Diario de un esquizofrénico 33

La patria ha sido un concepto discutido y discutible.

Hubo quien la consideró una nada (néant), creyendo que aquellos quienes la invocaban o daban su vida por ella, remoloneaban en torno a un vacío, y hubo quienes creyeron su vida transformada en llamas a su llamado.

Louis de La Forge dijo: “Nación y fe, patria terrenal y celestial, son los dos polos entre los cuales oscila la vida saludable; cuando una arraiga en la otra, el espíritu se eleva”

Laugier afirmó con exaltada poesía: “Es necesario mirar la patria como un luminoso bosque”

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El Dr. Johnson la consideraba el último refugio de los idiotas y Derrida (citado por S. Petrosino, Jacques Derrida et la loi du posible, París, Les Editions du Cerf, 1994, p.51) consideraba preferible la afasia y la amnesia a ser “devorado por ese Polifemo”.

No recuerdo qué punk americano –quizá Kathy Acker- dijo que la atufaba a yogur caducado y a Eugenio Sue (para nosotros, Ayguals de Izco)

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Ninguna nación muere salvo que se suicide, como España.

“Cuando nos juzguen, no será por el simple pecado intelectual de no haber apreciado otras naciones, sino por el supremo pecado espiritual de no haber valorado la nuestra”

“La realidad del patriotismo no es la mera ciudadanía. El patriotismo no es en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en la gloria y en la expansión nacional y en la desgracia y decadencia. No es viajar en el barco del Estado como pasajero, sino hundirse con el barco, si es necesario”

Coincido poco con estas ideas de Chesterton.

“HISTORIAS DE NACIONALISTAS. He aquí la clave de reproducción de todo nacionalismo: relatos que transmiten una lejana y lancinante melancolía. Como Michael Collins, muchos vascos de mi generación estuvimos expuestos a los significantes deletéreos de ese tipo de historias: narraciones sacrificiales de amor y de inmolación, de heroísmo y de culpa, de traiciones y derrotas. Las he oído desde mis días de escolar, en el patio del colegio, en los fuegos de campamento, en las sobremesas familiares. Historias de martirio y de gloria desesperada, de pérdida y de negación de la pérdida; historias que, invirtiendo el orden habitual del cuento maravilloso, arrancaban de una situación de plenitud para concluir en la desposesión desde la que el nuevo héroe (papel que nos estaba reservado a cada uno de nosotros) debía partir en busca de la patria arrebatada, de la lengua prohibida, del grial que devolviese feracidad a la tierra de los ancestros y salud a la raza exangüe. Suturar la herida, colmar la carencia, restaurar el orden edénico: tal era la misión –la tarea difícil de Propp- que estas historias nos imponían” Jon Juaristi

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Al igual que el expatriado Canetti, MI PATRIA ES MI BIBLIOTECA.

Diario de un esquizofrénico 32

(Autobiography)

Me gusta el pío, recio y sólido campesinado rural, las capillas silenciosas, las vieirias, los perfumes caros y el Châteauneuf-du-Pape.

Deportes, comida y un poco de arte, no me parecen nefasto ideal para la gente común.

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Me gustan los bizcochos esponjosos de mi infancia, un mundo macizo sin tosquedad, la Biblioteca de Alejandría y la corte de Carlomagno.

“En la corte de Carlomagno se invitó a intelectuales y se les adornaron con un número tan elevado y generoso de regalos que se quedaron para siempre en la Corte, o cerca de ella, durante decenios.

Carlomagno logró honestamente gustar y apreciar, degustar la poesía, implicarse en intereses teológicos. Nunca aprendió a escribir correctamente, pero parece que él mismo lo eligió así.

Durante su gobierno múltiples adiciones se hicieron al derecho lombardo o franco. Como en el Imperio Romano antes del Código Teodosiciano no consideraban excusa el desconocimiento de la Ley” William Kneale

Los hombres de Ley soñamos para un futuro, en lugar de este hoy atroz y carnicero, un nuevo Renacimiento carolingio.

