Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Me leí estos días atrás El amor al revés, de Luisgé Martín. Memorias sodomíticas del autor. Explica el trance autobiográfico de una homosexualidad en principio no asumida hasta su plena asunción. Leí la novela o crónica con bastante gusto, es entretenida y amena, pero, si debo comentar in modo impressionistico, tipo pulgar arriba, pulgar abajo, admito que me dejó bastante frío. NO ME LLEGÓ.
Todo parece (rescato de mis notas inmediatas de lectura) la vida de un santo gay, con su vía crucis y camino de purgación, concluyendo en una suerte de vía unitiva feliz. Se transparenta muy bien el carácter del protagonista. Es una autobiografía correcta pero no puedo mostrar por ella un entusiasmo fingido o superior al real. Abundan recuerdos, pero sin plan dilucidador, y la conciencia del protagonista lamento creer que se aleja años luz de una conciencia superior, y demasiadas veces es un muestrario de sus (bastantes) limitaciones.
Desolador (aunque humano, comprensible, y lamento la nula empatía) que el secreto más profundo de una psique signifique auto-desprecio. Y muchas veces Luisgé Martín parece más una viñeta de tebeo que un acabado personaje. En el libro no hay –juraría- una visión profunda del mal o del bien, todo se esboza a brochazos de pintor principiante.
La ficción real sugiere que no hay detrás una inteligencia fuerte, una voluntad fáustica o un punto de vista original sobre el mundo y la vida. Hay como una densidad de basalto que oscurece la verdadera visión, la grandeza. Burbujea desolada miseria. No hay ideas espirituales refinadas (muy desdichado, y cruel literariamente, para el escritor español comparar su autobiografía con Confesiones de una máscara del japonés Mishima)
Su mente baila de puntillas sobre las vicisitudes y conflictos (y a trancas y barrancas los solventa) porque no posee una verdadera música sinfónica, sino retazos de cancioncillas pop. Me alegro que el autor haya superado traumas y sinsabores, pero su identidad madura me parece postiza, ritual, manufacturada en serie.
Me alegro que huyera del infierno y alcanzase la autorrealización. Pero me desagrada que no exista singularidad en la concepción de sus escrutinios; todo deriva o acaba en un gay auto-satisfecho, cortado (como millones amontonados) en el patrón LGTB-Chueca.
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La moral novelística sobre determinados temas (racismo, feminismo, clasismo, homosexualidad) propende a sermonear al público. Desde púlpitos amedrentadores (Hollywood, la televisión, la industria editorial o musical) nos urgen a que hagamos limpieza. Se rechazan malos modelos (supuestos malos modelos) y se disemina una moral sexual y de la naturaleza humana cuya no aceptación trae consecuencias desastrosas. Discrepar o matizar X, no aceptarlo sin rasguño crítico, te convierte ipso facto en homófobo, machista, facha…
De esta sutil corriente participa también la obra de Luisgé Martín, novelista por otra parte muy encumbrado y valorado encomiásticamente por la crítica.
Permítanme la vanidad desmedida, la soberbia desmesurada, la presumida petulancia, de observar que mi biblioteca rebosa o casi alcanza los veinte mil volúmenes.
Gasté peculio (no poco) y ojos al formarla, y es mi única hacienda, patria y desvelo. Cuando me vine a vivir a Galicia desde Barcelona, todo un señor tráiler, cargó con decenas y decenas de cajas -entre otros trastos, evidently.
Aunque sobre gustos y colores «non disputandum«, no hay querellas, he de admitir que es una biblioteca básicamente aburrida, a imagen y semejanza del lector que la sueña y vive. Excepto casi un centenar de títulos de libertinos dieciochescos franceses y dos centenares de novelas bizarras y extravagantes, excepto rarezas curiosas y muy divertidas, excepto los anaqueles de la literatura de ocasión, la de mero (y también feliz) entretenimiento, poca miga o chicha tiene.
