar entre los dedos el estremecimiento de la palabra en un poema o la pincelada exacta en un cuadro. El matemático trabaja con las ideas y las ideas envejecen más lentamente que las palabras. La belleza de las matemáticas a mi juicio está muy ligada al conocimiento íntimo, al dominio muy ahondado de los conceptos. El conocimiento causa emoción. Conocer algo muy profundamente, produce muy profundas emociones. Como señala el músico y profesor y pensador Alberto Royo en un pasaje en que cita a un laudista contemporáneo “ ”Si estás tocando música de Francesco de Milano y miras retratos de personas de la época, vas a ver una profundidad de carácter, unas sutilezas y unos matices en la expresión que no son menos que los que debería haber en la música. Si ves un ángel de Fra Angélico, no solo ves la naturalidad, sino todo un espíritu que a ti mismo te eleva en espíritu y esto es un ideal en cuanto al carácter, la profundidad, la belleza y la capacidad del arte para elevar al espíritu a un nivel superior. Es a la vez un refugio y una inspiración, ambas cosas mano a mano, y todo ello se relaciona con un momento histórico que, una vez has penetrado en él, no tiene límites en sus capacidades expresivas, no estás limitado al año 1530 o 1540; estás en un universo sin límites”. Termina con una frase que ilustra por qué aprender es apasionante en sí mismo: “Nuestra capacidad para aprender y abrir horizontes es infinita: uno empieza a hacerlo, pero nunca termina”.

Y es que el atractivo del conocimiento reside, entre otros factores, en los apasionantes retos que nos presenta, en el enriquecimiento que nos procura Y EN LAS EMOCIONES QUE NOS PROPORCIONA. ES EL CONOCIMIENTO EL QUE NOS PRODUCE EMOCIÓN Y ES A TRAVÉS DE ESTA EMOCIÓN COMO APRENDEMOS A APRECIAR LA BELLEZA”

Decía von Neumann que los éxitos en matemáticas llegaron cuando el criterio de investigación que los guiaba no era la utilidad sino exclusivamente la ELEGANCIA [belleza] intelectual. Exactamente lo mismo ha ocurrido en la historia de la literatura.

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Mi curiosidad no está corrompida; todavía late bajo mis ojos una curiosidad de raíces casi sobrenaturales. No llovió mucho hoy. Me arreglaron algunas pocas tejas movidas. Recordé con mamá a papá. Leí, y pensé en lo que leí. La riqueza de la realidad me apasiona y estremece.

Acuerdo con Mme. De Lambert: “La curiosité est une connaissance commencé, qui vous fait aller plus loin et plus vite dans le chemin de la vérité” (La curiosidad es el inicio del conocimiento que te hace llegar más lejos y más rápido en el camino de la verdad)

Y la hermana gemela de la CURIOSIDAD es la BELLEZA.

Diario de un esquizofrénico XIV

(Malures de la gent de lletres)


Si son hombres de letras, giorno dopo giorno, se recluirán en la acedía, y la Luna de palabras malvadas solo les traerá estas letras del Diario de Amiel: “Un paso más: un día más hacia la tumba”.

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Leo en un dietista norteamericano de finales del siglo XIX: “Los intelectuales deben comer pocos sándwiches descortezados, y de no más de 5X5 cm; las violetas confitadas y las tartaletas de frambuesa les irritarán el colon; poco pavo, y, la leche, siempre desnatada”

Asimismo en el opúsculo de Monsieur Tissot, De la Santé des gens de lettres (1ª ed., 1768) se recomienda que los letrados no se alimenten de bestias de carne tierna, excepto el pato y la oca. Y se insiste en lo recomendable del pescado con escamas, los peces de lago, las anguilas, el apio, las uvas, las moras, y, sobretodo, y en grandes cantidades, la achicoria y los albaricoques. Tissot desvela multitud de historias clínicas penosas de jóvenes, extrêmement attaché aux études, que sufren flojeras y parálisis al presentarse la Canícula, asquerosa serosidad en las circunvoluciones cerebrales, y, no se asusten queridos colegas, todos con signos de una lamentable y penosa calidad en su líquido seminal. Con el plexo cordial inflado de sangre y la cabeza llena de pájaros. Son tipos, encima, la mar de tristes.

