Libro dos desabafos 53

Tiempos de extrema mediocridad abrasiva. España, Europa y Occidente se convirtieron en un montaraz y agreste muladar. Hoscos, severos, inexorables, adustos futboleros y tauromáquicos. El paisaje está velado por la calina analfabeta que se levanta del suelo; todo se ve confuso y borroso, los colores apenas brillan. Mediocridad ácida en el cogollo, desde la cuna a la sepultura. Los indígenas ágrafos beben chupitos de licor café y serpentea la lánguida ínsula de acémilas recorriendo las Españas. Tiempos de extrema mediocridad lacerante, peor que el aguarrás.

Impotentes en la carne y esclavos en el espíritu. Vivo rodeado de ordinariez hasta en la retaguardia. La gente no me parece personas, sino máscaras grotescas. No los odio, pero me dan asco. Maniobreros retorcidos, quídams que sorben los pies del Poder por cuatro perras, canallescos, candelejones, gambados, chupenáguers de zapatería y tasca. Ignorantes y brutos en grado superlativo. Chorlitos con cilicios en el pito.

Me queda la primera hora de la tarde donde resbalan nubes blancas, el xai negre esbrotonant delicadament l´herba, las niñas en el campo verde con vestiditos amarillos, el oro del poniente, el mundo transfigurado en mi aldea de verduras. La noche serena y maquillada. La túnica fría del viento.

Pero cansan demasiadas verduras. Uno desearía a algún humano oír declamar las ochenta y un exquisitas octavas reales de la Ninfa Tiberina, melosa confitura como la orfebrería de Benvenuto. Esos arabescos en enmarañados paréntesis y que repiquetean como campanadas de iglesia. Este emborronado manuscrito es solo un pretexto o coartada a mi soledad. Deseo seres cultos e inteligentes a mi alrededor y no bacterias beodas. Pero en la ciudad calles repletas de gente con la cabeza vacía, ruidos, anuncios y colorines, películas de superhéroes y teatro subvencionado del más chato costumbrismo. Pisitos como celdas de abeja, todo rodeado de histéricos, de botelloneros, de estruendo y propaganda, y supliendo la deficiente alimentación con pollos de granja y comida enlatada. Se ha perdido la buena conversación, así como la buena gastronomía. Incluso las personas distinguidas, debido al bárbaro especialismo, tienen fallas culturales de órdago. Los espectadores del siglo XXI son incapaces de comprender la sonrisa de Celimène, y eso que Molière no era especialmente complicado.

***

¿De qué tratan los conversaciones o lenguajes? Hay un L0 que versa sobre confidencias o intimidades. Hoy se convirtieron (las de los llamados “famosos”) en escabrosos temas del espectáculo público. Hay un L1 que trata las nimiedades y bagatelas (tal cuestión deportiva, sobre tal programa de televisión o tal dicho de esperpéntico “influencer”, sobre los giros de trama de tal serie o culebrón ETC…) Hay también un L2 que es la cortina de humo, el desvío de atención a los verdaderos problemas y al verdadero lenguaje humano (y aquí se incluye el cambio climático o el trasteo político o el ecologismo o las crisis económica o el animalismo o el feminismo o el post-humanismo o el terrorismo o la súbita robotización y automatización ETC…) Estos tópicos se hablan y analizan todos con técnicas y modos de magazine, como papilla bien digerible para los niños. Pero existe un L3 que está velado en la contemporaneidad. Se divide en dos: el de los (i) CONOCIMIENTOS CIENTÍFICOS Y HUMANÍSTICOS, (ii) Y EL DEL PENSAMIENTO ANALÍTICO O CRÍTICO PARA ELUCIDAR LA BUENA VIDA. Ambos campos de L3 se comunican e iluminan mutuamente. Y como que L3 desapareció del escenario social hoy tenemos teorías y prácticas degradadas que pretenden sustituirlo: el coaching, el yoga, la meditación, el mindfullness, en fin, meros sucedáneos sin sustancia ni esencia, meros tapacubos.

