Educación moderna

woman standing in hallway while holding book

Educación moderna: lograr los objetivos con el menor esfuerzo posible. Desprestigio de la memoria y la memorización. Falta de autoridad de los maestros y de los padres. Victimización a todo (el sistema, los deberes, el profe «hueso», el aburrimiento) menos a uno mismo, como una exculpación automática y universal de uno mismo. Darles plastilina y que se expresen (la neopedagogía) o talleres de masturbación si ya crían pelo en las axilas. Enseñarles con tablets y gráficos electrónicos.

Conclusión: generación del botellón, de un orbe de pasotas y del molesto paro. Así sale la Generación Rufián y no la Generación Mozart o con Mozarts.

Lectura de Víctor Lenore

woman and man cheering glass cup beside table during night time

El libro a reseñar es Espectros de la movida. Se lee esta crónica amarga de la movida en dos horas o poco menos. El libro es ameno y fácil como una crítica musical desprejuiciada y de énfasis directo. La tesis subyacente, un poco desperdigada aquí y acullá, es que la movida fue un movimiento acomodaticio, nada contestatario, frívolo e insustancial. Mi generación, desde un punto de vista cronológico, fue la inmediatamente posterior a la movida, la llamada, por el libro de Mañas, finalista del Nadal, generación Kronen. La mía fue una generación de tatuajes y rockeros, de discotecas y televisión, de cómics y películas. A mí me tocó muy tangencialmente; de joven tuve una desmedida pasión intelectual por la física, y mis gustos literarios se encontraban en la biblioteca de casa, adonde no arribaban ni Lucía Etxebarría, ni Mañas, ni Pedro Maestre, ni Ray Loriga, etcétera. En el fondo siempre los he despreciado artísticamente. Me parecen débiles y fraudulentos, y, además, sus referencias vivenciales y culturales no fueron las mías. Respecto a la movida, su idolatría de la droga y el consumo, su amaneramiento kitsch, su pop-art de bisutería, siempre me dejaron más bien frío. El retrato de Lenore es desalentador y descacharrante, pero sin hacer sangre innecesariamente, especialmente la visita de Warhol a Madrid -toda una apología berlanguiana de Bienvenido Mr. Marshal- o bien la figura de Alaska y Mario Baquerizo, verdadera parodia este último de la movida, su estética y  su querencia cultural y sus ideales. Leí un libro de Villena, Madrid ha muerto, donde se noveliza el periodo (y, por cierto, donde también se narra la venida de Warhol como un profeta o mesías)

Un libro, en resumidas cuentas, ágil, periodístico, liviano, grácil, una suerte de cara B negra a la dichosa movida -en puridad una posmodernidad hortera y pueblerina, chata y chusca y grotesca-, al supuesto esplendor enfín -que fue miseria: consumismo ante toda cosa, anglofilia en lugar de cosmopolitismo, petardeo en lugar de valores universales, adherencia a estructuras inmovilistas de poder, apoliticismo o ideas políticas surreales, ingenio frente a obra bien hecha, chupópteros del PSOE de Felipe frente a discurso crítico, hedonismo de pacotilla y francotirador frente a placeres superiores e inteligentes…- de la dichosa movida madrileña.

Vanidad

woman taking selfie outdoor

Acíbar, tedio y hastío no más

es la vida, y fango el mundo.

Queda la página leída al anochecer,

el busto visto en el museo,

la belleza frágil de la hierba,

la leyenda amante de la luna.

 

Pero todo, en el fondo, todo es vanidad, liviandad, cera y humo,

vanidad de vanidades, ciega y rota escarcha helada.

 

En puridad mejor fuera no haber nacido.

 

 

El arte es como el mar

lighthouse

El Arte es como el mar.

Permite que sobre la falena no sea nunca Psiquis lúgubre
y que, entre ternura y sensualidad, aparte la sordidez del Orbe
y resten, como en una isla donde ella bracea desnuda,
las melodías de lagartos que invocan un ser de Lunas.

