Traditio

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Papá, defiendo el legado de la casa que me legaste,
aunque España sea un gris callejero con pelambre de rata,
pese a que Cataluña sea una atolondrada e irreconocible tortura psíquica,
aunque Europa aburra y Occidente sea cutre vestido de cuero negro como en la apocalíptica Mad Max,
yo defiendo la casa que me legaste.
En mi jardín hay orquídeas y kermesse de vida dichosa
y pistilos untados con cosméticos descollantes
y pulpa populosa en dulces odres
y teñido fuego púrpura que debe tomarse por la fuerza de las armas.
Defiendo la casa y cuido del jardín y de mamá, no te preocupes por nos papá.
¡Cómo te extraño!Tanto platicamos sobre los burripoetas, burripolíticos, burrijóvenes, burriespañoles, burricatalanes, sobre tantos lerdos que subían al escenario social con sus maneras de patán y su sebo diarreico.
Rememoro el escalofrío de la piel de tigre que nos poseía,
la calma y precisión con que derrumbábamos a la pieza reina del oponente,
nuestro Deus sive Natura como un canto viril de Whitman,
y si vieras ahora a tantos servidores sin salario frente al amo feroz ante el que se humillan sonrientes.
Reos conducidos al palacio de Anás.
Pero yo, no sin maravilla, defiendo la casa.
Me legaste la gran Belleza y el fogoso amor de la Verdad honesta. Me legaste la lujuria de la inteligencia.
Defiendo la casa.
Vendrán noches, vienen ya múltiples noches, habrán más noches,
pero yo armado y presto al combate defenderé la casa.
Prudente es conocer la fragilidad de los hombres,
pero arrogante, gracioso y gentil es el caballero en nuestro reino encantado.
Todo se derrumba o desmorona.
Papá, te juro que con mi sangre y violencia defenderé la casa que me legaste.

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Exilio

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Debido a la estultucia catalana piso el amargo polvo del exilio y, al igual que Giacomo Casanova, traduzco a Homero y mi mente se apacigua en hexámetro griego. Encanecen mis cabellos bajo la égida de los vientos gallegos afables, de la gentil y cordial lluvia orensana. Esta tierra me acoge como caminante. Dialogo con los árboles y estudio su literatura. Pero sabed hoscos catalanes que no me humilláis. Venceréis pero no convenceréis. Aunque me consuma el dolor pensando en una Catalunya civilizada y noucentista sabed que no me humillo ante el poder de su vil soldadesca, que mi destierro asegura el valor de la ley moral y las verdaderas de oro. Porque, y perdona Noe mi orgullo mefistofélico, seremos juzgados por nuestros iguales y no por la tropa, porque los mejores con nuestro gesto no nos sometemos a las costumbres del tirano, porque mi mente mantiene viva y limpia la imagen de una Catalunya noble, con «sagasse». Detén, oh tú mi melancolía, a los demonios que se agolpan en mi cabeza cuando aquella Catalunya era una noche de búcaros, un jarrón con fulgor donde no se pudrían los crisantemos y no se oían las pisadas de patas de chivo o cornucopia de odio en mi patria. El pueblo es adicto a la corrupción pero, a la postre, la mente y el espíritu vuelve a sus necesidades naturales de belleza, orden, inteligencia y paz. Vora la pàl.lida riba del bosc m´assec solitari i metitabund. Eixordidors focs d´un cel de deliris seràn transitoris i el seny caurà ma terra com el silenci sobre la mar de nits. Todo pasa, nada es eterno bajo el sol. Volverán las claras golondrinas y se irá Rufián (acaso el día que el lentísimo engranaje de su mente trivial madure. Una difícil posibilidad)

