Diario de un esquizofrénico XIV

(Malures de la gent de lletres)


Si son hombres de letras, giorno dopo giorno, se recluirán en la acedía, y la Luna de palabras malvadas solo les traerá estas letras del Diario de Amiel: “Un paso más: un día más hacia la tumba”.

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Leo en un dietista norteamericano de finales del siglo XIX: “Los intelectuales deben comer pocos sándwiches descortezados, y de no más de 5X5 cm; las violetas confitadas y las tartaletas de frambuesa les irritarán el colon; poco pavo, y, la leche, siempre desnatada

Asimismo en el opúsculo de Monsieur Tissot, De la Santé des gens de lettres (1ª ed., 1768) se recomienda que los letrados no se alimenten de bestias de carne tierna, excepto el pato y la oca. Y se insiste en lo recomendable del pescado con escamas, los peces de lago, las anguilas, el apio, las uvas, las moras, y, sobretodo, y en grandes cantidades, la achicoria y los albaricoques. Tissot desvela multitud de historias clínicas penosas de jóvenes, extrêmement attaché aux études, que sufren flojeras y parálisis al presentarse la Canícula, asquerosa serosidad en las circunvoluciones cerebrales, y, no se asusten queridos colegas, todos con signos de una lamentable y penosa calidad en su líquido seminal. Con el plexo cordial inflado de sangre y la cabeza llena de pájaros. Son tipos, encima, la mar de tristes.

Famosa es la relación que quiso ver Aristóteles entre el genio y la melancolía. El texto se encuentra en el primer capítulo del libro XXX de los Problemata y ha sido llamado por algunos «una monografía sobre la bilis negra».

Marcel Proust, en el segundo tomo de su memorable obra En busca del tiempo perdido, escribe: “Soporte ser llamada una mujer nerviosa. Usted pertenece a esa familia magnífica y lamentable que es la sal de la tierra. Todo lo que conocemos de grande, nos viene de los nerviosos. Son ellos y no los otros quienes han fundado las religiones y compuesto las obras maestras. Nunca el mundo llegará a comprender lo que les debe y, sobre todo, aquello que han sufrido para dárselo. Apreciamos las músicas sublimes, los bellos cuadros, mil delicadezas, pero no sabemos lo que ellas han costado a aquellos que las inventaron» Descripción maravillosa que contrasta el agobio melancólico frente a la brillantez.

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Transcribo a continuación el insinuado y mediocre poema de mi bisabuelo Luis Sanz Leví, militar, poeta y matemático (además de repetido suicida frustrado):


CENA DE LOS GUSANOS

Adiós ilimitadas cámaras del amor,
piedras de la Universidad de Salamanca,
mórbidas tardes de razón pura; mi Obra
no brilla, del Halley se alejó la estela.
Brindo con mi última copa de coñac.
Mañana, en el diario, leeréis mi obituario.
¿Qué bastiones levanté que pudieran
ir más allá de mí, qué pilastras sostendrán,
frente al mar y la tierra, mis ensayos de Álgebra?
Apenas frío aguarda tras el alba.
Casi nada a casi nadie lego.
Apenas la calor refrescará en la mañana.

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No seamos solitarios, ociosos, ni estudiosos. Tengamos suma precaución. Burton, en Anatomía de la melancolía, cita los peligros del gusto por el aprendizaje, el estudio excesivo, y divaga sobre la miseria de nosotros, lectores a perpetuidad. Nos recuerda que a los estudiantes aplicados y apasionados les afecta normalmente la gota, catarros, reumas, caquexia, bradipepsia, ojos enfermos, piedra, cólicos, indigestiones, estreñimiento, vértigo, flatulencia, consunciones, y toda la gama de enfermedades que proceden de estar demasiado tiempo sentados. Burton advierte que son en su mayor parte débiles, secos, tienen mal color, gastan su fortuna, pierden el juicio, y muchas más cosas que no mencionaré para no desanimarlos o entristecerlos.

Sin duda es mejor holgazanear en una tumbona en la playa o en un resort bajo palmeras en Cancún que trastear con libros. Tocar la mandolina, sestear en un picnic, zamparse profiteroles, pinchar en una discoteca de Ibiza, hipnotizarse ante jóvenes de pechos rosados, admirar a volatineros chinos, cuidar pámpanos y tulipanes, son, y hay multitud más de alternativas, mejores actividades y razones para vivir que criar ancho nalgatorio, posadera, asentaderas o trasero gordinflón y adiposo, de tanto estar arrellenados en la butaca estudiando cientos de horas trapaceros codex de cualquier materia imaginable.

Enjutas almas de prosa de código civil las nuestras. Amartillada nube negra nuestra indolencia. Aceitoso Bidasoa nuestra boca sin labios a los que besar.



Despierta y no leas.

Están advertidos.

Diario de un esquizofrénico XIII

La propensión a saber poco y hablar mucho parece moda fatal. Teofrasto escribió de modo iluminado: “La rusticidad parece ser una ignorancia carente de modales. El rústico es un hombre capaz de asistir a la asamblea, después de haber ingerido unas gachas, y asegurar que ningún perfume huele mejor que el tomillo [“kykeón” se traduce por gachas; era un plato muy apreciado por los campesinos. Se componía, entre otros ingredientes, de harina y tomillo] Calza unos zapatos mayores que su pie y habla con un gran vozarrón […] Cuando se sienta, se remanga la ropa por encima de las rodillas, de forma que quedan al descubierto sus desnudeces [hoy iría en bermudas a la iglesia, en patinete y en jeans a la ópera] No se inquieta en la calle, pero se queda patidifuso cuando ve un buey, un asno o un macho cabrío [hoy: cuando ve en la tele a Alba Carrillo o asiste a un concierto de Daddy Yankee]”

Parece un artículo constitucional ser patán, y rústico, vestirse descuidadamente imitando a los vagabundos, aunque seas rico, y a ser posible, ir tatuado, sin lavar ni duchar, abandonado a la roña, los eructos al beber, y el sobaco velludo si eres feminista histérica.

