Diario de un esquizofrénico 66

Mi padre; qué burgués superior y ecuánime. Sin pausa aportaba datos y reflexiones que fluían en una corriente bien ordenada -un pensamiento clásico es un pensamiento bien ordenado- Todo con medida, grabando en la memoria del feliz oyente los pormenores o contornos del problema o tema a dilucidar.

Y en el ajedrez era de una riqueza monstruosa, bellamente gigantesca (pero de mal perder) Era un Lavater y un Tartufo al mismo tiempo. Se sacrificó con minuciosidad por el bien común, el bien particular, y el bien familiar. Generoso, intuitivo, trabajador compulsivo. Sus áreas de conocimiento eran el Derecho y las Finanzas, pero amó también el Arte, con énfasis sobre todo en la pintura.

Un análisis de su destino prueba que vivió como deseó, que vivió al hilo de sus pensamientos sobre la vida. Su espíritu no está ahora en la nada; resta su memoria en el Universo, su software se añadió o sumó a la computadora cósmica.

Fue un alma sintética; unió lo cordial y sensual con lo intelectual, el placer con las rumiaciones. Amó mucho (muchísimo) a mamá -como ella a él-, aunque su relación fue tumultuosa, con altibajos perennes.

Vaticinó a estos patéticos aldeanos mesiánicos y corruptos del nacionalismo radical catalán que pululan por mi tierra como monos subidos a los árboles, a estos atolondrados caganers. Detestó el arte no figurativo, la ausencia de «mímesis», la mente en fugas irracionales. Gustó del lujo y tuvo compasión (fue clemente y ayudó), tuvo compasión por los humillados y ofendidos. Nos educó con severidad, temiendo la influencia nociva de la envolvente «tribu».

Más que simpático, sarcástico. Más que católico, teísta. Más que feo, atlético. Más que melancólico, vitalista. Una de las grandes frustraciones de su vida es que yo me saliera de la ruta que preestableció y no estudiara ingeniería. Pero, pese a los disgustos, creo que (acaso, no sé bien) fui su hijo favorito. Lo quiero y lo quise. Descansa en paz papá.

***

(Traditio)

Papá, defiendo el legado de la casa que me legaste,

aunque España sea una gris y sucia pelambre de rata,

aunque balbuceen con farfollantes

palabras llameantes los incapaces de conversar con el Cielo,

pese a que Cataluña sea una atolondrada

y palurda, aldeana y muy árida, tortura psíquica,

aunque Europa aburra y Occidente

sea un turbio harapo, una Babel Caótica de Ruidos,

yo defiendo la casa que me legaste.

En mi jardín hay luz de altas estrellas,

el judaísmo en el centro de mi corazón

y pistilos untados con cosméticos

y pulpa en dulces odres (tu voz era un rumor

de savia verde en los lagares)

Defiendo la casa, y cuido del jardín y de mamá,

no te preocupes por nosotros papá.

¡Cómo te extraño! Tanto hablamos sobre los burri-artistas,

los políticos radiando basura, burri-jóvenes, sobre execrables

lerdos que subían al escenario social

con sus maneras de patanes chuscos

y su sebo de rucio diarreico manchando las iglesias.

El calor radiactivo de la civilización

enloquece a hombres y bestias.

De las cosas sagradas solo queda Dios y mamá.

Rememoro el escalofrío de piel de tigre que nos poseía,

la calma y precisión con que derrumbábamos

a la pieza reina del oponente,

nuestro Deus sive Natura como un himno viril,

y si vieras ahora a demasiados que aman su esclavitud

como reos conducidos al palacio de Anás.

Ahora a los hombres les privan

de todo aquello que es venerable,

deliberan traicionándose a sí mismos,

sin ideas claras y determinadas

su instinto niega el conocimiento intuitivo.

Sin discernimiento ni meditación de alma,

no memorizan lo importante para que se ramifique

y enriquezca o distribuya en su interior

sino que el paisaje de sus almas es esta Odisea del Barullo.

Para hacer cualquier cosa terrible,

para sobresalir en la estupidez,

para ser el hazmerreír del planeta,

la oscuridad no parece en general necesaria;

vivimos una época nublada y obscura.

Pero yo, no sin maravilla, defiendo la casa.

Me legaste la gran Belleza y el fogoso amor a la Verdad.

Me legaste la lujuria atlética de la Inteligencia.

Defiendo la casa, papá.

Defiendo tu enorme, lujosa biblioteca,

que es la historia de la fuerza de la mente humana,

tus medallas y monedas,

que dan testimonio de leyes y costumbres,

las pinturas y estatuas,

para que la vida continúe más allá de la tumba,

colecciono tus recuerdos

embalsamados en el ámbar más querido y dulce.

Vendrán noches, vienen ya múltiples noches, habrán más noches,

pero yo armado y presto al combate defenderé la casa.

Prudente es conocer la fragilidad de los hombres

y honroso ser un caballero.

Todo se derrumba o desmorona.

Al consuelo en la muerte

y a instruirte en vida,

dedicaste los frutos de tu laboriosidad.

A la grandeza rendiste honores.

Tu vida fue un majestuoso solo de violín entre la turbamulta.

Se dispersó a los cuatro vientos del firmamento

tu mente. Yo defenderé tu casa. Tu legado.

La soledad cansa como una radio con interferencias.

La soledad cansa como una novela moderna.

Estoy solo y meditabundo papá,

palabras de invierno agrietan mis labios.

Pero tu Luna de gatopardo me cobija.

Defenderé la casa de música y burbujas historiadas.

