Lectura de Helen Fielding

young lady in warm wear thinking in city street
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Supongo que hay que leer de todo, elongar lecturas. La obrita, que por ningún lugar de grandeza y pericia orbita, la obrilla, que por ningún lugar de digna memoria brilla, a reseñar es: El diario de Bridget Jones. Principiemos hablando de mí, como es hábito en estas críticas impresionistas; yo denuesto la corte y villa y alabo la aldea, vivo (o vivía) en feudal -y casi cartujana y monástica– aldea orensana, agreste y solitaria, lluviosa y bendecida por el silencio, por lo que me alegro de no comerciar mi espíritu con estos especímenes de treintañeras solteronas metropolitanas. Como lector de Montaigne sé que el interés real de una vida recaen en las emociones, pensamientos y costumbres privadas, que recaen, en fin, en el yo. Y advierto apesadumbrado que el yo, a diferencia de lo que relatan las chácharas de terapeutas, no es algo que se encuentra, sino algo que se elabora. Y se elabora llenando el yo de pensamientos augustos, gobernando la vida con visión y sin vanidad, leyendo doctas y esclarecidas doctrinas, asumiendo el destino, rechazando la necesidad de comprar, vender o trabajar. La mayoría de hombres y mujeres llevan una vida de tranquila desesperación y han embutido sus adentros de noticias de televisión, psicología popular, panfletos de tertuliano y sueños de revista de moda, y amor romántico de plexiglás y hojalata. Carecen de una vida bella y alada, fraguada en la contemplación desinteresada del universo. Muchas mujeres, para horror y desesperación del orbe, son como esta heroína de Bridget Jones; preocupadas por la inflación de sus cuerpos pero no por la deflación de sus cerebros, y con un alma como esos terroríficos vestíbulos de casas de provincia donde es impertinente el comentario sobre el gusto, pues carecen absolutamente de él. Esta heroína abusa tanto de las convenciones que ella no es ejemplar sino un acabado prefabricado de convenciones, más que una conciencia autorreferente parece que por dentro la han montado como a un mueble de Ikea; certificaciones manufacturadas que activan sus motivos y propósitos y deseos. Dios alumbra a todos aquellos que escriben a mano y no a máquina. Dios no alumbra a la adiposa y obsesiva Srta. Jones. Su vida interior es un maleducado culebrón de atardecida, una conversación tópica de rancia peluquería, una acumulación de cliché y comida enlatada. La señorita Bridget Jones cae completamente en sus inclinaciones y defectos particulares porque no los contrarresta con los saberes desinteresados e inútiles del espíritu, se envilece en lo concreto y en superfluas bellezas fáciles, es fastuosa e inmensamente susceptible a la conversación liviana y las bagatelas, desea poseer y no gozar, se modela a sí misma para degenerar en lo inferior, como los brutos, y su alma es una insolente e implacable tiranía para sí misma. En las escrituras se compara la verdad con una fuente caudalosa; si sus aguas no fluyen en movimiento continuo, acaban por corromperse en una charca fangosa de conformidad. Bridget Jones se corrompe en la normalidad más vulgar y premeditada.

Lector, la cultura de lo más honorable y perfecto dicho y selecto pensado, sirve para enfatizar la diferencia y salirse del mogollón. Bridget Jones es la típica cuyo lema vital es más o menos el mal pareado «¿Dónde va Vicente? Donde va la gente». El epigrama bueno es cualquiera que arrase con el uso común, con la bestia del uso común, el que desarrolla e inviste nuestra legítima rareza, el que se forja en la heterodoxia si la ortodoxia es plebe y chusma, latón y no oro. La señorita Jones representa esa alma urbana tan hortera típica del siglo veintiuno. Una heroína tan leída y exitosa solo significa la decadencia (irremediable, exponencial, bárbara) de la civilización contemporánea.

