Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Sitges, verano del 91. Haraganería en las hamacas,
cremas, balones de Nivea.
Y no me atreví a besar los dobles bombones
de fresa de tus pechos,
ni a lamer las brújulas erizadas
o las brujas achampañadas de tu pelo,
ni a partir en la nave al lejano extranjero contigo,
ni a amar el viento y la niebla del cordón de tu bikini,
o el leve verde de tus ojos como una escarcha
que destella en mitad de la noche.
Avanzan por la oscura memoria las olas,
tu hermoso cuerpo moreno, la derrota y las ruinas.
¿No era tanto mi deseo en aquel instante?
¿No era tanto mi amor?
Pero solo asomó la luna sangrienta dentro de las sentinas
de un invierno que en mí sería perenne.
No te atreviste a amar (ésta, y en otras ocasiones);
no te quejes si ahora los mastines del odio
marcan con sus ácidos orines
el único y tenebroso círculo donde debes vivir.
Tu alma, cuando sueña, es un despedazado anfiteatro
con actores decrépitos y desmemoriados,
con el auditorio ocupado por maniquíes espantosos.
En el aire puro, a los limpios dientes del alba
tú no le pusiste zafiros orientales sino bostas de vaca.
Tu destino, querido patán, lerdo cobarde, es el vertedero.
Los monstruos solo deben vivir encerrados en su infierno.
Y contempla como tu mente se alimenta de vagas
supersticiones bárbaras, de observaciones imperfectas,
de desorganizadas razones: así tu mente,
pues desecaste la fuente del amor
indiscernible de la del conocimiento.
Tu mundo se ha convertido en distintas tactos de aguarrás,
en relámpagos compuestos por cucarachas,
en congelados zumbidos de marmota
y espectros de sílabas vacías.
Un traqueteante mecanismo de incisivos asorda tus labios.
A nadie amaste Christian, la soledad fue tu camino.
Señor, perdónalo si ha sido un monstruo.
P.S. Cuando Akbar el Grande asciende al trono del Imperio mogol en India, el arte persa e indio se fusionan creando un estilo único. El estilo cristiano es único. Cúpulas románicas sobre pechinas y sobre trompas, escuelas episcopales que derivan en Universidades, asombro y estupor ante miles de abadías, iglesias y catedrales. Amor, amor, amor…
Alberti, en De pictura, afirmó de la basílica de Santa María de Fiore: “Esta construcción enorme que se eleva hacia el cielo es tan vasta que podría cobijar a toda la población de la Toscana bajo su sombra”. Amor, amor…
El sobrenombre de sans-culotterie alude a la vida del espíritu de trabajadores, tenderos, profesores, artistas, escritores, funcionarios menores y solo un puñado de ricos con deseos y pasatiempos de educación intelectual, orgullosos, dignos y serios, que se reunían para lecturas de Rousseau o Volney, y gozosos cantaban, discurseaban y disfrutaban de recitados a cargo de jovencitas. Vida del espíritu, sin duda. Me placería ser un sans-culotterie. No alcanzo ni a aficionado. Jovencitas…Amor…
¿Por qué no escribo poemas de amor? «Ars enim earum rerum est, quae sciuntur» Cicerón, De oratore, II, 7, 30.
Y revolotean en mi mente como una mariposa clavada en un alfiler las palabras del griego: «Solo la ruina nos defiende de otra mayor».
Ahora educan discotecas, Tik Tok, la pandilla, Instagram,
el haxix, la televisión, los videojuegos, te lo juro mamá.
Nadie ayuda con su propio bolsillo a los necesitados,
los gustos no se avienen con las opiniones,
la ropa y los labios de la gente recuerdan sus malas horas,
la risa no es un astro de la galaxia,
no se soporta el castigo ni el útil consuelo,
los secretos y las virtudes no se guardan bajo llave,
Nochevieja es una vomitona universal.
El ardor no se acomoda con la razón,
se apaga la Luna entre un simulacro de histriones,
los cangrejos de las tabernas saben insípidos,
pero tú te vistes como una señora del siglo XIX si vamos a cenar…
Este mundo no es tu tipo; ni es el mío, la duda ofende.
Los pensamientos se expresan fuera de las elegantes palabras,
el decoro es un mineral insólito,
el cielo un juicio obtuso con gasóleo de avión,
la plebeyez de turistas un insoportable tsunami,
la neblina de Zara una mancha de petróleo que no deja respirar.
Mamá, te haces viejita, te vas haciendo viejita.
Un poco más egoísta, sí, pero igual de buena.
Y nada más dulce, sutil y enigmático que la bondad.
A veces creo que Dios existe porque tú existes.
A veces me apena la súbita pudrición de mi alma
pensando que tú eres su espectadora.
Te he dado disgustos. Mi mala cabeza…
A menudo nos peleamos (a mí me dura
el enfado cinco minutos) pero hace cincuenta años
que todavía no hemos parado de hablar.
Mamá, pon el oído a esta confesión pública:
vivamos tú y yo en mitad del bosque,
abejas de plata con piel húmeda
merodeen en un jardín donde tomamos el sol,
en un bosque de baldosas amarillas.
