Diario de un esquizofrénico 43

La canallería incívica, bárbara y vándala son menos que miasmas infectas. Vándalos y suevos cruzan el Rin. Alarico saquea Roma. Los godos completan la conquista de Italia. De la muchedumbre (podredumbre) anfibia y mal nacida surgió demasiado español torticero y turista botijero. El único mérito de esta civilización es que es tan mala y nefasta como la misma civilización.

Palingenio: “Tanta est penuria mentis vbique / in nugas tam prona via est!” (Tal es la penuria de la inteligencia en todas partes / que las tonterías tienen allanado el camino) «El impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres democráticos se deslicen hacia la barbarie» Tocqueville. «Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» como señaló cáustico –y muy certero– Gautier. «Vivimos en un siglo de electricidad, de gas, de guano, de crinolina, de caucho, de fotografía, de drenaje y de sufragio universal; y, sin embargo, somos menos letrados, menos artistas, menos delicados y menos educados que nuestros contemporáneos de Luis XIV, e incluso de Francisco I» Edmond About, Le Progrès, Hachette, 1864, p.356. «Lo único razonable en materia de política es un gobierno de mandarines, siempre que los mandarines sepan algo y, si es posible, mucho. El pueblo es un eterno menor de edad» declaró Flaubert, el intelectual más lúcido y profético del siglo XIX. «No me hable usted de los tiempos modernos, a propósito de lo grandioso. No dan ni para satisfacer la imaginación de un folletinista de la peor calaña» Flaubert. «Vulgus dividi in oppositum contra sapientes, quod vulgo videtur verum, falsum est» Roger Bacon. «La plebe se opone a los hombres sabios; lo que la plebe considera cierto, es mayormente falso». Schopenhauer: “La tontería es la madre y nodriza del género humano”. Como que el ahora, el pasado y el futuro de la tierra son lo más insoportable me adhiero a la actitud de Maquiavelo con exclamación mayúscula: “Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en el umbral me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre y me visto con paños nobles; así, dignamente ataviado, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos donde, a cogido con gentileza, me sirvo de aquellos manjares que son solo míos y para los cuales he nacido. Estando allí, no me avergüenzo de hablar con tales hombres, interrogarles sobre las razones de sus hechos, y esos hombres por su humanidad me responden. Durante cuatro horas no siento fastidio alguno; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la pobreza ni me asusta la muerte…”

Mandriles turistas con absurdos pensamientos semi-articulados ¿Cuándo decapitarán a Boecio? ¿Cuándo acuchillarán a Escoto Eriúgena? ¿Cuándo rodará la cabeza de Luis XVI? No entienden a Propercio o Tibulo y por eso desprecian. Se derrumban villas, palacios, estatuas, edificios públicos. Los bárbaros –esa chusma de griterío y mazas– llenan de yedra y cascotes las aulas, o escupen en la Academia platónica su bilis negra. No entienden tu lenguaje y sus intereses son los «reality shows» y la playa. Huye, Christian, huye. Se oyen agrestes aullidos de lobo. Las bibliotecas devastadas, los caminos llenos de delincuentes, los acueductos no funcionan, los pocos gramáticos sin público, los teólogos sin saber griego. ¿Para quién escribes pequeña y vagabunda alma? ¿Para los ostrogodos? Huye, Christian, no te mezcles y desprecia a la chusma.

«…y ves detrás de cada cara ahondarse el vacío mental/ dejando solo el creciente terror de nada en que pensar;/ o cuando, bajo la anestesia, la mente está consciente pero no consciente de nada» T.S. Eliot, describiendo mentes populares. La educación pública no ha formado un público educado. El desastre es ciclópeo. Huye, pequeña alma. Vándalos y suevos están cruzando ya el Rin. Tipejos acémilos casi igual a bacterias, sin un gramo en su sangre de helenización, romanización, cristianización o ilustración ocupan tanto los bungalows como pobres chabolas. Escribe y memoriza a Adriano, orgulloso de tu aristocrática, gatopardesca soledad:

Animula vagula blandula,
hospes comesque corporis,
quae nunc abibis in loca,
pallidula, rigida, nudula,
nec ut soles dabis iocos.

Mejor ese lugar desnudo que la pelambre sucia de este aquí y ahora.
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Como me preparé físicamente, subí al Monte Ventoux, con un libro de Agustín en el bolsillo derecho y otro de Petrarca en el bolsillo izquierdo. “Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en Monsieur Teste. La mía es abrumadoramente más simple.

San Agustín escribió alrededor del año 400 “Los hombres viajan para maravillarse de las gigantes olas del mar, de la altura de las montañas, del curso de los ríos y del movimiento de las estrellas; pero nunca viajan al interior de sí mismos para conocerse”. Flaubert dijo “El movimiento es deletéreo”, Baudelaire declaró “Descreo de las líneas en movimiento”.

No hice fotos con un palo selfie. No me tosté en la playa como una gamba vuelta y vuelta. No jugué con raquetas de tenis ni pelotas de Nivea. Lectura y un buen “arròs a banda” de vez en cuando, especialmente los días de Reyes como hoy, y caminatas con mi perra por los bosques de la aldea. “Conserver l´esprit libre”. Nada más. Gloria de ser «Solterón y cincuentón, que suerte tienes ladrón«.