Papá, te juro que con mi sangre

defenderé la casa que me legaste.

Diario de un esquizofrénico 65

«Dejando eso aparte, el barrio del Macello dei Corvi era, por decirlo discretamente, modesto. Casas de solo dos plantas, adosadas una a otra sin patios y construidas con materiales de deshecho hurtados al cadáver de la ciudad antigua. Tufos viterbinos groseramente escuadrados y montados sobre hileras de ladrillo romano robados a los muros antiguos. Bloques de peperino y de travertino esculpidos y unidos con cemento sin mostrar el menor interés por los refinadísimos relieves que soportaban, empleados en los cantones, en los umbrales y en los arquitrabes de puertas y ventanas. A veces aquel tejido mural ecléctico y chapucero contaba con la protección de un enlucido de puzolana, morado, rojo, o violeta, según la localización de la cantera, que casi siempre era una finca interior de las murallas aurelianas«

Así describe Antonio Forcellino, en su obra «Michelangelo, una vita inquieta«, el barrio muy humilde de Miguel Ángel, barrio donde había llegado pobre hacia 1510, cuando Julio II y sus herederos pusieron a su disposición la casa-taller para que trabajara en las esculturas de la tumba del gran Papa Della Rovere. Luego, en 1517, dejó Roma, para regresar en 1533 como artista de fama mundial. Pero, aunque inmensamente rico y afamado, nunca abandonó aquella casa y barrio tan poco decorosos, tan alejados del centro de la corte papal. Fundamentalmente siempre se sintió un florentino desterrado.

Exiliado estoy yo de mi origen de barrio rico. Rentista pobre, recuerdo. Mamá no conmigo. Y recuerdo la belleza fresca y rosa de mi mamá como un signo, un símbolo, un testimonio que corre hasta los confines de mi mundo. Hoy, con luna llena y lobos aullando excitados, si pienso en ti no oigo el sonido agudo de ultratumba, ni música de sangre con vidrios, ni floto en cámaras fúnebres. Alabada seas mamá.

***

Cuando pienso en casos y cosas que mi mente no debería pensar, además de melancolía, me azora cierta irreligiosa derrota. Como advirtió el clásico:

Solo una derrota nos libra de otra derrota mayor”.

O también:

Solo la ruina nos defiende de otra mayor”.

Diario de un esquizofrénico 64

Existen libros para tragar, para digerir y otros para saborear. En una reformulación de esa misma idea, si, al catalogar nuestra biblioteca, nos basamos en esa advertencia de Bacon, tendríamos, primero, un estante con libros de imprescindible lectura, segundo, estantería con libros de lectura opcional, y, tercero, una balda/s con libros de lectura sugerida; se me ocurre una clasificación al hilo de estos pensamientos; existen buenos libros buenos, buenos libros malos, y malos libros buenos (los malos libros malos, en un mundo ideal, debieran ser impublicables)

¿Cómo creo que es el libro -un «best-seller» mundial- del filósofo canadiense Lou Marinoff , «Más Platón y menos Prozac»? Un buen libro malo con algo de mal libro bueno. Lo mejor, desde mi punto de vista, es su claridad mental prístina, su claridad desembarazada y transparente, la argumentación perspicaz, ordenada, delimitada, patente y esclarecida, la compacta claridad como cortesía, forma y estilo filosófico.

La tradición analítica -no ya un corpus de tesis filosóficas sino una «maniera» de pensar- dejó en la historia de la filosofía una lección irrenunciable, a saber, que todo lo que se puede decir se puede decir claramente o en un sistema adecuado de símbolos, o, reorganizando esta intuición o sugestión, si no PUEDES decirlo claramente, entonces se DEBE a que tú mismo no lo entiendes.

Hay individuos -o alumnos- que se empecinan en creer que sus pensamientos son claros y precisos, pero en cambio la expresión lingüística de esos supuestos pensamientos claros es en su lugar oscura y confusa («Profe, yo lo sé y lo entiendo perfectamente, lo que ocurre es que no lo sé explicar…[?])

España, un país culturalmente colonizado, tiene -o tuvo- mucha influencia de tradiciones filosóficas como la francesa o la alemana (o parte de ellas) donde el pensamiento farragoso y las inspiraciones de tipo oracular sustituyen a la prueba explícita y la argumentación diáfana. Un buen filósofo es un filósofo con buenos argumentos (en un campo donde la evidencia empírica es cuando menos indirecta o remota), y, un buen argumento, entre otras cosas, debe ser manifiesto, claro (a diferencia de un «argumento-souflé«; ambiguo y vago o impreciso)

La quincallería intelectual, la profundidad de apariencia y no de esencia, por desgracia abunda entre pseudo-filósofos; existen grandes filósofos como Hegel o Heidegger expertos en oscurecer la expresión; resultan un pésimo modelo a imitar, un verdadero contraejemplo o «macabre example» como diría Jack el Destripador)

El archi-vendido libro de Marinoff es una simple hebra en la milenaria tradición de la filosofía como medicina o terapia del alma. Ahora se llama «Philosophical Practice» -«Filosofía práctica o aplicada- y existen múltiples revistas académicas que la estudian y multitud de asociaciones de practicantes o «Asesores». El asesor filosófico temo o creo que acabará siendo una especie más de coach o mero dispensador de aforismos a sus clientes.

El único consejo (sobre la vida o el mundo) que me parece válido es el que uno se da a sí mismo previo examen o inquisición o meditación tranquila y serena del tema a inquirir o meditar. La filosofía siempre resultó un auxilio ideal para que esa semilla que, insisto, debe brotar desde dentro de uno mismo, dé sus frutos. De otro modo es palabra muerta o fármaco que no sana -ya Platón señaló la ineficacia de las palabras «exteriores».