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Anne-Marie-Louise d’ Orleans, duquesa de Montpensier por derecho propio, nació en el palacio real del Louvre de París. Su padre fue Gastón, duc d’ Orléans, hermano del rey Luis XIII de Francia. Ella era así prima del rey Luis XIV. Su título en la corte era La Grande Mademoiselle. Heredó riquezas fabulosas y el título de su madre -María de Borbón, duquesa de Montpensier-, que murió al nacer. Se convirtió en una figura importante en las guerras civiles francesas del siglo XVII conocidas como la Fronde. Por esto, fue exiliada a sus fincas en el extranjero durante un tiempo, pero luego se le permitió regresar. ESCRIBIÓ UNAS MEMORIAS que proporcionan un valioso relato de las cortes de Luis XIII y Luis XIV.

Sus Memorias son uno de mis libros favoritos.

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Pillé un resfriado en una misa en honor de Luis II de Baviera.

La celebramos la Cofradía de Extravagantes de España, una subsección de la Academia de Lunáticos fundada en Valladolid en el siglo XVIII.

Entiendo que el pecado se renueva en cada hombre y el perdón lo renueva cada loco.

Al salir de misa, grité en calzoncillos: “¡Vive le roi!”

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Si yo fuese Fouché, y, en lugar de en mi exilio gallego, estuviera en Cataluña, entonces guardaría mis vinos, papeles, legajos y editio princeps de mi biblioteca, escondería las corbatas de seda y los trajes de marca, compraría ropa de mercadillo, me dejaría trenzas de rastafari, y con unos perros caminando junto a mí, aprendería los himnos patrióticos.

Pero yo siempre fui más bien un Luis XVI, por lo que me erijo en rey supremo y plenipotenciario, acumulo riquezas y enajeno lienzos y estatuas, y, cuando los somatents vengan a ajusticiarme, lentamente sacaré mi pañuelo bordado del bolsillo, sonreiré dulce e irónico, me humedeceré los labios, y obligaré al lacayo asesino a que copie los últimos versos de mi epitafio.

Diario de un esquizofrénico 31

Las artes y poderes del desdén son típicamente juveniles. Yo las uso y acepto, o bien como máscara auto-paródica, o bien como heterónimo con mi paradójico propio nombre y apellidos. Lo repito periódicamente para así no confundirles. Mi natural tiende a lo bondadoso (aunque, vano repetirlo, una cosa es como en realidad eres, otra como te ves tú y otra como te ven los otros; y, por mucha madurez e introspección adquirida, nunca coinciden del todo las tres imágenes del espejo)

La mayoría no es más tonta ni más inteligente que la media de tontos e inteligentes repartidos entre la población, pueblo, gente o populacho o chusma.

Un joven puede creer putrefacto lo que él juzga una vieja gloria. Supongo que este freudiano desdeñar al padre es inevitable.

Los poetas son descubridores y los científicos inventores. Un poeta es como un matemático (a diferencia del resto de los científicos); existe un reino platónico de teoremas geométricos y algebraicos. Se descubren -ya están ahí, intemporalmente, preexistentes- y no se inventan. Un poeta descubre, hace explícitos, los implícitos populares, el reino intemporal de la naturaleza humana. La sutiliza. La matiza y deduce consecuencias y observaciones laterales.

Obviamente el desdén adolescente es un tema literario pues pertenece a una fase del recorrido humano.

Como conservador creo que los tópicos consuetudinarios, lo informal y espontáneo cristalizado en preferencias, valores, temores y jerarquías, tienen más verdad que los hallazgos vanguardistas radicales o los proyectos políticos de educación impositiva o ingeniería social.

“Como norma los niños prefieren jugar con camiones y las niñas con muñecas” es una frase que se amolda mejor a nuestra esencia que la frase “Cualquier niño prefiere indistintamente jugar con cualquier juguete”.

«Mi perro es noble y fiel y bueno» es una proposición popular. «Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro” de Franz Kafka, es una sentencia que amplia otros matices, pero que también incluye la sabiduría de sentido común.

Un poeta o escritor o artista elabora-descubre- metáforas explícitas de implícitos (la libertad, el deseo, el amor, la soledad, el significado, la muerte, el placer etc…) Evidentemente puede, incluso es deseable, que vaya más allá del punto de partida, que profundice en el tema, y aporte una visión o punto de vista a la vez común y original, incluso muy original. Y debe dominar formalmente su arte, no apañarse como un simple amateur.