«Hoy, llevado solo por el deseo de ver la extraordinaria altura del lugar, he subido al monte más alto de esta región, al que no sin razón llaman «Ventoso». Hacía muchos años que me rondaba la idea de esta excursión pues, como sabes, el hado, que mueve las cosas de los hombres, me ha hecho rodar por estas tierras desde la infancia, y este monte, visible desde lejos por cualquier parte, está casi siempre ante nuestros ojos. Por fin tuve el impulso de hacer una vez lo que me proponía hacer todos los días, sobre todo después de que, leyendo el día anterior en Tito Livio la historia de Roma, di casualmente con aquel pasaje en el que Filipo, rey de Macedonia -el que hizo la guerra al pueblo romano-, sube al Hemo, un monte de Tesalia, creyendo, como era fama, que desde su cumbre se veían dos mares, el Adriático y el Ponto Euxino […] Por lo demás, dejando aquel monte y volviendo a este, me pareció disculpable en un joven particular lo que no se censura en un rey anciano» Petrarca

Aunque el monte es una mole pedregosa y escarpada, y yo ya no soy joven, y además cardiópata, me dije como el poeta «Todo lo vence un trabajo obstinado«. Así es, desde la escritura de un libro, al estudio de la Topología Conjuntista, la labor obstinada recompensa. Así que recuerden, en sus días y noches de desidia y abulia, «Labor omnia vincit improbus» (Virgilio, Geórgicas, I, 145-146) Feliz verano de hamaca y vagancia, plebeyos. Feliz día de Reyes, niños que sois la savia verde de esta tierra negra.

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Catulo se quejaba amargamente de un siglo lleno de generaciones de hombres ausentes de gusto y gracia, «O saeculum insipiens et infacetum!»

Policarpo, obispo de Esmirna y Padre de la Iglesia, dijo en el siglo II, según se lee en la Patrología de Migne: “¡Dios mío! ¡En qué tiempo me habéis hecho nacer!”

Leopardi, en una carta enviada desde Florencia a Pietro Giordani el 24 de julio de 1828, escribe «En suma, empieza a asquearme el soberbio desprecio que aquí se profesa por todas las cosas bellas y por toda literatura: sobre todo porque no me entra en la cabeza que la cumbre del saber humano consista en saber política y estadística. Al contrario, considerando filosóficamente la inutilidad casi perfecta de los estudios hechos desde la época de Solón para obtener la perfección de los estados civiles y la felicidad de los pueblos, me da un poco de risa este furor de elucubraciones y cálculos políticos y legislativos. […] Sucede así que lo placentero me parece más útil que todas las cosas útiles, y la literatura útil de una forma más verdadera y cierta que todas estas aridísimas disciplinas [la política y la estadística]» Nada extraña pues que el poeta tildara su siglo de «soberbio y estúpido».

«Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» señaló desacomplejado y salaz Gautier.

San Agustín consideraba la estupidez un pecado original de Adán; acepto la alegoría; en cualquier civilización simplemente tendremos menores o mayores grados de estupidez. Ahora es especialmente estúpido el evangelismo tecnológico, la obsesión de los amantes del «subiti guadagni» (es decir, de rápidos beneficios monetarios) y una especie de «universae ignorantia».


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«De todas las cosas relativas a la política, la única que comprendo es el motín. Fatalista como un turco, creo que todo lo que podemos hacer por el progreso de la humanidad, y nada, son exactamente lo mismo»

«¡Menudo jaleo ha provocado la industria en este mundo!¡Qué escandalosa es la máquina! A propósito de la industria, ¿has pensado alguna vez en la cantidad de profesiones idiotas que genera y en la cantidad de estupidez que, a la larga, engendrará?»

«Lo que me abruma es, primero, la feroz estupidez de los hombres, segundo, el repugnante mundo que se avecina donde no habrá lugar para gente como nosotros porque toda será utilitario y militar, con gente ahorradora, mezquina, pusilánime, abyecta»

«En resumen: prefiero la vida más austera, la más solitaria y la más triste, a tener que pensar en el dinero. Renuncio a todo mientras me dejen tranquilo, es decir, mientras pueda conservar mi libertad de espíritu»

Gustave Flaubert, oteador matemático de l´avenir.
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Nadie siente que leerme sea como despedazar la cabeza de un jaguar. Me cumple entonces la sabia cita de Virgilio (Geórgicas, 2, 412):

«Alaba los poderes grandes, / pero cultiva uno pequeño».

Día tórpido, majadero y borrico, en el que no tuve otra opción que hablar con gente de cerebro calloso. La televisión y la radio emitían su pasto de oquedad y vacío, su deshabitado desierto parlante de ingravidez y ración de nada absoluta y tétrica.

Tomé al mediodía un «pastéi de nata» y se cortaron varias magdalenas proustianas de mi lenguaje y mi memoria. Todo gran lujo culinario es un estímulo escalofriante, nunca deja indiferente al paladar el gusto alto. Nabokov es como un magret de pato al roquefort, Shakespeare como un crujiente de tapioca con tartar de cigala, Azorín igual a una alcachofa confitada con jugo de ibérico, Horacio como un gazpacho de espárragos verdes de Jean-François Rouquette. Mi prosa misma es como un sinfonier clásico o un sillón pan de oro.

Mi prosa, mis poemas, mi mundo… Gabriel García y Tassara: “Eso fue el mundo para mí. Un abismo, y en ese abismo nada”. Esperemos con torvos ojos el tiempo de la calamidad y el terror. Delitos y atropellos: el presente y el futuro solo guardan la peste.

«At tibi fortassis, si –quod mens sperat et optat–
es post me victura diu, meliora supersunt
secula: non omnes veniet Letheus in annos
iste sopor…
»

Petrarca

A ti quizá, si, como mi alma espera y pide, has de sobrevivirme largamente, te aguardan mejores siglos: no ha de durar para siempre este sopor letal…
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No me gustan estos tiempos lelos y abajados, tontuelos  y discapacitados. Carecen de educación y humanismo.