Cuando resolvemos problemas (el temor a la muerte, el propósito o significado de lo que hacemos, el análisis de la calidad del amor hacia nuestra pareja, el partido político al que queremos votar, la capacidad para tolerar la soledad, etcétera) no solo tenemos ideas sino ideas que resuelven (o intentan dilucidar y resolver los problemas en una primera tentativa) ideas que resuelven -decía-los problemas de manera adecuada y feliz. Para ser realmente creativos y efectivos al resolver problemas (o en la tentativa de resolverlos) hemos de sopesar si una nueva idea es buena o no, y la lógica y la cultura son indispensables para estas tareas.

La filosofía ayuda a vivir, a vivirla con plenitud y sentido pleno; las humanidades ayudan a vivir (esta es una verdad incontestable y definitiva que la cultura contemporánea parece obcecada en ocultar) Evaluar, comprobar y modificar ideas, dudar y evitar extremismos inútiles e ignorancias ciegas o dogmatismos irracionales, son actividades prototípicas del buen método filosófico. Aplicar ese método al examen de la propia vida es un tópico ineludible, algo que hicieron Sócrates, Platón, Aristóteles, San Agustín, Epicuro, Marco Aurelio, Wittgenstein, Descartes, Quine (también, a su modo), Boecio, Lao-Tsé, Confucio, Santo Tomás, Sexto Empírico, Pirrón, Séneca, Bacon, Hume, y así ad nauseam.

Innumerables poetas y escritores y pintores y músicos -vano mencionarlos- meditaron asimismo con suma calidad sobre los eternos temas de la existencia (el amor, el placer, la muerte, Dios, el miedo, la bondad, la historia, la sociedad, el sentido de la vida, la belleza, et caetera) Marinoff pone su píldora o granito de arena a esta tradición. Como divulgador mereció su éxito. Tiene el don de saber popularizar las ideas, lo entiende hasta el culto razonador Messi o el humilde y virtuoso Ronaldo. Ojalá logre que algunos lectores suyos vayan a las fuentes originales.

Si yo escribiera un libro de filosofía -algo que no descarto-, sería, si no mejor que el de Marinoff, al menos no peor. Por eso apruebo, valga y permítaseme el sistema arbitrario y exótico, «Más Platón y menos Prozac» y lo recomiendo.

NOTA BENE: Estoy muy cansado y escribo mal. Russell escribió miles de páginas y nunca corregía. Una bendita excepción a la norma. De nada, queridos.

Diario de un esquizofrénico 63

(Dementia Praecox III)

¿A quién dedico este libro? Permítanme una modesta stravaganza. A nuestro hígado, el de los esquizofrénicos. Con la mano izquierda escribimos en él la pregunta que nos atormenta; las letras las escribimos con flema y vinagre con unas pocas gotas de saliva de cría de pato. Luego cogemos el hígado con la otra mano, lo sostenemos un rato, y en la palma quedará inscrita la respuesta a nuestra pregunta. Método más exacto que las matemáticas que explican la propulsión a chorro de un ingenio aeronáutico.

Como dice el habla popular prediciendo las órbitas del universo: “Este año los ciegos verán bien poco, los sordos oirán bastante mal, los mudos no hablarán mucho, y los ricos estarán bastante mejor que los pobres”.

Se ignora por qué Virgilio mandó quemar la Eneida en su testamento. Según Plinio (Historia natural, 7, 114) el motivo fue que la obra estaba no acabada. ¿Es esa realmente la verdad? Nunca lo sabremos. Dedico este libro a las llamas que no quemaron la Eneida.

Dedico este libro a los niños que se fotografían junto a un baobab, a los guardias civiles poetas que se enamoran de nefrólogas preciosas, a las rosas, que sin por qué llenan las cunetas de los arrabales. Y a mi madre.

***

Sobre cuáles son estos síntomas primarios[de la esquizofrenia] cuya presencia sin causa orgánica concreta que los justifique, establecen algunos autores:

K. Schneider da la siguiente lista: 1) Sonoridad del pensamiento 2) Voces dialogadas 3) Voces comentadoras de la propia actividad 4) Vivencias de influencia corporal 5) Intervención del pensamiento, divulgación del mismo 6) Percepción delirante 7) Sentimientos y acciones inferidos o interferidos

A. Vallejo- Nágera consideró síntomas realmente primarios “los incomprensibles psicológicamente, no elaborados intrapsíquicamente, que emergen súbitamente del proceso esquizofrénico (su origen no deriva de otras síntomas) apareciendo en la conciencia nítidos, elementales, claramente percibidos como extraños al yo, y que no pueden tener otra etiología que la esquizofrenia”

Para López Ibor, con un análisis fenomenológico, el núcleo primario del trastorno está “en una alteración del sentido del estar- en el- mundo existencial” y este modo especial de estar propone llamarlo “disestar” o “disestesia”. Para López Ibor la mutación esquizofrénica consiste en que “se invierte la flecha intencional”. “Nuestros actos psíquicos tienen un carácter intencional. Este carácter se ve reconocido desde fuera, pero también existe en nosotros una difusa conciencia de las intenciones residen en nosotros y no fuera. En el delirante ocurre al revés, las intenciones se hallan fuera, en los seres externos. Por eso el mundo se puebla de significaciones mágicas. Estas no tienen que ser amenazadoras, sino simplemente desconocidas””