Tu amor, querida mía, es un verano sin escorpiones.
Te agradezco la tradición, el «stylo» que me legaste. Las clases
de pintura y música privadas, el amor que en mí vive.
Recuerdo a papá. Y mucho, como tú, lo echo de menos.
Cuido de ti y cuido también el desdén robusto, solidísimo,
que siento por esta realidad abyecta.
Este mundo que es un vil y mediocre sucedáneo del tuyo.
Los acordes de tu corazón permanecen en mí
como un rojo Jinete de la Palabra,
como galope de purpúrea ternezuela.
En la vastedad del firmamento
tu rostro afirma el por qué de las rosas,
la noche fresca como el agua de altas montañas,
la cumplida inteligencia con que verdea la hierba.
Notas de familia y líneas de poesía fueron tu vida
hermosa como un sonajero recién lavado.
Eres Verdad que derrama cisnes y dimana aroma de café,
Verdad de copa de jade y fragor de estrella.
(Película de oro y clorofila de Cukor;
¿no véis -aguzad el oído-
el péndulo sonoro de risas en la alberca,
el tufo a cereal en el campo?
Decidme, ¿no es esto acaso la Verdad?)
Ahora educan porros, discotecas, facebooks…
P.S.
(i) Mi madre, orgullosa de mi educación (colegios privados, clases particulares de dibujo, música e idiomas), es también una crítica literaria sagaz y que corta a degüello. Siempre le leo todo lo que escribo (excepto los diarios íntimos) y espero su reacción; hoy me dijo que soy demasiado cerebrotónico, poco cálido, que el genio debe ser fácil de asimilar (aunque él mismo posea una gran originalidad), que el destino de cualquier poeta es llegar a ser recitado anónimamente por el pueblo, y, last but not least, que un escritor es un animal racional literaturizado (aunque mentiroso) pero que yo propendo en exceso a la verdad, la sensibilidad lógica, y la razón.
¿Qué querías mamá? Toda tu vida contendiendo para convertirme en un ser exquisito y singular, siempre empeñada en tu desprecio a las masas («son como bacterias» sueles decir proverbialmente) y ahora deseas verme un sosias de la ridícula y vulgarzota Ana Lena Rivera o un doble del ripioso chupacaramelos de Mario Benedetti. Yo persisto en mi ser (caviloso, minoritario, antipopular, elitista, magnificente, grave), a imagen y semejanza de como me creaste y que, en tu fondo, sé que deseas.
Me criaste para que me juzguen los prebostes de Oxford y no las listas de éxitos o de más vendidos de Marie Claire o Lecturas. No, mamá, hoy no es tu día. Criticas a abuelas y madres de cerebro calloso, a políticos y artistas botijeros, eres adorablemente clasista y de espíritu dorado. Hoy es el día de las madres de Mercadona. Tú eres selecta como una hilada fresca de viento en la montaña. Otro día me pondré mi capa McFerlán y tomaremos unos mirlitons juntos.
Como que amo lo bueno y exquisito no puedo sino amarte. Nuestro amor es como lujosa leche de queso de alce. Nuestro amor es como un sinfonier clásico o un sillón pan de oro, como un antiguo reloj de oro. Para otros el pollo de asador con sus patatas renegridas y resecas. De ruc i de senyor se nha de venir de mena.
(ii) Todos conocemos a gente cruel, sin resonancia, carente de corazón. El tuyo, en cambio, mamá, es una delicada y bondadosa cajita de alabastro. Qué placer vivir contigo, una adorable dama con intenso garbo de clase alto-burguesa, pasmosamente inteligente, muy culta; de cada diez cosas que haces nunca ninguna es un error, y eres totalmente incapaz de cometer alguna maldad.
A tu lado (al igual que con papá) he mejorado enormemente, pero una comezón dolorosa de haber sido un hijo imperfecto y energéticamente problemático no me deja de aguijonear. Tengo el alma agotada y marchita debido a desdichados, malhadados hábitos que tomé. Perdóname, inmortal corazón puro, joven maniquí rubio en un país de nieve, golondrina y sabio navío en la mar.
El lenguaje del amor articulado, vivo y veraz, es inevitablemente cursi, cursimente «moelleux». El Bien huele a rama de pino recién cortada. La ternura es un finísimo brillo que solo acaricia recintos claros. Escribo en público (y sé que te disgusta la pública intimidad) lo que nunca me cansaré de decirte en privado: «Je t’aimerai toujours, et aussi plus tard.
(iii) Solo tú me has amado en esta vida. Solo pido excusas ante tu amor sin medida.
España, demasiados retrocesos, llena de cabreros hirsutos,
con indolencia arábiga andaluza, con inane saltataulells catalán,
feísmo rural gallego, covacha quebrada cántabra,
con tienducha provinciana madrileña y costeras playas horteras,
España ufana como un gusano que el arado parte en dos.
