Cuanto más antiguo menos escombros

naked man statue

Me visto con paños nobles y curiales, me unto de lavanda las manos, y entro en mi biblioteca para hablar con los muertos sabios. Interrogo sus razones y esos hombres por su humanidad me responden. Gozoso huyo del siglo xxi, es decir, de la publicidad por encima del logro, la revelación por encima del comedimiento, la sinceridad por encima de la decencia, el victimismo en lugar de la responsabilidad personal, la confrontación en lugar de la cortesía, la psicología en lugar de la moralidad.
La historia es una acumulación de escombros, y cualquier tiempo pasado fue mejor.

Horaciana

photography of the ruins

Tengo una casa propia, cómoda y agradable, un jardín tapizado de flores olorosas, fruta y un vino excelente. Una soltería, sin hijos, siempre fiel y amable. A partir de ahora estudiaré a fondo mi biblioteca, buscaré con ahínco la ciencia de los libros, me contentaré con poco, leeré poetas, escribiré fábulas, nada esperaré de los políticos y la servil grandeza. Deseo vivir una vida menuda y honrada, sin ambiciones, quieta y silenciosa. Domar mis pasiones, juzgar como hombre libre, hacer el bien, cuidar de mamá. Cuidaré con devoción esta temblorosa alma tranquila. C´est attendre chez soi bien doucement la mort. Están todos invitados a un vino en mi aldea orensana. Gracias -vano insistir- a todos.

Desjerarquización

woman sitting on sofa while looking at phone with laptop on lap

Las nuevas categorías de pensamiento y asociación no prescriben lo alto versus lo bajo, lo refinado frente a lo romo y vulgar, la calidad en oposición a la popularidad. Las anteriores son categorías victorianas, y quienes las defendemos unos dinosaurios del pleistoceno. Hoy todo gira en el vector lo cool ante lo square -carroza-, lo muy hot como opuesto a lo demodé. El arte, el sexo, la política, la moda, los productos, las estrellas del celuloide o del rock o de la pantalla o de interné, las películas, el comercio, el debate, la literatura, el marketing, las nuevas tecnologías, todo se reordena en un campo como de celebrities donde estás in o bien out. La sofisticación intelectual nada tiene que ver con estos nuevos modos de ambición moderna. La figura del crítico o intelectual es como la de alguien con polainas y peluca empolvada, levemente -o claramente- ridículo y que se sustituye por el agente del entertainment. Vivimos en el capitalismo hip, donde reina la velocidad, la notoriedad, el buzz y lo cool. La jerarquía y la clasificación son una figura arrumbada, como la economía feudal. El futuro es Shakira y Piqué, la decadencia es Henry James o Michelet. El nuevo gobierno de Sánchez es un inequívoco ejemplo de esta estetización espectacular de lo público y su discurso. Sobran un Saint Simon o un cardenal de Retz, pues ¿no molan más acaso los astronautas y las vaginas múltiples?

O si no nos convertimos en musiquilla de ascensor

assorted books on shelf

Tocqueville hablaba de una higiene saludable mediante Universidades excelentes que sirvieran de contrapeso contra la mayoría comercial e industrial. Tenemos necesidad, hoy más que nunca, de una rememoración sabia de las enseñanzas antiguas, de una contemplación desinteresada por encima del lucro. Los autores antiguos pregonaban una moderación de las necesidades. El horrible Plan Bolonia es una añagaza o celada mercantilista para que esos islotes de resistencia se anulen y desaparezcan. Frente a la verdad teológica del comercio y el dinero que todo lo invade como una metástasis necesitamos la cuña de la verdad clásica. O acabaremos todos sonando como música de ascensor, noqueados como un boxeador pirado o indiscernibles de un programa de la parrilla de Tele 5.

