Diario de un esquizofrénico IX

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Hace tiempo, pensando en por dónde va España, me han venido a la cabeza aquellas palabras de la Duquesa de York : Accursèd and unquiet wrangling days. Y recordad como termina Ricardo III.

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Les recuerdo a Platón “Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos.”

Y sobre la turbamulta acémila y cerril, anegada en su propia carencia abrumadora de talento, recuerdo a Jünger «Cuando no compartimos un error generalizado, se nos considera un estorbo».

El género de la invectiva contra la necedad popular y el no poder asimismo soportarla tiene una larga historia. El vulgo espeso y municipal jamás resplandece con luz propia. «Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia», decía Cicerón. No hay dentro de este vasto cuerpo popular suficiente luz nativa con que puedan discernir lo verdadero de lo falso.

También Feijoo: «Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación».

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Y no olviden a Huizinga, que escribió -profético y lúcido- en 1943: «entre las principales amenazas a la Cultura se encuentran la debilitación general del juicio, la disminución del sentido crítico, la negación del ideal del conocimiento y la decadencia de las normas morales”. Sumemos: «Bêtise humaine. «Humaine» est de trop : il n’y a que les hommes qui soient bêtes» Jules Renard.

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Vivimos tiempos abismáticos de ignorancia, sumisión a poderes viles, y vulgaridad sideral. No negaré el mérito que tiene el que la Civilización lograse alcanzar semejante excedente de estupidez. El mayor error que puede cometer un ser humano es apuntar bajo y tener éxito. Como en este Tiempo hosco, agraz, bobo, tenebroso, fútil y espantoso. Ut sementem feceris, ita metes, «Así como siembras, así cosecharás». Las chucherías que vomitan la cultura (cultura que no es cultura) indican desorganización de la vida intelectual. Parecen ideas de casa estilo ranch o máximas de Martin Tupper («No te cases sin medios, porque de tal forma desafiarías a la Providencia») El mecanismo aceitado y pompier de los best-sellers y peliculitas de super-héroes repiten un tiernísimo «tremoli» y «glissando» de cancioncilla sentimental oriental, es decir, grandes redundancias a la mediocridad. Usurpamos a la retórica sus peores tropos y a partir de ahí edificamos nuestra mente y nuestra sociedad. La amigable locuacidad de la mesita del té se sustituye por el griterío y la nada elevada a espectáculo.

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Un bar con olor a refrito y pringoso, donde se reúnen ex legionarios, curas pederastas, y una charanga y esperpento de viejos ociosos jugando a las tragaperras. A veces pienso que eso es España. Y deseo exiliarme e ir al Sur, con un sombrero panamá y traje de rayadillo. En mi gabinete cuadros de Alma Tadema y Scott Tuke, hexámetros y nobles sentimientos. Y en la mente la cita de Chesterton que procede como sigue :»Todo el mundo moderno se divide en progresistas y conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean corregidos».

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Esa atmósfera, ay…como estar en un barucho caluroso y rancio de pueblo de postguerra, con morcillas y chorizos grasientos colgados del techo, y una de esas tiras adhesivas atrapamoscas pendiendo encima, mientras temes que una de ellas te caiga al plato. Siento así el cochambroso presente.

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Ante la atmósfera emponzoñada de la televisión o las redes, recordemos a Arnold Becker, vicepresidente de la CBS:

«No me interesa la cultura. Solo me interesa una cosa: si el público ve el programa. Ésa es mi definición de lo que es bueno, y, también, de lo que es malo»

Retener el máximo de tiempo la atención o la audiencia, aunque emitamos entrevistas a un chimpancé que come plátanos, o demos voz a una legión abrumadora de idiotas.

Vázquez Montalbán definió vivir bajo el franquismo como «vivir como con los calcetines sucios siempre puestos». Esta Era Medieval Tecnológica es como vivir con los suspensorios blancos con huellas de heces sin posibilidad de cambiarlos. Políticos o directivos de televisión solo pretenden estupidizarnos.

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Todavía se oye en calles y plazas:

«España vaya nación,

vaya pendón de verbena,

que muera la Ilustración

y que vivan las cadenas».

Seguro que habrá en un futuro un tiempo mejor. El historiar hablaría de lo nuestro como de una época bárbara. La grisalla es atroz. La gente feliz en su adocenamiento. Yo solo vivo aislado y entre mis quimeras. La Realidad -obscena, hiriente, vírica- me da sarpullidos.

Diario de un esquizofrénico VIII

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Florencia estaba bendecida con maravillosas colecciones de libros, desde la que habían creado los Médicis, una biblioteca pública en el monasterio de San Marcos, y otra particular en su propio palacio.

