Diario de un esquizofrénico 85

(Intelectuales)

Día ventoso, se oye como el pasar aire por una tuba. Día solitario de aldea. Y, sí, mis relaciones sociales no es que sean deficitarias, sino que son francamente nulas.

A veces pasan semanas sin que hable con nadie. En puridad no me afecta. Hay demasiados zopencos y zafios sueltos. A lo mejor me afecta. Lo que echo de menos es una conversación interesante acerca de libros. Una conversación de mortales con pensamientos mortales. Pero temo que muchos que se califican de «intelectuales» guardan la lengua sobre Cicerón y Aristóteles, y en cambio se les calienta al tomar la conversación la dirección sobre personajillos basura de la tele, o, en el mejor de los casos, al comentar los giros y regiros del «plot» de una serie de Netflix.

Orgulloso de mi soledad rumio mis ideas como un señor feudal, como un caudillo gobernando una ínsula de pensamientos augustos, como un melancólico huyo de este mundo de letrinas y analfabetos. A mis soledades voy, regio portador de mi destino. La amistad más insigne es la amistad entre iguales, la más duradera es la amistad intelectual. Mis amigos son los muertos de mi biblioteca. Esos muertos que bien vivos están.

***

Durante su proceso por el asesinato del archiduque Francisco Fernando (1863-1914), heredero a la corona de Austria-Hungría, el joven serbobosnio Gavrilo Princip declaró que su pueblo se hundía en la miseria y que quiso vengarse por lo que pasaba en las aldeas.

¿Qué querías zangolotino? Champán y emular al Cardenal Giulio de Médicis…Púdrete en el infierno: quien mata por capricho merece la horca.

En la década de 1880 los franceses destruyeron el gobierno imperial de Vietnam, sin acoger ni su administración ni sus símbolos.

Pasadme el mosquetón, mon semblable: ¡Sin prisioneros!

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Yo Corte Inglés.
Tú Corte Inglés.
Él Zara.
Ella Zara.
Nosotros nos rebajamos.

***

«Effusiones insania«. La locura del derroche.»Ostentatio rerum urbanarum«. La ostentación imperante en la ciudad.

Ninguno de los intelectuales mediáticos (fast-thinkers) es verdaderamente admirable…son acalorados y confusos, con demasiada condensación y poca delicadeza; son como la mermelada de frambuesa sin crema, sin hojaldre o pan que atenúe su viscosidad.

Diario de un esquizofrénico 84

(Tontos)

«Asyneti», «cataplex», «credulus», «thtuus», «grossus», «jebes», «idiota», «imbecillis», «inanis», «incrassatus», «inexpertus», «insensatus», «insipiens», «nescius», «rusticus», «stolidus», «stultus», «stupidus», «tardus», «turpis», «vacuas», «vecors», encontramos, entre muchas otras, como sinónimos a la palabra «tonto». No sé hasta qué punto yo me creo mis propios mitos.

Cualquier ser humano posee un equipaje genético único y tiene unas experiencias también únicas e intransferibles. Probablemente sea aquello que los filósofos analíticos llaman «error de categoría», o aquello que los lógicos llaman «sobre-generalización», hablar de «multitud», «muchedumbre», «masa». Los humanos tenemos todos un aire de familia, en el sentido técnico que Wittgenstein atribuía al concepto. Prefiero pensar ahora (durante diez minutos) con optimismo. Exagerar –si exagero- es una forma de impactar, y diario no es un tratado científico sino un género retórico de ficción y persuasión emotiva.

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Preocupación por la inflación de los cuerpos y despreocupación por la deflación de los cerebros.

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Estrellas del campus, célebres activistas mediáticos, profetas del mercado en sus selectos «Think tank«. Los nuevos intelectuales.

Pequeñas e influyentes ideas en intelectos embarazosamente mediocres para pequeños acontecimientos propios de un mundo decadente.

Diario de un esquizofrénico 83

(Art or bunk?)

En el mundo de ayer los árbitros del buen gusto no eran Jorge Javier Vázquez ni Ophra, sino el círculo restringido de los miembros de la élite superior, los patricios de la inteligencia, que las clases subalternas admiraban.