Lectura de Susan Wise Bauer

El libro a reseñar, editado en Planeta, tiene el comercial título de Cómo ser culto, mejor expresado en inglés, The Well-Educated Mind. En su versión traducida los editores han omitido por completo el capítulo dedicado a la poesía. Para un norteamericano o lee o cae en la barbarie; para un europeo la civilización, al menos antes, en cierta medida la adquiríamos hablando y conversando, contemplando monumentos y por la inercia de la historia. Desdichadamente las nuevas generaciones ponen un muro con la historia, viviendo en una suerte de asilvestrado puntillismo, creyendo e ideando su experiencia del mundo la que se circunscribe exclusivamente a sus «moments of being». Alguien con veinte años supone y articula su cosmovisión a las vivencias de esos veinte años. El libro de Susan Wise es ordenado y voluntarista. Autoayuda yanqui optimista. Pero su análisis de cómo leer es a mi juicio impecable y definitivo, en la línea de aquel best-seller de los años cincuenta de Mortimer Adler. Divide la autora la asimilación de la educación en una tríada clásica o tres fases consecutivas, a saber, la fase gramatical, la fase lógica y la fase retórica, una actualización del escolástico trivium. Son los pasos de entender -gramática-, evaluar -lógica-, y expresar una opinión -retórica-. Una mente bien formada es el resultado de la aplicación, no de un genio innato, y este método es el menos capcioso y el más racional. Leer requiere una disciplina, como correr regularmente, aprender a cantar, o meditar. El laberinto de detalles ante un libro se vislumbra adecuadamente con el sistema del trívium clásico. «Algunos libros son para ser saboreados, otros, para ser tragados, y unos pocos, para ser masticados y digeridos» escribió Bacon. Saborear, tragar y digerir, es un uso paralelo de la gramática, tener un conocimiento básico de la materia, de la lógica, mezclar con el propio entendimiento el análisis de la información, y de la retórica, tener opinión propia respecto de la materia estudiada. Primero hay que entender los argumentos de una disputa, después evaluarlos respecto a su pertinencia, y por último argumentar con esos argumentos previamente cribados en tu propia elaboración cognitiva del mundo. Primero hay que comprender las ideas, después sopesarlas, y por último reaccionar ante ellas. No lo dice la autora pero esa distribución es la que debiera darse en la educación formal; en la educación primaria adquirimos los rudimentos de la gramática, en la secundaria de la lógica, y en la Universidad de la retórica. Que la malhadada pedagogía actual tiene los valores invertidos se observa cuando a los niños se les pide opinión de temas que todavía no comprenden y los universitarios en cambio estudian pasivamente y con los nefastos apuntes. Hoy en día la gente se siente ilustrada consultando las noticias o un diario web, cuando el conocimiento viene empaquetado en frases complejas y bien ensambladas en los libros. Es lo que decían los versos de Eliot ¿Dónde hemos perdido el conocimiento por tener información? ¿Dónde la sabiduría por conocimiento? La información es cosa de gramática, el conocimiento de lógica, y la sabiduría de retórica. Los media dan información, los libros sapiencia, y tu propia mente sabiduría. Enfrentarse a la verdad es la tarea de un hombre libre. Meditar y estudiar es lo propio de un hombre noble.

A continuación la autora aplica esa educación clásica en los campos de la novela, la autobiografía y memoria, la historia y el teatro. Connota todo como un delicioso Plan de Lectura Para Toda Una Vida. El sesgo en la selección de lecturas es anglosajón. Los comentos de clásicos demasiado resumidos y sucintos.

Un interesante libro para el autoaprendizaje ahora que la escuela es un nido de neoanalfabetismo.

Aristoi

Se difunde y escampa la excelencia de los mejores -aristoi- desde la cúspide de la pirámide a todo el cuerpo social, a través sobre todo de la educación, pero también por otros caminos como pueden ser el periodismo, los medios de comunicación, las revistas, la vida parlamentaria, distintos cenáculos ciudadanos, los museos, y muchas otras plataformas; así un edificio o una organización vecinal pueden ser civilizadas o bárbaras.

En las escalinatas de edificios nobles vieneses la altura de los peldaños está pensada para que las suntuosas damas no enseñen pantorrillas inconvenientes o acaso trastabillen pisándose las faldas del vestido. En una noble filípica política se apela al razonamiento ancho, se interpela a la generosidad y grandiosidad del espíritu. En un buen periodismo no se mercadea con la opinión ruin y caldeada y morbosa, sino que su referentes son la verdad y la expresión elegante de la verdad. La retórica capciosa, chulesca y roma de un parlamentario como Rufián es lo mismo que pintarrajear de grafitis un bello edificio, o bien un chismorrear de verduleras violentas y soeces. Entonces se difunde y escampa lo peor, los más viles y vulgares contraejemplos de bondad, verdad y belleza.