Venecia no disponía de nada parecido, así que el cardenal Besarión decidió legar su valiosísima colección.

Cito dos pasajes de la carta que escribió Besarión al dogo Cristóforo Moro:

“Pues, en efecto, no solo en vuestra ciudad confluyen casi todas las naciones del mundo entero, sino sobre todo los griegos. Cuando llegan en barco de sus provincias, la primera tierra que pisan es Venecia y, por tanto, ligados a vosotros por el vínculo de la necesidad, en cuanto desembarcan en vuestra ciudad tienen la sensación de entrar en una nueva Bizancio. Así pues, ¿de qué mejor manera habría podido disponer de este beneficio sino legándolo a los hombres con que estoy en deuda y a los que me encuentro ligado por los muchos beneficios que me han dispensado, y a la ciudad que, cuando fue sometida a Grecia, elegí como patria y en la que me habéis acogido y recibido con tanto honor?”

“Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelaría también la memoria de los hombres”

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VENECIA Y LIBROS. Así desearía con desmedido fervor que fuera mi MENTE. Que mi mente descansara en la terracita de un bar entre la Riva dei sette Martiri y la Via Garibaldi, y por la noche contemplara el resplandor dorado de las puertas del Florian.

Y no tener esta mente como un andurrial con bostas de vaca y berzas saliendo del empedrado y chamizos de chapas de aluminio.

Que mi mente leyera los cuatrocientos ochenta y dos volúmenes griegos y doscientos sesenta y cuatro latinos (el legado de la importantísima biblioteca del cardenal Besarión), con encuadernaciones con decoración a candeliere y acotaciones en los márgenes al Almagesto, los Elementos o el Timeo.

Y no tener esta mente azote de los mares, un cepo tedioso con esculturas de Koons en lugar de a Ficino o Hesíodo, una mente, en fin, ilota agramatical, como profanada con prosa de carromato gitano.

NO PUDO SER.

Diario de un esquizofrénico VII

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Pensemos. A está relacionado con B y B está relacionado con C, por tanto, A está relacionado con C. Pensemos entonces. A es paralela a B, B es paralela a C, de ahí que A es paralela a C. A es hijo de B, B es hijo de C, por lo que, cuidado, A no es hijo de C.

En poesía muchas veces o casi siempre las conexiones o secuencias no son tan obvias, son más bien conexiones ovnis. Nietzsche (Werke, II, ed. Schlechta, págs. 789-790) habló de que estamos los humanos «seducidos por el lenguaje«. Wittgenstein (Philosophische Untersuchungen, nº 109) habló con idea similar que estamos los hombres «embrujados por el lenguaje«.

El poeta es el prototipo de ese embrujamiento o seducción por el lenguaje. En sus asertos hay una mágica y geomántica lingüística revolucionaria. El lenguaje se va de vacaciones a los hoteles del crepúsculo o de vacaciones con brujas y meigas. En la poesía lo cuádruple bebe la tardanza. Y el 9 duerme con las piernas verdes. Y los epítomes comen niñas. Y los sueños huelen gatos y polinomios. Y la fuerza que impulsa la flor es la misma que impulsa nuestra edad. El poeta no ve un lenguaje rutinario e inactivo. Aprecia el descontrol de las paráfrasis y los símbolos y las corajudas metáforas. Más que oraciones a las que es pertinente pedir su valor veritativo, su mero ser verdaderas o falsas, debiéramos hablar de versos con valor mágico, con encantada emoción, embrujados o no embrujados. A veces es difícil saber aquello que el poeta imagina, pero el poeta es un ser de otoños e imaginaciones.

A veces es difícil saber qué situación ejemplifica el poeta o averiguar a qué se parecen esas situaciones, pero el poeta es –insisto- un ser de inviernos y escenarios extraños. A veces no son usadas las palabras en su contexto adecuado, pero ¿qué será un poeta sino una triste colección o cesta humilde y recia de palabras gnósticas? A veces el poeta es auto-contradictorio, confunde las categorías, o no es traducible a un lenguaje ordinario, pero ojalá que la locura de los poetas fuera Gran Ley.

Existe una cohorte de exégetas en esta España de críticos papanatas que confunden la profundidad con una farragosa secuencia de sentencias oraculares que estrictamente no expresan nada (ni racional ni irracional; son meros conjuntos aleatorios de palabras) Pero el poeta, si no es quincallero retórico, en sus obiter dicta hay una complacida falta de engaño (también frente o por los alrededores de cierta aurea obscuritas en algunos, si poco claro le gusta ser o se amolda su poética a ese estilo)

En la sociedad hay como un quorum de pensamiento socialmente permitido, una tiranía del estilo y modelos abajados periodísticos; el poeta es el hereje de esa convención. Hay pensamientos y sentimientos expresados casi privados que crecen en lo público del poema leído en nuestra intimidad. Muchos poetas podemos ser unos hombres cándidos, pánfilos, y simplones, pero el verdadero poeta arde con grito de Almanzor. El poeta no escribe con espesor municipal y alma de instancia burocrática o noticiosa.