Un arte de vida

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Seguí al dedillo a mi maestro en eso de que el supremo arte de vivir consiste en vivir sin hacer nada, y cuidar lo que no importa.
Pasearse con sosiego y suavidad por los montículos herbosos gallegos, contemplar una fotografía de von Gloeden, morir con valor heroico por la auténtica piedad cristiana, ver en los rasgos del Apolo de Belvedere los hálitos de los céfiros que dilatan y elevan. Acompañar al cardenal en sus paseos y revelarle los ocultos recovecos de mi alma. Que la auténtica vivacidad que recubre a las cosas disponga mi espíritu de paz y tranquilidad. Tener energía sobrante para analizar y sopesar el lienzo y el biombo, la cabeza vista en el museo, la música oída en palacio o auditorio, las íntimas páginas leídas al anochecer. Cubrir de besos a mamá y mi hermana. Y pasear solitario por riberas meditabundas de mar y cereal. Mirando hacia atrás sin ira y adelante con convencimiento. Degustar boeuf gras y un Côte d´Or borgoñés. Si no, un Chablis de Dijon o un Moulin-à-Vent. Encender, en fin, mis bengalas de colores particulares. Y besar mi párpado que se abre cada mañana con la dosis precisas de escepticismo.
Vienen los bárbaros. Suenan sus mazas alrededor de mi casa. La burricie, la mente estrecha, la rusticidad vuelven. Mi tono civilizado es apartarme de todo ello y cuidar mi biblioteca y mi jardín. Vivir sin hacer nada, cuidar lo que no importa. Porque desprecio lo que ellos alaban, y no deseo vivir en sus vidas. Salgo con mi perrilla al bosque contiguo a mi casa, huelo a eucalipto y pino, me arrisco por penedos, 
addio, amici miei… 

Confesiones de un poeta

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Señorías. Yo no trabajo, fui egresado del cenobio
y adscrito como enfant de choeur a la capillanía de la casa ducal.
Y de mis maestros invisibles aprendí lo sublime magnífico:
cuidar lo que no importa, no hacer nada, poner rojo a los senos, pues lo imposible necesario se ha vuelto inevitable:
cómo se regula el madrigal al viento, cómo una página al atardecer adquiere color de anémona, cómo el eros indecente es lo más similar a un ruiseñor, cómo la buena vida se acomoda al raso de tu bufanda.
Capellán que cuida lo que no importa, pero al igual que cualquier hombre destruido sé
los recelos que ofenden la respuesta de los dioses airados
que para mayor abundamiento del que lee
les explico que es un Corazón parpadeante como dos bolas de billar
cuyas carambolas son esta tristeza inmóvil, lejana y oscura
o cascabel de silencio que resuena en los cementerios de la noche,
en el capuchón de dromedario de un sueño huido del alma.

El Papa y el punk

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Veo muchas similitudes entre el Papa de Roma y un joven punk de Liverpool. Ambos se dirigen casi en exclusiva al gesto y omiten el contenido, son actores y no autores. Los ademanes peronistas de Bergoglio son autoalusivos, autoconcluyentes, no indican ni requieren un ir más allá de ellos. Es la representación por la representación, la mímica o el signo ayuno de significado. La argolla o piercing y las iridiscencias de cabello verde del punk son escenario, no me informan en absoluto sobre qué hay dentro de él, en las intimidades o interiores de su corazón. Al hilo de esta observación se me ocurre que ya hemos perdido casi la capacidad y sutileza en identificar tipos humanos y los motivos que los guían o conducen. Es un caudal ancho de experiencias el que se precisan para clasificar a alguien como » un Gregorio Samsa» o «un Scrouge», se requiere la familiaridad con la literatura y cierta vividura. En el Louvre o los Ufizzi los pintores de los cuadros expuestos sabían que sus temas y significados eran reconocidos automáticamente por el público. Hoy día la familiaridad con los temas bíblicos o grecolatinos es, en el mejor de los casos, remota, y ya nada nos dice «ser un Phaetón o «una Dalila» o «un Jeremías». La interpretación de los tipos humanos se la cedemos a infaustos tertulianos de televisión o a la psicología popular o a los libros de autoayuda, tan reduccionistas y plebeyos.
Mala -es el corolario- una civilización en que se asemejan tanto el Papa y el punk que apedrea su Papa-móvil.
Disculpen, se lo ruego, la melancolía.

Música ante toda cosa

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Al hablar de la música, de su esencia o definición o explicación, propendemos -creo- indefectiblemente a cierta cháchara de altura o encadenamiento de proposiciones o sentencias intelectualoides, a ciertos obiter dicta injustificados. La música es, deviene, pero difícilmente es un objeto cognoscitivo a elucidar. Dilucidarla suena a paradoja, a enfrentarse a un límite infranqueable, a expresar lo inexpresable. Carece de figuración. Es sumamente abstracta y reacia a la analogía. Citando al melómano filósofo vienés, la música se muestra no se demuestra. Acaso la musicología sea saber infuso como la teología o la astrología, o ciencia un si es no es esperpéntica como la heráldica o la física de los pitufos. Pero lo gracioso del asunto, lo que más nos pone (valga la avulgarada expresión), lo que nos concierne e insta es hablar de lo que habla pero no puede hablar, es que aquello imposible de hablar con conclusiones claras y concisas es el único tema donde valen la pena conclusiones cartesianas. ¿Qué es la música? Intentemos algunas pueriles, sencillas y vergonzosas definiciones.