Si uno tiene la temeridad de afearle la conducta a alguien, te contestarán como dijo aquel rey de Macedonia al perder con ignominia una batalla: “¿Pero tú crees eso?” [Si ocurre mañana: un navajazo y te rompen la cara]

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De alguna manera la instrucción y el Conocimiento contienen una fuente de autonomía que desprecia la opinión pública. Descubrir la verdad conforme a la naturaleza acaso sea una bella (y utópica) idea de Conocimiento. La profundidad cultural, el análisis intelectual, son los caminos regios para la Libertad. Investigar no intimida las convicciones, alimenta las dudas, atesora anti-cuerpos contra la charlatanería: buscar la excelencia es una forma redonda de buena vida.

El Conocimiento posee indudables notas conservadoras. Educar es conservar lo viejo para, a partir de ahí, construir lo nuevo. Sin tradición no existe ni la creación ni la educación. Hannah Arendt, que lo supo bien, arguyó un argumento compactísimo sobre la crisis de la educación, que, con el tiempo, no ha hecho más que agravarse:

La verdadera dificultad de la educación moderna estriba en el hecho de que, a pesar de toda la charlatanería a la moda sobre el nuevo conservadurismo, es hoy extremadamente difícil apoyarse en ese mínimo de conservación y en esa actitud conservadora sin la cual la educación es simplemente imposible. Al respecto hay buenas razones. La crisis de la autoridad en la educación está estrechamente ligada a la crisis de la tradición, es decir, a la crisis de nuestra actitud frente a todo lo que respecta al pasado. Para el educador este aspecto de la crisis es particularmente difícil de sostener, pues él es el encargado de mantener la ligazón entre lo antiguo y lo nuevo: su profesión exige de él un inmenso respeto hacia el pasado.

En el mundo moderno, el problema de la educación está en el hecho de que por su naturaleza misma la educación no puede prescindir de la autoridad ni de la tradición, y que debe, no obstante, ejercerse en un mundo que no está estructurado por la autoridad ni retenido por la tradición

Seguimos el camino sin saber de dónde venimos. De ahí solo puede nacer el retroceso y la decadencia.

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Me encanta la definición de Mathew Arnold de Cultura que apostilló en un elegíaco 1869, con su metissage delicioso de moral y política: “dado que la cultura tiene su origen en el amor a la perfección, consiste en un análisis de la perfección. No se mueve mera o primordialmente por el impulso que le imprime la pasión científica por el conocimiento puro, sino asimismo por la pasión moral y social que induce a hacer el bien

Este sentido de la excelencia civilizada debiéramos extenderlo a las películas que vemos, los libros que leemos, el ocio a que aspiramos, la comida que degustamos, las ideas que nos guían, o las costumbres y modelos que anhelamos tener. Me gustan las personas con un carácter fortalecido en una cultura viva.

Leer un libro no basta para saber leer. Hay que contar con la educación requerida para entenderlo.

Estos días en la prensa polemizan profesores “pedagogistas” y aquellos que abogan por la ilustración como fin de la educación. El sabio profesor Luri nos recordaba a todos, con delectación de apología volteriana: “A quien le daña el saber homicida es de sí mismo” Calderón; “La entretenida tarea de valorar las ideas adquiere el carácter de una misión moral, como la desfacer entuertos” Eduardo Nicol; “Yo, con erudición, ¡cuánto sabría!” Espronceda. Ojalá llegan a buen puerto las discusiones y las autoridades hagan algo y arreglen el desastre sin paliativos en que se ha convertido la educación en España, y el Conocimiento sea –Dios me oiga- el REGNUM HOMINIS para estudiantes y profesores.

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En un cuento anticipaba Forster un mundo tecnológico que nos conectaba a todos, pero nos encerraba en nuestras casas. De esta locura (ante el telefonino o frente al ordenador, pasaría en nuestros días) concluía: “la máquina funciona […] pero no para nuestros fines”.

Una sociedad abobada tecnológicamente y sin Conocimiento también es una sociedad donde peligra la democracia. El público moderno no sigue los contenidos deliberativos, la información deviene en residual. Aunque no vivimos una época de histrionismos asesinos ni kitsch lapidario (Hitler o Stalin), sí que nos regimos por mera y automática publicidad emocional, y por guiones semi-goebbelsianos ¿Se reflexiona en y con el lenguaje sobre las afirmaciones políticas -análisis racional-, o bien nos limitamos a VER sin PENSAR, a asistir al ESPECTÁCULO y pasar el tiempo, distraernos y divertirnos?

Un mordaz Eugenio Montale observó hace 61 años: “Cada vez se leen menos libros mientras que es muy elevado el número de lectores de periódicos, revistas, fascículos y otras publicaciones de esta índole [Lo reciente: plataformas digitales como Tuiter y fragmentos de periódicos digitales] Pero esta clase lectores no lee: mira, observa [En la actualidad: navega]. Contempla con una atención cómica, cuando en realidad saben leer; sin embargo, solo miran y luego lo tiran todo a la basura”.