España televisual, futbolera, barista, de mal gobierno
y zarrapastrosa, pulposa, tuercebotas, chapuzas, pugnaz inculta,
zampabollos, incauta, con mayonesa en la comisura, y baba,
cejijunta y pobre, que a su hermano fulmina con acero,
erial donde cruza errante la sombra de Caín, paño de suave
gamuza pero celda sin claraboya, espiritual y platónica
vieja y bronca España cebada para la matanza,
haragana, tumefacta, necrosada, tuitera, lo dicen las sefirot
cabalísticas: eres un ejemplo de burricie y detritus de alma.
España esquirla sin luz, de fanática negrura de confesionario,
ciclópeo atrio de la mendacidad, mucosa sentina idiota:
je acuse l´Espagne, a mi judería voy, tan solo mi biblioteca es mi patria.
España sarmentosa ágata de la mecanografía, frutera y verdulera,
país de la caterva y la inepcia. Apostato. Hereje afrancesado
o conde don Julián, o anglófilo imposible,
aquí os dejo, y feliz parto siempre al exilio.
Bajo una égida más amable se cobijará mi nombre y ley.
Un cielo de estrellas más brillantes seguirá mi sombra los caminos.
Nunca bajo los inviernos congelados y torvos de tu noche ciega.
P.S. Majestad: Felipe IV era abúlico y apático, devoto, mujeriego y acaso poeta. A menudo se cansaba de sus validos y del ejercicio de su reinado. Carlos I fue guerrero. Felipe II solo rey. Felipe III y Felipe IV hombres nada más. Carlos II ni hombre siquiera. Carlos III gran hombre.
El duque de Lerma, afligido y consternado, afecto de asma, se trasladó a Valladolid para iniciar su mascarada. Para fingir pobreza vende bienes, para fingir santidad dice querer hacerse jesuita. El conde de Olivares da orden de detener a Lerma. Poco después se oirá un anónimo por los pueblos de España: «Aquí yace un reino entero/Olivares lo mató/catalanes lo acabaron/los monjes lo amortajaron/y Portugal lo enterró».
Atento mi rey Felipe VI, que el reino debe ganarlo. Este escritor le recuerda que en el Palacio de la Justicia de Florencia figuraba la siguiente inscripción «Oportet misereri», es decir, es necesaria la misericordia, pero que los litigantes y pleiteantes, recuérdelo majestad, traducían como puerta de la miseria. Así que muy atento. Ahora la misericordia se confunde con la miseria, y la miseria son esos míseros orates gobernantes, el torcido Sánchez, la turbamulta a menudo injusta. ¿Qué es la Justicia? Jurris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere suum cuique tribuere, estos son los preceptos del derecho: vivir honestamente, no dañar a nadie, dar a cada uno lo suyo.
¿Lo habéis oído borrico Presidente Sánchez, seboso Junqueras, sedicioso Puigdemont, mafioso Pujol, nadería Forcadell, verdulera Colau, fea Ana Gabriel, tontolaba y lacayo Torra ? ¿Lo oyes Echenique, estalinista Iglesias, o tú ministra analfabeta? No lo habéis oído y siempre susurrará en vuestro corazón el fracaso, la cofradía del fracaso. Porque no sabéis ni jamás sabréis lo que es y significa deleitarse en la compostura del alma, en la libertad de la Concordia y el Conocimiento, o más llanamente, en la Libertad.
Y a los viles profesores de Secundaria y Universidad que son como atenienses predicando a favor de Esparta -los estudiantes son solo santos inocentes manipulados como plastilina, como chupa-chups-, a muchos viles que abundan y adoctrinan, a los viles que alimentan a la hidra catalana y vasca, o al bolchevismo de pimienta y cayena, les recuerdo que si Bocaccio o Petrarca siguieron a alguien, siguieron a los mejores, y siguieron lo que su propio ingenio y la propia eminencia de su juicio natural hacia más altura les llevara. Buscaron la gloria de la excelencia, y, como peste, evitaron ser siervos de la miseria, la bajura, que tanto abunda en la historia, general y particular.
Majestad, en vos confío, a los tunantes catalanes sediciosos hágales tragar la hiel y el ricino con vuestra grandeza. No se fíe un pelo de este gobierno social-comunista anti-español. No permita bajo ningún concepto la disgregación del reino.
Aprovecho la ocasión para mandar un saludo afectuoso a la reina, la princesa, y la infanta.
Siempre sinceramente suyo. Un escritor judeoespañol.
En la más apacible bonanza y la más compacta, frondosa sobriedad, vivo como una reliquia de mí mismo una vida antimoderna.
Bi bene, ibi patria, «donde bien estés, tu patria está».
La mano asesina de Internet pulverizó mis esperanzas, los usos y costumbres que creo altos, la civilización papuda acabó con los libros, el arte, el periódico de papel, las canicas, los sombreros, el cine, la amistad, el sexo, la educación, el techado de paja, los zuecos, las costumbres en general, la moral en particular.