Tengamos las paredes de las casas pulidas y limpias. Exijamos lo mejor, denostemos la anemia vírica de los peores. Lector, en tu vida común y consuetudinaria, abroga en pos de la eminencia, denuncia la incuria mediocre. Lee buenos libros, piensa perspicua y claramente, vístete con ricos paños curiales de alcurnia. Pon tu grano de arena para que triunfe la civilización. Una sociedad o democracia como un todo se define por la calidad de cabeza y corazón del ciudadano o demócrata tomado uno a uno. Tienes tu parte alícuota en favorecer lo selecto y enmendar así lo peor. Elige la gloria que esplende y el deseo que aumenta. Juzga como libre. Investiga los altos poderes estéticos, discierne con criterio alto, fomenta la delicada sabiduría. Huye de ese lodazal llamado el aquí y el ahora, la televisión y el mamoneo, el infértil yo patológico. Que tu corazón no sea de ocio tabernario sino de vigor nocturno de jabalí. Alístate en las filas de los que suman más. Y no seas «pueblo», que el pueblo es un eterno y estéril menor de edad. Porque lo capital del asunto no es ser individualista, sino individuo.

Lectura de Miguel Dalmau y Román Piña.

Esta mañana me leí La mala puta. Réquiem por la literatura española. La parte del león la escribe Dalmau; el mallorquín Piña pone unas deslavazadas acotaciones finales desordenadas. Mi recuerdo de Dalmau, al hilo de la lectura de sus biografías de los Goytisolo y Gil de Biedma, era de un gacetillero morboso, corto de entendederas, escabroso y ayuno de ideas. Leías su panfleto sobre Biedma y no inferías una sola idea de por qué es uno de los mayores poetas del siglo XX español, y en cambio te volvías un erudito en chismes de hostias con amantes, en sabores y consistencias de lefas. Al leer esta especie de ditirambo negativo contra autores, agentes, críticos, et caetera, se subraya la misma impresión; ayuno de pensamiento, de diagnosis, de esquema y plan razonado de ataque, de calidades en las certezas y dudas, y mucha presencia de rebuznos, coces y muestras de puertas gayola un si es no es vergonzosas. Lágrimas de cocodrilo de burricie desarticulada, y un irritante colegueo coloquial como de anciano rockero añejo y medio gagá. No puedes sostener la tesis que la literatura moderna española es una mierda -tesis que, por cierto, también creo- con argumentos de detritus y menciones ad hominem, con una crónica de baratura que demuestra precisamente esa bajura y falta de valor. Esto más que un ensayo es un exabrupto de magazine para verduleras. Made in Dalmau.

Lectura de Terenci Moix.

La novela a reseñar, leída solo un tercio por lo tedioso de la misma, es Garras de astracán. Con un lenguaje mineralizado a lo periodístico, con un registro de prensa rosa, y, lo mejor, una vivaracha imaginación construida es escenas casi de sitcom televisual. Este es el tipo de literatura que se lee ahora, no tallada en delfín áureo, no en rosetones de gravedad, sino asentada en una pocilga del contento. Niebla y humedad se ciernen en las Letras, panzas fangosas y memez utilitaria. Este tipo de literatura es un martilleo o baraúnda que ejemplifica la estridente civilización actual. Hay publicidad y no hay logro, pecunio y no elevación, lujo y no pasión, coito y no comedimiento, burda psicología en lugar de orfebrería de delicadeza espiritual. La protagonista del engendro es una tal Imperia Raventós, que proclama sofisticación de vaca pija metropolitana, lujo de arrabal, modales de histérica, soledad de diseño, vagina cuarteada de vitriolo, nula inteligencia. Carece de atributos fascinadores, pese a los esfuerzos del narrador. Se pulveriza, insisto, el lenguaje, hasta convertirlo en un arenque seco de teletipo, en una mampostería de dicción tan aplanada como el vientre de un gusano o el color terroso de un armadillo. Con tanta poca monta el lector se convierte en un ilota de la palabra. Mi experiencia mental ante esta perogrullada es de vacío, de yermo, de estéril pasmo de salvaje en taparrabos. La buena literatura tiene un tapizado de múltiples referencias a los clásicos, y se expresa en una sintaxis y vocabulario de subido tenor. Hay en ella una profunda anatomía de alusiones a fuentes, que se reflejan y aluden en la nueva obra. Una vena de histeria rancia cruza las obras modernas. Ahora se es más perverso pero infinitamente menos sabio. Lo que es el dialecto universal de la juventud, esa superficie sonora patética del reggeatón, se transmuta o traduce en literaturas de sexo a gogó, en trasuntos de guiones de televisión, en costumbrismo de provincia rancia. Con ello tenemos un mundo interior sin cosmología ni cosmogonía; miras al interior de los corazones y solo ves marcas de ropa, vestíbulos de folclórica, deseos sin valladar de consumo obsesivo. El pionero de esta subliteratura fue Terenci Moix. Un tipo con muchas más cualidades y atributos que sus romances. Le libre á venir es esto. Y llegó ya.

