Ahora educan las discotecas, Facebook, la pandilla, Instagram,
el haxix, la televisión, los videojuegos, te lo juro papá.
Nadie ayuda con su propio bolsillo a los necesitados,
los gustos no se avienen con las opiniones,
la ropa y los labios de la gente recuerdan sus malas horas,
la risa no es un astro de la galaxia,
no se soporta el castigo ni el útil consuelo,
los secretos y las virtudes no se guardan bajo llave,
Nochevieja es una vomitona universal.
El ardor no se acomoda con la razón,
se apaga la estrella de Dios en un vacío de juglerías,
los cangrejos de las tabernas de Sitges ahora saben insípidos,
pero mamá se viste como una señora del siglo XIX si vamos a cenar…
Este mundo no sería tu tipo; ni es el mío, la duda ofende.
Los pensamientos se expresan fuera de las elegantes palabras,
el decoro es un mineral insólito,
el cielo es un juicio falaz de gasolina de avión feo,
la plebeyez de turistas un insoportable tsunami,
la neblina de Zara un turbión de gas que no deja respirar.
Os agradezco la tradición, el «stylo» que me legasteis. Las clases
de pintura y música privadas, la fe que en mí vive.
Cuido mucho de mamá. Y mucho te echo de menos.
Cuido de mamá y cuido también el desdén robusto, solidísimo, que siento por esta realidad abyecta.
Este mundo es un vil y mediocre sucedáneo del tuyo.
Ahora educan porros, discotecas, facebooks…
Autor: christiansanz71
Papá
Papá, diste un porrón de dinero
a tus amigos empresarios por la crisis.
Nosotros aún no hemos visto un duro,
pero sí, es mezquino e innoble el dinero,
y, en el fondo, solo dueño de sí mismo.
El Barça aburre ganando Ligas, pero ni una sola
Champions, que se quedaron en Chamartín.
Mamá se hace mayor y te recuerda a menudo.
Ah!! Eres abuelo por segunda vez; la niña
es el más bello sentimiento convertido en realidad.
Vivo en Galicia, rodeado de una cincelada
luz de ámbar, y, mucha, muchísima lluvia.
Escribo, leo, oigo música, paseo con la perrilla.
Papá, este mundo se ha vuelto gilipollas;
todos desean imponer su voluntad,
los conventos vacíos y cutres turistas atestándolo todo,
hay un gusto mediocre y por lo bizarro,
una sexualización general como un sucedáneo de bisutería,
como un gastado sucedáneo de la experiencia,
catástrofes, violencia, brutal telebasura,
la publicidad por encima del logro,
la revelación por encima del comedimiento,
la sinceridad por encima de la educación,
el victimismo en lugar de la responsabilidad personal,
la confrontación en lugar de la cortesía,
la psicología burda por encima de la recta moralidad,
la ciencia y las máquinas en lugar del cristianismo,
bah!, a qué seguir. Este mundo es una parodia del tuyo.
Concluyo el reporte. Te echo de menos.
Messi está viejo pero parece que tiene cuerda larga…
Mamá
Mamá, te ha cambiado algo el carácter,
demasiados achaques y demasiados disgustos.
Papá nos dio mala vida, y, al final, solo tú y yo lo cuidamos
(un hombre con su carácter y su violencia en el 99% de los casos
acaba solo como un perro y ni en una residencia lo hubieran querido)
Tu prometiste que si tenía una buena muerte-en el fondo lo quisiste mucho-
no irías a la peluquería en cinco años. La semana pasada
fuiste y celebramos el difícil amor de papá -su madre era una bestia-
en el restaurante San Miguel, entre lágrimas y risas, con unas deliciosas ostras
y arroz con bogavante.
Mamá, te haces viejita, te vas haciendo viejita.
Un poco más egoísta, sí, pero igual de buena.
Y nada más dulce, sutil y enigmático que la bondad.
Y hermosa. Fuiste una de las mujeres más hermosas de Barcelona -trabajaste de maniquí para pagarte la Universidad-
y para mí, pese a tu pelo cano y a tus arrugas, sigues siendo hermosa.
