Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Aunque a veces defendí apasionadamente la soledad, haciendo de la necesidad virtud, ronronea el diablillo de la contradicción en mí. Por lo que no puedo menos que citar a la Ilíada y la Ética a Nicómaco. Sentencias y sabidurías sobre la amistad:
En la guerra de Troya, Diomedes, el guerrero indomable y valeroso, se adentra en territorio enemigo, y le hace decir entonces Homero “Cuando van dos juntos, uno se anticipa a otro en advertir lo que le conviene; cuando se está solo, aunque se piense, la inteligencia es más tarda y la resolución más difícil”
Y Aristóteles nos recuerda “¿Qué es pues la amistad? Es lo más necesario para la vida, porque sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera todos los demás bienes; es además algo hermoso y loable; en su forma perfecta cuando no se limita a perseguir egoístamente lo útil o lo agradable, consiste en querer y procurar el bien del amigo por el amigo mismo”
Acogedora desde la puerta abierta al amplio pasillo. Sobre las paredes fotografías de mi familia, obviamente tan querida. Algo antigua la tarima del suelo. Un audaz clima templado . Que se notara la mano del carpintero y no del amateur. Paredes de colores como venidos de un de bosque reconfortante. Debajo del brillo de la lámpara estoy yo leyendo, tal eso fuera un derecho irrenunciable de la noche.
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Un amplio porche incluido en la fachada frontal, tapicería de tela para sillas y sofás, las sillas con respaldo algo abombado, cortinajes carmesíes. Jardín con agua fresca, lavándulas y rododendros. E inexpugnable tranquilidad en la beige mansión solitaria.
No negaré el mérito que tiene el que lograsen alcanzar semejante excedente de estupidez.
«Yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos» Borges.
«Lo que más odia el rebaño es aquel que piensa de modo distinto; no es tanto la opinión en sí, sino la osadía de querer pensar por sí mismo, algo que ellos no saben hacer». Arthur Schopenhauer «Poco a poco, he ido viendo claro cuál es el defecto más general de nuestro tipo de formación y de educación: nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña, a soportar la soledad» F. Nietzsche
En 2020, la ministra entonces de educación Sra. Celaá, pasmó a la comunidad educativa con este hilarante tuit, entre astrológico, vacuo, disgráfico y chiripitifláutico:
“El impulso a la digitalización facilitará el cambio de paradigma educativo, con metodologías más activas y competenciales, y transformando los espacios en hiperaulas interactivas, abiertas y diáfanas”
La celebración de la ignorancia y la irrealidad se ha establecido como una moda cultural y política. La inteligencia colapsó. “¿Éramos así de estúpidos antes de la televisión?”, se pregunta el personaje de una novela de DeLillo. Esta coplilla le vendría al pelo o bien abotonada a la exministra:
Soy inepta en el discurso,
inhábil ante audiencia docta,
incapaz delante de los sabios:
apta solo para el vulgo y destrozo.
Asusta la banalidad de la ignorancia, la aculturación de la élite y sus dirigentes. Vuelven inhóspitas las complejidades y soluciones de la realidad porque solo se conducen con estereotipos y metáforas de última moda, de esas que están “en el candelero”. Los políticos escuchan los rumores del día sacrificando la verdad. “Babaus” (palabra catalana) o “badocos” (palabra gallega), llama la atención su limitada conciencia reflexiva. Son del montón. De ellos afirmaríamos lo que Arendt del criminal Eichmann:
“Solo me llamaba la atención algo negativo…no era estupidez, era falta de reflexión…fue esta ausencia de pensamiento que es tan común en nuestra vida cotidiana donde apenas tenemos tiempo y menos aún la propensión de detenernos a pensar lo que me llamó la atención…”
“Las cosas bellas son difíciles”, dijo Demóstenes (Contra Aristócrates, XXIII) La estupidez y la incultura son una (fácil) negligente ligereza. Al igual que fomentarla. A veces pienso que España se ha convertido en una enorme y engrasada fábrica de imbéciles.