De pulchritudo

DE PULCHRITUDO
De “Fuente de Corydon”

 

¡Cómo me gusta la Belleza de los nenes! Escandalosa y desordenada. ¿No es la Belleza un gran desorden? Hablar de pasión por la Belleza es hablar de una meditada pasión por el desorden. La raíz del arte es desorden; los nervios sexuales de la Belleza son arte estético molecularmente gaseoso, cognitivamente fuerte y esclarecidamente sagaz. El desorden pone en la mente vislumbres; la Belleza el deseo de mayor luz. Una extremada energía de Belleza es esa claridad sublime que vemos en el Amor. Y, diría, hay un coeficiente de exactitud o cálculo de estructuras en la Belleza que convierte en cacareo o cacofonía la energía solo científica de la Verdad.

 

Medianoche de la melancolía. Luna llena de finales de Agosto. ¿Dónde obras y seres Bellos?, ¿dónde la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento, y el conocimiento que hemos perdido con la información? ¿dónde la Belleza que hemos perdido con la imagen? ¿dónde la verdad desde que advino el nihilismo?¿dónde la letra miniada en lugar de la tosca tecnología?¿o dónde la soberanía del individuo? La voz de Fausto tejida de Homero es mármol pétreo que no se aviva, la irritación de Freud y la exuberancia de Shakespeare un vago sueño, el aire de Velázquez y la flauta de Mozart un aromado café en el enrejado de nadie. Oh tiempos romos y abajados y pueriles. Solo y meditabundo en mi playa maldigo. Y por ello mismo hago de la Belleza una religión del sentimiento, porque Ella es la clave de bóveda para salvarnos. En la inmensa y terrorífica noche total Su vagar errabundo de caracol, Su frente rosácea de estrella, es el símbolo y lo simbolizado, el enigma y la solución al enigma. En las aureolas de diez mil verdes en un centímetro cuadrado de césped se encuentra, en potencia, la salvación del mundo.

 

Son las cinco de la mañana y truena. Apago la luz y escribo a la luz de una vela. Suena el said (se habrá ido la luz) El repiquetear monótono del said es una prueba del corazón de chatarra de esta civilización. La luz de los relámpagos se cuela por las rendijas de la persiana. Sería hermoso y noble morir hoy, hermoso que ahora me decapitara la espada de Tor. Hermoso que la luna esférica temblara de miedo y osadía Bella. Me he sacado las gafas para escribir. Noche total. Silencio total. Cae una tromba de agua que dobla y tumba las flores. He muerto, ladies and gentlemen, he muerto. Les escribe un muerto. La muerte es desorden, la Belleza es desorden, Tor es desorden, los nenes son desorden. Desordenados del mundo, uníos.

 

La lluvia es una glacial apuesta por el desorden; así que no me busquéis en vuestros tugurios de familia feliz, en el reino ordenado de papaíto y mamaíta e hijitos. Soy amante -que conste en la ley moral de los cielos- de Belleza, de las Serpientes de Bronce, de las Serpientes que Une el Amor y Separa el Odio. Soy la Serpiente del Plano Onírico. Quien ama con desmesura la Belleza se acostumbra a vivir mal en el plano real, en el ordenado plano real. En el plano simbólico u onírico se encuentra, empero, a sus anchas. Con nenes como grillos que gimen, con nenes igual que cigarras, con nenes pura mies de luz, con nenes que desordenan al aire. La Belleza desordena in saecula saeculurum. Amén.

 

P.D. ¿Será mañana la Madre de Dios de las Nieves si ayer fue Santa Lidia en la serena noche del año II de Northlilia Bellezza Sherzo antes de nuestra era?

