Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
“y maldigo esta hora / que se entrega atada de pies y manos / a la ignominia, la ignorancia, la / sumisión, sin ver más allá de nada, / caminando como un zombi / hacia nadie sabe dónde” J.M. A.
Recuerdos, recuerdos…el rayo de violenta luz de mis
años (casi dos décadas) en la DGSE, o, antes, ya inmortal,
emborrachándome con Adriana, días del noventa y uno,
con la ginebra del amor y el crisantemo, oliendo su piel de
divinidad emplumada, mordiendo los pezones de razza ebraica…
Recuerdos, recuerdos…el lupanar de Múnich, donde
una hora se convirtió en placer para toda una vida,
la soledad del noventa y siete completamente patidifuso
ante “Los embajadores” de Holbein, el champán como
un silencio errante corriendo dentro de mí como corre
el eco de las olas aéreas aquí en mi aldea gallega, las noches
de basalto redactando informes cual Secretario de Cámara del Rey…
Y frente a ello veo ahora este tufo a llanura peluda, este tono
de cutre piscina pública de los suburbios, estos bobos parloteando
como con huevos escalfados en la cabeza, veo a estos macacos
diminutos como canicas, a estas curillas imbéciles atiborradas
de cochinillo, vaginoplastias, y prosa de calceta…
Parece que no sobrevive ni un alma viva…
Pero atardece, y siento ahora mismo a mamá leyendo a Balzac
en la galería cálida.
El ocaso de mi madre con un libro en las manos.
Un ocaso alto y regio con roce de luces de arcoíris.
Mi madre con blasón de campo de oro, con alquimia magnificente.
Y, rodeándonos, como sioux broncos, alcoholizados,
La tradición clásica arguye que las piedras de toque de la civilización, las pilastras doradas de la civilización, la «forma mentis» de los ciudadanos, venía dada con la lectura, asimilación y relectura de los más altos y exquisitos valores literarios e intelectuales de pasajes en la obra de Platón, Cicerón, Shakespeare, Cervantes, la Biblia, Montaigne, Fray Luis, Garcilaso, Flaubert, Baudelaire, Racine, Milton, etc..
Ese era un refugio y un diapasón dimanante que modelaba nuestras visiones, que educaba nuestras maneras (gracias a ese diapasón sabíamos entrar en un buen hotel, cómo dirigirnos a una señorita o al camarero, cómo coger el vaso de whisky, cómo burlarnos de un tonto esférico, cómo seleccionar tres adjetivos para describir un cuadro, un plato, o un paisaje, qué omitir en una conversación íntima…)
Aunque suene extemporáneo esos libros eran los educadores de la humanidad y absolutos «teachers of manners«. Un capitán alemán de la I Guerra Mundial y un capitán inglés tenían en común los Salmos, el mito de la caverna y la República, Hamlet, el Don Juan de Byron, etcétera. En el fondo eran más amigos que enemigos. Las Guerras Mundiales fueron cruentas Guerras Civiles.
Ahí, en esos tópicos y temas, se elucidaban nuestros misterios, ahí se volvían afines -como una dorada hermandad- las necesidades del sentimiento, ahí existía un repertorio de problemas cognitivos y sus tentativas de solucionarlos, unas reglas de cortesía y sus subsiguientes (o consiguientes, correlativos) «Prohibido el paso».
Pero entre esos autores clásicos y nosotros (el hoy de ahora mismo) cambió el mundo como si el mapa con que generaciones de hombres se han orientado hubiera cambiado de fronteras, accidentes y escalas. Se mudaron -aumentaron- los medios tecnológicos (transición de la cultura impresa a la cultura digital) y se sustituyeron los referentes.
Ahora se despliega planetariamente una iconosfera -era de la imagen-, se despliega universalmente una sonosfera -esfera sonora que nos envuelve recurrentemente-, se despliega internacionalmente una websfera -una era del lenguaje científico, del número y el bit, una cortina digital que organiza nuestra conducta e información-
Estas esferas o dimensiones penetran nuestra conciencia y formación. Hay otro clima interior del alma educada en esas nuevas y universales superficies acústicas, visuales y computables. Nace el Hombre Tecnológico.
Hay como un martilleo compulsivo de esas esferas que causa un cambio en el estilo de ver, que propende al fragmento, la falta de profundidad, el mariposeo discontinuo en la atención, creando en los hombres del siglo XXI, en su dentro de sí, como matrices opacas –patterns– a la recepción de la voz clásica y milenaria. Ni esto o aquello o lo otro en particular de Henry James los derrota, diríamos, sino TODO Henry James en general los supera.
Una baraúnda de vibraciones estridentes es el sentimiento de la vida del hombre contemporáneo. Una estética electrónica del brillo y el pulimento de plástico se nota sobre los cuerpos, voces y objetos, esa película como de moléculas radiactivas recubre las cosas en lugar de la liturgia gnóstica de la naturaleza de nuestros abuelos. Se anatemiza y pulveriza el lenguaje delicado, se infama la lentitud y el silencio, la retórica o el subjuntivo viven un absoluto descrédito, se retira a los márgenes la palabra ensalzándose el sonido –sonosfera-, la imagen –iconosfera– y la inmediatez –websfera.
Si alguna ley estética, si algún imperativo moral rige el arte y el habla es la de la misma Ley de Degradación de la Sublimidad. Todo debe ser chato, romo y evidente. Lo fácil y comercial es el único criterio de compra, venta, estudio y prestigio. Nadie parece querer recoger la herencia y la dinámica de la alta cultura. La Universidad debe ser un parvulario que adiestre en las artes sensuales y el hip hop. Los estudiantes de literatura deben estudiar a los hombres del tiempo de la tele o la poesía de un negro transexual bipolar chino veinteañero en lugar de a Coleridge o Azorín. Desaparece la sensibilidad ante el mundo natural (nubes cárdenas, árboles muy ocasionalmente grisáceos y reidores, Lunas altas y significantes) por una especie de sensibilidad mecánica, por una suerte de sensibilidad metalizada de diseño como de web y de navegación intuitiva.
Sin Religión, sin Naturaleza, sin Memoria, sin Absolutos; y tira millas. Y a ello se suma el mundial orbe icónico, sónico, y tecnológico; el hombre debe desfragmentarse, convertirse en un grano minúsculo o punto anecdótico e imperceptible dentro de un cuadro de técnica puntillista.
La cultura -sus grandes nombres- está en trance de desaparecer, sino ha desaparecido ya. La Nueva Cultura, la Neocultura, será -ya es- la Oscura y Universal Incultura.
Es importante señalar que todos somos culpables, en cierta medida, de que haya basura televisiva. Unos por producirla, otros por emitirla y otros por tragársela y no protestar por ello. Aunque quizás sea excesivo afirmar que tenemos la televisión que nos merecemos porque los medios de comunicación siempre tienen y tendrán mucho más poder que la audiencia, hay una desigualdad evidente entre quien comunica y quien recibe la comunicación. Victoria Camps argumenta que la audiencia no tiene muchas opciones frente a los medios de comunicación: puede no verlos, puede no leerlos, no comprarlos, pero la iniciativa de qué temas serán de interés público partirá siempre de los medios.
A este respecto son ciertas y palpables todas las teorías de la opinión pública acerca de que los medios canalizan la realidad y dictan sobre qué y cómo se tiene que opinar. Si bien es cierto que la audiencia se recrea en ciertas cosas, que no se autocontrola y que no exige una programación de mayor calidad y variedad. Mientras se piense de este modo, es difícil poder reclamar que la televisión mejore. No hay lugar para la ética y la calidad cuando se acepta como dogma otorgar al público lo que pida, medido mediante índices de audiencia, en ocasiones, manipulados. Como bien dice Hugo Aznar, “la cultura de la responsabilidad ha dado paso a la política de la satisfacción de la audiencia a cualquier precio, y con ello al imperio del mal gusto”.No obstante, si nos centramos en la crítica del sistema de audiencia lo que se puede decir es que no está ni mucho menos claro que las elecciones que los individuos hacen con su mando a distancia sean tan libres como se nos hace creer. La cuestión estriba en lo que se entiende por elección o preferencia. AZNAR, «Naturaleza de la comunicación audiovisual: “todo por la audiencia”», en Ética de la comunicación y de la información, Ariel, Barcelona 2002, pp. 55-74.
