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Lunes. Mañana.

Soy un solitario con perpetua. Siempre fue así. Nunca tuve amigos o novia. El nada cálido contrato del amor mercenario significa mi máximo acercamiento a un ser vivo. De niño, durante tres años, tuve una enfermedad en la sangre que no me permitía correr ni hacer deporte. De ahí el origen o pasión por la lectura. De adolescente mi trato con mis condiscípulos era meramente cordial; aceptaban mis rarezas y no se metían –ni yo lo hubiera permitido- conmigo.

Una imagen doble tengo grabada en mi memoria; con diecisiete años estar en las fiestas de un pueblo yo solo y aislado en una casa pese a la algarabía y jolgorio exterior. Ni salí –no me apetecía- ni me vinieron a buscar –eso no entraba en ningún plan. En Londres recuerdo que cruzaba un gran puente a mis estudiantiles veintidós años y notaba la riada de la multitud, la avasalladora muchedumbre, extraña y brutalmente ajena. Recuerdo que pensé: “Siempre ha sido y será así”. Casi treinta años después puedo jactarme de que se ejemplificó esa insinuación.

En mi alta juventud tuve dos trabajos que requerían interactuar con los demás y, enseguida, hui como gato escaldado. Me busqué un trabajo solitario y muy bien pagado y santas pascuas (de esas rentas y una herencia vivo ahora) Todo esto no significa que no añore a veces incidentalmente la cómplice mano en el hombro del amigo, el abrazo dulce de la amada, la ternura móvil de las palabras y gestos familiares. No pudo ser y ya está. Y bien que me pasó factura. Dos infartos (la soledad daña fisiológicamente al corazón), y dos depresiones severas que han acabado en un indeterminado -no diagnosticado- deplorable estado mental: alucinaciones visuales y voces. La soledad daña al software mental.

Mi nulo interés por amigos o amores se compensó con el desarrollo hipertrófico de intereses impersonales (estudios, literatura, idiomas, coleccionismo, jardinería, etc…)

La soledad puede incrementar las ideas creativas o momentos eureka, y puede intensificar el autoconocimiento (aunque, la verdad, tomarme seriamente como tema me aburre) La soledad también puede provocar extrañas experiencias perceptivas; agudización del sabor u olfato, indicios de momentos cumbre oceánicos, sentimientos de invulnerabilidad ética, posesión de una mística de raíz naturalista al oír música o bien al contemplar la naturaleza, desposesión de la idea que sucede a la emoción o de la emoción que precede a la idea, observación de la perspectiva y los objetos como con otro ángulo o con un peculiar recubrimiento (al pasar mucho rato solo y en silencio parece que a las cosas las cubre una película no sabría decir de qué exacta naturaleza). En soledad gustas por la contemplación activa del contenido de tu pensamiento, se incrementan las alternativas y dilemas de la imaginación, notas amor a esa buena compañía de la que fatalmente se carece (si un solitario recalcitrante logra vincularse con alguien también es probable que ese vínculo tenga notas más acusadas de verdad y empatía y honestidad), se tiende a desarrollar en alguna medida puntos de vista originales sobre el mundo y la vida, puede nacer un género especial de sueños que acaso no fuera exagerado llamar proféticos si el solitario es obsesivo y rumiador –también compulso- de unos pocos ítems, hay sentimiento tónico –para bien o para mal- de aquellos afectos solo templados en el sentir de los no solitarios, una excelencia profesional debido al exceso de concentración en el trabajo, etc… A mí me han pasado bastantes de estas cosas; claro, no todo van a ser infartos y depresiones. Como balance, mi terrorista soledad –que pocos aguantarían- la prefiero a sufrir compañía. Genéticamente no estoy diseñado para metabolizar una compañía que, más pronto que tarde, me cansa y agota. Y no vivo ni deseo ningún ensueño de amor romántico o de amistad a lo largo. Entonces seguro que los infartos y las depresiones ya me habrían hecho criar malvas.

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Martes. 2 de la madrugada

Declaró con modestia perspicaz Descartes “Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro”. Yo sé una parte muy infinitesimal del universo matemático, una parte ínfima de la enciclopedia filosófica, y algo, como mero diletante con tendencia orate, de literatura. Mi cultura general es generosamente perfectible. De la naturaleza brumosa y del propósito oscuro del cosmos, de las verdades significativas de la vida, de los motivos de la naturaleza humana, debido a mi poca vividura y a mi severa soledad autista, tengo convicciones, intuiciones de convicciones ni claras ni distintas. Me gusta meditar, pero carezco del contraste de los amigos. Vivo muy cómodo en la verosimilitud de mis hipótesis, a veces francamente extravagantes, y, cuando intento contra-razonar o buscar contraejemplos, siempre busco indicios ad hoc para que mis hipótesis fundamentales no se socaven. La soledad, además de devorar la dulzura, provoca cierta rigidez intelectual. No sé disgregarme en una colección de heterónimos muy dispares; mi yo puede jugar con personajes novelescos o diferentes máscaras, pero es un juego de mera ficción. No soy un actor loco capaz de creerse todos los roles que representa.