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En las aulas españolas se desea sustituir el derecho a aprender y al conocimiento por el masaje emocional, motivacional, el derecho a divertirse y el no meditado espectáculo tecnológico. Se prima (o desea primar) el forraje bilioso de la autoayuda por encima del estudio. Las aulas devienen en lugares recreativos o parques temáticos.
Los estudiantes (también universitarios), poco o nada saben académicamente, y, gravísimo, no saben escribir con elementales notas de propiedad y corrección, ni desmenuzar un argumento o las evidencias que sustentan ese argumento, ni construir oraciones coherentes. Muestran un empobrecimiento alarmante del idioma oral y escrito, con miríadas de faltas de ortografía, giros expresivos de mero cliché, frases deslavazadas, vocabulario paupérrimo. Y no logran adecuar lo que dicen a lo que quieren decir (dicen, lo que prueba una imposibilidad lógica, que su pensamiento es claro y preciso, pero en cambio la formulación lingüística de ese pensamiento –y no saben por qué- es oscura, vaga y ambigua) Casi ninguno logra idear ni ordenar ni redactar un texto a derechas regulado por un plan lógico. Alarmante.
Resulta un fracaso ser un estudiante incapaz e insipiente. Ser un estudiante incapaz de pensar. Si no sabes escribir no sabes pensar, se piensa con palabras. Vygotsky: “La relación entre pensamiento y palabra es un proceso viviente; el pensamiento nace a través de las palabras” Y utiliza después una metáfora tan hermosa como profunda: “Un pensamiento puede compararse a una nube que arroja una lluvia de palabras”. Pensamiento sin palabra es niebla, sombra. Palabra sin pensamiento, palabra ciega, sin luz. Si no lees no sabes escribir, si no sabes escribir, no sabes pensar. Destruir la capacidad de pensamiento de los estudiantes es poner la premisa para toda futura destrucción
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RADULPHUS GLABER, HISTORIAE, IV, 9-10
¡Oh Universidad irreal! De pelagra y ascariasis.
De carroña se alimentan los alumnos, despedazados,
se cuecen al fuego, las bestias con ellos aplacan su hambre.
Un rocío de sangre arde en los claustros; musgo
en las paredes, hedionda inmundicia en los pasillos,
gramáticos que ignoran el latín y malhechores
por los caminos. Bajo la niebla parda de sus aulas
se yergue la Gran Mente Vacante, revoltijos de libros
usados como leña para calentar las habitaciones.
Una sabiduría de cabolo arriero únicamente alcanzan.
España se transformó en ancha avenida de quincallería.
“No llegarías a encontrar en tu camino los límites de tu alma, ni aun recorriendo todos los caminos: tan profunda dimensión tiene” (Fr. 45, Diógenes Laercio, IX 7)
“El dinero crea el gusto” Eslogan
“El ruido global es indescriptible. Hasta los ángeles, cuya labor requiere, entre otras cosas paciencia y compasión, tienen que ponerse algodón en los oídos. La única opción estética aceptable que le queda a la gente de buen gusto es el silencio y la soledad” Dubravka Ugresic
Construí mi cabaña lejos de la Ciudad
donde la niebla me ocultara sus voces.
Pisando las hojas al pie de los castaños,
paseando entre montañas lejanas,
busco crear soledad, hallar palabras
que logren en mí silencio emérito.
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¿A quién le importan esos mitos
de Zeus y Pitágoras, de stábat o ascetas
enjutos blanqueando tórridos desiertos?
Solo los límites de mi Mente dibujados en la Luna.
“La bibliofilia francesa fue, como otras tantas modas francesas del siglo XVIII, copiada en los medios reales y aristocráticos de Europa entera. Aunque en ningún otro lugar alcanzasen tanto esplendor como en Francia, las costumbres de la corte del rey Sol y sus sucesores fueron imitadas más o menos conscientemente.
