Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
«La tarea del mercado es convertir la basura en oro. Y la basura es cualquier cosa, desde la auténtica basura al oro. El mercado no distingue entre la basura y el oro, porque es función del mercado hacer que la basura sea oro […]; el mercado está obligado (es su tarea) a destruir todo aquello que pueda dificultar que la basura se convierta en oro. Por ejemplo el conocimiento capaz de proponer un valor contra un precio.
El mercado destruye el conocimiento porque el mercado produce oro. El antiguo mecenas, en cambio, necesitaba imperativamente el conocimiento para encontrar oro. Es una diferencia esencial que marca épocas muy distintas en el desarrollo de la civilización occidental» Félix de Azúa, Diccionario de las artes, Debate
Velázquez proponía a los reyes la compra de pintura italiana ya que se sabía que su criterio se aquilataba en conocimientos extensos y minuciosos. Eliot fue un mandarín, como lo fueron también Russell o Moravia o Enzensberger o bien Sartre. Hoy diseñan la opinión pública -la peor de las opiniones- Ophra Winfrey, Pablo Iglesias y Jorge Javier Vázquez.
A mi juicio, ahora leer y saber no importan, incluso molestan. El descrédito cultural se convirtió en una moda cultural. Expresarse con subordinadas te convierte en ininteligible, y te miran mal si procuras hablar bien -con simple corrección y precisión- evitando el descosido mongoloide sintáctico habitual o la jerga charlatana o chalaneo tabernario. El ignorante no se avergüenza íntimamente de su ignorancia (e intenta remedarla) sino que se vanagloria de ella y la exhibe públicamente sin pudor (acaso porque -y esto es ya dramático- no sabe incluso que es ignorante)
¿De qué están hechos por dentro los hombres? De aquello que llena su ocio y ocupa su tiempo fuera del trabajo: los «media». Los media no instauran toda la conciencia; el lenguaje es recursivo y el pensamiento un habla contigo mismo. Hay parte de lo que eres interna y parte externa modelada desde fuera. Pero pocos se esculpen y determinan a sí mismos autárquicamente con el auxilio del arte, la literatura, la ciencia, las humanidades y el estudio, sino que asumen (en términos generales) acríticamente las ideas y valores comunes farfulladas por la televisión, la radio, la prensa, el cine e Internet. Se educan con una música inarmónica que asorda el alma, que te encadena a la obscura, neblinosa cueva platónica.
Oscar Wilde (un aforista extravagante que siempre tenía razón, según dijo Borges) afirmó que las modas eran tan feas que por eso se debían cambiar cada seis meses. La moda de la incultura y de «seguir al rebañego» (Unamuno) temo durará uno o dos siglos más hasta que la historia amanezca espléndida con una especie de nuevo y juvenil renacimiento carolingio. La amnesia y anomia desorganizada y catastrófica de la educación secundaria y universitaria hace que yo sienta incluso que ya «ni es posible hallar consuelo en tinieblas proféticas»(Eliot)
Además el mundo dejó de estar familiarizado con la urdimbre vegetal, astral, cósmica, teológica, con las resonancias de un sentimiento de la vida lento, meditativo y litúrgico, agrícola y celeste.
Yo vivo en una aldea de diez personas (me sobran nueve) y desprecio la euritmia «turbocapitalista» y los deleites o afanes laboriosos de la urbe. Me alimento solo de Nescafé y libros de anti-modernos (Ébola, Burke, Bonald, De Maistre, Guénon, Gómez Dávila, Donoso Cortés, etc…) Dejaré mi rica biblioteca y mi patrimonio a mis gatos, igual a como hizo Richelieu.
Noto la ley de degradación de la «qualitas» en virtud de la «quantitas». Sé asimismo que la poesía, la literatura y el pensamiento en verdad importantes desaparecieron de la inmediatez cotidiana de la gente, gente embrutecida por los medios de comunicación y que, plagiando a un gran poeta (y advirtiendo sus notas irónicas), no puedo menos que llamar «gentuza».
Cambiando algo el sentido del verso,»But all is changed, that high horse riderless», («Pero todo ha cambiado, aquel elevado corcel anda sin jinete» Yeats); nada me atrae la baraúnda y martilleo estridente del mundo y monto mis corceles de los siglos pasados con gusto sumo y pasión desmedida. Mi noche no apunta al mañana infausto sino al ayer majestuoso.