“Nunca llegaremos a comprendernos, pero podemos hacer mucho más que comprendernos” dijo Novalis. Debemos desembarazarnos de una ciencia exclusivamente racional. Hay en nosotros un anhelo de fantasías no reductibles a la razón, una voluptuosa flor azul de presentimientos poéticos. A mi juicio la poesía vive en el interregno de lo racional y lo irracional, arriba tiene el vaporoso, sedoso cielo estrellado, pero con los pies toca la realidad común de la tierra y los árboles. En los intersticios de la región lunar y la región sublunar brota la literatura. Entre lo invisible núbil y lo visible rocalloso la metáfora. En arte un término contrastable, medible, pesable, palpable, material, apunta de modo simultáneo, contra-declara a la vez un elemento no confirmable, no medible, aéreo e inmaterial como la piel de los ángeles.

La dramaturgia espontánea de creencias morales de la gente vulgar es dignísima, acertadísima. Su instinto estético o gusto es opinable, al igual que lo es el propio campo del gusto y la propia materia estética. El pueblo, el espíritu del pueblo parece una forma exagerada de hablar; el espíritu es un atributo individual. Los agregados son formas chuscas o categorías vagas. Pero sin generalización no hay conocimiento. Admitamos pues este juego lingüístico. El pueblo –claro- políticamente no es necesariamente vox dei (vox populi no es siempre vox dei) El pueblo, algo noble en principio, puede degradarse en populacho, la gente puede devenir en gentuza. Flaubert afirma que el pueblo siempre será un menor de edad. Su observación para mí es tan verdadera como profética lo fue cuando la escribió.

Un ser humano se puede dividir de muchas maneras. Todos somos, desde un punto de vista, iguales, y, desde otra perspectiva, diferentes. Nos diferenciamos, p. ej., en que una minoría se solazará en las realidades de la mente, y una mayoría optará por los hechos en un empirismo ralo y chato (al pan pan, y al vino vino)

Eso explica la aseveración de Flaubert; el pueblo de modo abrumador opta por la realidad y no por la mente; siempre padecerá por tanto minoría intelectual. Lo que conoce el pueblo a veces puede coincidir con lo que conoce una mente selecta, pero será con un saber abreviado, resumido, tosco, como algo no matizado.

El matiz es una propiedad de la mente; el proverbio o el refrán un atributo de la realidad.