Resumiría la mente y hacer del poeta con una expresión: RACIONALISMO MÁGICO. A mí particularmente me gusta la poesía bien ordenada (clásica) y con sensibilidad lógica o propensiones racionales, y poco las galaxias literarias demasiado herméticas. Pero asimismo no me gusta la poesía SOLO enciclopedista y didáctica. Me gustan los poemas que se entienden, sobre todo, también, los poemas que, tras una primera lectura donde aparentemente todo es sencillo y claro o preciso, en una relectura ves que se elevan a cimas de una parcial ininteligibilidad o misterio o bosque de elfos. Que surge en ellos, bajo esa capa lógica, el misterio. El racionalismo refiere al significado informativo o cognoscitivo; la magia refiere al significado emotivo o metafísico. Un ser diurno y nocturno, un ser de cercanías y lejanías, un matemático y un mago es el poeta; insistamos, un RACIONALISTA MÁGICO.

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El esquizofrénico es un poeta que se cree un científico. Toma como verdades científicas rocallosas a las meras débiles conjeturas fantasiosas, como fuerzas o verdades que le impulsan y dejan sin control su apetito o deseo racional, y le arrastran asimismo al esplendor de la sinrazón y el nonsense, y llama –se empecina, se obstina- a esas fuerzas de caballo negro insidioso que le impulsan, Verdad o Ser o Realidad o Ciencia.

Lo más penoso es que este conducir un coche transgrediendo todas las leyes de la circulación, a este mapa de creencias que no modela bien –sino muy mal- el mundo, a veces termina en un autismo deficitario, residual, en que la disociación o escisión o disgregación de las diversas funciones y formas psíquicas es una de sus características más importantes. Se pierde el hilo y tapiz de las ideas (RACIONALIDAD) y el enfermo desarrolla largos e incoherentes monólogos fuera de lugar y contexto (MAGIA, PERO NEGRA)

Se da un aflojamiento (“Lockerung”) de las asociaciones que lleva a perder las conexiones e inferencias lógicas. No se logra hilvanar, enhebrar, hilar. Los datos se producen y relacionan de manera absurda. No hay relaciones apelativas con el mundo exterior. Es como si la mente, parecida a una serie de circuitos eléctricos, de repente padeciera un brutal des-cableado. La entropía cognitiva destruye cualquier equilibrio o sistema de pesas y medidas. Tu vida entonces se destruye. Todo es como la difusión radiofónica azarosa y con interferencias de un sistema mágico en aquello que antes hemos llamado “racionalismo mágico”, sin asomo de bridas o participación del más elemental análisis lógico (RACIONALISMO MÁGICO SIN RACIONALISMO). El esquizofrénico queda “embrujado” o “seducido” por el lenguaje propio de un Yhavé maligno y caprichoso que juega a los dados con nuestra cabeza.

La atención, la concentración, la significatividad, la orientación, la memoria, la inadecuación al procesar las entradas y salidas de información, la capacidad de abstracción, la conceptualización, todo se deteriora gravemente. Por eso para mí ahora uno de los ejercicios (y momentos) más importantes del día son el repaso de mis estudios de matemática universitaria que representan algo así como el opuesto al embrujamiento surrealista descabellado, destartalado, descalabrado, así como la posibilidad o fármaco para impedirlo (las matemáticas me familiarizan con asociaciones nunca laxas, sino necesarias)

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Parezco un niño inerme, temeroso, que teme que lo zarandeen y sacudan, y pierda pie. Mi vida es como el trabajo de un ebanista que intenta moldear para que no cojee su mesa, y lijar y barnizar y barrer el suelo de serrín. A veces es como intentar vaciar un pozo con una cucharilla de café. Solo deseo no empeorar, no deteriorarme, no acabar institucionalizado. Que mi alma sea (lo quiera Perséfone) un pastelito de fruta confitada, o jerez, o salmón inglés, y carne dulce y tierna, jugosa, como esencia de rosas y miel. El camino será arduo y pedregoso. No desistiré. Confío.   

Un régulier dans le siècle

“Es esencial ser elitista, pero en el sentido originario de la palabra: asumir la responsabilidad de “lo mejor” de la mente humana. Una élite cultural debe cargar con la responsabilidad del conocimiento y la conservación de las ideas y los valores más importantes, la responsabilidad de los clásicos, del significado de las palabras, de la nobleza de nuestro espíritu. Ser elitista, como explicó Goethe, supone ser respetuoso: respetuoso con lo divino, con la naturaleza, con los demás seres humanos y, por lo tanto, con nuestra propia dignidad” Steiner

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El hechizo del mundo: nutrisco et extinguo.