Un científico (no un matemático) elabora –inventa- ecuaciones implícitas, es decir, inventa, pero es un invento NUNCA arbitrario, sino que sigue las reglas, el patrón de la realidad, las leyes de la realidad. Inventa según los cánones insuperables que determinan la realidad empírica. Lo que Belén Esteban es al poeta, lo es la realidad al científico. Pero el científico para modelizar bien necesita acudir al amplio repertorio de las estructuras del universo matemático. Y los matemáticos, diferentemente al resto de científicos, descubren y no inventan siguiendo unas marcas o huellas preestablecidas (las huellas de la realidad, como hacen los físicos, químicos, biólogos etc…)

El poeta o el artista y el matemático descubren o bien metáforas (del –común- espíritu y reino humano) o bien teoremas (del fuera del espaciotiempo reino matemático) Los científicos inventan o describen rasgos y propiedades de la realidad del -verdadero- espíritu de la realidad.

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La vida son reinos. Los reinos son de arcilla (Shakespeare) La vida es de arcilla.

Debido a imponderables familiares no paso una buena época, pero las innumerables felicitaciones en mi Facebook por mi cumpleaños significaron un alegrón, un chute de alegría. Mi vida hoy logró, gracias a ustedes, colores y bellezas de metal noble.

Reformulando un aforismo de Wilde: “Para tener buena salud lo haría todo menos tres cosas: gimnasia, levantarme temprano y ser persona respetable. Y solo necesitaría una: más de cincuenta felicitaciones en mis redes por mi cumpleaños”.

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Cambiando de registro, y sumergiéndome en el enigmático, en el misterio tremendo del reino de la vida. Recuerdo a Bloy:

“LEER CON SOSIEGO

Solo hay un libro que pueda leerse con sosiego. Es el Libro de la Vida, y solo tiene una línea: Electus vel Damnatus”.

Léon Bloy: Exégesis de los lugares comunes, Acantilado, traducción de Manuel Arranz.

Diario de un esquizofrénico 30

«Todas las palabras [del poema] estaban mal; todas eran románticas, banales, probablemente las habían utilizado los supuestos poetas del s. XIX. Lo intentó de nuevo: ocres residuos, posos del corazón; parecía que se alejaba suficientemente del mal poema, pero no servía. Usó «corazón», una de esas viejas e inadecuadas palabras. Pero, ¿por qué hay que escribir precisamente sobre el otoño, o sobre el amor «de esa manera»?  Palabras, poemas prohibidos. Todo ello demuestra lo mediocre que soy«. G. Bullet, El jurado.

Mi escuela de literatura fueron las redes. Fijándome en sus no pocos buenos escritores fui mamando técnicas y cocinas de escritura. Aprendo (todavía) igual que una esponja.

La parte del león de mi formación académica fueron las matemáticas, y una pequeña parte filosófica. En literatura soy todo agujeros y lagunas y limitaciones. Aunque sigo siendo todavía un escritor mediocre y diletante, y a veces “refistolat”, admito que he progresado. Al principio me celebraban grupos de Facebook (incluso gané dos o tres veces la insignia virtual de escritor del mes en un par de ellos), pero todo brotaba con un tono bochornosamente meloso. Rápidamente me di cuenta que ese no era el camino, viré y me enmendé.

Me considero ya un escritor menos mediocre que la media de la mayoría de los escritores, lo que supongo me convierte ipso facto en escritor, je je.

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Entre los trabajos de bronce de los antiguos se cuentan también las monedas, de cuño diverso entre los griegos, según la época de las fases de su arte. Se pasó de un cuño más liso a otro de más relieve. Uno, más esmerado, el otro, más tosco.

Ese gran personaje que fue Johann Joachim Winckelmann, descubrió en la Villa Albini una inscripción que hacía referencia al dorado de las monedas:

                                    D.M.

FECIT. MINDIA. HELPIS. IVLIO. THALLO

MARITO. SVO. BENE. MERENTI. QVI. FECIT.

OFFICINAS. PLVMBARIAS. TRASTIBERINA.

ET. TRICARI. SVPERPOSITO. AVRI. MONETAE.

NVMVLARIORVM. QVI. VIXIT. ANN. XXXII. M. VI.

ET. C. IVLIO. THALLO. FILIO. DVLCISSIMO. QVI. VIXIT.