1. el Todo que es Uno, y en el axioma pesa el juicio y el gusto.
2. la Nada en sí misma, y el tam tam es un movimiento muy enérgico que rechaza los valores epistemológicos
3. un muy hondo y muy profundo significado de las cosas y la vida, y la vida reclama ese profundo poco cambio que hay en ella
4. el pulsamiento del Ser (se diga como se diga el Ser), el timbre con una corriente conformada por todas las especies de armonías
5. la Voluntad en sentido shopenhaueriano, y la Voluntad ¿puebla nuestros comienzos?¿poblará nuestros futuros?
6. un rito de Apolo o de Dionisio que nos vuelve alada el alma (alas de fuego o de hielo), ya que entre el aticismo y el asianismo hay un nutrido raudal cibernético
7. la suprema Forma Matemática, la Belleza Matemática, y con presencia o ausencia de marco coherente jamás deja de fulgir el Poder de la Forma
8. la extendida piel de Eros como una media de mujer, sexo-sado-saxo-equis-psique
9. lo indistinguible e indiferenciable e indiscernible de la poesía, y la poesía que se lee como el aspecto histórico de una novela
10. la negra bilis de la melancolía y un árbol de sonrisas, un collar du cummun et du dialogue entre les cultures, universel
11. como ver una gran película en un cine, como la anestesia generalizada de nuestras vidas particulares
12. como la cóncava y fresca clorofila, como el psicomoro que en el año 2005 produjo 699 películas en Hollywood con sus respectivas bandas sonoras
13. el fluir gozoso y alegre por los astros (cuanta música como una nube roja en el cielo), astros pulcchrum autem et pulchritudo non sunt dividenda in causa quae in uno tota comprehendit, con lo bello y la belleza indivisas y en aquella causa que solo en sí todo lo comprende
14. el labio podrido y tumefacto de la muerte (cuanta música con instinto tanático), muerte como las instituciones sociales que dudo tiendan a que los individuos se posean a sí mismos, y que ahoga la magia de la vida
15. el destino que une y la pasión que no odia, el destino como la disposición más conveniente de un orden a un fin. El final de la fuga.
16. como un puñal invisible entre las vértebras o sacudiendo la médula espinal, nácar de la naturaleza que siempre no para de instruirnos e ilustrarnos con su melodía
17. el bisbiseo de una voz no se sabe si terrena o divina. Bach es totum harmonia.
18. la savia o la sangre del Universo o de Dios. Mozart es luminis per elevationem supra materiam. Fuera de la escala del mercado mundial no hay salvación, Dios en Navidad es salvación.
19. el ir deshilachándote o desorganizándote sutilmente, como desorganiza que seamos todos homos consumens y homos videns y homos tecnologicus
20. aquello que te ordena muy íntimamente por dentro. Hagan la prueba, si están muy excitados pongan a Bach; automáticamente el animal herido se ordena de sus vísceras sanguinolentas.
21. el camino real a la soledad (cuanta música como un bosque o una montaña o un páramo o un desierto) Pero si te enamoras escuchar música acariciando a tu amor es sublime.
22. el negro jade y el más dorado oro. El oro de Fermat.
23. El puro silencio. Sicut est silentium in natura, sic debet esse in arte. Tal como es el silencio en el arte, así debe ser en el arte.

La radiación fósil de las ondas sonoras en la memoria de Dios se reavivan y sintonizan en el oído musical, así que, ladies and gentlemen, poner el oído es poner el alma

Con mis papás en la remota Belle Époque

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Ah aquel mundo de ayer de mi infancia
cuando iba con mis papás arriba
al reservado del restaurante (Le gens que j´aime, por ejemplo)
El aire rizado del verano dormía a la coctelería.
Lo recuerdo todo con una intensísima claridad de símbolo:
la gente tan educada, ordenada, exacta y sólida,
la falta de plebeyez o engaño o nihilismo,
el pensamiento augusto, casi soberbio,
subrayando esa idea firme y cruel y magnánima
que el dinero -perdóneseme- lo debe tener quien lo debe tener.