Abundan los grandes nombres que gustan hoy poco, abundan sofismas inevitables, poesía, y plúmbeos o farragosos ensayos. Mi biblioteca es como una chica que enamora por sus calidades interiores intrínsecas, por su belleza interior, y no por su despechugado y llamativo escote. Es una biblioteca mohosa, tímida, pudibunda, gafuda, empollona, escolar, recatada, de esas que evitan las deliciosas vampiresas gamberras o los chicos malos.
Sería buena herencia para una diócesis y no así para los vestuarios de una sauna. La cultura es una señora vieja, arrugada y antigua, una anciana venerable, con peluca, desprovista o no ataviada todavía (creo) con piercings, tatuajes y cabellos teñidos de verde. La cultura está en trances de desaparecer, sino ha desaparecido y mutado ya, diluida en formas masivas y mercantiles de «divertissement«.
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Los libros, por lo único que vale la pena vivir, tienen, como una navaja multiusos, muchas funciones diferentes. Una de ellas es CONSOLAR. Las palabras de los libros curan a los afligidos, son un método ideal para soportar el dolor, casi ninguna acedía se puede quitar de la mente con un libro esperándote en la mesita de noche.
Los daímones librescos intermedian entre el cielo y la tierra.
Pestañean las luces de Navidad. Ristras de nubes desengañadas y negras de agua encima de la aldea. El invierno pósase como un capuchón frío en la cabeza, las piedras de la iglesia se adensan de niebla, un soldado romano ve pasar al emperador por la Vía Apia.
Sin estupor imaginativo escribió Gómez Dávila: «Al despojarse de la túnica cristiana y de la toga clásica, no queda del europeo sino un bárbaro pálido» ¿Lo sabe mi vecina que cuida a la yegua? ¿quedan rescoldos de eso en el páramo feudal de Nogueira?
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Leyendo el Livro do desassossego adviertes de un mundo de cultura y percepción con otras asociaciones, muy lejos del nuestro, de un pensamiento renuente a las convenciones de la realidad, del fluir, más que de una conciencia de las sensaciones, de las mismas sensaciones ralas, de una desafección absoluta al tópico y los bienes rutinarios, de una imponente mansión de limusinas de la mente, de una dirección de mente particular e intransferible, de una soledad que gobierna regia la existencia, de una conducta terrestre hilada a los cielos (valga la imagen)
Bernardo Soares, el heterónimo pessoano, el redactor de los fragmentos del diario, el contable chato, pero a la vez homérico, es un mundo, crea un mundo, y transcribe un mundo.
Preeminente y con aureola de tela medieval, el protagonista del Libro del desasosiego es muchos personajes y nadie, la Multitud y el Único, una hoja de un árbol de la ciencia jesuita o un papel de Doellinger contra la infalibilidad papal.
Los genios son difíciles de asimilar, repitió asiduamente Bloom.
¿Quién es Pessoa? ¿Existía, entre la multiplicidad de sus yoes, también un yo compacto? Los escolásticos, en la discusión sobre los universales, discutían si la sustancia X era solo la suma de propiedades p1, p2, p3, …. pn, o bien, si, bajo el sumatorio de esas propiedades, TAMBIÉN existía la sustancia X. El oro tiene un determinado color, maleabilidad, masa atómica, punto de ebullición ETCÉTERA, pero ¿además, si ninguna de esas propiedades está presente, también existe el oro?
¿Quién es Pessoa? ¿Componía Pessoa los heterónimos contra su voluntad? ¿Quién fue Pessoa?
“Eu VEJO diante de min, no espaço incolor mas real do sonho, as caras, os gestos de Caeiro, Ricardo Reis e Álvaro de Campos”
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Frente a esta acorazada muralla cognitiva, frente a este detalle de espíritu, Fredéric Martel en su reportaje sociológico y periodístico de la cultura planetaria, globalizada y universal venidera (Cultura mainstream, se titula proverbialmente el libro), dibuja como embuten a las masas una serie de contenidos culturales simplones, zafios, de usar y tirar (así los juzgo yo, no Martel), desligados de la trascendencia, que troquelan e imponen una serie de valores apuntando a lo barato, al chicle fácilmente masticable, a lo general buido, a lo melodramático y artificial, al ketchup y las palomitas.