Incluso la nobleza inglesa, que se agrupaba en la corte de Jorge I, se encontraba fuertemente influida por las modas francesas; entre sus miembros se encontraban muchos bibliófilos y, como en Francia, la actividad de los coleccionistas particulares tuvo gran importancia para el establecimiento de las bibliotecas públicas. En Inglaterra, sin embargo, se producía la particular circunstancia de que la biblioteca particular del rey no llegó a convertirse, como en otros países, en la biblioteca nacional del país; esta fue creada cuando el parlamento acordó en 1753 la adquisición de la colección de manuscritos y de libros que el médico John Sloane había dejado a su muerte. A ésta se unieron dos importantes colecciones, la de Robert Bruce Cotton y la de Edward Harley, y con ello se puso la base del mundialmente célebre British Museum; pocos años más tarde cedió Jorge II la biblioteca de Palacio, a la que correspondía el privilegio de recibir ejemplares de todos los libros ingleses.
El citado Harley, conde de Oxford, heredó de su padre una extraordinaria colección de libros y manuscritos, aumentada por él en tal medida que a su muerte constaba de 7600 manuscritos, 40000 cartas y documentos, 50000 libros impresos, además de 400000 folletos y varios –un digno paralelo de la colección de La Vallière en París” Svend Dhal
“Al bibliófilo no le asustan ni Internet ni los CD ni los e-books. En Internet encuentra ya los catálogos anticuarios; en CD esas obras que difícilmente podría tener en su casa, como los 221 volúmenes infolio de la Patrología Latina de Migne; en un e-book estaría muy dispuesto a llevarse por el mundo bibliografías y catálogos, disponiendo así de un repertorio precioso siempre consigo, sobre todo cuando visita una feria de libros antiguos. Para todo lo demás confía en que, aunque desaparecieran los libros, su colección sencillamente redoblaría, pero ¡qué digo!, decuplicaría su valor. Por tanto, pereat mundus!
Qué hermoso un libro, que ha sido pensado para ser tomado en la mano, en la cama o una barca, también allá donde no hay enchufes eléctricos, también donde y cuando todas las baterías se han descargado; qué hermoso un libro que soporta anotaciones y esquinas dobladas, que puede dejarse caer al suelo o abandonado y abierto sobre nuestro pecho o rodillas cuando nos acomete el sueño; un libro que cabe en un bolsillo, que se estropea, que registra la intensidad, la asiduidad o la regularidad de nuestras lecturas, que nos recuerda, si se presenta demasiado fresco o intonso, que todavía no lo hemos leído…
Es tarea del bibliófilo, más allá de la satisfacción personal de un deseo privado, testimoniar el pasado y el porvenir del libro. Recuerdo el primer Salón del Libro de Turín, cuando le reservaron todo un largo pasillo al libro antiguo. Visitaban la exposición chicos de los colegios, y los vi pegados a las vitrinas para descubrir por primera vez qué era un verdadero libro, un libro con todos sus atributos en el lugar adecuado. Me recordaron al bárbaro de Borges, cuando por vez primera ve esa obra maestra del arte humano que es una ciudad. Aquel cayó de rodillas ante Rávena y se convirtió en un romano. Me conformaría con que los chicos de Turín se llevaran a casa por lo menos una emoción, acaso una carcoma benéfica” U. Eco
“Turing. A. M. Computing machinery and intelligence. Mind Review, Vol. 59. N 236. 1950. Separata de 300 ejemplares numerados en la contracubierta del importante artículo de Turing que fue traducido al español –y a otros idiomas- como “¿Puede pensar una máquina?””