Tiempos de fantoches y horteras, de trapisondas y lameculos cucañistas.
Crecí en una clase privilegiada, en una burguesía hacendada cultísima, con clases privadas de música, idiomas y dibujo. A esquiar en invierno y a Sitges en verano. Aquel mundo emitía unas radiaciones benignas como un fresco y rosa crustáceo desperezándose lentamente, crujía todo como una osamenta luciente y atlética articulando mis miembros y mi sangre.

Desde alrededor de los años cincuenta el mundo se volvió horrible e invivible. Cada vez más agitanado. Como de mercadillo balbuciendo baraturas. Como de histéricas neuróticas berreando. Un muncho chato y vacuo de hombres incultos y maleducados que se vanaglorian de su ignorancia.

Yo ya solo vivo en la dulzura intemporal de mi mente. Algo me salva; sé que no envilecí mi vida. Que hay oro en mí. Como un cerebro dimanado de Dios y no de un engranaje de máquina.

Pero una propensión melancólica me ataca pensando en los adorables viajes de antaño por Europa con papá y mamá. Ahora soy un rentista pobre. Escribo –mucho– para mí y leo para la gloria. Y nunca pienso ponerme a trabajar. Eso ni pensarlo siquiera.

A veces en mis poemas, como una estrategia de disposición retórica y de efectos de impresión en el lector, exagero las notas despreciativas y agresivas hacia los diferentes a mí, pero mi natural (os lo aseguro) es de simpatía y bonhomía y serenidad. Si desprecio a los demás (menos de lo que afirmo) es porque también me desprecio a mí mismo. Triste destino ser pobre habiendo sido rico.

Ahora mi riqueza es de carácter, de cultura, de nostalgia y sutilezas. El mundo registra fácilmente ideas nuevas; más dificultosamente registra experiencias nuevas. Mi experiencia es de apocalipsis, decadencia, caída y derrumbe. Tal el contenido de mi esquizofrenia. Mi mundo se desmorona y vivo como en un lejano exilio. Mi vida consiste en limpiar de nieve los escarpines de la zarina y defenderla con mi vida de las alimañas. Huimos por la estepa en un trineo blanco y solitario. Cae cellisca de las nubes. Detesto lo nuevo.

Este mundo moderno no será castigado; es el castigo mismo.

Dos citas de Nicolás Gómez Dávila, aforista del lujo «glacé»:

«Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos».

«Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos».

«Toda apología debería ser considerada un asesinato por entusiasmo» escribió ese maestro de estilo y pensamiento llamado De Maistre.
No podemos sustraernos a los estragos del tiempo. El tiempo lo cambia todo y los ríos no remontan hacia sus fuentes. Solo puedo lamentarme como Taine «¡Ay! Dios mío, ¡qué tontería habéis hecho al ponerme en el mundo!»

La democracia actual en verdad que es el patético envilecimiento de un antiguo gran amor.
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Grosero y vulgar y zafio se vuelve –ya es– el mundo, lleno de patologías: embarazos de adolescentes, borracheras en la vía pública, sadismo y gozosa malignidad resumida en una cada vez más extendida cota de crimen, drogadicción, abortos, enfermedades mentales, enfermedades venéreas, intimidación, abandono, violencia, agresividad… No poco abundan mocosas y mocosos mimados y tiránicos, ególatras, quejicas, petulantes, deshechos y demandantes. No poco abundan iletrados malgra lui

Una cultura muy grosera crea personas muy vulgares. Nada escandaliza. Todo está permitido. La única convención popular es el hedonismo más chancho y acabar con cualquier tipo de convención. Imponer un límite es una forma de insulto.

Decidí, con mamá, vendernos uno de los dos pisos de Cataluña y venirnos a nuestro pazo orensano en pleno campo feudal, silencioso y hondo. Y aquí morir. Parece que la gente deja de conocer el movimiento natural del corazón humano. Me voy. No espero que esto mejore.

Savonarola terminó sus días en la hoguera, inmolado por el mismo populacho cuyas emociones había sabido despertar antaño tantas veces. Por si acaso, he de recluirme en mi privada Royal Society o particular Académie Royale des Sciences. Los vulgares hacen demasiado ruido en el mundo. La chusma es propensa a todos los yugos y atrocidades. No espero que esto mejore.

Esto no tiene ningún viso de mejorar, no. Me encierro en mi jardín y en mi biblioteca. Cuidaré de mamá (onorate l´altissima bellezza) y con Petrarca declaro definitivamente: «Yo mismo he comprobado que mi espíritu en ningún lugar está tan feliz como entre bosques y montañas, y entre libros». Es bueno esperar y morir en medio del aire salobre del gabinete de estudio, viendo el valle desde el ventanal. Aunque la soledad devore la dulzura.

Aquí os quedáis, hooligans, ladies and gentlemen modernos de parque dominical y tapa de bravas con cerveza. Cada lanero a su telar. L´ame, c´est moi. Vivir estudiando (y retirado) es expresar la virtud más significativa.

Es imposible que esto mejore hasta dentro de un par o tres de siglos.
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En carta del 31 de mayo de 1468 al dux Cristóforo Moro, con las que el cardenal Besarión acompañaba el legado de su importante biblioteca -cuatrocientos ochenta y dos volúmenes griegos y doscientos sesenta y cuatro latinos-a la ciudad de Venecia, literalmente escribía:

«Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad, y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelería también la memoria de los hombres«

No seamos rucios e ignorantes. Ni ignorantes que, y esto ya es dramático, no saben incluso que son ignorantes. O bien, dada la propensión al descrédito de la cultura, se enorgullecen y jactan de ella. Despierta y lee.

Ma patrie est ma bibliothèque. Homo liber, homo librorum ¡Feliz lectura!