Negamos y velamos la Cultura superior y nos volvemos patriotas del tam-tam. Un Occidente tedioso e insulso, de solo júbilo para las serpientes, mísero y ahumado, como un perro rabioso, bulevar incubatorio de espasmos de una BARBARIE punzante, fulgurante. Nos esperan días muy sombríos, allá adonde vamos.

Libro dos desabafos 52

RUMOR DE ROSA

Llueve porfiadamente. En la mesilla, a la

izquierda del flexo, cigarrillos, el vodka

con naranja, lápices, y magníficas ediciones

de las cartas de Wittgenstein a Engelmann,

el “Séneca” de Pierre Grimal, y las “Cartas a su hijo

de Lord Cherterfield. Reino de Oriente de Oro.

Soledad de gato en un valle lleno de príncipes.

Entre las infinitas páginas del Universo,

de mí solo quedará como un menudo rumor

de rosa. Es suficiente. Pues mi mente fue sui iuris

y a veces hice también compañía a los astros. Y,

pese al espejo fugitivo que reflejó la innoble

pesadumbre del rodar de los días, todo (de veras)

valió la pena. La claridad se oscurece. Sereno, espero

a la muerte. Atisbé momentos de gracia. Lo dicho:

rumor de rosa en el silencio último del mar.

Libro dos desabafos 51

Poema del poeta griego clásico Íbico sobre el delicado brote de la estación de las frutas, que diría Alceo.

ἦρι μὲν αἵ τε Κυδώνιαι

μηλίδες ἀδρόμεναι ῥοᾶν

ἐκ ποταμῶν, ἵνα Παρθένων

κῆπος ἀκήρατος, αἵ τ’ οἰνανθίδες

αὐξόμεναι σκιεροῖσιν ὑφ’ ἕρνεσιν

οἰναρέοις θαλέθοισιν·

En primavera los membrillos,

regados por las aguas corrientes

de los arroyos, allí en el jardín

intacto de las vírgenes florecen,

y rebrotan y crecen los racimos

bajo los tallos umbrosos de los pámpanos.

Y permítaseme un poema de la Antología Palatina, de Filipo de Tesalónica (¿II a. C.?), poema cuya enumeración acumulativa aporta una delicada adjetivación y que encantaría a Borges:

Una granada de amarilla piel, higos de piel arrugada,

una verde ramita de rosado racimo,

una manzana de dulce aroma, recubierta de suave pelusa,

una nuez que brilla fuera de su verde cáscara,

un pepino fresco, que descansa en tierra entre sus hojas,

una aceituna de corteza amarilla ya ennegrecida,

a ti, amigo de los viajeros, Príapo, te [los] ofrenda el jardinero Lamón,

rogándote que florezcan sus árboles frutales y sus [propios] miembros.

Nota bene: Cuando había hambruna, las frutas habitualmente empleadas para forraje tomaban otro rumbo más pragmático. En un pasaje de su obra, Galeno se refiere a los campesinos de Asia y explica:

La gente de campo come habitualmente el fruto del cerezo silvestre, las moras, las bellotas y el fruto del madroño, y un tanto menos los de otros árboles y arbustos. Pero cuando el hambre ataca a nuestra tierra, y hay bastantes bellotas y nísperos, ellos los almacenan en pozos y los consumen en vez de los alimentos de los cereales a lo largo del invierno y comienzos de la primavera. Las bellotas eran previamente comida para los porcinos, pero luego cuando los cerdos no podían ser mantenidos en invierno en la forma usual, primero los mataban y los usaban como alimento, después abrían sus pozos de almacenamiento y comenzaban a comer las bellotas, preparándolas como comida en una variedad de formas de un lugar a otro”.

Y no olvidemos a S. Butler: «Autumn is the mellower season, and what we lose in flowers we more than gain in fruits.”

Libro dos desabafos 50

¿Se imaginan a George Steiner o Harold Bloom participando en un entretenimiento tan irracional como un reality show? Su autoridad mesiánica está a contrapelo de esta época de maoísmo digital, de democracia basura y de burros beocios.