Telebasura, ética y derecho: límites a la información de sociedad en televisión. Más bien solemos pensar que una persona es verdaderamente libre cuando su elección se hace bajo ciertas condiciones que pueden incluir: elconocimiento exacto de lo que quieren elegir, variedad en las ofertas de elección, información amplia y contrastada de aquello que es motivo de elección, etc. Así, por ejemplo, si me engañan o me manipulan y yo llego a saberlo,podré elegir libremente que esto no vuelva a ocurrir, pero sería extraño decir que he elegido libremente cuando no soy consciente de que hay engaño y manipulación. Las condiciones de una elección plenamente libre no suelen cumplirse nunca del todo (sería un mundo perfecto, una utopía), pero cuanto más se den en un contexto de elección real, auténtica, más correcto y legítimo, por tanto más libre, será el resultado. La cuestión por tanto se reduce a esto: observar qué condiciones hacen más libre una elección y comprobar si dichas condiciones se dan cuando la audiencia elige un programa u otro de televisión. Porque si estas condiciones no se cumplen o se cumplen muy poco, se podrá decir que la elección de la audiencia es voluntaria pero no se podrá afirmar que es libre. A la vista de todas las consideraciones que hemos expuesto, desde la perspectiva jurídica y ética, podemos concluir de nuestro estudio, los siguientes puntos para la reflexión:
1. Todos los teleoperadores deben abstenerse de emitir cualquier contenido contrario a los derechos fundamentales de las personas y que puedan perjudicar seriamente al desarrollo físico, mental o moral de los menores y de cualquier telerreceptor mayor de edad.
2. No sirve el argumento de que hay oferta porque hay demanda, la emisión de estos contenidos calificados como “telebasura” no puede hacerse en horario de máxima audiencia sino que debería ser entre las diez de la noche y las seis de la mañana del día siguiente. Por todas las razones reseñadas anteriormente, defendemos el denominado “horario-protegido” y las señales acústicas deben ser aplicadas a todo contenido televisivo.
3. Otro argumento a favor de la basura-televisiva es que un excesivo control es propio de un “estado intervencionista” y por tanto se trataría de censura televisiva característica de un sistema dictatorial. En contra podemos afirmar que un contenido televisivo parcial, subjetivo, contrario al pluralismo e irrespetuoso con las personas sería propio de un “estado intervencionista”de corte nacionalsocialista por lo que de adoctrinamiento conlleva.
4. No “vale todo” en cuanto a la televisión-espectáculo se refiere. Existen unos límites constatables para la información de sociedad, para el entretenimiento.
La ética y el derecho de la información en los programas de telerrealidad. Estos límites los marca el propio precepto constitucional en lo referido a la protección total y primacía absoluta del honor, la intimidad y vida privada, la propia imagen y la juventud y la infancia y, además del ámbito jurídico, son principios deontológicos básicos presentes en cualquier código de la comunicación audiovisual.
MEDIDAS PROPUESTAS
Como resultado de esta investigación y de las conclusiones a las que hemos llegado, planteamos las siguientes medidas con la intención de eliminar, en la medida de lo posible, de la programación estos “contenidos-basura”.
• Se propone el impulso de la autorregulación entre los operadores para evitar comportamientos televisivos contrarios a los principios éticos y al ordenamiento jurídico de nuestro país. Teniendo en cuenta que la televisiónque queremos debería ser la “embajadora” de España ante los extranjeros y en el extranjero.
• Este organismo de regulación de contenidos debería tener autoridad para resolver una “reclamación de cesación de difusión” similar a la diseñada en el sistema de la Asociación para el Autocontrol de la Publicidad, o similar al sistema propuesto en la Ley General de Publicidad. Su contenido podría ser objeto de un desarrollo posterior que desborda los límites y las pretensiones iniciales de este trabajo.
• Conseguir que los empresarios-anunciantes RENUNCIEN y se OPONGAN a que los anuncios de sus productos y/o servicios sean emitidos antes, durante,o después de contenidos de basura-televisiva.
• Para ello se propone el diseño de un “sello ético” de respeto a las normas deontológicas y al ordenamiento jurídico que sería otorgado a las empresas cumplidoras de pactos que renuncien o se opongan a la emisión relacionada con “contenidos-basura”.
(extractado de un «paper» sobre la televisión basura. En mi libreta de notas, desdichadamente, no apunté el nombre de los autores)
Los jóvenes no tienen ni aman a los libros; en cambio poseen mucha, y de un modo extraordinariamente enfático, de manera tropicalmente fértil, mucha música (asalvajada, trivial, una birriosa boñiga, de fraseo feo y picudo y merluzo)
Y música clásica precisamente no, no más de un cinco por ciento sienten en sus almas la taquigrafía psicológica de un Beethoven, Mozart, Bach o Brahms, o de sus pares.
Y el alma sin esas asociaciones emotivas es difícil que se eduque y civilice. Platón escribió: «La música es un arte educativo por excelencia, se inserta en el alma y la forma en la virtud». Beethoven dijo: «La música es una revelación más alta que la ciencia o la Filosofía». Las Variaciones Goldberg de Bach, nos cautivan casi solo mediante su sublime forma melódico-armónica, una obra sensualmente bella como el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, lo hace con ayuda de la coloración tonal y emocional. Sí; «La música excava el cielo», observó certero Baudeliare.
«Los llamados pitagóricos se dedicaron a las matemáticas y fueron los primeros en hacerlas progresar; absortos en su estudio creyeron que sus principios eran los principios de todas las cosas. Puesto que los números son, por naturaleza, los primeros de estos principios, en los números creían también ver muchas semejanzas con los seres existentes y con los que están en formación –más que en el fuego, la tierra o el agua (siendo tal modificación de los números la justicia, tal otra el alma y el intelecto, otra distinta la oportunidad y de un modo casi semejante todas las demás cosas son expresables numéricamente); puesto que veían que los atributos y las relaciones de las escalas musicales eran expresables en números y que parecía que todas las demás cosas se asemejaban, en toda su naturaleza, a los números y que éstos parecían ser los primeros en toda la naturaleza, supusieron que los elementos de los números eran los elementos de todos los seres existentes y que los cielos todos eran armonía y número» escribió, en un pasaje famoso, Aristóteles.
La música, por lo tanto, no es sino otra expresión de la naturaleza numérica y armónica del universo. El filósofo es músico y el músico filósofo, pues busca la estructura matemática de lo real. El alma es un trozo del universo, el universo es música, así, el alma es un zumbido de música.
El ruido que escuchan los jóvenes en Festivales y radiofórmulas, en su lista de Spotify, es a la armonía de las esferas lo que la belleza a la Tortuga de nariz de cerdo. Si la música educa el alma, eso que oyen los jóvenes en cambio la asorda.
Francisco Salinas era Catedrático de Música de la Universidad de Salamanca. Ciudad en la que conoció y trabó amistad con Fray de Luis de León. Quien le compuso esta famosa oda.
Oda a Francisco Salinas
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.
Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.
Ve cómo el gran maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega
que ningún accidente
estraño y peregrino oye o siente.
¡Oh, desmayo dichoso!
Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!
A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.
¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!