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Lunes

Sequedad de espíritu. Una nube de ansiedad en el pecho y aceleración cardíaca (como cardiópata esto debiera preocuparme un poco) Aislamiento de secuestro yihadista. Siento el eje, los eventos y los objetos del mundo como figuras de cartón mojadas y aplastadas. Me cuesta respirar, leer, concentrarme (la atención –su foco fijo- se dispersa en las solicitaciones de mi mundo interior poblado de un coro de chirridos y alucinaciones auditivas: cantos y palabras sueltas en latín macarrónico) Hace media hora tomé diez gotas de Rivotril y un Diazepam. Siento algo de alivio. Debido al pánico exacerbado a enloquecer (tengo antecedentes familiares) me ejercito en geometría algebraica y cálculos de lógica de primer y segundo orden. Intento calcular con el método axiomático, con el cálculo de secuentes, o bien con el cálculo de deducción natural. Me deprimo hasta el suicidio, me siento el más tonto del planeta, al cometer tres errores en la demostración de la propiedad metalógica de consistencia en el cálculo de segundo orden (donde se cuantifican las propiedades, lo que provee a este cálculo de una eléctrica belleza y potencia) Los tres (axiomático, secuentes, natural) son formas alternativas para probar los mismos teoremas. También hago ejercicios –simplones- de Teoría de Modelos y Álgebra Universal. A veces diseño circuitos eléctricos equivalentes mediante álgebras de Boole. Tengo la íntima convicción que la locura significa de alguna manera una disociación, escisión, o disgregación de la mente. Y, así, creo que practicando técnicas de pensamiento deductivo evito el florecimiento del pandemónium o maremágnum de asociaciones caprichosas, de meras aglomeraciones azarosas y al tuntún en el encéfalo. La hilatura lógica conspira contra el trenzado anárquico de la locura. También juego partidas al ajedrez por Internet con otros jugadores (norteamericanos, indios, filipinos) que me apalizan bestialmente o bien con el sofisticado software de varias aplicaciones. Mi terror a que mi mente huya a una excursión de la que jamás podrá volver (a un jardín baldío rojo-sangre y helado de nieve sucia de acera de ciudad), hace que repita también en las galerías de mi mente pasajes memorizados o bien que memorice elementos nuevos. Esto supone un esfuerzo draconiano. Mi natural propensión consistiría en quedarme arrellenado, apoltronado en la butaca viendo la tele, en no leer nada (y les aseguro que leer con voces en la cabeza crispa hasta la extenuación); en resumidas cuentas, en vegetar en la cama, en dejarme succionar por el agujero negro de la desidia, en nadar en las aguas infectas de la abulia. Pero soy, o pretendo ser, luchador, no ceder, no apaciguarme blando y sin vibrato en una vida pseudoextinta. Mi bizarría psíquica, siguiendo su curso espontáneo, conduce al crudo frenopático. Debo insistir en esos contrafuertes intuitivos. Acaso mi terapia silvestre no tiene el refrendo de la ciencia, pero a mí hasta ahora me funciona. De momento puedo escribir y pensar en una argamasa organizada en secuencias de prelación, en oraciones jerárquicas y coherentes y cohesivas, y no con un puntillismo dadá de impresiones volanderas. Pero sé que algún día se romperá el muelle, no podrá volver a su posición original, y, entonces, acabaré institucionalizado en un manicomio de por vida. Aplazo la sentencia (rezo a Dios para que en lugar de eso me muera antes con un terminante y fulminante infarto) Nada temo –nada, nada; y nada miento- a la muerte. La locura, por otra parte, me crea un terror pánico –agudo, visceral- indescriptible.

Ayer me leí “Escribir es un tic”, y “Rol de cornudos” de, respectivamente, Francesco Piccolo y Cela. El libro de Cela juraría que lo escribió un negro y él simplemente lo arregló con un mero afeitado. Representa lo peor de mi cosmovisión del arte y la sensibilidad. Precipitado, con descarado objetivo dinerario, pesado por reiterativo y esquelético, relleno de chocarreros desplantes y apuntes costumbristas. Aquí Cela ya chocheaba muy a lo grandeur. Vaya letargo tragarse esas pamplinas propias de una castiza sensibilidad moral del medievo. El enfermizo congelado invierno en el que entró la obra –y vida- del Nobel es antológicamente patética, impertinentemente risible. En una entrada de este diccionario se glosa al “Cornudo de secano”, y, escribe el autor –o sus negros- “El de cuerna dura y resistente, aunque no muy desarrollada. Es especie peculiar de las economías agrícolas pobres y mesetarias”. “Pobre” y “mesetario” es casi sinónimo de “celiniano”. Y “resistente” lo fue, sí; era su divisa chulesca de política y cucaña literaria. En el fondo el gallego no fue más que un sobón chupacirios, que un ágil saltatumbas, que un guiñapo saltimbanqui del poder camaleón. Se creía un bufón con rabia e ingenio, y era un deslustrado marrano a garrotazos, un mamporrero para llevarse solito todito el parné.

Cela, debes saber

más que la ciencia de la nada y el ser

que Marina es mala mujer

y loca loca por joder

cuernos te va a poner.

Lo pudiste tú confirmar:

para mejor encornudar

si tu mujer sale a mear

síguela a Calatrava del Falgar.

¡Ya verás!¡Ella musho picar!

El libro de Piccolo es amable, luciente, brillante y bruñido y plastificado como la pantalla de un móvil con Instagram en el visor. Citas (ni muchas ni pocas) con un relleno ensayístico muy paupérrimo intelectual y estilísticamente, propio de un escritor novillero. El libro defiende una tesis obvia que conocemos cualquiera del oficio: la inspiración es trampantojo, engañifa, mito atlántico, montaña de oro irreal; lo importante son las estrategias de cierto método/s, y la constante y no desfalleciente obra de taller, de persistente obrador. Un escritor que no sea un bobalicón imberbe desconfía de la inspiración como de un capo siciliano que te ofrece un préstamo. Agrupado en un decálogo temático el autor italiano habla del otro trabajo de los escritores, de los ritos en torno a la mecánica de escribir, de dónde se escribe, de con qué (pluma, máquina u ordenador), etc… Resaltaría una clarividente cita del apartado “Soledad” (cap. 6) Bueno, no la copio que es larga y encima estoy cansado. Además, existen otras mucho mejores que no aparecen en este tomito aprendiz.

