Variaciones a un poema de Bishop

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Perdiste el reloj de tu padre, la letra de las

canciones, mujeres que no amaste de veras, no, no es muy difícil

dominar el arte de perder. Perdiste la memoria,

la razón como un guisante peludo en el prado,

las llaves pequeñas en la boca dentada de una luciérnaga.

Las horas que se malgastan frente al televisor.

La soledad que se irrita frente al libro.

Perdiste la voz de Marta como monda podrida de naranja en el suelo.

Perdiste ciudades, casas, amigos, ropa,

dinero, abstracciones, deseo, honor,

oasis, infiernos, sueños, botellas, pastillas

dentro de los sofás, vientos que azotaban helados

la cara, tus bicicletas, tu acné, el murmullo del agua

al hablarnos de cerca.

La vida es un océano encrespado de pérdidas.

Parece difícil dominar el arte de perder

pero es fácil como una amnesia por golpiza.

Toda verdura atropella una contracara de hedor.

Cualquier idea flota en la oscuridad.

Quédate con la suavidad lenta, silenciosa, de la hoja, y acepta y olvida.

Desprecia lo que poseíste; vivir es una acumulación de límites.

Espera la dulce muerte dentro de este oscuro mundo.

Anhela esa hora y esa ganancia.

La necesidad de otro lugar

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Necesito comunicar que no deseo comunicar.

Avalan mi existencia Puerto Urraco y un serial killer.

Escucho la Cadena Dial: Huya de mi Oído ese Grosero tan Entero.

Plinio el Viejo declaró que no hay vagina mala que no tenga algo bueno.

Dar con la Virgen en un night-club.

Pegotes de carmín en la servilleta barata.

El seco y desabrido goteo de la noche.

Escuálidas y taciturnas muchachas gritan medio desnudas.

Festivos obreros trabajan con tenacidad.

Talibanes juegan al fútbol con una cabeza humana.

Un pegajoso calor hace vacilar al camionero.

Con un suave «psst» el burgués se dirige al camarero.

Ella, tras sopesarlo, ya se considera madura adúltera.

El sacerdote empolla un hostia con su mano.

Ya coronó himeneo de tus deseos el ardor sublime.

Escenas de la vida cotidiana congregadas en este funesto anfiteatro nuestro.

La vida es un ballet incesante de borrachines, madres dementes y haraganes.

Solo en el pesimismo extremo sé vivir, ser feliz y estar solo.

Mom

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«Hijo, la locura existe, claro, excepto en tí»

«Mira, prefiero mi cerebro como un gruyere, a ser una damita tan aburrida y convencional como la neuróloga, mero ejemplo de novela rosa»

Ay mami, pese a tu (moderado) deterioro cognitivo,

pese a tu (cruel) enfermedad neurodegenerativa,

tu alma impulsa (impulsará) mi amor,

tus manos viejas rugen como león,

tu mezcla de bondad y desprecio me salvan de la oscuridad.

Las caricias o ternura serán nuestra futura defensa,

olvidemos el lóbrego imperio de Tiberio.

Que el brillo de tus dientes siga dando dentelladas

¿»No crees que los primos son magnos Marqueses del Aspersor»?

«Esa ministra viste como una bacaladeracon miedo a entrar en el hall del Zara»

«¿No te sorprende que algo tan mágico como hablarse reparta de forma casi universal?»

Papá y tú fuiste un bello país que nadie se atrevió a pisar.

Nunca me cansaré de loarte o cantar

el perfecto laurel de tu cerebro.

Te querré siempre, desde todos los lados y universos, y más allá.

Ojo ortopédico con el que de la fábrica nací

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Tengo un ojo ortopédico para lavar en el fregadero.

Ayer oí en la SER a una psicóloga que afirmaba

que los solitarios vivimos mucho menos y enfermamos mucho más.

Ceno solo frente al televisor como un viudo con cáncer de vejiga.

Elogio las razones de los muertos.

Sueño -gracias al Tranxilium- con murmullos rosáceos de coches de caballo

y zares en el invierno de su exilio.

Mi soledad -creo que lo sé- es como una furgoneta

despiezada minuciosamente en la chatarrería.

Pero me acompañan los sonidos nocturnos de valles y montañas,

el aliento de un dragón resguardado secretamente en el bosque,

las voces locas en mi cabeza,

el lento fluir de la cierva que lame mi espalda desnuda,

mi modesta imaginación, infectada de silencio, propendiendo al exceso,

como hélice o turbina fuera del eje,

y respiro altas montañas verdes muy amuralladas.