MESES. III. DIES. XI. ET. SIBI. POSTERISQVE. SVIS.

Mutatis mutandi, y pensándolo bien, no es mal, nada mal epitafio para un escribidor.

Me gustaría escribir –concluyo- con algún ocasional destello de mármol que dorase mis borradores.

Gracias maestros de las redes; mi privada “Generación Facebook”.

Diario de un esquizofrénico XIX

Me leí estos días atrás El amor al revés, de Luisgé Martín. Memorias sodomíticas del autor. Explica el trance autobiográfico de una homosexualidad en principio no asumida hasta su plena asunción. Leí la novela o crónica con bastante gusto, es entretenida y amena, pero, si debo comentar in modo impressionistico, tipo pulgar arriba, pulgar abajo, admito que me dejó bastante frío. NO ME LLEGÓ.

Todo parece (rescato de mis notas inmediatas de lectura) la vida de un santo gay, con su vía crucis y camino de purgación, concluyendo en una suerte de vía unitiva feliz. Se transparenta muy bien el carácter del protagonista. Es una autobiografía correcta pero no puedo mostrar por ella un entusiasmo fingido o superior al real. Abundan recuerdos, pero sin plan dilucidador, y la conciencia del protagonista lamento creer que se aleja años luz de una conciencia superior, y demasiadas veces es un muestrario de sus (bastantes) limitaciones.

Desolador (aunque humano, comprensible, y lamento la nula empatía) que el secreto más profundo de una psique signifique auto-desprecio. Y muchas veces Luisgé Martín parece más una viñeta de tebeo que un acabado personaje. En el libro no hay –juraría- una visión profunda del mal o del bien, todo se esboza a brochazos de pintor principiante.

La ficción real sugiere que no hay detrás una inteligencia fuerte, una voluntad fáustica o un punto de vista original sobre el mundo y la vida. Hay como una densidad de basalto que oscurece la verdadera visión, la grandeza. Burbujea desolada miseria. No hay ideas espirituales refinadas (muy desdichado, y cruel literariamente, para el escritor español comparar su autobiografía con Confesiones de una máscara del japonés Mishima)

Su mente baila de puntillas sobre las vicisitudes y conflictos (y a trancas y barrancas los solventa) porque no posee una verdadera música sinfónica, sino retazos de cancioncillas pop. Me alegro que el autor haya superado traumas y sinsabores, pero su identidad madura me parece postiza, ritual, manufacturada en serie.

Me alegro que huyera del infierno y alcanzase la autorrealización. Pero me desagrada que no exista singularidad en la concepción de sus escrutinios; todo deriva o acaba en un gay auto-satisfecho, cortado (como millones amontonados) en el patrón LGTB-Chueca.

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La moral novelística sobre determinados temas (racismo, feminismo, clasismo, homosexualidad) propende a sermonear al público. Desde púlpitos amedrentadores (Hollywood, la televisión, la industria editorial o musical) nos urgen a que hagamos limpieza. Se rechazan malos modelos (supuestos malos modelos) y se disemina una moral sexual y de la naturaleza humana cuya no aceptación trae consecuencias desastrosas. Discrepar o matizar X, no aceptarlo sin rasguño crítico, te convierte ipso facto en homófobo, machista, facha…

De esta sutil corriente participa también la obra de Luisgé Martín, novelista por otra parte muy encumbrado y valorado encomiásticamente por la crítica.

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VARIACIONES A UN TEMA DE FÁTIMA MALDONADO

Chorrillos de consignas, aluviones, discursos,

y retrocederá el veneno agrio de los sueños.

No creas en Dios, recibe por TV principios

de la Santa Cofradía Progre, y así, destruidas

las obscenas banales palabras, con ajuste

Luciferino, reinará Moloch en los bosques.

Tuyo, oh Señor, el cielo sobre nuestras cabezas.

Diario de un esquizofrénico XXVIII

Permítanme la vanidad desmedida, la soberbia desmesurada, la presumida petulancia, de observar que mi biblioteca rebosa o casi alcanza los veinte mil volúmenes.

Gasté peculio (no poco) y ojos al formarla, y es mi única hacienda, patria y desvelo. Cuando me vine a vivir a Galicia desde Barcelona, todo un señor tráiler, cargó con decenas y decenas de cajas -entre otros trastos, evidently.