Después de comer estudiaré mates y, ya que la exigencia cognitiva y la tensión requerida es infinitamente mayor que al leer literatura, después me leeré dos libros distendidos. “Vida escrita”, de Maragall, un viejo libro de Aguilar con selección y prólogo de Riba, y “Toda la belleza del mundo”, del poeta Jaroslav Seifert. El subtítulo lo aclara todo “Historias y recuerdos”. Curiosa la euforia (y cura) de la escritura. No sabía qué escribir antes de ponerme a escribir y, ya escrito, anímicamente decrece el malestar y el pesimismo que antes de escribir. Si lo puliera y reescribiría analíticamente, si lo perfeccionara y mejorara estéticamente, probablemente asomarían negruras neuróticas kafkianas. Así que, venga, pincha ya “Enter”; y voilà.

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Lunes

En nuestra vida ordinaria, en los trabajos y declaraciones del mundo, percibes la escrupulosa y minuciosa mezquindad de la inteligencia y la sensibilidad defraudada. Un desincrustante o antídoto es ir a la busca del Arte, allí donde se aúnan intensidad, brillantes lenguajes y elucidaciones de experiencias imaginativas o inferenciales. De alguna manera el Arte es un movimiento de deleite hacia una (muy) alta tierra feliz. El Arte es la ley placentera de la forma lograda. El gozo de asimilar la grandeza. Los artistas son custodios o pastores de la conciencia invisible y también de las regiones inmediatas que no se atreven a deshacer maleficios o pájaros de mal agüero. El Arte es plural, pero siempre provoca que tú te transformes en el más enamorado. El Arte aumenta la cantidad de Bien y el diámetro de la realidad («una vida sin cercados» Larkin) Aunque los artistas se metan en chanchullos, el Arte es una finalidad sin fin desinteresada (Kant)

A un poeta le ronda en su interior como una vaga sombra o una desfigurada silueta un poema durante un mes, o dos, o un año, hasta que esa insinuación se ejemplifica y afluye al exterior. Los poetas de las redes sociales somos poetas menores porque no seguimos ese método semi-onírico sino que escribimos a impulsos impremeditados e inmediatos o irreflexivos. Invito a que se lea gran poesía, poesía de indubitable grandeza y calidad. El gusto es comparativo y se engendra (y nutre y se perfila) en la comparación. Marwan -leerlo- no produce un movimiento de deleite placentero y armónico, sino un sonrojo de displacer estético. Esa percepción nace al leerlo comparándolo con Auden, Ponge, Cernuda, Machado, Heaney, Milosz, etc… La emoción de Marwan se hila a la saga adolescente «Crepúsculo», la emoción de Auden se trama en una de las mayores inteligencias que cristalizó el siglo pasado. Una vida defraudada también es mezclarse con mezquinas inteligencias derrotadas. No lean a Marwan (ni a mí, por supuesto) sino a Borges y sus pares. Vivirán más y mejor.

Me acuerdo de aquello de Rubén Darío: muy bonitos, muy bonitos, los versitos.

Si hubieran medicado a Juana de Arco no se hubiera salvado Francia.

¿Quieres ser libre? Levántate cada día a las cuatro de la mañana.

Mi soledad farfulla ociosa e inepta como la «p» en la palabra «psique».

Para transformar un niño en adulto existen cuatro factores decisivos: (1) los padres(2) los coetáneos (el «peer group») (3) la escuela y (4) los medios. Todos viven, a mi juicio, una quiebra monumental.¿Qué soluciones hay?

La augustas plegarias de la mente, son la atención y el entendimiento. Mirar en lugar de ver, analizar y estructurar experiencias en lugar de meramente tenerlas. Caer en la cuenta y sopesar, dos propiedades del espíritu que yo creo ya exiliadas definitivamente de la mayoría de los hombres.

Dos poemas dedicados a poetas enemigos (que ultivo con mimo y pagaría si me faltasen)

(1) De rabizas, piltofreras, truchas pellejas,

de zimitarras y zurrapas rancias tus guedejas,

hediondo, legañoso, tocino, puto y cornudo,

bujarrón, hijo de mulatero, coño flojo,

ladrón público, pelotudo caraliendre, gordo culo,

enorme tobogán de piojos, enorme capullo,

ay mozo, doncel memo, alma de sepultura:

¡Tintín te la meta en tu fofa musculatura!