Como el alucinógeno LSD se fija a los receptores 5-HT, se postuló que los síntomas psicóticos de la esquizofrenia podrían deberse a declinación de la neurotransmisión serotoninérgica. Por ejemplo, podrían resultar de la formación de aminas metiladas endógenas que como el LSD, podrían producir alucinaciones. Los intentos destinados a descubrir estos compuestos no fructificaron, por lo que se decidió analizar diferencias entre esquizofrénicos y sujetos normales. Los parámetros relevantes son los niveles de 5- HT o ácido 5-HIAA en las plaquetas, sangre, LCR y cerebro. También es factible cuantificar los subtipos de receptores en diversas regiones cerebrales y ensayar antagonistas específicos en pacientes con psicosis” (No explicaré como acaba esta historia más apasionante que el Quijote. Léanse papers a golpe de clic en Google Academic por ejemplo)

Los estudios neuropatológicos señalan una ligera disminución del volumen del putamen, de la sustancia negra y de diversas porciones del sistema límbico, sobre todo del lóbulo temporal y del hipocampo. Se ha descrito una disminución del número de neuronas en ciertas áreas corticales. También se han encontrado alteraciones en el lóbulo frontal con RM, PET y pruebas neurofisiológicas; estas alteraciones pueden ser responsables de algunos síntomas cognitivos, de la atención y afectivos de la esquizofrenia” (Estos y otros hallazgos que no listaremos, prueban de modo concluyente o apoyan la creencia de que la esquizofrenia no es una enfermedad sino un grupo de enfermedades)

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Recomiendo: A. Schmidtke, Definition besonders suizidgefährdeter Risikogruppen: Probleme und Resultate der Prädikatorenforschung, donde se nos recomienda que nos alimentemos con cebada húmeda, harinas bien molidas, miel y la laxante leche de yegua o de burra.

Diario de un esquizofrénico 62

(Dementia praecox II)

Detesto la moda moderna que consiste en que, en la entradilla del autor, éste se presente con información anecdótica y exhibicionista de las esquinas y recodos de su ser y existir más “totxo, arrienc, babaia, pec, baja i capsigrany”, foto incluida.

Nací en Barcelona y vivo en una aldea de Orense. Sobra y basta para los chascarrillos de recibidor y barbacoa.

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Cito libros y autores al azar, orientado por ese manual de irracionalidad y sofistería llamado I Ching.

“Puedo calcular el movimiento de las estrellas, pero no la locura de los hombres” Newton

Primero, no hagas daño” Hipócrates

Antes del quebrantamiento, es la soberbia” Proverbios 16:18 (Cita ad hoc, aplicable desde los sucesivos DSM hasta el novísimo DSM-V)

Segur que continuarem obtenint uns pocs èxits “sonats”, però ens deixarem molta gent pel camí per la simple i desgraciada circumstància que no tenien el que nosaltres sabíem curar: quina paradoxa més patètica, la conversió de l´altruisme que guiava la nostra vocació inicial en l´apoltronament en una praxi rígida i limitada, on ja no sabem nosaltres el que cerquem què té el pacient i com podem ajudar-lo, sino que és el pacient el que ha de buscar i seleccionar entre els professionals de la psiquiatria aquell que es dedica a allò que ell pateix o en sàpiga” (Antoni Corominas, Els pecats capitals del psiquiatre, Angle Editorial. Tomito extraordinario que pasó desapercibido debido a su limitación local al área lingüística catalana)

A partir de las observaciones de John Haslam y de Philippe Pinel, y hasta finales del siglo XIX, tuvo lugar en Europa una polémica constante acerca de si la locura estaba aumentando, y, en caso de ser así, por qué. Ya en 1829, sir Andrew Hallidey alertó de que “el número de enfermos se ha más que triplicado en los últimos veinte años”, y, en 1835, J.C Prichard añadió que “el aparente aumento es muy notable en todas partes…los casos de locura son mucho más abundantes que antes”. En 1856, en Francia, E. Renaudin publicó una gran cantidad de datos que demostraban un incremento de la locura, especialmente en jóvenes adultos y en zonas urbanas, y al año siguiente en Inglaterra John Hawkes escribió: “Dudo que jamás en la historia de la humanidad, o por la experiencia de épocas pasadas, se pueda demostrar que haya habido un mayor número de locos de los que tenemos hoy”. En 1873, Harrington Tuke avisó de que: “una gran ola de locura va avanzando lentamente hacia nosotros”, y, tres años después, Robert Jamieson añadió que “el fenómeno más destacado de nuestro tiempo ha sido el alarmante aumento de la locura”.

Los que pensaban que el aumento de la locura era real dieron diversas explicaciones posibles, que iban desde la genética (mayor consanguinidad entre matrimonios) y la creciente complejidad de la civilización, hasta el incremento en la masturbación, el consumo de alcohol o viajar en tren. Los que creían que el aumento de la locura no era real decían que se trataba de un artefacto estadístico debido a la mayor esperanza de vida de las personas con enfermedades mentales, que era parte de un complot social para encerrar a personas molestas en manicomios, o bien la consecuencia de una creciente industrialización, dado que las familias dejaban la casa para ir al trabajo, y, por tanto, no podían seguir teniendo al familiar enfermo en casa” (E. Fuller. Invito al lector a que medite los paralelismos entre el s. XIX y el XXI, así como a la lectura de The invisible plague, donde se concluye que la locura realmente aumentó)

La acción de los medicamentos psicótropos sobre los síntomas de un pensamiento enfermo es incomparable, pero carecen de efecto sobre la vivencia individual del paciente o sobre la repercusión social de la enfermedad “E. Zarifian

Aunque este es un libro serio y por lo tanto no se citarán aquí a mamarrachos como Laing, Cooper, Basaglia, Foucault o Lacan, no me resisto a que ustedes lean los diversos artículos de la “Declaración de los derechos humanos y de la salud mental”, un documento fundacional titulado Salud mental y ciudadanía mundial. Búsquenlo en Internet. No vienen mal las risas…congeladas.