Aunque sobre gustos y colores «non disputandum«, no hay querellas, he de admitir que es una biblioteca básicamente aburrida, a imagen y semejanza del lector que la sueña y vive. Excepto casi un centenar de títulos de libertinos dieciochescos franceses y dos centenares de novelas bizarras y extravagantes, excepto rarezas curiosas y muy divertidas, excepto los anaqueles de la literatura de ocasión, la de mero (y también feliz) entretenimiento, poca miga o chicha tiene.

Abundan los grandes nombres que gustan hoy poco, abundan sofismas inevitables, poesía, y plúmbeos o farragosos ensayos. Mi biblioteca es como una chica que enamora por sus calidades interiores intrínsecas, por su belleza interior, y no por su despechugado y llamativo escote. Es una biblioteca mohosa, tímida, pudibunda, gafuda, empollona, escolar, recatada, de esas que evitan las deliciosas vampiresas gamberras o los chicos malos.

Sería buena herencia para una diócesis y no así para los vestuarios de una sauna. La cultura es una señora vieja, arrugada y antigua, una anciana venerable, con peluca, desprovista o no ataviada todavía (creo) con piercings, tatuajes y cabellos teñidos de verde. La cultura está en trances de desaparecer, sino ha desaparecido y mutado ya, diluida en formas masivas y mercantiles de «divertissement«.

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Los libros, por lo único que vale la pena vivir, tienen, como una navaja multiusos, muchas funciones diferentes. Una de ellas es CONSOLAR. Las palabras de los libros curan a los afligidos, son un método ideal para soportar el dolor, casi ninguna acedía se puede quitar de la mente con un libro esperándote en la mesita de noche.

Los daímones librescos intermedian entre el cielo y la tierra.

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VARIACIONES A JENÓFANES

En invierno, alrededor del fuego,

recostado en beata butaca limpia,

el estómago lleno y la calma socrática

en el corazón, bebiendo dulce vodka,

un montón de libros sobre la mesa…

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Y regresar así sano a la Muerte,

con fragrantes flores en los jarros,

con rosas armonías en las macetas.

A lo largo y ancho de mi camino,

libros -confiésalo- fueron mejor destino.

Diario de un esquizofrénico XXVII

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Pestañean las luces de Navidad. Ristras de nubes desengañadas y negras de agua encima de la aldea. El invierno pósase como un capuchón frío en la cabeza, las piedras de la iglesia se adensan de niebla, un soldado romano ve pasar al emperador por la Vía Apia.

Sin estupor imaginativo escribió Gómez Dávila: «Al despojarse de la túnica cristiana y de la toga clásica, no queda del europeo sino un bárbaro pálido» ¿Lo sabe mi vecina que cuida a la yegua? ¿quedan rescoldos de eso en el páramo feudal de Nogueira?

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Leyendo el Livro do desassossego adviertes de un mundo de cultura y percepción con otras asociaciones, muy lejos del nuestro, de un pensamiento renuente a las convenciones de la realidad, del fluir, más  que de una conciencia de las sensaciones, de las mismas sensaciones ralas, de una desafección absoluta al tópico y los bienes rutinarios, de una imponente mansión de limusinas de la mente, de una dirección de mente particular e intransferible, de una soledad que gobierna regia la existencia, de una conducta terrestre hilada a los cielos (valga la imagen)

Bernardo Soares, el heterónimo pessoano, el redactor de los fragmentos del diario, el contable chato, pero a la vez homérico, es un mundo, crea un mundo, y transcribe un mundo.

Preeminente y con aureola de tela medieval, el protagonista del Libro del desasosiego es muchos personajes y nadie, la Multitud y el Único, una hoja de un árbol de la ciencia jesuita o un papel de Doellinger contra la infalibilidad papal.

Los genios son difíciles de asimilar, repitió asiduamente Bloom.

¿Quién es Pessoa? ¿Existía, entre la multiplicidad de sus yoes, también un yo compacto? Los escolásticos, en la discusión sobre los universales, discutían si la sustancia X era solo la suma de propiedades p1, p2, p3, …. pn, o bien, si, bajo el sumatorio de esas propiedades, TAMBIÉN existía la sustancia X. El oro tiene un determinado color, maleabilidad, masa atómica, punto de ebullición ETCÉTERA, pero ¿además, si ninguna de esas propiedades está presente, también existe el oro?