En mi aldea, los domingos, o bien en los casamientos, nos vestimos de gala a imitación de unas supuestas calidades que vemos y no despreciamos de las capas altas burguesas. Lo mismo pasaba en la discriminación estética; las capas burguesas y proletarias fiaban y cedían su admiración a la aristocracia estética. El de arriba, por saberes y mérito, guiaba al de abajo, con menos saberes y mérito, pero que aspiraba a tenerlos.

Belén Esteban se vanagloria y jacta públicamente de su astronómica ignorancia, y la grey se admira y la aplaude. El reloj perdió sus horas.

En lo bello afluye el orden, la mesura, la mensurabilidad, y la correspondencia rigurosa de las partes con el todo. Hay asimismo un no sé qué de vaguedad y de ornamento, de indeterminación, un placer sentido de inmediato por el órgano espiritual; sí, hay como una elevación hacia la grandeza sensible e inteligible que turba. Esa aprehensión es cuestión de gusto no así de capacidad. Y el gusto se educa.

La alta cultura y los prescriptores o árbitros de la alta cultura tienen una íntima relación con las ideas anteriores de perfección y excelencia. Algo ejemplar, perfectamente logrado, es a la vez bello y bueno. Una obra artística y un hombre pueden ser ejemplares, resplandecer, brillar, aparecer envueltos en claridad, esplendor y luz. Una obra y un hombre pueden -podemos- ser imperfectos, torpes, feos, moralmente errados y estéticamente patéticos. Levantar la energía emotiva, intelectual, y sapiencial, es hacer gran cultura. La alta cultura estuvo tradicionalmente ligada a la clase alta, así como el kitsch o midcult a la clase media, y la cultura popular a la clase proletaria o campesina. Dante para los aristócratas, las figuritas de Lladró para los funcionarios y el fútbol para los obreros.

La posesión de la alta cultura solo pertenece ahora a las capas cultas de la burguesía, cada vez más adelgazadas. Triunfó el comunismo, todo se ha proletarizado. Si en mi aldea imitamos vestimentas de ricos, los ricos imitan ahora vestimentas de pobres (tejanos rotos como los de los vagabundos)

Hoy todo es cultura vulgar, mediocre, lerda, brutal, básica, abajada. Se odia lo refinado, serio, genuino, elaborado, alto. El Papa y el rey gustan de «selfies» y playeras. Se insulta y desprecia la tradición y la riqueza de referentes, la coherencia formal, la aguda penetración, lo central, la luz canónica. Se admira y gusta y admira lo abajado, la escasa o nula profundidad, el símbolo elemental, la percepción mezquina y embarrada.

Son los tiempos de Sálvame y Ophra y Trump, no de la Filarmónica de Berlín. Se goza la pandereta y se insulta o vitupera al violín. Las capas medias y bajas han impuesto su gusto ridículo. Triunfó el comunismo, no se engañen, la «masscult» es super-democracia y aniquilación de la distribución jerárquica de las especies. El mercado fabrica una cultura industrial hiper-democrática para consumo universal. Esa forma cultural es la propia de la sociedad-masa tecnológica en la era post-industrial. Nunca asumirá la dignidad de una cultura con “c” mayúscula. Narcotiza a un público al que nada exige.

Debe asimilarse y digerirse fácilmente (cultura-palomitas) Su dios es entretener y distraer, no la calidad (cultura- divertirse hasta morir) La banalidad es su segundo Dios. El criterio es el mínimo esfuerzo mental y el máximo rendimiento industrial. Calidad mínima significa si y solo si ajustado a lo bajo, nunca tirando o apuntando a lo alto. Se desprecia lo singular y la firma debe ser una suerte de onanismo público impersonal. Siempre hay que adular y dar gusto al «populus» (cultura-vulgo) Todo se asume en el vocablo mercancía, o sea, comprar o no comprar. No aburramos ni irritamos a las masas, es el eslogan vociferado implícito. El comunismo cultural no es una hipótesis, sino un hecho social. La religión, el civismo, el arte, la educación, la ideología, todo se ha proletarizado, los árbitros o mandamases son ya las Campos, los Matamoros, los Guardiola y Ken Follet. La cultura humanista se proletariza. La cultura popular se proletariza. La cultura mediática se proletariza. La cultura digital o ciber-cultura se proletariza.