El autor no ve con malos ojos esta invasión de Shakiras, videojuegos, latin pop, J-pop, y Hollywood en vena, todo por lo civil o por lo criminal. El capitalismo generó formas de consumo de ocio, y el libro de Martel es la constatación que la Alta Cultura está en trances de desaparecer, si no ha desaparecido ya.
El hombre ocioso acepta la industria de las manufacturas. El poder de la sociedad y el consumo destruyen el sueño de la Alta Cultura. La vida real es indistinguible de una serie de Netflix. Lo formulario acaba con lo genuino, el lenguaje enlatado con el lenguaje creador, se evocan las mismas emociones como con un plan preconcebido, la estructura de acertijos es problemática y se prefieren los planos obvios, la crítica se amolda a los tiempos y enjuicia o destaca los paralelos entre Eddie Guest y Eliot, omitiendo sus diferencias, el dinero crea el gusto y el gusto crea el dinero, ETCÉTERA
Todo lo que no sea arte medio es arte esotérico. Todo lo que sea arte bajo es arte valioso. Multitud de ilustres pensadores defendieron o defienden la cultura de masas. Yo no soy ni ilustre ni pensador.
Bernardo Soares queda arrinconado en las estanterías mohosas de la historia, y relucen ahora nuevos bibelots como Piratas del Caribe, Eurodisney, o los talk-shows de Al Yazira o la CBS.
Pessoa es denso, no es entretenido como El Código da Vinci, no es comprimible en un tuit. ¿Dejará la cultura de contar con los Tolstoi, Homero, Cervantes, Quevedo, Cernuda, Proust, Kafka y todos sus pares? Para millones de personas eso solo son sombras, nombres, o más bien nada. Claro que el mismo fenómeno sucedió igual a lo largo de la historia. El analfabetismo en España en 1900 superaba el 50% de la población. Pero la educación universal y gratuita nos convirtió, no en seres más doctos, sino en sosias de Jorge Javier Vázquez.
Un pasado (para una élite minoritaria) sin promesa de futuro (para una abrumadora mayoría; siempre quedarán islotes de resistencia pessoanos en cualquier época futura)
Contraponer el hoy de Martel con el ayer -cercano- de Pessoa produce escalofríos. Los tentáculos de la Bestia son sólidos y se presume que imperecederos. La mediocridad genera mediocridad y almas mediocres. La mediocridad tocando el espíritu es como un arroyo sucio sin ninfas ni trasgos, solo plásticos, botellas de Coca-Cola y canciones de la Cadena Dial. Angelina Jolie y Superman bajaron de su peana a Bach, Venus y Zeus.
Estuve leyendo anoche «La inútil lectura«, de Carlos Skliar, mármara.
El ensayo no es claro ni inteligible, las ideas están trufadas de pseudo-iluminaciones poéticas, y la filosofía es débil y meliflua imitando sin duda al peor Roland Barthes.
Todo lo que se puede decir se puede decir claramente o bien en un sistema adecuado de símbolos. La expresión clara corresponde al pensamiento claro, y la expresión oscura al pensamiento confuso. Si no lo dices claramente es que no lo entiendes claramente. El ensayismo inglés es un modelo irrenunciable de rigor (y amenidad) intelectual, como no lo son las vacaciones vacuas por la ininteligibilidad galáctica de post-estructuralistas, sean derridianos, lacanianos o demás especies y curiosos animalitos demodé. Estos nombres, escuelas o autores incurren de lleno en el terrorismo lingüístico, en el carajal o embrollo desnortado y pedante.
La tesis del libro es atractiva: los libros no sirven para nada, ni para saber, ni para mejorarnos como personas, ni para promocionarnos profesionalmente, en resumidas cuentas, que la lectura es una solitaria singularidad inútil.
El autor no encadena o arguye argumentos de modo ordenado y explícito. En base a intuiciones elípticas, creencias sin fundamentar en hechos o papers científicos, sub-tesis mongoloides, inferencias catatónicas, acumulación de escombros, así, totum revolutum, va mezclando algo que desearía sonara como sutil música pero que en realidad son chirridos que acaban en papilla densa o engrudo intragable. Se percibe el tomito como una morcilla rellena de cebolla sucia, indigesta, reseca, una pasta irracional con un pegamento barato muy lábil; el engomado envasa ideas flotantes, souflé, e inconsistentes.