La mujer más hermosa del planeta Tierra.
La mamá más hermosa del mundo.
Noe y yo te queremos con locura, Eva también, aunque está casada con un imbécil y enfermo espiritual.
A veces creo que Dios existe porque tú existes.
A veces me apena la súbita pudrición de mi alma pensando
que tú eres espectadora de ella.
Te he dado disgustos. Mi mala cabeza, mi impulsividad, mis depresiones.
A menudo nos peleamos (a mí me dura
el enfado cinco minutos) pero hace cincuenta años
que todavía no hemos parado de hablar.
Pero si no tuvieras esos problemas graves de movilidad
viajaríamos por Europa -yo te haría de traductor, que para
algo nos diste una educación de colegios y clases privadas-
Mamá, pon el oído a esta confesión pública:
en el fondo sigo siendo aquel niño que arrobado acariciaba tu cara,
en el fondo sigo siendo el niño extraviado en la ciudad populosa,
y tu amor me da cuerda como a un antiguo y hermoseado reloj dorado,
tu amor me alza como si estuviera subido al más alto trapecio,
tu amor es una claridad de sol, jade y nieve,
Mamá, ya sé que es irracional y muy cruel, pero en el
fondo no me gustaría sobrevivirte.
Mamá, que altísimas llamas, nos abrasen a ti a mí en altos cielos.
Que abejas de plata con piel húmeda
merodeen en un jardín donde eternamente tomamos el sol.
Que los criados preparen mi capa mcferlán y tus abrigos de pieles
y nos vayamos a un lugar de vida lleno de porcelanas rosas
y amapolas y lechuzas y mares.
Que vivamos tú y yo en mitad del bosque
o en una apartada villa romana.
Tu amor, querida, es una fábula de fuentes verdadera.
Tu amor, querida mía, es un verano sin escorpiones.
Demasiados disgustos te he dado,
una comezón dolorosa de no haber sido el mejor hijo
de los posibles a veces me ataca,
pero ahora, desde este poema, cojo tus delicadas y bellísimas manos artríticas,
te miro llorando de alegría a los ojos
y escribo la única verdad que sé
te querré siempre, y todavía después.
3
TEODICEA
No reces más; el demonio es optimista si cree que puede hacer mejores a los hombres.
La altanera riqueza de la noche lo expresa perspicuamente:
los hombres solo son decentes en la medida que no tienen poder.
La noche mueve a los mastines del odio.
El día mueve a los gallos del odio.
El odio dilapida sus acordes creativos.
El porvenir solo pertenece a los que saben odiar.
ODI PROFANUM VULGUS
La verdad siempre fue de los pocos, pero ¡cuánta sofistería y fantasmagoría!
Observadlos -grotescos-, ¡son en verdad espantosos!,
sus palabras como un reguero gerundio de miguitas sin hilo de Ariadna,
y oscuros desiertos acunando sus ropas,
y pavorosos ocios tabernarios por incapacidad (nada saben) de libertad.
¡Querubes de Instagram!
¡Alcachofas de twitts en lugar de flores de azafrán y prímulas centelleantes!
Sin ideas para pensar el mundo,
sin ideas para comprender el mundo,
sin ideas para cambiar el mundo.
No hay en ellos oro de tritón de gloria bizantina,
ni de vihuela románica,
creen la realidad -encima- poco real, como un descascarillado.
huevo de Pascua. Qué de petróleo en sus pupilas.
Su romanticismo descriptivo es trampa para ratones.
Nacen, trabajan, se casan, gastan, mueren. Abusan de la tele
y el deporte. Nacen, trabajan, mueren, sin otras plegarias.
Gastan y solo desean gastar más.
Cual fanáticos bichos calumnian e insultan en las redes.
Leen -si leen- libros para Sanchos.
No se cansan por pensar, pues poco piensan.
Razonan a golpes de ceguera.
Ellos son esa gran grey que recorre tapando el silencio de la luna,
son los fieles al bochorno cotidiano,
los grotescos libadores de cerveza barata,
los que anhelan, no la Noche, sino la Nada, su grave Señora.