Proletarios del mundo, no hace falta que os unáis, habéis ganado. Cualquier aspiración aristocrática se percibe como elitista e inmoral. Los bárbaros golpean con sus mazas y la gente gusta de esos varapalos. Los bárbaros ganaron la batalla.

Diario de un esquizofrénico 82

(Monje)

«Perdona tus crímenes, perdona también tus virtudes, / esas faltas menores a medio camino de lo correcto» Young

«El hombre es su propia estrella; y el alma que puede
hacer un hombre perfecto y honesto
domina toda luz, toda influencia, todo hado;
nada le ocurre pronto o demasiado tarde.
Nuestros actos son nuestros ángeles, para bien o para mal,
sombras fatales que nos acompañan en silencio» Emerson

Se da un incremento de la pobreza, brutal ignorancia, y kitsch vital ¿Qué planes tengo entonces? La solución monástica; salvar mi vida y conservar así lo bueno de la civilización y transmitirlo en la medida de lo posible, como hicieron los monjes irlandeses en la Alta Edad Media ¿Cómo? Resistiéndome al orden corporativo comercial planetario, evitando ser un homo videns y reivindicando la Era Tipográfica o Libresca frente a la Era Tecnológica, diferenciando la realidad de un parque temático, denigrando la manufacturada opinión pública y odiando la hedionda telebasura, no compaginando con la insidiosa moda «New Age» y centrando mi sabiduría en los clásicos (buscar inspiración no en las palabras imbéciles irracionales de gurús multimedia sustitutas del mero ruido, sino en Platón, Montaigne, Quevedo, Goethe, Wordsworth, Jane Austen, Mann, Huxley, Azorín, Cernuda, Gómez Dávila, Borges, Tácito, Tucídides, y todos sus pares), sabiendo que Internet es una mera herramienta y nunca un estilo de vida (conocer perspicazmente tanto sus innumerables peligros como sus poderes), buscando desinteresadamente la verdad y desistir del pedregoso posmodernismo que tanto niega la verdad como el ideal de verdad, cultivando el arte (afinar el gusto y elaborar la sensibilidad), usando el pensamiento crítico y aprendiendo a ponderar y dirimir acercando a mí aquello que los genios han expuesto tan diligentemente, guardando la mente del moderno oasis de distracciones buscando los bienes intemporales que están contenidos en el corazón, escribiendo para la posteridad (yo escribo poco porque escribo para mucho tiempo) y no para la efímera lista de best-sellers, yendo a buenos museos de arte y no a ver las comerciales Pocahontas o Spiderman, o no visitando símbolos estrafalarios como Las Vegas, ni llevar a mis hijos los fines de semana a Ikea o al Centro Comercial sino llevarlos de acampada o a las bibliotecas.

Mis planes para la nueva normalidad tras la Covid son convertirme en un monje laico, en una especie de humanista ilustrado (en mi medida humilde y muy limitada)

Y la obra de Álvaro Cunqueiro (artículos, novelas) pertenece felizmente a esa vocación alta e ilustrada, porque es un clásico, es decir, algo que debe estudiarse y perdurar y conservarse en el tiempo, algo que en nuestras celdas monásticas lujosamente leemos y gozamos, por su decidido relumbre estético e imaginativo. Cunqueiro debe leerse en el bachillerato desplazando a memeces como «Manolito Gafotas» o «Harry Potter». A. C. evita que los habitantes del planeta nos convirtamos en mentecatos con una semi-habla simiesca, incapaces de analizar un argumento o cohesionar en una secuencia lógica tres ideas.

Para sobrevivir como individuos debemos leerlo (a él y a sus pares) La escuela no enseña -la nueva pedagogía desprecia el conocimiento a favor del desarrollo de espectrales habilidades-, la disciplina casi no existe, la autoridad se mira con reticencia, la filosofía, la historia y las lenguas se abandonan, se descuida la escritura y la memoria ¿Debemos creer ineludible una vulgarísima y chata uniformidad humana? O buscamos un elitismo para todos (si eso es posible y realista) o la decadencia será vertiginosa «La mejor educación para los mejores es la mejor educación para todos» Robert Maynard Hutchins. Pero es muy difícil. La Edad Oscura avanza incontenible. Como monjes confinemos a los A.C. en pequeñas islas de arcaica pero férrea conservación.