Lo intenté. Hacer amigos, relacionarme, ser sociable;

sé que gracias a los otros tu mente no es un camino angosto de aldea

sino mullidas alfombras de autovías bifurcándose y plazas de mármol,

que no te achicas sino que tu vida es dulzura de cosa eterna.

Sé que poco valen mis albas de juguete y hojalata.

Sé que mi soledad es una tiniebla de sombra de perro.

Pero me dáis asco, ladies and gentlemen.

Me molesta el rugido de vuestra osamenta al acercarme la mano,

los incisivos y las colillas de vuestros ojos arrugados,

vuestras oligofrénicas rodillas sucias.

Con amigos y amores fuera acaso decente y no el loco misántropo que soy.

Para mí un gesto tierno y una caricia cómplice es un bosque de culebras;

siempre me ocurrió esto.

Prefiero mis infartos (la psicóloga explicó que eran uno de las consecuencias de la soledad),

el vivir en las afueras, mi vocación de intereses impersonales,

a vuestra sonrisa Profidén mameluca.

Adoro mi intestino abultado de mierda.

Mi vida tiene como símbolo una taberna aislada en los caminos aislados del destino.

Lo admito con júbilo. Sí, el diablo fabricó mis genes.

Debí nacer y nací. Lo opuesto a ruina y lástima.

Perdonadme si he sido un monstruo.

Elegy

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«La tarea del mercado es convertir la basura en oro. Y la basura es cualquier cosa, desde la auténtica basura al oro. El mercado no distingue entre la basura y el oro, porque es función del mercado hacer que la basura sea oro […]; el mercado está obligado (es su tarea) a destruir todo aquello que pueda dificultar que la basura se convierta en oro. Por ejemplo el conocimiento capaz de proponer un valor contra un precio.

El mercado destruye el conocimiento porque el mercado produce oro. El antiguo mecenas, en cambio, necesitaba imperativamente el conocimiento para encontrar oro. Es una diferencia esencial que marca épocas muy distintas en el desarrollo de la civilización occidental» Félix de Azúa, Diccionario de las artes, Debate

Velázquez proponía a los reyes la compra de pintura italiana ya que se sabía que su criterio se aquilataba en conocimientos extensos y minuciosos. Eliot fue un mandarín, como lo fueron también Russell o Moravia o Enzensberger o bien Sartre. Hoy diseñan la opinión pública -la peor de las opiniones- Ophra Winfrey, Pablo Iglesias y Jorge Javier Vázquez.

A mi juicio, ahora leer y saber no importan, incluso molestan. El descrédito cultural se convirtió en una moda cultural. Expresarse con subordinadas te convierte en ininteligible, y te miran mal si procuras hablar bien -con simple corrección y precisión- evitando el descosido mongoloide sintáctico habitual o la jerga charlatana o chalaneo tabernario. El ignorante no se avergüenza íntimamente de su ignorancia (e intenta remedarla) sino que se vanagloria de ella y la exhibe públicamente sin pudor (acaso porque -y esto es ya dramático- no sabe incluso que es ignorante)

¿De qué están hechos por dentro los hombres? De aquello que llena su ocio y ocupa su tiempo fuera del trabajo: los «media». Los media no instauran toda la conciencia; el lenguaje es recursivo y el pensamiento un habla contigo mismo. Hay parte de lo que eres interna y parte externa modelada desde fuera. Pero pocos se esculpen y determinan a sí mismos autárquicamente con el auxilio del arte, la literatura, la ciencia, las humanidades y el estudio, sino que asumen (en términos generales) acríticamente las ideas y valores comunes farfulladas por la televisión, la radio, la prensa, el cine e Internet. Se educan con una música inarmónica que asorda el alma, que te encadena a la obscura, neblinosa cueva platónica.

Oscar Wilde (un aforista extravagante que siempre tenía razón, según dijo Borges) afirmó que las modas eran tan feas que por eso se debían cambiar cada seis meses. La moda de la incultura y de «seguir al rebañego» (Unamuno) temo durará uno o dos siglos más hasta que la historia amanezca espléndida con una especie de nuevo y juvenil renacimiento carolingio. La amnesia y anomia desorganizada y catastrófica de la educación secundaria y universitaria hace que yo sienta incluso que ya «ni es posible hallar consuelo en tinieblas proféticas»(Eliot)

Además el mundo dejó de estar familiarizado con la urdimbre vegetal, astral, cósmica, teológica, con las resonancias de un sentimiento de la vida lento, meditativo y litúrgico, agrícola y celeste.