En mi feudal aldea gallega vivo de forma arcaica. Venceréis, pero no convenceréis. Engañad a la vegetación con vuestra nube de gases venenosos. No cambiéis la manera de esa existencia sin tensión, no cambiéis el tumulto caótico y buido de vuestra mente, cambiadlo todo por viajes en coche, avión, domingo en Ikea y la hipoteca. Burlad la inteligencia del prójimo usando a destajo ese latrocinio, esa chusca tartamudez o disfemia («mala lengua»), como pastilla de cacao molido, que llamáis «conversación».
A Polibio, cuando llegó a Corinto poco después de la derrota griega, le horrorizó ver a soldados romanos utilizar el reverso de valiosas y hermosas pinturas como tableros de juego. Yo siento lo mismo que Polibio.
La corona cívica era un atuendo militar alrededor de la cabeza, un conjunto de hojas de roble que se concedía a aquellos romanos que habían salvado a sus conciudadanos en la batalla. La única corona de ahora son los dineros, el arrastrado –gusano que repta a ras de tierra– el arrastrado parné (quinqué sin luz) Pero una voz interior me dice que se acercan las hordas galas y plebeyas, y que murió lo singular y patricio, el valor, el bien, lo sólido, y la delicadeza del gusto, y la pasión por la libertad. Yo resisto. Solo, pero resisto. Algún día esto renacerá.
En mi cueva arrullado. En mi latebra acolchado. Mascullando mi indefensa verdad: el mundo se equivoca, yo no yerro.
Para mí, vltimvs romanorvm, poder escuchar el lobo en la noche, el gallo al amanecer, la lechuza y la atrabilis.
Suetonio refirió varios espectáculos cruentos en la era de Nerón. Anna Ajmátova declaró más que convincentemente que el siglo XX fue «peor que cualquier otro». Leopardi declaró el suyo «feo y estúpido». ¿Hablaremos al final del XXI como Anna del XX o Leopardi del XIX? Se avecinan siglos de incuria, dolor e hiel, siglos de desmigarse el corazón y el hojaldre de la belleza, el orden, de desguazarse las carrozas. Un mundo cuya única música es la del ascensor; ése está destinado a perecer.
Lejos de Sefarad mi refugio es la Europa de Carlomagno o el norte de África de Agustín de Hipona, o los Moralia de Plutarco. Mi refugio es la inconcebible soledad donde secluso escupo mis invectivas. Ah mi aldeíta, Nogueira de Ramuín, dorada monarquía plenipotenciaria.
El rey Luis XVI intentó no perder la cabeza y el poder. Intentó un consenso mediante unas reformas necesarias. Pero al convocar los Estados Generales abrió una temible espita. El 14 de julio de 1789 vino la horda. La plebe es asesina y es ruin, el populacho es bestia, verdulero y tonto, una arboladura zafia y roma empaquetada de bobería y salvajismo. Cuando conducían al cadalso a Luis XVI, en la carreta pidió a un ciudadano que por favor entregara una carta de amor y de despedida a su reina; el vil ciudadano –engreído y tosco– se negó afirmando que él no era súbdito de nadie ¡Pobre diablo! ¡Iluso y cándido! Cuando iban a guillotinar a María Antonieta el verdugo pisó sus lindos botines; la dama de estricta educación prusiana profirió entonces sus últimas palabras «Pardon, messie». Esos gestos, esos gestos…
Que Grecia y Roma, y la Francia de Luis XVI, como una golondrina, como una golosina, aniden en mi casa y mi aldea, y que no anide en ella la lujuria turista, el FMI e interné. Marco Aurelio, guía mis pensamientos, o tú generoso Tomás de Aquino, y Tácito y Mazzarino, y no los mamarrachos coachs o el organum diabolicum del televisor.
Abro mi baúl con flejes de hierro y saco una antigua edición de Platón. También excoraciones en mis ediciones de Gnósticos.
Verde de prados orensanos tascan hierbas como el rímel en un ojo de mujer; pacen senequistas vacas en mis tierras este año no demasiado lluvioso. El silencio y la soledad pitusa se ajustan a mi carne. En mi galería leo, veo pasar en cofradía tanto la bendición de los dioses como la pudrición súbita y paulatina del mundo. Sueño recurrentemente con una especie de nuevo renacimiento. Me cuesta lograr, empero, a menudo, un sueño sereno. Temo, también, algunas veces, mi locura.
Os desprecio, hombres-máquina. Solo te amo a ti, Luna. Solo amo mi soledad de leopardo. Solo vivo en el pasado.
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(Chambord)
Construyó el castillo real de Chambord el rey Francisco I. Tan obsesionado estuvo con él que incluso quiso desviar el río Loira para que pasara a su vera. En 1725 Luis XV dio Chambord a su suegro, el padre de la reina María, Stanislas Leczinsky. Este residió en Chambord, a pesar de que allí solo se podía vivir en verano. La región era pantanosa y las fiebres diezmaban a la servidumbre. Leczinsky, que fue hombre de muy buen sentido, hizo una vida burguesa, nada conforme con la real residencia. Salió de allí para recuperar la corona polaca, que inmediatamente debía volver a perder. Años más tarde Luis XV concedió Chambord como regalo real a Mauricio de Sajonia, figura guerrera egregia y hombre entre quimérico y vanidoso.