Los monjes contemporáneos tenemos una suerte de irrestricta religiosidad inveterada; postrarnos ante los genios y la alta cultura. La buena vida constituye una prelación y jerarquización previo análisis minucioso del mundo y el arte.

Álvaro Cunqueiro, Platón, Johnson, Racine, Foscolo, Cavafis, Tolstoi, James, Mann, Eliot, Addison, Feijóo, Cernuda, Pareto, Aron, Gibbon, Fray Luis de León, Auden, Larkin, Galdós, Euler, Galois, von Neumann, Erdös… se yerguen contra el colapso de nuestra inteligencia. Conservémoslos y reverenciémoslos.

Diario de un esquizofrénico 81

(Informe del alba)

Se otorga a las mentes el placer de lo impropio. La rúbrica de esta Era acaso sea ir mal vestido, andrajoso, sucio y sin lavar para más inri. La plaga del sincorbatismo y el tuteo, la manifiesta informalidad tabernaria, asolan las maneras modernas. En lugar de beber en una copa se chuperretea por el gollete, en vez de la solemnidad de las ceremonias religiosas se prefiere (divierte más) casarse en Las Vegas.

Los placeres de lo informal, de la carencia de formas, las admito en mentes artísticas y creativas, imbuidas de un poderoso anhelo de lo ilimitado (tipo de deseo a favor del infinito fáustico que en algunos les permite grandes averiguaciones espirituales o científicas o artísticas), pero en mentes vulgares eso se traduce solo en un mero odio a las limitaciones y constreñimientos, a las reglas y el orden, resuelto todo en un pueril querer hacer de su capa un sayo.

Pero cualquier estructura antropológica u organización (familia, empresa, Administración, Universidad, Estado, etcétera) sino está atravesada de normas (más abstractas) y sobre todo de formas, que permitan el feliz intercambio de valores, ideas o costumbres, esas organizaciones propenden al caos y la entropía o disolución. Por ejemplo, una Universidad o familia donde uno se muestra faltón, maledicente, agresivo, y contestatario, donde no hay disciplina ni mandatos que reglamenten humanamente las interacciones (sin, insisto, agresividad o burlas ominosas), entonces es tal el displacer o caos experimentado que uno solo desea huir o encomendarse a la Virgen.

Las formas son la argamasa, la savia, el quid de una civilización. Al entrar en un ascensor lleno nos desplazamos en un ballet inconsciente para dejar paso al nuevo vecino porque hemos asumido inconscientemente formas. Hacemos fila en la cola del supermercado y no nos apelotonamos como salvajes sobre la cajera, porque aprendimos formas. En el entierro de nuestros padres no nos presentamos drogados, borrachos y semidesnudos porque aprendimos formas. No nos casamos vestidos de Elvis ni nos entierran con la moto Harley porque somos formales. No le lanzamos un puñetazo a quien sustenta una opinión discrepante a la nuestra pues nos preciamos de civilizados. Al cortejar a la amada seguimos un ritual de formas. En un parlamento hay (o debieran haber) deliberación racional y exquisitas formas. A la hora de comer los cubiertos y las copas son herramientas para difundir formas.

Mi percepción (sesgada; vivo aislado en una aldea y encima convivo con una inusitada familiaridad con mis propias hipótesis) es que la civilización moderna es muy impropia e informal. Los Rufián e Iglesias (por citar a los más pintureros), los jóvenes de manera acusada, hacen defección de la educación. Abunda la insoportable España tatuada.

En los jóvenes particularmente existen una serie de «instituciones» que los marcan con más perdurabilidad y eficacia que el buen sentido, aflojando la influencia de las imprescindibles formas cívicas, la urbanidad y la educación, «instituciones» como las redes sociales, Internet, los videojuegos y videoconsolas, los cómics, la televisión, el telefonino, la tablet y el Ipod, la pandilla, las discotecas, el haxix y otras drogas, el sexo desenfrenado (conejero y cinegético), la anti-humanista música coribántica, los conciertos, la literatura basura, incluso me atrevería a decir que también el deporte y el gusto desmedido por el mismo.