(2) SIN MOLLERA Y SIN SESERA EL POETA LO PETA

Gallipavo senil, gagá y cogotero,

meapilas y cagapoquito, gallifante, loquito,

de poesía mandril para macacos,

andrajo salido de Tele Cinco,

empalagoso y baboso, churrigueresco,

escribe tu libro gordo de Petete y sucia Pelambre,

garbancero que me imita incapaz de plagiarme;

pero yo, pardiez, aprecio tu bajo cómico tocino

como se aprecia a un lelo redondísimo como vecino,

tus terminantes versos de percebe pelagambas,

tu inacable jeta de berza pagafantas,

tu inteligencia peso mosca que no se desgasta,

esas boutades con que trincaste la pasta

y tus éxitos de carapollo, de cararrana, de pimpollo,

el que sumes a Lope y Quevedo, a los desdichados ojos,

versos de indio monguer y cacaseno,

pinga enana, badajo enclenque y lira de ajos,

poemas con pérdida de orina e ideas de tebeo.

Hueles a ácido úrico, a fumar bosta con el peta,

Un abrazo poeta. Te lee Forrest Gump, y la “tieta”.

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Pongo la tele. Tele 5. Una choni cantamañanas, vestida con una blusa de seda garbancera, con pinta de alcohólica de arrabal o actriz de porno alemán de los setenta, pregunta si el rey Juan Carlos se deja llevar por el instinto puro y duro, y, comenta, jocunda y dentuda, “pero él no toma Viagra, ya que ningún Borbón sufre impotencia”. Ughs. Poto y cambio de canal. Antena 3. Una especie de play boy otoñal ovino que uno juraría que fue incapaz de aprobar la EGB, presenta un concurso que encanta a jubilados de Benidorm con Alzheimer, o a boxeadores sonados en la sala de un psiquiátrico. Poto. Zapping. La Sexta. Noticiero. Sesgado, superficial, sensacionalista, manipulador, mal redactado, mal realizado, mal presentado; píldoras de información que caerán en las cabezas de los espectadores creyéndose éstos que conocen la realidad infusa. Borbotear o farfullar inane; mero llenatiempo para que quepan los anuncios. Ilustración audiovisual de una conversación mundial chocha y tartaja. De la escuela pública y de los periodistas fluye el desconocimiento total. Es devastador el papel de la televisión en la vida pública y política. Evita el razonamiento y el discurso como si fuese una plaga de Egipto. Prosiga el show. Demenciados del mundo, ¡United! Cambio de canal. Cuatro. Me parece que estoy viendo una suerte de “Informe Semanal” de mercadillo gitano; textura emocional y verdad efectista y espectacularizada. Siguen comentando no sé qué de la gritona subdesarrollada (en todos los sentidos; icono sin seso ni tetas la pobre) de Greta Thunberg. Dios mío. Mmm. La 1. “Españoles por el mundo”. Turismo de calceta. Mejor sería un mundo sin españoles, o España sin españoles. Cambio. La 2. Arsuaga dando una master class. Esto sí tiene buena pinta por lo menos. Ahora Steven Pinker perora convencido y mesiánico cual Candide volteriano. Advierto que los intelectuales viven en la pomada mediática como Shakira cimbrea las caderas. Las estrellas del campus no se diferencian de las estrellas del espectáculo o de la telerrealidad. Entretienen con ingenio mediano y masticado a un público con ingenio enano. Los verdaderos sabios no salen en la tele. Évidemment se ocultan. Arsuaga, por cierto, está constantemente en un segundo plano, con intervenciones muy secundarias; la parte del león son los comentarios pueriles de su alumnado (que ciertamente sí “conectan” con la audiencia) Parece una clase magistral –je, je- impartida por esos suaves Bollycaos, tiernos y contundentes, parapetados en su ingenuidad mayúscula, en su abisal Alicia en el país de las maravillas. Los necios cándidos en la mesa de los sabios. Se acabó el programa. Lástima, no estaba mal. Acaso (seguro) protagonizaron el programa los borriquitos en chándal y no los profesores con corbata, pero, en fin, es el signo televisivo (causa formal y eficiente) de los tiempos.   