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El padre Jofre, alrededor del año 1500, fundó en Valencia el primer manicomio del mundo. Traducido al español se llamaría “Asilo para desmemoriados, locos y orados”, buen título para nuestra época que, como en el cuadro de El Bosco, navegamos perdidos en una pobre barca sin un adónde ni un claro destino.

Diario de un esquizofrénico 61

(Dementia praecox I)

Este libro es una autobiografía sin vida, sin vida directa, pero bullente de alusiones indirectas a mi propia vida. Eterno parloteador de mí mismo, les aseguro que mi propósito es el mismo que guio a Marcial (Epigramas, X 4, 8-10)

Lee eso de lo que la vida pueda decir “es mío”.

Aquí no encontrarás centauros ni gorgonas

y harpías: a ser humano saben mis páginas.

Soy poco dado al plano real, al realismo tabernario. Más me gusta el plano simbólico u onírico. Este libro no es más que mera scintilla animae de un viejo y cansado faux aristocrate.

Desearía mi Diario que se aproximase a la Varia Historia de Claudio Eliano, un popurrí o miscelánea de ensayos breves, citas, anécdotas, curiosidades… Algo ligeramente erudito, entretenido y compilatorio. Como lo fue El banquete de los eruditos de Ateneo de Náucratis. Una “silva de varia lección”, como la llamaron nuestros clásicos.

Miles de mujeres estadounidenses de los siglos XVIII y XIX, conscientes de la limitación de su educación formal, escribían “libros de cosas comunes”, una crónica de lecturas, taraceada de citas y a menudo observaciones sobre sus vidas. Este libro quiere sumarse también a esa soterrada tradición además de a la de los libros misceláneos.

***

En el vol. LXIV, col. 1230, de la obra de Migne, leemos:

Omnia siquidem superius expedita de scholarium informatione sunt infixa. Nunc de eorum sagaci provisione breviter est tractandum. Cum ergo humani corporis complexio phlegmate, sanguine, cholera et melancholia consistat suffulta, ab aliquo praedictorum necesse est quemlibet  elicere praeeminentiam.

MELANCHOLICO vero prigitiei timorique subiecto, locis secretis  et angulosis streptique carentibus, lucisque parum recipientibus, studere est opportunum saturitatequem declivem serasque coenas praecavere, potibusque mediocribus gaudere ad naturae studium, prout studii desiccatio exegerit; plenaria potus receptione ad mensuram confoveri, ne nimii studii protervitas phtisim generet, anhelam thoracisque strictudinem”

¿Me habrá causado el exceso de estudio y lectura, tisis, jadeo y opresión en el pecho?

¿Es la melancolía hermana de la soledad y madre del miedo?

Diario de un esquizofrénico 60

El fútbol es anencefálico y gubernativo. Si los combates de gladiadores eran horribles y degradantes, con el placer de gozar viendo matar, donde se disfrutaba con el espectáculo de matar por matar, el fútbol cuánto menos es pernicioso para la mente de Sócrates, Catón, Lelio y mía, que busco el retiro y conmigo mismo ya me basto.

Qué se debe evitar ante todo, se preguntaba Séneca: la multitud, respondía. Multitudo non sequendam, dijo Horacio ¿Diremos al acabar la final «Huius operis compositio ingeniosa est, pura, dilucida, numerosa, simplex, apta, distincta, peromata, dulcís, elegans, non vulgaribus, non fucatis, sed electis et propriis verbis exculta, praevalidis contexto membris, etfirmioribus nervis compacta.», o, más bien, «árbitro capullo y cabrón»?

El fútbol es el nuevo anfiteatro de 22 analfabetos «bestiarii» con vidas de nuevos ricos horteras. La hez y pedorreta de la España tatuada.

La multitud se debe apartar del alma. Compartir el carácter, sentir e ímpetu de la mayoría solo significa rebajarse. Yo no imito ni odio al vulgo. No lo imito porque en él abundan defectos, abyecciones y tonterías; no lo odio, porque el hecho que la inmensa mayoría sean diferentes a mí me resulta indiferente, e incluso sé que es normal (lo anormal sería lo contrario; que el vulgo espeso y municipal fuera liviano o delgado y ducal)

Mi doctrina la resumió Demócrito: «Para mí son suficientes unos pocos, es suficiente uno solo y suficiente ninguno»

Traigo a la memoria a Séneca: «Con todo, ¿cuál ha de ser la vida del sabio, si queda sin amigos, metido en prisión, o abandonado entre gente extraña, o detenido en una larga travesía, o arrojado a una playa desierta? Cual es la de Júpiter, cuando destruido el mundo, confundidos los dioses en uno, quedando poco a poco inactiva la naturaleza, se recoge en sí mismo entregado a sus pensamientos. Algo similar hace el sabio: se concentra en sí mismo, vive para sí»

Si hoy no pueden o no quieren ver el Madrid-Barcelona, siempre pueden, en lugar de ver el partido, pensar o meditar.