Así, un jovencito o una damita (muchos muy hermosos físicamente y no pocos también con buen fondo moral) suelen conducirse como asilvestrados (tutean al profesor o camarero que les triplica la edad, ponen los pies en el asiento de delante del tren, beben durante el botellón como si no existiera un mañana, no limpian sus habitaciones ni las ordenan, etc.)

En infinidad de escritos privados aduje pruebas sobre el medievalismo anti-ilustrado que sufrimos. Hoy señalo un tema cotangente. Una civilización sin formas (igual que ignorante) se corrompe y declina hasta su anonadamiento. El civismo, la urbanidad y la buena educación no son patrimonio de la burguesía sino del Occidente mismo (léase El proceso de civilización, de Elias)

El estilo popular anti-informal pretende negar a Eliot, Shakespeare, Virgilio, Dante, Newton, Gauss y Cantor, para sustituirlos por María Teresa Campos, David Bisbal, Kiko Matamoros o Yola Berrocal.

Cuando Churchill estuvo de joven en Egipto se imbuyó de lecturas clásicas y de Gibbon. Tácito y Gibbon -a través de Churchill- nos ayudaron también a ganar la segunda guerra mundial.

Si usted no se ducha, no se pone corbata, escupe en la calle, se viste con jeans rotos y con parches y con el dobladillo desgalichado, no solo muestra un explícito rechazo a la elegancia, no solo indica -con ese egotismo esnob- falta de sensibilidad para con los terceros (yo me perfumo TAMBIÉN para no ofender narices ajenas), si usted, decía, abdica de la formalidad (y esta es una conexión más difícil de observar) está construyendo una civilización alternativa en que Rufián y Trump arrasarán con la delicadeza, la capacidad, el logro, la herencia y los éxitos de lo mejor de largos siglos.

Acaso el derrumbe de la civilización burguesa y su sustitución por una civilización popular semi-analfabeta se haya dado ya.

***

Observemos: «En el ayuntamiento de Pasadena, California, se censuró a uno de los concejales por maldecir y lanzar invectivas durante una sesión. La Unión Americana para las Libertades Civiles (ACLU) lo defendió, atacando el código de cortesía del ayuntamiento como «tonto», «pacato», «vergonzoso» e «irrisorio». En el triunfante comunicado de prensa, la ACLU dijo que [la derrota del ayuntamiento] era «una victoria para todo Pasadena»» Judith Martin (1996)

Anotemos: «El parlamento italiano ha aprobado una ley por la que se eliminan del código penal un total de 100 delitos, como insultar a un funcionario de Estado, tener un mal comportamiento público inducido por la ebriedad, mendigar de forma agresiva o profanar la bandera» Noticia de Prensa, 17 de junio de 1999


NOTA BENE: Los artistas, no nosotros, no solo deben ser informales y no ortodoxos (desde el punto de vista mental ante todo), sino que también son custodios de la heterodoxia y la herejía.

Diario de un esquizofrénico 80

El sermón del estiércol

A veces, antes, podía estudiar prestando

una evangelista atención al laberinto de los detalles,

pensar junto a descocadas y rubiáceas geómetras,

ver corazones de mujeres como el burgués adora sus relojes.

Me reconcentraba una hora seguida en una amarilla flor

de toxo, quieto permanecía al lado de abedules

lejos del alcance del hombre. Mi mente creaba

nuevas y completas estructuras de significado,

conexiones entre ellas, y nuevas ideas a partir de esas conexiones.

Escribía mejor, leía más, pensaba más claramente.

Me asignaba algún tiempo para la contemplación profunda

y atisbé pequeños campos con luciérnagas encendidas.

Mi mente se manchaba con briznas de corolas

altas como carmín suave recién besado.

Pero debido al alcohol, la papanatería, la conventual soledad,

por vivir un tiempo en que todo duele, y no dormir ni descansar,

por infiltrarse en mis momentos de ocio la televisión e Internet,

por inmiscuirme en las almas de mis coterráneos bullentes

de idiocia y servidumbre, ahora, lo sé, mi mente

es igual al Caos antes de la Creación.

Mi mente es papilla, o agusanado cliché.

De tanto criticar a los bárbaros me convertí en uno de ellos.

Leo novelitas de Grub Street sin hidalguía, con mocos

de mico en lugar de buena retórica y precisa lógica.