“Alabado sea el Estúpido en lo alto,

alabadlo países celestes, porque Él manda”.

Salmodias en tu gabinete estas palabras

ahora que Europa no semeja nada a una mesa en Lhardy.

Los ojos vueltos a las “Memorias” de Metternich

leídas anoche, la cabeza apoyada en la mano:

golpea el fulgor de la primera luz del día.

Atento: feministas teñidas sansirolés con falda

chillona, vocingleros taberneros campanudos, hastiados

jóvenes ataviados con capas oscuras y móvil. El Arte es vano

y quimérico. La Cultura va muy para atrás. Atento:

libros escritos sin estilo Beaux Arts, entre la incompetencia

y la inexistencia; torpor vegetativo de esos bohémien

con brutez en el hígado. Mira: cenizoso y presbiteriano

Tiempo de grisalla espantosa. El aire es tosco igual

que si lo tabletearan ronquidos de tanque.

Tiempo de serpientes y ratas mojadas en el baño.

Tiempo sin lugar para la memoria y el futuro.

Se oyen afuera botas militares desfilando.

No salgas, quédate en tu despacho esbozando unas pocas líneas.

La Historia, fea y falsa, sin Brillo, Genio ni Sabiduría.

Tan lejos del coronamiento de un emperador romano.

¿Podrán las Legiones acabar con la sublevación bárbara?

Ich liebe dich

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(A mamá, Luna blanca entre las negras regiones del éter. 9-XII-2022, Luna llena.)

Me gusta perderme en las luces de la Luna

y oírte respirar con toda tu piedad de sombra blanca.

Cuando ya no me interese el mundo, cuando ya no tenga ganas,

tu brillo de sueño quieto será bálsamo

y mi corazón todavía salta (saltará) cuando contemple

tu cabello cano y limpio de ochenta años de niña.

Ven a esconderte en las luces conmigo,

juguemos juntos en un bosque de abetos, trineo y nieve,

resguardémonos del frío invocando al cielo rojo.

Contigo, mamá, mi mente nunca se avergüenza de sí misma,

me sé invulnerable, defendido, a salvo, real,

y el más feliz entre los ángeles si tomo tus manos.

Estar los días contigo es romper la soledad.

Si me oculto en mi celda ¿qué significará todo

cuando te apartes de mí? Ángel de mármol

de Raffaelo da Montelupo. Valiente Caterina Sforza.

Branca Orsina con sus festones y flores enlazadas.

Dulce es el labio de una madre respirando la marea alta.

O el aire de la brisa acariciando su corazón tranquilo.

Me gusta perderme en las luces de la Luna.

Me gusta esconderme contigo en la Luna.

O dentro de tus ojos, el significado de todas las Lunas.

Diario de un esquizofrénico VI

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La noble divisa de Rousseau: vitam impendere vero («vida por la verdad») Y ya enseñaba Horacio aquello que «la virtud oculta difiere poco de la oscura holgazanería» (Od. IV, 9, 29) Los políticos chapalean en una ciénaga de mediocridad y gérmenes de lóbrega incompetencia. Renuentes a la verdad y la ciencia, y de invisibles virtudes.

Valga este pareado a estos roedores de la Civilización:

El talento, diligencia y la inteligencia dicen ellos que son.
¿Acaso nos toman por asnos que creen diamante al carbón?

Tartufo y Sancho son los árbitros de la política. Muy exactamente atinó J. Ingenieros: «La política se degrada, corviértese en profesión. En los pueblos sin ideales, los espíritus subalternos medran con torpes intrigas de antecámara. En la bajamar sube lo rahez y se acorchan los traficantes. Toda excelencia desaparece, eclipsada por la domesticidad. Se instaura una moral hostil a la firmeza y propicia al relajamiento. El gobierno va a manos de gentualla. Abájanse los adarves y álzanse los muladares. El lauredal se agosta y los cardizales se multiplican. Los palaciegos se frotan con los malandrines. Progresan funámbulos y volatineros«. ¿No les parece una descripción del estado de la política particular y general de un detalle acertadísimo? Y la grey erige sus proclamas (de diestra o de siniestra) como dogmas infalibles. Somos perezosos para tomar distancia y pensar y, según Voltaire, cualquier clase de pereza es típica de la gente mediocre ¿No les parece una perfecta descripción de algo que se pudiera decir igual si cambiáramos la palabra “política” por “psiquiatra”?

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La mayoría de psicólogos y psiquiatras son como congénitamente envilecidos y truhanes políticos del montón.