Cada uno debe ganarse su Chambord. Luis XV tuvo sentido del deber hacia el reino. Luis XIV tenía un buen humor irónico y callado. Luis XVI, supremo miope, más preparado para el gobierno que sus dos antecesores, tuvo poco o ningún carácter. Sucumbió, Luis XVI, inmóvil, a penosas y adversas circunstancias. El duque de Richelieu, siempre resistió los más descomunales excesos sexuales y gastronómicos. Orgías y lúbricas acciones motejan y signan sus noventa y dos años de vida. Richelieu fue un polígamo perverso y exquisito. Dejó su rica herencia a sus catorce gatos. Y la marquesa de Pompadour dilapidando y embelleciéndose con el champán.
Colau estudia, Iglesias estudia, Sánchez estudia. Vuestra cara difícil y su color pastoso y agrio, su habla tartaja y su cacareo cacaseno, el yermo erial de vuestras mentes no merecen ningún Chambord.
El timo existencial Rahola, esa musa para jubilados nonagenarios, no merecen ningún Chambord (ella y sus iguales tienen una mente tan perfecta que ninguna idea puede profanarla) Si la nombro ya embadurno la letra de un sinfín de limitaciones y falta abrumadora de elegancia.
Os dejo queridos, mi espíritu tolera la miseria hasta cierto grado. Irene Montero sal ya de parvulitos y límpiate los mocos. Me voy con el mariscal de Luxemburgo a tomar una «fricasée» de pollo que quedó con la grasa cuajada, conocida también, a partir de este invento suyo, como chudfroid de volaille ¿La sociedad española?, iros al Telepizza, al Telecubata, al vertedero cochambroso de la historia, caterva de memos mediocres, los peores entre lo peor. Los medios han acabado convirtiendo al pueblo en populacho.
Poseo imágenes oníricas amables, editio princeps de Chateaubriand, cultivo con esmero camelias, he visto mundos surgir sobre la delicada nieve, bautizado princesas dentro de una concha, he orbitado cielos voluptuosos a lomos de un halcón, intimado mi cerebro con los punzantes ojos del leopardo ¿Cómo no despreciar vuestro incesante borbotear o mascullar estiércol?
La Naturaleza administró y midió mis movimientos; me juzgarán los mejores y no malgasté mi destino. Mi alma puede brillar como un diamante, la vuestra, políticos del montón, cucañistas plebeyos, es mera piedra común sin luz ni lustre. El valor de la literatura sobrevive, como dijera Auden respecto a la poesía: «En el valle de sus dichos, donde los ejecutivos / Jamás querrían entrar». Ni los políticos, claro…
Que desfile por el mundo esta opereta bufa. Los noticiarios muestren vuestra embarazosa e incorregible idiotez, vuestra mediocridad embarazosa y escandalosa. Chambord (símbolo del lujo de la mente) solo puede ser lugar de poetas, eremitas y conventuales solitarios. Adieu…
Me quedo en mi Chambord vestido con paños curiales. Me estiro en el diván para leer. Viajo a la playa más lejana de la galaxia, amo mujeres jóvenes sahumadas de lirios y limones, converso con los mirlos que Casandra profetizó, vivo en un lugar donde la grandeza de la mente no es mal pronóstico para la vida, donde mi corazón no lo destroza la turbina de un avión, donde no veo la mueca hostil de esta civilización “ritrosa”. A la busca de Chambord. A años luz del timbre cabruno, vacuno, caballuno y chotuno de políticos y populacho.
Mi alma brilla como una ciruela deshelándose dentro de una cascada de agua caliente.
Me acerco ya a Chambord.
P.S.
«No hice más que urgir a nuestra / época a abandonar sus trabas / con las sabidas reglas de la antigua libertad/ cuando de repente me rodea un bárbaro estruendo/ de búhos, cucos, asnos, simios y perros» Milton, Soneto XI.
Libros: «Vastes et détranges domaines» para alimentar la mente. «Oisive jeunesse» es un libro, ociosa juventud la de un libro.
«La democracia es el arte de manejar el circo desde la jaula de los monos» J. W.
La verdad, enseñaba el Baal Shem, está perpetuamente en el exilio.
«Was du erebt von deinen Vätern hast / Erwirb es um es zu besitzen» Goethe. Lo que has heredado de tus padres, hazte digno de poseerlo.
Que no nos mueva demasiado ni el viento ni las brisas; que nos mueva, por encima de todo, el conocimiento. Como escribía Tito Livio (28,27): «Multitudo omnis, sicut natura maris, per se immobilis est, ventus et aurae cient».
«En esta estúpida y tediosa época lo más excéntrico que uno puede hacer es tener cerebro» Óscar Wilde.
«Yo festejo y acaricio la verdad en cualquier mano que la encuentro, y me rindo a ella alegremente, y le someto a ella mis armas vencidas en cuanto la veo acercarse» Montaigne, Éssais, III, VIII: 902.