Yo vivo en una aldea de diez personas (me sobran nueve) y desprecio la euritmia «turbocapitalista» y los deleites o afanes laboriosos de la urbe. Me alimento solo de Nescafé y libros de anti-modernos (Ébola, Burke, Bonald, De Maistre, Guénon, Gómez Dávila, Donoso Cortés, etc…) Dejaré mi rica biblioteca y mi patrimonio a mis gatos, igual a como hizo Richelieu.

Noto la ley de degradación de la «qualitas» en virtud de la «quantitas». Sé asimismo que la poesía, la literatura y el pensamiento en verdad importantes desaparecieron de la inmediatez cotidiana de la gente, gente embrutecida por los medios de comunicación y que, plagiando a un gran poeta (y advirtiendo sus notas irónicas), no puedo menos que llamar «gentuza».

Cambiando algo el sentido del verso,»But all is changed, that high horse riderless», («Pero todo ha cambiado, aquel elevado corcel anda sin jinete» Yeats); nada me atrae la baraúnda y martilleo estridente del mundo y monto mis corceles de los siglos pasados con gusto sumo y pasión desmedida. Mi noche no apunta al mañana infausto sino al ayer majestuoso.

Solo escribiré elegías. Prefiero aquellos antiguos ganchudos sifones a los muebles impersonales de Ikea, considero unos labios imbéciles a los gordezuelos labios apisonados por obra de la cirugía estética, me aburren los «best-sellers» de avulgarada prosa -prosa ulcerada- y muy mal compuestos, leo a Boswell y a Platón, a Emerson o Fumaroli o Bloom (tanto Harold como Allan) en mi galería acristalada a la luz del quinqué o de la luna; me digo apocalíptico el verso: cualquier tiempo pasado fue mejor. Solo soy un hombre solo, enfermo, triste, sin amores ni amigos. Solo soy feo, católico, monárquico, loco, surrealista y sentimental.

Que soy Sánchez Castejón

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A mí Plín, a mi Plín Plán

que soy Sánchez Castejón,

me alío ora con un talibán

ora con un etarra melón

que soy Sánchez Castejón,

nº 1 de cualquier promoción,

el as de las Civilizaciones,

el Apis en los macarrones,

hago ministro a mis Cojones,

vacaciono con Messi

o resucito a Gil y Gil de presi.

Yo, Mulá de los marroquíes melocotones,

yo, más guapo que Rocco sin pantalones,

yo, Emir de España, Califa del protón:

¡Viva Cuba! !Fascista putón! ¡Otegui a La Legión!

Imagen

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El alma blanca de los leopardos invernales

atravesaba el Támesis tras venir de dormirse en la luna.

Plomo derretido humeaba en las arterias de la ciudad

como la respiración ronca de un osezno

con un huevo en la tráquea.

Londres, y también en tu lengua gotitas menudas de agua.

No lo supiste, pero hiciste bien

en guardar esa imagen.

Con tu bufanda naranja y tu paraguas de seda y tu libro apolillado

y el caliente corazón de diligente universitario extranjero.

Calaveras de champaña, radiografías de pulmones de pájaros

y obscuras plumas gigantes

vendrán siniestras tras ello…

No lo sabías todavía demasiado bien, pero en años venideros

cuántas veces ocupó tu mente esa imagen:

joven estudiante muy solo y apabullantemente feliz

en medio de la ciudad populosa.

Como un destino esa compacta soledad de harapiento gozoso.

Como si viera el resto de mi vida una echadora de cartas.

Un puente, un río que pasa, un exilio, un libro.

Christian, abre los ojos y regálate esa belleza de la memoria

una vez y mil veces. Siempre. Que no muera y solo en ti viva.

Que sea nieve en la cumbre de tu memoria.

Una imagen que dibujó exacta tu vida.

Eres ese símbolo: un solitario perdido en ciudad hermética

y extranjera rodeado de millones de mudos solitarios.