El autor se desparrama en una ensalada de palabras; lo que técnicamente llaman los psiquiatras al estilo lingüístico de algunos esquizofrénicos: “ensalada de palabras” (mezcla casi arbitraria de palabras con poco orden sintáctico)
Una máxima de Epicteto observa que el filósofo es un hombre a quien si escuchas te hará probablemente más libre que todos los pretores juntos. Los epiqueremas de Skliar te harán probablemente más esclavo que todos los dictadores bananeros juntos.
Carlos Skliar posee una mente embrujada por la dimensión más estética y del feísmo más ilógico del lenguaje que por su dimensión cognitiva y clásica (inventio, elocutio, dispositio). Por ejemplo, y tomado al azar, leemos en la página 98: «Aprender que la lectura es un silencio-aullido que nos hace regresar, atónitos y afónicos, hacia los laberintos sin salido. Leer para encontrar la escritura de un mundo anterior, inabordable, que nos precede, encoge y acoge«. O bien leemos en la página 24: «Conocer: un concepto que se sostiene por la fuerza bruta de todo aquello que no es mirado, por la banalidad de considerar solo aquello que está en nuestra frente, o por lo que se dice pero se vuelve indiferente a las palabras. Pero leer no es conocer, sino percibir, adentrarse en la desobediencia del lenguaje, y quizá pensar«. Y todo así seguido, con ese tono oracular, ebrio, de casco de bombero bajo el árbol de Buda, apartándose las palabras y los conceptos del uso común y sin estipular uno nuevo, usando unos obiter dicta nunca justificados, ni decentes ni cabales ni inteligentes.
Infortunadamente compré el libro por el título, sin inspeccionarlo en la librería como es mi costumbre, atraído por la edición, mema y compulsivamente. No dejo de pensar que contribuí al éxito de un libro malísimo. De un “salivas”. De un estilo de libro o tipo de escritura ensayística tercermundista, ya muy desfasada. Leí el libro entero, más que nada por echarme unas risas. Lo regalaré.
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También estoy leyendo la novela «El museo de la inocencia«, de Orhan Pamuk, Mondadori. Voy sobre la página 70 -la empecé a las 5 de la mañana. Afortunadamente la novela parece que ahora empieza a tomar aliento. Hasta aquí poco difería de un culebrón turco de ésos de lujo, erotismo naif, romanticismo sentimental y plano, y amor arrebatado e irreal, amor de cliché tontaina à la Barbara Cartland. Carmen de Icaza nos contestó sobre si deberíamos leer a Pamuk o no, al abogar por no desdeñar estas narraciones para la educación de las hijas. Dijo en una entrevista: «[Mi hija] empezará pronto a leerlas. No veo ningún daño en que crea que los millonarios se casan con su mecanógrafa, cuando está colmada de virtudes»
La traducción es un horror, de juzgado de guardia ¿Contrató el editor a un traductor solvente o bien se limitó al GOOGLE TRANSLATE “Turco-Español”? Usa machaconamente la forma «había + participio» («había comido» en lugar de «comí», «había cantado» en lugar de «cantó»), incluso a veces en tres ocurrencias en la misma frase, eso por no mencionar los inelegantes «en el cual», «por los cuales», «entre lo que», y otras fórmulas expresivas y construcciones sintácticas que convierten la lectura en un tren traqueteante pasando por un túnel oscuro.
Si la belleza, según Tomás de Aquino, sumaba las notas de “debita proportio sive consonantia”, “convenientia partium” y “claritas”, el lenguaje de este libro es una hoja de berza repleta de orugas o bien como el retrato de Carlos II pintado por Carreño.
Suena todo a un castellano verboso, fatigoso, nada ágil, pesado de un modo innecesario, de fluencia artificial (hay frecuentes giros oracionales muy bulbosos, más feos que Picio); el español es enervante, de coche gitano, de “quiero y no puedo”, igual al atestado redactado por un inculto Guardia Civil en los años cincuenta.