De Francesco Petrarca son estas palabras tomadas de su libro «Remedios contra la buena y la mala suerte», 1, xliv: «Gozo: Escribo libros. Razón: Mejor harías en leerlos, y mucho mejor sería si convirtieses lo leído en una buena norma de vida. El conocimiento de las letras sólo es útil si se pone en práctica y se confirma con obras, no con palabras. De otro modo, muchas veces se confirma, como está escrito, que el conocimiento hincha de vanidad. Entender con claridad y prontitud muchas e importantes cosas, recordarlas con seguridad, contarlas de modo brillante, escribirlas con arte y declamarlas placenteramente, si todas estas cosas no tienen aplicación a la vida, ¿qué son sino instrumentos de una vacua petulancia, qué son sino trabajo y ruido sin provecho?»
Se iluminan las ciudades con farolas, pero se hace de noche en el mundo moral (tomado de Víctor Hugo)
«Pronto lo habrás olvidado todo, pronto todos te habrán olvidado» Marco Aurelio, Meditaciones, VII, 21.
«Simul et jucunda et idonea dicere Vitae», Horacio, hablando de la función de la poesía en su Arte poética, I, 334. «Y al mismo tiempo decir cosas agradables y adecuadas para la vida».
«…mihi parua rura et / spiritum Graiae tenuem Camenae / Parca non mendax dedit et malignum / spernere uolgus» Horacio. …pero pequeños campos, / y un leve aliento de la griega musa / me dio la Parca, y despreciar al vulgo, / siempre maligno. «Posse tibi res meas, pater optime, que ut paucis placeant, laboro» Petrarca. Que sean de tu agrado, querido Padre, estos escritos en los que trabajo para complacer a unos pocos.
«Beatus ille, qui procul negotiis, / ut prisca gens mortalium, / paterna rura bubus exercet suis, / solutus omni fenore, / neque excitatur classico miles truci / neque horret iratum mare, / forumque uitat et superba ciuium / potentiorum limina, / ergo aut adulta uitium propagine / altas maritat populos» Horacio. Feliz aquel que de negocios alejado, cual los mortales de los viejos tiempos, trabaja los paternos campos con sus bueyes, de toda usura libre. A él no lo despierta, como al soldado, la trompeta fiera ni teme al mar airado; y evita el Foro y las puertas altivas de los ciudadanos poderosos.
Seré demócrata y multitudinario cuando la tertulia del bar hispánico sea indistinguible de una del salón de Madade du Deffand. Mientras, el escarnio a la mayoría, la búsqueda de la soledad, serán mis delicadas bolitas de tutti frutti.
Extranjero, sobre los montes del Sil, yo, Christian, lector,
reposo. En esta tierra mil veces bárbara pasé
un exilio de dolor, soledad y tristeza.
Esta tumba cerca del río
encierra muchos sinsabores. Un afán incontenible
de saber me empujó a fatigar bibliotecas.
A los cañones del Sil me arrojó la tempestad
y fui tratado como extranjero sin patria. Hasta la madurez
me consumí, escribí y estudié hasta quedar agotado,
sordo de voces cómplices o amigas, lejos
de las islas del Egeo. Por eso no siento ahora
ningún miedo y al Hades sé que iré sin pena.
Allí estaré con mis compatriotas,
los difuntos con quienes conversé de vivo,
y en griego clásico hablaré durante la eternidad.
P.S.
Según Montaigne «Un lector capaz descubre a menudo, en los demás, perfecciones diferentes de las que el autor ha visto y da sentidos y aspectos más ricos». Borges añade: «Cualquier papel que encierra una palabra es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu. Ahora, como siempre, el inestable y precioso mundo puede perderse. Solo pueden salvarlo los libros, que son la mejor memoria de nuestra especie». Y resumió Bacon: «Leer hace completo al hombre».
¿Palabras? Comenta Catón una sentencia muy sensata: «Rem tene: verba sequentur» («Atente al tema: las palabras vendrán por sí solas») Ante el rebelde y mezquino idioma, a veces lo más auténtico es armonizar tus palabras con las palabras de otro. La literatura no tiene otro fin que pintarte a ti mismo bajo el cañamazo de los Grandes.
A mi muerte, lo más acertado será decir lo que dijeron a la muerte de Gide, «lo que se ha muerto era un cadáver».
¿Diré IN TERRA LINQVIT, ALIVM SVB TERRA LOCAT. SERMONE LEPIDO, TVM AVTEM INCESSV COMMODO. DOMVM SERVAVIT. LANAM FECIT. DIXI. ABEI. (Carmina Latina Epigraphica, -CLE- 52)?
Si mi nombre y deseo quieres saber, caminante, yo soy Christian, el aldeano, a quien los poetas enseñaron a vivir, y los filósofos a morir. Recorre el áspero camino y búrlate de mí, que mucho ceceé en mis versos. Espero ver la cauta sonrisa, caminante, que esbozas al leer mis palabras.
oír conversaciones inteligentes y cultas en el vagón,
encontrar vacía la Polis porque llegas de madrugada,
no dar importancia a demasiado. Usar una independiente
forma de expresión, caminar poco a poco, no agraviar,
deliberar, subordinar mi carácter a los Grandes,
gozar de litografías subalpinas y evocar hermosísimas islas.