No al reino de la cantidad

grey beverage bottle

LIBÉRAME DEL REINO DE LA CANTIDAD
Le règne de la quantité et les signes des temps. René Guénon.
Libérame del reino de la cantidad.
No permitas que sea valorado
por el número de amigos o seguidores
que pudiera tener en una cosa denominada red.
Haz para mí este milagro mínimo como la hoja recién brotada del sauce.
Quita mi firma electrónica de los servidores que me avasallan.
Limpia de servilismos mi rutina.
Consigue que me escuchen aunque sea yo el único
que dice lo que digo.
Haz que no tenga que solicitar miles
o decenas de miles de firmas para obtener una ligera mutación en el orden del mundo.
Líbrame de las estadísticas, de los altavoces, de los muchos.
Líbrame del ingenio que seduce a los fáciles.
Haz que no tenga que integrarme en equipos.
Destruye la palabra cronograma.
Borra los documentos en los que he anotado
lo que voy a pensar y soñar en los próximos años.
Otorga transparencia a mi futuro.
Invísteme con la soberanía del árbol,
guarda para mí una partícula de la integridad de Sócrates
cuando moja sus pies en el río de Atenas.
Que pueda soñar único, escribir como único
rodeado de únicos.
Déjame que me ponga mis mejores ropajes
para leer a los clásicos.
No tenga que mirar las listas de ficción o no ficción,
las cifras de la audiencia, el número de visitantes.
Sácame de la cultura de masas que oprime mi caja torácica
con su descaro creciente en proporción geométrica.
Haz que la razón como un viento delicado cruce de mi cerebro a los otros cerebros
sin gritos.
Dame fuerza para seguir aunque no tenga a nadie
que acompañe mi pensamiento.
Dame un corazón sensato pero no excluyas la locura ni la valentía necesarias
para oponerme con elegancia a las necedades,
para ser invulnerable a las modas,
para prescindir de las bibliografías con un golpe de audacia.
Cumple tu promesa: Que se abran las puertas.
Descerraja las rejas de las reuniones, de los consejos, comités, comisiones y asambleas,
para que pueda salir a la mañana en la que sopla la primavera impaciente.
Borra las convocatorias y las citaciones.
Tú, que eres enemigo acérrimo de lo absurdo,
anula de una vez las entelequias.
Haz que no tenga que rellenar más formularios.
Limpia mi piel de códigos de barras.
Deja que me sacuda de encima las claves alfanuméricas que el Poder me impone.
Llévame a mi tiempo, a la época del agua.
Deja que me descalce sobre el prado.
Déjame ser el último cualitativo.
Concédeme vivir como Montaigne
o como Jaccottet a la luz del invierno.
Libérame del reino de la cantidad.
J.A. González Iglesias. Confiado. Visor.
Así es poeta. La quiddity del hombre es la qualitas y no la quantitas. No seamos manufacturados en serie, sino elementales y cualitativas especies únicas. El mundo conspira contra ello. La tecnología conspira contra ello. Pero el alma individual es noble como la forma elemental de la hierba o la niebla. Concédeme, oh Dios, ser solo yo frente a la incuria lacaya del orbe. Concédeme la voz de la espuma del río a la mañana. Concédeme esencia intransferible. Libérame de la cualidad pastosa del número y la grey, la manada y el mogollón. Sea yo sensible a mi propia Ley, una forma de no ocultar el bello vocablo «destino».

Terapia infalible

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Mucho sufrimiento emocional proviene de la naturaleza de las convicciones. La plenitud en el cuidado del alma, averiguar en qué consiste la buena vida, curar enfermedades producidas por creencias falsas, llegar a ser médicos de nosotros mismos, el florecimiento humano o eudaimonía, vienen con ricos argumentos terapeúticos. Y ninguna idea tiene un esplendor menos rancio que la idea de Dios. Ninguna mañana arroja un sueño menos gastado que el sueño divino.

Castillo interior y profecía

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Desearía escribir una actitud y una profecía.
Sobre lo primero recordar las palabras de Santa Teresa cuando nos insta a construir una fortaleza o castillo interior inexpugnable respecto a los vientos torvos y congeladas olas del exterior. Si en tu alma construyes esa amorosa celda ni fuertes ni fronteras lograrán conquistarte, y serás invulnerable a las agrias mudanzas y alocados cambios del mundo. A ese castillo ningún ejército puede conquistarlo o derribarlo o derrocarlo. Les deseo la bienaventuranza de que consigan refugiarse en esa morada interior, donde solo acompaña la alegría y el alunado jolgorio divino.
La profecía es de otro orden más sociológico. Desde mi perspectiva de habitante de una aldea en la profunda Galicia, pero habiendo vivido años antes en grandes ciudades, predigo un futuro no muy lejano donde la alta cultura habrá desaparecido del escenario social, donde nadie leerá libros merced a las distracciones de los ingenios electrónicos, y asimismo la instauración de una era de oralidad ilustrada con imágenes ocupando el cetro del rey. Se generalizarán planetariamente los deportes y el turismo y el sexo; Europa concretamente se convertirá en un parque de atracciones como una especie de Disneyworld, pero con buena gastronomía y museos pintorescos que solo enseñarán pintura de vanguardia y las salas más exitosas serán las que expongan cine. Además del cine, en los museos entrarán los fogones y los hornillos, el vestido, las estrellas del videojuego y la música rock, los raperos y la música electrónica. Se legalizará la droga y su consumo regulado estatalmente será barato, irreflexivo y universal. En lo político existirá una élite ,más o menos un 1% de la población, conformada por ingenieros, matemáticos e informáticos, que diseñarán el presente y el futuro. Serán los zares de la época y despreciarán la democracia. Un tercio del resto de la población vivirá económicamente desahogado aunque su espíritu sea muy romo y muy bajo. Tendrán trabajo y dinero, pero carecerán de alma y sabiduría, de calidad y vértigo frente a la altura. Dos tercios de los hombres del planeta serán subsidiados con una renta básica que en puridad rozará el límite de la sobrevivencia. Cinco o seis siglos después de esta época tan oscura sucederá un renacimiento carolingio, por decirlo así. Los que tuvieron que morar siglos en las catacumbas tomarán la Bastilla. Hasta llegar a ese fausto futuro yo ya no salgo de mi cápsula o castillo interior. La radiactividad real o simbólica no quiero que melancolice más mi espíritu.