Con Tangana, Camila Cabello, Shakira, Ana Mena, Modo Diablo, Dua Lipa, Luis Fonsi, y toda esa retahíla de barata patulea, el alma solo navega, solo puede navegar por un grasiento garaje industrial pobremente iluminado, con tiras atrapamoscas en el techo, y donde una serie de feminazis sin depilar hacen una orgía metiéndose velas encendidas por el culo.
Solo fui una vez en mi vida a un concierto de música moderna. Era en un pabellón deportivo. Al entrar ya me encuentro a una adolescente en estado comatoso tirada en el suelo. En los baños la chavalería tomaba dionisíacamente e irreflexivamente, sin excepciones, rayas de cocaína y pastillas de éxtasis. Aquello era el mismo Inferno de Dante.
Para estar en la onda, la juvenil (y acéfala) afición general es hostil a la razón, al humanismo, a la civilización, y con amante tendencia a drogarse maniáticamente, usar un espíritu con una cruel y grosera sensualidad, y una expresión lo más primaria y primitiva (indistinguible de la de un mandril u orangután) dentro de su alma.
Los sentimientos delicados de Beethoven se arrasan y se niegan a cambio del estrépito y chirrido coribántico. Se olvida así el sendero de las verdades más antiguas. El alma herida se apoya en un mundo de injusticia, mugre y gusto por el barro. El corazón no bombea luz sino vómitos y detritus diarreicos.
Se enaltecen fuerzas oscuras, caóticas, premonitorias de una inminente destrucción. El desenfreno de las pasiones no puede sino transformar la moralidad en una antigualla empolvada, caduca. Esos muchachos y muchachas buscan estímulo báquico, y no conocimiento, desean ritmo y crisis esquizofrénica, y no serena lucidez. En lugar de luz púrpura o cenital, las tenebrosidad demoníacas.
Todo como un acomodarse en región repulsiva, todo como el encochinado aspecto de las feministas. Todo una gramática de manfla o berreadero, todo como los lemas obscenos de las pro-abortistas histéricas. Música de hurgamandera, de fofa pandorga, de puta de muy baja calidad o zurrapa, como la mente monstruosamente amoral (en exacta correspondencia con el chasis) de Echenique.
¿Puede entonces, en esas kermeses de analfabetos idos, cimbrear la risa y la alegría? ¿Notarse la suavidad del ámbar y la nieve? ¿Pueden los jóvenes hilar el lirio si hoyan esa mierda sólida que les entra ininterrumpidamente por los oídos, mañana, tarde y noche? ¿Cómo lograr entonces desbrozar sus molleras llenas de col y berza manchadas de lefa, menstruo, pedos y petróleo?
No esperemos el milagro. Estabulados en conciertos y apilados en la cola de váteres repugnantes e infectos en esos conciertos o en las discotecas, son carne de cañón. No entenderán jamás la Pasión por la Belleza, ni la de la Libertad, ni la del Conocimiento. Nada entenderán el fogonazo mágico de la Luna. Gentuza narcotizada frente a la Inteligencia. Gentuza embutida de anabolizantes incapaces de Sensibilidad.
Fueron niños frente al televisor, adolescentes frente al ordenador, y acabaron siendo adultos ágrafos, descoyuntados, gritadores y mimados, ya dentro de un campo de concentración.
Las olas obscuras les devolverán a la muerte, a ellos, pululantes zombis que no han vivido.
La luz tamizada y oscura cae sobre el tejado, el alto linaje de mi secreto burgués consiste en saber estar arrellenado en el sillón, traspuesto, quieto, con una copa sobre la mesita.
Así se calman las hogueras del caliente e híspido corazón del mundo. El insoportable fárrago, el estruendo de chirrido y furia se adelgaza o desvanece si me estiro en el diván con un libro. La tiranía vulgarzota del éxito, el alud de la avaricia, la devoción a la maldad, los modos tan maleducados que se adueñan del trato, la polución de la tierra y el desbarajuste (como nueva teología omniexplicativa) del dinero, el culto a la imbecilidad, todo huye merced a mi pax burguesa.
La felicidad es un estado catatónico caracterizado por la incapacidad para la sorpresa, una suerte de monótono, previsible enclaustramiento doméstico, como cuando me siento en la galería cálida acristalada y me embobo mirando nada. O no, es decir, mirando el vacío con atención.
Miro atento y voraz la iglesia del siglo XIII contigua, a dos metros de mi galería, y sé que la iglesia y el hogar son la eudaimonía. Paz. Ver el amor y ritmo binario con que cae el orvallo. Ver al fondo el valle psicalíptico de los cañones del Sil. Mientras leo a Platón, Plutarco, Tito Livio, Montaigne, al barón de Maldà… Rodeado de utillaje y mobiliario altoburgués (menos, muchísimo menos en mi casa de Orense, ya que por prudencia no debo hacer grandes dispendios aquí sino ahorrar como hormiguita)
Recuerdo una novela de mi baja adolescencia, una novela mítica que hace décadas que se me cae de las manos debido a un pathos propio de una crisis de paso o madurez, de tránsito hacia las certezas y convicciones de la adultez, la archifamosa «El lobo estepario» de Herman Hessse, donde en una escena Harry Haller se para en el rellano de un piso del edificio de la pensión donde se hospeda, y, las macetas de flores, la limpieza y lustre del entarimado, el olor a alcanfor y el orden general implícito, le provocan una rememoración entre epifánica y elegíaca al mundo pequeñoburgués de su feliz infancia.
Exacto; esa disposición moral estrecha y ordenada (susceptible, como cualquier cosa, de crítica) es el símbolo, las raíces y la savia de la civilización. Ese discreto encanto se conjura contra el terremoto ácrata. No negaré que todo escritor debe tener de alguna manera una úlcera dentro o un yo dañado, un daimon dionisíaco, pero sin el reglamento del apacible mundo burgués apolíneo, Caos destruiría en un periquete el mundo.
La actual depauperación en Occidente de las clases medias no anuncia ni presagia nada bueno, bien al contrario. Una mesa con cuatro patas está bien hecha, no cojea, como una sociedad en que abundan las benditas clases medias.
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EL ESCRITOR
Me encanta esta observación de Wilde sobre George Meredith: «Como escritor es un maestro consumado en todo menos en el lenguaje: como novelista puede hacer cualquier cosa menos contar una historia: como artista puede ser todo menos articulado».
Leyendo mucha novela de mis coetáneos, diría que su principal carencia es copiar un modelo de prosa periodístico, nada dinámico, legible, podado, mineral, homogéneo, monótono, común. Es una prosa que sirve eficazmente para vender, pero da una impresión de rudimentos u obrador muy elementales.
Sin cabrilleo ni estremecimiento, de tono apagado, mate. Sin ese efecto poético singular de la precisión irónica o el vuelo. Sin el cosquilleo del pensamiento encima o la emoción debajo.
Abunda así la prosa unicelular. Semillas que nutren plantas raquíticas y monocolores, anabolizantes artificiales que provocan una musculación fofa. Este modelo de prosa pobre es el equivalente o el paralelo a la globalización económica y cultural. Parecería que debemos escribir todos como quien devora palomitas.
En un mundo cultural y social centrado totalmente en el mercado, con un déficit educativo de dimensiones mundiales, donde la información se reviste de entretenimiento, donde la única causa aceptada universalmente es el beneficio económico, en un mundo donde la explicación científica y técnica desplaza al mito y la poesía, donde la comprensión de la sociedad pertenece a las ciencias sociales y la crítica política es un eco de los media, en este mundo, dadas las condiciones de este mundo ¿es posible una literatura que ya no pacte de un modo definitivo con el entretenimiento y la banalidad?
Para unos pocos miles de lectores la respuesta acaso sea sí, pero para la sociedad tomada en su conjunto temo que la respuesta es la contraria. «Si lo desea apártese de la virtud, pero sin caer en el vicio» afirmó Mazarino. Escritores sin virtud que caen de lleno en el vicio. Una mayoría o peste que se impone insensiblemente.