Se percibe la traducción, no como hermosa transparencia feliz, sino como barrera o muro con vidrios cortados en su punta; infranqueable, insalvable; no les engaño al advertirles que leemos un español enladrillado, un idioma que en vez de jaeces parece que le ponen pelagra.
Mondadori (“Timodori”) debiera cuidar la edición, pues los fallos no son sutiles ni de ocasionales y rebuscadas filigranas intelectuales, sino autoevidentes, groseros, muy campanudos. Regalaré el libro sin acabarlo de leer. Uno se gasta sus buenas perras en libros y….En fin, la Carnicería Pascualín.
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«Quand une lecture vous éléve l´esprit, et qu´elle vous inspire des sentiments nobles et courageux, ne cherchez pas une autre règle pour juger de l´ouvrage: il est bon et fait de main d´ouvrier» La Bruyère
«Cuando una lectura os arrebata el espíritu y os inspira sentimientos nobles y animosos, no busquéis otra regla para juzgar la obra: es buena y se debe a mano de artista»
Lo que me han inspirado ambos libros son ganas de volver a ver a las “velinas” siliconadas de Tele 5 en vez de seguir leyendo. Y también el sentimiento noble de fusilar a los dos escribidores o, disyunción inclusiva, a sus capitostes y ejecutivos editoriales. En fin, Cultura Rin Tin Tin.
Mamá está encamada, enferma y deprimida. Se negó a cenar. Yo, tumbado en la cama desde las 8, supurando tristeza. Todo el día lloviendo en la aldea. Humedad, frío y soledad. Chasquea la madera de la casa, oigo el viento moviéndose entre los árboles, escucho el sonido (amortiguado) de la caldera del sótano. Mi mente divaga errabunda; sintetizo mi estado emocional en dos conclusiones, a la vez algo contradictorias y algo complementarias:
Ningún hombre apegado a las convenciones y costumbres familiares puede llamarse completamente libre
Ningún hombre no apegado a las convenciones y costumbres familiares puede llamarse completamente feliz
Aunque sonara el móvil no lo oiría; o está en el salón o guardado neuróticamente en algún cajón. Tan malo es -vuelvo a divagar- (i) llenar el vacío SOLO con cosas, como (ii) llenar el vacío SOLO con más vacío.
A la cabeza acude una estrofa de Wordsworth: “El pulso de un bosque de primavera / puede enseñarte más del hombre, / de lo que es el mal y el bien, / que todos los sabios del mundo”. Hace un rato tenía una ventana abierta en mi computadora mental acerca de Zoltan Istvan, filósofo transhumanista à la page que afirma que políticos, artistas y no sé cuánto (o cuántos) más, serán sustituidos MEJOR por la AI. Oscilo, voy cliqueando, surfeando en veloz pizzicato en mi encéfalo entre uno y otro, Istvan y Wordsworth, Wordsworth e Istvan…
Lema grabado en mi exlibris, en un anillo y en el epitafio de mi tumba.
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¿De mí se dirá, acaso en la Academia de la Luna: “Etsi solitarius more erat, notissimi sunt sui libri et suae tractationes. Cum adiutoribus suis latine loqui solebat. Requiescas in pace, magister!?
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fabula, nec sentis, tota iactaris in urbe,
dum tua praeterito facta pudore refers.
tempus erat, thyrso pulsum graviore moveri;
cessatum satis est – incipe maius opus!
materia premis ingenium. cane facta virorum.
«haec animo,» dices, «area facta meo est!»
quod tenerae cantent, lusit tua Musa, puellae,
primaque per numeros acta iuventa suos.
nunc habeam per te Romana Tragoedia nomen!
inplebit leges spiritus iste meas.
Hactenus, et movit pictis innixa cothurnis
densum caesarie terque quaterque caput.
altera, si memini, limis subrisit ocellis –
fallor, an in dextra myrtea virga fuit?
‘Quid gravibus verbis, animosa Tragoedia,’ dixit,
‘me premis? an numquam non gravis esse potes?
inparibus tamen es numeris dignata moveri;
in me pugnasti versibus usa meis.
non ego contulerim sublimia carmina nostris;
obruit exiguas regia vestra fores.