Solo escribiré elegías. Prefiero aquellos antiguos ganchudos sifones a los muebles impersonales de Ikea, considero unos labios imbéciles a los gordezuelos labios apisonados por obra de la cirugía estética, me aburren los «best-sellers» de avulgarada prosa -prosa ulcerada- y muy mal compuestos, leo a Boswell y a Platón, a Emerson o Fumaroli o Bloom (tanto Harold como Allan) en mi galería acristalada a la luz del quinqué o de la luna; me digo apocalíptico el verso: cualquier tiempo pasado fue mejor. Solo soy un hombre solo, enfermo, triste, sin amores ni amigos. Solo soy feo, católico, monárquico, loco, surrealista y sentimental.
(a) «Aprender puede ser un placer, pero, insisto, requiere un esfuerzo y un trabajo. Hay que decírselo a los niños. Si no, les estamos engañando. Tocar el violín, por ejemplo, no es fácil. Requiere mucha práctica. Infinidad de estudios muestran que se necesita un esfuerzo prolongado para mejorar en cualquier cosa (tocar el violín o el piano, aprender matemáticas o historia, aprender mecánica de automóviles, dibujar, danza, programar, redactar, etc…) Para ser bueno en algo tienes que dedicarle muchísimas horas. Y hay que hacerlo de forma consciente y trabajar con un maestro. Todas las investigaciones serias avalan la idea de una escuela basada en el esfuerzo del alumno bajo la dirección de un profesor» Enkvist
No vendamos la moto a desarmados e ingenuos alumnos de un mundo feliz al alcance de su mano. Formemos a futuras personas adultas y maduras. A la escuela no se va a hacer actividades más o menos chill out, sino a trabajar y estudiar. Si por desgracia los profes se encuentran a alumnos que no han oído un «no» en su vida, no nos pleguemos a los síes o sus síes. Una cosa es un aula y otra muy distinta el salón de su casa. Si un docente al que su inconsciencia, inmadurez o lavado de cerebro por parte de pedabobos, cree que su función es respetar plenipotenciariamente el afán de descanso o entretenimiento de sus alumnos, creará monstruitos que, además, poco aprenderán, poco, muy pero que muy poco. La escuela debe dar una base intelectual. El resto es timo del tocomocho. Amigos ex colegas ¡¡nunca os pleguéis al capricho de vuestros alumnos sobre qué estudiar y cómo!! En caso contrario, yo os acuso severamente de convertir el aula en una forma patética de ocio y en una fábrica colosal de ignorantes. Como ya lo es.
(b)
«Para ese famoso psicólogo y pedagogo «la empresa ha descubierto que invertir en mejorar nuestra vida socioafectiva es rentable» Yo no sé si se refería a la empresa como Ser Supremo o a una empresa en concreto que olvidó citar, pero encuentro muy penoso hablar de rentabilidad en relación con la vida socioafectiva. Semejante sometimiento a la rentabilidad resulta ya no incómodo, sino directamente opresivo. Hablaba también el autor de «la necesidad de ser feliz para trabajar con eficacia»
Con este tipo de planteamientos justamente se está alejando lo que quedaba de felicidad en nuestras aulas. Es la paradoja del pedabobo borderline triunfante.
«Esto es una invasión en toda regla y no se sabe cuánto tiempo resistiremos antes de ser estupidizados definitivamente. Ya sabemos que la Ilustración pasó de puntillas en nuestro país, pero lo que está ocurriendo en los últimos tiempos tiene visos de catástrofe.Involucionamos de manera imparable. Nos dirigimos de forma desbocada hacia tiempos oscuros, medievales, en los que la superchería campará, si no campa ya, a sus anchas, amenazando con eliminar cualquier atisbo de sensatez o racionalidad»
Citas de Alberto Royo, músico y profesor (del que tomo el título de una obra de su trilogía sobre educación como título del post)
(c)
Arnold declaró que la literatura es crítica de la vida. Cuando he dado clases de letras o ciencias siempre intenté -en la medida de mis escasas fuerzas- conectar el temario con la vida de mis alumnos o con la vida en general.