La poesía en las redes es indiscernible del contenido de un talk show o de una entrevista «profunda» de un magazine cotilla de tarde. La crítica literaria en blogs se tornó populista, hooligan, un cesarismo de pulgar arriba o abajo con fraseología de retrete alcornoque. Hoy día, gracias a Internet, todos nos hemos convertido en potenciales Times Literary Supplement y New York Review of Books. Platón -cito de memoria- escribió que todo lo grande se mantiene firme en la tempestad. Creo -sé- que ahora no.

Se empeñan en hacer creer a esos artífices de las redes que no son borregos. Lo importante es que piensen que son singulares, distintos, únicos, pero lo secundario y no investigado es si REALMENTE son singulares, distintos y únicos. Todos se sienten tan diferentes de todos (una añagaza de las empresas de publicidad y las grandes plataformas digitales) que se da la paradoja que nadie se detiene a pensar EN QUÉ es distinto. Frente a la sustancia de lo igual interiorizan la apariencia de la diferencia. Pero sus deseos, acciones e ilusiones son fabricadas en serie y se demuestran tipos humanos imbecillis (que significa “débil”, “enfermo”, “pusilánime”) Temo expresar mi corolario: esos príncipes de la identidad particular actúan y llenan un mundo con lo que ellos sí son de veras: tontucios, babiecas, zambombos, ciruelos, maxmordones, marmolillos, zamacucos, zampatortas, bozales, tolondros, bausanes, zolochos, bonotes, o, sin tanto cultismo, tontos de remate.

***

Aunque psicológicamente soy frágil, he asumido y elaborado mi identidad. Algo que se aleja de la chuchería.

Wittgenstein instaba a la invulnerabilidad de ver el mundo como un milagro, de no seguir el ejemplo de los otros, sino la naturaleza. No logré esa vida buena (seré autocrítico)

Aristóteles escribió sobre la felicidad: «¿Cómo puede el ser humano ser feliz si no puede resguardarse de la miseria de este mundo? Por la vida del conocimiento, precisamente… La vida del conocimiento es la vida que es feliz a pesar de la miseria del mundo» No logré esa vida feliz (seré autocrítico)

Maquiavelo declaró: “No son los títulos los que honran a los hombres, sino los hombres que honran los títulos”. No alcancé esa vida honorable (soy autocrítico)

Tarde tranquila. Las personas que veo y trato, no es que sean ordinarias, ¡ES QUE SON TREMENDAMENTE LIMITADAS! De cortos alcances. Constantemente he de defenderme de sus limitaciones. Me resulta casi imposible hallar en ellas un rastro de humanidad inteligente. En el bar, borrachos, tipos vulgares y tontos. Hombres consumidos, llenos de escoria y suciedad. No tengo NADA realmente que ver con ellos (soy realista)

***

Hay situaciones a las que no se les ve la salida. Naphta murió escupiendo su baba venenosa: “No esperéis que de todo esto salga la libertad; lo que la humanidad necesita, y lo que tendrá, es el Terror”. La ascensión de las masas lerdas e iletradas es el Terror.

Libro dos desabafos 49

Ni un interlocutor. Qué sombría y funesta mi soledad intelectual. Nadie con quien compartir un pensamiento mortal inteligente o una referencia de la alta cultura. Todos como envainados en el idiotismo más lacerante. Tiempos de lobreguez y melancolía. No habrá pues mejor pórtico que empezar estas notas con mi amigo y maestro Homero: «Entonces», dijo, «si quieres terminar tu viaje y regresar rápidamente a casa, debes ofrecer sacrificios a Júpiter y al resto de los dioses antes de embarcarte; porque está decretado que no volverás con tus amigos, y a tu propia casa, hasta que hayas regresado a la corriente de Egipto alimentada por el cielo y hayas ofrecido santas hecatombes a los dioses inmortales que reinan en el cielo.”, Homero, Odisea.