Pongo la radio. La SER. Fútbol. La fealdad histérica entrando por el oído. Lo basto y sudado y analfabeto, reina grande y gigante como montaña asiática. Cambio el dial. La COPE. Fútbol. Negación de las cantidades espirituales. Patadas al diccionario. Abolladura o hundimiento de las luces. “Jo, puede ser penalti. Delantero por delantero. Enseguida presentamos el Valencia- Atlético. Mata entra con amarilla. ¡Hola Paco González! Las alienaciones confirmadas” Ughs. La mísera muchedumbre huyendo de la colina del gusto. Onda Cero. Fútbol. Todo tiene una naturaleza tan vulgar, que la incomprensión se juzga insana o antinatural, como la astucia artística rigurosa y fulgente del genio. RNE. Un afamado periodista llamado “García” hace honor a los García del mundo. Un ser García. Si fuera un ser Lucrecio o un ser Llorenç Villalonga no conmovería. Pero es un ser García. ¡Viva el alpiste García! El pintor entrevistado, por cierto, parece (apariencias muy confirmadas) especialmente locuaz y lerdo. RNE 3. Peliculitas. Musiquita. La cultura como rancio –cutre- bibelot kitsch. La cultura Reader´s Digest (rock enfático y fotogramas convencionales) entronizada como emblema de la cultura. Cambio el dial. Radio Clásica. Aquí me quedo al fin. Como en mí es hábito.

Estúdiese si existe una conspiración radio-televisiva para abobarnos e idiotizarnos del todo.

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Domingo

Día frío, mentalmente anti-leibniziano, de lecturas baladíes y zoológicamente simiescas, negligentemente insulso. Día con bosta de vaca y con misa de doce. Así: lectura de “Examen de ingenios”, de Caballero Bonald, y “Noticia de mi vida”, de Carmen Rigalt. Uno una esquirla farragosa y traqueteante de prosa de pope bizantino dipsómano tirando a gagá, y la otra una rumiadora o evocadora de cosas más o menos como las pérdidas de orina de una vicetiple pechugona. Ambos tienen algo en común: exhiben sin tasa ni pudor la portentosa posesión de sus defectos. Catalina de Médicis tenía un lecho tendido con cuadrados de réseuil o lacis; estos libros están bordados con un color mora pocha betún y graciosos dibujitos de palmones viriles –él-  o palmeritas cursis –ella.  Ni observaciones ni anécdotas que aviven el fuego; ambos libros son un pudín indigesto de abovedas naderías (el finado) o gossips de telenovela que desprecia la inteligencia (la cardiópata)

Ayer me leí “León de ojos verdes”, de Manuel Vicent. Sin comparación no existe el pensamiento, y, la verdad, mezcladas en mi mente las tres lecturas, leer a Vicent es como encaramarse a las nubes después de la escayola estriada y el desván de ratas de esta noche y esta mañana con Rigalt y Bonald. Se desprende una tintura bondadosa de la novela (cuentos yuxtapuestos mejor) Uno se pavonea de dulzura con esos recuerdos flameando en el hotel balneario mediterráneo. La prosa no se atranca ni en el sencillismo periodístico ni en el fatuo crimen de una altura que se desea y no se alcanza. La primera cualidad de un libro es su expresión. La segunda es su elegancia. Esta es una novelita comestible y popular, de usar y tirar, pero contribuye a transformar los trastornos de la maldad (a los que soy tan propenso en mi diario) en un lenitivo de impresiones ordinarias amables y un halo de murmullos de corazón elegante. A mí me hace bien. Bonald es molesto como una miga de pan en la tráquea; Rigalt es tonta como una neurótica menopáusica que no encuentra las llaves; con Vicent -gracias- sientes el calor de dormir al lado de un cuerpo bastante bello con carita de Lulú.

Abandono la lectura “El gran Meaulnes”, de Fournier (la leeré en francés; la traducción de Valverde y María Campuzano suena a chirrido de voces embutido en unos zapatos que aprietan) Abandono la lectura de “La fuerza de las cosas”, de Beauvoir, en la página 105. Parece un desfile en una fonda ferroviaria o en un barucho a la moda parisién. Muchas personas, ninguna singularidad y e ideas –pocas- tópicas y tullidas. Todo como un movimiento diarreico constante. Esta señora se cree su propia importancia de animadora intelectual excéntrica zazou. La cantidad de falsedad e inmundicia que acumularon ella y su “joroba” Sartre ya se ha escrito y pormenorizado. Abandono también una paja que me hacía –ay, ay- muy infructuosamente y sin ganas demasiado notables. Pajero y putero, ya que por eso riman.

Oigo golpear en la ventana una brisa fresca. Mi perra resopla mientras duerme. Voy por el tercer gintonic. El cielo es más blanco que azul. Los calcetines, caros y limpísimos y negros, me entibian cariñosamente los pies.

Eso desvanece momentáneamente mi pena por la lefa no eyectada.