La democracia tiene un máximo de oclocracia y un mínimo de epistocracia. Pende como espada de Damocles la influencia de los ignorantes. La democracia derivó en plutocracia, en burocracia, en mercadocracia, en “doxocracia”. Ningún demócrata se jacta de haber tenido una vida feliz por haberla pasado junto a Platón, Tucídides, Auden, Gauss o Pierre Grimal. Presumen de su íntima familiaridad con el Dandy de Barcelona y Messi.

Viene a huevo un poema:

PANORAMA DE LA CIENCIA ESPAÑOLA

¿Qué fue de aquel varón, dime Musa,

que por extrañas tierras y naciones

anduvo peregrino, conociendo

vidas y costumbres, después que hubo

destruido ya la sagrada Troya?

Llegó a casa y feliz púsose Tele 5

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Russell:” Los hombres del pasado eran a menudo limitados y provincianos en el espacio; pero los hombres que dominan en nuestra época son provincianos en el tiempo. Sienten por el pasado un desprecio que no merece y por el presente un respeto que aún merece menos

Y recuerdo también como se asombró, asombrándonos a nosotros, sobre la gloria homérica del Conocimiento y sus poderes:

«We know very little, and yet it is astonishing that we know so much, and still more astonishing that so little knowledge can give us so much power.”

Palabras que se tendrían que labrar en oro.

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Nota bene: Nada es mezquino ni ninguna hora inútil, ni oscura es siempre la aventura de la vida. A veces hay sol en la esquizofrenia. Ni una palabra sobre ella en mi Tagebuch. Buena señal.

Los libros

«forme bella e regolate»

«étalage du moi»

Vibrato de los ojos y las letras,

álbum coronado de pájaros;

nos concedéis vuestras páginas

incendiando instantes de oro.

Yo seré olvidado recóndito y

envejecido. No rompas, Muerte,

los cálamos, no rasgues, Talía,

los Libros. A mi tumba iré

con Imaginación y Memoria

leída en vosotros…y montones

de palabras portentosas de agua.

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Libros en la languidez de la Noche.

Su ternura misteriosa apremia

y la mente la acerca en secreto.

Como una muchacha muy hermosa

van desparramando Alegría,

refulgen cual amatistas en su Biblioteca.

Todo igual al claro de Luna alumbrando

el papel y la piel príncipe del Poeta.

Libro delle cose

“Leggendo non cerchiamo idee nuove, ma pensieri già da noi pensati, che acquistano sulla pagina un suggello di conferma. Ci colpiscono degli altri le parole che risuonano in una zona già nostra – che già viviamo – e facendola vibrare ci permettono di cogliere nuovi spunti dentro di noi” Cesare Pavese

“È un viaggio per viandanti pazienti, un libro”, Alessandro Baricco

«Il mondo è un libro e quelli che non viaggiano ne leggono solo una pagina” Sant’Agostino

“Interrogo i libri e mi rispondono. E parlano e cantano per me. Alcuni mi portano il riso sulle labbra o la consolazione nel cuore. Altri mi insegnano a conoscere me stesso” Francesco Petrarca

“Puoi leggere, leggere, leggere, che è la cosa più bella che si possa fare in gioventù: e piano piano ti sentirai arricchire dentro, sentirai formarsi dentro di te quell’esperienza speciale che è la cultura”

Pier Paolo Pasolini

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El italiano, al ser una lengua románica, se entiende la mar de bien. Traducirlo podría significar no hacerlo más fácil, sino más sencillo o masticado de lo necesario. Además, si traduzco, presupongo (lo que no debería) su ignorancia. Pero a Umberto Eco quizá sería muy “estupendo” darlo en su idioma original.

“Los libros no se han hecho para que creamos lo que dicen, sino para que los analicemos. Cuando cogemos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir”.

“Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia! Quien lee, habrá vivido 5000 años: Estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito… Porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás”.

Book of things

“Timeo hominem unius libri”, temo al hombre de un solo libro.

“Hic liber est meus quem mihil Deus. Testis est Deus qui eum rapiat diabolus capiat. Morte infernorum raptor libri moriatur”, este libro que Dios me ha dado es mío. Dios es testigo de que el que lo robe será presa del diablo. El que robe este libro será presa de la muerte infernal (utilizado como exlibris en la Edad Media)

“Aut liberi, aut libri”, o libros o hijos.

“Homo liber, homo librorum”, hombre libre, hombre de libros.

“Idiotae librii”, libros del ignorante.

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“He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos”. Thomas De Kempis.

“La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible”. Jorge Luis Borges.

“La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en que el libro habla y el alma contesta”. André Maurois.

“Lee y conducirás, no leas y serás conducido”. Santa Teresa de Jesús.

“Leer un libro enseña más que hablar con su autor, porque el autor, en el libro, sólo ha puesto sus mejores pensamientos”. René Descartes.

“Los libros son el mejor viático que he encontrado para este humano viaje”. Michel Eyquem de Montaigne.

“Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada”. Cicerón.

“Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma”. Cicerón.

“Cuando aprendas a leer serás libre para siempre”. Frederick Douglass.

“El gran inconveniente de los nuevos libros es que nos privan de leer los antiguos”. Joseph Joubert.

“Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros”. Jorge Luis Borges.

“La educación ha logrado que las personas aprendan a leer, pero es incapaz de señalar lo que vale la pena leer”. George Trevelyan.

“Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”. Julio Cortázar.

