Diario de un esquizofrénico 47

(EPICUREA)

Fuentes:

-Arrighetti G. (1960). Epicuro. Opere, frammenti e testimonianze sulla sua vita, Turín, Einaudi.

-Sentencias vaticanas, también conocidas como Gnomonologio vaticano o Exhortaciones, colección de 81 sentencias de Epicuro y sus discípulos descubiertas en 1888 por Karl Wotke en la Biblioteca Apostólica Vaticana en un códice griego del siglo XIV.

-Hermann Usener, Epicurea, 1887

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Metrodoro, recuerda que, siendo mortal por naturaleza y disponiendo de un tiempo limitado, por tus indagaciones sobre lo que es la Naturaleza ascendiste a lo infinito y eterno y contemplaste “lo que es, lo que será y lo que fue””

En las demás ocupaciones de la vida cuesta grandes trabajos recoger el fruto una vez cumplida toda la labor, pero en el ejercicio de la filosofía tal placer va a la par con el conocimiento, pues no se goza después de haber aprendido, sino que se aprende y se goza al mismo tiempo

Reverenciar al sabio es un gran bien para quien lo venera

Hay que reír a la vez que filosofar, administrar la casa y ocuparse del resto de los asuntos privados, y de ninguna manera hay que expresar sentencias de ira cuando proclamamos las máximas de la filosofía

El amor al dinero [la avaricia], si éste es adquirido por medios ilegítimos, es impío, y, si es obtenido por procedimientos legítimos, detestable, pues es sórdido ser avaro aun tratándose de dinero que le pertenece a uno por justicia

El sabio que se ha acostumbrado a las situaciones de necesidad sabe más compartir con los demás que tomar de ellos. Así de grande es el tesoro que [el sabio] ha hallado en el saber contentarse

Me he anticipado a ti, Fortuna, y he bloqueado todas tus posibilidades de infiltración, y no me entregaré cautivo ni a ti ni a ningún otro condicionamiento [circunstancia], sino que cuando llegue la hora de irnos de aquí nos marcharemos tras echar un escupitajo de desprecio sobre la vida y sobre los que neciamente se aferran a ella, entonando al mismo tiempo un bello canto de triunfo proclamando que hemos vivido bien

No hay que fingir filosofar, sino filosofar realmente, pues tampoco necesitamos parecer sanos, sino estar sanos de verdad

Debemos liberarnos de la cárcel de los asuntos rutinarios y de la política [asuntos públicos]

Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer

Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco

El fruto más grande de la autosuficiencia es la libertad

La filosofía es una actividad feliz que mediante razonamientos y argumentos procura una vida feliz

Estéril es la palabra del filósofo que no remedia ningún sufrimiento del hombre, porque así como no es útil la medicina si no suprime las enfermedades del cuerpo, así tampoco la filosofía si no sana las enfermedades del alma [mente]

Para alcanzar la verdadera libertad debes ser esclavo de la filosofía

Toma tu barco y huye, hombre feliz, a vela desplegada, de cualquier forma de cultura [oficial]

Te considero dichoso porque, limpio de toda educación [convencional], te has entregado a la filosofía

Téngase presente solo el cuadrifármaco: la divinidad no se ha de temer, la muerte no se percibe, el bien es fácil de conseguir y el mal fácil de soportar

Frente a los demás males es posible procurarse felicidad, pero en lo que se refiere a la muerte todos los hombres habitamos una ciudad sin murallas

Tan grande es la ignorancia de los hombres, tan grande su locura, que algunos por temor a la muerte se empujan a sí mismos hacia ella

Si quieres hacer rico a Pitocles, no aumentes sus riquezas [materiales] sino limita sus deseos

La autosuficiencia es la mayor de todas las riquezas

No te dejes engañar ni te engañes o equivoques: no existe ningún vínculo natural recíproco entre los seres racionales. No existe una sociedad humana, sino que cada uno cuida de sí mismo

Sin las leyes los humanos se devorarían los unos a los otros

Vive oculto

Jamás pretendí contentar a la masa, porque lo que al vulgo le agrada yo lo ignoro y lo que yo sé bien lejos está de su comprensión

Diario de un esquizofrénico 46

El sobrenombre de sans-culotterie alude a la vida del espíritu de trabajadores, tenderos, profesores, artistas, escritores, funcionarios menores y solo un puñado de ricos con deseos y pasatiempos de educación intelectual, orgullosos, dignos y serios, que se reunían para lecturas de Rousseau o Volney, y gozosos cantaban, discurseaban y disfrutaban de recitados a cargo de jovencitas. Vida del espíritu, sin duda. Me placería ser un sans-culotterie.

No di un palo al agua en la vida. De mí puede decirse lo que Ramsay MacDonald de Arthour Balfour: “Una gran parte de la vida la vio de lejos”. No, no me mezclé con el tumulto, pasé por todo por su superficie, como de puntillas. De niño resbalé en la opulencia y nunca tuve –acaso ahora sí algo- serias preocupaciones por cuestiones de dinero. Nunca tuve que arrostrar el gravoso problema de ganarme la vida ni me volaron la cabeza facturas o pago de cuentas atrasadas. Mi sólido capital de infancia se fue desmoronando paulatinamente, pero tengo necesidades pequeñas y hábitos austeros. No despilfarro. Me alcanza aún una relativa seguridad.

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Mi lujo es solo mental. Pese a la esquizofrenia mi mente es un islote plantado de sauces y rodeado por el brazo más tranquilo del azul índigo. A un lado praderas, al otro, la torre románticamente solitaria del castillo de Faramontaos. Sombras móviles de hojas. Están todos ustedes invitados a mi islote encantado.