Famosa es la relación que quiso ver Aristóteles entre el genio y la melancolía. El texto se encuentra en el primer capítulo del libro XXX de los Problemata y ha sido llamado por algunos «una monografía sobre la bilis negra».

Marcel Proust, en el segundo tomo de su memorable obra En busca del tiempo perdido, escribe: “Soporte ser llamada una mujer nerviosa. Usted pertenece a esa familia magnífica y lamentable que es la sal de la tierra. Todo lo que conocemos de grande, nos viene de los nerviosos. Son ellos y no los otros quienes han fundado las religiones y compuesto las obras maestras. Nunca el mundo llegará a comprender lo que les debe y, sobre todo, aquello que han sufrido para dárselo. Apreciamos las músicas sublimes, los bellos cuadros, mil delicadezas, pero no sabemos lo que ellas han costado a aquellos que las inventaron» Descripción maravillosa que contrasta el agobio melancólico frente a la brillantez.

***

Transcribo a continuación el insinuado y mediocre poema de mi bisabuelo Luis Sanz Leví, militar, poeta y matemático (además de repetido suicida frustrado):


CENA DE LOS GUSANOS

Adiós ilimitadas cámaras del amor,
piedras de la Universidad de Salamanca,
mórbidas tardes de razón pura; mi Obra
no brilla, del Halley se alejó la estela.
Brindo con mi última copa de coñac.
Mañana, en el diario, leeréis mi obituario.
¿Qué bastiones levanté que pudieran
ir más allá de mí, qué pilastras sostendrán,
frente al mar y la tierra, mis ensayos de Álgebra?
Apenas frío aguarda tras el alba.
Casi nada a casi nadie lego.
Apenas la calor refrescará en la mañana.

***

No seamos solitarios, ociosos, ni estudiosos. Tengamos suma precaución. Burton, en Anatomía de la melancolía, cita los peligros del gusto por el aprendizaje, el estudio excesivo, y divaga sobre la miseria de nosotros, lectores a perpetuidad. Nos recuerda que a los estudiantes aplicados y apasionados les afecta normalmente la gota, catarros, reumas, caquexia, bradipepsia, ojos enfermos, piedra, cólicos, indigestiones, estreñimiento, vértigo, flatulencia, consunciones, y toda la gama de enfermedades que proceden de estar demasiado tiempo sentados. Burton advierte que son en su mayor parte débiles, secos, tienen mal color, gastan su fortuna, pierden el juicio, y muchas más cosas que no mencionaré para no desanimarlos o entristecerlos.

Sin duda es mejor holgazanear en una tumbona en la playa o en un resort bajo palmeras en Cancún que trastear con libros. Tocar la mandolina, sestear en un picnic, zamparse profiteroles, pinchar en una discoteca de Ibiza, hipnotizarse ante jóvenes de pechos rosados, admirar a volatineros chinos, cuidar pámpanos y tulipanes, son, y hay multitud más de alternativas, mejores actividades y razones para vivir que criar ancho nalgatorio, posadera, asentaderas o trasero gordinflón y adiposo, de tanto estar arrellenados en la butaca estudiando cientos de horas trapaceros codex de cualquier materia imaginable.

Enjutas almas de prosa de código civil las nuestras. Amartillada nube negra nuestra indolencia. Aceitoso Bidasoa nuestra boca sin labios a los que besar.



Despierta y no leas.

Están advertidos.

Diario de un esquizofrénico XIII

La propensión a saber poco y hablar mucho parece moda fatal. Teofrasto escribió de modo iluminado: “La rusticidad parece ser una ignorancia carente de modales. El rústico es un hombre capaz de asistir a la asamblea, después de haber ingerido unas gachas, y asegurar que ningún perfume huele mejor que el tomillo [“kykeón” se traduce por gachas; era un plato muy apreciado por los campesinos. Se componía, entre otros ingredientes, de harina y tomillo] Calza unos zapatos mayores que su pie y habla con un gran vozarrón […] Cuando se sienta, se remanga la ropa por encima de las rodillas, de forma que quedan al descubierto sus desnudeces [hoy iría en bermudas a la iglesia, en patinete y en jeans a la ópera] No se inquieta en la calle, pero se queda patidifuso cuando ve un buey, un asno o un macho cabrío [hoy: cuando ve en la tele a Alba Carrillo o asiste a un concierto de Daddy Yankee]”

Parece un artículo constitucional ser patán, y rústico, vestirse descuidadamente imitando a los vagabundos, aunque seas rico, y a ser posible, ir tatuado, sin lavar ni duchar, abandonado a la roña, los eructos al beber, y el sobaco velludo si eres feminista histérica.