Conservadurismo

julius caesar marble statue

El impulso divino de la historia. La creencia que donde hay una hierática capilla hay también una civilización. El impulso a conservar y no remodelar ni reformar. Ir a la busca del tiempo lento. Subsumir las pasiones en el gusto. Subsumir las pasiones a la razón. Y el corazón a la ley universal. Como cualquier modesto propietario rural creo en la tradición y en el anarquismo de la novedad. Me gusta lo viejo y no me exalta el futuro. Me retratan los siglos precedentes y me oscurecen los subsiguientes. El ritmo natural prefiero frente a la mezcolanza del ritmo artificial. Mi asidero es conservar. Mi fe es lo pasado glorioso. Horas de lectura y no amor libre. Horas de lectura y no enfebrecidas discotecas. La felicidad significa que todo debe seguir igual.

De la melancolía a modo de diario como una bella arte

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Lunes: Ganas de huir. El té verde, afortunadamente, estuvo delicioso.
Martes: Todo el rato hablo de ti. Sin ti es imposible la revolución del gusto, de la delicadeza de opinión, de la inteligencia del matiz. Con y sin rímel me gustan tus ojos. Tus pechos solos y con nata. Tus labios con o sin pintalabios. Me gusta depilarte ahí, en el centro o bien inaccesible.
Miércoles: A pesar de los metalizados acrílicos de la ciudad, de la esencia tumefacta y necrosada del tweet, de la apoteosis de la innúmera multitud gregaria (cómo gozan siendo iguales a los demás), a pesar del exceso hiperbólico de detritus, estás tú. A pesar de este Océano Gris de Internet, de la Gula Procaz o la Pereza Creativa, en ti confío.
Jueves: Pero pasó el tiempo y la verdad desagradable asoma. Tú eres silencio. Debemos o debiéramos pretender explicar la biblioteca que rodea a la biblioteca del libro que somos, elucidar o dilucidar el libro que somos, escribir el libro que somos. ¿Pero entonces qué? Tú no eres un billete, ni un ordenador ni un súbdito. Tú, mi amor, no eres un corazón heroico de hermoso temple. Porque todo es silencio.
Viernes: Percepción extraordinaria de lo maravilloso e incorruptible. La esencia de lo magnífico es esto: la vida es una engañifa, el amor una engañifa.
Sábado: De la Fuente de Dafne ahora solo oigo esa negra seda óxida resumida en el vocablo “melancolía”.
Domingo o confesión a mis lectores: Desde donde vivo siento cómo se mueve el mar. Oigo armoniosamente cantar a las cigarras. Desprecio a la televisión con altanería aristocrática. Además, no me falta el dinero. Me dedico, me gustaría creer, al otium cum dignitate u otium divinis. Pero no he siso feliz. Que los glaciares del olvido me olviden, me arrastren y me aniquilen, inmisericordes. No he sido feliz. Acodado en arte y poemas y soledad no he sido feliz.
Y, me digo, si el amor es catacumba plácida y hermosa de los sueños -como los pies dentro de las katiuskas-, si el amor es bosque de Alejandría y ebonita flamante, si el amor es anillo de turquesa y hangar luciente, y acolchada noche cerrada que dimana olor naranjos, o río de aguas tibias que empapa a la vida, si las estrellas tantas veces nos iluminaros luchando desnudos y absolutos en la cama, si veo un ciervo que cruza en llamas la espesura, si el orgasmo -después de que la habitación es una sauna- es una dulce heladera, si los ángeles son hermosos y el amor eterno, si abril es el mes menos cruel, si no, si sé que no termina la luz en la playa, si el amor es…

Humanidades: por qué vivir

antique bible blur book

La depauperación del lenguaje significa una mengua en el pensamiento. Pensamos con el lenguaje, pensar es hablar, la vida mental no es más que un conjunto de acaeceres lingüísticos. No lograr expresar con precisión aquello que deseamos decir, trabucarse ante construcciones paratácticas o subordinadas, ser innecesariamente prolijos, no ser relevantes, no ir al grano, ser confuso y desordenado en la expresión, es serlo con una identidad insoslayable con lo que antecede a la expresión, a saber, con la formulación del pensamiento. Los profesores debieran esforzarse en que sus alumnos conozcan la gramática así como la redacción. Una buena educación es clave para que sobrepuje la democracia y el espíritu de una nación. Si decae la calidad mental de los demócratas decae la calidad de la democracia. Sin lenguaje y habla no hay examen socrático posible ni imaginación empática lúcida. Sin expresión escrita digna se derrumba la civilización. No hay que llevar a los hijos a pasar un fin de semana en Ikea o en un hipermercado, ni comprarle tablets o móviles a edad inmadura. Eso los incrusta en el mecanismo del consumo. Y, paralelo a eso, los aleja de las artes. Vivimos una época especialmente turbia para las humanidades, o sea, para prorrumpir en un conato de respuesta a la pregunta por qué vivir.