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INFORME DEL ALBA: «Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables» Sb 5:7

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Como que no saben tocar el violín, tocan la pandereta.

Diario de un esquizofrénico 42

Epidamno (citado por Polibio en su «Historia de Roma»), localidad que se encuentra en la actual Durazzo, en la costa Dálmata. O Corcira -citada en la misma obra- que es hoy Corfú, como Apolonia es Vallona, en Albania. Y al Este de Corfú se encuentra la famosa isla de Paxos.

Sr. Christian Sanz, permita que un escritorzuelo vesánico, fracasado y diletante, le diga -subrayando lo obvio-, que usted es el Norte, Sur, Este y Oeste de La Isla de los Locos: «Non vincere semper«.

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Felipe IV era abúlico y apático, devoto, mujeriego y acaso poeta. A menudo se cansaba de sus validos y del ejercicio de su reinado. Carlos I fue guerrero. Felipe II solo rey. Felipe III y Felipe IV hombres nada más. Carlos II ni hombre siquiera. Carlos III gran hombre.

Froilán, su hermana o bien Harry, son monumentales fracasos educativos. No entienden ni literal ni metafóricamente aquello de “Vive parvo” («Vive con poco») o siquiera el abecedario.

El escudo de Inglaterra está formado por un único campo de gules en que aparecen tres leones pasantes o leopardos de oro, lampasados y armados o uñados de azur.

El escudo de armas de Inglaterra fue introducido por el rey Ricardo I durante la última década del siglo XII, como una versión del ducado de Normandía, cuyo escudo está formado por dos leopardos. Aunque las figuras en ambos blasones eran idénticas, en Inglaterra se pasó a considerarlas como leones.

Harry, más que a leones, simboliza al león Rodolfo de Mari Carmen y sus muñecos. Si ya Diana era una bacaladera insustancial vestida de Gucci, éste parece que no le va a la zaga.

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Omnium scientiarum princeps Salmantica docet, reza el lema de la Universidad de Salamanca. A los pobres diablos de Froilán, Victoria Federica o Harry (y otros que no cito) les cuadro perfecto el dicho “Quod natura non dat, Salmantica non praestat”

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En la Isla de los Locos donde reino feliz, o en la vida real, estos privilegiados analfabetos de culo dorado no servirían ni de barrenderos o friegaplatos. “S’il y a cent manières d être pour une république, il n’y a qu’une manière d’être pour la monarchie” nos recordó Balzac. La monarquía postmoderna (y también antigua) rebosa de infantes, primos y algún que otro vástago con lamentable espasticidad. En fin. Nada nuevo bajo el sol.

Diario de un esquizofrénico 41

Comparando al lelo peronista de Bergoglio con Ratzinger, solo acude a mi memoria una cita:

«-¡Eh! ¡Madre de Dios -exclamó ella- ¡Bendita Virgen! ¿Hay algo más? Decidme la verdad.

-¿Qué opináis señora, preguntó el fraile?

-¿Qué que opino de ello? -exclamó ella- ¡Qué Dios me perdone! Que es un acto vulgar de un individuo vulgar. ¿Qué más puedo añadir?¡Que Dios le colme de desgracias! Supongo que tuvo un ataque de estupidez; su cabeza está llena de pájaros«

Chaucer, Cuentos de Canterbury, Cátedra, traducción de Pedro Guardia, pág. 255

La Cristiandad debe alimentarse, como un capo yermo, con la lluvia; pírricamente se alimentan con su fango sus ejemplares de la cúspide más toscos y de maoísmo supuesto más modernizador.

La aurora, cebreada de cirros color cinabrio, y las vigilantes estrellas con las que se guiaron los Reyes Magos, eso, esas contemplaciones solitarias, acaso son la felicidad. Innumerables meditaciones solitarias mantuvo el Papa emérito con Dios y nuestras almas en su retiro.

Benedicto XVI también tendrá, como ocurrió con Juan Pablo II, una sencilla lápida de mármol blanco con la inscripción de los años de su pontificado en latín: “Cooperatores Veritatis”.

Murió un Papa bueno y sabio. D.E.P.

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El Papa actual usa piercings, playeras y pósits de autoayuda, y escritores y curillas de barrio acuden a tatuarse; se pinta los mofletes como una drag-queen; se viste con tutús y toca la guitarra durante la liturgia; se pone AC/DC en los auriculares para dormir. El Papa que ve fútbol y saliva con los goles. Que come pipas, pistachos y donuts gigantes.

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León X, hijo de Lorenzo el Magnífico, el primer Médicis en el Pontificado, tuvo una pequeña corte de literatos, hombres de ciencia y artistas; él mismo era poeta, músico, arqueólogo y filósofo, con varia cultura y con un ingenio versátil, sensible a toda forma o incitación de lo bello, pero acaso un diletante falto de profundidad. El siglo de León se llamó “áureo” gracias a su mecenismo. Promocionó y protegió a la Universidad, y por su empeño, empezó una nueva era la carrera de Rafael. Todos los poetas y humanistas debemos encomiar a este Papa mediceo.

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Benedicto XIV reflexionó con superior inteligencia y extraordinaria erudición.

«¡A lo mejor me reprobarán -escribió- el que haga una escapatoria por los poemas de Dante, Tasso o Ariosto; pero es que a menudo necesito recordarlos para tener una expresión más viva y mayor desenvoltura de pensamiento!”.