“Cinquarbres, Jean (1514-1587) De re Grammatica hebraeorum opus, in gratiam studiosorum linguae sanctae methodo quam facilima conscriptum. Parigi, Jacques Bogard, 1546. Testo in latino e in ebraico; caratteri rotondi, corsivi ed ebraici. Esemplare in buono stato di conservazione, alcune carte uniformemente brunite”
“Otro sí, mandamos que de aquí adelante, ningún librero, ni mercader de libros ni otra persona alguna, sea osado traer a estas partes, Biblias o testamentos nuevos de las susodichas impresiones depravadas o de otras que contengan algunos errores, aunque los traigan borrados en la forma que ahora se mandan borrar los errores de la Biblia y testamentos nuevos que al presente hay en estas partes, so las penas en esta nuestra carta contenidas” Francisco Fernández del Castillo
“A los amigos, los días de rastros y encantes, o se los cita para después de faenar, o se les ignora si los vemos aproximarse, salvo que hayan venido con nosotros, eso sí, antes de rayar el alba.
En esto del rastreo de los libros uno es más que nunca corazón solitario, y tiene que estar en guardia, y por entero, pendiente de las emboscadas y regateos de las suertes. Nada tendría que alterar, al menos en mi sistema psíquico, ese auténtico monólogo interior que uno sostiene mientras un libro te lleva a otro y a otro, y de ahí a menudo al precipicio” J.C. Cataño
“Entre los pedidos por Internet de hoy se cuenta uno de los libros más aburridos con los que me topado en mucho tiempo: British Transport Film Library Catalogue since 1966 [Catálogo de películas sobre el trasporte público desde 1966] En sus páginas se incluyen títulos tan apasionantes como AC electric locomotive drivers procedures [Manual del maquinista de locomotoras eléctricas por corriente alterna], Service for Southend [Con servicio a Southend] y Snowdrift at Bleath Gill [Acumulaciones de nieve en Bleath Gill] Pese al sentir general de que los libros sobre trenes son extremadamente aburridos, se encuentran entre los más vendidos en mi tienda. Sus compradores son siempre hombres y la mayoría luce barba. Suelen ser clientes de lo más afables, quizá por el alborozo que sienten al descubrir el tamaño de la sección de libros sobre trenes, que comprende unos mil títulos” S. Bythell
“Montaigne se escapó del modelo de los lectores del Renacimiento. Sus gestos se oponían término por término al de los lectores eruditos: al leer, no llevaba ningún cuaderno de tópicos, negándose a copiar y compilar; no anotaba los libros que leía para localizar extractos y citas, sino que en la propia obra hacía figurar un juicio de conjunto; y además no utilizó, para redactar sus Essais, repertorio de tópicos, sino que compuso libremente, sin enredarse en recuerdos de lectura y sin interrumpir el encadenamiento de sus pensamientos con referencias librescas. No leyó nunca de noche, ni sentado; leyó sin método, y su biblioteca, lejos de ser aquel recurso abierto y movilizador que era toda gran biblioteca humanista, constituía un lugar privilegiado de retiro lejos del mundanal ruido” R. Chartier
“De entre los ilustres ladrones de libros españoles destaca Don Bartolomé José Gallardo, a quien debemos (a su figura y no a su pluma) el término de “bibliopirata”, pues aunque antes yo lo pintara con garfio y loro a la espalda, la voz “bibliopirata” fue usada por primera vez en un soneto que le dedicó Estébanez Calderón a Gallardo y que nos sirve para definir al personaje:
Caco, cuco faquín, bibliopirata,
Tenaza de los libros, chuzo, púa,
De papeles, aparte la ganzúa,
Hurón, carcoma, polilleja, rata;
Uñilargo garduño, garrapata
Para sacar los libros, cabría, grúa,
Ángel de bibliotecas, gran falúa
Armada en corso, haciendo cala y cata.
Empapas un archivo en la bragueta,
Un Simancas te cabe en el bolsillo,
Te pones por corbata una maleta;
Juegas del dos, del cinco por tresillo,
Y al fin beberás, como una sopa
Llena de libros, África y Europa” M. Albero
“Abro la danza de los locos, porque todo a mi alrededor acumulo libros que no entiendo y jamás leo” S. Brandt
“La incultura puede ser para los libros no menos letal que los diversos fundamentalismos. Como escribe Sánchez Mariana: “Si los destrozos de las guerras han sido brutales, no menos destructiva ha sido la acción de la incuria y el abandono, cuando no la barbarie consciente, reflejada en las abundantes mutilaciones que han padecido estos códices en sus iluminaciones, de modo sistemático, quizá entre 1745 y 1870”.
