Orbium coelestium

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Eros es una terapia sentimental del estilo, un sentimiento refinado frente a la oscura noche de la civilización, la fuerza compelente del abandono de sí hacia el apetito voraz de bellezas, hacia el aquí y ahora de tono monárquico, de timbre sublime, de orquestación honrada al paso de la luz. Y entonces la indolente energía vieja se troca en capital de Vida. De ahí la suspensión del dolor, el santo mandarinato del gozo.

Los peces se asientan morosos en el lecho alunado del río.
Los obscenos lagartos traen sombrerería cinética de sol.
La pubescencia de los labios hipnotiza serpientes.
La jauría de perros es una madrugada de vidrio sin torvo viento.
La Fortuna el nunca híspido arrabal de la juerga negra, la delicia de la fiesta de pueblo embebido de mar.
El afiebrado Sueño el reinado de la gracia, el placer sumo, la justicia y la paz de los desiertos rojos.
Todo se ama y todo se conoce debido a la orden de aquilatar, alquitranar, almidonar la Belleza.
Que todos los demonios juntos son incapaces de mofarse del Cielo.

El Amor paga al Amor, de sí mismo se acrecienta y alimenta, su bien tratado planeta de dulzor en surreales aldeas provoca vizcondados color plata limpia en el cielo, pájaros de honor entre heridas que no lloran, tapices cosidos de ardor y nieve, linde y hogar, pus de oro, sangre de platinium, dulci lacte y seno. El Amor es esa única institución maníaca no gubernamental en que gobernarse. El gobierno de la ínsula. En sus afueras, politicastros y la ruin creencia en el Orden de los Boletines Oficiales.

Los peces se asientan dichosos en el turbión y los cabellos del río.
Unos pececillos amarillos y rosáceos hilados a tu pelo y a tu bikini aparecen si sales de bañarte en la mar.

Electra en el domingo caliente y sideral

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Quién porfía tal sublimidad exacta
qué maestría es esta que hay tras el biselado espejo
qué uncida belleza de rostro ático fiel reflejo
qué maravilla lo que mi mano y lengua trata.

Dominguera Electra de perlada simetría, ámote y desmáyome. Tu curial y ancho pecho, la largura irreal de tus piernas, el dulce abril de gato de tus labios, es nieve de altas terrazas donde hurto y bebo. Tu desnudo vibra adyacente al valle, te unto de besos lentamente, igual a una tortuga capciosa que se demora en tu cremallera a la busca del pubis. Subo al cielo al besarte en tupida claridad, subo al cielo excavando lluvia, excavando el hálito de la fruta mordida de la pasión. Y fenezco. Y fenezco. Me desmayo en el origen de tu enjambre, en la pura vida de maíz de tu boca, en la solitaria orquídea orquestal de tu espalda. Me excito, me aniquilo y me conozco. Te amó como jamás amé una hora toda.

Infeliz de mí por ti Electra sufí
bien hago al mirarte y proclamarte
bien hago al por tu piel solazarte
infeliz de mí en horas de rubí.

En la terraza de tu piso oímos música. Ah mi muchachilla o perrilla dormida. Me cuentas que la vida es dura. Tomamos un par de coca-colas (en mis labios el sabor de tus labios) Es romántica y rara la tarde de domingo en la gran ciudad. Amo tu sexo húmedo. Tu belleza que se pega a mí como olor de poma a los dedos. Alguien tan sumamente hermosa jamás puede ser vulgar. Te pregunto si has pensado trabajar alguna vez de modelo. Estoy completamente K.O. en el ring de tu desnudo. Necesito orfidal. Tu belleza me perturba hasta el insomnio.

Querida mocita al río me lanzaste
al río de las aguas de la isla del abismo
al río donde Narciso se enamoraba de sí mismo
querida mocita tu luz es arte, planeta donde te holgaste.

LLamo a mi amigo el vate orate. Voy a ver la final al bar. Pienso en el poniente y en el vapor de la ducha cuando me duchaba contigo. La piel de la noche emite su pornográfico olor a soledad. Recuerdo sus ojos oxonienses y tus pezones robustos. Ya no soy joven. Cada vez tendré menos ocasiones de amar tales calidades de belleza. Sin follar y sin leer, ¿qué será de mí? El amor es tan melancólico como corruptible. Mañana en el jardín pensaré en mi novia de una tarde.