Escenas de vida de provincia

ESCENAS DE VIDA DE PROVINCIA
De “Fuente de Corydon”

 

“Así que te metió la mano en el paquete y tú le dijiste que tampoco olvidara que eres o tienes un alma. Eres delicioso cariño, absolutamente delicioso. ¿Bailarás?, ¿bailarás conmigo?; me gustas tanto que ni lo resisto ni me resisto. Eres Adonis acodado en su cuevita de gatito azul. Gracias por invitarme a tu casa. Me paso ahora mismo. Una de mis aficiones preferidas es derrotar a la soledad”

 

Abisinia es bella, y tu pelo, y el mar. Y tus ojos, su ritmo, parecen púlsares de un marabú. Ríos de lava vienen de los bosques para posarse al atardecer en la playa, playa que gira con quietud de sombra, de seda y acantilado, de tapizada brea al morir el día. En la playa nocturna orgía, marabunta de amantes. Sitges. Julio de 2004 d.C.

 

Se querían. Se amaban. Se querían. Después el tren inerme y frío, la puta luz del alba, la cama fría, solitaria, un triste secarral desabrido y con polvo de barro. Se querían. El vetusto hogar de uno de ellos muy en las afueras. El tiempo debe ser una honda que al impactar con la Belleza se disuelve, se disuelve…

 

Deseó escribir como Shakespeare. Mintió. Solo y únicamente deseaba escribir como se abraza el cuerpo de un hombre a otro hombre.

 

Demasiado Twitter, demasiado invierno, dulce amigo Tulio Christian Sanctis. Natural de antros sin luz, de astros sin luz, atentamente escucha lo escrito en estos grafitos pompeyanos; “el espíritu desea lo que ha perdido”, “herido por la belleza el corazón nunca oscurece”, “armónicos son los gestos del indecente bailarín en el burdel”. Vampiro en un laberinto sin sombras, caro Tulio, será, ocurrirá que amar es rememorar, que entre silvas y arbustos se halla o hallarase el cisne de oro o el diamante de agua. Y tienes los nervios húmedos, Tulio. Y aún tiemblas de deseo, pasión y violencia ante la oscura y brillante carne. Pero jamás olvides -escrito permanece en el aire-, que, bajo el cielo y las estrellas innumerables, solo somos sombras de un recuerdo, no somos sino un breve escalofrío, un astronómico silencio sin respuesta.

 

Verano de ligues y arenas rubias. El sol unta como da las horas un suntuoso y antiguo reloj dorado. Los muchachos son de verdad, como el mar, y juegan embrujados por el deseo y las palabras. Pelotas de Nivea. Mi mirada se centra en su verdor subterráneo. Hay una tensa alba troyana en sus slips. Admito la idea polémica de sus mentes como un campo nada cultivado, cierta general inelegancia. Pero su Belleza traspúa, traspasa, hiende, hiere. Saturno y una fiesta lunar los tatuará duro. En bungalows, en noches y oro y sudores, se abrazarán, se enhebrarán. Historias comunes extraordinarias. Verano de ligues y arenas rubias.

 

El duro tronco de tu falo, el duro durazno de tu verga, lo siento en mi boca igual que si paladease un tallo de hierba entre los dientes. Tu joven cuerpo bañándose en el río es crepúsculo de alma de un poema de Calímaco. Tus abrazos son fuego donde abrasarme, río donde ahogarme, sinfonía de noche donde guerrear, luz desnuda volcada por el alba naciente, fragante agua de rosas y brillante agua de oro. Metámonos manos escondidos tras el Partenón. Seamos de Eleusis espliego. Y después, si puede, que Zeus derribe los acantilados.

Yo defiendo lo mejor

YO DEFIENDO LO MEJOR
De “El fals aristòcrata”

