Las nuevas categorías de pensamiento y asociación no prescriben lo alto versus lo bajo, lo refinado frente a lo romo y vulgar, la calidad en oposición a la popularidad. Las anteriores son categorías victorianas, y quienes las defendemos unos dinosaurios del pleistoceno. Hoy todo gira en el vector lo cool ante lo square -carroza-, lo muy hot como opuesto a lo demodé. El arte, el sexo, la política, la moda, los productos, las estrellas del celuloide o del rock o de la pantalla o de interné, las películas, el comercio, el debate, la literatura, el marketing, las nuevas tecnologías, todo se reordena en un campo como de celebrities donde estás in o bien out. La sofisticación intelectual nada tiene que ver con estos nuevos modos de ambición moderna. La figura del crítico o intelectual es como la de alguien con polainas y peluca empolvada, levemente -o claramente- ridículo y que se sustituye por el agente del entertainment. Vivimos en el capitalismo hip, donde reina la velocidad, la notoriedad, el buzz y lo cool. La jerarquía y la clasificación son una figura arrumbada, como la economía feudal. El futuro es Shakira y Piqué, la decadencia es Henry James o Michelet. El nuevo gobierno de Sánchez es un inequívoco ejemplo de esta estetización espectacular de lo público y su discurso. Sobran un Saint Simon o un cardenal de Retz, pues ¿no molan más acaso los astronautas y las vaginas múltiples?
Autor: christiansanz71
Conglomerados
La prosa modernista fue una imitación del conglomerado. Las librerías, bibliotecas, museos, tiendas, universidades, hicieron de la aglomeración -en un mismo recinto se venden joyas, se edifican capillas, se instala un servicio de juguetería para infantes, se proyectan películas, etc..-, de la aglomeración y lo abigarrado un seña de identidad. Una galería de arte ya no es una galería de arte, también es un parque de atracciones. Una biblioteca no es solo una biblioteca, es tanto un espacio social como de estudio. Una Universidad es también una academia de artes sensuales, donde se enseña y aprende, no latín y griego, sino hip hop y otros modos de estimulación placentera. También existen conglomerados mentales, menos conocidos por lo que son, a saber, pensamiento confuso. El pensamiento directo es elegante y habla de esencias, el pensamiento aglomerado es como burbujas o farfollas balbucidas y expresa forzadas metáforas, por ejemplo, el fútbol como danza o como teatro o como guerra, la moda o vestimenta como escultura animada o como relaciones semióticas, el gesto como un lenguaje, los paisajes como arte vivo, etcétera. El conglomerado es el perfecto correlato que expresa la vivencia del tiempo de los hombres contemporáneos; barroco y uniformemente acelerado. Lo contemporáneo es una suma de le goût de la boue (el gusto por el fango), la satisfacción pornógrafa y el desmedido gusto y afán por el amontonamiento. Tiempos estos de decadencia bizarra helenística. La clasicidad deslinda, clasifica, ordena, jerarquiza, argumenta, se limpia y ducha, el estilo privado de los hombres de ahora es informal, sin corbata, popular, descuidado, arbitrario, espontáneo, en busca de una vida totalmente emancipada, sin condicionantes, empezando por los de la inteligencia y el buen gusto.
P.D. En un gran espíritu la consecución de infinitos deseos sin valladar la convierten en una mente fáustica, con grandes creaciones en el orbe artístico y científico. En la inmensísima mayoría de los hombres comunes, esa sed insaciable de deseos, los convierten en mecanizados -y casi endeudados de por vida- en, decíamos, robotizados consumidores.
Consejo para el universitario
Si usted que me lee es estudiante de humanidades en la Universidad, por favor no se empecine en lo obscuro y embarullado, y note que nunca debemos atribuir la falta de claridad e inteligibilidad del pensamiento a un problema de expresión del pensamiento; a un lenguaje claro y perspicuo corresponde un pensamiento claro y perspicuo, y a un pensamiento diáfano también corresponde, como la sombra que sigue al cuerpo, una formulación lingüística diáfana. Si claro es el escrito es porque usted tiene claro el pensamiento, si confuso debido a que sus ideas son oscuras y precisan clarificación. Comentar un hecho de cultura con una redacción hermética y verbalmente terrorista le abaja como estudioso o estudiante a una descortés y zulú tribu. La civilización, aunque difícil y anudada con distintas hebras, es solar; no la oscurezca innecesaria, torpe y maleducadamente.