Avenidas de la madrugada tan truculentas.
La noche como una navaja a ras de cuello.
La noche como un bisturí de trementina.
Avenidas de la noche tan amargas.
La noche como memoria pasada sin promesa de futuro.

Ante un programa de T.V.

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¿La belleza agrada por sí misma?
¿Qué corona eso espeso y pegajoso?
¿Quid est veritas?
A veces es evidente que la vida no es determinada actitud de proporción y magnitud, que no hay belleza.
La vida significa el sentido literal, y a la vez lo sobrepone, como la belleza.
La vida es un cielo de plata en un rey de reyes, como no es la belleza de la televisión.
Sin amor y belleza no hay gozo.
Sin vida no hay gozo.
La belleza es lo que los griegos llamaron «prepon»: decoro.
Lo bello significa lo conveniente y apropiado.
La televisión, ¿tiene del vulgo un juicio inteligente?
Basándose en el pensamiento de platón Cicerón distinguió entre dos tipos de belleza, dignidad y gravedad. Como la belleza de la tele.
Según sostuvo Cleantes, el arte es el poder que hace un camino, el arte es un conjunto y reunión de percepciones y sensaciones.
¿Agrada la belleza por sí misma?
Traduzco:
Esta pasión amorosa es la más noble de todas porque es la que más participa de la generosidad. Por ello, de todo lo creado, nada debe considerarse más gozoso que el amor recíproco: sin amor no hay gozo, sin televisión se abre un mundo más allá de la maravilla de acariciar suavemente el falo y el seno de nariz delicada.

Chuches y belleza y Dios

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Me agrada la pintura y estatuaria y la arquitectura antigua, las iglesias y catedrales medievales sobremanera. Hoy rodeamos con vallas electrificadas y candados los predios de nuestras casas. Preferimos la piedra preciosa al cuenco de las manos, al íntimo calor de la suavitas. Anhelamos estar rodeados de enardecido oro. Somos ahora una estirpe negligente, condenada, carente de capacidad y vigía solo del vigor de los dineros. Somos bellacos vulgares sin poderío de lo que en verdad importa. Nos parecemos a una masa informe de bacterias. Con emociones ingenuas, sencillas, pueriles y convencionales. La naturaleza no nos suministra tampoco su liberalidad. La ciudad es un patrono condenado, un averno de cemento e hiel. El beneficio verdadero es la estética, no así el peculio, el oficio de oficina, el trabajo engañoso y trilero. El dinero tirita pues da frío de mala vida. Y la mayor belleza es aquella Belleza que hace más bellas a las pequeñas bellezas que encuentra en su camino. Todo es vanidad si se compara con las grandes obras del Hacedor. A esa brasa ardiente, a esa herida luminosa, que muerde los frutos de la tierra y a las aves del cielo, a esa brasa: gloria, gloria, gloria. La iluminación ilimitada es muchísimo más que cualquier divertissement trivial, más que los chuches posmodernos de crecepelos y tentempiés. El Contemplador contemplado, poseído y amado es Belleza Suma, Éxtasis Puro. La sobreabundancia de tal vivencia vislumbra goces eternos. En el pórtico de Chartes hay clemencia, alabanza y dicha, elogio y pasión celeste en cada piedra, y el aire entre las piedras que se mezcla con la luz. Ver el pórtico de Chartes o la Catedral de Burgos es sentir algo insólito, inhóspito, vero, lúcido. Pues no hay más miseria que la del hombre sin Dios. Y profanar a Dios es profanar la causa de su pulcra belleza, de su amada belleza que nos ama. El arte conduce a Dios porque los poetas nos alimentamos de milagros y los artistas de epifanías. El alma es una pequeña placa de vidrio que bordean hojas de acanto y laurel. Que se os ilumine e incendie el alma, amantes lectores, que ardan las hojas contiguas. Ved , observad que en una Virgen pintada por un gran pintor antiguo percibimos nítidas las notas de inquietud, recogimiento, interrogación, sumisión, recepción de la dignidad de la concepción. Hoy el mundo carece de esas calidades de conturbatio, interrogatio, humiliatio y meritatio. El efecto de las estrellas y los planetas dejó de eclipsar a los hombres, y, así, hoy los grupos musicales se llaman ahora Garbage, Mojinos Escozíos, o Public Enemy. o Trash, mera, entonces, expulsión del paraíso. El arte actual naufraga en nihilismo y destierro de la belleza. No hay plenitud sino aniquilación. No hay esperanza sino un enfermo y morboso refocilarse o regodearse en la nada y la consunción subsiguiente. Pero el hombre necesita en sus entrañas belleza, experiencia de la belleza, mímesis de la belleza, creatividad de la belleza y la forma de la belleza como el pan de comer, lo exige como exigen aire los pulmones. La actual grotesca subversión de lo eterno y la instauración universal de la fealdad es todo un síntoma de anomia y decadencia. La belleza es el sutil ornamento de la gracia, en nubes, pájaros y labios, en nubes, pájaros y en abrazos y tirantes pieles. La gracia es una agudeza fina. Lo absolutamente bello es grato. La disposición adecuada de la gracia es la ronquera de Dios, la luz del alba de madrugada es el timbre fonador dulce y divino. Un trueno es furor divinis. Lo sensible en el intelecto agente se acumula y abre nuestras puertas a la percepción. No podemos alterar el teatro de la belleza del mundo y nuestra ínsita necesidad del mismo, de recorrer sus estancias, galerías, palco y antepalco, jardines y torreones. El juicio común bello fundamenta la astronomía, la astrología, la numismática, la náutica, la cartografía, la vida en mayúsculas y la vida en minúsculas. Lo bueno, y lo apacible perfecto es bello. Lo bueno perfecto es la belleza sin imperfección. Y es bello el hombre, lo universal y el universo, todo ello cantos y épicas de belleza. Estamos hechos de un república de células estéticas; esa es la verdad del asunto. Asunto que a todos concierne e impele.
El mundo bello de la antigüedad es el deleite imaginativo de mi vida. El mundo feo y chirriante, cacofónico, de hoy, el hoyo de mi melancolía negra. ¿Sanaremos?