Docto, y amigo de los doctos, fue sombra benigna de los doctos. Iban a Roma a debatir y consultar con él los sabios de mayor nombre y fama de Europa. Deseaba obispos y clérigos, no solo piadosos y de costumbres ejemplares, sino también de vigorosa solidez intelectual. Monarca sin favoritos ni cortesanos -papa sin nepotismo-, y doctor sin orgullo -censor sin acrimonia. Voltaire, corifeo contra la religión, escribió un dístico a Benedicto XIV muy admirativo:

«Lambertinus hic est, Romae decus et pater orbis / Qui mundum scriptis docuit, virtutibus ornat”  

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Que un Papa hable de las caricias y masajes -por ejemplo- de otro miembro de la curia es muy chabacano, con la ligereza inelegante de un proto-bárbaro. Pidió en Lesbos a la UE que acoja a los inmigrantes ilegales ¿Por qué no pide a los gobiernos corruptos, sectarios e incompetentes de los países de origen de los inmigrantes que dejen de robar, cesen sus guerras y administren de manera eficaz? Eso por nombrar algo de sus últimas y novísimas “ideas” y manifestaciones públicas. Muchos son mis pecados; espirituales -más graves- y carnales. Pero no soy pastor de la Cristiandad.

A veces me pregunto de qué barrios con grafitis, sórdidos sótanos de lavacoches industriales, y grasientos kebabs, de qué peluches llenos de garrapatas, ha salido este Papa que tenemos. No sé.

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Una vez descorchado el champán, leído al Cardenal de Retz, las memorias de Saint-Simon, tomado el sol en el hotel Crillon, usufructuado cuerpos exquisitos, almas delicadas, llevado pajaritas impecables, ponderado los nefastos e indigestos mamotretos marxistas, medido la altura de las mentes, solo quieres que tu doméstica te avise a la hora del crepúsculo para poder ver solitario el atardecer y rezar entonces por el alma dorada de Benedicto XVI.

D.E.P.

Diario de un esquizofrénico 39

(En el catillo de Axel)

Están condenados a estar locos

pero sin el glamour de la vida de los Fitzgerald

o el lujo de Symonds,

sin la prosa de Ruskin o Hölderlin, o Nietzsche,

no, la mayoría no son Panero,

ni ebrios por un filtro de amor como el que bebió Lucrecio.

Son locos. Hombres, como casi todos, huecos,

pero con un huevo de serpiente en sus entrañas.

“Con un huevo de serpiente en las entrañas”, sería

justo epitafio. Llegan a afantasmados puertos

con velas impulsadas por vientos fríos,

extraviados y suplicantes como un huérfano débil.

No les atrae el sexo a gogó en dulces playas silvestres,

hablan solos en los bares, increpan al mundo.

Ojos pastosos, vedlos en el manicomio

como pájaros enjaulados deambulando

obsesivos arriba y abajo del pasillo.

Llueve mucho en sus adentros; diríase

un hada de agua perversa (negra y capciosa) besa sus labios.

Son locos. Obscurece de pronto en la salita.

Se van los familiares. Amanecen las plumas de la muerte.

Derramado en las estancias un insoportable

tedio a soledad, invivible soledad, y medicinas.

Sobrepuja una acuosa percepción del silencio

como si fueran las coordenadas

de una nave rumbo a un planeta yermo

donde los ogros acecharan bajo los arenosos pantanos.

Su noche dimana alondras que no arrullan,

el dolor rige su imperio sin amor y sangre fofa,

los ojos morados, a la deriva,

como peces flotando muertos en un río contaminado.

La muchacha bulímica (que se infla con las pastillas)

solloza y se avergüenza porque en el Instituto

todos comentan y saben de lo suyo.

Un grupito de suicidas está extraordinariamente atento

a las explicaciones de un tipo singular hablando

sobre la posible transmigración de las almas.

Obscurece de pronto en la salita. Se oyen

por toda la sala los gritos mezclados con rezos

de un chaval árabe que lleva trece horas atado a la cama.

Se pudren los crisantemos. La hermosa enfermera

despertará mañana a los pacientes

pero nunca con sexo erótico ni con sensual música mozartiana.

Curioso observar que prácticamente nadie mira el televisor.

El aire hirviendo moja sus bocas,

la náusea rompe los tubos del estómago:

huesos apagados sostienen su mente ni fresca, ni azul o rosa.

Detén, oh dios benigno de la melancolía,

a los demonios que en su cabeza se dan cita.

Pon plomo derretido en el culo

de los doctores igual que si fuesen titís bujarrones.

Abandona, dios cruel pero benigno, sobre la perfecta caoba

de la cabeza de estos locos

un río de aguas tibias, limpias y doradas.

Dibuja, oh dios, un hada de agua buena, y muy bella,

que les regale la felicidad de horas nunca sombrías.

Pon púrpuras

y sabrosos cangrejos de mar en sus labios.

Pon calor y amor a sus ojos fríos como la mejor memoria.

Pero sácalos de aquí, y haz que sean felices,

felices como el primer día del hombre hollando la tierra,

y un destino -y la paz- a su medida hallen.

Pero sácalos de aquí, donde obscuros expresos de madrugada

al peor país, o al mismo infierno, les conducen.

Diario de un esquizofrénico 38

La Psiquiatría proporciona la teoría del estigma de la enfermedad mental, del mismo modo que la Inquisición proporciona la teoría del estigma de la brujería.

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POLONIO  -AUNQUE SEA UNA LOCURA, HAY MÉTODO EN ELLA.

Shakespeare, Hamlet, Acto II, Escena 2, Línea 211

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«No hace falta ser un profeta para predecir las consecuencias…

La Razón se verá suplantada por la Revelación….El saber degenerará en un caos de visiones subjetivas (sentimientos en el plexo solar inducidos por la subalimentación, imágenes angelicales generadas por la fiebre o las drogas, avisos oníricos inspirados por el sonido de una cascada) Se crearán cosmogonías enteras a partir de cualquier olvidado resentimiento personal, se escribirán dramas épicos en lenguajes de ámbito doméstico y los esbozos de los párvulos se impondrán a cualquier obra maestra.