Alberti, en De pictura, afirmó de la basílica de Santa María de Fiore: “Esta construcción enorme que se eleva hacia el cielo es tan vasta que podría cobijar a toda la población de la Toscana bajo su sombra”. A veces creo mi alma un patatal, otras, niego su parecido a una biblioteca y a Venecia. Hoy la siento capaz de cobijar la excelsitud.

A veces hay dentro de mí una impresión rotunda de cama con las sábanas deshechas y sucias, rodeada de botellas vacías por el suelo, y hedor mezclado de tabaco y sudor inundando la habitación. Ahora debo reconocer que he sacado un premio mayor en la lotería de la vida. La mayor parte del globo está cubierta de barbarie, pobreza o esclavitud, y en el mundo civilizado las masas se condenan a la ignorancia. Nací en nación libre, en una familia rica, que sabía educar y honorable. Y, desde luego que, al igual que dijo el sereno Gibbon, soy rico, pues, frugalmente, mi ingreso todavía dobla mi gasto. 

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Están ustedes invitados a visitarme a Nogueira. Con ustedes no temeré jamás de los jamases estas escalofriantes palabras bíblicas: “Mis parientes me han fallado y me olvidan mis amigos más próximos. Los que moran en mi casa y mis esclavas me tienen por un extraño, les resulto un desconocido…A mi mujer le repugna mi aliento y mi hedor a mis propios hijos. Aun los chiquillos me desprecian y me escupen apenas me levanto. Mis íntimos me aborrecen y aquellos a quienes quería se vuelven contra mí” Esto atestiguaba el patriarca Job en el siglo III a.C.

No temo (les espero, queridos) mi terminante soledad.

Diario de un esquizofrénico 45

«En la medida en que la libertad política y económica disminuyen, la libertad sexual tiende a aumentar», observó como un profeta hebraico Huxley.

Recuerdo, al oír los aplausos y sonrisas del parlamento, algo que leí en Ludwig von Mises: «Ningún gobierno puede hacerte más rico, pero muchos pueden hacerte más pobre«, y también de von Mises en “El Estado omnipotente” (1944): “¡No hay esperanzas para una civilización, cuando las masas están a favor de políticas nocivas

Sin duda que es amargo tener razón cuando el gobierno está equivocado.

La democracia se ha convertido en un tabú, o último fetiche del que toda crítica o amonestación parece herejía, crasa inmoralidad. Pero lo que no se dice es que los Estados modernos han invadido la intimidad individual hasta cotas inaguantables. Sus poderes ya no están solo limitados por la Constitución y las costumbres. Hoy el gobierno lo puedo hacer todo so pretexto de que es mayoritario, por lo que de facto vivimos en democracias totalitarias.

Asimismo la Ley ha perdido su sentido noble y primigenio, y no es más que una regla cambiante destinada a servir intereses particulares… ¡en nombre de la justicia social! Pero la justicia social no existe sino en forma de ventajas particulares, observable en la generosidad de los legisladores hacia ciertos grupos. Hoy en día un gobierno no es más que una institución de beneficencia al servicio del chantaje hacia ciertos grupos. Con la distribución de esos beneficios compra «partidarios». Por lo que el gobierno esquilma la riqueza económica común en función de aquello que le permite conservar la mayoría política. Los políticos, en las democracias contemporáneas, no representan el interés general. Simplemente distribuyen favores en el mercado de la opinión pública.

Mientras no consigamos que los hombres sean ángeles, o príncipes de la virtud y donantes universales de sus riquezas, yo me conformo con que lo mejor que podemos hacer para agradarnos y querernos los unos a los otros es parecernos a los franceses e ingleses que frecuentaban el salón de Madame du Deffand. Ese día creeré en la democracia.

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La peor forma de desigualdad es tratar de hacer que las cosas desiguales sean iguales.” Aristóteles.

Las Polis degeneraran en democracias y las democracias degeneran en despotismos.” Aristóteles.

Esta y no otra es la raíz de donde surge el tirano; cuando él aparece como un protector.” Platón.

El verdadero destructor de las libertades del pueblo, es aquél que le reparte regalos, donaciones y beneficios.” Plutarco.

El gobernante absoluto puede llegar a ser un Nerón, pero también puede ser un Tito o un Marco Aurelio; el pueblo frecuentemente es Nerón, pero nunca Marco Aurelio.” Antoine de Rivarol.

 “Ahora, haz que siete millones quinientas mil personas voten para declarar que dos y dos son cinco, que la línea recta es el camino más largo, y que el todo es menor que la parte; haz que sea declarado por ocho millones, por diez millones, por cien millones de votos, no habrás avanzado ni un paso. Bien, ahora serás sorprendido. Hay axiomas en probidad, en honestidad, en justicia, así como hay axiomas en geometría; y las verdades de la moral no están más a merced del voto que las verdades del álgebra. La noción del bien y del mal no puede ser resuelta por el sufragio universal. No depende de una urna electoral el hacer falso lo verdadero e injusto lo justo. La conciencia humana no puede ser sometida al voto.” Víctor Hugo.

La voz de la mayoría no es prueba de justicia.” Friedrich Schiller.

 “La democracia es un dispositivo para asegurar que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.” George Bernard Shaw.

Yo no creo en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual.” Thomas Carlyle.

Democracia significa la oportunidad de ser el esclavo de todos.” Karl Kraus.

 “Democracia es el arte de administrar el circo desde la jaula de los monos.” H.L Mencken.

 “La tiranía por lo usual se templa con asesinato, y la democracia debe ser templada con cultura. En ausencia de esto, se convierte en una representación de la locura colectiva.” John Stuart Mackenzie.