En el siglo XIV Ricardo de Bury se quejaba de que los estudiantes maleducados causaban diversos perjuicios a los libros: mancharlos con mocos, restos de comida y bebida, manipulación con las manos sucias, glosas impertinentes, etc. Hoy hemos ganado en higiene, pero los estudiantes españoles, víctimas –como sus profesores y la sociedad- del gigantesco fraude demagógico de la LOGSE, la Eso y lo de más allá, siguen maltratando y destruyendo libros con tanto éxito como sus colegas medievales.
Barbazán cuenta que en Pastrana apareció una biblioteca emparedada de la que el alcalde-confitero sacaba hojas de cantorales manuscritos en pergamino y las utilizaba como suelo para cocer los bizcochos. En cierto pueblo conquense los dos mil ejemplares de una biblioteca estaban faltos de principio y final, pues habían usado esas hojas como papel higiénico. En los años ochenta del siglo XX, un cura de pueblo de otra provincia asaba los chorizos envueltos en hojas de manuscrito, porque decía que eso le daba un sabor especial…” F. Mendoza
Era tal el caos de mi biblioteca («Librería muy arreglada, librería poco usada»), que mi doméstica, estos días que estuve de viaje, la ordenó en triples columnas en los estantes.
En completo azar ahora las pilas de libros. Busco las cartas de Madame de Stäel que editó y publicó Joseph de Ligne, y me encuentro con «Dinero» de Amis -esa bazofia- o busco un tomito que amo mucho de Henry Saint John, vizconde de Bolingbroke, y solo veo «Saúl ante Samuel», esa otra chuchería de Benet donde se maltrató al castellano con descomunal saña (el supuesto «great style» era una mera parodia sarcástica de sí mismo ) Busco la «Patrología» de Migne o bien la «Summa» de Santo Tomás editada por la B.A.C., y me encuentro con «Beatriz y los cuerpos celestes», de la latinista Lucía Etxebarría. Busco a Wittgenstein y hallo a Jodorowsky.
Mi biblioteca ya carece del orden de las fuentes, o los jardincillos, con algo de morunos o turcos o chinescos, carece de dorados e inscripciones. Ahora es un imperio sin esplendor. Un Luis XVI con el cuello en la guillotina. Un templo sin memoria. Una Babel de caballos desbocados. Una mente con delirium tremens.
Pero la chica puso su mejor voluntad y esfuerzo. Le regalaré una villa con sol limpio. Yo, desdichado, moraré desde ahora en las sombras eternas.
“Estamos habitados por libros y por amigos” D. Pennac
“Los libros tienen los mismos enemigos que los hombres: el fuego, la humedad, los animales y su propio contenido” Valéry
“La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil; el escribir, preciso” Bacon
“Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee” Unamuno
“Por el grosor del polvo de los libros en una biblioteca pública, puede medirse la cultura de un pueblo” Steinbeck
“Vino viejo para beber, sarmiento para arder y buen libro para leer” Anónimo
“Muchos libros son como cadáveres, no huelen” N. G. Dávila
“El que comienza un libro, es discípulo del que lo acaba” Anónimo
“La verdadera vida, la vida al fin descubierta y aclarada, la única vida, por consiguiente, realmente vivida, es la literatura” Proust
“Cuando leemos, Dios habla con nosotros” San Agustín
“Si no tienes tiempo para leer, no tendrás herramientas para escribir” S. King
“En toda vida adulta, debiera haber un tiempo dedicado a repetir las lecturas más importantes de la juventud” I. Calvino