Me considero un esquizofrénico de mérito, no -todavía- de casta abellacada (y ruego se entienda la cruel expresión) Mi cabeza no se ha desorganizado ni desestructurado como la espalda de Ángel Cristo o la prosa de doblones de plástico de Rajoy. No me doblego a lo acomodaticio, como pudiera ser la autocompasión o bien delegar mi tutela y mayoría de edad en médicos y manicomios. No deseo abajarme sin rebelarme, que me domen sin ofrecer resistencia. Me turban algunos temores dado que el Azar gobierna mucho en esta perra vida.

Así que me permito reformular un poema de Ginsberg adaptándola a mi conveniencia:

La guerra es lenguaje
lenguaje ultrajado
por la Psiquiatría
lenguaje usado
como magia negra para dominio del paciente.
El lenguaje de la magia negra
fórmulas, no realidad
esquizofrénico es una palabra con demasiadas letras
usada por magos inferiores
con la falsa fórmula alquímica de transmutar la tierra en oro
duendes perversos operando sobre conjeturas, rutinas…
Zyprexa, Seroquel, Invega, Contención Mecánica…


Tomaré estas palabras oraculares como divisa. No quiero ser una marioneta en manos de psiquiatras (mucho pájaro loco hay entre ellos, y muchos, más de lo que parece, del nivel mental o moral de un político besugo)

«Parece que estoy solo, pero llevo en derredor un mundo de fantasmas» Gastón Baquero. Me habitan castillos de sombra, me acecha la negra sombra, pero no las fórmulas de políticos ni el cuchillo aciago que ponen los médicos cada vez más cerca de mi cuello.

Me emociona. Y lo recuerdo y acaricio: Al cor gentil rempaira sempre Amore (“El Amor siempre volverá al corazón gentil”)

Variaciones a un tema de Álvarez

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Queridos, ladies and gentlemen,

a estas alturas de la Historia (si a esta

burricie de risas enlatadas, chucherías

que vomita la pantalla, e insectos sociales

por Madison Avenue y aldeas, puede

llamarse Historia) lo único que queda

es prepararse un Dry Martini,

leer a Nabokov con luz de luna,

que te avise la doméstica a la hora

del crepúsculo, y gastarse 3000 euros

en una escort muy virgen -de Boston-,

muy bella y rubia de 15 años.

Lo detestable del asunto es

que te acusarán de pederastia

y clasismo, y cuando la plebe

se desquite con sus chapuzas insultantes,

no podrás, como Schopenhauer,

dispararles desde la azotea,

alegando que a veces es honroso

hacer tú mismo el trabajo sucio.

Diario de un esquizofrénico V

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«El pueblo había quedado reducido a menos de medio acre. Era como una diminuta reserva para indígenas. Desde las mugrientas ventanas los cretinos miraban babeantes los parterres de hierbajos. Los gallos cacareaban todo el día; las niñas, vestidas con batas de otra época, mascaban manzanas a medio comer, amarillentas de óxido; todos los chicos parecían tener fisura palatina. Pero aun así aquello me parecía más sano que el suburbio que lo rodeaba. ¿Quién podría cantar el esplendor de esas casas apareadas con medio jardín, las paredes ciegas empedradas con guijarros, verjas diminutas que se podían franquear de una zancada, las cursis figuritas en los jardines de miniatura? El viento penetraba a cuchillo por los intersticios entre las casas, el viento de la vieja colina sepultada en asfalto, que flagelaba como el extremo de una toalla mojada, y que revolvía un caldo gris por encima de los rojos tejados, un caldo en el que remolineaba el alfabeto de pasta de sopa de las antenas de televisión: X, Y, H, T.» Anthony Burguess

En el año 378 el historiador romano Amiano Marcelino, en su Res Gestarum Libri XXXI, deja constancia del deterioro de la vida cultural romana: “los pocos hogares que antes eran respetados por el cultivo serio de los estudios, ahora se dejan llevar por los deleites de una pereza que los enerva, resonando con canciones y con el sonido de instrumentos de viento y de las liras. Y así, en lugar de un filósofo se reclama a un cantante, y en lugar de a un orador a un experto en artes lúdicas. Y mientras que las bibliotecas, a manera de sepulcros, permanecen siempre cerradas, se fabrican órganos hidráulicos y enormes liras que parecen carrozas, y flautas e instrumentos nada ligeros para las imitaciones de los histriones”

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Si, a veces, llegué a pensar que, dado que el cerebro es una parte del universo, cuando con el cerebro se piensa en el universo, entonces el cerebro se convierte en el lugar geométrico en que el universo se piensa a sí mismo, así, también he llegado a pensar, que el cerebro del esquizofrénico es el lugar geométrico en que la decadencia del mundo se piensa a sí misma.