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En la mente popular acecha la idea que, bajo cualquier humano, se encuentra una creatividad artística deslumbrante. Los dones para registrar emociones en prosa, bailar eurítmicamente, cantar con propiedad, componer un aceptable poema, ejecutar cabriolas con el pensamiento o bonitos artefactos con las manos, están ampliamente distribuidos en nuestra especie.
Pero una creación, un artista, debiera predicarse de aquellos objetos salidos de una mente muy fuera de lo común, absolutamente extraordinaria, con una voluntad férrea y tozuda, y al servicio de un punto de vista singular y grande sobre la vida y el mundo.
Y esto sí que escasea alarmantemente entre nuestros congéneres. Un mero tipo con labia y desparpajo que se sale con la suya, una suerte de bohemio-charlatán que desea vivir fuera de la rutina burguesa y anhela una suerte de vida libre y desembridada, un mero imitador eficaz de formas ya establecidas, es el talento que hoy abunda pero que poco -nada en realidad- se aviene con el genio creador.
Todo quisque desea que sus expresiones se enjuicien como artísticas, pero de ello solo resulta un abaratamiento y descenso del nivel medio. Si todos quieren ser artistas, el arte se devalúa. Si es fácil ser artista y todos son los elegidos, el arte se abaja hasta la irrisión. Si ser artista solo consiste en «expresarse», es arte tanto la expresión del analfabeto como la del letrado, inspirado y alado. Y, así, con ese criterio, el arte se pudre.
Cualquiera puede tener creatividad, pero casi todos carecen de creatividad artística en el sentido fuerte y con las condiciones (gran mente, gran visión y gran voluntad para defenderla) antes mencionadas. Ars longa, vita brevis.
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Un escritor se hace con el culo: leyendo y escribiendo (también, claro claro, viviendo) Hay escritores a quienes no les gusta leer. Otros, si leen, suele ser un libro malo. Y si es un libro bueno, muy poco de él entienden. Y si entienden bastante, al final lo olvidan.
Un escritor debe leer como un escritor, no como un filólogo o un académico. Yo, por ejemplo, cometo errores muy graves en mi poesía porque leo poquísima poesía (si hay esporádicos aciertos, es porque soy un estudiante que con muy poco aprende en cambio mucho) Mi prosa tiene a veces -pocas- cosas bonitas (ay qué bonitos, qué bonitos, en «prosito», tus versitos) pero en demasiadas ocasiones tiene fallos de principiante o de escritor gandul (odiosa facilidad; casi nunca corrijo dada la informalidad, rapidez e inmadiatez de las redes sociales o el formato blog, que premian la merma expresiva y el descuido, e imantan a lo escrito de un hilo de falta de relevancia y de palabra o serie de palabras sin valor o peso o aura)
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El medio más seguro para no llegar a ser un imbécil periodista, es no pretender ser muy periodista. El medio más seguro para llegar a ser un mal escritor, es pretender ser muy escritor o nada escritor.
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DADDY
En Septiembre hará nueve años que murió mi padre. Te echo de menos papá.
Tu amor derramó sobre mí más vida de la que yo tenía. No hay nada más hermoso que una mesa abundante donde desayunan los padres con sus hijos. Nada más noble que la alegría de arrullar y pacificar.
Sin tu mar, sin tu sol, siento roncas las tinieblas impalpables. Papá, todas las horas de tu vida todavía me acolchan. Papá, el combate sin ti es duro.
Nunca hubo una guerra buena ni una paz mala.
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Es curioso, desde mi depre desarrollé un sentido del orden literario, que me vuelve visceralmente intolerante a la prosa de farfolla de Joyce o Gertrude Stein, o bien Derrida y Althusser. Y la de sus miles de imitadores menores y chuscos.
Me recuerdan charcos y laberintos sucios y pesimistas, duchas de manicomio, parloteo o ecolalia de esquizofrénico, pulsión tanática de suicida, signos clínicos de la zozobra y hecatombe psíquica.
El siglo XX apesta a culebras y alcantarillas.
El siglo XXI apestará a abrillantamiento de pantalla vista en una sala de conferencias por un público indiscernible de un conjunto de monos.
El siglo XXI empezó sonando a música de sala de dentista o de ascensor, y acabará con megalópolis donde todos se convirtieron una mañana en horribles insectos.
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La prosa modernista fue una imitación del conglomerado.
Las librerías, bibliotecas, museos, tiendas, universidades, hicieron de la aglomeración -en un mismo recinto se venden joyas, se edifican capillas, se instala un servicio de juguetería para infantes, se proyectan películas, etc..-, de la aglomeración y lo abigarrado un seña de identidad.
Una galería de arte ya no es una galería de arte, también es un parque de atracciones. Una biblioteca no es solo una biblioteca, es tanto un espacio social como de estudio. Una Universidad es también una academia de artes sensuales, donde se enseña y aprende, no latín y griego, sino hip hop, liderazgo emocional, terapia y sexo tántrico, y otros modos de estimulación (o deyección) placentera.
También existen conglomerados mentales, menos conocidos por lo que son, a saber, rocalloso pensamiento confuso. El pensamiento directo es elegante y habla de esencias, el pensamiento aglomerado es como burbujas o farfollas balbucidas y que expresa forzadas metáforas, por ejemplo, el fútbol como danza o como teatro o como guerra, la moda o vestimenta como escultura animada o como relaciones semióticas, el gesto como un lenguaje, los paisajes como arte vivo, la pintura como alfabeto, la filosofía como novela, etcétera.
El conglomerado es el perfecto correlato que expresa la vivencia del tiempo de los hombres contemporáneos; barroco y uniformemente acelerado. Lo contemporáneo es una suma de «le goût de la boue» (el gusto por el fango), la satisfacción pornógrafa y el desmedido gusto y afán por el amontonamiento.
Tiempos estos de decadencia bizarra helenística.
La clasicidad deslinda, clasifica, ordena, jerarquiza, argumenta, se limpia y ducha, el estilo privado de los hombres de ahora es informal, sin corbata, sin formas, popular, descuidado, arbitrario, espontáneo, en busca de una vida totalmente emancipada, sin condicionantes, empezando por los de la inteligencia y el buen gusto.
En un gran espíritu la consecución (la búsqueda) de infinitos deseos sin valladar la convierten en una mente fáustica, con posibles grandes creaciones en el orbe artístico y científico. En la inmensísima mayoría de los hombres comunes, esa sed insaciable de deseos, ese reino de los derechos y las demandas y eclipse de la responsabilidad, deberes y justa autoimagen, los convierten en mecanizados -y casi endeudados de por vida- en, decíamos, robotizados consumidores.
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La prosa del siglo XXI -juraría- será la de la asociación asamblearia en lugar de la del solitario (con amontonamiento perceptivo o sin él)
El gabinete pasará de moda y tendremos en su lugar la red social. El escritor no será un ser aislado sino un nódulo en una malla de lectores comentadores- modificadores – correctores. El criterio no será de un «Único» sino que se diseminará o socializará en likes de aprobación de la masa que dirigirán el «design» del escritor. El criterio será el de la «Colmena».
La prosa del siglo XXI será una esquelética (elemental) y troceada lista sancionada de grandes éxitos.
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Si usted que me lee es estudiante de humanidades en la Universidad, por favor no se empecine en lo obscuro y embarullado, y note que nunca debemos atribuir la falta de claridad e inteligibilidad del pensamiento a un problema de expresión del pensamiento; a un lenguaje claro y perspicuo corresponde un pensamiento claro y perspicuo, y a un pensamiento diáfano también corresponde, como la sombra que sigue al cuerpo, una formulación lingüística diáfana.