Charlo con la rubia del bar y apesadumbrado advierto

que las hipnotizadas constelaciones de su cerebro

son un absoluto erial, dejándome la impresión o terror creciente

de que su conciencia anestesiada de nada es consciente.

Mentes tan perfectas que ninguna idea puede profanarlas.

La admirable locuacidad de la mesita del té

se convierte en quincalla chismosa de programa televisivo.

Se escribe en una inelegante crestomatía de trozos agramaticales

y todos se tatúan de beautés faciles. La música del planeta

parece tocada por un gato callejero beodo y gordinflón

mariposeando al azar encima de las teclas de un piano:

chispean ominosos errores de epigrama de discoteca.

Y yo estoy bajo las ramas de esta palma datilera.

De tanto esperar a los bárbaros me convertí en uno de ellos.

En el duro invierno camino decenas de parasangas hacia el báratro.

El Gran Príncipe de la Tiniebla de los Manicomios.

El Desolado Duque de la Grandeza Hemipléjica.

“Fue un chico educado y estupendo”, dijeron en mi aldea.

Diario de un esquizofrénico 79

Camino de la guillotina

¡Ay de vosotros, si todos los hombres hablan bien

de vosotros! porque así harán los negociantes

con sus falsos profetas. Una ascética para la felicidad

en tiempos revueltos, y cellisca, y el lujo de la mente.

Me dirijo al cadalso un día modular

sabiendo que fui de los mejores; serví al prójimo,

fui benigno con ingratos y malos y criados,

hay delicia y secreto en mi alma rosácea.

Este atardecer solitario luminoso no es el final,

supe sufrir y gozar, renunciar a la queja,

sé que vosotros –chusma– sois una panda de cretinos,

pero justicia y juicio son el cimiento de mi trono,

y subsistiré en la dulzura intemporal del cielo estrellado.

La boca cariada del injusto no produce sabiduría.

Viajaré entre grutas marinas a la otra ribera

enamorado de ti, oh mi Señora brillante y hermosa.

Mi corazón limpio rehusó pensar en cosas insanas y perversas,

sean míos pues los arroyos blancos del invierno.

Uno arrastra el cinto de oro que ha ganado,

a diferencia del chusmerío del que brotan albañales;

como perros rabiosos si quiera tienen ganada

la entrada en la madurez. Imprudentes enanos,

estiércol lacayuno que sueña la estupidez y la bajeza.

Ya veo los ojos infinitos en los astros fúlgidos

sobre un salón inmenso con fragancia de melisas.

Ya veo mis playas cuajadas poniéndose amarillas.

Y pompas de jabón tañendo su bronce.

Lo compuesto se descompondrá, pero regresará

mi alegría al cielo. Todo final es un comienzo.

Diario de un esquizofrénico 78

¿Para qué sirven las humanidades?

Seres huecos, rellenos de alfalfa,

imágenes de destinos execrados

y atiborrados de ruido ¿Cómo evitarlo?

Rehuyendo ideas que pertenezcan

al mundo del poder y la utilidad,

evitando rumiar ideas masticadas desde fuera,

yendo a la busca de un destino intelectual

para poder conversar contigo mismo,

y así tejer el búfalo amarillo de una individualidad.

Teniendo conocimiento de lo que es importante

mediante el uso asiduo de los mejores libros y el gusto

educado en el sentimiento, y no siendo

lacayo de las obligaciones del mercado o la moda.

Entonces la fauna visionaria de tu espíritu

como una oración que oyen dragones

adquirirá la forma vaga de una dulce, bella sirena,

y olvidará desdeñosa a los pobres chacales del páramo.

La gala de la vida es un estudio perenne.

Y el fruto del ramaje, la autumnal poesía,

el devoto diálogo entre lo abstracto y el detalle,

la literatura, el arte, la música,

la esbelta y grácil o eclesial filosofía.

La cura del espíritu vive el profundo sueño

de la biblioteca. Cura más vasta y bruja

que horas nacientes en encrucijadas. Cruza el umbral,

lector amigo. Florece en la altura de la razón

y la metáfora. Conversa con el pensamiento

en amistad augusta. O serás hueco y sombra,

el erial en un templo desmoronado,

delirio insulso e insípido que evocan

los fantasmas inarmónicos del insomnio.