Belleza y elegía

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Criticar es emitir un juicio razonado, poseer un patrón de medida. El mío es el de la plurívoca belleza, un ser que se dice de muchas maneras, pero no de cualquier manera. Na hay ser sumo y arte mayúsculo que no participe en la belleza y la bondad. No hay convivencia bella sin la armonía de proporciones. La experiencia de lo bello satura la experiencia, a pesar de la unidad en su variedad. La belleza es una ciencia matemática de expresión y símbolo. El infinito sensible de la noche estrellada y la mente inteligible caben y se elucidan en kalós. Es numinosa, santa y sublime. El ojo físico, el ojo espiritual y el ojo de la ciencia ven ese esplendor recio y sublime. El placer del objeto bello es un consenso, adquiere una evidencia de acorde inmediato. Vestida de fuerza y dignidad la belleza saluda a la mañana y desprecia los genios malignos de la noche. Vislumbramos el sentimiento único en el zaherir de su experiencia, en el transcurrir de su sentir.

Y ello se ve en el Evangelario de Carlomagno, y en La ninfa Io de Correggio del Museo de Viena, se ve en La muerte de Sócrates de J.L.David, y en el San Mateo de Miguel Ángel en Florencia. Se ve, digamos, en una ilustración de John Flaxman. El estudio y la exégesis de la náusea está en el MOMA et alia. El cibermundo, lo hipermediático, lo global, la atrofia y hipertrofia de productos e información, los flujos de capitales y su vocación planetaria, el consumo y el hedonismo individualista de las muchedumbres, los chorros de imágenes, teleseries, películas, músicas, deportes, en resumidas cuentas, la espectacularización y estetización «consumens» del mundo, la «hibris» del consumo y la tecnología,provocan que toda evocación de la belleza y el criterio de su recta evaluación sean una actividad elegíaca. Oraré hoy por un mundo otro.

Raúl P.

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En mi infancia fuiste mi único amigo.
A una edad desproporcionada -tenías cuatro años más que yo- tomabas en serio mis quimeras.
¿Recuerdas cuando avasallábamos los fuertes confederados, o planeábamos invasiones a países de marcianos verdes, o buscábamos sapos los días de lluvia?
Un día cambié de pueblo y país y desaparecimos. El honor poético es como el de la amistad, no debe zaherirlo ni prejuicios ni lustrosos y pedantescos tonos profesorales.
El dogmatismo de la erudición no se aviene con el refinamiento de la emoción.
Me quisiste. Te quise.
Que una apremiante y terca lágrima caiga de este poema.
Que el Dios de Los Sauces Rientes te acompañe el resto de tu vida.