El Idealismo cederá su lugar al materialismo…Alejada de su habitual salida en torno al patriotismo o al orgullo cívico y familiar, la necesidad de las masas de un Ídolo accesible en el que confiar les llevará a elegir caminos irreconciliables en los que la educación no tendrá nada que hacer. Depresiones superficiales del terreno, animales domésticos, molinos destrozados o tumores malignos serán tomados como rango de divinidades.

La Justicia será reemplazada por la Piedad como virtud humana cardinal, y el miedo al castigo desaparecerá. Cualquier mozalbete se felicitará a sí mismo: “Soy tan pecador, que Dios en persona vino a salvarme». Cualquier mangante argumentará: «Me gusta cometer crímenes. A Dios le gusta perdonármelos. Realmente, el mundo está perfectamente organizado» La Nueva aristocracia se nutrirá exclusivamente de ermitaños, vagabundos e inválidos permanentes. El Diamante en Bruto, la Puta Escrofulosa, el bandido a que su madre adora y la chica epiléptica que se lleva bien con los animales serán los héroes de la Nueva Tragedia, mientras el general, el estadista o el filósofo se habrán convertido en objeto de rechifla de toda farsa y toda sátira«

AUDEN, poeta y profeta

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Abrabanel, Jehudah (ca.1460-ca. 1530) Philosophie d´amour de M. Leon Hebreu. Traduicte d´italien en François, par le Seigneur du Parc Campenois. Lione, Guillaume Rouille, 1551.

Prima rarissima edizione francese, pubblicata per la prima volta in italiano e dopo la morte dell´autore a Roma de Antonio Blado nel 1535, e destinata a diventere un vero e propio best-seller del xvi seculo. Jehudah Abrabanel, figlio del celebre commentatore della Bibbia Isaac, fu poeta, filosofo e medico, originario di Lisbona e si refugiò in Italia col padre per sffugire alle violente persecuzione antisemita della penisola iberica.

In-8º (mm 173X107) Segnatura: a-z8, A-Z8. 675 pagine, 22 carte non numerate di cui l´ultima bianca. Note a stampa lungo i margini. Esemplare réglé. Al frontespizio bella cornice silografici tratta di un disegno di Pierre Vase. Nel testo capilettera e testatine silografici ornati su fondo criblé. Splendida legatura lionese coeva «au puntillé»in marocchino marrone copiosamente ornata ai piatti da motivi ad arabaschi dorati di gusto orientale, inspirate ai ferri usati per la legature veneziane della prima metà del Cinquecento; dorso liscio ornato da motivi floreali. Tagli dorati e goffrati, tracce di bindelle. Custodia moderna in tela blu con titolo in oro su tassello al dorso. Esemplare in bueno stato de conservazione, alcune carta lievemente brunite. Cerniere e cuffie restaurate. Al frontespizio nota di possesso manoscritta di mano coeva: «De la Bar[r]ie» e, accanto al titolo il motto «jou quier». Al controppiato anteriore ex-libris circolare in marocchino bianco impresso in oro, al «recto» del foglio di guardia anteriore, ex-libris inciso da Sherbon nel 1893 per ill collezionista Samuel Putnam.

Diario de un esquizofrénico 37

(Acerca de los libros)

Vivimos en una civilización cableada y, valga el juego de palabras, también cabreada, donde la página ha sido sustituida por la pantpágina (neologismo construido con los términos “pantalla” y “página”)

Ciertamente ésta es la Era de las Pantallas, presentes por doquier, pantallas que serán nuestros restos fósiles cuando nos estudien los futuros arqueólogos. Las pantallas, me atrevería a decir, desvigorizan, las pantallas ponen un medio aislante entre los sujetos y los objetos, y llevan a la marginación, al puro margen –obsérvese si no- a los libros en las bibliotecas, a los libros en su sentido molecular, clásico, físico y tipográfico.

Pantallas y pantallas, en lugar de libros y libros ¿Qué deparará esta Era de la Hiperpantalla, tanto velocísimo y metafísico píxel en la Época del Neoinfocapitalismo? Me temo que nada bueno, que las perspectivas son muy poco halagüeñas. Profetas apocalípticos los hay desde Isaías, pero, se dice uno, alguna vez acertarán.

Permítaseme relatar una imagen convencional. Una bonita muchacha leyendo un libro –por ejemplo, The picture of Dorian Gray-en un campo amarillo bajo un árbol. Porque uno, y bastantes más, no podemos siquiera imaginar el mundo sin libros, y sin pájaros, y sin árboles. La joven lleva una falda blanca, y su cabello es pelirrojo, y está reconcentrada en lo que lee sin importarle la brisa ligera. La primavera provee a todo de alma, y entre la sombra del árbol y la sombra de ella, hay un claro de luz. Deus meus, ¿algún día próximo veremos este tópico pictórico de mujer leyendo en el campo, a una mujer con un e-book o bien intrumentum diabolicum parecido, bajo un árbol? Sinceramente, ese día, si no ha llegado ya, será –o es- el fin de la Civilización y el advenimiento de la Barbarie.

A veces tengo la impresión, un poco a lo sociólogo a la violeta, que tanto hedonismo de verbena, tanto ir al límite en la estupidez, tanto uso indiscriminado de la solución fácil y urgente y tecnológica, causan cierta notable propensión a la inmadurez intelectual y emocional. Y la madurez lo es todo. No sé. El estado de cosas me parece tan deplorable (ignorancia astronómica, pobreza, fanatismo) que a veces pienso que una solución, acaso no tan estrambótica como parece, serían los libros. Una vuelta a los libros. A la Ilustración. Un ir, en ida y vuelta, de las cosas mismas a los libros y viceversa. Libros y libros. Los libros te proveen de libertad, los libros –aunque la ciencia también trae dolor- hacen más fácil el vivir y el convivir. Los libros, en definitiva, no te excluyen ni alienan del diálogo con la Civilización, precisamente justo lo contrario.