Si claro es el escrito es porque usted tiene claro el pensamiento, si confuso debido a que sus ideas son oscuras y precisan clarificación. Comentar un hecho de cultura con una redacción hermética y verbalmente terrorista le abaja como estudioso o estudiante a una descortés y zulú tribu. La civilización, aunque difícil y anudada con distintas hebras, es solar; no la oscurezca innecesaria, torpe y maleducadamente.
Recuérdelo como un mantra: Si no lo puede decir claramente, no lo entiende claramente.
P.D. Es de tarugos tomer apuntes. Concéntrese en clase. Intente memorizar la «lectio». Entre clase y clase haga un esquema mnemotécnico de lo entendido. Y no salga de la biblioteca de su Facultad. Se estudia leyendo libros. Se hace el ridículo tomando y estudiando apuntes.
Si no es capaz de adaptarse a este método, NO merece pisar ninguna Universidad.
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«Os deseo otro siglo, otros autores, otro público» Voltaire.
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«El nuevo gobierno de Sancho», tituló profético Castellani.
NOTA: Escribo “Lamas” en lugar de “Profesor Lamas”, como debiera con respeto y en verdad escribirse. El tuteo, otra plaga.
Llego a casa a las dos. Pegar la hebra con un taxista puede ser mortificante, y, en mi intimidad quimérica e histriónica, sueño que me gustaría llevar a menudo un cartelito, un rótulo gris de cartón bien acordonado al cuello y entrevisto en mitad del pecho, con esa información garabateada y fructuosamente liberadora: “Perdonen, soy sordomudo”.
Pero el mínimo cordial, o la educada decencia humanista, o bien la noción bien entendida del verdadero significado de cultura, implican que jamás debes hacer sentir incómodo a tus interlocutores, tengan las condiciones y género de inteligencia, ilustración, sensibilidad, belleza, dinero o simpatía que tengan.
Solo al malvado debemos expulsarlo de nuestra comunidad moral, y por tanto de nuestra cercanía y círculo de afecto, pero tener un carácter huraño no es necesariamente tener (ni no tener tampoco) el carácter de un gran hombre ni de un hombre genialoide.
Adam Smith y Gibbon (o Hume, o Gerardo Diego) eran personas cálidas y nada conflictivas; Nietzsche, Schopenhauer o Diógenes (o Cernuda, o Wittgenstein) eran declaradamente antisociales, con una morbosa y caldeada energía en el trato.
La realidad, si vale la metáfora, se puede comparar a un rico poliedro de múltiples caras; topológicamente hablando, hay caras opuestas, ergo, ciegas una respecto a la otra. El antipático y el simpático, el irónico y el incapaz de humor, el tímido patológico y el expansivo locuaz, viven unas dimensiones que ciegan o anulan sus dimensiones lógicamente contradictorias.
Estos días estoy estudiando diletante y apasionadamente a Wordsworth. Un poeta que la primera vez que lo leí me pareció poeta titiritero de meros juegos florales, muy agrario, muy agropecuario, casi un chillón tubérculo de granja. Poeta de póster de bar de pueblo. Pero el tiempo apacigua y afina el juicio grosero.
Y encima hace diez años que vivo en una aldea gallega feudal, y fosforecieron, brotaron en mí como las leyes implícitas de los cielos estrellados, otra euritmia en el tiempo y la percepción. Me sobrecoge la belleza del ímpetu de la niebla a la mañana posada en el fondo del valle, allí cerca, en los cañones del Sil, la hechizada en agosto o casi siempre que se atisba porque no la tapan las nubes dragonmoon, la desmesurada constatación de doce o catorce (dieciséis, veinte, cuarenta y nueve) tonos y matices de verde espolvoreados en un metro cuadrado de bosque. Cada vez, sí, me gusta más Wordsworth.
Mi chata poesía propende más a lo urbanícelo y ensayístico que a lo bucólico-pastoril y lírico, pero existe un retrogusto o reflujo, una contradeclaración que se cuela en ella y cuya fuente es la mística naturalista, o las (alguna que otra) “peak experience” que experimenté en Nogueira.
Ah la reconcentrada soledad y la energía vibrante del silencio, como un rojo mar bullendo en el fondo de un pozo, como un emperador de helados tutti frutti cascabeleando en el ocaso, igual a una danza de ala de agua y frescura de pájaro. Todo radiado por los bosques orensanos, ejemplos irrefutables de lo mágico, hermoso, geomántico y más onírico de España.
Un bosque, por cierto, es un fragmento de la realidad, un trozo del universo. Al hilo de mi hipótesis de la innúmera riqueza de la realidad (que un mero simio como nosotros siempre será incapaz de entender, que el registro de un extenso, sutil y monumental diccionario es, si se piensa bien, casi una “reductio ad absurdum” de aquello que nombra y de aquello que ineludiblemente no designa ni clasifica) acerca de la riqueza proteica de la realidad, decía, se puede razonar con el ejemplo mismo del bosque.
Para un matemático un bosque es primordialmente un conjunto estructurado de relaciones algebraicas y geométricas que saca del cajón de la sabiduría matemática acumulada y aplica en una reducción drástica de su naturaleza original (la del bosque), para un físico serán ecuaciones no lineales o física de fluidos o casos de teorías del caos, para un botánico fenómenos de fotosíntesis y un sistema ecológico autorregulado, para un aldeano un lugar que alterna entre el hogar, la fascinación, el miedo, cierto cansancio y apatía, y algún respeto, para un pintor una disposición cromática, aguda, cinestésica, tan viva como su propia inspiración y expiración, para un poeta un lugar o interregno entre la impresión emocional y el racionalismo mágico que, cual manto, todo lo envuelve, para un maderero o economista algo básicamente utilitario, traducible a un fajo de billetes, para un teólogo o un creyente el espíritu que está en lugar de la materia, a saber, el símbolo o plan divino encarnado en árboles y hojas y vientos, para un excursionista un lugar ajeno, un ínterin de relax y diversión, etc.
Si con nuestro cerebro pensamos acerca del universo, al ser nuestro cerebro una parte del universo, entonces nuestro cerebro se convierte en el lugar geométrico en que el universo se piensa a sí mismo.
Wordsworth -opino osadamente- tuvo una suerte de autoconciencia mística del universo o de su contemplación, a partir de la obsesiva auto alusión entre su experiencia o biografía (sobre todo de la infancia) y los data sense del paisaje del distrito de los lagos donde vivía.
Ando algo obsesionadillo con Wordsworth. Como nota erudita al margen mencionar dos comentarios negativos sobre él. El de Shelley, que disparó a dar: “Menudo desgraciado patético y bestial es ese Wordsworth…La única persona con la que puedo compararle es Simónides, el lisonjero de los tiranos de Sicilia”. Y el no menos ácido de Thomas Moore. “Wordsworth es bastante pesado. Me he dado cuenta de que es un hombre que pontifica; alguien que no entiende la toma y daca de la conversación”
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Después de comer y charlar un rato con mamá me fui a un banco sombreado de la plaza a leer poemas de W (en mi jardín me abrasaba)
Me despista el musgo cenizoso del suelo, las nubes de un blanco tímido y presumido, esos huecos hondos en que se aquerencia soberbio el cielo. Miro el silencio y me parece un pergamino de mármol goteando con tempo giusto, un palimpsesto en el que se adivina la escritura de otra época. A veces, al contrario, creo que es una editio princeps altiva empeñada en afirmar ideas heroicas. O un carmín que pintara rosácea mi vida. Pero siempre tiene cosas que decirme.