Permíteme el poder oracular de un cadáver nunca de Dios
– me voy con el Papa Urbano VIII a comer pulpo a feira-
y que el Arte sea pececillo rojo enhebrado al pelo rubio

 

El Arte es como el mar y como la tela de araña y como la mora en agraz.
No. No hay que envilecer la vida. No es noble ni santo hacerlo.
El Arte es un inmenso mar sin vileza y olas de magnificencia.

Nunca tú envileciste tu mirada ante bibelots posmodernos.

Porque tu ojo -y su mente- vive en el mar.

Arco

green wooden chair on white surface

Una epifanía acerca de la experiencia y el tiempo, una rara felicidad en la que te dignificas, algo que evoca un don y te mantiene en pie. Eres protagonista y elemento de un alma que te concierne. Un administrador de poderes íntimos que sabes tuyos. Un inefable que se encuentra más allá de la razón, que se conoce al transformarte tú en él. Eso es Arte. Un escalofrío de geórgica abisal y de égogla astral. Una nieve que no rompe el puente invisible que nos une. La fascinación de un pececillo infatigable en el gran Sí. La virgen rosa dentro del dómito violín. El ars scientificorum en la noche y el árbol. Eso es arte.


Y no las lelas y vacías, mongólicas y arrastradas, obras de ARCO. Si al menos fueran sinceras «habilities«… Europa parece haber olvidado que la patria del Hombre es el Absoluto, y no la Miseria. Si descrees del Absoluto crees entonces en cualquier cosa: vegeterianismo, animalismo, ovnis, new age, macrobiótica, y, cómo no, en las mamarrachadas del arte contemporáneo. La grey soporta ser grey y abeja de colmena, se goza en ello. El arte de hoy es una yerma paparrucha. Tan espantoso y mediocre que solo se puede soportar evitándolo. Una mera patrulla canina que cojea (el arte verdadero se sostiene en cuatro patas) Una gentucilla o cohorte de incapaces, vivales, listillos, y engreídos. Las perversiones se han convertido en visitas dominicales de muchedumbres y familias a ferias de arte moderno. Igual a una batahola de mansedumbre lacaya, de zombis sin criterio ni elevación. Sir Thomas Browne dijo «el olvido es insobornable». Borges añadió «la justa y vasta y necesaria muerte». El mundo es un reloj que perdió sus horas, un tren descarrilado; el Imperio de la Fealdad nos desgasta incesante. ARCO lo certifica y signa. Voy al lavabo a defecarlo.

Otra prescindible poética o idea del arte

photo of head bust print artwork

A mi ver, la poesía, el arte, es un comentario o crítica de la vida, una elucidación o correlato de la misma, de la vida igual a la Vida. En el arte creo vive la vida mayúscula, su magnificencia y magnanimidad, su pasión y majestuosidad, su locura y reciedumbre, su sordina melancólica y tendencias punitivas. Entiendo por el término «vida» tanto su sentido lato como laxo, de vita activa et contemplativa. La poesía o arte la investiga, contempla, acaso con nervadura triste o epifánica, la sueña, la imagina, la aclara y la enturbia; la emoción literaria intensifica la vida, la emoción artística congela hasta el deshielo, estremece las ideas que suceden al sentimiento, tensa los sentimientos previos a las ideas. Creo que la vida vive su más alta vida en la poesía. Como un duplicado fotográfico revela detalles divinos, así la forma mentis del arte revela una cosmovisión implícita del artista, de cada artista, que da a nuestras rutinas a menudo abyectas y deprimentes, una capacidad de sustitución e intuición sobrecogedora. El científico descubre, el filósofo especula o argumenta con notas más o menos claras y distintas, el ciudadano sobrevive, el mundo engaña, pero la ars poetica múltiple, el acerbo artístico histórico, nos permiten -creo- vivir con los ojos abiertos y emocionados, o sea, unir sentimiento con reflexión, que acaso no sea mala forma ni innoble de pasar por este mundo.