Cristianismo

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No hay libro malo que no tenga algo bueno, declararon Cervantes y Plinio.

Buenos fueron Leon XIII, Juan XXIII, Juan Pablo II, Benedicto XVI, y muchísimos más, qué duda cabe. No presumamos de crestimoros («Es que si haber parecido / me jomento e me mojer /a ambos decir que las manos / besar, y quedar a ser / ni crestiano por el haz / ni moro por el revés /sino así, así, entre dos luces / cresti-moro» Calderón ) Y recordemos con Quevedo en “Virtud Militante”: «No solamente estas potencias son invidiosas unas de otras, sino de sí mismas. La memoria de lo que es un hombre, y no de lo que no era ni de lo que dejará de ser, más es olvido que memoria” [Citas amabas tomadas de las Obras completas de Quevedo y Calderón en Aguilar, Madrid, con edición del sabio Luis Astrana Marín)

Claro que la historia es poco más que los crímenes, locuras y desgracias de la humanidad (Gibbon), pero la historia, a mi ver, es la conexión de patrones de hechos resumidos en una versión. El historiador A da la versión 1, el historiador B la 2, el C la 3, etc… Hay que leer muchas y opuestas (Fontana o Hobsbawm son un tipo de historiador; muchos otros existen –y creo que infinitamente más capaces)

El sobrenombre de sans-culotterie alude a la vida del espíritu de trabajadores, tenderos, profesores, artistas, escritores, funcionarios menores y solo un puñado de ricos con deseos y pasatiempos de educación intelectual, orgullosos, dignos y serios, que se reunían para lecturas de Rousseau o Volney, y gozosos cantaban, discurseaban y disfrutaban de recitados a cargo de jovencitas. Vida del espíritu, sin duda. Me placería ser un sans-culotterie, con Concostrina, Vidal, o Fisas. Pero también me gustaría (fuera está de mis posibilidades) leer a Michelet o Mommsen (ars longa, vita brevis) Carlos Fisas leía hasta dejarse las pestañas pestiños o ladrillos para sacar perlas de ahí. César Vidal, con un ruso aprendido por correspondencia, tergiversa y manipula con deshonestidad consciente.Cualquier época histórica debe ser vista con benevolencia por parte del historiador. EL circo romano, el gineceo, los Borgia, las monarquías absolutas, etc… Las anteojeras y prejuicios de nada ayudan.

Mi profesor Francesc Fortuny (más que genial) nos hablaba de Cicerón como de su vecino del quinto, discutiendo y viviendo a fondo con él tal tertuliano sobre Messi. Eso es ser benevolente con la historia.Todos hemos consultado los diez volúmenes malevolentes de la “Historia criminal del cristianismo” de Karlheinz Deschner. Es una versión. Él mismo nunca ocultó que el motor de su opus magnum era el odio, como un novelista que necesitase la fotografía de su archienemigo en las letras como semilla donde pudiese brotar su inspiración.

Cuando Akbar el Grande asciende al trono del Imperio mogol en India, el arte persa e indio se fusionan creando un estilo único. El estilo cristiano es único. Cúpulas románicas sobre pechinas y sobre trompas, escuelas episcopales que derivan en Universidades, asombro y estupor ante miles de abadías, iglesias y catedrales. Cristianismo es el pontificado de Constantino I, hombre hábil para los negocios y de gran energía, a quien el miedo (padeció graves acontecimientos) jamás venció. Y el fresco del siglo XIII en la iglesia inferior de la Gruta Sagrada de Subiaco. O aquel pequeño capuchino de quien nadie creyó capaz al principio que arrancara muchos pelos de las barbas de los turcos y logró la decadencia de su amenaza salvando así (o no ahogando) a la civilización europea -me refiero a Inocencio XI. No son mis Papas preferidos, pero quise aplicar benevolencia metodológica y no odio (y además no mentir)

Impulsar la economía, renovar el comercio, exigir lealtades y valores –todavía a contrapelo de la palpitación moderna- pero que son pilastras de granito y mármol de la civilización, acabar con lacras históricas, hacer el bien, ayudar y proteger, patrocinar el arte y la cultura y conservar el saber secular, en fin, me aburre repetir evidencias, son beneficios indudables que, entre otros, debemos al critianismo.

Alberti, en De pictura, afirmó de la basílica de Santa María de Fiore: “Esta construcción enorme que se eleva hacia el cielo es tan vasta que podría cobijar a toda la población de la Toscana bajo su sombra” Si no crees en Dios y bellezas sublimes iguales, probablemente creas (te cobijes) en Ignatius Farray, las Twanda Rebels, Puigdemont, el animalismo histérico, el anti-taurinismo, el veganismo, el anti-tabaquismo como destino en lo universal, y otras religiones de sustitución.