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En La llamada “república de las letras” o republica litteraria, una nación que existía gracias a la palabra escrita, los eruditos se intercambiaban letras o cartas postales. La Biblioteca de la Universidad de Hamburgo conserva actualmente un archivo de misivas escritas hasta 1735 que cuenta con más de 35000 cartas de unos 6700 autores.

La Republica Esquizophrenium es como los ramales muertos en la historia de la evolución. Una historia de taciturnos perdedores, de príncipes sin majestad, una prosopopeya del funcionamiento mecánicamente burdo del cerebro, una serie de relatos de rubor y timidez y humillación y estigma, de fantasías fútiles sin el refrendo o aplauso del Arte; somos como un desvío en que las pasiones del corazón solo prodigan perturbaciones, pesadumbre, y actos o palabras inadecuadas o inconvenientes. De miles de cartas con tachaduras y ralladuras y manchas de tinta, y errores garrafales de sintaxis, gramática, lógica y retórica.

Tecnopaletos en medio de este Océano Brillante de Internet. Astrólogos dementes encapuchados vestidos con ropas gastadas y estrafalarias entre modelos de tapa e ingenieros, entre ejecutivos VISA oro con traje de Armani y celebridades influencer con dentadura inmaculada e intachable. Somos Ocaso, Error. El Ocaso, Error 404. Nómadas de la felicidad. Pajarillos con el ala rota. Renglones Torcidos de Dios.

Nos reunimos en la universitas societas magistrorum discipulorumque con las manos temblorosas, la boca salivosa y pastosa, la herejía asomando en el brillo apagado de los ojos, la negligencia en la higiene, el insomnio masivo, las variaciones inopinadas de humor, la obscurísima ansiedad, el discurso extraño o hermético o confuso, las alucinaciones y los delirios siempre demasiado invalidantes. Hemos entrecruzado el sistema de agujas y descarrilado completamente. Ya digo, ejemplos soberbios y paradigmáticos de la Corrupción y Decadencia del Imperio.

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El duque Carlos Augusto, agradeciendo los servicios de Goethe, le envía un precioso pergamino, lujoso, hermoso y caro, atado con seda roja y sellado con el águila bicéfala.

Nosotros nos conformamos con una vida solitaria y de menudas satisfacciones. Macramé en el Centro de Día. Burlas por babear al pasear encorvados en la calle. Los 400 euros (si llegan) por parte del Estado.

Diario de un esquizofrénico IV

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(Monólogo del mono loco. Solo)

En mi soledad hay un barro bizarro y pitañoso, mejor será que vuestra acebollada compañía.

La soledad no es buena ni mala, sino un punto de intensa y atemporal autoconciencia, un comienzo nuevo de sensibilidad; te pone en íntimo contacto con tu propia existencia, y, si no fuera esquizofrénico, con los demás en un sentido fundamental. Tampoco negar que la soledad va unida a peor calidad de sueño, mucosidades, humores negros, que dificulta la concentración y la memoria, y cambia la estructura del cerebro (menor conectividad en el lóbulo parietal inferior, en la ínsula anterior derecha, en la unión temporo-parietal, en surco temporal superior y corteza prefontal dorsomedial)

La soledad es la lepra del siglo XXIThe Economist. Pero los rendimientos de gran carácter solo pueden formarse con la soledad. Solamente allí hay solidez de pensamiento, generación fluida de ideas creativas, auto-discernimiento, afición a la actividad meditativa, aburrimiento de la indolencia o la nadería vacua (un solitario ilustrado detesta la televisión), y propensión (acaso, si Zeus lo quiere) a un carácter heroicamente sabio. No siempre se dan estas notas positivas. Ahora la tecnología regula el ritmo de nuestras vidas y la adicción internáutica (evitando los momentos de soledad) nos bombardea incesante, abrasiva. Cambiamos placeres fugaces y ventajas pueriles por no recuperar nuestros propios recursos, nuestros propios y no plebeyos –recalentados en los media– pensamientos; un tipo de ocurrencias inaccesibles al ser tecnológico o tertuliano. Estoy convencido que en la época medieval o victoriana no se producía el desamparo, ni angustia o ansiedad, aburrimiento y odio a la soledad, al confrontarte con tu yo íntimo. Science publicó en 2014 una investigación que revelaba que la mayoría de sus participantes, cuando se quedaban solos, empezaban a perder el control al cabo de entre 6 y 15 minutos, de tal manera que para sustituir la experiencia preferían aplicarse descargas eléctricas. Esta civilización papuda llegó a tal grado de decadencia que son preferibles las descargas a la soledad.