Diario de un esquizofrénico 59

(Un noble medita pausadamente)

Tener casa propia, limpia y agradable, afable,

un jardín tapissé de flores y abejas en verano,

pocos o ningún hijo, acaso mujer fiel, ningún tumulto;

que vague la vida en Adagio non tropo, ma divoto,

estudiar los severos astros, mucho leer a la luz de la vela,

acallar la lengua (que abunde mucha conversación

con el cielo y así no obtener dócil habladuría),

convertir en rechifla la farsa y sátira de la época,

sin deuda y poca hacienda, ni avaricia ni deseo.

Contentarse con poco, nada querer de los Poderosos,

domar las pasiones, cultivar el juicio esclarecido,

no conocer la tormenta y meditar en silencio,

y, solitario como un sabio, escribir con letra clara

y pausada igual al corazón, un libro modesto y veraz

que ampare pálida memoria de tus días o iguales afanes.

Y ya que arden los conventos, o nadie cultiva la tierra,

y se pueblan de salvajes las ciudades, pasar los granos

del Rosario sin devoción: attendre doucement la mort.

***

Variaciones a un tópico literario ligeramente inspirado en un muy raro poeta francés del Seizième.

***

Leo en la página 474 de la obra de Bernanos, Le Chemin de la Croix des Ames:  

«El enorme mecanicismo de la sociedad moderna se impone a nuestra imaginación, a nuestros nervios, como si su inexorable despliegue nos obligase a entregarle lo que no le daríamos de buen gusto. El peligro no radica en la multiplicación de las máquinas, sino en el número, cada vez más elevado, de personas acostumbradas a no desear, ya desde la infancia, otra cosa que aquello que las máquinas les ofrecen. El peligro -posible- no es que acabéis adorando las máquinas, sino que sigáis ciegamente la colectividad -dictador, empresa, estado o partido- que las posea. No, el peligro no estriba de suyo en las máquinas, ya que solo hay un peligro para el hombre, y es el hombre mismo. El peligro radica en el tipo de hombre que esta civilización trata de formar«


Bernanos, a mi ver, fue profético al intuir el modelo o tipo de hombre propio de la civilización tecnológica. Una especie de plutócrata glacial y ruidoso corrompido por el poder absoluto. Y dibuja un futuro incierto en que el hombre no pinta nada ni es nadie. A más técnica menos silencio, y a menos silencio menos densidad de alma y más aburrimiento. A más técnica, menos medios intelectuales.


Los tímpanos del hombre actual vibran las veinticuatro horas del día (la mente, también); con la notificación de un correo o un wasap, con la televisión, con la música o la voz de los locutores de la radio en el coche, con la voz de los compañeros de trabajo y los clientes de la empresa. Encima todo rodeado de una atmósfera de decibelios o ruidos indefinidos perennes: la lavadora -nuestra o la del vecino-, motos crispadas -también en mitad del campo-, peleas de borrachos, amantes copulando, sirenas de policía o de ambulancia, máquinas tragaperras, música de ascensor, música ambiental en restaurantes o comercios, etcétera.


A mí, cuya hipersensibilidad al ruido está incluso diagnosticada, todo el cerumen ruidoso de la ciudad y la tecnología me enloquecía. Por eso fuxí a una aldea gallega de diez habitantes. A una paz como de claustro de monasterio del siglo XIV.


Con música de las esferas, mariposas, brillo de la Luna, de la lluvia, al amor de la naturaleza, y con aletear de pájaros en lugar de retumbar de tubos de escape.


La Polis hierve, bulle caótica como una infartada olla a presión, con chirridos enfermos y agudísimos, sus habitantes son desquiciados cerebros o estrépitos del corazón a un tris del manicomio, como supo Bernanos.


Mi aldea amortigua El Gran Chasquido como una colcha de musgo y morados, de claros del bosque y dorados del cielo, de bosques y vaguadas, de capiteles lunares y sol medieval.

En el silencio de la aldea abolir el tiempo centrándose en el aquí y ahora:

Nunc fluens facit tempus, nunc stans facit aeternitatum”. Boecio. El ahora pasajero origina el tiempo; el ahora que permanece, la eternidad.

Ita nunc sive praesentia complicat tempus”. Nicolás de Cusa. El ahora o presente incluye todo tiempo.

Aquí, en Nogueira, deseo pronto morir.

Diario de un esquizofrénico 58

(Horacio, Epodos, II)

Paz a los hombres. Nunca fue fácil el vivir.

Deseo el silencio casto y conventual de la Luna,

y vivir libremente, olvidando los años.

¿Gozar de una gloriosa medianía?

La tentación de alejarse de los pleitos,

y huir, y apartarse, y aspirar a lo mínimo.

¿Desasosiego? ¿Fiebre? Dos ejércitos sin alma.

Levántate pronto, desayuna un dedo de vodka

con limonada, toma unas tostadas

con aceite, ajo y sal, pasea por los bosques

con tu perra, y dedica el resto del día

a traducir a Pessoa, a contemplar la poblada

galería de tus recuerdos…

Y cómo agrada entonces que tanto guste

lo que los sabios crearon para que te gustase,

cómo agrada el recto rímel de las estatuas,

el tempo lento y amoroso del piano,

bogar por islas donde ella braceó desnuda,

la tibieza de las flores, el crepúsculo sobre el río,

el cortejo de nubes naranjas al ocaso,

el campo cultivado con amarillos serenos.

Y cómo acolcha la noche con su libro,

o la cumplida modestia de una sencilla idea.

De la confusa selva del pensamiento contemporáneo

apártate, del mundo mendaz retírate en biblioteca.

Ajeno al mundo, aplasta su hosca desmesura.

Pide la altura de quedarte al margen:

la carne es impura, el espíritu enemigo.