OVIDIO, Amores, Libro III
En traducción prosificada:
“Sin percatarte eres la fábula de toda la ciudad, cuando falto de pudor relatas tus trapisondas. Ya es tiempo de que empuñes el tirso con vigoroso aliento, harto has descansado; acomete empresas de mayor brío. Achicas tu ingenio con la insignificancia de los asuntos; celebra las hazañas de los héroes, y gritarás con razón: «Tal gloria estaba reservada a mi esfuerzo» «Tu ilusa juguetona se recrea en componer cantos que repiten las bellas, y en tan frívolo empleo pasaste la primera juventud. Ya es hora que por tu genio conquiste un nombre la tragedia romana; lo tienes de sobra para desempeñar tan alta misión.» Así dijo, se irguió arrogante en los nobles coturnos y sacudió tres o cuatro veces la cabeza poblada de espesa cabellera. La otra, si mal no recuerdo, sonrió mirándola de reojo. ¿Me equivoco, o llevaba en la mano una vara de mirto? «Orgullosa Tragedia -le responde-, ¿por qué me intimidas con frases amenazadoras? No puedes dejar un momento tu severidad. A pesar de esto te has dignado acudir al empleo de medidas desiguales, y me has atacado con los versos que me son propios. Yo no pondré en parangón tus cantos sublimes con los míos; tu suntuoso palacio aplasta tu humilde cabaña”
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“Posteaquam autem sermone variis de rebus habito, ac deambulatione illa iucunda non nihil temporis consumpsissent, et amoenitate loci, qui toto anno virescens Dilia flumine propter laetissima prata leniter decurrente irrigatur, invitati consedissent” aseveró Sebastián Fox Morcillo.
O sea: “Después de charlar sobre asuntos variados y pasar un rato en aquella agradable caminata, se sentaron, invitados por la amenidad del lugar que, lozano todo el año, riega el río Dilia al correr suavemente por las fértiles praderas”.
Como escribe Montaigne, “allons conformemente et tout d’un train mon livre et moi”. Vamos plenamente de acuerdo mi soledad y mi lectura.
POR LA FÉRTIL PRADERA DEL ESTUDIO Y LA SOLEDAD CAMINO.
Mi pío, ingenuo e irreal deseo para el nuevo año, es no tener que constatar (una verdad que jamás será mentira) lo que Clemente de Alejandría (Strom V3, 17, 655 p):
«Pues el vulgo no tiene juicio inteligente ni justo, ni bello, sino que en pocos hombres podrías encontrarlo«
«El amor es un círculo bueno que gira eternamente de bien a bien» Dionisio Aeropagita
«Esplendor, verdor y alegría desbordante» Orphyca, Hymnos 60
Valgan estas palabras como preámbulo (y deseo) para este día de Nochebuena.
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Vivo inmerso en una especie de percepción o delirio de aculturación, donde la nueva cultura adquirida es la de los bárbaros asiáticos frente a la de los griegos civilizados.
Torpe, de pelambre hirsuta, ideas pastosas y lentas, uñosas manos con que trizan su inteligencia, así veo al 99% de la gente; un delirio en verdad irracional y sin refrendo empírico. Con cabecitas como hidras vacuas o furias con cerastas y rabo peludo. Así los veo, viviendo en el infierno de la ignorancia, de aquello que no saben, pero obligatoriamente debieran saber. Averno: “Donde su gusano no muere y el fuego no se extingue” (Marcos, 9, 48)
Época mendaz, zullona, con intensos rebuznos, tontorrona, donde reina la zupia (chusma, plebe -donde triunfa lo más ruin y despreciable que encontramos entre la gente.) Ganan y gobiernan los “sinsolillos”, como llaman en Andalucía a los necios. Parece el mundo y España un plano diseñado por pasmarotes babeando y perdidos en mitad de un patatal.