Si uno tiene la temeridad de afearle la conducta a alguien, te contestarán como dijo aquel rey de Macedonia al perder con ignominia una batalla: “¿Pero tú crees eso?” [Si ocurre mañana: un navajazo y te rompen la cara]

***

De alguna manera la instrucción y el Conocimiento contienen una fuente de autonomía que desprecia la opinión pública. Descubrir la verdad conforme a la naturaleza acaso sea una bella (y utópica) idea de Conocimiento. La profundidad cultural, el análisis intelectual, son los caminos regios para la Libertad. Investigar no intimida las convicciones, alimenta las dudas, atesora anti-cuerpos contra la charlatanería: buscar la excelencia es una forma redonda de buena vida.

El Conocimiento posee indudables notas conservadoras. Educar es conservar lo viejo para, a partir de ahí, construir lo nuevo. Sin tradición no existe ni la creación ni la educación. Hannah Arendt, que lo supo bien, arguyó un argumento compactísimo sobre la crisis de la educación, que, con el tiempo, no ha hecho más que agravarse:

“La verdadera dificultad de la educación moderna estriba en el hecho de que, a pesar de toda la charlatanería a la moda sobre el nuevo conservadurismo, es hoy extremadamente difícil apoyarse en ese mínimo de conservación y en esa actitud conservadora sin la cual la educación es simplemente imposible. Al respecto hay buenas razones. La crisis de la autoridad en la educación está estrechamente ligada a la crisis de la tradición, es decir, a la crisis de nuestra actitud frente a todo lo que respecta al pasado. Para el educador este aspecto de la crisis es particularmente difícil de sostener, pues él es el encargado de mantener la ligazón entre lo antiguo y lo nuevo: su profesión exige de él un inmenso respeto hacia el pasado.

En el mundo moderno, el problema de la educación está en el hecho de que por su naturaleza misma la educación no puede prescindir de la autoridad ni de la tradición, y que debe, no obstante, ejercerse en un mundo que no está estructurado por la autoridad ni retenido por la tradición”

Seguimos el camino sin saber de dónde venimos. De ahí solo puede nacer el retroceso y la decadencia.

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Me encanta la definición de Mathew Arnold de Cultura que apostilló en un elegíaco 1869, con su metissage delicioso de moral y política: “dado que la cultura tiene su origen en el amor a la perfección, consiste en un análisis de la perfección. No se mueve mera o primordialmente por el impulso que le imprime la pasión científica por el conocimiento puro, sino asimismo por la pasión moral y social que induce a hacer el bien”

Este sentido de la excelencia civilizada debiéramos extenderlo a las películas que vemos, los libros que leemos, el ocio a que aspiramos, la comida que degustamos, las ideas que nos guían, o las costumbres y modelos que anhelamos tener. Me gustan las personas con un carácter fortalecido en una cultura viva.

Leer un libro no basta para saber leer. Hay que contar con la educación requerida para entenderlo.

Estos días en la prensa polemizan profesores “pedagogistas” y aquellos que abogan por la ilustración como fin de la educación. El sabio profesor Luri nos recordaba a todos, con delectación de apología volteriana: “A quien le daña el saber homicida es de sí mismo” Calderón; “La entretenida tarea de valorar las ideas adquiere el carácter de una misión moral, como la desfacer entuertos” Eduardo Nicol; “Yo, con erudición, ¡cuánto sabría!” Espronceda. Ojalá llegan a buen puerto las discusiones y las autoridades hagan algo y arreglen el desastre sin paliativos en que se ha convertido la educación en España, y el Conocimiento sea –Dios me oiga- el REGNUM HOMINIS para estudiantes y profesores.

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En un cuento anticipaba Forster un mundo tecnológico que nos conectaba a todos, pero nos encerraba en nuestras casas. De esta locura (ante el telefonino o frente al ordenador, pasaría en nuestros días) concluía: “la máquina funciona […] pero no para nuestros fines”.