“No importa lo ocupado que creas que estás, debes encontrar un hueco para la lectura. De lo contrario habrás escogido sumirte en la más absoluta ignorancia”. Confucio.

“Si no podéis disfrutar leyendo un libro repetidas veces, de nada sirve leerlo ni una sola vez”. Oscar Wilde.

“Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado”. Wislawa Szymborska.

“Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado que hay dentro de nosotros”. Franz Kafka.

“Usted no tiene que quemar libros para destruir una cultura. Sólo tiene que hacer que la gente deje de leerlos”. Ray Bradbury.

“Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida”. Michael Houellebecq.

Diario de un esquizofrénico XII

Identifico mi apocalipsis y venidera hecatombe psíquica, con el ocaso del mundo y el castigo de Babilonia y la caída de España. Me saboreo y me mido, me engaño, creo mis propios mitos, no critico mis alucinosis, no me creo un mero subproducto industrial (así como el capitalismo crea una demanda de productos anti-capitalistas, la cultura, en su menú, siempre tuvo su sección bien surtida de apocalípticos –y de integrados-) Pero mi locura no alcanza el paroxismo de opinar solo aquello que absolutamente no creo. Bien sea el pirronismo, pero aunque se admiran antiguas cerámicas chinas lo frecuente es adorar el plexiglás.

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Mi alma es una guarida donde se contorsionan víboras y escorpiones.

Me sé de memoria la descripción de Londres en Oliver Twist.

Jamás había visto lugar más sucio y miserable. La calle era muy estrecha y llena de barro y el aire estaba impregnado de olores inmundos. Había muchísimas tenduchas, pero la única mercancía disponible parecían ser montones de niños, que, incluso, a aquellas horas de la noche, entraban y salían de las casas a gatas o gritaban dentro. Los únicos lugares que parecían prosperar en medio de la pestilencia general del lugar eran las tabernas y en ellas reñían con todas sus fuerzas los irlandeses de más baja estofa. Pasadizos cubiertos y patios, que se apartaban aquí y allá de la calle principal, dejaban ver grupitos de casas en las que hombres y mujeres borrachos se revolcaban seguramente en la inmundicia

La miseria de los paseos de calles comerciales. La miseria enhollinada del solitario tras el computador. La forja de la mente esponjosa de los océanos y mares con herbicidas, detergentes e hidrocarburos. La siniestra prostitución de los plutócratas.

Unreal City, I have seen and see / Under the Brown fog of your winter noon / Mr. Eugenides, The Smyrna merchant, / Unshaven, with a pocket full of currants / (C.i.f. London: documents at sight), / Who asked me, in abominable French, / To luncheon at the Cannon Street Hotel, / And perhaps a weekend at the Metropole.” Eliot.

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Mi alma es sentina de barco carbonero.

Mi alma cubre de niebla al valiente soldado que cae herido.

Mi alma es de judío con la quijada rota por el culatazo nazi.

Me sé de memoria estos versículos:

Llorarán, harán duelo por ella los reyes de la tierra, los que con ella fornicaron y se dieron al lujo, cuando vean la humareda de sus llamas. Llorarán y se lamentarán por ella los mercaderes de la tierra, porque nadie compra ya sus cargamentos: cargamentos de oro y plata, piedras preciosas y perlas, lino y púrpura, seda y escarlata, toda clase de maderas olorosas y toda clase de objetos de bronce, de hierro y de mármol; cinamomo, amomo, perfumes, mirra, incienso, vino, aceite, harina, trigo, bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y mercancía humana.

Y los frutos en sazón que codiciaba tu alma, se han alejado de ti; y toda magnificencia y esplendor se han terminado para ti, y nunca jamás aparecerán

Lamentémonos por Babilonia. Horroricémonos. Esa soledad en la Ciudad es nuestro contemporáneo suplicio.

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Mis cuadros favoritos son “Antigracioso” de Boccioni y “Mujer subiéndose las medias” de Toulose- Lautrec. Rostros de labio inferior grueso, pupilas felinas, mejillas deformadas, fauces como de águila y mechones grises. Y concupiscencia enrollada en el paladar. A veces, lo mejor en la vida, es levantarse pronto, y, a horcajadas, orinarla y defecarla.

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Parezco con las anteriores jeremiadas como aquellos pintores pompier alumnos de David que tocaban con casco (¡de bombero!) a los griegos y romanos de sus grandes “tramoyas”.

Debería tomarme con más humor mis impresiones de retroceso, decaimiento y ruina.  A veces me noto demasiado llamativo y pintoresco, como con casaca azul cielo de dictador africano repleta a rebosar de medallones. Para Hermann Broch la relación entre el kitsch y el arte verdadero es la misma que hay entre Cristo y el Anticristo.