Contra la nueva educación

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(a) «Aprender puede ser un placer, pero, insisto, requiere un esfuerzo y un trabajo. Hay que decírselo a los niños. Si no, les estamos engañando. Tocar el violín, por ejemplo, no es fácil. Requiere mucha práctica. Infinidad de estudios muestran que se necesita un esfuerzo prolongado para mejorar en cualquier cosa (tocar el violín o el piano, aprender matemáticas o historia, aprender mecánica de automóviles, dibujar, danza, programar, redactar, etc…) Para ser bueno en algo tienes que dedicarle muchísimas horas. Y hay que hacerlo de forma consciente y trabajar con un maestro. Todas las investigaciones serias avalan la idea de una escuela basada en el esfuerzo del alumno bajo la dirección de un profesor» Enkvist

No vendamos la moto a desarmados e ingenuos alumnos de un mundo feliz al alcance de su mano. Formemos a futuras personas adultas y maduras. A la escuela no se va a hacer actividades más o menos chill out, sino a trabajar y estudiar. Si por desgracia los profes se encuentran a alumnos que no han oído un «no» en su vida, no nos pleguemos a los síes o sus síes. Una cosa es un aula y otra muy distinta el salón de su casa. Si un docente al que su inconsciencia, inmadurez o lavado de cerebro por parte de pedabobos, cree que su función es respetar plenipotenciariamente el afán de descanso o entretenimiento de sus alumnos, creará monstruitos que, además, poco aprenderán, poco, muy pero que muy poco. La escuela debe dar una base intelectual. El resto es timo del tocomocho. Amigos ex colegas ¡¡nunca os pleguéis al capricho de vuestros alumnos sobre qué estudiar y cómo!! En caso contrario, yo os acuso severamente de convertir el aula en una forma patética de ocio y en una fábrica colosal de ignorantes. Como ya lo es.

(b)

«Para ese famoso psicólogo y pedagogo «la empresa ha descubierto que invertir en mejorar nuestra vida socioafectiva es rentable» Yo no sé si se refería a la empresa como Ser Supremo o a una empresa en concreto que olvidó citar, pero encuentro muy penoso hablar de rentabilidad en relación con la vida socioafectiva. Semejante sometimiento a la rentabilidad resulta ya no incómodo, sino directamente opresivo. Hablaba también el autor de «la necesidad de ser feliz para trabajar con eficacia»

Con este tipo de planteamientos justamente se está alejando lo que quedaba de felicidad en nuestras aulas. Es la paradoja del pedabobo borderline triunfante.

«Esto es una invasión en toda regla y no se sabe cuánto tiempo resistiremos antes de ser estupidizados definitivamente. Ya sabemos que la Ilustración pasó de puntillas en nuestro país, pero lo que está ocurriendo en los últimos tiempos tiene visos de catástrofe.Involucionamos de manera imparable. Nos dirigimos de forma desbocada hacia tiempos oscuros, medievales, en los que la superchería campará, si no campa ya, a sus anchas, amenazando con eliminar cualquier atisbo de sensatez o racionalidad»

Citas de Alberto Royo, músico y profesor (del que tomo el título de una obra de su trilogía sobre educación como título del post)

(c)

Arnold declaró que la literatura es crítica de la vida. Cuando he dado clases de letras o ciencias siempre intenté -en la medida de mis escasas fuerzas- conectar el temario con la vida de mis alumnos o con la vida en general.

A las nueve de la mañana puede ser arduo comentar a adolescentes las relaciones algebraicas, explicar una herencia en una «masia» del siglo XVIII, las sinécdoques en Horacio, las series de Fourier, o las propiedades de un campo electromagnético, sin que se perciba en el ambiente una gravedad de pesadez somnolienta.

A mi ver un profesor, igual que un cura da sermones, debe espolvorear su discurso con lecciones morales. No adoctrinar, sino aconsejar con prudencia, comentar la vida. En mí hubo siempre una irrefenable vocación didáctica que determinados imponderables mutilaron. Era algo indisplinado con la insoportable burocracia y algo impúdico en clase, y, evitando como peste el colegueo, no me importaba hablarles de sexo, la muerte, los sabores y sinsabores del estudiante, el tipo de profesores que existían, anécdotas históricas de las biografías de los autores o época que explicaba (Turing, Newton, Cernuda, los emperadores romanos, la Revolución Americana, etc…), cómo moderar el deseo para renovarlo, cómo sería el asesinato perfecto, por qué les gustaba la telerrealidad o los talent show, cosas de mi doméstica, en fin, de todo lo divino y humano.