***

Se promueven efectos sentimentales pobretones y roñosos y dirigidos al consumo masivo. La cultura se convirtió en la compra-venta de souvenirs baratos. La estatua griega reducida al tamaño de una chuchería, o un auténtico Rembrandt colgado en el ascensor de la casa de un millonario, muestran dos extremos: el del arte auténtico reducido a significar riqueza y el patente no arte vestido de prestigio estético. Todo tan grandemente falso como el “plash, plof, pum” de un elefante al caer en un charco de barro y tan redondo y siliconado como los pechos de una belleza bañándose en las postales turísticas alemanas. LA BELLEZA NO PUEDE ESTAR DISTRIBUIDA SOCIALMENTE, aunque la idea sea hoy impopular, como los muebles de Ikea. PERO LA FEALDAD NO PUEDE OCUPAR TANTO ESPACIO EN EL UNIVERSO, como en esta época, pues el coeficiente de alegría y gozo roza entonces lo infinitesimal.

Alexis Tocqueville es el primer historiador que analiza los efectos de la democracia moderna sobre las artes y el espíritu. En las democracias, según Tocqueville, la gente no cree que los placeres de la mente constituyan el encanto principal de sus vidas, pero se consideran recreos necesarios y transitorios entre las serias labores cotidianas. Escribió también: “temo mucho menos a la audacia que a la mediocridad de los deseos. Lejos de creer, pues, que deba recomendarse humildad a nuestros contemporáneos, quisiera que se engrandeciese la idea que se hacen de sí mismos y de su especie: lo que más necesitan, a mi juicio, es orgullo”. Se le helaría la sangre si viera la fisionomía anónima, rebajada y común, si viera la oclocracia de inmundicia y cochambre en que chapoteamos.

Umberto Eco define mal gusto, en arte, como “prefabricación e imposición del efecto”. Se observa mucho en los pastiches tan a la moda. Un ejemplo de prosa kitsch:

Susurra a lo lejos el mar y en el silencio encantado el viento mueve suavemente las rígidas hojas. Una túnica opaca de seda, recamada de blanco marfil y oro, se agita sobre su cuerpo y permite dejar al descubierto su suave cuello sinuoso, sobre el que reposan unas trenzas color fuego. No había aún penetrado la luz en la solitaria estancia de Brunilda, las palmeras se alzaban como sombras oscuras y fantasmales sobre los delicados jarrones de porcelana china: en el centro blanqueaban los cuerpos marmóreos de las estatuas antiguas, como fantasmas, y sobre las paredes se entreveían apenas los cuadros, en sus anchos marcos de oro de apagados reflejos. Brunilda estaba sentada ante el piano y recorría con sus ágiles manos el teclado, sumergida en un dulce ensueño. Surgía del instrumento un mortecino largo, como surge el velo de humo de las cenizas incandescentes y revolotea en extraños giros, alejándose de la llama. Lentamente, la melodía ascendía, estallaba en potentes acordes, volvía a sí misma con voces infantiles, suplicantes, encantadas, increíblemente suaves, con coros de ángeles, y susurraba sobre bosques nocturnos y quebradas solitarias, amplia, apasionada, bajo las estrellas, en torno a cementerios campestres abandonados. Se abren prados claros, las primaveras juegan con figuras legendarias, y ante los otoños está sentada una anciana, una mujer perversa, en torno a la cual van cayendo las hojas. Llegará el invierno, grandes ángeles deslumbrantes, que no hollarán la nieve, altos como el cielo, se inclinarán sobre los pastores, y cantarán con ellos la gloria del fabuloso niño de Belén”.

Así escriben los avulgarados, los mercachifles escritores de retrete y figuritas de Lladró, su bastarda irrelevancia de colegio de monjas.

El kitsch es la expresión típica de los middle-brows, provistos de dinero, de una casa, de un apartamento, y de seguridad suficiente respecto al futuro, y, sin embargo, desprovistos de educación y del gusto necesario para proveerse del alto gusto estético e intelectual. Les gusta la ropa de Bimba y Lola y las novelas de Espido Freire, pero carecen de instrumentos cognoscitivos para desentrañar a Spinoza, Carnap, Wittgenstein, Dante u Homero. Se procuran entonces con el dinero, el subrogado de lo estético y de la mente, y con esto decoran sus casas, sus vidas y sus sueños.