Me gustaría un trazo pulido, firme y ponderado, y juicios no napoleónicos. Un estilo donde no se notara el estilo. Menor inevitabilidad en el abuso del fragmento o la dislocación, menor estrategia expositiva tipo mosaico. Y menos citas (solo una: Emerson: “No cites. Di lo que piensas”) Me gustaría no tener técnica de liquidación y venta a saldo. Quitar a mi sistema croquis y recetas. Y pedir a los Reyes Magos estos seis regalos:

  1. Evocar entre amigos el alma del Abate Mugnier
  2. La Trasera de la cátedra episcopal románica de la catedral de Gerona, esculpida en el siglo XIV
  3. Tener en mi salón un retrato de Madrazo
  4. Bañarme en la ruina de las termas de villa Adriana
  5. Convertirme en experto mundial de baobabs
  6. Que nunca vea maquillado el cadáver de mi madre

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Ya que critiqué mi estilo apocalíptico achaparrado permítanme contra-argumentar, acaso con razones cogidas por los pelos, una justificación o licencia poética para mi mundo obsesivo. Soy un escritor INGENUO, y con notas tardo-adolescentes. Sobre mí, sobre la naturaleza humana, sobre el fin del mundo, sobre mis paranoias, escribo con la misma ingenuidad como si describiera una botella de leche o una regadera de latón. Corot pedía cada día a Dios volverse un niño (“qu´il me rende enfant”) Diderot aseguraba que la INGENUIDAD es esencial para la originalidad y producción de las bellas artes. Baudeliare no pensaba distinto. Es un tostón y una molestia mi monomanía.

Los niños no soportamos que nos cambian nada al contarnos cada noche el cuento.

Diario de un esquizofrénico XI

Esa solemne frase: educar al pueblo.

Con Renan creo que el azar del nacimiento es menor que el azar del escrutinio. La sociedad, con el sufragio, se ha rebajado. La democracia ha ganado muerte. El pueblo y sus políticos son mucho más terribles ahora que en tiempos de Robespierre.

Educar al pueblo ¡Paparruchas! Así se explica esa alianza tan frecuente entre el magazine y la barbarie del gusto; entre la divulgación abajada o vulgar y el periodismo.

Se amplió y difundió lo más posible la cultura, convirtiendo la cultura en algo que no es ni será cultura, y por otro lado, se acentuó la tendencia a restringir y a debilitar a la verdadera cultura.

En un poema leí que a su autor no le importaba ni afectaba la hecatombe u horror cultural, sino que solo le incumbe que la cultura no muera en él. Sabia observación. Recomiendo asimismo la lectura minuciosa de otro poema suyo «¿Acaso no llevaba yo razón?». Poco más se puede decir más sagaz.

Paz a los hombres. La Estupidez reina en palacios y chozas.

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La erosión de la Cultura es dramática. Yo, olvidado, y, yo, ninguneado. Y por ahí primando artistas de baja estofa.

En la portada de «Life» festejaron el ochenta cumpleaños de Bertrand Russell con una fotografía y el titular» Una gran mente continúa fastidiando y honrando a nuestra era», junto a otras fotografías de matronas discutiendo con un árbitro de beisbol, y de no sé qué actriz cuyo largo beso causaba sensación en las pantallas. Era una mezcla de lo alto con lo bajo, indistinta y abigarrada: Renoir junto a un caballo con patines, Kant al lado de una estrella de moda de la televisión.

Ahora ya del escenario público se volatilizaron las referencias altas. La cultura se convirtió en una papilla de hueso de pollo de granja cutre. Lo anega todo una incontenible marea de vulgarización. Fue magnífica la presciencia de Pope en «The Dunciad»:

«¡Helo aquí! Tu temido imperio, Caos, se ha restaurado;

La luz muere ante tu esterilizador verbo;

tu mano, gran Anarca, hace caer la tela

y la oscuridad universal todo lo envuelve»

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¿Qué hacer entonces? ¿Cómo esquivar las torvas propiedades del mundo? Meditando quietamente, sin parloteo innecesario. Cultivando mis propias verduras, alimentándome de bayas y setas del bosque. Escribiendo en tablillas de cera esenciales palabras. Imitando el soberbio ejemplo de Maquiavelo:

“Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en el umbral me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre, y me visto con paños nobles y curiales; así, dignamente ataviado, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos donde, acogido con gentileza, me sirvo de aquellos manjares que son solo míos y para los cuales he nacido. Estando allí, no me avergüenzo de hablar con tales hombres, interrogarles sobre las razones de sus hechos, y esos hombres por su humanidad me responden. Durante cuatro horas no siento fastidio alguno; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la pobreza ni me asusta la muerte…”

O leyendo y releyendo a Montaigne:

“Creo ahora que el único propósito de la soledad es vivir cada uno a su gusto y a sus anchas”

“Por eso no basta con apartarse de la gente ni basta con cambiar de lugar. Es preciso sustraerse al hábito de la compañía humana que llevamos dentro; secuestrar nuestro yo y poseerlo nuevamente. Llevamos con nosotros nuestros grilletes; no somos del todo libres. Volvemos la mirada una y otra vez a las cosas que hemos dejado atrás; fantaseamos con ellas constantemente”

“La soledad que amo y defiendo consiste, en suma, en recuperar mis sentimientos y cavilaciones y apropiármelos de nuevo, en restringir y refrenar no mis pasos sino mis deseos y zozobras, negándome a preocuparme de cosas externas y huyendo como de la peste de la servidumbre y las obligaciones: en retirarme no tanto de la humanidad como de la muchedumbre de los quehaceres humanos”

«Un lector capaz descubre a menudo, en los demás, perfecciones diferentes de las que el autor ha visto y da sentidos y aspectos más ricos»

“Poco importa cuántas veces revise mis escritos; en lugar de complacerme, me decepcionan y me enojan. Tengo siempre en la mente una idea, una imagen difusa, de una expresión mucho más acertada que la que empleo, pero, como en un sueño, no logro asirla ni desarrollarla”

“Tengo una mente perezosa y roma: el simple jirón de una nube hace que me distraiga. Mi entendimiento es lento y confuso, pero, cuando aprehende algo, se agarra bien a ello y lo abraza por completo, con fuerza, profundamente”