Así que tú Christian, tímido marqués de vacas y verduras,
cultiva las camelias, las dulces camelias, y sueña en tu celda,
reza, mima a mamá, desbroza, ara, lee,
que no lleguen a tus labios sus corazones encebollados
y mira las diez tonalidades de verde en un palmo del jardín
y, en el pazo solitario,
deja a tu cuidado
el pájaro que oyes al alba,
el manto de las mil y una estrellas que te cobijan.
No ser como tus enemigos.
No ser -jamás- como ellos.
Vivir dentro de tu incendio forestal.
El antimoderno
En la más apacible bonanza y la más compacta, frondosa sobriedad, vivo como una reliquia de mí mismo una vida antimoderna entre mi alta y feudal aldea gallega. Bi bene, ibi patria, «donde bien estés, tu patria está». La mano asesina de Internet acabó con mis dulces amores, con los usos y costumbres de mi mamá y de mi papá, acabó con el dinero, los libros, el arte, el periódico de papel, las canicas, los sombreros, el cine, la amistad, el sexo, la educación, las costumbres en general, la moral universal en particular. En mi exilio feudal gallego vivo una forma arcaica de vida que me justifica. Venceréis, mas no convenceréis. Engañad a la vegetación con vuestra nube de gases venenosos. Cambiad la conveniencia sin tensión de esos hogares iguales a nichos, cambiad el tumulto de la mente, cambiadlos por los viajes en coche y avión y la hipoteca. Birlad los bienes del prójimo usando a destajo ese latrocinio llamado «comercio». A Polibio, cuando llegó a Corinto poco después de la derrota griega, le horrorizó ver a soldados romanos utilizar el reverso de valiosas y hermosas pinturas como tableros de juego. Yo me siento lo mismo que Polibio. La corona cívica era un atuendo militar alrededor de la cabeza, un conjunto de hojas de roble que se concedía a aquellos romanos que habían salvado a sus conciudadanos en la batalla. La única corona de ahora son los dineros, el arrastrado -gusano que repta a ras de tierra- el arrastrado parné. Pero una voz interior me dice que se acercan las hordas galas y plebeyas, y que murió lo singular y patricio, el valor, el bien, lo sólido, y la delicadeza del gusto, y la pasión por la libertad. Yo resisto. Solo, pero resisto. En mi cueva arrullado. En mi latebra acolchado. Mascullando mi indefensa verdad: el mundo se equivoca, yo no yerro. Para mí, ultimus romanorum, escuchar al lobo en la honda noche, el gallo al amanecer, para mí la lechuza y la atrabilis. Suetonio refirió varios espectáculos cruentos en la era de Nerón. Suetonio es el hoy del ahora. Anna Ajmátova declaró más que convincentemente que el siglo XX fue «peor que cualquier otro». Leopardi declaró el suyo «feo y estúpido». ¿Hablaremos al final del XXI como Anna del XX o Leopardi del XIX? Se avecinan siglos de incuria, dolor e hiel, siglos de desmigarse el corazón y el hojaldre de la belleza, el orden y la sabiduría. Un mundo cuya única música es la del ascensor; ése está destinado a perecer. Lejos de Sefarad mi refugio es la Europa de Carlomagno o el norte de África de Agustín de Hipona o los Moralia de Plutarco. Mi refugio es esta inconcebible soledad donde secluso escupo mis invectivas. Oh mi aldeíta, mi Nogueira de monarquía plenipotenciaria. El rey Luis XVI intentó no perder la cabeza y el poder. Intentó un consenso mediante unas necesarias reformas. Pero al convocar los Estados Generales abrió una temible espita. El 14 de julio de 1789 vino la horda. La plebe asesina y es ruin, el populacho es bestia, verdulero y tonto, la arboladura zafia y roma de la bobería. Cuando conducían al cadalso a Luis XVI, en la carreta, pidió a un ciudadano que por favor entregara una carta de amor y de despedida a su reina; el vil ciudadano -engreído y tosco- se negó afirmando que él no era súbdito de nadie: ¡Pobre diablo!¡Iluso y cándido! Cuando iban a guillotinar a María Antonieta el verdugo pisó sus lindos botines; la dama de estricta educación prusiana profirió entonces sus últimas palabras «Pardon, messie» Que Grecia y Roma, y la Francia de Luis XVI, como una golondrina, como una golosina, anide en mi casa y mi aldea, y que no anide en ellas la lujuria turista, el FMI e interné. Que Marco Aurelio guíe mis pensamientos, o el generoso Tomás de Aquino, y no los mamarrachos coachs o el organum diabolicum del televisor. Abro mi baúl con flejes de hierro y saco una antigua edición de Platón. También excoraciones en mis ediciones de Gnósticos. Rímel verde de prados orensanos tascan hierbas y pacen senequistas vacas en mis tierras este año no muy lluvioso. El silencio y la soledad pitusa se ajustan a mi carne. En mi galería leo, veo pasar en cofradía tanto la bendición de los dioses como la pudrición súbita y paulatina del mundo. Sueño recurrentemente con una especie de nuevo renacimiento ficiniano. Me cuesta alcanzar, empero, algunas veces, un sueño sereno. Temo, también, algunas veces, mi locura.