Una sociedad abobada tecnológicamente y sin Conocimiento también es una sociedad donde peligra la democracia. El público moderno no sigue los contenidos deliberativos, la información deviene en residual. Aunque no vivimos una época de histrionismos asesinos ni kitsch lapidario (Hitler o Stalin), sí que nos regimos por mera y automática publicidad emocional, y por guiones semi-goebbelsianos ¿Se reflexiona en y con el lenguaje sobre las afirmaciones políticas -análisis racional-, o bien nos limitamos a VER sin PENSAR, a asistir al ESPECTÁCULO y pasar el tiempo, distraernos y divertirnos?

Un mordaz Eugenio Montale observó hace 61 años: “Cada vez se leen menos libros mientras que es muy elevado el número de lectores de periódicos, revistas, fascículos y otras publicaciones de esta índole [Lo reciente: plataformas digitales como Tuiter y fragmentos de periódicos digitales] Pero esta clase lectores no lee: mira, observa [En la actualidad: navega]. Contempla con una atención cómica, cuando en realidad saben leer; sin embargo, solo miran y luego lo tiran todo a la basura”.

La democracia tiene un máximo de oclocracia y un mínimo de epistocracia. Pende como espada de Damocles la influencia de los ignorantes. La democracia derivó en plutocracia, en burocracia, en mercadocracia, en “doxocracia”. Ningún demócrata se jacta de haber tenido una vida feliz por haberla pasado junto a Platón, Tucídides, Auden, Gauss o Pierre Grimal. Presumen de su íntima familiaridad con el Dandy de Barcelona y Messi.

Viene a huevo un poema:

PANORAMA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA

¿Qué fue de aquel varón, dime Musa,

que por extrañas tierras y naciones

anduvo peregrino, conociendo

vidas y costumbres, después que hubo

destruido ya la sagrada Troya?

Llegó a casa y feliz púsose Tele 5

***

Russell:” Los hombres del pasado eran a menudo limitados y provincianos en el espacio; pero los hombres que dominan en nuestra época son provincianos en el tiempo. Sienten por el pasado un desprecio que no merece y por el presente un respeto que aún merece menos”

Y recuerdo también como se asombró, asombrándonos a nosotros, sobre la gloria homérica del Conocimiento y sus poderes:

«We know very little, and yet it is astonishing that we know so much, and still more astonishing that so little knowledge can give us so much power.”

Palabras que se tendrían que labrar en oro.

***

Nota bene: Nada es mezquino ni ninguna hora inútil, ni oscura es siempre la aventura de la vida. A veces hay sol en la esquizofrenia. Ni una palabra sobre ella en mi Tagebuch. Buena señal.

Los libros

«forme bella e regolate»

«étalage du moi»

Vibrato de los ojos y las letras,

álbum coronado de pájaros;

nos concedéis vuestras páginas

incendiando instantes de oro.

Yo seré olvidado recóndito y

envejecido. No rompas, Muerte,

los cálamos, no rasgues, Talía,

los Libros. A mi tumba iré

con Imaginación y Memoria

leída en vosotros…y montones

de palabras portentosas de agua.

***

Libros en la languidez de la Noche.

Su ternura misteriosa apremia

y la mente la acerca en secreto.

Como una muchacha muy hermosa

van desparramando Alegría,

refulgen cual amatistas en su Biblioteca.

Todo igual al claro de Luna alumbrando

el papel y la piel príncipe del Poeta.

Libro delle cose

“Leggendo non cerchiamo idee nuove, ma pensieri già da noi pensati, che acquistano sulla pagina un suggello di conferma. Ci colpiscono degli altri le parole che risuonano in una zona già nostra – che già viviamo – e facendola vibrare ci permettono di cogliere nuovi spunti dentro di noi” Cesare Pavese

“È un viaggio per viandanti pazienti, un libro”, Alessandro Baricco

«Il mondo è un libro e quelli che non viaggiano ne leggono solo una pagina” Sant’Agostino

“Interrogo i libri e mi rispondono. E parlano e cantano per me. Alcuni mi portano il riso sulle labbra o la consolazione nel cuore. Altri mi insegnano a conoscere me stesso” Francesco Petrarca

“Puoi leggere, leggere, leggere, che è la cosa più bella che si possa fare in gioventù: e piano piano ti sentirai arricchire dentro, sentirai formarsi dentro di te quell’esperienza speciale che è la cultura”

Pier Paolo Pasolini

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El italiano, al ser una lengua románica, se entiende la mar de bien. Traducirlo podría significar no hacerlo más fácil, sino más sencillo o masticado de lo necesario. Además, si traduzco, presupongo (lo que no debería) su ignorancia. Pero a Umberto Eco quizá sería muy “estupendo” darlo en su idioma original.