Todo un caballerete inglés.
Estrabón y los historiadores latinos describen
al español como solitario, altivo, arisco, indomable,
exaltado, limitado, inflexible y fanático ¿España?
Pueblo asaz sandio, misérrimo, intolerante, clero
con barragana, insurrecciones, desorden de despotismos,
costumbres de inquisidor y paseos de hidalgo haragán.
Reyes priápicos, infantas oligofrénicas;
Felipe IV, abúlico, devoto y mujeriego.
Carlos I guerrero, Felipe II solo rey.
Felipe III y Felipe IV hombres nada más.
Carlos II ni hombre siquiera. No debemos elucidar
qué es la patria, sino saber cómo surge.
¿Dónde el corazón putañero y tabernario de a duro,
las palabras sin tasa, la macarra germanía?
España es un tirano que se envalentona
al notar que dan rienda suelta a su locura.
¿Dónde las cadenas, el inmemorial mal gobierno?
Deseo morir en un dulce país con agua.
Un lugar encantado que ningún hechizo disipe.
Allá donde mis ideas constituyan
motivo de alabanza y admiración. Un país de agua.
Avante todo, mira la proa. Al utópico lluvioso.
Sigamos cabalgando sin torpeza hacia el Norte.
El largo sueño del exilio, rojas cornalinas.
Contra la medieval barbarie de las tribus hispánicas
tu tenderete encima de la nieve, la silvestre nieve de Upsala.
Gusto de reconciliarme con el Hado
y que disuelva mi mala Fortuna:
¿Inglaterra? ¿un hotelito de París? ¿Suecia?
Una casa con marinas y la obra completa de Gibbon.
Sin obtusa ponzoña, sin gusanos abultados en la ropa,
la casa bordeando el arroyo entre juncos,
a salvo de vuestras peludas y broncas voces de ira.
P.S.
Sánchez me parece una antigualla, como de folklórica cupletista franquista, como de concurso de reina de la belleza venezolana. España de la Macarena, España de Paco Ibáñez, España de tortilla cebollona.
Escribió Burke que al roer a través de un dique, incluso una rata puede ahogar a una nación. Tal este cuatrienio sanchista nefasto. Parece que Louis de Bonald pensaba en nuestro pomposo Presidente de ajo y vaginoplastias al declarar que los presuntuosos se presentan sin ser llamados, los hombres de verdadero mérito prefieren que se les solicite.
Para él el gobierno es un zoco o apretujado «mercat de Calaf». Siniestro mondonguero y manjarblanquero, galán pechuga, pecho lobo, de oratoria de esparraguito rancio, de logros de videoclip de latón.
Recordemos: «Les Espagnols aiment renier leur pays et ses institutions, mais ils ne permettent pas aux étrangers de le faire»
¿Acuerdan?: «Quien tenga honra que me siga”
España de donaire como de callampa y hampa, de espías hurgones con roña en la entrepierna y abundante gangrena y pus. O, rimado:
Imperios he visto yo a manta que de alabastro y grandeza tanta de giganta pasaron a enana.
a bistec y carmín en el vestíbulo de la discoteca.
Hablabas y hablabas, no sé si de tu blusa,
de cerámica, bellas artes o propulsión aeronáutica,
con labios gordezuelos como roja rana hervida,
con bullicio que desordenaba para no disecar,
nimbada de exquisita emoción de ninfa alcohólica;
yo solo imaginaba lo que voluptuosamente urdiría
con tu cuerpo, el fulgor del amor dentro de deseos
no rutinarios, las líneas suaves de tus miembros,
la dulce poma surreal de tu culo, la isla donde
braceas a solas, el rímel bronceado
igual a un maullido gatuno. De veras que junto a ti
no sería factible no engañar más al seguro,
habitar una linda casita vallada en New Hampshire
con pérgola, barbacoa y fox-terrier. Tu lema tatuado:
amor sin peligro es igual a peligro de no amor.
Que la vida sea afable, buena y generosa contigo,
y no te traten mal los híspidos ejércitos de la noche;
gracias por tus palabras prohibidas y majestuosas,
pensamientos que al oírlos acabo de hacer míos
y que el caminante leerá dichoso en mi lápida.
Post Scriptum: «Es una «demoiselle de moyenne vertu»». Esto me recordó a tantos artistas que pintan la lucha entre el amor y la castidad (Pietro Perugino, Sandro Botticelli, etc…) Acudo desde joven a las putas de lujo. No ligo, no lo sé hacer, pago por media hora de amor. Son un encaje de seda de Bruselas, un rico bordado con aplicaciones de oro y plata. Mi amor por ellas es una suerte de «gourmandise».