Lee –saboreándolos– a Suetonio y Polibio,

paladea la rica prosa de Tácito, escucha al sutil

animal perfumado de la noche, evita los tenebrosos

hoplitas pletóricos de lucha…

Graba pues en tu memoria estas palabras,

señales y símbolos que rigen tu destino:

Feliz aquel que de pleitos retirado.

***

«Beatus ille, qui procul negotiis, / ut prisca gens mortalium, / paterna rura bubus exercet suis, / solutus omni fenore, / neque excitatur classico miles truci / neque horret iratum mare, / forumque uitat et superba ciuium / potentiorum limina, / ergo aut adulta uitium propagine / altas maritat populos»  Horacio.

Feliz aquel que de negocios alejado, cual los mortales de los viejos tiempos, trabaja los paternos campos con sus bueyes, de toda usura libre. A él no lo despierta, como al soldado, la trompeta fiera ni teme al mar airado; y evita el Foro y las puertas altivas de los ciudadanos poderosos.

***

«No hice más que urgir a nuestra/ época a abandonar sus trabas/ con las sabidas reglas de la antigua libertad/cuando de repente me rodea un bárbaro estruendo/ de búhos, cucos, asnos, simios y perros» Milton, Soneto XI.

Libros: «Vastes et détranges domaines» para alimentar la mente. «Oisive jeunesse» un libro, ociosa juventud la de un libro.

«Was du erebt von deinen Vätern hast / Erwirb es um es zu besitzen» Goethe. Lo que has heredado de tus padres, hazte digno de poseerlo.

Que no nos mueva demasiado ni el viento ni las brisas; que nos mueva, por encima de todo, el conocimiento. Como escribía Tito Livio (28,27): «Multitudo omnis, sicut natura maris, per se immobilis est, ventus et aurae cient».

«En esta estúpida y tediosa época lo más excéntrico que uno puede hacer es tener cerebro» Óscar Wilde.

De Francesco Petrarca son estas palabras tomadas de su libro «Remedios contra la buena y la mala suerte», 1, xliv:

«Gozo: Escribo libros.


Razón: Mejor harías en leerlos, y mucho mejor sería si convirtieses lo leído en una buena norma de vida. El conocimiento de las letras sólo es útil si se pone en práctica y se confirma con obras, no con palabras. De otro modo, muchas veces se confirma, como está escrito, que el conocimiento hincha de vanidad. Entender con claridad y prontitud muchas e importantes cosas, recordarlas con seguridad, contarlas de modo brillante, escribirlas con arte y declamarlas placenteramente, si todas estas cosas no tienen aplicación a la vida, ¿qué son sino instrumentos de una vacua petulancia, qué son sino trabajo y ruido sin provecho?
»

«Simul et jucunda et idonea dicere Vitae», Horacio, hablando de la función de la poesía en su Arte poética, I, 334. «Y al mismo tiempo decir cosas agradables y adecuadas para la vida».

«Posse tibi res meas, pater optime, que ut paucis placeant, laboro» Petrarca.
Que sean de tu agrado, querido Padre, estos escritos en los que trabajo para complacer a unos pocos.

«…mihi parua rura et / spiritum Graiae tenuem Camenae / Parca non mendax dedit et malignum / spernere uolgus» Horacio.
…pero pequeños campos, / y un leve aliento de la griega musa / me dio la Parca, y despreciar al vulgo, / siempre maligno.

***

Feliz aquel que, ajeno a los negocios,

como los primitivos,

labra tierra paterna con sus bueyes

libre de toda usura;

que no oye el agrio son de la corneta,

ni teme el mar airado,

y evita el Foro y las soberbias puertas

de los más poderosos;

y los largos sarmientos de las vides

une a los altos álamos,

o contempla de lejos su vacada

en un valle apartado;

y, las ramas inútiles podando,

injerta otras más fértiles,

o guarda espesa miel en limpias ánforas,

o esquila sus ovejas

Horacio, Epodos, II

Diario de un esquizofrénico 57

Mi madre, orgullosa de mi educación (colegios privados, clases particulares de dibujo, música e idiomas), es también una crítica literaria sagaz y que corta a degüello. Siempre le leo todo lo que escribo (excepto los diarios íntimos) y espero su reacción; hoy me dijo que soy demasiado cerebrotónico, poco cálido, que el genio debe ser fácil de asimilar (aunque él mismo posea una gran originalidad), que el destino de cualquier poeta es llegar a ser recitado anónimamente por el pueblo, y, last but not least, que un escritor es un animal racional literaturizado (aunque mentiroso) pero que yo propendo en exceso a la verdad, la sensibilidad lógica, y la razón.


¿Qué querías mamá? Toda tu vida contendiendo para convertirme en un ser exquisito y singular, siempre empeñada en tu desprecio a las masas («son como bacterias» sueles decir proverbialmente) y ahora deseas verme hecho un sosias de la ridícula y vulgarzota novelista X o un doble del ripioso chupacaramelos de Y. Yo persisto en mi ser (caviloso, minoritario, antipopular, elitista, magnificente, grave), a imagen y semejanza de igual que me creaste y que, en tu fondo, sé que deseas.


Me criaste para que me juzguen los prebostes de Oxford y no las listas de éxitos o de más vendidos de Marie Claire o Lecturas. No, mamá, hoy no es tu día. Criticas a abuelas y madres de cerebro calloso, a políticos y artistas botijeros, eres adorablemente clasista y de espíritu dorado. Hoy es el día de las madres de Mercadona. Tú eres selecta como una hilada fresca de viento en la montaña. Otro día me pondré mi capa McFerlán y tomaremos unos mirlitons juntos.