Era una época de lirios ruskianos, de música mozartiana
al mar abriéndose, de chelo en la noche y violín celeste en el otoño,
de playas que amanecían con luz igual a la de una pastelería vienesa.
O de sabor lindo de cangrejos tras la cristalería verdina
de una tasca memorable en Sitges. Sí, hace ya tiempo nosotros fuimos los reyes del mundo.
Sin cutres revistas del corazón ni carreteras atestadas de turistas,
nosotros, los dignos propietarios del mecanismo de la Historia, el Arte, y la Vida,
amábamos y eramos amados.
Nuestras plegarias se atendían y el mundo estaba bien hecho.

Nos abandonó el Altísimo. Insensible, oculta, imperceptiblente se socavó aquella vieja ley.
Se empezó a oír, insensible, insoslayablemente, el crujido o bostezo de otra osamenta, de otro eje y sostén del orbe.
Los bárbaros se bañaban en nuestras termas y bebían de nuestras copas.
Subieron al proscenio hombres muy rudos, mendaces y rapaces de dinero,
con mentes vulgares y zafio conducirse; compraban la ropa en El Corte Inglés o Zara.
Arreciaba el tsunami de las muchedumbres.
La neblina ácida de la horda quemaba mi mundo.
Ahora ya todo es una república de cochinos holgándose en la piara.
Todo está perdido y nadie quiere saberlo.
El Orden industrial, industrioso y lacayuno es la muerte y nadie quiere saberlo.
El Orden tecnólogo y sumiso es la muerte y nadie quiere saberlo.
Este Orden impúdico congela los vientos del mar y nadie quiere saberlo.

Soy un muerto viviente. Ahora ya solo vivo -y poco- en la memoria. Insulto a los hot-dogs y solo degusto mis cangrejos y mis vierias laminadas con aceitunas negras y tomatitos de invierno. Mi hora, mi ahora es un invierno perenne. Agradezco a mis papás la ley adamasquina -hoy elegía- que me legaron, sus dioses y sus arcadias. Agradezco al maître su laissez faire y compadezco a los camareros de hoy oyendo a los horterísimos futbolistas y sus presidentes.

Soy un muerte viviente. Pero con envidiable mente
imito a Lampedusa
decido desaparecer
vago por mis tierras gallegas
me sé propietario de lo mejor, de lo inmortal,
ausculto a los sutiles vaivenes del eucalipto,
sonrío melancólicamente
no voy en grupos de más de dos,
y escribo o leo en esta Era del Sfumatto.
No publico, me oculto por seguir a Epicuro,
y decido acabar (nunca las he comenzado)
las líneas mediocres, imprecisas e incomprensibles de este envidiable poema.

Ideología de género y ciencia

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La ideología de género, pretender que el sexo no es algo biológico y natural que provoca o causa algunas diferencias, sino un mero constructo social es una mala excrecencia de la filosofía francesa más irracional y, merced al apoyo de la UNESCO, un proyecto nefasto de ingeniería social. Que hable la razón ante tanta nebulosa emocional:

-Los hombres y las mujeres se diferencian cromosómicamente, en su aparato genital y en su conducta reproductiva. Se diferencian, también, por ejemplo, en su fuerza muscular y en la velocidad en la que corren. Los hombres tienen al menos diez veces más testosterona que las mujeres, por lo que sus músculos son más potentes, su capacidad respiratoria es mayor, poseen un diez por ciento más de hemoglobina en la sangre y tienen mayor capacidad anaerobia, siendo capaces de generar mucha energía sin respirar durante un momento, lo que les permite correr más al esprint. Hace muchos años que en las carreras de los Juegos Olímpicos los corredores masculinos son entre un 10 y un 11 por 100 superiores a sus colegas femeninos. El decalaje de velocidad entre ambos sexos (si no hay dopping) es siempre un clásico 11%.