A las nueve de la mañana puede ser arduo comentar a adolescentes las relaciones algebraicas, explicar una herencia en una «masia» del siglo XVIII, las sinécdoques en Horacio, las series de Fourier, o las propiedades de un campo electromagnético, sin que se perciba en el ambiente una gravedad de pesadez somnolienta.
A mi ver un profesor, igual que un cura da sermones, debe espolvorear su discurso con lecciones morales. No adoctrinar, sino aconsejar con prudencia, comentar la vida. En mí hubo siempre una irrefenable vocación didáctica que determinados imponderables mutilaron. Era algo indisplinado con la insoportable burocracia y algo impúdico en clase, y, evitando como peste el colegueo, no me importaba hablarles de sexo, la muerte, los sabores y sinsabores del estudiante, el tipo de profesores que existían, anécdotas históricas de las biografías de los autores o época que explicaba (Turing, Newton, Cernuda, los emperadores romanos, la Revolución Americana, etc…), cómo moderar el deseo para renovarlo, cómo sería el asesinato perfecto, por qué les gustaba la telerrealidad o los talent show, cosas de mi doméstica, en fin, de todo lo divino y humano.
J. Stuart Mill escribió «El propósito de las universidades no es formar abogados, médicos o ingenieros expertos, sino educar a seres humanos capaces y cultos», Arnold escribió asimismo «la educación cultural adecuada debiera inspirarnos afecto por el vecino, un deseo de aclarar la confusión del hombre y la miseria del hombre, y debe engendrar la noble aspiración a dejar un mundo mejor y más feliz del que encontramos», Dideot afirmó con absoluta clarividencia «En lo concerniente a la educación pública nada existe de variable ni que dependa esencialmente de las circunstancias. Siempre será el mismo el fin de la educación, en cualquier siglo: formar hombres virtuosos e ilustrados».
Mi ambición o ideal siempre fue dar clases como si impartiera un sacramento secular. Los humanos o alumnos somos seres tensos y atribulados y agradecemos el cuidado del alma. Nunca hubo malentendidos con mis alumnos, las cartas estaban claras; era muy duro y exigía mucho porque educar para mí no era un pasatiempo de profe sindicalista pasota o tarea de lorito repitiendo veinte años lo mismo. Como que ellos sabían que yo no cesaba de estudiar también sabían que suspendería sin remordimientos o contemplaciones a vagos, jaraneros o turistas calienta pupitres.
Me echaron de profesor. Mi orgullo es que no fueron los alumnos sino los directores de centros o de instituciones privadas.
Por el sumidero, por el desaguadero, la sonrisa pazguata del tuitero.
(ii)
El detallismo, la lentitud, el tono moroso en la descripción como caer de un tobogán alto y enorme, los elementos verbales no reducidos a un mínimo común mineralizado, las descripciones anchas en estilo vívido, la provincia proustiana, el yelmo veteando todo de matices de James, la robusta originalidad faulkneriana, el concierto del subjuntivo, parecen atributos que rechaza la novela actual, obsequiosa con el ritmo rápido y la mímesis periodística.
Casi un correlato de la Era Hiperveloz es la prosa -corta, cortada en breves razzias, golpeando en sonantes staccatos delgados-, es la prosa, decíamos, de la época. Del picoteo al navegar entre vínculos de Internet, al picoteo de la novela acelerada y con oraciones de breve longitud y con ruidos de discoteca. No somos sensibles ni al oído ni al estilo. Admito -claro- que hay que mirar a través de la lente, pero, acaso, algo también con la lente.
Realismo de contenido y aplanamiento de forma no necesariamente es la fábrica óptima de las novelas La mejor defensa contra la mala literatura es una plena experiencia de la buena. Así -a lo mejor- cuando leemos con estallidos de gozo no mendaces, con placeres -puede que difíciles- verdaderos.
(iii) A los poetas de Instagram
«Todas las palabras [del poema] estaban mal; todas eran románticas, banales, probablemente las habían utilizado los supuestos poetas del s.XIX. Lo intentó de nuevo: ocres residuos, posos del corazón; parecía que se alejaba suficientemente del mal poema, pero no servía. Usó «corazón», una de esas viejas e inadecuadas palabras. Pero, ¿por qué hay que escribir precisamente sobre el otoño, o sobre el amor «de esa manera»?. Palabras, poemas prohibidos. Todo ello demuestra lo mediocre que soy». G. Bullet, El jurado.