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El voto puede ser un deber cívico, es un derecho político y debe ser un bien intelectual. Una democracia que solo reparte participación política y no bienes culturales, no exige excelencia intelectual ni dimana una moral generosa, es limitada. Una democracia votada por brutos o hooligans es desgraciada, sumamente perfectible. Unas elecciones libres con un pueblo ignorante de su conveniencia e intereses es pasto de la corrupción y la ineficacia. Un gobierno no sometido a la soberanía popular ilustrada es filfa, alfalfa, decadencia.

¿Por qué no cualificar el voto? ¿Por qué no exigir, no que voten los preparados, sino que nos preparemos para votar? El problema se distribuye u oscila entre una mala deliberación en las cabezas de demócratas y gobernantes deliberando con cabezas catetas. Mejor (diría) una epistocracia que una democracia analfabeta.

Si las mentes de las mayorías populares son pedregosas morcillas mandriles, grasas negras las cortes por donde las cortes, con esforzados razonamientos que no superan los de un niño de once años, si en estas Pompeyas urbanas solo se oye el tam-tam o el reguetón y nunca Händel, si uno mira por dentro al español medio y solo ve un truculento páramo yermo y dentro de su cráneo un embutido rancio (la molicie de una pelota de salchichón) y no un cerebro discurriendo, si vadear las ideas de los demócratas prototípicos es como cruzar un río de pegamento, si todo nutriente es la papiroflexia esquizoide de la tubería intestinal catódica deyectando sus cacas previsibles, si usted percibe que en la obra de sus coetáneos hormiguean ominosos errores y nunca chispean rasgos de inteligencia e invención, si la mayoría casi equivale (y entiéndase la metáfora que sigue) al engrudo de morralla borderline de grafólogos, quiromantes, practicantes del Reiki, chifladuras de la Era de Acuario, portentosas imbecilidades de ovnis y embajadas galácticas, clarividentes de hojas del té, echadores del Tarot, médiums risibles y perturbadas, astrólogos bujarrones, brujas con su bola de colorines, quemaduras con forma de huevo en un campo por parte de una supuesta nave espacial, infames horóscopos, vacunas con nanochips al mandato de Bill Gates, conspiraciones judías de magnates de la prensa o cercanos apocalipsis de los Testigos de Jehová, parques temáticos mormones o ancianos en chándal desplazándose en patinete por las calles, si la verdad, la razón y la ciencia o la lógica están perpetuamente en el exilio, ¿usted pondría en manos de ese «pueblo» el destino de sus hijos?

«Philosophi enim est, id quod dicit, dicere cum ratione«. Que la última palabra quede necesariamente reservada a la razón, y no a un emponzoñado y lerdo salvajismo de hooligans democráticos. Que elijan los más capacitados para así lograr que los electos sean los mejores y también los más capaces, me parece una solución (epistocrática o noocrática) racional. Una democracia fundada en el conocimiento y no en Tele 5.

Diario de un esquizofrénico 44

(feminismo)

Mi patrón de juicio y afecto no se refiere al género y la especie, sino al individuo, tenga el sexo que tenga.

Juzgo a hombres y mujeres por su calidad moral, la bondad de su corazón, la generosidad en su valentía, los quilates de su ingenio, la capacidad de provocar hermosura en el mundo y tantas otras cosas.

Si por feminismo entendemos igualdad jurídica, no discriminación laboral, equidad de derechos y deberes en una sociedad abierta, no me importa sumarme a ese noble ideario. Que es cívico y es elemental y es justo. Pero el énfasis, la carga de la prueba, no recae en esa abstracción llamada «mujer» sino en fulanita y menganita y zutanita concreta, diferenciada, con sus miserias y sus hazañas concretas. Para mí no hay una abstracción llamada negros, o clase trabajadora, u homosexuales, hay individuos concretos insisto, específicos, en carne y hueso y voz. En los divinos detalles, alrededor de ellos, pesa mi juicio, no en nebulosas generales vagas.

Duns Scoto hablaba de la quiddidad, la propiedad intransferible de un ente. Adoro los seres particulares llenos de particularidades, adoro los seres humanos con atributos únicos, aquellos que no se pueden copiar, ni imitar, ni serializar. Todo humano tiene mucho de eso. Pero esa singularidad, que es una forma de libertad, decrece si no se ejercita y valora. La tendencia a enfatizar el género no contribuye a mimar el detalle. El carácter del humano no clonable, no manufacturado con ideas y sensaciones en serie, sino todo lo contrario, es mi pasión, la luz de la lupa.

Porque, piensen ¿de dónde sale esa idea de mujer? ¿quién o qué se las introdujo en sus mentes? Muy a menudo es una suerte de tosca intuición popular, pero también hay, más allá de la experiencia, una suerte de ingeniería del mercado y los mass media, con intereses e intenciones no necesariamente loables, también oscuros y torticeros. Ser mujer no es ser mujer programada como te dice Cosmopolitan, o el Papa, o la tele, ser mujer es como cada mujer desea ser mujer, es ser ella misma en floración específica y única unidad. El feminismo legalista o administrativo bienvenido sea, el feminismo ontológico no; a mi juicio en él se amagan o se emboscan formas tiránicas e histéricas.

¿Por qué una mujer no puede ser ama de casa? ¿Por qué una mujer no puede ser torero o camionero? No hay razones por una u otra cosa excepto la deliberación y sabia decisión de la propia hembra. Libres e iguales claro que sí, pero sobretodo muy suyas, muy edificadas en ellas, y no por instancias ajenas o extrañas.

