Líneas encontradas en un libro de viejo francés escritas al margen por un lector que, a juzgar por la letra, parecen de joven

El hombre sosegado saborea

apacible joie de vivre,

al hombre ajetreado le acompañan

esclavitud, deseos y tropiezos.

El movimiento es deletéreo;

descree de caminos y horas veloces.

Imita la euritmia del hombre

que, tumbado en la cama,

medita o se suma a la Noche.

Escuchad: que nadie diga de mí

que alguna desistí o flaqueé

y evité no defender esta soledad.

Diario de una soledad 4

Ganduleo. Días de ánimo bajo. Visto mi traje de franela gris con las perneras abolsadas sobre los zapatos. Pese a mi pobre aliño indumentario mi mente está en el hotel Montreux Palace, a orillas del lago de Ginebra, hotel muy popular entre la aristocracia rusa del siglo XIX. En mi chambre de débarras, una especie de trastero informal, se apilan los libros leídos pero que me gustaron poco. He escrito varios poemas tras dos meses de sequía.

***

No recuerdo dónde lo he leído: analfabetos ha habido siempre, pero nunca tantos salidos de la Universidad. Si me leen universitarios, y, por favor, estudiad con libros y no con los infumables apuntes, recordad:

«Dedicar absolutamente toda la vida, en la época universitaria, al único fin de concentrarse y profundizar en el saber. Para ello hay que alejarse de cualquier otra forma de vida; y lograr un pleno aislamiento […] Lejos, pues, el estudiante de los ramplones intereses de una sociedad masificada y de los burdos y chatos anhelos de una burguesía que solo piensa en sus mediocres goces» Fichte. Y grabad en vuestra memoria esta admonición de Benjamin: «Al orientar desde un principio a los estudiantes hacia los fines profesionales, se deja, necesariamente, el poder inmediato de la creación […] La misteriosa tiranía de la idea de profesión es la más profunda de estas falsificaciones. Lo que tiene de más terrible es que todas ellas llegan al centro de la vida creadora, aniquilándola […] Desde que la vida de los estudiantes está sometida a la idea de utilidad y de profesión, semejante idea excluye la ciencia, porque no se trata de consagrarse a un saber que aleja del camino de la seguridad burguesa»

«Es lástima que por las presiones utilitarias «el hombre, con instrumentos tan nobles como el arte y la ciencia, no tenga, en su manejo, otros horizontes que convertirse en jornalero de la miseria»»dijo Schiller. Lo que apunta a Madison: «»Yo debo estudiar la política y la guerra para que mis hijos puedan tener libertad para estudiar matemáticas y filosofía. Mis hijos deberían estudiar matemáticas, geografía, historia natural, arquitectura naval, navegación, comercio y agricultura, para dar a sus hijos el derecho a estudiar pintura, poesía, música, arquitectura, estatuaria, tapicería y porcelana».

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Palabras que nunca deberíamos olvidar: Son del maestro Hayek:

“Llamar LEY a cualquier cosa que decidan los representantes elegidos de la mayoría, y definir como “gobierno bajo la Ley” todas las directrices de ellos emanadas – aun cuando sean discriminatorias a favor o en contra de algunos grupos de individuos – no pasa de ser una broma. Se trata en realidad de un GOBIERNO ARBITRARIO. Es un mero juego de palabras sostener que, con tal de que una mayoría apruebe los actos del gobierno, queda a salvo el Imperio de la Ley. Éste se consideró como una salvaguardia de la libertad individual, porque significaba que la coerción sólo se puede permitir para imponer la obediencia a normas generales de conducta individual igualmente aplicables a todos, en un número indeterminado de casos futuros. La OPRESIÓN ARBITRARIA – es decir, la coerción no definida mediante alguna norma por los representantes de la mayoría – NO ES MEJOR QUE LA ACCIÓN ARBITRARIA DE CUALQUIER OTRO GOBERNANTE. Aunque haya buenas razones para preferir un gobierno democrático limitado a un gobierno no democrático, debo confesar que PREFIERO UN GOBIERNO NO DEMOCRÁTICO SOMETIDO A LA LEY A UN GOBIERNO DEMOCRÁTICO SIN LIMITACIONES (y por tanto esencialmente ARBITRARIO)”.