“Los libros no se han hecho para que creamos lo que dicen, sino para que los analicemos. Cuando cogemos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir”.

“Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia! Quien lee, habrá vivido 5000 años: Estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito… Porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás”.

Book of things

“Timeo hominem unius libri”, temo al hombre de un solo libro.

“Hic liber est meus quem mihil Deus. Testis est Deus qui eum rapiat diabolus capiat. Morte infernorum raptor libri moriatur”, este libro que Dios me ha dado es mío. Dios es testigo de que el que lo robe será presa del diablo. El que robe este libro será presa de la muerte infernal (utilizado como exlibris en la Edad Media)

“Aut liberi, aut libri”, o libros o hijos.

“Homo liber, homo librorum”, hombre libre, hombre de libros.

“Idiotae librii”, libros del ignorante.

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“He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos”. Thomas De Kempis.

“La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible”. Jorge Luis Borges.

“La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta”. André Maurois.

“Lee y conducirás, no leas y serás conducido”. Santa Teresa de Jesús.

“Leer un libro enseña más que hablar con su autor, porque el autor, en el libro, sólo ha puesto sus mejores pensamientos”. René Descartes.

“Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje”. Michel Eyquem de Montaigne.

“Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”. Cicerón.

“Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma”. Cicerón.

“Cuando aprendas a leer serás libre para siempre”. Frederick Douglass.

“El gran inconveniente de los nuevos libros es que nos privan de leer los antiguos”. Joseph Joubert.

“Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros”. Jorge Luis Borges.

“La educación ha logrado que las personas aprendan a leer, pero es incapaz de señalar lo que vale la pena leer”. George Trevelyan.

“Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”. Julio Cortázar.

“No importa lo ocupado que creas que estás, debes encontrar un hueco para la lectura. De lo contrario habrás escogido sumirte en la más absoluta ignorancia”. Confucio.

“Si no podéis disfrutar leyendo un libro repetidas veces, de nada sirve leerlo ni una sola vez”. Oscar Wilde.

“Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado”. Wislawa Szymborska.

“Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros”. Franz Kafka.

“Usted no tiene que quemar libros para destruir una cultura. Sólo tiene que hacer que la gente deje de leerlos”. Ray Bradbury.

“Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida”. Michael Houellebecq.

Diario de un esquizofrénico XII

Identifico mi apocalipsis y venidera hecatombe psíquica, con el ocaso del mundo y el castigo de Babilonia y la caída de España. Me saboreo y me mido, me engaño, creo mis propios mitos, no critico mis alucinosis, no me creo un mero subproducto industrial (así como el capitalismo crea una demanda de productos anti-capitalistas, la cultura, en su menú, siempre tuvo su sección bien surtida de apocalípticos –y de integrados-) Pero mi locura no alcanza el paroxismo de opinar solo aquello que absolutamente no creo. Bien sea el pirronismo, pero aunque se admiran antiguas cerámicas chinas lo frecuente es adorar el plexiglás.

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Mi alma es una guarida donde se contorsionan víboras y escorpiones.

Me sé de memoria la descripción de Londres en Oliver Twist.

“Jamás había visto lugar más sucio y miserable. La calle era muy estrecha y llena de barro y el aire estaba impregnado de olores inmundos. Había muchísimas tenduchas, pero la única mercancía disponible parecían ser montones de niños, que, incluso, a aquellas horas de la noche, entraban y salían de las casas a gatas o gritaban dentro. Los únicos lugares que parecían prosperar en medio de la pestilencia general del lugar eran las tabernas y en ellas reñían con todas sus fuerzas los irlandeses de más baja estofa. Pasadizos cubiertos y patios, que se apartaban aquí y allá de la calle principal, dejaban ver grupitos de casas en las que hombres y mujeres borrachos se revolcaban seguramente en la inmundicia”

La miseria de los paseos de calles comerciales. La miseria enhollinada del solitario tras el computador. La forja de la mente esponjosa de los océanos y mares con herbicidas, detergentes e hidrocarburos. La siniestra prostitución de los plutócratas.