Por lo tanto el tema, mejor dicho, los temas de la poesía o arte son los ínsitos o circunscritos a la vita en sentido general. Como que el arte habla de la vida entonces los temas del arte son los temas de la vida, acaso con el matiz que privilegiando aquellos que más nos instan o conciernen; el placer, Dios, el Amor, la Belleza, el significado, la libertad, el destino, en definitiva, lo que más nos «toca» o constituye, lo menos no sólido, aquella gravedad en la vividura transida y templada en corazón y cabeza cual si formasen ambos una víscera. Y, vano subrayarlo, esto que estipulo o convengo en calificar de «sólido» puede tratarse artísticamente con las maneras más juguetonas, livianas y de aparente divertissement. La poesía puede hablar de cualquier cosa y de cualquier manera, pero quizá para hablar bien debe legislar o tomar una Forma, sobreentendiendo las ya plurales -necesariamente plurales- República de las Formas. Si, y disculpen lo abstruso, definiera arte, acaso me atrevería aseverando que es la formalización de una experiencia real o imaginada, del entendimiento o la voluntad, que crea ecos de anuencia en el espectador, se puede clasificar por calidades -hay como una coautoría de dimensión objetiva y subjetiva-, y es una Forma Posible de Vida, si feliz, esplendente. A veces me susurro a mí mismo que la Forma del poeta y la Forma del poema no disuenan, o a lo mejor no deberían, no lo sé, como no disuena el pájaro y la luz que lo envuelve.

Ese comento de la vida que creo es el arte, hace que más brille y a sí mismo se admire la vida misma, o se oscurezca sin placidez, porque los análisis de la vida no siempre son resolutivos. Y esa poesía o arte es hija de la transpiración, de solución a peliagudos problemas de composición. Pero también a veces los dioses dan también el primer verso, o te los retiran para siempre. Creo que un arte de solo ocurrencias es objetable. Creo en tapices y jardines eufónicos. En el verbo bello y esclarecido, en lo musical y sapiencial, en lo verdadero y razonado. Creo que el arte es una fantasía que alude a la inteligencia. Creo que un matiz o un adjetivo o una nota o una pincelada si necesaria, infalible, si sobrante, angustiosa y feble. Creo que husmear a Dante, Wordsworth, Mozart o Bach, Cervantes y Cernuda, Auden y Louis Armstrong es lo que puede justificar la vida, lo mismo que un amor cumplido. Creo que el arte no defallece, y que no es corruptible y que se alimenta de sí mismo. Creo en la religión del sentimiento de la poesía.

Si la vida es mezquina, cosa no dudable, la antimediocridad por excelencia es el vissi d´amore de la metáfora. Hacia la región en las antípodas de lo común te dirige el poema (insisto; a veces con maniera totalmente consuetudinaria), hacia sensitivos cielos esféricos como seno de amada. Si vida mezquina, si frufrú de ruidos inanes, si avaricia, depresión y hastío, si hiel y sinsentido, el gran fármaco del arte desincrusta, es ácido contra la melancolía sucia, corroe lo innoble patético. A veces soñé con soñar y vivir como en la lectura calma y honda de un poema, en sus sorbitos de delicadeza, en sus tragos de sabia emoción que conoce; no fue posible. Pero sé que la lectura de ellos disolvió mi chatarra y mi bisutería, mi poco fáustica imaginación. Anhelar vivir más y más alto, anhelar el estremecimiento rojo, anhelar lo real maravilloso, lo ideal sublime, lo extraordinario, ¿es una percepción amorosa o artística? Creo en el Arte como una Forma de Amor. Mi mente sin cultivar, yerma, es una covacha de miseria y estupidez sin poesía, un erial sin raíces si no hay poesía.