-Las diferencias de cerebro entre hombres y mujeres también afectan a sus capacidades cognitivas. Las diversas tendencias congénitas se aprecian fácilmente en la relación infantil con los juguetes. Muchísimas observaciones y experimentos muestran que niños y niñas seleccionan juguetes distintos. Balones, armas, coches y grúas ellos, mientras que las niñas prefieren muñecas y juegos tranquilos. Otra diferencia congénita se refiere a las tendencias sociales. Las niñas de un año pasan más tiempo mirando a su madre que los niños de la misma edad. Si se les ofrece una película que muestra un coche o bien una cara, ellas prefieren la cara, ellos el coche. Las diferencias intelectuales no afectan al IQ general, somos ambos en general igual de inteligentes. Pero llevamos de diversa forma las tareas cognitivas. Sin hablar de casos particulares sino de un promedio estadístico los hombres somos mejores en razonamiento espacial y matemático, las mujeres en razonamiento y fluidez lingüística. Asimismo las mujeres en los test también sacan mejor puntuación en velocidad perceptual. Asimismo los hombres tienen, por naturaleza, una mayor tendencia a enfermar de depresión.

 

El honor talibán, el burka, la idea bíblica de sumisión de la hembra al varón, los amores violentos por parte de tipejos asquerosos y de un machismo repugnante, son todo lacras. Como lo son que no se realicen las mujeres profesional y económicamente. Pero las fantasías anticientíficas de la ideología de género, su lucha de género contra el hombre, sus fantasías compensatorias, son una prueba de la irracionalidad de la época. Las mujeres han sido históricamente sojuzgadas. Quitarse el estigma de la opresión mediante el conocimiento fiable es la única salida. Mediante el conocimiento objetivo y contrastado, no con filosofemas borrosos. ¡Feliz día tengan mis lectoras!