Arte
En la mente popular acecha la idea que, bajo cualquier humano, se encuentra una creatividad artística deslumbrante. Los dones para registrar emociones en prosa, bailar eurítmicamente, cantar con propiedad, componer un aceptable poema, ejecutar cabriolas con el pensamiento o bonitos artefactos con las manos, están ampliamente distribuidos en nuestra especie. Pero una creación, un artista, debiera predicarse de aquellos objetos salidos de una mente muy fuera de lo común, absolutamente extraordinaria, con una voluntad férrea y astral, y al servicio de un punto de vista singular y grande sobre la vida y el mundo. Y esto sí que escasea alarmantemente entre nuestros congéneres. Un tipo con labia y desparpajo que se sale con la suya, una suerte de bohemio que desea vivir fuera de la rutina burguesa y anhela una suerte de vida libre y desembridada, un mero imitador eficaz de formas ya establecidas, es el talento que hoy abunda pero que poco -o nada- se aviene con el genio creador. Todo quisque desea que sus expresiones se enjuicien como artísticas, pero de ello solo resulta un abaratamiento y descenso del nivel medio. Cualquiera puede tener creatividad, pero casi todos carecen de creatividad artística en el sentido fuerte y con las condiciones antes mencionadas. Ars longa, vita brevis.
Pax burguesa
La luz tamizada y oscura cae sobre el tejado, el alto linaje de mi secreto burgués es saber estar arrellenado en el sillón, traspuesto, quieto. Así se calman las hogueras del caliente mundo. El insoportable fárrago se adelgaza si me estiro en el diván con un libro. La tiranía del éxito, el alud de la avaricia, la devoción a la maldad, la polución de la tierra y el desbarajuste del dinero, el culto a la imbecilidad, todo huye en mi pax burguesa. La felicidad es un estado catatónico caracterizado por su incapacidad para la sorpresa, como cuando me siento en la galería cálida acristalada y me embobo mirando nada. O no. Miro atento y voraz la iglesia del siglo XIII a dos metros de mi galería, y sé que la iglesia y el hogar es la eudaimonía. Paz. Ver el amor con que cae la lluvia.
Chambord
Construyó el castillo real de Chambord el rey Francisco I . Tan obsesionado estuvo con él que incluso quiso desviar el río Loira para que pasara a su vera. En 1725 Luis XV dio Chambord a su suegro, el padre de la reina María, Stanislas Leczinsky. Este residió en Chambord, a pesar de que allí solo se podía vivir en verano. La región era pantanosa y las fiebres diezmaban a la servidumbre. Leczinsky, que fue hombre de muy buen sentido, hizo una vida burguesa, nada conforme con la real residencia. Salió de allí para recuperar la corona polaca, que inmediatamente debía volver a perder. Años más tarde Luis XV concedió Chambord como regalo real a Mauricio de Sajonia, figura guerrera egregia y hombre entre quimérico y vanidoso.
Estimado Sr. Torra, estimado Sr. Sánchez, estimado Sr. Iglesias, ustedes ni merecen ni merecieron ningún Chambord. Cada uno debe ganarse su Chambord. Su cara difícil y su color pastoso y agrio, su habla tartaja y su cacareo cacaseno, el yermo erial de sus mentes no merecen ningún Chambord.
Luis XV tuvo sentido del deber hacia el reino. Luis XIV tenía un buen humor irónico y callado. Luis XVI, supremo miope, más preparado para el gobierno que sus dos antecesores, tuvo poco o ningún carácter. Sucumbió, Luis XVI, inmóvil, a penosas y adversas circunstancias. El duque de Richelieu, siempre resistió los más descomunales excesos sexuales y gastronómicos. Orgías y lúbricas acciones motejan y signan sus noventa y dos años de vida. Richelieu fue un polígamo perverso y exquisito. Dejó su rica herencia a sus catorce gatos. Y la marquesa de Pompadour dilapidando y embelleciéndose con la champaña.
Y ahora el timo existencial de Quim Torra, la musa para jubilados nonagenarios de la verdulera y bacaladera de Pilar Rahola, y Puigdemont que en lugar de tener sueños apacibles, relajados y suaves, es un irresponsable desarticulado, y Sánchez e Iglesias mostrando a su público sandio un cerebro incapaz de profanarse con una idea inteligente, culta o elegante.