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Tengo la navaja de la muerte cada vez más cerca del cuello. No sería éste mal epitafio:

«Justo en este lugar yace Christian Sanz, que muere conforme a su modesto destino. No se preocupó de agradar a la masa. A la masa le gustaban cosas que él desconocía, y lo que a él le gustaba sobrepasaba su entendimiento. Sus virtudes, si alguna tuvo, son demasiado pequeñas para honrarle o para serviros de ejemplo. Que sus vicios sean enterrados con él.»

A M., hereje y apóstata

Vive en una buhardilla atestada de libros,

olor a caoba, y repleta de gatos.

En su juventud amaba los viajes,

con dandis conversó en el Orient Express,

defendió la misa tridentina,

y contempló los últimos fulgores de Bernini.

Lo que de veras fue suyo fue

el rococó, los cafés y el Ancien Régime.

Honor y gloria para estas palabras:

La serpiente dijo: vuestros ojos serán abiertos;

ya nunca más quiso volver a dormirse

A los pocos que logran mi altura

Mi otoño: el campesino sin aflicciones

encendiendo el fuego y ninguna tormenta

cerniéndose sobre el bosque, entrar en la calma,

lejos del mundo y sus peleas.

Los hombres son gusanos de casco rojo con uñas sucias.

Epicuro: “No me preocupo de agradar a la masa.

A la masa le gusta cosas que yo desconozco,

y lo que a mí me gusta sobrepasa su entendimiento”.

En pie sobre una barca, solitario, sin compañía

de insolentes bestezuelas. Para mí la Belleza

o mi Mente cuajada de sí misma.

Gobiernos y votantes calzonazos, babuchas mohosas,

España tatuada y atrozmente mediocre. Mío:

hojas de morera con gusanos de seda, monasterios

con hechizo y caracoles, ser en un punto quieto,

la duermevela en el campo de conchas,

la nieve que pisa el País de los Gatos. Para mí

la casa en calma, apacible, suspensa, mi mundo en orden.

Lucrecio no calla: barrizal espeso de diamantes,

silenos para las coníferas dentro de la Luna,

iglú de soledad y bendición del silencio.

La casa en orden, mis libros, mi mundo en calma.

Mi otoño: irme lejos, apartar de mí la mediocridad

brutal, el olor a bistec requemado y acelgas.

¿Qué leyes rigen “felicidad” y “desdicha”?

¿Quién dirime “éxito” o “fracaso”?

Cuando en el edificio gritan como bestias,

cuando el Parlamento farfulla su vacío,

yo releo a Horacio, Euler y Wang Wei, y vuelvo la vista

a mis colinas de los cañones del Sil.

Canciones de trilladores flotan en mi memoria.

Cantos de pescadores se oyen a lo largo del valle.

Mi lema fue: “Láthe biósas”, “Pasa inadvertido por la vida”,

“Vive sin hacerte notar”, “Vive oculto”. Mi destino

fue medirme con los genios y despreciar al vulgo espeso.

Ahora mi voz cruza las avenidas de savia del Universo.

Puede ser una imagen de lago, montaña y naturaleza

A Emil Man Martínez

Tenemos Genio e Inteligencia.

Somos Príncipes de la Mente.

Los pocos que saben, saben que somos

dos de los escritores más notables de estos días.

Trivial el nulo renombre entre la tromba logorreica

y el mero chirrido vacío de los Mediocres.

Somos Príncipes.

Nosotros sabemos que lo somos.

Algún día, junto a los poemas de los grandes muertos,

alguien leerá deslumbrado nuestros poemas.

Esmeraldas y delfines corren por nuestros dedos,

Mar de Sargazos preñados de mandrágora

donde nuestra Luna arriba se hace exacta.

Nuestra es Troya y el calipso, o selvas de Tebas

y asfódelos sin reguero de hormigas.

Somos Príncipes. Nuestros Poemas:

muebles eduardianos comprados a medida

en anticuarios de Florencia y New York,

grandes ventanales de cristal por donde pasean

jóvenes hermosas y desnudas con labios de mermelada,

biblioteca de centellas repleta de los más nobles nombres,

piscina con vistas a la bahía, mayordomos,

domésticas, vírgenes, cuadros italianos, cocheras, Gloria.