Libros y más libros, libros por doquier; son, verdaderamente, el gran fármacon, sus propiedades intangibles o imponderables son las que robustecen y hacen apacible y lúcida una Civilización. Pero insistamos; libros de papel (el libro electrónico transmuta la forma de leer –el medio es el mensaje-)

Gracias a los libros nos elaboramos, gozamos de los metales sinfónicos de la belleza y el pensamiento, evitamos lo vulgar, adquirimos conciencia, y amamos mejor. Los libros son nuestros embajadores de la imaginación y las estrellas, permiten el razonamiento socrático y la compasión empática. El único hándicap que tienen, es que nosotros amamos a nuestros libros, pero ellos no nos aman a nosotros; sólo aman las personas.

(Acerca de la lectura)

Leer libros, de acuerdo, todos convenimos en su importancia. Permítanme investirme de cierta autoridad y mandarinato, para así poder argüir cierta fenomenología de la lectura que juzgo interesante.

Creo que la lectura tiene o debiera tener algo de género espiritual, de crasa meditatio, y no el mero ir pasando páginas de un modo más o menos inconsciente. Al leer hemos de meditar, dar vueltas en nuestra mente a la galaxia de lo leído, permitir la resonancia, captar la sagacidad del autor, elucidar en silencio, ir de lo lateral a lo vertical y hondo, capbussarnos fondament, demorarse en la close reading, permitir que la voz y el signo de afuera nos germine e ilumine adentro, reconcentrarnos, ir más en pos de la qualitas que de la quantitas, y que la palabra leída nos inspire y nos endiose, sepamos ver sus galerías y sus brújulas. Como ven, reivindico la lectura como una suerte de ejercicio espiritual (al modo contrario, rápido y en diagonal, al que se lee en estos tiempos feraces)

Leer es a menudo un placer difícil rodeado de una soledad muy dichosa y en el centro de un silencio compacto y extraordinario. El silencio y la soledad te adensan y permiten una gran claridad en la visión, te solidifican y permiten que logres la mayoría de edad de ti mismo. En silencio y quietud te cuidas a ti mismo, te mimas, pierdes el atontamiento de estar todo el día pegado a lo banal, al telefonino, e incluso puedes perder ese afán capitalista de lucro y negocio y posesión que matan al amor, la verdad y la dignidad humana.

La buena lectura de los buenos libros te humaniza y educa –igual que la amistad, el buen amor, la buena conversación, la buena música, la buena compañía, y algunas otras cosas más.

Diario de un esquizofrénico 36

La esquizofrenia es prosa de cut up y mente de tonalidad dodecafónica. E ímprobos esfuerzos por evitar las nefastas soledad y silencio. Te formulas interrogantes que tú mismo eres incapaz de responder, insatisfecho y destinado a la auto-condenación. Te preocupa tu vida espiritual pero no dispones de las herramientas para dilucidarla.

Según un artículo editorial de la revista Science suelen ser tan graves sus efectos acumulativos y a menudo duraderos, con costes personales y económicos enormes, que se considera la enfermedad más ominosa.

Descripciones de la esquizofrenia datan ya del s. XV a. c..

En Dementia Praecox and Paraphrenia, publicado en 1919, Emil Kraepelin señalaba los dos procesos básicos más relevantes:

“Por una parte, observamos un debilitamiento de las actividades emocionales que forman los móviles fundamentales de la voluntad. Al mismo tiempo, la mente y el instinto operativo se anulan. Como resultado se produce obnubilación emocional, fracaso del intelecto, pérdida del dominio de la voluntad, del esfuerzo y de la capacidad de acción independiente. Se destruye así la esencia de la personalidad, el mejor y más precioso integrante de su ser, como dijera Griesinger, desaparece…El segundo grupo de trastornos, que otorga su sello particular a la demencia precoz, consiste en la disolución de la unidad interna del intelecto, la emoción y la voluntad. Stransky habla de la aniquilación de la “coordinación psíquica”. Este proceso se presenta en la escisión e incoherencia del hilo del pensamiento, en el cambio neto del estado de ánimo y en la desconexión y descarrilamiento de las tareas prácticas. Pero además, los lazos entre pensamiento y sentimiento, entre deliberación y emotividad por un lado y acción por otro, se desatan. Las emociones no concuerdan con las ideas”

Diario de un esquizofrénico 35

Arde la otomana carmesí sobre la que antes se amontonaban cojines con motivos chinescos. En el vertedero se acumulan desvencijados sillones orejeros, rotos pianos de cola, y trozos de estanterías de ébano tallado. Una imponente piel ácida cubre el cielo. Los hombres viven como en chozas con las paredes forradas de una especie de papel adamascado color mierda. Los incunables tienen el mismo valor que libros de bolsillo arrugados y sucios para vender luego en el rastro.

El único planeta extraterrestre es la Tierra. Llamaradas solares fundieron las capas de hielo polar y las principales ciudades del mundo están encharcadas o cubiertas de cieno. Todo el mundo vuelve a su pasado paleozoico. Huelgas, bandas de jóvenes saqueando y hostigando a la gente en la calle.

Era demasiado tarde. El fin se veía demasiado próximo.