Depresión que amenaza con llegar a psicosis
si continúo pegando la hebra con taxistas
y ninguno comprende que la felicidad proviene de la honradez, no así del placer,
si el miserable Gran Hermano más y más devasta
como con su amoníaco pestilente sin rieles.
Christian, entre bárbaros, ultimus romanorum,
pisas el amargo polvo del exilio,
con sosiego de pálida hojarasca de Tarsis,
pero tú sabes que, bajo el sol y la lejanía,
defiendes lo mejor, el imperio de estrellas del corazón,
la ley de lo alto contra el sandio tercermundismo,
la emoción minoritaria ante un imperio que lento -siglos y siglos-se desploma y cae oculto,
las triestinas palabras tropicales del arte y la ciencia,
como contrapeso de tanto espanto feo útil,
de tanto espectáculo atroz y estúpido, soberbiamente incapaz,
como eco frente a burócratas, lameculos y corruptos de hortera polo Lacoste,
tú, bien lo sabes, defiendes lo mejor.
Contra las excrecencias corporales del vil arte moderno,
contra la masturbación obsesiva del main-stream,
contra el surrealismo beodo del habla,
el orgullo y el destierro aseguran tu Ley
no el rito de la canallería de la satrapía con su igualdad.
Antes libre y alto que igual.
Dios juzga y prefiere a los mejores,
y quien denigra el gesto de los mejores,
con rebuzno, se somete a la grey.
La noble llama de lo recto y sublime pensado y escrito,
el melancólico dibujo del agua delicada,
la fuente de la costumbre dorada; ¿dónde?
¿en una rave junto al mar con olor a bosque?
¿en la noche que ayuda a los audaces?
¿en el lacus somniorum del cuchillo de hierba de hogar para dos como hotel para dos?
¿en los S.O.S. del amor hacia los vastos espacios paranormales de la noche?
¿en los cortinajes obesos de una labios gordos y besados en el ring del Deseo?
No, lo público es técnico, depredador, mediocre, inmoral y vulnerable.
Sí, sí sí en el olor de pecho alanceado de un San Sebastián Individual y Hermoso.
La Ley es la propiedad privada contra la depauperación,
la segura distribución de cintillas de oro y laurel para con lo sagrado.

Y mientras, el puto Gran Hermano de los c…
Pero yo defiendo lo mejor;
término conocido como insustituible al de la palabra «destino»,
término conocido en bosques de Palermo y silvas y selvas del Guaraní, en sonar de rapsodia de tacones contra la losa, en ajedrez de océnos con los delfines con mitológica piel de zapa, en petit-suisses encima de los ataúdes, y en el fin -the end-,

el fin de la necrosis de los disturbios del aire este sin ápice ni gamos o gramos de clorofila.

Autobiografía del amor

AUTOBIOGRAFÍA DEL AMOR
De “El fals aristòcrata”

El amor es aquella percepción extraordinaria de lo único,
la idea de lo excepcional vuelto sentimiento,
lo racional convertido en fúlgura, lo real en trallazo,
que a menudo, y a diferencia del arte, se corrompe
pues su naturaleza es lo corruptible, mudable y caduco.
Que el Amor, joven sol, es o deviene noche híspida y hosca,
desorden como una casa con las cortinas ardiendo,
luna torpe como la ternura mecanizada.
Que el Amor es hijo de un padre perroflauta, pasota, pobre, bondadoso,
e hijo de una madre sádica, una rubia pija y lujosa, rica e inmoral.
Del linaje de la Riqueza del Amor vienen las fosforescencias y el oro.
Del linaje de la Pobreza del Amor nace una llama que no arde y el barro.
Pudieras o pudieses creer que tu montura son los corceles huracanados del viento,
pero todo es cual un Ícaro cuyo destino es esa estrella torcida que roe una alimaña.
Que el Amor es panorámica de una montaña que se achica al ascender,
niebla sin aire que se engolfa en las sensibilidades multitudinarias,
trama que muta a muda ceniza, encantamiento y ascua que muda
a sevicia no por lo común dulce, a gracia sin gracia, a gracia -casi desgracia-
de casa con prole y horario de oficina. Que suele llamarse Amor
a la costumbre de dos egoístas soledades, de dos acabadas soledades conformistas,
que prácticamente nunca es Amor la unión de dos excelentes seres humanos
pues, si fueses así o así fuese, Amor ni fenecería ni en mal fenecería.
Acaso mi doctrina sea poco esclarecida y sabia,
lugar tópico como mano que se cierra,
muy seguramente me invista con toga que no merezco.
Permítanme una confesión. He vivido sin Amor,
no fue mi afán o destino morder el jugo de Eros.
Nadie logró o logrará en mí o yo en ella inmiscuirme, a nadie
permitiré abrir las puertas de mi biblioteca.
Para mi Amor es un «ni existe todavía ni existirá nunca».
Y me pasma, es asombroso, la de trenes desembocados,
y la de sentires diluidos en la contemplación,
y la de rojísimas memorias y tremebundos affaires que os causan.
Me pasma. Es asombroso. Yo miro el Hecho del Amor
como un físico ve el Hecho del Universo; y no sin alguna razón
hay o hubieses analogías, paralelismos entre ambas mecánicas y
sinestesias, entre ambos movimientos de péndulo y mareas y contramareas,
entre el big-bang y el bing-crunch y el haceros sangre y las reconciliaciones.
Es asombroso. Que el Amor tiene una veta de Santa Teresa o Alfa Centauri
y otra de navajeo yonqui suburbial. Qué de asombroso es.
Que el Amor se parece a un tenso silencio en una mañana de hospital
un día de huelga revolucionaria. Se parece a un solitario seminarista
que traduce el Ars Amandi una noche de Fin de Año. Semeja
un Platón de Mondoñedo pleno de erotismo agropecuario.
Pero en Amor, permítanme la confesión, ni subo ni subiré.
Solo amo estudiar y el arte, una forma no perecedera de amor.
Llamadme meapilas, cagapoquito, enciclopedista, ilustrado,
cobarde o haragán. De esa nave yo no sigo su estela.
Falso poeta o falso arqueólogo mientras vosotros vivís
yo me quedo en casa dichoso repasando viejos legajos y mamotretos.
Egoísta bien lleno de pus podéis si os place llamarme.
Pero de alguna manera sigo siendo aquel niño
que unas navidades yendo de la mano de papá y mamá
éstos se despistaron y me extravié. Niñito perdido en la ciudad
populosa en las callejuelas del destino hallé refugio en
la ciencia de la biblioteca. En mis adorados papás. Qué más pedir.
De todo ello me ha quedado,
un trato acaso voraz con la melancolía,
el refugiarme en la quimera de las hadas de agua,
el sexo íntimo en el légamo de las morbosidades,
un lugar bajo la bóveda de la iglesia;
de todo ello infiero me ha quedado
el amor a los seres gatescos,
a los teólogos medievales,
a cualquier animal que ataque a la llamada de la Belleza,
y una intratable, casi imposible propensión a la misantropía