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“El gran misterio de las letras nos da facultad de hablar con los ausentes y de escuchar ahora a los sabios antepasados las cosas que dijeron. Las letras nos mantienen la memoria, nos guardan las ciencias, y, lo que es más admirable, nos extienden la vida largos siglos, pues por ellas conocemos todos los tiempos pasados, los cuales vivir no es sino sentirlos” Fernán Pérez de Oliva
“Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a los seres humanos y, así, defendernos del inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido” S. Zweig
“¿Quiénes seríamos hoy si hubiéramos perdido el recuerdo de todos esos hallazgos (Las Troyanas, o el Arte de amar de Ovidio, o Tácito, Séneca etc…)? Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido” I. Vallejo
“En lugar de ir a París a escuchar conferencias, ve a la Biblioteca Pública y no salgas de ella durante veinte años, si realmente deseas aprender cosas nuevas” Tolstói
“Soy yo mismo, lector, la materia de mi libro…Hace varios años que solo me tengo a mí mismo como objeto de mis pensamientos, que solo me examino y me estudio a mí. Y, si estudio otra cosa, es para aplicarla enseguida a mí; o, mejor dicho, en mí. No hay descripción igual en dificultad que la de uno mismo; ni, a buen seguro, igual en utilidad…Éstas son mis ideas, mediante las cuales no intento de dar a conocer a las cosas, sino a mí mismo…Si hubiera elegido otra cosa, la obra habría resultado menos mía y su fin principal, su perfección, es ser exclusivamente mía” Montaigne
“En el genio del pintor, todo es arte. Pero todo no lo es, en el genio del escritor. Porque el genio delprimero no es más que un genio de pintor, pero el genio del segundo es un genio de ser humano” Joubert
“Los contemporáneos respetan los libros tediosos cuando son pretenciosos y pedantes.
La posteridad se ríe de esos ídolos polvorientos, para venerar, claro está, a los análogos autores de su tiempo” N. G. Dávila
“He concluido un monumento [se refiere a las Odas] más duradero que el bronce y más alto que las regias tumbas de las pirámides, que no podrán destruir las lluvias persistentes, los fríos vientos ni el paso del tiempo con su serie innumerable de años. No moriré del todo” Horacio
“Ya he culminado una obra que no podrán destruir ni la cólera de Júpiter ni el fuego ni el hierro ni el tiempo voraz” Horacio
“Leer en una pantalla Polifemo y Galatea o escuchar sus octavas por teléfono (aunque sea un teléfono muy evolucionado) no lo imagino comparable en su deleite al de irlos leyendo con la rapidez o la demora impuesta por eso que llaman los biorritmos y que a lo mejor no es lo que yo pienso: esa conciencia imparable entre el gusto y la gana” G.T. Ballester
“Tenemos tendencia a olvidar que los libros, eminentemente vulnerables, pueden ser borrados o destruidos. Tienen su historia, como el resto de las producciones humanas, una historia en cuyo germen contiene la eventualidad de un fin” Steiner
“Había hombres capaces de ayunar cuarenta días por el gozo de oír el canto de un mirlo. Hay hombres capaces de atravesar la llama con tal de encontrarse con una prímula o un libro” Chesterton
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“RETIRADO EN LA PAZ DE ESTOS DESIERTOS, CON POCOS, PERO DOCTOS LIBROS JUNTOS, VIVO EN CONVERSACIÓN CON LOS DIFUNTOS, Y ESCUCHO CON MIS OJOS A LOS MUERTOS.
SI NO SIEMPRE ENTENDIDOS, SIEMPRE ABIERTOS, O ENMIENDAN, O FECUNDAN MIS ASUNTOS; Y EN MÚSICOS CALLADOS CONTRAPUNTOS AL SUEÑO DE LA VIDA HABLAN DESPIERTOS.
LAS GRANDES ALMAS QUE LA MUERTE AUSENTA, DE INJURIAS DE LOS AÑOS VENGADORA, LIBRA, ¡OH GRAN DON JOSEPH!, DOCTA LA IMPRENTA.