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Escribió Auden en Letters from Iceland (1937): “LÍBRAME DE LA FORMA DE LAS COSAS QUE HAN DE VENIR”

Diario de un esquizofrénico 34

Se acercan los Reyes. Los niños se ponen ropajes de oro, pero a los esquizofrénicos nos hace sentir como bufones grotescos vestidos de púrpura.

Se acercan los Reyes ¿Veremos camellos con mantos tapizados de colores, las cabezas levantadas de esbeltos caballos blancos con gorros rojos? Los Reyes: luz de farolas de ciudad como bañadas por pétalos de dalias.

Por estas fechas siempre suelo hojear The Dunciad, de Pope. Leer es contrapesar astros, no contradecir a Praxíteles, empaquetar estuches en un tocador; leer para mí significa permanecer fiel a la GRAN FELICIDAD.

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La Wikipedia nos explica, entre otros temas, de The Dunciad de Pope:

“The Three Book Dunciad has an extensive inversion of Virgil‘s Aeneid, but it also structures itself heavily around a Christological theme. To some degree, this imagery of unholy consecration had been present in Dryden’s MacFlecknoe, but Pope’s King of Dunces is much more menacing than Thomas Shadwell could ever have been in Dryden’s poem. It is not a case of an unworthy man getting praised that spurs the poem, but rather a force of degradation and decadence that motivates it. Pope is not targeting one man, but rather a social decline that he feels is all but irrevocable. Nevertheless, the poem is still a satire and not a lamentation. The top of society (the kings) may be dulled by spectacle and freak shows, but Dulness is only one force. She is at war with the men of wit, and she can be opposed. In the Four Book Dunciad (or Dunciad B), any hope of redemption or reversal is gone, and the poem is even more nihilistic”

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Pope (un niño prodigio, un escritor precoz y genial, más mago o alquimista que simple poeta) fue el escritor más sobresaliente del clasicismo inglés. Hijo de un adinerado lencero.  Físicamente contrahecho, era un enano deforme debido a una torcedura de la columna a causa de una infección tuberculosa. Satírico feraz y temible. Casi 10000 libras le devengaron las traducciones de la Odisea y la Ilíada, dinero con el que adquirió una hermosa mansión al lado del Támesis. Tenía un carácter retraído y hogareño. Fue un maestro insigne del pareado heroico. De él se pueden citar multitud de versos lapidarios y memorables (donde quiera que lea uno se topa con asombrosos hallazgos expresivos y piedras preciosas)

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The Dunciad sigue siendo minuciosamente vigente profetizando desde las insulsas universidades actuales, la locura cultural que nos asola, o los medios de comunicación infames y la oclocracia. Parece que el horror cultural se solaza en su destrucción. La Dunciada o Asnada de 1742 habla de lo que hay ahora en 2023.

Interpreto la Dunciada de muchos modos; invectivas contra los escritores de ocasión, artistas de la inmediatez, opinantes histéricos en las redes, contra la cultura de cine y series que fascinan al ignorante y hacen sonreír al culto, contra el chirrido de la Civilización pintada de una caca que hiede y aguijonea etc…

Para botón, dos muestras (casi tres siglos no son nada):

“Al pie de su escabel, la Ciencia gime encadenada

y el Ingenio teme al Exilio, las Penas y el Dolor.

Allí, la Lógica rebelde espumajea, la bella Retórica languidece por los suelos;

nacen de la sofistería sus armas romas,

desvergonzadas Procacidades adornan sus ropajes.

La Moralidad, atraída por sus falsos guardianes,

el Embrollo cubierto de pieles, la Casuística con sus vestiduras,

se queda sin aliento mientras ellas halan la cuerda a uno y otro lado

y muere, cuando la Insulsez da la orden a su paje.

Solo la insana Instrucción permanece libre,

demasiado loca para las cadenas,

ora erigiendo su mirada extática hacia el espacio,

ora corriendo alrededor del círculo, donde encuentra su cuadrado.

Las Musas yacen atadas por diez lazos

bajo la mira vigilante de la Envidia y del Halago.

[…]

En vano, en vano –la Hora que todo lo compone

cae sin resistencia: la Musa obedece al Poder.

¡Ya viene!¡Ya viene! El trono oscuro sostenido

por la noche primitiva, por el antiguo Caos.

Ante ella, las doradas nubes de la Imaginación se desvanecen

y todos sus variados arco iris mueren.

Los fuegos momentáneos del Ingenio estallan en vano,

cae el meteoro y expira en un instante.

Así como las estrellas enfermas, temblando de miedo,

desaparecen una a una del valle etéreo,

como los ojos de Argos, tocados por la vara de Hermes,

se cierran uno a uno para descansar eternamente,

Así, al sentir su cercanía y poder secreto,

Arte tras Arte se apagan y todo se vuelve Noche.

¡Mirad cómo huye a hurtadillas la Verdad a su vieja caverna,

mientras se apilan sobre su cabeza las montañas de la Casuística!

La Filosofía, que antaño se apoyara en el Cielo,

se encoge hasta su segunda causa y desaparece.

¡La Física y la Metafísica ruegan que se las defienda,

y la Metafísica pide su ayuda al Sentido!

¡Ved cómo vuela el Misterio hacia las Matemáticas!

¡En vano! Miran fijamente, se marean, desvarían y mueren.

La Religión abochornada cubre con un velo sus fuegos sagrados

y la Moralidad fallece en la Inconsciencia.

No hay Llama pública o privada que se atreva a brillar

Ni queda ni una chispa humana ni una fugaz mirada divina.

Tu temible imperio, oh Caos, se ha restablecido;

la luz muere ante tu palabra estéril;

tu mano, gran Anarquía, deja que caiga la corina

y que la Oscuridad Universal lo entierre Todo”

Feliz día de Reyes adónde vamos todos: la Era Bárbara del Anarca.