A veces la libertad (vivimos una época de libertad instituida pero no instituyente, de libertad «en los papeles», en las constituciones o reglamentos, pero no así en la cotidianidad de las vidas) a veces la libertad es una añagaza de la esclavitud encubierta si se usa con desgraciadas intenciones y propósitos ni claros ni distintos.

Diario de un esquizofrénico 43

La canallería incívica, bárbara y vándala son menos que miasmas infectas. Vándalos y suevos cruzan el Rin. Alarico saquea Roma. Los godos completan la conquista de Italia. De la muchedumbre (podredumbre) anfibia y mal nacida surgió demasiado español torticero y turista botijero. El único mérito de esta civilización es que es tan mala y nefasta como la misma civilización.

Palingenio: “Tanta est penuria mentis vbique / in nugas tam prona via est!” (Tal es la penuria de la inteligencia en todas partes / que las tonterías tienen allanado el camino) «El impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres democráticos se deslicen hacia la barbarie» Tocqueville. «Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» como señaló cáustico –y muy certero– Gautier. «Vivimos en un siglo de electricidad, de gas, de guano, de crinolina, de caucho, de fotografía, de drenaje y de sufragio universal; y, sin embargo, somos menos letrados, menos artistas, menos delicados y menos educados que nuestros contemporáneos de Luis XIV, e incluso de Francisco I» Edmond About, Le Progrès, Hachette, 1864, p.356. «Lo único razonable en materia de política es un gobierno de mandarines, siempre que los mandarines sepan algo y, si es posible, mucho. El pueblo es un eterno menor de edad» declaró Flaubert, el intelectual más lúcido y profético del siglo XIX. «No me hable usted de los tiempos modernos, a propósito de lo grandioso. No dan ni para satisfacer la imaginación de un folletinista de la peor calaña» Flaubert. «Vulgus dividi in oppositum contra sapientes, quod vulgo videtur verum, falsum est» Roger Bacon. «La plebe se opone a los hombres sabios; lo que la plebe considera cierto, es mayormente falso». Schopenhauer: “La tontería es la madre y nodriza del género humano”. Como que el ahora, el pasado y el futuro de la tierra son lo más insoportable me adhiero a la actitud de Maquiavelo con exclamación mayúscula: “Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en el umbral me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre y me visto con paños nobles; así, dignamente ataviado, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos donde, a cogido con gentileza, me sirvo de aquellos manjares que son solo míos y para los cuales he nacido. Estando allí, no me avergüenzo de hablar con tales hombres, interrogarles sobre las razones de sus hechos, y esos hombres por su humanidad me responden. Durante cuatro horas no siento fastidio alguno; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la pobreza ni me asusta la muerte…

Mandriles turistas con absurdos pensamientos semi-articulados ¿Cuándo decapitarán a Boecio? ¿Cuándo acuchillarán a Escoto Eriúgena? ¿Cuándo rodará la cabeza de Luis XVI? No entienden a Propercio o Tibulo y por eso desprecian. Se derrumban villas, palacios, estatuas, edificios públicos. Los bárbaros –esa chusma de griterío y mazas– llenan de yedra y cascotes las aulas, o escupen en la Academia platónica su bilis negra. No entienden tu lenguaje y sus intereses son los «reality shows» y la playa. Huye, Christian, huye. Se oyen agrestes aullidos de lobo. Las bibliotecas devastadas, los caminos llenos de delincuentes, los acueductos no funcionan, los pocos gramáticos sin público, los teólogos sin saber griego. ¿Para quién escribes pequeña y vagabunda alma? ¿Para los ostrogodos? Huye, Christian, no te mezcles y desprecia a la chusma.

«…y ves detrás de cada cara ahondarse el vacío mental/ dejando solo el creciente terror de nada en que pensar;/ o cuando, bajo la anestesia, la mente está consciente pero no consciente de nada» T.S. Eliot, describiendo mentes populares. La educación pública no ha formado un público educado. El desastre es ciclópeo. Huye, pequeña alma. Vándalos y suevos están cruzando ya el Rin. Tipejos acémilos casi igual a bacterias, sin un gramo en su sangre de helenización, romanización, cristianización o ilustración ocupan tanto los bungalows como pobres chabolas. Escribe y memoriza a Adriano, orgulloso de tu aristocrática, gatopardesca soledad:

Animula vagula blandula,
hospes comesque corporis,
quae nunc abibis in loca,
pallidula, rigida, nudula,
nec ut soles dabis iocos.

Mejor ese lugar desnudo que la pelambre sucia de este aquí y ahora.
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Como me preparé físicamente, subí al Monte Ventoux, con un libro de Agustín en el bolsillo derecho y otro de Petrarca en el bolsillo izquierdo. “Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en Monsieur Teste. La mía es abrumadoramente más simple.

San Agustín escribió alrededor del año 400 “Los hombres viajan para maravillarse de las gigantes olas del mar, de la altura de las montañas, del curso de los ríos y del movimiento de las estrellas; pero nunca viajan al interior de sí mismos para conocerse”. Flaubert dijo “El movimiento es deletéreo”, Baudelaire declaró “Descreo de las líneas en movimiento”.

No hice fotos con un palo selfie. No me tosté en la playa como una gamba vuelta y vuelta. No jugué con raquetas de tenis ni pelotas de Nivea. Lectura y un buen “arròs a banda” de vez en cuando, especialmente los días de Reyes como hoy, y caminatas con mi perra por los bosques de la aldea. “Conserver l´esprit libre”. Nada más. Gloria de ser «Solterón y cincuentón, que suerte tienes ladrón«.