EN FUGA IRREVOCABLE HUYE LA HORA; PERO AQUÉLLA EL MEJOR CÁLCULO CUENTA, QUE EN LA LECCIÓN Y ESTUDIOS NOS MEJORA”
Me leí hoy «Consejos a un joven científico«, de Sir P.B. Medawar, Crítica (colección Drakontos)
Los humanistas literarios suelen tener ideas distorsionadas de lo que es y hace un científico, llenas de mitología popular y desconocimiento. En la literatura abunda el científico loco o malvado, o bien personalidades calculadoras, meros registradores de hechos casi indiscernibles del alma de un autómata. Pero en los laboratorios, aulas y bibliotecas de los centros de investigación del mundo se desmienten estos tópicos.
El científico es un ser creativo y apasionado como un poeta que, en lugar del ritmo o la cadencia o la metáfora, trabaja imaginativamente con las hipótesis, de cuyo enamoramiento irracional puede sacar dolorosas consecuencias.
Hace experimentos BACONIANOS (trastocar hechos, mezclarlos), experimentos GALILEANOS (experimentos cruciales que pueden derribar una hipótesis o una consecuencia lógica de la misma), y experimentos KANTIANOS (más conocidos como experimentos mentales)
El viejo científico se puede convertir en dogmático, el joven y brillante en un déspota inconsciente. En la ciencia siempre existieron problemas de rivalidad a la hora de evaluar el primero que dio con la solución -si solo había una- o una de las soluciones a un problema.
El autor da consejos sobre cómo escribir un artículo científico, cómo no aburrir en una conferencia, sobre cómo tratar a colegas, de los peligros del chauvinismo y el racismo y el sexismo, nos habla del inveterado mesianismo científico de algunos (algo que se parece al pensamiento arcádico de algunos humanistas), y muchísimas cosas más.
Este libro es un clásico como «Apología de un matemático«, de G.H. Hardy, o, en otro orbe espiritual, como «Consejos a un joven poeta«, de Rilke. Su prosa es opulenta y magnificente. La elegancia del entramado argumental exquisita, selecta y eximia. Su consideración con el lector educadísima. Pasé dos horas hipnóticamente sumergido en la mente de Sir Medawar. Horas de placer que erizaron la glándula pineal. Léanlo, si les parece bien. El libro es tan breve como sustancioso. Un libro opuesto a lo rancio, y adecuado a lo útil, cuya inteligencia no ordinaria renueva nuestra mente con un lenguaje más vívido, y, al hacerlo, nos proporciona una posesión más completa de la experiencia.
Frente al método de los vislumbres y las corazonadas (la ráfaga o rayo mágico que intuye el poeta y lo posee), vienen bien libros luchando por entrar en contacto con la realidad. La ciencia es polifacética, no un estéril subtítulo del mundo, y además pasmosamente bella. A la pregunta que formularon a Leavis “¿Para qué leer literatura?”, respondió en pocas palabras: “La literatura nos hace mejores”. Sustituyamos el término “literatura por “ciencia” y obtendremos la misma conclusión.
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La ciencia es bella. Muy bella. Empezando por la matemática.
Sentenció Kant en la Kritik der reinen vernunft: “Tanto hay de matemática, tanto hay de ciencia”.
La matemática, junto a la poesía, son la más grandes aventuras del pensamiento. Escribió un pionero de la lógica en España, Jesús Mosterín, mi mentor en la Universidad junto a Josep Pla i Carrera, con su típica prosa de relojero, algo que nos solía repetir en los Seminarios: “A diferencia de la ciencia antigua, que buscaba una comprensión cualitativa de los fenómenos, la ciencia moderna se basa en la construcción de modelos teóricos, es decir, matemáticos, de la realidad. La realidad es excesivamente compleja para poder ser directamente comprendida por nuestro limitado cerebro. Lo único que podemos hacer es buscar en el universo matemático una estructura que se parezca en algún aspecto relevante a la porción de la realidad por la que nos interesamos, y usar esa estructura como modelo teórico simplificado de la realidad. Una vez que disponemos de un modelo teórico, podemos traducir al lenguaje de las matemáticas las preguntas que nos hacemos en la vida real, podemos computar la respuesta dentro del modelo y, finalmente, traducir esa respuesta matemática al lenguaje de la vida real”
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G.H. Hardy: “La belleza es la primera prueba que debe superar un matemático: la matemática fea no perdura en ningún lugar” Hardy dedica todo un parágrafo de su Apology (el 10) a la precavida cuestión de la belleza en la matemática, así como una serie de reflexiones dispersas (e interesantísimas) entre los parágrafos 11-19.