“Unreal City, I have seen and see / Under the Brown fog of your winter noon / Mr. Eugenides, The Smyrna merchant, / Unshaven, with a pocket full of currants / (C.i.f. London: documents at sight), / Who asked me, in abominable French, / To luncheon at the Cannon Street Hotel, / And perhaps a weekend at the Metropole.” Eliot.

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Mi alma es sentina de barco carbonero.

Mi alma cubre de niebla al valiente soldado que cae herido.

Mi alma es de judío con la quijada rota por el culatazo nazi.

Me sé de memoria estos versículos:

“Llorarán, harán duelo por ella los reyes de la tierra, los que con ella fornicaron y se dieron al lujo, cuando vean la humareda de sus llamas. Llorarán y se lamentarán por ella los mercaderes de la tierra, porque nadie compra ya sus cargamentos: cargamentos de oro y plata, piedras preciosas y perlas, lino y púrpura, seda y escarlata, toda clase de maderas olorosas y toda clase de objetos de bronce, de hierro y de mármol; cinamomo, amomo, perfumes, mirra, incienso, vino, aceite, harina, trigo, bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y mercancía humana.

Y los frutos en sazón que codiciaba tu alma, se han alejado de ti; y toda magnificencia y esplendor se han terminado para ti, y nunca jamás aparecerán”

Lamentémonos por Babilonia. Horroricémonos. Esa soledad en la Ciudad es nuestro contemporáneo suplicio.

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Mis cuadros favoritos son “Antigracioso” de Boccioni y “Mujer subiéndose las medias” de Toulose- Lautrec. Rostros de labio inferior grueso, pupilas felinas, mejillas deformadas, fauces como de águila y mechones grises. Y concupiscencia enrollada en el paladar. A veces, lo mejor en la vida, es levantarse pronto, y, a horcajadas, orinarla y defecarla.

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Parezco con las anteriores jeremiadas como aquellos pintores pompier alumnos de David que tocaban con casco (¡de bombero!) a los griegos y romanos de sus grandes “tramoyas”.

Debería tomarme con más humor mis impresiones de retroceso, decaimiento y ruina.  A veces me noto demasiado llamativo y pintoresco, como con casaca azul cielo de dictador africano repleta a rebosar de medallones. Para Hermann Broch la relación entre el kitsch y el arte verdadero es la misma que hay entre Cristo y el Anticristo.

Me gustaría un trazo pulido, firme y ponderado, y juicios no napoleónicos. Un estilo donde no se notara el estilo. Menor inevitabilidad en el abuso del fragmento o la dislocación, menor estrategia expositiva tipo mosaico. Y menos citas (solo una: Emerson: “No cites. Di lo que piensas”) Me gustaría no tener técnica de liquidación y venta a saldo. Quitar a mi sistema croquis y recetas. Y pedir a los Reyes Magos estos seis regalos:

  1. Evocar entre amigos el alma del Abate Mugnier
  2. La Trasera de la cátedra episcopal románica de la catedral de Gerona, esculpida en el siglo XIV
  3. Tener en mi salón un retrato de Madrazo
  4. Bañarme en la ruina de las termas de villa Adriana
  5. Convertirme en experto mundial de baobabs
  6. Que nunca vea maquillado el cadáver de mi madre

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Ya que critiqué mi estilo apocalíptico achaparrado permítanme contra-argumentar, acaso con razones cogidas por los pelos, una justificación o licencia poética para mi mundo obsesivo. Soy un escritor INGENUO, y con notas tardo-adolescentes. Sobre mí, sobre la naturaleza humana, sobre el fin del mundo, sobre mis paranoias, escribo con la misma ingenuidad como si describiera una botella de leche o una regadera de latón. Corot pedía cada día a Dios volverse un niño (“qu´il me rende enfant”) Diderot aseguraba que la INGENUIDAD es esencial para la originalidad y producción de las bellas artes. Baudeliare no pensaba distinto. Es un tostón y una molestia mi monomanía.

Los niños no soportamos que nos cambian nada al contarnos cada noche el cuento.