Repaso mentalmente la jornada y murmura en mí, pasando a ocupar toda mi atención, un comentario al desgaire de Lamas en la tertulia de la mañana en que adjudicaba a su prosa, o a su estilo de escritura, el del simple periodismo. Me rebelo con furia. No sé suficiente gallego, ni leí un mínimo decoroso de literatura gallega y a autores gallegos. No leí al mismo Lamas con profundidad y suficiente atención escrupulosa. Pero intuitivamente me parece una enorme barbaridad.
Pues, ¿es verdad? ¿la prosa de Lamas no se diferencia de la de Bieito Rubido, Pedro J.?, ¿ de la de David Jiménez…?, ¿es similar a una crónica o reportaje de suplemento de belleza y moda escrita en un diario dominical y redactada con cierto esmero por un periodista veterano?
Si fuera un intelectual alemán me encerraría cinco años en una biblioteca para acabar escribiendo un denso y hermético -intransitivo- ensayo titulado “Idea de la prosa de Lamas derivada de la idea de Prosa Trascendental”; si fuera intelectual francés me pasaría cinco años colaborando en magazines culturillas, desentendiéndome de Lamas, fumando Galois, saliendo en la tele como epítome del fast-thinker exitoso y famoso, yendo de putas caras, en fin, perdiendo el tiempo entre corbatas de seda, vida pitañosa literaria y seminarios donde los en verdad eruditos advierten mi acusada indigencia. Pero, un día, una tarde, al cabo de un lustro, recordaría que debo escribir un trabajo sobre la prosa de Lamas. Me sentaría ante el ordenador, me serviría un vodka con zumo de naranja natural, e improvisaría cualquier cosa al buen tun tun, sin ton ni son, como un gato paseándose encima de las teclas del piano (se publicaría acaso en Le Figaro: “El dandi de la psicohabla. Labios y pértigas para un Lamas verbívoro”) Si fuera inglés (el idioma en que mejor se estudia) pasaría a un archivo informático todo el texto de Lamas, y, con un sofisticado software de lingüística computacional, haría el retrato robot científico de su prosa (recurrencias sintácticas, tipo y familia lexical más frecuente…)
Yo soy un pensador (mejor: un orate diletante) impresionista. En esta época de academicismo escolástico, de inundación de la bibliografía secundaria, en esta Era de Rumiación Técnica Compulsiva de Trivialidades, el talante impresionista es un rasgo tan escandaloso casi como ser punk heroinómano en los setenta o franciscano pobrista en el Nueva York de hoy.
Así que, dado el axioma de que sin comparación no existe el conocimiento, intentaré aclarar el supuesto valor (o no) exclusivamente periodístico de la prosa de Lamas.
Ese es el problema para inquirir.
Para ello (un tipo de estrategia expositiva y argumentativa tan lícita como otra cualquiera) expondré ejemplificándolos tres bloques de prosa escrita por diferentes ensayistas, un bloque con una prosa a mi juicio humilis o abajada o mala o terrorista, otro con una medium o funcional o mediocre o periodística, y un tercero donde se ejemplará prosa sublime o alta o buena o elaborada o artística.
Debo aclarar que he estipulado un nuevo sentido a los términos “humilis”, “medium” y “sublime”. No me refiero estrictamente al significado consensuado por la retórica clásica y medieval, aquel cuya fuente es Cicerón en “El orador”, y, algo anteriormente, la Rethorica ad herenium (y que recogieron muchos tratadistas medievales)
Aludo solo a un estilo malo, o mediocre, o bueno, circunstancias que se pueden dar cada una de muchas maneras. Más o menos transfiguro y traslado los conceptos culturales de Dwight MacDonald, cuando distingue tres niveles culturales, highcult (alta cultura), midcult (cultura intermedia o mediocre) y masscult (cultura de masas), a, primo, la prosa de calidad, diría como cardenalicia, propia de reyes o dioses enjoyados, secundo, a la ni buena ni mala calidad, ni fu ni fa, como de burgomaestres tibios, y, tercero, a la de nula calidad, afirmaría que bufonescamente rústica, casi de patán y bárbaro hooligan.
Parece ser que estas categorías (highcult, midcult, masscult), están hoy desacreditadas, insensiblemente sustituidas por lo buzz, el gossip, y lo mundialmente cool. Una prueba más de nuestra imparable decadencia.
Que el hipócrita y desganado lector, leyendo los tres bloques, ejercite sus mientes en el ejercicio de decidir o inferir con qué bloque de prosa la de Lamas comparte más propiedades o aire de familia (“aire de familia” en el sentido precisísimo y técnico en que lo define Wittgenstein en las Investigaciones filosóficas)
A veces mostrar es más convincente, persuasivo y eficaz que demostrar. A veces capitalizar la sesera, lograr que fluya la mollera, produce más impacto que esa suerte de flatus voci mental, con un episódico y volandero rastro leve en la memoria, en que caemos al leer con un automatismo no analítico, irreflexivo, “tragapáginas”. Lean los bloques y respondan la “questio” devanándose el seso.
BLOQUE A (HUMILIS O MALO)
“Diré que mis textos no pertenecen ni al registro “filosófico” ni al registro “literario”. Por ello se comunican, o al menos eso espero, con otros textos que, habiendo producido cierta ruptura, pueden llamarse “filosóficos” o “literarios” solo según un tipo de paleonomía: la cuestión de la paleonomía: ¿cuál es la necesidad estratégica a una operación que en última instancia se niega a dejarse gobernar por un horizonte teleoescatológico? ¿Hasta qué punto es posible esta negativa y cómo negocia sus efectos? ¿Por qué ha de negociar estos efectos, incluyendo el efecto de este por qué? ¿Por qué la estrategia se refiere al juego de la estratagema más que a la organización jerárquica de los medios y los fines? Estas preguntas no admiten una organización sencilla), cuál, es pues, la necesidad “estratégica” que requiere el mantenimiento ocasional de un nombre viejo para lanzar un nuevo concepto” Derrida
“Llevando las cosas al límite, ¿no resulta que cada gran filósofo establece un plano de inmanencia nuevo, aporta una materia del ser nueva y erige una imagen del pensamiento completamente nueva, hasta el punto de que no habría dos grandes filósofos sobre el mismo plano?” Deleuze & Guattari
“¿Y por qué llamar Semiótica a esto?: La estilística como precedente, la Poética como denominación omnicomprensiva, las Teorías del texto Literario como último desarrollo. Sencillamente porque todos estos caminos tienen en común su atención central al signo y porque una Teoría del lenguaje literario o Poética de fundamentación lingüística es quizás la única disciplina en este campo que lleva a sus últimas consecuencias la intuición sausseriana de la posible semiología: “la vida de los signos en el seno de la vida social”” M. A. Garrido Gallardo
“Error que el matemático puede cometer aceptando suposiciones implícitas, dejándose llevar por el ideograma, por una analogía no adecuada …Incluso en la derivación lógico formal el matemático puede cometer errores porque la propia formalización va guiada, en el fondo, por la matemática previa informal…
Dos caras de lo que calificar error matemático: en el plano epistemológico formal, en el epistémico. Dos caras de un falibalismo que no supone que sea el Hacer matemático en sí el que sea falible, sino aceptar de que es un producto de quien es falible, el matemático. Y que, también, como producto, cambia y se transforma” Javier de Lorenzo
“Mientras que los ingleses abordan la o las culturas como una prolongación del campo de batalla social, sus colegas estadounidenses -de formación más a menudo literaria que sociológica o histórica- privilegian el auge de la pop culture de masas como entidad nueva, cuyos desafíos en la lucha social les interesan menos que la invención de códigos específicos y la “creatividad” de los receptores. Y es que en Estados Unidos se ha producido un cambio de generación intelectual. Con la emergencia de la cultura de masas proteiforme a gran escala, favorecida por la ampliación del tiempo de ocio y las nuevas estrategias de la industria cultural, los años sesenta coinciden con un relevo de especialistas en la universidad: los investigadores que se adherían “a las mitologías heroicas del intelectual disidente” ceden su lugar a los que aceptan “las contradicciones de una vida en la cultura capitalista” y están listos incluso para “servirse de su compromiso de la pop culture como un modo de protesta válido”, como resume Andrew Ross” François Crusset