Os dejo queridos, mi espíritu tolera la miseria hasta cierto grado. Torra estudia, Colau estudia, Arrimadas estudia, Irene Montero sal ya de parvulitos y límpiate los mocos. Me voy con el mariscal de Luxemburgo a tomar una «fricasée» de pollo que quedó con la grasa cuajada, conocida también, a partir de este invento suyo, como chudfroid de volaille. ¿Cataluña o la política socialista española?, ¿la gestión de la pandemia?, hala, iros al Telepizza o al Telecubata, al vertedero cochambroso de la historia, caterva de memos mediocres, los peores entre lo peor.
Poseo imágenes oníricas amables, editio princeps de Chateaubriand, cultivo con esmero camelias, he visto mundos surgir sobre la delicada nieve, bautizado princesas dentro de una concha, he orbitado cielos voluptuosos a lomos de un halcón, intimado mi cerebro con los punzantes ojos del leopardo ¿Cómo no despreciar vuestro incesante borbotear o mascullar estiércol? La Naturaleza administró y midió mis movimientos; me juzgarán los mejores y no malgasté mi destino. Mi alma puede brillar como un diamante, la vuestra, políticos del montón, cucañistas plebeyos, es mera piedra común sin luz ni lustre. El valor de la literatura sobrevive, como dijera Auden respecto a la poesía: «En el valle de sus dichos, donde los ejecutivos / Jamás querrían entrar». Ni los políticos, claro…
Que desfile por el mundo esta opereta bufa. Que los noticiarios muestren vuestra embarazosa e incorregible idiotez. Chambord (símbolo del lujo de la mente) solo puede ser lugar de poetas, eremitas y conventuales solitarios. Adieu...

Contra el cine
Je acuse al cine de halagar nuestras más bajas pasiones y vicios, de omitir en virtud del espectáculo y la diversión lo más serio de nosotros, de filmar solo lo concreto y nunca la ley universal, de que sus héroes y antihéroes son mercancías intercambiables en cualquier pasillo de comercio o ala de manicomio, de que halagan nuestras aspiraciones más bajas y carnales, de que son incapaces de distinguir lo sublime de la basura, que casi siempre ofrecen propaganda en lugar de profundidad, sentimentalismo deleznable en lugar de sentimientos elevados y nobles, y que como parte de su bagaje de observación solo registran lo vil impuro, lo elemental esquemático, y el más mezquino deseo. Si eres un cinéfilo moderno careces de sutilidad para distinguir tipos humanos y tu visión carece de significados acerca de lo que hay dentro del hombre. Para pensar por ti mismo primero tienes que tener algo en lo que pensar. Quítate las películas de tu pensamiento. Je acuse al cine. Con él desaparece la sensibilidad al ejemplar y al individuo. Cine; esa tienducha de barraca y bisutería prostituyendo las mentes modernas, esa fuente de venenos e ideas borderline.
Fúlgidas palabras del cardenal Besarión
«Los libros contienen las palabras de los sabios, los ejemplos de los antiguos, las costumbres, las leyes y la religión. Viven, discurren, hablan con nosotros, nos enseñan, aleccionan y consuelan, hacen que nos sean presentes, poniéndonoslas ante los ojos, cosas remotísimas de nuestra memoria. Tan grande es su dignidad, su majestad y en definitiva su santidad, que si no existieran los libros, seríamos todos rudos e ignorantes, sin ningún recuerdo del pasado, sin ningún ejemplo. No tendríamos ningún conocimiento de las cosas humanas y divinas; la misma urna que acoge los cuerpos, cancelaría también la memoria de los hombres» Cardenal Besarión.
Música y juventud
Los jóvenes no tienen libros, pero sí mucha, y de un modo extraordinariamente enfático, de manera tropicalmente fértil, música. Y música clásica precisamente no, no más de un cinco por ciento sienten en sus almas la taquigrafía psicológica de un Beethoven, Mozart o Brahms. Y el alma sin esas asociaciones emotivas es difícil que se eduque y civilice. Solo fui una vez en mi vida a un concierto de música moderna. Era en un pabellón deportivo. Solo al entrar ya me encuentro a una adolescente en estado comatoso tirada en el suelo. En los baños la chavalería tomaba dionisíacamente e irreflexivamente tiros de cocaína y pastillas de éxtasis. Aquello era el Inferno de Dante. Para estar en la onda la afición general era ser hostil a la razón, drogarse maniáticamente, y usar un espíritu de cruel y grosera sensualidad, una expresión lo más primaria y primitiva del alma. Los sentimientos delicados de Beethoven se arrasaban y se negaban en ese mundo contemporáneo. Se negaba así el sendero de las verdades más antiguas. El alma herida apoyaba un mundo de injusticia. Se enaltecían fuerzas oscuras, caóticas, premonitorias de una inminente destrucción. El desenfreno de las pasiones no podía sino transformar la moralidad en una antigualla empolvada. Esos muchachos y muchachas buscaban estímulo báquico, y no conocimiento, ritmo coribántico, y no serena lucidez. Muy pesimista esa noche me alcanzó con dificultad el sueño.