Democracia y calidad

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Vano mencionar las virtudes democráticas. La democracia gestiona conflictos sin guerra civil, es decir, se idea un tinglado muy sapiente en que la oposición a su majestad tiene la misma legitimidad que el gobierno de su majestad. Además hace de la tensión y la violencia, de la lucha y el odio fratricida o cainita, una suerte de institucionalización real y simbólica que muchísimo la alivia y vehicula, la amortigua y desconcentra. E incluso temerariamente afirmaría, en plan democracia lo mismo que una panacea amorosa adolescente, que los recursos y los poderes, unos mejor se distribuyen, otros mejor se contrapesan. La democracia, si, pese a sus ideas nada infelices ni mediocres, si, suponiendo que las ideas no mediocres se imponen a las mediocres por selección histórica intelectual, no ha dejado de ser en el terrario o jardín de la historia flor exótica, amén de flor efímera. Y nunca, en ningún momento, flor universal. Su desvirgamiento o desfloramiento es otra de nuestras aficiones humanas. Democracia es delegar soberanía los representados en representantes para que nos representen, y si nos defraudan, en otros delegamos (sin disparar un solo tiro) La cosa, bien pensada, con lo brutos que somos, no está nada mal. Y al igual que hay filetes o autos con mayor o menor calidad, hay grados de excelencia o virtud en la calidad de la democracia. Y la carga de la prueba recae en nosotros, creo que muy principalmente, en nuestro grado o calidad de soberanía y deliberación intelectual. Este creo es el quid de la calidad de la democracia, la calidad del cerebro y razón de los gobernados. De ahí el chiste de Churchill acerca de  que el único argumento incontestable contra la democracia consiste en hablar cinco minutos con el votante medio (en el mundo de hoy hay que añadir el oír cinco minutos al político medio o alto o altísimo) Si no nos educamos cultural e intelectualmente somos carne de populismos, de manipulación, de elección trunca o indeseable, de, en resumidas cuentas, autopunición, pues obraremos en un marco real con menos margen de libertad.
Lo anterior es lo que me dice mi cabecita racional. Pero a posteriori asoma el perplejo delirante que habita en toda cabecita de este mundo podre. Y entonces observo estupefacto y pensando de qué sórdidas y grasientas covachas, de qué insidiosas y aceitosas cochambres, de qué fritanga de bichos bulbosos con delirium tremens ha salido todo, y, como una estrellita o candil, oigo voces, veo muertos, que dicen «Logse», «Logse», y ya todo se comprende, oigo «subsaharian university typical spanish«, caramba caramba, veo corruptos desde el chófer que lleva al rey hasta el rey mismo, y, cuánto se comprende. Y por otra parte esa estafa de morcilla con alfalfa del deporte, y la música decibélica satánica, y nuestra cazurrería hispánica feudal hecha mitad de antiilustrada afición al puterío y mitad olímpico desprecio, casi legendario y connatural animadversión, a la inteligencia. Somos, en general y en particular, y valga la hipérbole, lo que nos merecemos, la tele-detritus campa y no escampa porque nos encanta. Una de dos, o los españoles pudiéramos ser orquesta sinfónica pero preferimos la pandereta, o, que es lo que creo, ante un arpa o un violín nos pasa como a mí ante un tratado de topología algebraica así, que, hala, a tocar la pandereta. Nuestro mito y daimon y tótem es Torrente, que le vamos a hacer. Y otra paradoja; la cultura española, siendo como es una de las más ilustres del patrimonio mundial, y poco exagero, es desconocida por los españoles con generosidad, también con orgullo y desparpajo, con pachorra Mariana (de Rajoy). Ante esto, yo, que amo mi patria (a fuer de ser sinceros no amo ya más que mi única patria, a saber, mi biblioteca), se me dispara una bilis mitad melancólica mitad despreciativa, ante mis compatriotas. En fin, de imperio de Occidente a campeones de futbolín. ¿España? Demasiados retrocesos o, como diría Benjamin de la historia, demasiados escombros a nuestras espaldas.  A veces me aburre España. También me aburre Europa.
Y pienso que sin soberanía educativa, sin soberanía racional (lo relevante no es ser racionales sino capaces de razonar, con argumentos claros y perspicuos, acceder a la madurez o mayoría de edad de la razón), sin soberanía deliberativa, sin una mente de luxe como imperativo moral, todo decae, declina, se corrompe, democracia incluida o el sumsum corda. Debemos ensanchar nuestra minúscula capucha con el conocimiento. Debemos llenar y formar nuestra mente para evaluar, pesar, medir y discriminar. Debemos que lo mejor se incorpore a nuestra mente, que lo mejor se mezcle en nuestra mente, debe la mente aspirar a cosmovisión (dentro de las posibilidades o límites intrínsecos, pero no sin ambición y esfuerzo) Una mente solo se educa con aplicación. El ludismo educativo es no educativo. Incluso, aunque parezca desbarrar, la sensibilidad y el gusto se educan, porque idea y emoción son contrapuntísticos. La distribución jerárquica de especies, entes y saberes es la naturalidad de lo que hay y debe haber (de ahí mi admiración al deporte de élite y la belleza clásica porque enseñan la dificultad de lo mejor, porque implícitamente enseñan a buscar y admirar lo selecto, que siempre es propiedad de una minoría) El desear lo mejor y elevarnos nosotros mismos, el aprender de lo mejor y renunciar a lo peor (la intolerable vulgaridad o medianía) es la fuerza motriz del orden natural ideal. La cuestión no reside en odiar a los aristócratas o gente de pecunio (tema baladí) sino en amar y elaborarse para ser un aristócrata de espíritu (y valga cierta simpleza y puerilidad en la expresión antecedente) Si en cada mente de demócrata hay bajura, la democracia se abajará. Si en cada mente hay altura, la democracia subirá. Las sociedades creo propenden a colapsar cuando se asienta en su alma la radicalidad, la pobreza, la mediocridad, la ignorancia, la corrupción. Pensemos de los cinco elementos mencionados cuáles tenemos y cuáles no. Creo debemos estar solos para saber leer. Y saber estar solos para saber estar en compañía. Y buscar la gloria de un long désir de duré. Creo que si no estamos abocados a ser no más que catetos tabernarios. Nadie te ordena ser un bluf de las catacumbas. Con leer dos o tres buenos libros bien al mes  ya se avanza una barbaridad. Nadie te ordena ser un podre ineducado. Incluso en las vidas más duras y difíciles o embrutecidas hay claras posibilidades de descomprensión. Hay que estudiar esas mentes parciales que representan mentes completas, y reverenciar al genio pues existe genio en nuestros adentros. El doloroso secreto de la humanidad es su expresión mutilada. Hay que honrar ese gránulo dorado infinito de nuestra mente delicada y robustísima a la par.  Lo soberbiamente feo y estúpido nos derrumba. Magnificente y majestuoso se incrementa el espíritu cuando profetiza, tal un propósito, su fuga hacia las formas del conocimiento, su camino hacia la opinión analizada. La discrepancia en un debate amable e informado es democrática civilización, la autoimposición de la telebasura es barbarie. Despierta y lee, dijo el filósofo. No debemos añadir ni una sola palabra más.