“Me considero un hombre común y corriente, salvo porque me considero un hombre común y corriente”

“La incertidumbre de mi criterio está casi siempre tan equilibrada que de buena gana recurriría a lanzar los dados o a tirar una moneda al aire para decidir”

“La gente mira siempre lo que tiene delante; yo vuelvo mi mirada hacia dentro. La planto allí, allí la albergo. Todo el mundo mira adelante. Yo miro dentro. Solo trato conmigo mismo. Pienso en mí mismo incesantemente, me mido, me saboreo”

“Acaso por mi trato frecuente con el saber de los antiguos y por la huella que han dejado en mí las almas fastuosas del pasado, siento repugnancia hacia mí mismo y hacia los demás. En verdad, vivimos en una época que tan solo produce mediocridad”

“Tendríamos que reservar una trastienda para nuestro disfrute particular, un refugio en el que recogernos a solas y en el que asentar nuestra verdadera libertad. Y allí retomar nuestra conversación con nosotros mismos, en privado, sin contacto o comunicación alguna con el exterior, y conversar y reír con nosotros mismos como si no tuviéramos esposa, hijos, propiedades, sirvientes ni ayudas de cámara. De manera que, cuando llegue la hora de perder esas cosas, estemos habituados a pasar sin ellas”

«Yo festejo y acaricio la verdad en cualquier mano que la encuentro, y me rindo a ella alegremente, y le someto a ella mis armas vencidas en cuanto la veo acercarse»

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Estoy como una cabra. Esquizofrenógeno y neurasténico. Pero me asombra la lucidez de este Diario.

Diario de un esquizofrénico X

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En esa suculenta obra maestra del pensamiento de Werner Jaeger, “Paideia, Die Formung des Griechischen Menschen”, traducida por Xirau y Wenceslao Roces, escribe el erudito alemán:

El hombre solo puede propagar y conservar su forma de existencia social y espiritual mediante las fuerzas por las cuales la ha creado, es decir, mediante la voluntad consciente y la razón. Mediante ellas adquiere su desarrollo un determinado juego libre, del cual carecen el resto de los seres vivos […] Pero el espíritu humano lleva progresivamente al descubrimiento de sí mismo, crea mediante el conocimiento del mundo exterior e interior, formas mejores de la existencia humana. La naturaleza del hombre, en su doble dimensión corporal y espiritual, crea condiciones especiales para el mantenimiento y transmisión de su forma peculiar y exige organizaciones físicas y espirituales cuyo conjunto denominamos EDUCACIÓN. En la EDUCACIÓN, tal como la practica el hombre, actúa la misma fuerza vital, creadora y plástica, que impulsa espontáneamente a toda especie viva al mantenimiento y propagación de su tipo. Pero adquiere en ella el más alto grado de su intensidad, mediante el esfuerzo consciente del conocimiento y de la voluntad dirigida a la consecución de un fin

La educación participa de la vida y hace crecer a una sociedad. Una sociedad inculta es esencialmente inválida. Sin sólidos fundamentos educativos, como nos está pasando, la civilización se destruye y sufre una íntima decadencia y colapso.

Estudiantes alemanes, en los aciagos días de la revolución del 68, llegaron a afirmar la patochada de que escribir bien y hablar bien eran una forma de opresión burguesa.

Comportarse de una manera lógica y tener una mente lógica suelen ser cumplidos y se ven como cosas (naturalmente) buenas. Hemos llegado al contradiós de que algunas autoras feministas interpretan la lógica formal y las matemáticas (¿por qué no también la Física de fluidos, la Química orgánica o la Dialectología?) como un instrumento de opresión y dominación machista, y aducen que tienen un papel significativo en el mantenimiento de valores políticamente opresivos en las sociedades patriarcales. Según estas “pensadoras” la ciencia socava la racionalidad emocional de las mujeres.

Soy un escritor gregario, gris, muy enfermo, incoloro, mediocre, vulgar. Pedestre, sobado, gastado, plebeyo, chabacano, ramplón, común. Hay en mis escritos poca finezza y galanura, y sí mucha garrulería. Poco refinamiento y eminencia, y mucha molesta tosquedad. Mi Tesis o Poética (una tesis simplista y de alma vieja) es que vivimos en un mundo lerdo, abajado, obtuso, torpe, ganso y memo, y, no resulta de ser paradojal, que ésas propiedades que yo creo que definen nuestra Era de Piedra Tecnológica, se transfieren a mis escritos y a mi mente esquizoide. Pero intento no adornarlo todo con una simple nada prefabricada, no busco ni consumo una cultura fácil, intrascendente o de consumo rápido. No me rindo ante el fanático entretenimiento de la sociedad del espectáculo (Debord) En la esquizofrenia los síntomas se dividen en “positivos” y “negativos”. Los positivos se refieren a las manifestaciones más expansivas, floridas, de excesos (algo que está, pero no debería estar) y los negativos designan carencias, empobrecimiento, déficits (algo que no está, pero debería estar) Con los síntomas negativos te inunda la apatía, la abulia, la anhedonia, el desinterés, la indolencia. Careces de impulsos y casi de fuerza de voluntad. Te cansas, tiendes a quedarte dormido, permaneces todo el día en la cama. Los sentimientos disminuyen de intensidad, muy manifiestamente. Sin vigor, sin alegría, sin apetencia. La realidad adquiere la textura de una figura de cartón aplastada y húmeda. Muchos enfermos se quejan de que no pueden leer nada. No pueden concentrarse el tiempo suficiente y las palabras pierden su conexión y su sentido.