“El desembarco de Iván Redondo, profesional de la comunicación polítivca, en la Moncloa como jefe de gabinete del presidente Sánchez es en sí mismo una demostración de la vertiente marquetiniana que ha adquirido la política en estos últimos años. Era la primera vez que alguien de ese perfil ocupaba un cargo ostentando tradicionalmente por personalidades con años de trabajo en la Administración y en las bambalinas del poder […]Según el modelo de Componentes de intercambio político, de Manuel Ortigueira, las organizaciones política smantienen una relación bidireccional de retroalimentación con los lectores. Las primeras ofrecen partidos, candidatos y un programa idológico a la ciudadanía. Los segundos les devuelven, eventualmente, su apoyo a trav´ñes del voto. Eso es lo que permite a los líderes políticos acumular poder legislaticvpoo po ejecutivo para gobernar después” Estefanía Molina
“Otra cosa no, pero los socialistas lo que tienen es una consoladora preocupación por la Cultura. A lo mejor no huelen otras materias, que no dan una en el clavo, pero de preocupación por la Cultura, cantidad. Éstos no vendrán con la longaniza, pero vienen con la Enciclopedia. Con razón convocaron a los intelectuales durante la campaña electoral para organizar lo de la “infraestructura”. Y con razón quieren el Ateneo, que lo han tenido desde siempre. Ya se sabe, la derecha a mirar la peseta, y la izquierda, a leer libros. La derecha siempre ha tenido miedo a los libros, porque en cuanto los obreros aprenden a leer piden aumento de jornal” Jaime Campmany
BLOQUE B (MEDIUM O MEDIOCRE)
“Actualmente hay unos catorce mil filósofos profesionales (es decir, docentes de filosofía) en los colleges y universidades de los países anglosajones (En los de lengua española el número es probablemente parecido) Estos filósofos anglosajones publican unos doscientos cincuenta libros al año y multitud de artículos en las doscientas revistas de filosofía a su disposición. En total, publican unas ciento cuarenta mil páginas al año, es decir, unas diez páginas por filósofo y año. De este inmenso caudal de textos, más de la mitad corresponde a la filosofía analítica, en sentido amplio” Jesús Mosterín
“Gottlob Frege es el fundador de la moderna lógica matemática, Como lógico y filósofo de la lógica está a la misma altura que Aristóteles; como filósofo de la matemática no ha tenido rival a lo largo de la historia de esta disciplina. […] Su obra apenas fue leída mientras él vivió, y durante bastante tiempo su influencia en filosofía se ejerció principalmente a través de los escritos de otros filósofos.” Anthony Kenny
“El racismo siempre ves deleznable, sea contra los negros, contra los blancos o contra cualquier otro color de piel. El racismo es una injusticia contra la humanidad. No obstante, hemos de reconocer que personas de cualquier color (y sexo) son capaces de ser racistas (y sexistas)” Lou Marinoff
“Por ejemplo, nos gusta ir al cine a ver una película de estreno que nos conmueva, nos eleve a una cumbre exquisita de sensibilidad, tristeza y emoción. Y nos vamos prometiéndonos que reconsideraremos tosa nuestra existencia a la luz de los valores que nos muestren desde la pantalla y que purgaremos nuestra decadencia y permanente apremio. Pero la noche siguiente, tras un día de reuniones y agravios, nuestra experiencia cinematográfica ya va camino del olvido” Alain de Botton
BLOQUE C (SUBLIME O EXCELENTE)
“Las ocho y media. El sol se ha ido del jardín y los árboles ondean como vegetaciones sumergidas; lo que se ve del cielo entre el ramaje es gris muy claro, casi blanco. Paso casi todo el día solo, leyendo y escribiendo, escucho música…Por las noches, cuando apago la luz, estoy tiempo despierto y pienso al azar. O sea, que mi vida es casi un continuo soliloquio. Sin embargo, me parece tan ajena, tan dada, como cuando estoy en la oficina: en ningún momento la confundo conmigo. Existe una zona donde se produce una discontinuidad, una inversión de la conciencia semejante a un reflejo social. Yo trato conmigo y no encuentro en mí más realidad que la que encuentro en cualquier otro. Ni siquiera me identifico del todo con los recuerdos, a pesar de cómo me poseen aquí” Jaime Gil de Biedma
“Aproximar el nombre de Whitman al de Paul Valéry es, a primera vista, una operación arbitraria y (lo que es peor) inepta. Valéry es símbolo de infinitas destrezas, pero asimismo de infinitos escrúpulos; Whitman, de una casi incoherente pero titánica vocación de felicidad; Valéry ilustremente personifica los laberintos del espíritu; Whitman, las interjecciones del cuerpo. Valéry es símbolo de Europa y de su delicado crepúsculo; Whitman, de la mañana en América” J.L. Borges
“En la vida de Miguel Ángel es fácil ver como su fuerza se convierte a menudo en amargura; como si una voz discordante se empeñara en estropear una hermosa melodía. “El mismo rey de Francia no osaría tratar al Papa como lo hace Miguel Ángel”, camina por las calles de Roma “como un verdugo”, dice Rafael. Todo parece indicar que en una ocasión se encerró en su casa con la intención de dejarse morir de hambre. Cuando al leer su vida nos encontramos con este tipo de incidentes, tempestuosos y violentos, surge en nosotros la idea de que fue uno de esos hombres que Dante juzgó por haber vivido “voluntariamente en la tristeza”” Walter Pater
“Sus ideas [se refiere a loa de los críticos de pacotilla] son como figuras de yeso en un molde, tan frágiles como superficiales, que se rompen antes de que ñes dejes abrirse camino. De hecho, este personaje es el representante de una gran parte de la comunidad de los frívolos, presuntuosos e indolentes, de aquellos que tienen tiempo para hablar, pero no se sienten obligados a pensar; y considera que cualquier desviación de las selectas formas de lo vulgar, o del prestigioso lenguaje de la impertinencia convencional, supone comprometer su autoridad diplomática. Es maravilloso cómo los personajes de esta clase simpatizan unos con otros; cómo se juntan en manadas cuando tratan sus propias opiniones; qué tacto tienen para la estupidez; qué instinto para lo absurdo; cómo se localizan unos a otros mediante signos inconfundibles. ¡Es como si fuese una masonería!” W. Hazlitt
“Si en el decurs d´aquest llibre es podria demostrar tantes vegades la vaguetat dels meus coneixements -i això modèstia a part- no pas menys aviat de les amanides. I ara no utilitzo la ironía normal, cosa que, de vegades, càndidament practico. Farem, doncs, una amanida corrent, d´enciam i escarola, etc., del que sigui. Primera cosa fonamental a fer: cal assecar acuradament i totalmente les herbes amb un tovalló impecable: cal assecar-les fins que no quedi, en aquestes fibres, una sola gota d´aigua. Cal també premsar-les una mica, treure de les seves formes la cosa lineal i abrupta que puguin tenir perquè s´embeguin bé amb el suc coadjuvant. Ho diré una vegada més: aquestes amanides que es presenten en remull, nedant en aigua, són horripilants. No tenen gust de res, són insípides i inútils. […] Ara, al meu entendre, una amanida no és un eslógan propagandístic sociològico-polític.Una amanida és, simplemente, una amanida” J. Pla
BLOQUE D; PROSA DE LAMAS
(abriré al azar alguno de los libros de Santiago Lamas y copiaré tres o cuatro parágrafos. Juro que no busco intencionadamente un pasaje u otro para fundamentar mi hipótesis)
“Dese Entroido vestimentario puido decatarse Arturo Pérez Reverte cando paseando cun amigo foi advertido por este de que a súa forma de vestir, zapatos de coiro, pantalón chino longo, camisa azul claro, chaqueta e chapeu provocaría moitas olladas. O amigo tiña razón. Ao seu redor, cinco de cada seis homes calzaban chanclas, pantalóns curtos fosforescentes ou vaqueiros rachados, camisetas coas axilas descubertas, puchas de bésisbol e todos eses refugallos complementarios de tatuaxes e ferranchos hoxe xa tradicionais.