«Hoy, llevado solo por el deseo de ver la extraordinaria altura del lugar, he subido al monte más alto de esta región, al que no sin razón llaman «Ventoso». Hacía muchos años que me rondaba la idea de esta excursión pues, como sabes, el hado, que mueve las cosas de los hombres, me ha hecho rodar por estas tierras desde la infancia, y este monte, visible desde lejos por cualquier parte, está casi siempre ante nuestros ojos. Por fin tuve el impulso de hacer una vez lo que me proponía hacer todos los días, sobre todo después de que, leyendo el día anterior en Tito Livio la historia de Roma, di casualmente con aquel pasaje en el que Filipo, rey de Macedonia -el que hizo la guerra al pueblo romano-, sube al Hemo, un monte de Tesalia, creyendo, como era fama, que desde su cumbre se veían dos mares, el Adriático y el Ponto Euxino […] Por lo demás, dejando aquel monte y volviendo a este, me pareció disculpable en un joven particular lo que no se censura en un rey anciano» Petrarca

Aunque el monte es una mole pedregosa y escarpada, y yo ya no soy joven, y además cardiópata, me dije como el poeta «Todo lo vence un trabajo obstinado«. Así es, desde la escritura de un libro, al estudio de la Topología Conjuntista, la labor obstinada recompensa. Así que recuerden, en sus días y noches de desidia y abulia, «Labor omnia vincit improbus» (Virgilio, Geórgicas, I, 145-146) Feliz verano de hamaca y vagancia, plebeyos. Feliz día de Reyes, niños que sois la savia verde de esta tierra negra.

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Catulo se quejaba amargamente de un siglo lleno de generaciones de hombres ausentes de gusto y gracia, «O saeculum insipiens et infacetum!»

Policarpo, obispo de Esmirna y Padre de la Iglesia, dijo en el siglo II, según se lee en la Patrología de Migne: “¡Dios mío! ¡En qué tiempo me habéis hecho nacer!

Leopardi, en una carta enviada desde Florencia a Pietro Giordani el 24 de julio de 1828, escribe «En suma, empieza a asquearme el soberbio desprecio que aquí se profesa por todas las cosas bellas y por toda literatura: sobre todo porque no me entra en la cabeza que la cumbre del saber humano consista en saber política y estadística. Al contrario, considerando filosóficamente la inutilidad casi perfecta de los estudios hechos desde la época de Solón para obtener la perfección de los estados civiles y la felicidad de los pueblos, me da un poco de risa este furor de elucubraciones y cálculos políticos y legislativos. […] Sucede así que lo placentero me parece más útil que todas las cosas útiles, y la literatura útil de una forma más verdadera y cierta que todas estas aridísimas disciplinas [la política y la estadística]» Nada extraña pues que el poeta tildara su siglo de «soberbio y estúpido».

«Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» señaló desacomplejado y salaz Gautier.

San Agustín consideraba la estupidez un pecado original de Adán; acepto la alegoría; en cualquier civilización simplemente tendremos menores o mayores grados de estupidez. Ahora es especialmente estúpido el evangelismo tecnológico, la obsesión de los amantes del «subiti guadagni» (es decir, de rápidos beneficios monetarios) y una especie de «universae ignorantia».


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«De todas las cosas relativas a la política, la única que comprendo es el motín. Fatalista como un turco, creo que todo lo que podemos hacer por el progreso de la humanidad, y nada, son exactamente lo mismo»

«¡Menudo jaleo ha provocado la industria en este mundo!¡Qué escandalosa es la máquina! A propósito de la industria, ¿has pensado alguna vez en la cantidad de profesiones idiotas que genera y en la cantidad de estupidez que, a la larga, engendrará?»

«Lo que me abruma es, primero, la feroz estupidez de los hombres, segundo, el repugnante mundo que se avecina donde no habrá lugar para gente como nosotros porque toda será utilitario y militar, con gente ahorradora, mezquina, pusilánime, abyecta»

«En resumen: prefiero la vida más austera, la más solitaria y la más triste, a tener que pensar en el dinero. Renuncio a todo mientras me dejen tranquilo, es decir, mientras pueda conservar mi libertad de espíritu»

Gustave Flaubert, oteador matemático de l´avenir.
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Nadie siente que leerme sea como despedazar la cabeza de un jaguar. Me cumple entonces la sabia cita de Virgilio (Geórgicas, 2, 412):

«Alaba los poderes grandes, / pero cultiva uno pequeño».

Día tórpido, majadero y borrico, en el que no tuve otra opción que hablar con gente de cerebro calloso. La televisión y la radio emitían su pasto de oquedad y vacío, su deshabitado desierto parlante de ingravidez y ración de nada absoluta y tétrica.

Tomé al mediodía un «pastéi de nata» y se cortaron varias magdalenas proustianas de mi lenguaje y mi memoria. Todo gran lujo culinario es un estímulo escalofriante, nunca deja indiferente al paladar el gusto alto. Nabokov es como un magret de pato al roquefort, Shakespeare como un crujiente de tapioca con tartar de cigala, Azorín igual a una alcachofa confitada con jugo de ibérico, Horacio como un gazpacho de espárragos verdes de Jean-François Rouquette. Mi prosa misma es como un sinfonier clásico o un sillón pan de oro.

Mi prosa, mis poemas, mi mundo… Gabriel García y Tassara: “Eso fue el mundo para mí. Un abismo, y en ese abismo nada”. Esperemos con torvos ojos el tiempo de la calamidad y el terror. Delitos y atropellos: el presente y el futuro solo guardan la peste.