El antimoderno
En la más apacible bonanza y la más compacta, frondosa sobriedad, vivo como una reliquia de mí mismo una vida antimoderna por entre mi alta y feudal aldea gallega. Bi bene, ibi patria, «donde bien estés, tu patria está». La mano asesina de Internet acabó con mis dulces tabernas, con los usos y costumbres de mi mamá y de mi papá, acabó con el dinero, los libros, el arte, el periódico de papel, las canicas, los sombreros, el cine, la amistad, el sexo, la educación, las costumbres en general y la moral universal en particular. En mi exilio feudal gallego vivo una forma arcaica de vida que me justifica. Venceréis, pero no convenceréis. Engañad a la vegetación con una nube de gases venenosos. Cambiad la conveniencia sin peligro del hogar por el tumulto de los viajes en coche y avión. Birlad los bienes del prójimo usando a destajo ese latrocinio llamado «comercio». A Polibio, cuando llegó a Corinto poco después de la derrota griega, le horrorizó ver a soldados romanos utilizar el reverso de valiosas y hermosas pinturas como tableros de juego. Yo me siento como Polibio. La corona cívica era un atuendo militar alrededor de la cabeza, un conjunto de hojas de roble que se concedía a aquellos romanos que habían salvado a sus conciudadanos en la batalla. Pero una voz interior me dice que se acercan las hordas galas y plebeyas, y que murió lo singular y patricio, el valor por el bien del prójimo. Yo resisto. Solo, pero resistiendo. En mi cueva arrullado. Mascullando mi indefensa verdad: el mundo se equivoca y yo no yerro. El mundo es fea atrabilis. Suetonio refirió varios espectáculos cruentos en la era de Nerón. Suetonio es el hoy por hoy del ahora. Anna Ajmátova declaró más que convincentemente que el siglo XX fue «peor que cualquier otro». ¿Hablaremos al final del XXI como Anna del XX? Se avecinan siglos de incuria, dolor e hiel, siglos de desmigajamiento del corazón y del hojaldre de la belleza, el bien y la sabiduría. Un mundo cuya única música es la del ascensor está destinado a perecer. Lejos de Sefarad mi refugio no es la Europa oriental o el norte de África. Mi refugio es esta inconcebible soledad en la latreba en que vivo secluso. Oh Nogueira de monarquía plenipotenciaria. El rey Luis XVI intentó no perder la cabeza, la corona y el proceso. Intentó un consenso mediante unas necesarias reformas. Pero al convocar los Estados Generales abrió la temible espita o válvula de escape. El 14 de julio de 1789 vino la horda. La plebs asesina y ruin, el arrebato bestia, la arboladura zafia y bestial. Cuando conducían al cadalso a Luis XVI, en la carreta, pidió a un ciudadano que por favor entregara una carta de amor y despedida a la reina; el vil ciudadano se negó afirmando que él no era súbdito de nadie. Cuando iban a guillotinar a María Antonieta el verdugo pisó sus reales zapatos; la dama de estricta educación prusiana profirió sus últimas palabras «pardon, messie» Que Grecia y Roma, y la Francia de Luis XVI, como una golondrina, anide en vuestras casas, y que no anide en ellas la lujuria turista, el FMI e interné. Que Marco Aurelio guíe vuestros pensamientos, o el generoso Agustín de Hipona, y no los mamarrachos coachs. Abro mi baúl con flejes de hierro y saco una antigua edición de Platón. Excoraciones benditas prodigan mi saliva también junto o ante Plutarco. Rímel de prados orensanos tascan hierbas y pacen senequistas vacas en mis tierras este año nada llovidas. El silencio y la soledad pitusa se ajustan a mi carne. En mi galería leo, veo pasar en cofradía tanto la bendición de los dioses como la pudrición del mundo. Sueño recurrentemente con una especie de nuevo renacimiento carolingio. Me cuesta alcanzar, empero, algunas veces, un sueño sereno. Temo, también algunas veces, mi locura.