[…] Hoxe moitas tendas de luxo en >Londres, venden roupa feitas con tecidos de grande calidade que imitan a roupa dos guetos e suburbios do gran Londres. ¿Como explicalo?…¿É que mesmo os ricos están tan influenciados polo igualitarismo que teñen mala conciencia de ser máis ricos ca media?. Semella non ser o caso. Non están dispostos a desprenderse da súa riqueza polo ben dos outros pero poden imitar a estética vestimentaria dos menos afortunados coa esperanza de que a súa riqueza pase desapercibida aos menos afortunados e non se trata do que pretendía Andrés Fernández de Andrada (1575-1648) na súa Epístola moral a Fabio:
Quiero imitar al pueblo en el vestido,
En las costumbres solo a los mejores,
Sin presumir de roto y mal ceñido
No resplandezca el oro y los colores
En nuestro traje, ni tampoco sea
Igual al de los dóricos cantores
Una mediana vida yo posea
Un estilo común y moderado,
Que no lo note nadie que lo vea”
ESCOLIOS AL PROBLEMA PLANTEADO
Los libros de Lamas, ¿a qué bloque se acercan más, al A, B ó C? Mi hipótesis es que se encuentran en el interregno o frontera o límite entre el bloque B y el C. Que viven en la tierra de nadie entre esos dos reinos.
Supongo que sus enemigos afirmarán que pertenecen al A y sus entusiastas al C. Mi hipótesis es de que son copartícipes de ambos mundos. A veces (y lo leí muy superficialmente) parece que en la invención y la disposición se acercan al C, y a veces parece que el tono elocutivo permanece más bien en el B. Si tiene un momento alado sus propiedades como ensayista se acercan a C; otras mantienen una línea más rutinaria encuadrándose de pleno en el B.
Estoy cansado. Escribo mal. Mi mente corva y entablada no discurre bien. Denegridas y arrugadas mis ideas. El mundo glorifica folclóricamente la bajura. Al menos Lamas (discípulo de Pla) y yo (torpe pupilo barroco de Lamas) resistimos. Frente al confuso jaleo, los libros. Frente a lo oscuro, lo culto, que culto no es oscuro. Frente al horrible pez borrón -grumoso y bulboso- la elegancia como de escabel cortés. Frente a la escritura minipimer y tartaja, la negación de ese kitsch universal que nos iguala y anega. Frente al asianismo, el aticismo (solo puedes decir algo claramente si y solo si lo entiendes claramente)
Hay una prosa de carromato gitano (A), una de utilitario de gama media (B) y una de Rolls Royce (C) Hay ideas obligatorias, otras opcionales y unas terceras solo sugeridas. Hay buenos libros buenos, buenos libros malos, malos libros buenos y malos libros malos.
No soy filólogo. Pero leí lo suficiente para que no me den gato por liebre. Leyendo prosas de muchas clases discriminas automáticamente la delicatessen del fast-food. El riguroso, natural y desnudo modo de escribir y pensar, lo tuvieron Pla, Fuster, o mis maestros Gerard Vergés y Josep Tomàs Cabot (hoy totalmente olvidados) Buscar la belleza en el orden estrictamente necesario, en el orden absolutamente correcto. Buscar la comprensión inmediata y evitar el galimatías, la prosa pegajosa, ensalzar lo sobrio, lúcido y sereno. Halagar el control racional, la elegancia en la expresión, el odio a toda falsa brillantez. Evitar la ampulosa vaciedad. El relleno falsario. El mundo se ha convertido en un sinsentido bibelot kitsch. Como dijo Demetrio en Sobre el estilo «El camino sin señales y monótono, aunque sea corto, se hace incierto». Los libros salchicha resoplando grasa. Las páginas que corren, pero no se elevan. El malestar de vejiga, la incomodidad sensible, al leer tanto libro malo. El escribir adjetivos como suelta un burro sus pedos.
Estoy muy cansado. Escribo muy mal. Mis maestros Vergés, Cabot, ahora este gallego de Lamas, ignorados, mientras encumbran a incompetentes. Esa absurda escuela de la depravación. Lo chillón presentado como algo vivo.. No sé.
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Vuelvo a mi covachuela, a mi sombría latebra. «Escolto el refilar del ocelles i com s´ esmicola la llum». Afuera, en las afueras, el panorama no puede ser más desalentador. Vale.
Las nuevas categorías de pensamiento y asociación no prescriben lo alto versus lo bajo, lo refinado frente a lo romo y vulgar, la calidad en oposición a la popularidad, la highcult frente a la midcult y la masscult.
Las anteriores son categorías victorianas, y quienes las defendemos unos dinosaurios del pleistoceno muy pasados de moda. Hoy todo gira y orbita (se explica y legitima) con el vector de lo cool ante lo square -carroza-, o lo muy hot como opuesto a lo demodé.
El arte, el sexo, la política, la moda, los productos, las estrellas del celuloide o del rock o de la pantalla o de las redes sociales, las películas, el comercio, el debate, la literatura, el marketing, las nuevas tecnologías, los nuevos líderes de opinión, el periodismo, todo se reordena en un campo casi como de celebrities donde estás o bien in o bien out. Si estás in se sanciona eso que haces y crees y vives y vendes como bueno o valioso, si estás out se enjuiciará como malo y sin valor (y además carecerá de visibilidad)
La sofisticación intelectual nada tiene que ver con estos nuevos modos de ambición moderna. La figura del crítico o intelectual clásico es como la de alguien con polainas y peluca empolvada, levemente -o claramente- ridículo, y que se sustituye por el dinámico agente del entertainment y por la energía o dramartugia del mero rodar irreflexivo, inconsciente, sin pausa del mundo.
En el siglo XIX y parte del XX se intentó cambiar el mundo, en el siglo XIX Y XX también, sumado a eso, se intentó pensar el mundo; entrado el siglo XXI el mundo no requiere ser cambiado ni pensado, solo exhibido en la pasarela de Internet y otros medios de comunicación de masas, o en los mecanismos ociosos de un entretenimiento impepinablemente super divertido.
Vivimos embutidos en un capitalismo hip, en una vida divertissiment, donde reina la velocidad, la notoriedad, el buzz y lo cool. La jerarquía y la clasificación, la prelación y el criterio, son figuras arrumbadas, al igual que lo fue la economía feudal, y lo fueron los zuecos, el techado de paja o los sombreros hongo en la cabeza de los caballeros.
El futuro (ya evidente presente) pertenecen a Shakira y Piqué, y la decadencia e irrelevancia definitiva se simbolizan en Henry James o Michelet o Lionel Trilling (y sus pares)
Jeff Koons (un bodrio mondo y lirondo) se subasta a precios más altos que Miguel Ángel o Velázquez. Un futbolista o un caballo de carreras se adjetivan como algo «genial».
El gobierno de Sánchez es otro inequívoco ejemplo de esta estetización espectacular de lo público y su discurso. Sobra el criterio moral, sobran políticos en la estela de un Saint Simon o un cardenal de Retz, un Talleyrand o un Meternick, pues ¿no molan y persuaden más los astronautas, I. Belarra, Montero, el número de las vaginas en los ministerios, y el lenguaje oratorio de abaratada píldora tuit?