Creo el poeta, el arte rescata la hondura de esta Era de la Superficie (insisto; y ya no más; sin obligadamente maneras pedantes, afilifosadas, o pedestremente densas) Lo que permanece en esta Imposible Era del Silencio lo fundan los poetas. El alma al plasma sanguíneo que nos falta la ponen los poetas, los pintores, los músicos, los cineastas, los escultores, los bailarines, los cantantes et caetera. Ese pez que sale a boquear encima del agua, y engulle aire oxigenado, luz zodiacal, moléculas de agua limpias y vegetales, diría es el artista. Son guerreros alados viajando a la velocidad de la luz. Y espíritus donde no están ausentes ni los bits ni tampoco los ángeles. Son un fulgir delicado de sentimientos que declara su amor, una heladera propia del orgasmo disparado, pieles rojas en la quinta avenida, perfección que nutre, música que agrieta insulsas ínsulas, mecanismo psíquico de poleas y palos de mesana, órbitas lunares. It´s too romantic, sí, pero creo que por lo menos no mendaz. Un artista, cualquier adolescente de qualité en aldea o metrópoli, que ahora piensa en no permutar fama por grandeza, ni dinero por obra, ni moral por costumbre, ni lo privado por lo público, ni el genio por el ingenio, ni la verdad por lo verosímil, ni la palabra por la charlatanería, ni la pose por la sensibilidad, es la semilla mántica; a ti, oh Rimbaud o Virgilio púber, rindo tributo; tuyo el fuego de Prometeo. Que motos rockeras o flautas mozartianas sean tu albada. Que la claridad de tu visión sea Osadía en la Visión. Tienes rayos X en la mirada. Drógate solo de pureza. Contra el raquitismo telegráfico actual escribe, contra la pequeñez de mi alma, escribe, contra tanta Sifilización o mierda abstracta y concreta, escribe. Escribe y pule, escribe y escamonda. Tu voz delgada (me gustaría mucho que fueses mujer) insulta al Homo Oeconomicus o Scientificorum inhábil para el diálogo. Tu voz crea nuestras mentes en esta Era Medieval Tecnológica. Mi futuro, sin vosotros, es aterrador.

El poema o el arte jamás es un gusano o reptil reptando a ras de tierra. El poema no es berza hervida ni arenque reseco. El poema es flor de prímula que brilla invisible, heliotropo al compás del sol. El poema es una mosca que sabe salir de la botella, una vidriera iluminada desde dentro de la catedral, un tapiz del que se ve al unísono el haz y el envés, un pentagrama inmaculado. El poema estremece la médula espinal. El poema es un chirrido que saja por la mitad las vértebras. Y si en la FORMA A se dan poetas geniales, grandes poetas, buenos, mediocres y malos, y lo mismo en la FORMA B, C, D, etc… no deja de ser una no mentira que quien escribe poemas con más de cuarenta años (cuestiones de calidad al margen) es un pequeño Dios, es un pequeño Dios que siente y piensa al unísono. Al escribir nos arrulla el mar, trémulos mordiscos nos dan los amantes, gongs con fuerza de destino notamos. El percibir nos provoca la percepción. Vemos fascinantes fenómenos de daguerrotipo en nuestra propia vida. Vida. Color y contracolor del Arte.

Pablo Iglesias

grey skulls piled on ground

Pablo Iglesias, sin ideas tangibles, pero experto en cacofonías, en tonteninas a granel, cree que gobernar con pimienta y cayena es el súmmum de la política. Su misticismo pomposo en el fondo es cruel. Su ballet bolchevique es todo ausencia de color y apología de la monotonía, del gasto desmedido, del proletario arruinado, su débil hormigueo populista es la más ingrata promesa de futuro. Creo que en lugar de inspirarse en la música, lo hace al oír correr su gato por encima del teclado. Estalinista compulsivo. Leninista contumaz. Mentiroso obsesivo. Con un credo intelectualmente inane, estéticamente pobre, sociológicamente manipulado, científicamente paupérrimo e imposible.

 

Me produce mucha grima la apelación de Pablo Iglesias a «la gente», una nueva formulación leninista de un supuesto pueblo lleno de imponderables virtudes beatíficas. Entre Cicerón y Thomas Mann en la historia de Europa se señaló que nos deberían gobernar los mejores, una clase patricia de la inteligencia. Mejor nos iría si los responsables del gobierno, del arte, de la educación, de las empresas, saliera de la clase de más patente, de más capacidad y moral. «Classicus» significa etimológicamente de primera fila. ¿Por qué deben gobernarnos los últimos de la fila? ¿Por qué, si carecen de méritos, respetabilidad y autoridad?