El romanticismo ordinario de Hollywood sustituye a Princeton o a la British Libray, Love Story a Renoir. Me aterra que ciertos círculos intelectuales, cansados de la vanguardia, se atengan a un cierto fenómeno: la lenta desaparición del kitsch a cambio del llamado cult. Así Casablanca o The Crown son vistas como obras maestras, y Matrix y las sillas de Breuer entran en los museos. El capitán Renault con su quepis y todos los demás cantando la Marsellesa ya se supone equivalen a Bruckner y Velázquez.

Escucho los grilletes forjados por el pensamiento novísimo. Las plagas por las calles de carrozas fúnebres. Observo en cada cara que evalúa y juzga y discrimina, signos de debilidad, señales de congoja, pasmos de ininteligibilidad. Hasta el empalago y el derramamiento de alguna lágrima veo a los filósofos llorando ante los culebrones, hasta la consunción y el éxtasis veo a los escritores y poetas no separar sus ojos de las revistas de cotilleos y el telefonino.

Libro dos desabafos 47

Nunca tuve amigos. De joven y adolescente sí me producía eso envidia y dolor, y hubiera vendido mi alma al diablo por juntarme a la cuchipanda apandillada, por horas primitivas en billares, discotecas, francachelas etílicas, por la alegría de la banda, la cuatiza, the gang, l´équipe, la chorcha, la patocha. Pero mis compañeros me despreciaban por mi carácter estudioso e inteligente, culto e ilustrado, también por mis innumerables rarezas, y mi íntimo desasosiego no lo vendí por limosnas de camaradería.

Infinito debe ser el panóptico de la amistad, infinito su cielo, infinito el recuerdo de las noches y días felices pasados en compañía. Lo desconozco.

Como un árbol duro y orgulloso he resistido al fondo del valle, aislado y solitario, al viento, a la lluvia, a la escarcha, al granizo. No salí de mi conturbado monasterio ni de mi celda monacal. Me refugié en la lectura y el arte, algo en la escritura.

Amistad, ¿lluvia de flores en el melocotonero? Dudo que ningún hombre sobre la tierra hubiera resistido mis maratonianas y patológicas dosis de soledad.

Libro dos desabafos 46

Le escribió Lord Chesterfield a su hijo: “Has de saber, sin embargo, que la compañía de gente baja y sus vulgarísimos vicios, sus indecentes desenfrenos y su libertinaje son cosas que no estaré nunca dispuesto a tolerar, ni tampoco a perdonar”.

La locura es una fuente de muy vulgares vicios, desenfrenos y bajo libertinaje caótico o corrompido. Ayer oí voces infectas, un coro de más de cien, que me instaban al suicido en medio de chirriantes y gravosas denigraciones: “MÁTATE, MÁTATE, HIJO DE PUTAAAA”. A eso añádase la visión alucinatoria de serpientes reptando por el piso de mi habitación, junto a lagartos mutantes como con cabeza de sapo. La experiencia fue aterradora.

Me complacería gastar fútilmente mi tiempo entre ruelles y toilettes (alcobas y tocadores), pero un Dios de gusanos al acecho destruyó mis perlas y diamantes, mi razón. Ardorosos ríos envían sangre a mi cerebro. Lo acepto (soporto) con paciencias estoicas.

Pero, pese al dolor, vale la pena vivir. Lo escribiré en catalán, mi primera lengua literaria y que domino plenamente.

Som a ple hivern, però la llum té un bri d´alegria primaverenca. El sègol comença a verdejar. Si un mira de prop les branques nues dels castanyers s´adona dels petits borrons rojos. En català “estritllar-se” té el sentit també d´asserenar-se. Després de veure serps verdoses i gripaus fastigosos el meu cel ja s´estritlla. Després de les glaçades un vent de dolçor. La meva vida s´ha amoriscat força. Puc llegir les cartes de lord Chesterfield al seu fill, i creure color de lilà el meu cervell. La boira vela les fagedes i el cementeri del meu poblet gallec.