Ilsa

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No puedo soportarlo. Qué albura en mi corazón, en los nísperos. Qué claridad en tus braguitas o en la vaharada de yerbabuena de tus piernas. Permíteme la extravagancia de comprimir todo este cielo azul, incluido su joven sol y su antica luna, para ponerlo en un ánfora. Permíteme seguidamente verter el contenido del ánfora en nuestra habitación o piso sólo para dos. O acaso poner todo este bosque verdiazul en el dorado de tu anillo, y lanzarlo después desde la balaustrada al mar adriático. I love you Ilsa.

Alguna vez he orbitado en un planeta distinto al planeta de los vivos. Es como si tuviera un prurito de dejadez antiproustiano, más o menos percibir la Realidad, la granítica más que líquida Realidad, como una figura de cartón piedra húmeda, aplastada, deforme por voces híspidas, torvas, toscas. También ocurría que me resultaba imposible llamar “paraíso” a esta incontable brutalidad de serpientes de barro, a esta colección de miseria, ignorancia, fanatismo y pobreza. Pero tú –siempre, lejos, en la sombra- luchabas por mí. Merced a tu magia, tu hielo y tu canto podía soportarlo todo. Tú velabas por mí. Me iluminó, me liberó tu advenimiento. Tu tanta delicada ternura amiga, la lluvia cálida, ambarina, de tus brazos, el imposible frambuesa de tu culo. Me tienes contigo desde los valles de Macedonia al río Indostán, de Tokio a New York. Bañándome o duchándome junto a ti no siento atisbo alguno de mal d´aurore (cómo dada la preclara nitidez de tu pubis), asomo alguno de can negro en mi alma. El único animal que hay en mis adentros (y en el Universo todo) es aquel que asocio a la summa claritas de tu cuerpo, a la suma madrugada acuática de sabernos compañeros // Zeus en la entrepierna. Dorian Gray en la palestra. La Ciudad al salir de la discoteca. Nieve (luz, luz, luz) y maquillaje en los párpados. Nieve (noche también) y el elusivo arte de las nubes adentrándose en nuestros ojos // Ich liebe dich Ilsa. Significas para mí desde la idea acordada al vaivén de la nave donde huimos hasta el nunca y hasta el siempre, hasta el ardor de ver arder todos los confesionarios de todas las iglesias. Me llamo el místico y alto nombre del tacón de Eros o la piel de tarántula de ese animal que ataca a la llamada de la Belleza llamado Amor.

Postscriptum. ¿tu cabello me pregunto? Olor a Deus ayuno de temor si usas mi champú predilecto, sabor a perfección rubia. Agua viva con aquel misterium tremendum de la lejana colonia de la infancia. Y luz. Exactamente luz de vestal recién desflorada o bien locamente innnamorata. Ah tu cabello, rizado hermosamente, hermosamente rubio, bellamente expresado por los escultores, por las fotos del WhatsApp, bellamente ideal lo mismo que hablar acerca de todo lo noble: el mar rojizo de Creta al atardecer, los C.D. de Ry Cooder, o una metáfora que se aluda a sí misma de la misma manera que mi amor te alude a ti igual que tu amor te alude a mí. ¿Thanatos? Piensa uno a veces. Pero existe tan intenso Abril en el Ritz. Y el Guepardo. Y la difusa, shopenhauriana Música. Y la Summa Logicae de tus Labios. Y tantísimas cosas más. ¿No lo crees así Ilsa?

Aquí abajo, donde rige la infamia y el dolor carnal y la corrupción del alma, existe un sustituto poco falaz del Universo: el Amor. Amor que evoca –música de felicitas latina- y crepitan los girasoles, y giran los heliotropos. Bruma por la que no hay duda que la sombra de tu felicidad, Ilsa, es el sol de la mía. Amor indiscernible, indistinguible, insoslayable de la Belleza; observad si no como son nítidas las galerías de vuestras guaridas porque el ojo de la belleza, de la Belleza, vive y se aposenta, mora y se posa en el alegre himno de vuestra cabeza y corazón. Amor, amor, amor, amor siempre libre, bello y culto. Amor alto, largo, libre y ancho. Amor en la herida luminosa del pubis, en la semilla en germinación de los labios, en la roja axila de Ilsa que es mies y trigo recién cortado (a qué dudar que sus músculos saben a piedra de la era donde se trilla)
Amor, amor, forever love. Amor tributario exclusivo de lo sensorial y espiritual. ¿Con qué lo unes poeta solitario? Asocio a Eros con ciertos días lluviosos en Ourense, con días tórridos del noventa y dos leyendo a Firbank y bailando mucho, con un determinante y torturante Penélope, con plácidas terrazas de los hoteles al ocaso, con las mañanas en los jardines de un castillo con un envolvente aroma a mimosas. Definitivamente que asocio al Amor con “Purple rain”. Lo veo acodado junto a poemas malísimos de un yo fáustico y encabritado por el maldito Deseo. Lo veo contiguo a tus labios mientras te chupaba ávidamente la boca igual que si degustara emocionadísimo una editio princeps. Para mí Amor significa sexo a gogó en perdidas playas silvestres. Asocio, en fin, al Amor, e igual a todo el mundo, con la Felicidad Absoluta.