«At tibi fortassis, si –quod mens sperat et optat–
es post me victura diu, meliora supersunt
secula: non omnes veniet Letheus in annos
iste sopor…
»

Petrarca

A ti quizá, si, como mi alma espera y pide, has de sobrevivirme largamente, te aguardan mejores siglos: no ha de durar para siempre este sopor letal…
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No me gustan estos tiempos lelos y abajados, tontuelos  y discapacitados. Carecen de educación y humanismo.

Tiempos de fantoches y horteras, de trapisondas y lameculos cucañistas.
Crecí en una clase privilegiada, en una burguesía hacendada cultísima, con clases privadas de música, idiomas y dibujo. A esquiar en invierno y a Sitges en verano. Aquel mundo emitía unas radiaciones benignas como un fresco y rosa crustáceo desperezándose lentamente, crujía todo como una osamenta luciente y atlética articulando mis miembros y mi sangre.

Desde alrededor de los años cincuenta el mundo se volvió horrible e invivible. Cada vez más agitanado. Como de mercadillo balbuciendo baraturas. Como de histéricas neuróticas berreando. Un muncho chato y vacuo de hombres incultos y maleducados que se vanaglorian de su ignorancia.

Yo ya solo vivo en la dulzura intemporal de mi mente. Algo me salva; sé que no envilecí mi vida. Que hay oro en mí. Como un cerebro dimanado de Dios y no de un engranaje de máquina.

Pero una propensión melancólica me ataca pensando en los adorables viajes de antaño por Europa con papá y mamá. Ahora soy un rentista pobre. Escribo –mucho– para mí y leo para la gloria. Y nunca pienso ponerme a trabajar. Eso ni pensarlo siquiera.

A veces en mis poemas, como una estrategia de disposición retórica y de efectos de impresión en el lector, exagero las notas despreciativas y agresivas hacia los diferentes a mí, pero mi natural (os lo aseguro) es de simpatía y bonhomía y serenidad. Si desprecio a los demás (menos de lo que afirmo) es porque también me desprecio a mí mismo. Triste destino ser pobre habiendo sido rico.

Ahora mi riqueza es de carácter, de cultura, de nostalgia y sutilezas. El mundo registra fácilmente ideas nuevas; más dificultosamente registra experiencias nuevas. Mi experiencia es de apocalipsis, decadencia, caída y derrumbe. Tal el contenido de mi esquizofrenia. Mi mundo se desmorona y vivo como en un lejano exilio. Mi vida consiste en limpiar de nieve los escarpines de la zarina y defenderla con mi vida de las alimañas. Huimos por la estepa en un trineo blanco y solitario. Cae cellisca de las nubes. Detesto lo nuevo.

Este mundo moderno no será castigado; es el castigo mismo.

Dos citas de Nicolás Gómez Dávila, aforista del lujo «glacé»:

«Los parlamentos democráticos no son recintos donde se discute, sino donde el absolutismo popular registra sus edictos».

«Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos».

«Toda apología debería ser considerada un asesinato por entusiasmo» escribió ese maestro de estilo y pensamiento llamado De Maistre.
No podemos sustraernos a los estragos del tiempo. El tiempo lo cambia todo y los ríos no remontan hacia sus fuentes. Solo puedo lamentarme como Taine «¡Ay! Dios mío, ¡qué tontería habéis hecho al ponerme en el mundo!»

La democracia actual en verdad que es el patético envilecimiento de un antiguo gran amor.
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Grosero y vulgar y zafio se vuelve –ya es– el mundo, lleno de patologías: embarazos de adolescentes, borracheras en la vía pública, sadismo y gozosa malignidad resumida en una cada vez más extendida cota de crimen, drogadicción, abortos, enfermedades mentales, enfermedades venéreas, intimidación, abandono, violencia, agresividad… No poco abundan mocosas y mocosos mimados y tiránicos, ególatras, quejicas, petulantes, deshechos y demandantes. No poco abundan iletrados malgra lui

Una cultura muy grosera crea personas muy vulgares. Nada escandaliza. Todo está permitido. La única convención popular es el hedonismo más chancho y acabar con cualquier tipo de convención. Imponer un límite es una forma de insulto.

Decidí, con mamá, vendernos uno de los dos pisos de Cataluña y venirnos a nuestro pazo orensano en pleno campo feudal, silencioso y hondo. Y aquí morir. Parece que la gente deja de conocer el movimiento natural del corazón humano. Me voy. No espero que esto mejore.

Savonarola terminó sus días en la hoguera, inmolado por el mismo populacho cuyas emociones había sabido despertar antaño tantas veces. Por si acaso, he de recluirme en mi privada Royal Society o particular Académie Royale des Sciences. Los vulgares hacen demasiado ruido en el mundo. La chusma es propensa a todos los yugos y atrocidades. No espero que esto mejore.

Esto no tiene ningún viso de mejorar, no. Me encierro en mi jardín y en mi biblioteca. Cuidaré de mamá (onorate l´altissima bellezza) y con Petrarca declaro definitivamente: «Yo mismo he comprobado que mi espíritu en ningún lugar está tan feliz como entre bosques y montañas, y entre libros». Es bueno esperar y morir en medio del aire salobre del gabinete de estudio, viendo el valle desde el ventanal. Aunque la soledad devore la dulzura.

Aquí os quedáis, hooligans, ladies and gentlemen modernos de parque dominical y tapa de bravas con cerveza. Cada lanero a su telar. L´ame, c´est moi. Vivir estudiando (y retirado) es expresar la virtud más significativa.