Diario de un esquizofrénico 77

Intelectuales de izquierda

“Aquí, hace ya muchos años,

unos hombres lucharon con valor

contra un pueblo oriental, y decidieron

con la furia de sus armas aquel día

lo que aún es Europa, la Civilización

de la que somos hijos.

[…]

Pero si hoy, 2500

años después, tú y yo aún sentimos

en nuestra alma el vértigo

de la Libertad, si aún hay algo

en nosotros que sigue enfrentándose a la Horda,

si aún hay pensamiento y sentido

de la individualidad, es porque ellos

defendieron orgullosos aquel día

este pedazo de tierra polvorienta

y sellaron el paisaje con su gloria.”

J.M. Álvarez

Je acuse. Pasáis tranquilamente las horas

que preceden al sueño defendiendo a Esparta, alardeando contra Atenas.

Intelectuales que desde Atenas la deshonráis

con ininterrumpida apología de los espartanos, vulgar y traidora gentuza.

No merecéis el resplandor del sol ni el esplendor de la ciudad que holláis.

Innobles harapos son las palabras de vuestra lengua.

Innoble será que gocéis de Libertad.

Diario de un esquizofrénico 76

Ancien Régime

Ah aquel mundo de ayer de mi infancia

cuando iba con mis papás arriba, al reservado del restaurante,

y abajo quedaba la vida, la coctelería, el piano perfectísimo,

el aire espumoso del verano, la luz arracimada en los ojos oxonienses.

Lo recuerdo todo con intensa claridad de símbolo:

nuestra gente era aún ordenadísima, educada y sólida,

sobrepujaba el pensamiento soberbio, augusto, fluía magnánimo el gesto,

y el dinero –perdonad la confesión– lo teníamos quienes debíamos tenerlo.

Para nosotros el sileno griego, el templo jovial de los oros molidos,

el lirio bíblico, las lluviosas y largas playas de amanecida y el negro de los pumas.

El mundo entero era lo mismo que una pastelería vienesa;

los días sin diferencia al sabor civilizado de los cangrejos en las tabernas de Sitges.

Sin embargo, insensiblemente, se socavó aquel Ancien Régime.

Se dejó de oír el crujido de aquella osamenta que sostenía el orbe,

la trompetería en rotación de los bárbaros sonaba amenazante en las fronteras.

Subieron al estrado muy mediocres y rapaces tipos,

todo se llenó de las ruines y vulgares ideas del comercio,

empezó la tan indeclinable como impostergable Corrupción.

Donde comía cada día con papá y mamá pusieron un Zara.

En las voces enseguida percibí una neblina ácida, tonos híspidos;

arreciaba como una plaga de langostas el tsunami

sandio de las muchedumbres y la democracia popular.

Se imponía como religión la Ley de la Horda,

marsupiales tartajas, hienas analfabetas gobernaban la República

y hormigas siervas la votaban con estrépito y devoción.

Se congelaron los bosques y se helaron las frágiles rosas,

guillotinaron a la reina, huían príncipes al exilio. Imperaban sombras.

Recuerdo como con papá y mamá iba arriba, al bonito reservado,

a degustar mis vieiras laminadas con aceitunas y tomatitos de invierno.

Agradezco a mis papás la hermosa tradición que me legaron.

El gusto por el lujo mental. La inteligencia.

Pero pasó aquello como pasa la arena a través de la clepsidra.

Ya ahora en mitad del camino de mi vida, recordando aquella arcadia

(el maître no oía entonces brutales planes de sexo como debe oír ahora,

ni los pazguatos y analfabetos comentarios de futbolistas),

recordando aquella feliz memoria que no fue promesa de futuro,

derrotada la flor del tiempo,

poseedor de hacienda menuda y con envidiable ocio,

decido desaparecer, enclaustrarme,

vagar por mis tierras gallegas,

saberme propietario de lo noble e inmortal,

ensoñar por altos bosques de eucalipto,

vagar por mi sonrosada melancolía,

sentir esa intemporal existencia de ser solo culto y propietario,

y escribir, a nadie escribir,

las líneas precisas e incomprensibles de este elegíaco poema.