Como que amo lo bueno y exquisito no puedo sino amarte. Nuestro amor es como lujosa leche de queso de alce. Nuestro amor es como un sinfonier clásico o un sillón pan de oro, como un antiguo reloj de oro. Para otros el pollo de asador con sus patatas renegridas y resecas. De ruc i de senyor se n´ha de venir de mena.

Nota bene: Esto escribí hace siete años. Ahora eres un pájaro con los huesos llenos de aire. Te prometí que no explicaría nada públicamente sobre el oscuro ogro. Susceptible todavía a la ternura, el unicornio azul se me perdió.

***

(Oda a mamá)

Ahora educan discotecas, Tik Tok, la pandilla, Instagram,

el haxix, la televisión, los videojuegos, te lo juro mamá…

Nadie ayuda con su propio bolsillo a los necesitados,

los gustos no se avienen con las opiniones,

la ropa y los labios de la gente recuerdan sus malas horas,

la risa no es un astro de la galaxia,

no se soporta el castigo ni el útil consuelo,

los secretos y las virtudes no se guardan bajo llave,

Nochevieja es una vomitona universal.

El ardor no se acomoda con la razón,

se apaga la Luna entre un simulacro de histriones,

los cangrejos de las tabernas saben insípidos,

pero tú te vistes como una señora del siglo XIX si vamos a cenar…

Este mundo no es tu tipo; ni es el mío, la duda ofende.

Los pensamientos se expresan fuera de las elegantes palabras,

el decoro es un mineral insólito,

el cielo un juicio obtuso con gasóleo de avión,

la plebeyez de turistas un insoportable tsunami,

la neblina de Zara una mancha de petróleo que no deja respirar.

Te agradezco la tradición, el «stylo» que me legaste. Las clases

de pintura y música privadas, el amor que en mí vive.

Recuerdo a papá. Y mucho, como tú, lo echo de menos.

Cuido de ti y cuido también el desdén robusto, solidísimo,

que siento por esta realidad abyecta.

Este mundo que es un vil y mediocre sucedáneo del tuyo.

Los acordes de tu corazón permanecen en mí

como un rojo Jinete de la Palabra,

como galope de purpúrea ternezuela.

En la vastedad del firmamento

tu rostro afirma el porqué de las rosas,

la noche fresca como el agua de altas montañas,

la cumplida inteligencia con que verdea la hierba.

Notas de cariño y poesía fueron tu vida

hermosa como un sonajero recién lavado.

Eres Verdad que derrama cisnes y dimana aroma de café,

Verdad de copa de jade y fragor de estrella.

(Película de oro y clorofila de Cukor;

¿no veis –aguzad el oído–

el péndulo sonoro de risas en la alberca,

el tufo a cereal en el campo?

Decidme, ¿no es esto acaso la Verdad?)

Ahora educan porros, discotecas, facebooks…

***

Todos conocemos a gente cruel, sin resonancia, carente de corazón. El tuyo, en cambio, mamá, es una delicada y bondadosa cajita de alabastro. Qué placer vivir contigo, una adorable dama con intenso garbo de clase alto-burguesa, pasmosamente inteligente, muy culta; de cada diez cosas que haces nunca ninguna es un error, y eres totalmente incapaz de cometer alguna maldad.


A tu lado (al igual que con papá) he mejorado enormemente, pero una comezón dolorosa de haber sido un hijo imperfecto y energéticamente problemático no me deja de aguijonear. Tengo el alma agotada y marchita debido a desdichados, malhadados hábitos que tomé. Perdóname, inmortal corazón puro, joven maniquí rubio en un país de nieve, golondrina y sabio navío en la mar.


El lenguaje del amor articulado, vivo y veraz, es inevitablemente cursi, cursimente «moelleux». El Bien huele a rama de pino recién cortada. La ternura es un finísimo brillo que solo acaricia recintos claros.

Escribo en público (y sé que te disgusta la pública intimidad) lo que nunca me cansaré de decirte en privado: «Je t’aimerai toujours, et aussi plus tard

Nota bene: Sí, te querré siempre y todavía después. “Solo tú me has amado en esta vida. /
Solo pido excusas ante tu amor sin medida”. El unicornio azul vive en tus ojos.

***

(Ich liebe dich)

(A mamá, Luna blanca entre las negras regiones del éter. Aurora tras la negra sombra)

Me gusta perderme en las luces de la Luna

y oírte respirar con toda tu piedad de sombra blanca.

Cuando ya no me interese el mundo, cuando ya no tenga ganas,

tu brillo de sueño quieto será bálsamo

y mi corazón todavía salta (saltará) cuando contemple

tu cabello cano y limpio de ochenta años de niña.

Ven a esconderte en las luces conmigo,

juguemos juntos en un bosque de abetos, trineo y nieve,

resguardémonos del frío invocando al cielo rojo.

Contigo, mamá, mi mente nunca se avergüenza de sí misma,

me sé invulnerable, defendido, a salvo, real,

y el más feliz entre los ángeles si tomo tus manos.

Estar los días contigo es romper la soledad.

Si me oculto en mi celda ¿qué significará todo

cuando te apartes de mí? Ángel de mármol

de Raffaelo da Montelupo. Valiente Caterina Sforza.

Branca Orsina con sus festones y flores enlazadas.

Dulce es el labio de una madre respirando la marea alta.

O el aire de la brisa acariciando su corazón tranquilo.

Me gusta perderme en las luces de la Luna.

Me gusta esconderme contigo en la Luna.

O dentro de tus ojos, el significado de todas las Lunas.