¿Quién es Pessoa? ¿Componía Pessoa los heterónimos contra su voluntad? ¿Quién fue Pessoa?  

“Eu VEJO diante de min, no espaço incolor mas real do sonho, as caras, os gestos de Caeiro, Ricardo Reis e Álvaro de Campos”

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Frente a esta acorazada muralla cognitiva, frente a este detalle de espíritu, Fredéric Martel en su reportaje sociológico y periodístico de la cultura planetaria, globalizada y universal venidera (Cultura mainstream, se titula proverbialmente el libro), dibuja como embuten a las masas una serie de contenidos culturales simplones, zafios, de usar y tirar (así los juzgo yo, no Martel), desligados de la trascendencia, que troquelan e imponen una serie de valores apuntando a lo barato, al chicle fácilmente masticable, a lo general buido, a lo melodramático y artificial, al ketchup y las palomitas.

El autor no ve con malos ojos esta invasión de Shakiras, videojuegos, latin pop, J-pop, y Hollywood en vena, todo por lo civil o por lo criminal. El capitalismo generó formas de consumo de ocio, y el libro de Martel es la constatación que la Alta Cultura está en trances de desaparecer, si no ha desaparecido ya.

El hombre ocioso acepta la industria de las manufacturas. El poder de la sociedad y el consumo destruyen el sueño de la Alta Cultura. La vida real es indistinguible de una serie de Netflix. Lo formulario acaba con lo genuino, el lenguaje enlatado con el lenguaje creador, se evocan las mismas emociones como con un plan preconcebido, la estructura de acertijos es problemática y se prefieren los planos obvios, la crítica se amolda a los tiempos y enjuicia o destaca los paralelos entre Eddie Guest y Eliot, omitiendo sus diferencias, el dinero crea el gusto y el gusto crea el dinero, ETCÉTERA

Todo lo que no sea arte medio es arte esotérico. Todo lo que sea arte bajo es arte valioso. Multitud de ilustres pensadores defendieron o defienden la cultura de masas. Yo no soy ni ilustre ni pensador.

Bernardo Soares queda arrinconado en las estanterías mohosas de la historia, y relucen ahora nuevos bibelots como Piratas del Caribe, Eurodisney, o los talk-shows de Al Yazira o la CBS.

Pessoa es denso, no es entretenido como El Código da Vinci, no es comprimible en un tuit. ¿Dejará la cultura de contar con los Tolstoi, Homero, Cervantes, Quevedo, Cernuda, Proust, Kafka y todos sus pares? Para millones de personas eso solo son sombras, nombres, o más bien nada. Claro que el mismo fenómeno sucedió igual a lo largo de la historia. El analfabetismo en España en 1900 superaba el 50% de la población. Pero la educación universal y gratuita nos convirtió, no en seres más doctos, sino en sosias de Jorge Javier Vázquez.

Un pasado (para una élite minoritaria) sin promesa de futuro (para una abrumadora mayoría; siempre quedarán islotes de resistencia pessoanos en cualquier época futura)

Contraponer el hoy de Martel con el ayer -cercano- de Pessoa produce escalofríos. Los tentáculos de la Bestia son sólidos y se presume que imperecederos. La mediocridad genera mediocridad y almas mediocres. La mediocridad tocando el espíritu es como un arroyo sucio sin ninfas ni trasgos, solo plásticos, botellas de Coca-Cola y canciones de la Cadena Dial. Angelina Jolie y Superman bajaron de su peana a Bach, Venus y Zeus.

Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Diario de un esquizofrénico XXVI

Estuve leyendo anoche «La inútil lectura«, de Carlos Skliar, mármara.

El ensayo no es claro ni inteligible, las ideas están trufadas de pseudo-iluminaciones poéticas, y la filosofía es débil y meliflua imitando sin duda al peor Roland Barthes.

Todo lo que se puede decir se puede decir claramente o bien en un sistema adecuado de símbolos. La expresión clara corresponde al pensamiento claro, y la expresión oscura al pensamiento confuso. Si no lo dices claramente es que no lo entiendes claramente. El ensayismo inglés es un modelo irrenunciable de rigor (y amenidad) intelectual, como no lo son las vacaciones vacuas por la ininteligibilidad galáctica de post-estructuralistas, sean derridianos, lacanianos o demás especies y curiosos animalitos demodé. Estos nombres, escuelas o autores incurren de lleno en el terrorismo lingüístico, en el carajal o embrollo desnortado y pedante.