Barcelona, in memoriam

BARCELONA, IN MEMORIAM
De “Orbium Coelestium”

 

Ellos, incapaces de defenderse, eran los más hermosos.
Mirad, amanece moreno el verano, asoma el tatuaje de amor de los más hermosos.
Incluso la birra en la barra,
o la saliva en el centro del aire,
o el bronce de guepardo de la bondad,
o la orla de esplendor de la ciudad,
incluso la birra es un leopardo de luna si hay amor.
Sotos y praderas por las Ramblas.
Vosotros, hijos del padre y la madre del amor,
no traducís a Horacio,
ni gobernáis el mundo,
sois nombres anónimos con nombres anónimos,
no sois bárbaros,
sino hombres que aman,
hombres en que el Bien es un placer de seres amándose.

Un rotwailer pútrido y mediocre,
un vómito de sangre con su sucia mano asesina,
zigzaguea a bordo de su religión borderline.
Cesa la música.

Que Yahvé caiga sobre ti y los tuyos,
y mientras haya rocas o aire en la tierra,
el Mundo es Ana María, Pepita, Javier, Francisco, Bruno,
Luca, Silvina, Jared, Carmen , Elke y todos y siempre los demás y cada uno,
mientras los ángeles vuelen,
y haya pájaros y cielo en la tierra.

Tú rotwailer, tú babosa y cucaracha
no eres más que un tarado acomplejado
que se creyó reina por un día.
La vida de los rotwailer no vale ni lo que una bosta.
Al cielo van las hadas, los príncepes y las princesas del Amor y la Verdad,
al cielo van los reyes
la gloria
el camino y la vida
que fundan los rosales
los constantemente legítimos gemelos del viento.

(ii)

Ahora o nunca. La vida nunca es fracaso, fábula, derrota, parodia, mezquindad y mal sueño.Pese a todo, siempre, siempre insiste el extraño conjuro de la vida. Perseveremos en la entereza pues, aunque no es obligatorio amar, no nos está permitido no amar. Dado que el único criterio es el amor, la bondad y la belleza, si no hablamos a favor vuestro ¿quién lo hará? El rotweiler y sus cucarachas merecen el castigo de su Nada. Vosotros sois la prédica que se incrusta en el foulard amarillo, el sol de la felicidad de nuestras sombras, la percepción esmaltada de la ternura. Que Dios os acoja en su gloria. Y que un lujo de sultanes y renacimientos, una tela de araña suspendida en una cámara de niebla, un dorado baile de saltambanquis resucitados, un rastro de selvas de agua en el otoño, un hermoso pensamiento y sentimiento sea vuestra alma. Que en la ribera del mar nunca descanséis solitarios. Así será.