Por eso me irrita que gente “normal” pierda miserablemente el tiempo en chabacanerías o preste su atención a bodrios del espíritu. Se cumple a rajatabla la Ley de Brandolini: “La cantidad de energía necesaria para refutar las sandeces es de un orden de magnitud más grande que aquella que se necesita para producirlas

Y no paro de escuchar a parlamentarios, tertulianos, ejecutivos, ingenieros, funcionarios, oficinistas, comerciantes, camioneros, peluqueras y universitarios. Todos ignorando el ingenio más refinado, abundando en bromas infantiles o falacias triviales, todo bañado de un «sermo decinctus» como de medio hombres y medio mujeres rudas, así como de los análisis más groseros.

Y sueño con dedicar el tiempo hábil al estudio, a un saber en mitad de un «otium studiosum» o bien en pleno «otium cum dignitate» (el único ocio divino es estudiar de modo incesante) Eso sueño y deseo. Hubiera convenido a los jóvenes y a los españoles la definición del «sermo erudito» que leemos en Macrobio: «concentus in dissonis, in unum conspiratio«, y quitar de sus mientes palabras panaderas y burdas sentencias.

Creeré en España o en la Democracia cuando ir al bar en este decadente siglo XXI fuera lo mismo que acudir a un salón de Madame du Deffand o Madame de Sévigné en el siglo XVIII. Ay esta Edad de Piedra Electrónica, este Océano Gris de las Redes Sociales, Esta Era del Barullo Mental, estos Parlamentos y Universidades Congoleñas

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Los asteriscos simulan ocultos párrafos de transición. Ya que la reflexión ha derivado sobre el paupérrimo estado cultural, sobre nuestra deplorable falta de primacía y nivel cultural, recordaré que para los atenienses la cultura era su único título de gloria. En palabras –y concluyo- nuevamente de Jaeger, glosando a Isócrates:

En aquellos años que siguieron al desastre de la segunda liga marítima ateniense, planteábase de cierto, por las razones que fuese, la necesidad de salir políticamente en defensa de la cultura. Los demagogos a quienes Isócrates y sus correligionarios hacían responsables de las desdichas de Atenas pasarían seguramente al contraataque. La tendencia más radical de la democracia fue adoptando una actitud cada vez más hostil ante la cultura a medida que se iba definiendo el entronque entre la cultura y la crítica política. Es un hecho que los representantes de la cultura, a pesar de las discrepancias de principio sobre la verdadera esencia de la paideia, se mantenían en su fuero interno alejados por igual del estado ateniense, tal como entonces existía. De este profundo antagonismo habían brotado las ideas de reforma mantenidas por Isócrates en el Areopagítico y en el Discurso sobre la paz. Ahora en su gran discurso de defensa abogaba abiertamente en pro de sus ideales educativos. Su defensa culminaba en la idea de que la verdadera educación era incompatible con una sociedad dominada por demagogos y sicofantes (a la masa le sublevaba la creación de una aristocracia espiritual en lugar de la antigua nobleza de nacimiento, que había perdido ya importancia) Pretende demostrar que ese tipo de educación no contradice el espíritu de Atenas. LOS ESTADISTAS QUE HICIERON GRANDE A ATENAS NO ERAN GENTES DE LA ACTUAL CALAÑA DE DEMAGOGOS Y AGITADORES. FUERON HOMBRES DE ELEVADA CULTURA Y ESPÍRITU SUPERIOR LOS QUE EXPULSARON A LOS TIRANOS E INSTAURARON LA DEMOCRACIA Y VENCIERON A LOS BÁRBAROS Y UNIFICARON A LOS GRIEGOS. NO ERAN HOMBRES EXACTAMENTE IGUALES QUE LOS DEMÁS, SINO HOMBRES QUE DESCOLLABAN POR SOBRE LOS DEMÁS. HONRAR, AMAR Y CULTIVAR ESAS PERSONALIDADES EXCEPCIONALES: TAL ES LA EXHORTACIÓN CON QUE TERMINA EL DISCURSO DE ISÓCRATES

El abismo entre el individuo (pocos) y la masa (casi todos), entre la cultura y la incultura, es ya insondable. El ideal de estado que expresa Isócrates, también lo expresó Polibio o Cicerón en De republica. Ríos contaminados de demagogos, analfabetos y sicofantes nos anegan. La mesocracia avanza, el tropel de la oclocracia avanza a golpes y devasta, definitiva e incontenible. Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.

Diario de un esquizofrénico IX

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Hace tiempo, pensando en por dónde va España, me han venido a la cabeza aquellas palabras de la Duquesa de York : Accursèd and unquiet wrangling days. Y recordad como termina Ricardo III.

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Les recuerdo a Platón “Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos.”

Y sobre la turbamulta acémila y cerril, anegada en su propia carencia abrumadora de talento, recuerdo a Jünger «Cuando no compartimos un error generalizado, se nos considera un estorbo».

El género de la invectiva contra la necedad popular y el no poder asimismo soportarla tiene una larga historia. El vulgo espeso y municipal jamás resplandece con luz propia. «Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia», decía Cicerón. No hay dentro de este vasto cuerpo popular suficiente luz nativa con que puedan discernir lo verdadero de lo falso.

También Feijoo: «Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación».

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Y no olviden a Huizinga, que escribió -profético y lúcido- en 1943: «entre las principales amenazas a la Cultura se encuentran la debilitación general del juicio, la disminución del sentido crítico, la negación del ideal del conocimiento y la decadencia de las normas morales”. Sumemos: «Bêtise humaine. «Humaine» est de trop : il n’y a que les hommes qui soient bêtes» Jules Renard.