La tesis del libro es atractiva: los libros no sirven para nada, ni para saber, ni para mejorarnos como personas, ni para promocionarnos profesionalmente, en resumidas cuentas, que la lectura es una solitaria singularidad inútil.

El autor no encadena o arguye argumentos de modo ordenado y explícito. En base a intuiciones elípticas, creencias sin fundamentar en hechos o papers científicos, sub-tesis mongoloides, inferencias catatónicas, acumulación de escombros, así, totum revolutum, va mezclando algo que desearía sonara como sutil música pero que en realidad son chirridos que acaban en papilla densa o engrudo intragable. Se percibe el tomito como una morcilla rellena de cebolla sucia, indigesta, reseca, una pasta irracional con un pegamento barato muy lábil; el engomado envasa ideas flotantes, souflé, e inconsistentes.

El autor se desparrama en una ensalada de palabras; lo que técnicamente llaman los psiquiatras al estilo lingüístico de algunos esquizofrénicos: “ensalada de palabras” (mezcla casi arbitraria de palabras con poco orden sintáctico)

Una máxima de Epicteto observa que el filósofo es un hombre a quien si escuchas te hará probablemente más libre que todos los pretores juntos. Los epiqueremas de Skliar te harán probablemente más esclavo que todos los dictadores bananeros juntos.

Carlos Skliar posee una mente embrujada por la dimensión más estética y del feísmo más ilógico del lenguaje que por su dimensión cognitiva y clásica (inventio, elocutio, dispositio). Por ejemplo, y tomado al azar, leemos en la página 98: «Aprender que la lectura es un silencio-aullido que nos hace regresar, atónitos y afónicos, hacia los laberintos sin salido. Leer para encontrar la escritura de un mundo anterior, inabordable, que nos precede, encoge y acoge«. O bien leemos en la página 24: «Conocer: un concepto que se sostiene por la fuerza bruta de todo aquello que no es mirado, por la banalidad de considerar solo aquello que está en nuestra frente, o por lo que se dice pero se vuelve indiferente a las palabras. Pero leer no es conocer, sino percibir, adentrarse en la desobediencia del lenguaje, y quizá pensar«. Y todo así seguido, con ese tono oracular, ebrio, de casco de bombero bajo el árbol de Buda, apartándose las palabras y los conceptos del uso común y sin estipular uno nuevo, usando unos obiter dicta nunca justificados, ni decentes ni cabales ni inteligentes.

Infortunadamente compré el libro por el título, sin inspeccionarlo en la librería como es mi costumbre, atraído por la edición, mema y compulsivamente. No dejo de pensar que contribuí al éxito de un libro malísimo. De un “salivas”. De un estilo de libro o tipo de escritura ensayística tercermundista, ya muy desfasada. Leí el libro entero, más que nada por echarme unas risas. Lo regalaré.

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También estoy leyendo la novela «El museo de la inocencia«, de Orhan Pamuk, Mondadori. Voy sobre la página 70 -la empecé a las 5 de la mañana. Afortunadamente la novela parece que ahora empieza a tomar aliento. Hasta aquí poco difería de un culebrón turco de ésos de lujo, erotismo naif, romanticismo sentimental y plano, y amor arrebatado e irreal, amor de cliché tontaina à la Barbara Cartland. Carmen de Icaza nos contestó sobre si deberíamos leer a Pamuk o no, al abogar por no desdeñar estas narraciones para la educación de las hijas. Dijo en una entrevista: «[Mi hija] empezará pronto a leerlas. No veo ningún daño en que crea que los millonarios se casan con su mecanógrafa, cuando está colmada de virtudes»

La traducción es un horror, de juzgado de guardia ¿Contrató el editor a un traductor solvente o bien se limitó al GOOGLE TRANSLATE “Turco-Español”? Usa machaconamente la forma «había + participio» («había comido» en lugar de «comí», «había cantado» en lugar de «cantó»), incluso a veces en tres ocurrencias en la misma frase, eso por no mencionar los inelegantes «en el cual», «por los cuales», «entre lo que», y otras fórmulas expresivas y construcciones sintácticas que convierten la lectura en un tren traqueteante pasando por un túnel oscuro.