Os desprecio, hombres-máquina.
Solo amo la luna.
Solo amo mi soledad de leopardo y yerbas.
Solo pienso en el pasado augusto.
Basura
Grafólogos, quiromantes, practicantes del Reiki, chifladuras de la Era de Acuario, portentosas imbecilidades de ovnis y embajadas galácticas, clarividentes de hojas del té, echadores del Tarot, médiums risibles y perturbadas, astrólogos bujarrones, brujas con su bola de colorines, quemaduras con forma de huevo en un campo por parte de una supuesta nave espacial, infames horóscopos ; todo un sinfín de degradadas y cómicas histerias astrales, de absurdas insensateces evidentes, de morralla borderline, de pillos y estafadoras, de irracionales exorcismos ante el eclipse de Dios y la teología.
Bolas y engrudos de mantequilla adolescente provenientes de Air India.
Absolutos rotos con labios de barro.
Teologías para incapaces de autonomía de razón.
Síntomas de la barbarie de un mundo educativamente catastrófico y decadente.
«Amor sceleratus habendi» Ovidio. Infame pasión de poseer.
Epitafio
Si mi nombre y deseo quieres saber, caminante,
soy Christian, el aldeano,
a quien los poetas enseñaron a vivir,
y los filósofos a morir,
y los santos cordialmente a sufrir.
Recorre el áspero camino y búrlate de mí,
que mucho ceceé en mis versos,
príncipe de vanos silencios.
Procuré hacer el bien y evitar el mal,
no fui nunca feliz,
y mi riqueza fue una pequeña alma
que aquí reposa
junto al hórreo y la alberca
Duermo la noche perpetua
y espero ver tu cauta sonrisa cómplice, caminante,
que esbozarás al leer estas palabras,
y que un día, como un niño, serán rasgo y oficio de tu soledad.
Pensemos ahora mismo esas justas palaras juntos como hermanos.
Fe de vida
Es ingrato negar las felicidades del mundo,
porque mamá se acaba poniendo su pañuelo de siempre,
y el mar también siempre vuelve.
Hay una línea de Montaigne para que la leas solitario en la sombra y ramas de palmas datileras que parecen escofinas.
Hay margaritas gruesas por el suelo.
Hay polillas con su última canción.
Esta mañana sencillamente quieres decir que te gusta la vida, que le das un Sí sabroso, rojo y de caramelo, fresco y de sandía, un Sí grotesco y musical, sátiro y azul.
Es difícil cavar agujeros en mi corazón. Lo tengo fortificado frente a ataques sioux.
Es ingrato negar las dichas del mundo, si amas y te aman, si tu corazón propende a amar a borbotones. Queda una línea de Lucrecio, el sabor del café por la mañana, los zigurat que aguantan los templos del mundo.
Es una irreligiosidad no creer en la fe verdadera del mundo.
Una irreligiosidad no creer en la alegría.