¡Vivan las putas! Ya no te escondes para ver pornografía o practicar sexo mercenario, sino para escribir un poema. Es más fácil que se burlen de ti porque estás enamorado que por estar excitado. Pero creo que inclusive ponerlos en un antagonismo es equivocado. El sexo sin sentimientos muchas veces no pasa de un ejercicio, de acto repetitivo sin un fin, sin una apuesta. El sexo conejero y cinegético, gimnástico, es una suerte de defección de la Civilización. Solo los sentimientos, más allá del amor o no, pueden hacer que el sexo sea más de lo que es. Ja, ja, no me lo creo ni yo.
Mi paraíso es una ciudad llena de casa de citas, como el París de 1790, donde, según las estimaciones de los historiadores, habían 40000 prostitutas para 600000 habitantes. Condes, obispos, cardenales, burgueses o menestrales se distraen felices. Ahora una democracia que puritana quiere prohibirlas, burr…
Esa solemne frase: educar al pueblo. Con Renan creo que el azar del nacimiento es menor que el azar del escrutinio. La sociedad, con el sufragio, se ha rebajado. La democracia ha ganado la muerte. El pueblo y sus políticos son mucho más terribles ahora que en tiempos de Robespierre.
Si me preparo físicamente, todavía espero subir un día al Monte Ventoux, con un libro de Agustín en el bolsillo derecho y otro de Petrarca en el bolsillo izquierdo. “Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en Monsieur Teste. La mía es abrumadoramente más simple.
San Agustín escribió alrededor del año 400 “Los hombres viajan para maravillarse de las gigantes olas del mar, de la altura de las montañas, del curso de los ríos y del movimiento de las estrellas; pero nunca viajan al interior de sí mismos para conocerse”. Flaubert dijo “El movimiento es deletéreo”, Baudeliare declaró “Descreo de las líneas en movimiento”.
No haré fotos con un palo selfie. No me tostaré en la playa como una gamba vuelta y vuelta. Lectura y un buen “arròs a banda” de vez en cuando, caminatas con mi perra por los bosques de la aldea. “Conserver l´esprit libre”, y poco (o nada) más.
Feliz verano a todos.
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Si un mecenas desea financiarme( también podría pagarlo yo), propongo una ménagerie contigua al jardín de mi pazo donde enjaular osos, buitres negros, feministas, políticos socialistas, exhibir criaturas exóticas o bien patéticas como un yak tibetano, un caimán del Misisipi, leones africanos, Adrianas Lastras, Irenes Monteros, y otras especies salvajes que merecen conservarse en un parque zoológico.
Si VOX decide quitar las nieves de las carreteras una vez al día en invierno, y nombrar patrón de España al archiduque Leopoldo, tienen mi voto.
Feliz verano a todos, todas y todes.
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Como poeta me he agotado. Siento la misma tristura que Hardy expresó en A Mathematician’s Apology.
Tengo sobre 500 poemas escritos. 450 merecen ir a la papelera o guillotina o trituradora. 50 merecen un trabajo de pulimento riguroso. Acaso (no es nada seguro) entonces alcancen la dignidad de publicables.
Fue bonito mientras duró.
Feliz verano a los poetas del mundo. Escribir un poema pasados los dieciocho años no deja de ser un pequeño y raro milagro.
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El arte de la soledad consiste en no pensar que estás solo sin arte ninguno. Ben Zomá dijo: «¿Quién es sabio? Aquel que aprende de toda persona, pues fue dicho: De todos los que me enseñaron obtuve sabiduría; pues Tus testimonios son mi conversación». A veces creo esta observación u optimista o exagerada.
Feliz verano a «túzaros», misántropos y misóginos.
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Como cantaban «Els Pets», «en Pujols sempre anava ben torrat». Una de sus predicciones más famosas (de Pujols) es que los catalanes, Sr. Pujol i Soley excluido, lo tendrían todo bien pagado. Cito:
«Tal vegada no ho veurem, perquè estarem morts i enterrats, però és segur que els qui vindran després de nosaltres veuran els reis de la Terra posar-se de genolls davant Catalunya. I serà aleshores quan els lectors del meu llibre, si encara en queden alguns exemplars, sabran que tenia raó. Quan es miri els catalans, serà com si es mirés la sang de la veritat; quan se’ls doni la mà, serà com si es toqués la mà de la veritat.
Molts catalans es posaran a plorar d’alegria; se’ls haurà d’assecar les llàgrimes amb un mocador. Perquè seran catalans, totes les seves despeses, on vagin, els seran pagades. Seran tan nombrosos que la gent no podrà acollir-los a tots com hostes de les seves vivendes, i els oferiran l’hotel, el més preuat regal que se li pugui fer a un català quan viatja. Al cap i a la fi, i pensant-hi bé, més valdrà ser català que milionari» Fin de la cita.
Feliz verano a los catalanes, que tedrán hotel y bungalow pagado.
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Y si desean fornicar con holandesas y suecas, y engullir paellas y litros de sangría, recuerden: «Si lo desea apártese de la virtud, pero sin caer en el vicio» Mazarino.