Es imposible que esto mejore hasta dentro de un par o tres de siglos.
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En carta del 31 de mayo de 1468 al dux Cristóforo Moro, con las que el cardenal Besarión acompañaba el legado de su importante biblioteca -cuatrocientos ochenta y dos volúmenes griegos y doscientos sesenta y cuatro latinos-a la ciudad de Venecia, literalmente escribía:

«Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad, y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelería también la memoria de los hombres«

No seamos rucios e ignorantes. Ni ignorantes que, y esto ya es dramático, no saben incluso que son ignorantes. O bien, dada la propensión al descrédito de la cultura, se enorgullecen y jactan de ella. Despierta y lee.

Ma patrie est ma bibliothèque. Homo liber, homo librorum ¡Feliz lectura!

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INFORME DEL ALBA: «Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables» Sb 5:7

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Como que no saben tocar el violín, tocan la pandereta.

Diario de un esquizofrénico 42

Epidamno (citado por Polibio en su «Historia de Roma»), localidad que se encuentra en la actual Durazzo, en la costa Dálmata. O Corcira -citada en la misma obra- que es hoy Corfú, como Apolonia es Vallona, en Albania. Y al Este de Corfú se encuentra la famosa isla de Paxos.

Sr. Christian Sanz, permita que un escritorzuelo vesánico, fracasado y diletante, le diga -subrayando lo obvio-, que usted es el Norte, Sur, Este y Oeste de La Isla de los Locos: «Non vincere semper«.

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Felipe IV era abúlico y apático, devoto, mujeriego y acaso poeta. A menudo se cansaba de sus validos y del ejercicio de su reinado. Carlos I fue guerrero. Felipe II solo rey. Felipe III y Felipe IV hombres nada más. Carlos II ni hombre siquiera. Carlos III gran hombre.

Froilán, su hermana o bien Harry, son monumentales fracasos educativos. No entienden ni literal ni metafóricamente aquello de “Vive parvo” («Vive con poco») o siquiera el abecedario.

El escudo de Inglaterra está formado por un único campo de gules en que aparecen tres leones pasantes o leopardos de oro, lampasados y armados o uñados de azur.

El escudo de armas de Inglaterra fue introducido por el rey Ricardo I durante la última década del siglo XII, como una versión del ducado de Normandía, cuyo escudo está formado por dos leopardos. Aunque las figuras en ambos blasones eran idénticas, en Inglaterra se pasó a considerarlas como leones.

Harry, más que a leones, simboliza al león Rodolfo de Mari Carmen y sus muñecos. Si ya Diana era una bacaladera insustancial vestida de Gucci, éste parece que no le va a la zaga.

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Omnium scientiarum princeps Salmantica docet, reza el lema de la Universidad de Salamanca. A los pobres diablos de Froilán, Victoria Federica o Harry (y otros que no cito) les cuadro perfecto el dicho “Quod natura non dat, Salmantica non praestat

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En la Isla de los Locos donde reino feliz, o en la vida real, estos privilegiados analfabetos de culo dorado no servirían ni de barrenderos o friegaplatos. “S’il y a cent manières d être pour une république, il n’y a qu’une manière d’être pour la monarchie” nos recordó Balzac. La monarquía postmoderna (y también antigua) rebosa de infantes, primos y algún que otro vástago con lamentable espasticidad. En fin. Nada nuevo bajo el sol.

Diario de un esquizofrénico 41

Comparando al lelo peronista de Bergoglio con Ratzinger, solo acude a mi memoria una cita:

«-¡Eh! ¡Madre de Dios -exclamó ella- ¡Bendita Virgen! ¿Hay algo más? Decidme la verdad.

-¿Qué opináis señora, preguntó el fraile?

-¿Qué que opino de ello? -exclamó ella- ¡Qué Dios me perdone! Que es un acto vulgar de un individuo vulgar. ¿Qué más puedo añadir?¡Que Dios le colme de desgracias! Supongo que tuvo un ataque de estupidez; su cabeza está llena de pájaros«

Chaucer, Cuentos de Canterbury, Cátedra, traducción de Pedro Guardia, pág. 255

La Cristiandad debe alimentarse, como un capo yermo, con la lluvia; pírricamente se alimentan con su fango sus ejemplares de la cúspide más toscos y de maoísmo supuesto más modernizador.

La aurora, cebreada de cirros color cinabrio, y las vigilantes estrellas con las que se guiaron los Reyes Magos, eso, esas contemplaciones solitarias, acaso son la felicidad. Innumerables meditaciones solitarias mantuvo el Papa emérito con Dios y nuestras almas en su retiro.

Benedicto XVI también tendrá, como ocurrió con Juan Pablo II, una sencilla lápida de mármol blanco con la inscripción de los años de su pontificado en latín: “Cooperatores Veritatis”.

Murió un Papa bueno y sabio. D.E.P.

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El Papa actual usa piercings, playeras y pósits de autoayuda, y escritores y curillas de barrio acuden a tatuarse; se pinta los mofletes como una drag-queen; se viste con tutús y toca la guitarra durante la liturgia; se pone AC/DC en los auriculares para dormir. El Papa que ve fútbol y saliva con los goles. Que come pipas, pistachos y donuts gigantes.

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León X, hijo de Lorenzo el Magnífico, el primer Médicis en el Pontificado, tuvo una pequeña corte de literatos, hombres de ciencia y artistas; él mismo era poeta, músico, arqueólogo y filósofo, con varia cultura y con un ingenio versátil, sensible a toda forma o incitación de lo bello, pero acaso un diletante falto de profundidad. El siglo de León se llamó “áureo” gracias a su mecenismo. Promocionó y protegió a la Universidad, y por su empeño, empezó una nueva era la carrera de Rafael. Todos los poetas y humanistas debemos encomiar a este Papa mediceo.