***

La vida es soledad. Es falsa la alegre resistencia al dolor de la luz en los cócteles y de las almas unidas. La soledad me ha bendecido y preciado alrededor de 40 años, como un matrimonio con una bonita pulsera en común. Pero sé que lloraré al ver la butaca vacía donde se sienta cada día mi madre. Mi espíritu convulso solo lo ha toqueteado su amor tierno sin medida. Solo ella me ha querido y defendido. Esa ternezuela emplumada daría hasta su última gota de sangre por mí. Lo presiento. Mamá está bastante enferma. Abril será el peor mes para estar solo.

***

Reescribo o reelaboro a un poeta medieval muy raro y nada conocido:


Sin tasa Dios me ha dado
melancolía en mi naturaleza,
soledad y pequeñez en mi casa.
Como la tierra fría y seca
será mi corazón renqueante,
desabrido, hosco, apocado.
No estimo mujeres ni gloria:
Saturno y el otoño tienen la culpa.



Un corazón de murciélago es talismán contra la somnolencia solitaria. Como la cola majestuosa de un ángel de Milton pócima frente a la tristia. Ahora en Navidad todo se cargará o recubrirá de imágenes de evasión, lucecitas, serpentinas y celofán, promesas de placer y felicidad perfectas y liberadas, signos que rezumarán gozo paradisíaco (las comilonas, las compras bulímicas, la muchedumbre apretada en las calles), y todo serán himnos al hedonismo, gasto, ligereza de vivir y comercialismo lúdico o derrochón. Solo me cabe citar a Molière: «Todos los hombres me son hasta tal punto odiosos que me enfadaría que me contemplaran como una persona prudente…Y a veces me invaden impulsos repentinos de huir a un desierto, lejos del contacto de los humanos…Voy a salir de un abismo donde triunfan los vicios, y buscar un lugar alejado sobre la tierra, donde ser un hombre de honor otorgue la libertad» Soy un lobo solitario asolado por la esquizofrenia, el sufrimiento, el resentimiento. José Rabadán, el asesino de la catana, confesó: «Quería estar solo en el mundo» ¿Un hikikomori strictu sensu? Aunque mi soledad se asocia a un trastorno psicopatológico busco solo descanso, reflexión y creatividad. Siempre tuvo gustos e intereses impersonales (mi fuente de felicidad no se cifra en amigos, amores ni familia) Brandeis, juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, declaró: «El derecho a estar solo, el derecho que más abarca, es el más valorado por las personas libres«. La soledad es tonificante. No hay compañero más compatible con uno mismo. Y también atestigua la fe (los vínculos, los lazos) en el amor de los demás. No, no soy un psicópata como Rabadán. A menudo mis recuerdos se pueblan de ternuras sobre los seres que estuvieron cerca o no me quisieron mal, a veces para notar lo feliz que fuiste en una fiesta debes haberte ido de ella.

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No explicar, no adular, no aplicar enseñanzas. No abrazar el artificioso y obscuro signo o palpitaciones de los tiempos. Redondo en tu ser. No preocuparse por opinión ajena ni por moral convencional y ver lo que tienes ante los ojos, lo que oyen tus oídos, lo que te inspira el corazón. Una mónada. Donne afirmó que no somos una isla. Pero si el rasero eres tú mismo exclusivamente ¿Quién, aquí, podrá juzgarte? ¿Con qué criterio?

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«Me he resignado a vivir como he vivido, solo, con mi muchedumbre de grandes hombres que me hacen las veces de círculo de amigos, y con mi piel de oso, al ser yo mismo un oso» Gustave Flaubert

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Manicomio de Piñor, afueras de Orense. Racionan los cigarrillos y me dan el que me toca esa hora. El edificio huele a desinfectante. La locura hiede a Zotal en un oscuro cine porno. Bajo por las escaleras, salgo al patio, y camino alrededor de 300 metros para sentarme en un banco (mi banco) bajo un roble enorme. Me abrigo, aunque no hace mucho frío. A estas horas me molesta poco el tráfico de la carretera contigua fuera del sanatorio. Fumo y divago. Evito el pensamiento analítico. Me adentro en un ensueño diurno en este momento dulce de recogimiento. Paladeo el sabor del Ducados. Muy morosamente. Hundo la caña fuera del pensamiento común, de las concurridas avenidas o ríos habituales. Salto de un tema a otro como un caballo pirado de ajedrez. La imaginación es refrescante y rosácea, imitando el color de la luz filtrado por las hojas. Nada parece inevitable o necesario: no haberme casado, navegar por Internet, el resultado del fútbol, la enfermedad caprichosa. De repente, viniendo de la nada, en mi mente se dibuja nítida una estrella de mar que admiré embobado en una enciclopedia infantil hace 46 años. Siento plenitud, y paz. Veo gatos, garabatos, permanganatos, percibo el olor de la capa de nata encima de un vaso de leche. Pienso que me gustaría tener un perfume de colores, un Rolls Royce como prosa, y comprar una editio prínceps muy lujosa. Parpadea o cruje o gime una rama. Creo que las colillas son pedacitos de braguitas de algodón de chicas rubias con labios gordezuelos. Vienen, sin cómo ni por qué, unas líneas de Borges: “Hay tanta soledad en ese oro. / La luna de las noches no es la luna / que vio el primer Adán. Los largos siglos / de la vigilia humana la han colmado / de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.” El poema se titula “Luna”. Y me deprime volver con mis compañeros locos o volver a la mismísima, sangrienta, aburrida civilización.