Poincaré concede gran importancia a la estética de la matemática en su texto L´invention mathématique. Así: “Por sorprendente que se invoque a la sensibilidad en relación con las demostraciones matemáticas, las cuales, según parece, solo provocan a nuestra inteligencia y no a nuestro sentido estético o de lo bello. Pero eso sería olvidar el profundo sentimiento de la belleza matemática, la armonía de números y formas, la elegancia geométrica. Es un sentimiento que cualquier auténtico matemático conoce hondamente”
Presentir una ley o la demostración de un teorema matemático es como palpar entre los dedos el estremecimiento de la palabra en un poema o la pincelada exacta en un cuadro. El matemático trabaja con las ideas y las ideas envejecen más lentamente que las palabras. La belleza de las matemáticas a mi juicio está muy ligada al conocimiento íntimo, al dominio muy ahondado de los conceptos. El conocimiento causa emoción. Conocer algo muy profundamente, produce muy profundas emociones. Como señala el músico y profesor y pensador Alberto Royo en un pasaje en que cita a un laudista contemporáneo “ ”Si estás tocando música de Francesco de Milano y miras retratos de personas de la época, vas a ver una profundidad de carácter, unas sutilezas y unos matices en la expresión que no son menos que los que debería haber en la música. Si ves un ángel de Fra Angélico, no solo ves la naturalidad, sino todo un espíritu que a ti mismo te eleva en espíritu y esto es un ideal en cuanto al carácter, la profundidad, la belleza y la capacidad del arte para elevar al espíritu a un nivel superior. Es a la vez un refugio y una inspiración, ambas cosas mano a mano, y todo ello se relaciona con un momento histórico que, una vez has penetrado en él, no tiene límites en sus capacidades expresivas, no estás limitado al año 1530 o 1540; estás en un universo sin límites”. Termina con una frase que ilustra por qué aprender es apasionante en sí mismo: “Nuestra capacidad para aprender y abrir horizontes es infinita: uno empieza a hacerlo, pero nunca termina”.
Y es que el atractivo del conocimiento reside, entre otros factores, en los apasionantes retos que nos presenta, en el enriquecimiento que nos procura Y EN LAS EMOCIONES QUE NOS PROPORCIONA. ES EL CONOCIMIENTO EL QUE NOS PRODUCE EMOCIÓN Y ES A TRAVÉS DE ESTA EMOCIÓN COMO APRENDEMOS A APRECIAR LA BELLEZA”
Decía von Neumann que los éxitos en matemáticas llegaron cuando el criterio de investigación que los guiaba no era la utilidad sino exclusivamente la ELEGANCIA [belleza] intelectual. Exactamente lo mismo ha ocurrido en la historia de la literatura.
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Mi curiosidad no está corrompida; todavía late bajo mis ojos una curiosidad de raíces casi sobrenaturales. No llovió mucho hoy. Me arreglaron algunas pocas tejas movidas. Recordé con mamá a papá. Leí, y pensé en lo que leí. La riqueza de la realidad me apasiona y estremece.
Acuerdo con Mme. De Lambert: “La curiosité est une connaissance commencé, qui vous fait aller plus loin et plus vite dans le chemin de la vérité” (La curiosidad es el inicio del conocimiento que te hace llegar más lejos y más rápido en el camino de la verdad)
Y la hermana gemela de la CURIOSIDAD es la BELLEZA.