J. Stuart Mill escribió «El propósito de las universidades no es formar abogados, médicos o ingenieros expertos, sino educar a seres humanos capaces y cultos», Arnold escribió asimismo «la educación cultural adecuada debiera inspirarnos afecto por el vecino, un deseo de aclarar la confusión del hombre y la miseria del hombre, y debe engendrar la noble aspiración a dejar un mundo mejor y más feliz del que encontramos», Dideot afirmó con absoluta clarividencia «En lo concerniente a la educación pública nada existe de variable ni que dependa esencialmente de las circunstancias. Siempre será el mismo el fin de la educación, en cualquier siglo: formar hombres virtuosos e ilustrados».

Mi ambición o ideal siempre fue dar clases como si impartiera un sacramento secular. Los humanos o alumnos somos seres tensos y atribulados y agradecemos el cuidado del alma. Nunca hubo malentendidos con mis alumnos, las cartas estaban claras; era muy duro y exigía mucho porque educar para mí no era un pasatiempo de profe sindicalista pasota o tarea de lorito repitiendo veinte años lo mismo. Como que ellos sabían que yo no cesaba de estudiar también sabían que suspendería sin remordimientos o contemplaciones a vagos, jaraneros o turistas calienta pupitres.

Me echaron de profesor. Mi orgullo es que no fueron los alumnos sino los directores de centros o de instituciones privadas.

Yo

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Mi nombre aparece a menudo en la boca de los vecinos

porqué cené alcohol, me vestí con abrigo de pieles en verano,

lancé unos gatitos contra el pozo sin agua,

ahogué a crías de pato en la pila bautismal

hasta que sus ojitos lloraban de un azul alzadísimo de giros de muerte,

porque estaba siempre junto a la familia en que nací.

Pero el dolor del sedal en mi cuello no es humano

(praderas que caen cojeando en los rotos meandros)

En mi cráneo anidan las voces de la locura

(mordiscos rasgando encías con clavadas cáscaras de huevo afiladas)

En mi corazón hay bultos de hez de vaca

(afortunadamente ser mortal es como un enorme tiburón que el arpón

convierte en totalmente revocable)

Lo sé hace siglos.

Ni noble ni calmado que me torturen

de veras las aves de una puta vez.

Con el aroma de una rosa río adentro.

Con la proa a toda velocidad en los juramentos soberbios del amor eterno.

Con un pececillo pequeño y rojo sanando la mente demente de mi madre.

Marta se desvanece en clase

y Supermán se queda en silla de ruedas.

Cuerdas negras en el viento como una soledad sin belleza.

A veces tiembla el retrato de los viejos muertos en las residencias de la peste.

A veces crece la sangre de la noche en crecida de hemorragia apocalíptica.

Todo es pecado.

Dios y el Demonio se besan en pecado.

Vivir es pecado!

Qué trecho hermoso de vida no tenemos por delante!

Mi literatura solo tiene un puerto: el afán irrefrenable de suicidio.

Nota bene: poema para que se confíen mis enemigos.

Del «Diario»

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(i)

Cero más cero

Por el sumidero,
por el desaguadero,
la sonrisa
pazguata
del tuitero.

(ii)

El detallismo, la lentitud, el tono moroso en la descripción como caer de un tobogán alto y enorme, los elementos verbales no reducidos a un mínimo común mineralizado, las descripciones anchas en estilo vívido, la provincia proustiana, el yelmo veteando todo de matices de James, la robusta originalidad faulkneriana, el concierto del subjuntivo, parecen atributos que rechaza la novela actual, obsequiosa con el ritmo rápido y la mímesis periodística.

Casi un correlato de la Era Hiperveloz es la prosa -corta, cortada en breves razzias, golpeando en sonantes staccatos delgados-, es la prosa, decíamos, de la época. Del picoteo al navegar entre vínculos de Internet, al picoteo de la novela acelerada y con oraciones de breve longitud y con ruidos de discoteca. No somos sensibles ni al oído ni al estilo. Admito -claro- que hay que mirar a través de la lente, pero, acaso, algo también con la lente.

Realismo de contenido y aplanamiento de forma no necesariamente es la fábrica óptima de las novelas La mejor defensa contra la mala literatura es una plena experiencia de la buena. Así -a lo mejor- cuando leemos con estallidos de gozo no mendaces, con placeres -puede que difíciles- verdaderos.