La profusa compañía vegetal fresca y suavísima. El oasis tranquilo tras el brote de locura. Tengo dos novelas escritas en catalán que mi padre no permitió que publicara debido a que eran un roman à clef familiar. Amo la lengua y cultura catalana. Ahora el fango de rosa podrido confunde a Cataluña. Una mezcla de resentimiento, irracionalidad, sentimentalismo naif, y, sobre todo, el cuento de una especie de lugar edénico en el pasado (históricamente falso y mitológico), de paraíso terrenal donde paseaban los catalanets con sus cabritillas, un paraíso que dicen que ha sido sojuzgado y que merece sacrificio y redención para ser restituido, ofusca la mesura catalana, su medida y rigor e inteligencia. Hay mucho de ignorancia, radicalidad, corrupción moral y no poca estetización totalitaria. ´

Galicia ayer votó y, por fortuna, la hidra nacionalista no tomará el poder (podré estar aquí una temporada más sin necesidad de exiliarme a Francia o Madrid) “Sentidiño, meus Deus”.

Libro dos desabafos 45

TOMANDO EL NOMBRE DE ESA FUERZA QUE NOS IMPULSA

Hacía un frío nada común

y el soplo del viento del oeste todo lo abrasaba.

La mesa, vacía de café. Pastos sin ganado.

El triste blues que a lo lejos se oye…

Retazos de sucios bikinis plateados flotando

en la piscina. Ojos sonados de boxeador

impulsaban a los mastines del odio.

Una gacela moribunda entrevista al alba

igual a la toma de somníferos de la adolescente

sin perfumarse de colonia (mudo el Smartphone)

***

Pero el roce del Amor en los labios será

tan dulce como se pueda soportar;

tal vez excesivo (hadas en el cine),

pero acero cantarín, verano en la ventana.

Pero el roce del Amor en los labios será

tan dulce como se pueda soportar.

***

Y la cama devendrá nave rococó,

y una galaxia roja el tiempo juntos,

y reflectores de zinc encendido nuestros ojos.

El apetito que, sin control de lo racional,

domina nuestro ánimo, y nos dispara a lo alto,

o nos ciega de belleza y deseo, y encontramos

al todo, tomando el nombre de esa fuerza

que lo impulsa, no podemos (maquillaje

de oro y confeti), no llamarle sino Amor.

Libro dos desabafos 44

(Donde el escritor expresa su desfase con estos tiempos rucios que superan el umbral de su resistencia)

Días descerebrados, inertes, impuros, tiempos de rictus bufonescos en la boca, almas de purgatorio, días mesocráticos, bulímicos, sin armonía de ideas. Mi cabeza está llena de citas de Aristóteles y Plutarco que aprendí en la universidad, y los baronets y tenderos extasiándose ahora con la crónica rosa.

La solidez y el valor de la vida cotidiana dependen de que se lea cada día, y aún más, de lo que se lea. Asedia una torturante incultura a los españoles. Holgazanean fachendosos y perturbados por las redes en un vivir lisérgico ajeno a la cultura. Desprecian lo excepcional: lo ordinario y bajo define su credo.

Días atestados de pollinos. Días de apogeo de bobos. Días de macarrónicos iletrados. Días tristes, de piedras frías de invierno, ridículos, con una bola de salmuera ácida en la boca. Días con un anzuelo prendido en la esquina de los labios. Días gordos de ignorancia, talados, caducos, reducidos a escombros. Pululan millones de tipos gozquecillos que parecen locos de rabia y soltando ladridos al azar.

Borges: “Cuando yo era chico, ignorar el francés era ser casi analfabeto. Con el decurso de los años pasamos del francés al inglés y del inglés a la ignorancia, sin excluir la del propio castellano”.