Si dividiera en aetates (edades) la Historia, la primera edad sería la que va desde la caída de los ángeles hasta el fin del diluvio; la segunda, desde el fin del diluvio hasta Alejandro Magno; la tercera, desde Alejandro Magno hasta la decapitación de Luis XVI; la cuarta, y última, de Luis XVI a nuestro próximo (y seguro) fin. Un fin y declive donde, como afirma una profesora de Humanidades de la Duke University: “Ya no logro que ningún alumno sea capaz de leer un libro entero”
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En la carta 322 (PL 182, 527/8) felicita Bernardo de Clairvaux a un joven noble que abandona voluntariamente sus lujos y se recluye en un convento a la busca de sabiduría. Le dice en cierto pasaje: “Corrumpunt bonos mores colloquia mala. Propterea, quantum poteris, fili, confabulationem hospitum declinato, quae, dum aures implent, evacuant mentem” (Las charlatanerías malignas corrompen las buenas costumbres. Por consiguiente, evita en lo posible, hijo mío, las conversaciones con tus huéspedes, que, mientras llenan los oídos, vacían el espíritu)
Si tuviera valor no dirigiría ni una palabra más a mis bobillos coterráneos.
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ARCHIBALD HIGBIE
Te desprecié, Spoon River. Traté de elevarme por encima de ti:
me avergonzabas. Te detestaba
como lugar de mi nacimiento.
Y allí, en Roma, entre los artistas,
hablando italiano, hablando francés,
a veces me parecía que me había librado
de todo rastro de mi origen.
Me parecía que estaba llegando a las cimas del arte
y que respiraba el aire que respiraron los maestros,
y que veía el mundo con sus ojos.
Y, sin embargo, examinaban mi obra y me decían:
“¿Hacia dónde vas, amigo mío?
Tus caras unas veces parecen de Apolo
y otras tienen algo de Lincoln.”
Y es que en Spoon River no había cultura,
y yo enrojecía de vergüenza y guardaba silencio.
¿Y qué podía hacer yo, de la cabeza a los pies cubierto
y oprimido por la tierra del Oeste,
sino soñar, y pedir nacer de nuevo
en el mundo, con todo lo que Spoon River significa
arrancado de mi alma?
Edgar Lee Masters, Antología de Spoon River
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VERSIÓN DE CHRISTIAN, ESCRITOR DE LAS REDES, DE MATSUO BASHO
Lo mismo que Aristóteles opinó negativamente sobre Cleón, se puede decir del nefasto y vil Sánchez, talabartero pronto para la trampa y el engaño, y el enredo y la mentira más rapaz:
«…y al frente del pueblo Cleón, hijo de Kleainetos, que se cree fue quien más dañó al pueblo con sus impulsos apasionados, y fue el primero que vociferó y dio gritos en la tribuna y profirió insultos, y hablo ceñido, siendo así que todos los demás habían hablado con decoro.»
Un groupe social contre le gouvernement , un courant d´opinion et le gens simplement raisonnables; con esto poco me conformo.
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«El demagogo es una figura peyorativa: es conducirlo mal (en definitiva, conducirlo mal tras fracasar en el empeño de conducirlo adecuadamente). El Demagogo se deja llevar por su propio interés, por el deseo de medrar en el PODER, enriquecerse. Para lograrlo echa ABAJO todos los principios, todo LIDERATO genuino, y MANEJA a la gente de cualquier manera (en palabras de Tucídides)”
Moses I. Finley
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Exhortación a los soldados antes de entrar en batalla; ¡pobre España!: «Cum proelium inibitis (moneo vos ut) vos divitias, decus, gloriam, praterea LIBERTATEM atque PATRIAM in dextris vestris portare» Salustio, Bello Catilanarium, 58
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«El fútbol es popular porque la estupidez es popular» Borges
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«Poco a poco, he ido viendo claro cuál es el defecto más general de nuestro tipo de formación y de educación: nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña, a soportar la soledad» F. Nietzsche
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«Lo que más odia el rebaño es aquel que piensa de modo distinto; no es tanto la opinión en sí, sino la osadía de querer pensar por sí mismo, algo que ellos no saben hacer».
Arthur Schopenhauer
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«A mí las mujeres que sólo destacan por su fisico no me dicen nada. De hecho, no me dirigen la palabra».