Variaciones a un poema de Kalidassa

Como una muchacha que sale

de las aguas a la orilla, con el bikini rojo y

húmedo marcando sus pezones,

mi alma es estrella de mar bajo la Luna.

Alma que exacta dijo Pessoa: “Para ser grande,

sê inteiro: nada / teu exagera ou excloi. /

Sê todo em cada coisa. Poe quanto és /

no mínimo que fazes.” Para ti, hipócrita lector,

bisbiseo de ardilla en el patio,

que sabes poco del ceceo de mi mente,

y sacudes la cabeza, entrecierras

los ojos entre el desorden de mis páginas,

y salta clara y limpia tu alma indiscernible de la mía,

para ti escribo la Idea de este poema.

Las dos vías

¿Por qué esta vana e inútil palabrería?

Solo dos mundos valen nuestra devoción:

la biblioteca del sabio repleta de editio princeps,

sosegada frente a la locura de todo,

inflamada por largas y silenciosas noches de lectura,

o el desierto del estilita.

Diario de una soledad 3

Nací en la burguesía hacendada culta, con muebles de estilo eduardiano y salas espaciosas de techos altos; éramos señores de Barcelona, en una época en que el dinero lo tenía quien debía tenerlo.

Libros en cuatro idiomas encuadernados en pieles negras, chimenea de madera maciza tallada, cerámicas azules y blancas, flores rosas, restaurantes de categoría no discutible, mesa de juegos, sofás decorados con chales, suelo encerado y conversaciones muy inteligentes a la hora de comer. Vivir ahí era como vivir dentro de la opulencia del Arte.

Mi madre se muere. Se acabó aquella dulzura intemporal de la existencia. ¿El ahora? Periodistas sub-dotados sacando hilo (o embrollando) subnormalidades deportivas, rosas o de mero magazine. Libros recargados de ignorancia de la gramática y con aventuritas de capa y espada. Horrorosa y analfabeta España tatuada.

Nuestro carácter gratuito nacía del optimismo. Ahora priman pasiones mezquinas y vulgares, brutalmente desatadas. España intestinal.

No contenerse representa una inobservancia de los debidos modales. Pero constatemos: mi madre ha sido deleite, excelencia y distinción para mi mente; vosotros, vil basura.

Diario de una soledad 2

En el mundo, hay Academias de todo jaez. Sabemos que Tasso, en Padua, ingresó en la Academia de los Etéreos (donde estaría hoy el vaporoso Sánchez y la insustancial Irene Montero) Y que en la corte napolitana del Conde de Lemos, estaba la Accademia degli oziosi, de la que se lamentaba no pertenecer Cervantes.

Y en Valencia, lo explica Ludwig Pfandl, en el s. XVII había una que se llamaba Academia de los Nocturnos, en la que todos sus miembros tenían un sobrenombre «nocturno»; Silencio, Miedo, Sombra, Tinieblas…

Aunque la mejor es la desternillante Gran Academia de Lagado, del Viaje a Laputa, en los Viajes de Gulliver. Nuestra Academia discute sobre «solo» y «sólo». A las mientes traigo a Séneca: «Nunc quae dementia est superuacua discere in tanta temporis egestate?»

Entre el 8M y estos Académicos gagá, recordemos a Petrarca:

«A ti quizá, si, como mi alma espera y pide, has de sobrevivirme largamente, te aguardan mejores siglos: no ha de durar para siempre este sopor letal…»

Inminente

“Sobre el inmenso abismo nadan, raros, los náufragos” Virgilio

No hay bosques de brujas o sombríos cepos

ni grutas oscuras en la hermosísima patria

de tus ojos. Unos pocos días (o bien horas)

y se apagarán para siempre. Todavía juego

lo que resta de las tardes contigo. Tú eres un mar

negando el abismo, y yo un náufrago siempre

bañado por tus estrellas. Aurora blanca entre

las negras regiones del éter, tú mamá,

dorado centro, mi amada, esculpes

las coronas de la Luna. Me educó tu armonía.

Te vas durmiendo lentamente. Protégeme mamá.