Diario de un esquizofrénico III

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Tengo problemas con las funciones ejecutivas: capacidad de planificación, abstracción, flexibilidad del pensamiento, solución de problemas y toma de decisiones.

También están dañadas las funciones ligadas en gran parte a la corteza prefontal de mi lóbulo frontal.

Imágenes del PET demostraron disminución del metabolismo en mi cerebro anterior así como dilatación de los ventrículos y atrofia de mi hipocampo.

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Pero lo relevante es la idea imaginaria no subsidiaria a crítica ni autocrítica del Océano Tenebroso y Gris de la Realidad. De La Hecatombe y el Zambombazo.

El bostezo estúpido de Todo me aburre. Me froto los ojos, estiro los brazos, contemplo la pared, rumio frente al ventanal de mi biblioteca, hojeo un libro, pero soy incapaz de permanecer en la lectura y aplicarme a ella. La dentadura cariada de los simios bufonescos bebiendo a morro cerveza de lata frente a un partido de fútbol en la televisión me aterra. Y me llena de fantasías paranoicas sobre el fin del mundo. Una vida sin piedad reina entre ellos (mirad las pilosidades y la grasa sobresaliendo en su camiseta imperio llena de goterones) La pereza y la laxitud de sus miembros e inteligencia es tenebrosa. Parece que su mente se detiene y avanza muy muy lentamente. Que nada alivia esa burricie. Comen chuscos de pan que destrozan los dientes e insultan la gastronomía. Brincan como gabarras viejas orangutanescas. Esclavos condenados a su condición de infelices desearía en verdad perderlos de mi vista. Prisioneros en sus grutas solo les consuela la diversión vulgar: se solazan en el el griterío, departen apasionados con el chisme y la banalidad, el vacío estratégicamente adornado les entretiene como la máxima aspiración existencial, la exhibición delirante y perpetua de personajes que encarnan la nada les rechifla, y el analfabetismo arrogante es su ruta y guía y su manifiesto.

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Considero que hay un complot contra mí. Mi aislamiento es profundo. ¿Me vigilan cámaras, micrófonos láser, me persiguen agentes del Pentágono que intentan quemarme el cerebro con rayos mortales emitidos desde satélites? Improbable, pero no imposible.

El complot es el de las informaciones que nos saturan el espíritu y nos impiden pensar con profundidad, la inflación de imágenes y estrépito publicitario que invaden el alma, la anestesia programada de la felicidad dirigida por la autoayuda y la psicología positiva, el orden mercantil y la teología del dinero (¡No compres!, ¡No trabajes nunca!), el torbellino homogeneizador en que todos bailan el mismo baile y tienen los mismos comportamientos, el lugar exterior (nunca el yo) donde se sancionan los juicios de valor, los impulsos a la acción, los deseos y las aversiones, el destierro del ser influido por el mercado, o el pensamiento calculador en lugar del pensamiento meditativo.

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Leo un párrafo diez veces sin comprender su destino. Trato de escuchar la radio pero los sonidos zumban por mi cabeza como una sierra mecánica. Me siento en el parque y al fin logro relajarme contemplando tres horas a los pájaros.

La Cultura (o los pájaros en el lago) puede ser descrita como aquello que hace que la vida merezca ser vivida valiendo de veras la pena.

La Esquizofrenia simplemente puede ser descrita como el inconfundible desembocar en una trágica y atroz soledad. O feliz también; pues te amuralla frente a la innumerable legión de idiotas imbéciles que ya lo ocupan todo.

Uníos amantes de las patatas fritas y del fregar cacharros. Del bibelot kitsch y de las esculturas de plástico para el hogar a precios asequibles. Del «Bouquet of Tulips» de Koons, faro de Occidente. Que la mostaza de plástico os hinche la barriga.

Avanzo a tientas entre robles y pinos. Las leyes avanzan en mi contra. La destrucción final nunca está muy lejos.

Mi pensamiento descansa en el desprecio.