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Vivimos tiempos abismáticos de ignorancia, sumisión a poderes viles, y vulgaridad sideral. No negaré el mérito que tiene el que la Civilización lograse alcanzar semejante excedente de estupidez. El mayor error que puede cometer un ser humano es apuntar bajo y tener éxito. Como en este Tiempo hosco, agraz, bobo, tenebroso, fútil y espantoso. Ut sementem feceris, ita metes, «Así como siembras, así cosecharás». Las chucherías que vomitan la cultura (cultura que no es cultura) indican desorganización de la vida intelectual. Parecen ideas de casa estilo ranch o máximas de Martin Tupper («No te cases sin medios, porque de tal forma desafiarías a la Providencia») El mecanismo aceitado y pompier de los best-sellers y peliculitas de super-héroes repiten un tiernísimo «tremoli» y «glissando» de cancioncilla sentimental oriental, es decir, grandes redundancias a la mediocridad. Usurpamos a la retórica sus peores tropos y a partir de ahí edificamos nuestra mente y nuestra sociedad. La amigable locuacidad de la mesita del té se sustituye por el griterío y la nada elevada a espectáculo.

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Un bar con olor a refrito y pringoso, donde se reúnen ex legionarios, curas pederastas, y una charanga y esperpento de viejos ociosos jugando a las tragaperras. A veces pienso que eso es España. Y deseo exiliarme e ir al Sur, con un sombrero panamá y traje de rayadillo. En mi gabinete cuadros de Alma Tadema y Scott Tuke, hexámetros y nobles sentimientos. Y en la mente la cita de Chesterton que procede como sigue :»Todo el mundo moderno se divide en progresistas y conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean corregidos».

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Esa atmósfera, ay…como estar en un barucho caluroso y rancio de pueblo de postguerra, con morcillas y chorizos grasientos colgados del techo, y una de esas tiras adhesivas atrapamoscas pendiendo encima, mientras temes que una de ellas te caiga al plato. Siento así el cochambroso presente.

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Ante la atmósfera emponzoñada de la televisión o las redes, recordemos a Arnold Becker, vicepresidente de la CBS:

«No me interesa la cultura. Solo me interesa una cosa: si el público ve el programa. Ésa es mi definición de lo que es bueno, y, también, de lo que es malo»

Retener el máximo de tiempo la atención o la audiencia, aunque emitamos entrevistas a un chimpancé que come plátanos, o demos voz a una legión abrumadora de idiotas.

Vázquez Montalbán definió vivir bajo el franquismo como «vivir como con los calcetines sucios siempre puestos». Esta Era Medieval Tecnológica es como vivir con los suspensorios blancos con huellas de heces sin posibilidad de cambiarlos. Políticos o directivos de televisión solo pretenden estupidizarnos.

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Todavía se oye en calles y plazas:

«España vaya nación,

vaya pendón de verbena,

que muera la Ilustración

y que vivan las cadenas».

Seguro que habrá en un futuro un tiempo mejor. El historiar hablaría de lo nuestro como de una época bárbara. La grisalla es atroz. La gente feliz en su adocenamiento. Yo solo vivo aislado y entre mis quimeras. La Realidad -obscena, hiriente, vírica- me da sarpullidos.

Diario de un esquizofrénico VIII

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Florencia estaba bendecida con maravillosas colecciones de libros, desde la que habían creado los Médicis, una biblioteca pública en el monasterio de San Marcos, y otra particular en su propio palacio.

Venecia no disponía de nada parecido, así que el cardenal Besarión decidió legar su valiosísima colección.

Cito dos pasajes de la carta que escribió Besarión al dogo Cristóforo Moro:

“Pues, en efecto, no solo en vuestra ciudad confluyen casi todas las naciones del mundo entero, sino sobre todo los griegos. Cuando llegan en barco de sus provincias, la primera tierra que pisan es Venecia y, por tanto, ligados a vosotros por el vínculo de la necesidad, en cuanto desembarcan en vuestra ciudad tienen la sensación de entrar en una nueva Bizancio. Así pues, ¿de qué mejor manera habría podido disponer de este beneficio sino legándolo a los hombres con que estoy en deuda y a los que me encuentro ligado por los muchos beneficios que me han dispensado, y a la ciudad que, cuando fue sometida a Grecia, elegí como patria y en la que me habéis acogido y recibido con tanto honor?”

“Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelaría también la memoria de los hombres”

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VENECIA Y LIBROS. Así desearía con desmedido fervor que fuera mi MENTE. Que mi mente descansara en la terracita de un bar entre la Riva dei sette Martiri y la Via Garibaldi, y por la noche contemplara el resplandor dorado de las puertas del Florian.

Y no tener esta mente como un andurrial con bostas de vaca y berzas saliendo del empedrado y chamizos de chapas de aluminio.

Que mi mente leyera los cuatrocientos ochenta y dos volúmenes griegos y doscientos sesenta y cuatro latinos (el legado de la importantísima biblioteca del cardenal Besarión), con encuadernaciones con decoración a candeliere y acotaciones en los márgenes al Almagesto, los Elementos o el Timeo.

Y no tener esta mente azote de los mares, un cepo tedioso con esculturas de Koons en lugar de a Ficino o Hesíodo, una mente, en fin, ilota agramatical, como profanada con prosa de carromato gitano.

NO PUDO SER.