Un secreto para mis lectores. Desde donde vivo veo cómo el sol mueve el mar. Oigo armoniosamente cantar a las cigarras. Desprecio la televisión con altanería aristocrática. Además no me falta el dinero. Me dedico, me gustaría creer, al otium cum dignitate u otium divinis. Pero no he sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y olviden y aniquilen inmisericordes. No he sido feliz. Acodado en poemas y arte y amores e inteligencia no he sido feliz.
Si el amor es catacumba plácida y hermosa de los sueños (como los pies dentro de las katiuskas), y bosque de Alejandría y ebonita flamante –y anillo de turquesa y hangar luciente-; si el amor es acolchada noche cerrada que dimana olor a naranjos, o río de aguas tibias que empapa a la vida, a la Vida, si es jugo verde que rebosa vida en la Vida; si es Ursa Maior que nos ilumina luchando desnudos y absolutos en la cama; si es ciervo que cruza en llamas el bosque; si nuestra habitación es una sauna y el orgasmo una dulce heladera; si el amor te permite cruzar indemne la noche de la existencia; si ambos somos ángeles de la hermosura y nos amamos eternamente; si el amor es…

Nobleza obliga

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Si yo fuese un Fouché, y, en lugar de en mi exilio gallego, estuviera en Catalunya, entonces guardaría mis exquisitos vinos, los legajos y editios princeps de mi biblioteca, escondería las corbatas de seda y los trajes de marca, mercaría ropa de mercadillo, me dejaría trenzas de rastafari, y con un can al lado y una estelada al brazo aprendería los himnos de la consunción. Pero yo siempre fui más bien un Luis XVI, por lo que declaro el estado de excepción, me erijo en senador supremo y plenipotenciario, acumulo riquezas y enajeno lienzos y estatuas, y, cuando los somatents vengan a ajusticiarme, lentamente sacaré mi pañuelo bordado del bolsillo, sonreiré dulce e irónico, me humedeceré los labios, pediré una biblia Reina Valera, y obligaré al lacayo asesino a que copie las últimos versos fastuosos de mi epitafio plateado, que en cofre sapiencial se guardarán. Nobleza obliga.

Epitafio

horror crime death psychopath

Si mi nombre y deseo quieres saber, caminante,
yo soy Christian, el aldeano,
a quien los poetas enseñaron a vivir,
y los filósofos a morir.
Recorre el áspero camino y búrlate de mí,
que mucho ceceé en mis versos.
Procuré hacer el bien y evitar el mal,
no fui nunca feliz,
y mi riqueza fue una pequeña alma
que aquí reposa.
Duermo ahora la noche perpetua
y espero ver la cauta sonrisa cómplice, caminante,
que esbozas al leer estas palabras.

Soledad

woman looking at sea while sitting on beach

Día ventoso, se oye como el pasar aire por una tuba. Día solitario de aldea. Y, sí, mis relaciones sociales no es que sean deficitarias, sino francamente nulas. A veces pasan semanas sin que hable con nadie. En puridad no me afecta. Hay demasiados zopencos y zafios sueltos. Lo que echo de menos es una conversación interesante acerca de libros. Una conversación de mortales con pensamientos mortales. Pero temo que muchos que se califican de «intelectuales» guardan la lengua sobre Cicerón y Aristóteles, y en cambio se les calienta al tomar la conversación esos comentarios sobre personajillos basura de la televisión, o, en el mejor de los casos, al comentar los giros y regiros del plot de una serie de Netflix. Orgulloso de mi soledad rumio mis ideas como un señor feudal, como un caudillo gobernando una ínsula de pensamientos augustos, como un melancólico huyo de este mundo de letrinas y analfabetos. A mis soledades voy, regio portador de mi destino. La amistad más insigne es la amistad entre iguales, la más duradera es la amistad intelectual. Mis amigos son los muertos de mi biblioteca. Esos muertos que bien vivos están. Así sea.