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Benedicto XIV reflexionó con superior inteligencia y extraordinaria erudición.

«¡A lo mejor me reprobarán -escribió- el que haga una escapatoria por los poemas de Dante, Tasso o Ariosto; pero es que a menudo necesito recordarlos para tener una expresión más viva y mayor desenvoltura de pensamiento!”.

Docto, y amigo de los doctos, fue sombra benigna de los doctos. Iban a Roma a debatir y consultar con él los sabios de mayor nombre y fama de Europa. Deseaba obispos y clérigos, no solo piadosos y de costumbres ejemplares, sino también de vigorosa solidez intelectual. Monarca sin favoritos ni cortesanos -papa sin nepotismo-, y doctor sin orgullo -censor sin acrimonia. Voltaire, corifeo contra la religión, escribió un dístico a Benedicto XIV muy admirativo:

«Lambertinus hic est, Romae decus et pater orbis / Qui mundum scriptis docuit, virtutibus ornat”  

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Que un Papa hable de las caricias y masajes -por ejemplo- de otro miembro de la curia es muy chabacano, con la ligereza inelegante de un proto-bárbaro. Pidió en Lesbos a la UE que acoja a los inmigrantes ilegales ¿Por qué no pide a los gobiernos corruptos, sectarios e incompetentes de los países de origen de los inmigrantes que dejen de robar, cesen sus guerras y administren de manera eficaz? Eso por nombrar algo de sus últimas y novísimas “ideas” y manifestaciones públicas. Muchos son mis pecados; espirituales -más graves- y carnales. Pero no soy pastor de la Cristiandad.

A veces me pregunto de qué barrios con grafitis, sórdidos sótanos de lavacoches industriales, y grasientos kebabs, de qué peluches llenos de garrapatas, ha salido este Papa que tenemos. No sé.

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Una vez descorchado el champán, leído al Cardenal de Retz, las memorias de Saint-Simon, tomado el sol en el hotel Crillon, usufructuado cuerpos exquisitos, almas delicadas, llevado pajaritas impecables, ponderado los nefastos e indigestos mamotretos marxistas, medido la altura de las mentes, solo quieres que tu doméstica te avise a la hora del crepúsculo para poder ver solitario el atardecer y rezar entonces por el alma dorada de Benedicto XVI.

D.E.P.

Diario de un esquizofrénico 39

(En el catillo de Axel)

Están condenados a estar locos

pero sin el glamour de la vida de los Fitzgerald

o el lujo de Symonds,

sin la prosa de Ruskin o Hölderlin, o Nietzsche,

no, la mayoría no son Panero,

ni ebrios por un filtro de amor como el que bebió Lucrecio.

Son locos. Hombres, como casi todos, huecos,

pero con un huevo de serpiente en sus entrañas.

“Con un huevo de serpiente en las entrañas”, sería

justo epitafio. Llegan a afantasmados puertos

con velas impulsadas por vientos fríos,

extraviados y suplicantes como un huérfano débil.

No les atrae el sexo a gogó en dulces playas silvestres,

hablan solos en los bares, increpan al mundo.

Ojos pastosos, vedlos en el manicomio

como pájaros enjaulados deambulando

obsesivos arriba y abajo del pasillo.

Llueve mucho en sus adentros; diríase

un hada de agua perversa (negra y capciosa) besa sus labios.

Son locos. Obscurece de pronto en la salita.

Se van los familiares. Amanecen las plumas de la muerte.

Derramado en las estancias un insoportable

tedio a soledad, invivible soledad, y medicinas.

Sobrepuja una acuosa percepción del silencio

como si fueran las coordenadas

de una nave rumbo a un planeta yermo

donde los ogros acecharan bajo los arenosos pantanos.

Su noche dimana alondras que no arrullan,

el dolor rige su imperio sin amor y sangre fofa,

los ojos morados, a la deriva,

como peces flotando muertos en un río contaminado.

La muchacha bulímica (que se infla con las pastillas)

solloza y se avergüenza porque en el Instituto

todos comentan y saben de lo suyo.

Un grupito de suicidas está extraordinariamente atento

a las explicaciones de un tipo singular hablando

sobre la posible transmigración de las almas.

Obscurece de pronto en la salita. Se oyen

por toda la sala los gritos mezclados con rezos

de un chaval árabe que lleva trece horas atado a la cama.

Se pudren los crisantemos. La hermosa enfermera

despertará mañana a los pacientes

pero nunca con sexo erótico ni con sensual música mozartiana.

Curioso observar que prácticamente nadie mira el televisor.

El aire hirviendo moja sus bocas,

la náusea rompe los tubos del estómago:

huesos apagados sostienen su mente ni fresca, ni azul o rosa.

Detén, oh dios benigno de la melancolía,

a los demonios que en su cabeza se dan cita.

Pon plomo derretido en el culo

de los doctores igual que si fuesen titís bujarrones.

Abandona, dios cruel pero benigno, sobre la perfecta caoba

de la cabeza de estos locos

un río de aguas tibias, limpias y doradas.

Dibuja, oh dios, un hada de agua buena, y muy bella,

que les regale la felicidad de horas nunca sombrías.

Pon púrpuras

y sabrosos cangrejos de mar en sus labios.

Pon calor y amor a sus ojos fríos como la mejor memoria.

Pero sácalos de aquí, y haz que sean felices,

felices como el primer día del hombre hollando la tierra,

y un destino -y la paz- a su medida hallen.

Pero sácalos de aquí, donde obscuros expresos de madrugada

al peor país, o al mismo infierno, les conducen.