(iv) Sí, él, él, el ke obra cola K.O.
El rey (ley) ninguno
creando (potando) basura
sin límite (apeiron) alguno:
natillas de cabrilleo de elvira
pepi, luci, seguro ishiguro.
A tomar pol culo.
(v) Con el respeto debido, pitido,
pipí disparo a tu Cupido, alicaído,
con tus rayos de Baco, corazones,
fríos güevos con bacon, mutaciones,
si te enfermas con Filis, cocaína,
ensueño con primos gilis, quinina.
Oh alivio de mi pena tu caca, perlada,
oh ojete granate tu letra y petaca, versiamada.
A sus pies, opus magnum, doña Paca, con mamada.
(vi) Si escribe de faunos, se convierten en cirujanos ortopédicos, si cita a Leibniz, suena a coscorrón estridente, si emociona, es con cursi moción de censura.
(vii)
-Lee a Marwan, resentido envidioso joputa -El arte es largo y la vida corta
(viii) Si tuviera que apostar, apostaría a que ganaremos entre diez y quince medallas. Intervalo generoso dada la brivonería criminal típica de nuestro nivel de subdesarrollo.
Duda (no lo he soñado) en mí ha suscitado
una plebe que no manda y obedece
al horroroso unísono al imperio desgraciado.
Patria digna de desgobierno, escoria e infierno
de operetas bufas y expedientes de Asuntos Internos.
Un rey emérito aciago que se inmola constante
ante estragos o bragas que abandonó su amante.
Una pléyade de chupapollas con el burlando cuento
que ellos sí sufren sobresaltos y blandos tormentos.
No, abjuro de esta mugre de conejos, necios ingratos,
estudio Sálvame, y sé que merecen poco más que cobalto.
(ix) Por un verdadero diálogo de las «Dos culturas» (Sokal)
1. Saber de qué se habla.
Cuando Lacan identifica el número imaginario con la erección del pene dice una enorme chorrada. O cuando Kristeva usa la Teoría de Conjuntos de modo delirante. Etceterísima.
2. No todo lo oscuro es necesariamente profundo
Si leo a Lezama Lima, yo, muy a menudo, casi no entiendo nada, pero, por el tono, por la erudición y sobre todo por la maleabilidad y malabarismo idiomático, admito, intuyo con probabilidad y certeza que se trata de un genio. Pero si leo a otros autores parece que sin haber vivido una revelación gnóstica o bebido un chupito de Eleusis el acceso es imposible, y, su tono, o bien -mejor- tras análisis profundo, tras inversion -molesta y en burdo pasatiempo- en lo que escribe, se advierte casi sin duda que el autor es falsario, impostor o impostura
3. La ciencia no es un «texto»
La gravedad no es una novela ni las matrices un soneto con estrambote ni un constructo social arbitrario o convencional la ley de Gay-Lussac, ladies and gentlemen.
4. No copiar miméticamente las ciencias naturales
La literatura, claro claro, también tiene una dimensión cognitiva. Borrico el que niega asimismo la dimensión estética del lenguaje y cree que solo es un código artísticamente aséptico.
5. Desconfiar del argumento de autoridad
Las opiniones políticas de un arquitecto no tienen el mismo valor que sus conocimientos de cálculo o resistencia de estructuras. Idealmente TODOS podríamos llegar a las mismas ideas del científico invirtiendo sus años de estudio. Al no ser posible lo instituimos como una autoridad en su campo con toda legitimidad. Pero hay un bullicio de discrepancias científicas pleno de diferentes especulaciones en determinado campo de la ciencia (aquí poco vale el argumento) y también científicos que se ocupan u opinan de campos donde no son autoridades. A un físico en principio no le preguntaré cómo se hace una buena novela ni a Vargas Llosa de mecánica cuántica.
6. No confundir el escepticismo específico con el escepticismo radical
Dudar es bueno, si se duda con sentido.
7. Mucho cuidado con la ambigüedad utilizada como subterfugio
(x) Que tu mente sea para ti un reino, una corona. «Al servicio de Fortuna por sonar como le plazca».