No he dicho nada original. El primer paso de la lucidez está en admitir, con buen humor, que nuestras ideas no tienen por qué interesar a nadie. El suicidio más acostumbrado en nuestro tiempo es pegarse un tiro en el alma. Los hombres son menos iguales de lo que dicen y más de lo que piensan. El que se cree original solo es ignorante. Yo creo en Dios por eso, y algunas cosas más.

Raperos y traperos

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(i)Los enfermos alucinados, delirantes y psicóticos en general, los que han sufrido una intoxicación a los que padecen lesiones orgánico-cerebrales tienen alterada la capacidad de concentración.

(ii) Además se ha encontrado que la música clásica y la música de rock mejoran la concentración, la memoria y las habilidades cognitivas (según el fundamentado estudio de Patton)

(iii) El Dr. Gordon Shaw y la Dra. Frances Rauscher, científicos de la universidad de California y la universidad de Wisconsin y muchas otras en la comunidad de investigación cerebral, han comprobado que la música tiene un extenso valor educativo a nivel del desarrollo del cerebro.

(iv) Agustín de Hipona, pág. 666 de la biografía de Peter Brown, cita el «De musica» del santo africano: «La música de Tangana es indefendible. Hay que reacionar frente a ella con la inflexible abulia y soberbio desdén del cínico. Pero es mejor ponerse a marchar de lado de todo el mundo. Marchar con la turba de rebeldes, asesinos e influencers. La ingenuidad, el optimismo y la generosidad suelen hallarse en botánicos y matemáticos, en los especialistas en ciencias puras y también entre exploradores. No así entre historiadores, curas, políticas y traperos»

C.N.I.

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Torturadores hijos de remil madres putas y perras,

mierdas de olla con argolla en la polla sarnosa,

putipresos policías, procaces y ruines,

cadenasapos de cochino tribunal y retrete,

agentes de Anacleto de garotiña falda grasosa,

malasombras de nabo enano,

pajaritos de vergüenza de Academia, indecentes y chuscos

como una dictadura, difamadores al teatrillo antinacional pegado,

vomitoverrugas, galligilimierdas, mefistófoles de boca podre,

merecéis cinco hostias a vuestro careto marica ridículo,

borrachos de la prosodia de la Nada,

mamobueyes, vacapútridas, anormalcaudillos de nimbo de sierpe,

os ofrezco un yogur, un sugus y mi dinero

si rellenáis un dictado con menos faltas de ortografía que letras.

Cacho cachalotes de subnormales.

Love story

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El Sr. Sánchez, en el momento del flechazo con el Sr.Junqueras, llevaba una levita abrochada y unos rampantes pantalones de seda carmesíes con unos aires de marcialidad presidencialista y suma atención a los divinos detalles verdaderos. Larguirucho, de ojos grandes y hermosos, boca «petonera» de fresón apisonado, más que chulesco, o antipático, era guapo. Pese a haberse acostumbrado a la comodidad de la familia y de María Begoña le rebullía el estómago de maripositas al pensar en Oriol, y dibujaba corazones directos al objeto grande y cuatribarrado de su amor en los cuadernos Moleskine de Moncloa, entre gráficos de cosechas de patatas y dígitos sobre la energía eléctrica gastada por españoles en las horas valles.

El Sr. Junqueras era gordo, muy gordo, modernamente peludo, feo, católico y sentimental. No le gustaba nada cuando todos alabábamos su suavidad de osito y su gentil bonhomía. Desde jovencito empezó a odiar a lo hispánico. Se lo prohibía el cura en confesión, pero Oriol peroraba largas disquisiciones sobre el maligno toro de Osborne y el gazpacho de Belén Esteban. Y hubiera dado cien años «engarjolat» por la República Libre del Zaire.

Alforfones, grajos y la Moreneta se estremecían al saberse ellos tan enamorados. Los campos de centeno brillaban más El indulto, más que necesario, era inevitable, como la cerveza del alcóholico. Solo un rufián podría oponerse a sus fornicios, cópulas de luz que a ambos sacaban del abismo.¿Qué importaban las habladurías, los antiguos yernos y suegros, las ventanas de Lledoners tapadas con celosías?

Oponerse a esa historia de amor puro y santo era propio de crueles muchedumbres sin corazón ni cabeza. Amor vincit omnia. El amor lo vence y puede todo.