(iii) A los poetas de Instagram

«Todas las palabras [del poema] estaban mal; todas eran románticas, banales, probablemente las habían utilizado los supuestos poetas del s.XIX. Lo intentó de nuevo: ocres residuos, posos del corazón; parecía que se alejaba suficientemente del mal poema, pero no servía. Usó «corazón», una de esas viejas e inadecuadas palabras. Pero, ¿por qué hay que escribir precisamente sobre el otoño, o sobre el amor «de esa manera»?. Palabras, poemas prohibidos. Todo ello demuestra lo mediocre que soy». G. Bullet, El jurado.

(iv) Sí, él, él, el ke obra cola K.O.

El rey (ley) ninguno

creando (potando) basura

sin límite (apeiron) alguno:

natillas de cabrilleo de elvira

pepi, luci, seguro ishiguro.

A tomar pol culo.

(v) Con el respeto debido, pitido,

pipí disparo a tu Cupido, alicaído,

con tus rayos de Baco, corazones,

fríos güevos con bacon, mutaciones,

si te enfermas con Filis, cocaína,

ensueño con primos gilis, quinina.

Oh alivio de mi pena tu caca, perlada,

oh ojete granate tu letra y petaca, versiamada.

A sus pies, opus magnum, doña Paca, con mamada.

(vi) Si escribe de faunos, se convierten en cirujanos ortopédicos, si cita a Leibniz, suena a coscorrón estridente, si emociona, es con cursi moción de censura.

(vii)

-Lee a Marwan, resentido envidioso joputa
-El arte es largo y la vida corta

(viii) Si tuviera que apostar, apostaría a que ganaremos entre diez y quince medallas. Intervalo generoso dada la brivonería criminal típica de nuestro nivel de subdesarrollo.

Duda (no lo he soñado) en mí ha suscitado

una plebe que no manda y obedece

al horroroso unísono al imperio desgraciado.

Patria digna de desgobierno, escoria e infierno

de operetas bufas y expedientes de Asuntos Internos.

Un rey emérito aciago que se inmola constante

ante estragos o bragas que abandonó su amante.

Una pléyade de chupapollas con el burlando cuento

que ellos sí sufren sobresaltos y blandos tormentos.

No, abjuro de esta mugre de conejos, necios ingratos,

estudio Sálvame, y sé que merecen poco más que cobalto.

(ix) Por un verdadero diálogo de las «Dos culturas» (Sokal)

1. Saber de qué se habla.

Cuando Lacan identifica el número imaginario con la erección del pene dice una enorme chorrada. O cuando Kristeva usa la Teoría de Conjuntos de modo delirante. Etceterísima.

2. No todo lo oscuro es necesariamente profundo

Si leo a Lezama Lima, yo, muy a menudo, casi no entiendo nada, pero, por el tono, por la erudición y sobre todo por la maleabilidad y malabarismo idiomático, admito, intuyo con probabilidad y certeza que se trata de un genio. Pero si leo a otros autores parece que sin haber vivido una revelación gnóstica o bebido un chupito de Eleusis el acceso es imposible, y, su tono, o bien -mejor- tras análisis profundo, tras inversion -molesta y en burdo pasatiempo- en lo que escribe, se advierte casi sin duda que el autor es falsario, impostor o impostura

3. La ciencia no es un «texto»

La gravedad no es una novela ni las matrices un soneto con estrambote ni un constructo social arbitrario o convencional la ley de Gay-Lussac, ladies and gentlemen.

4. No copiar miméticamente las ciencias naturales

La literatura, claro claro, también tiene una dimensión cognitiva. Borrico el que niega asimismo la dimensión estética del lenguaje y cree que solo es un código artísticamente aséptico.

5. Desconfiar del argumento de autoridad

Las opiniones políticas de un arquitecto no tienen el mismo valor que sus conocimientos de cálculo o resistencia de estructuras. Idealmente TODOS podríamos llegar a las mismas ideas del científico invirtiendo sus años de estudio. Al no ser posible lo instituimos como una autoridad en su campo con toda legitimidad. Pero hay un bullicio de discrepancias científicas pleno de diferentes especulaciones en determinado campo de la ciencia (aquí poco vale el argumento) y también científicos que se ocupan u opinan de campos donde no son autoridades. A un físico en principio no le preguntaré cómo se hace una buena novela ni a Vargas Llosa de mecánica cuántica.

6. No confundir el escepticismo específico con el escepticismo radical

Dudar es bueno, si se duda con sentido.

7. Mucho cuidado con la ambigüedad utilizada como subterfugio

(x) Que tu mente sea para ti un reino, una corona. «Al servicio de Fortuna por sonar como le plazca».