Si la belleza, según Tomás de Aquino, sumaba las notas de “debita proportio sive consonantia”, “convenientia partium” y “claritas”, el lenguaje de este libro es una hoja de berza repleta de orugas o bien como el retrato de Carlos II pintado por Carreño.

Suena todo a un castellano verboso, fatigoso, nada ágil, pesado de un modo innecesario, de fluencia artificial (hay frecuentes giros oracionales muy bulbosos, más feos que Picio); el español es enervante, de coche gitano, de “quiero y no puedo”, igual al atestado redactado por un inculto Guardia Civil en los años cincuenta.

Se percibe la traducción, no como hermosa transparencia feliz, sino como barrera o muro con vidrios cortados en su punta; infranqueable, insalvable; no les engaño al advertirles que leemos un español enladrillado, un idioma que en vez de jaeces parece que le ponen pelagra.

Mondadori (“Timodori”) debiera cuidar la edición, pues los fallos no son sutiles ni de ocasionales y rebuscadas filigranas intelectuales, sino autoevidentes, groseros, muy campanudos. Regalaré el libro sin acabarlo de leer. Uno se gasta sus buenas perras en libros y….En fin, la Carnicería Pascualín.

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«Quand une lecture vous éléve l´esprit, et qu´elle vous inspire des sentiments nobles et courageux, ne cherchez pas une autre règle pour juger de l´ouvrage: il est bon et fait de main d´ouvrier» La Bruyère


«Cuando una lectura os arrebata el espíritu y os inspira sentimientos nobles y animosos, no busquéis otra regla para juzgar la obra: es buena y se debe a mano de artista»

Lo que me han inspirado ambos libros son ganas de volver a ver a las “velinas” siliconadas de Tele 5 en vez de seguir leyendo. Y también el sentimiento noble de fusilar a los dos escribidores o, disyunción inclusiva, a sus capitostes y ejecutivos editoriales. En fin, Cultura Rin Tin Tin.

Diario de un esquizofrénico XXV

Mamá está encamada, enferma y deprimida. Se negó a cenar. Yo, tumbado en la cama desde las 8, supurando tristeza. Todo el día lloviendo en la aldea. Humedad, frío y soledad. Chasquea la madera de la casa, oigo el viento moviéndose entre los árboles, escucho el sonido (amortiguado) de la caldera del sótano. Mi mente divaga errabunda; sintetizo mi estado emocional en dos conclusiones, a la vez algo contradictorias y algo complementarias:

  • Ningún hombre apegado a las convenciones y costumbres familiares puede llamarse completamente libre
  • Ningún hombre no apegado a las convenciones y costumbres familiares puede llamarse completamente feliz

Aunque sonara el móvil no lo oiría; o está en el salón o guardado neuróticamente en algún cajón. Tan malo es -vuelvo a divagar- (i) llenar el vacío SOLO con cosas, como (ii) llenar el vacío SOLO con más vacío.

A la cabeza acude una estrofa de Wordsworth: “El pulso de un bosque de primavera / puede enseñarte más del hombre, / de lo que es el mal y el bien, / que todos los sabios del mundo”. Hace un rato tenía una ventana abierta en mi computadora mental acerca de Zoltan Istvan, filósofo transhumanista à la page que afirma que políticos, artistas y no sé cuánto (o cuántos) más, serán sustituidos MEJOR por la AI. Oscilo, voy cliqueando, surfeando en veloz pizzicato en mi encéfalo entre uno y otro, Istvan y Wordsworth, Wordsworth e Istvan…

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Estoy cansado. Escribo mal.  

Pienso o esbozo un poema, su borrador elemental:

NOCHEBUENA, NOGUEIRA, A LAS 11:46 P.M.

Juega el roble

con la Luna al tiro con arco.

Las hojas de invierno

gotean desde los árboles.

Brillan programas de variedades.

Goteando Trajano y su champán.

Hay una gotera en mi pasillo.

***

Pero odio la lluvia,

pero odio los muñecos de nieve;

pero mañana, y unos niños, pero yo,

pero con sus juguetes

y mofletes como agujas de pino…