 

[PUCHI Y PABLO]
Sr. Pablo Iglesias y Sr. Puigdemont, para rey o para necio se nace, y ustedes no nacieron reyes. No hay nada más parecido a un demonio que un mal príncipe. La disensión proviene de la estulticia. Para hacerse cochero se aprende, se practica, se entrena uno, para ser príncipe creemos que basta con haber nacido bajo la égida de la estrella y la luna, lo importante es que se sea honesto, discreto y no se tenga la mente injuriada, precisamente propiedades de las que carecen ustedes. Recuerden ignaros ambos el clásico erasmista «Spartam nactus es, hanc onra«, «Esparta es tu lote, hónrala»; pero ustedes dedican su tiempo a jugar a los dados, a bailar, a enredar, a enmerdar, a cambiar pañales, a ir de putas, a comprar casoplones, a la parranda, a cazar y liquidar (véase el caso Errejón y los múltiples expulsados de Podemos), a lucrarse, en definitiva, a la deshonra. Una sola pareja de aguiluchos feos y mendaces necesita un gran territorio para devastarlo. España y Cataluña son grandes, no devasten más. Váyanse a su casa a hacer calceta. Ustedes son ese tipo de hombres para quien la libertad es algo inútil, no saben emplearla. Aberración y pintoresquismo excesivo son; ya vale. Los minúsculos botones invernales de las ramas de los árboles ya no tienen una cualidad de pelusa suave; se cargarán hasta Natura. No ilustren más las tinieblas de la oscuridad y váyanse a casa a hacer ganchillo y macramé, -pero, Puchi, tú a la cárcel. Dejen la lisonjera gloria de los oficios públicos y retírense a estudiar en casa -Puchi tú, Dios lo quiera, a la mazmorra- Los mesías de hojalata son bibelots feos de esos que se venden en los chinos. Su mesianismo, amén de falso, es antiestético. El Bien o la patria no se lo agradecerá, como lo agradecerá el gusto -también el político-.

El propietario rural expresa su credo consciente de los vientos torvos que no asolan empero el páramo de lo moderno industrial y tecnológico

abandoned ancient antique arch

Me exalta lo viejo y me disgusta lo nuevo.

Prefiero el ritmo natural de la luna al artificio bruto y seco del neón.

Me arrellano en gozosas y gordas horas de lectura y no así en amor libre y conejero, me matrimonio con mi biblioteca marítima y no con los lavabos potatorios de las discotecas (nada sé de piercings, tatuajes; mi impulso son los siglos que nutren el brazo del propietario rural y no la savia turbia del ácrata con su novedad y su turbina)

Donde hay una capilla hay también una civilización.

Donde hay un europeo con toga romana y sandalia cristiana hay también una civilización.

Donde no hay «pantisocracia» «gobierno de todos» hay también civilización.

Ahora todo es áspid, veneno, cristales y cementos negros, acrílicos wharholianos necrosados.

Donde hay una vaguada wordsworthiana o un claro del bosque cervantino, ahí hay civilización.

Me gusta contemplar con gusto la paz de la noche, ver como el rocío oxida las celosías, notar el aliento amurallado del cielo, buscar la indecisa flor en el fausto jardín, y que Fortuna retome en luz el color de mis ojos.

Descreo que no sea gloria la ley universal, descreo remodelar y reformar; mi impulso solo son los siglos precedentes; mi negra crucifixión los siglos subsiguientes.

El laurel del mundo se ha esfumado -todo plástico y chip-

Cada alondra anunciará -como una cuña- un mañana.

Vencisteis, a fuer de no convencer, a fuer de derrumbar y matar y disecar.

Os dejo, permitídmelo. Me recluyo en los párpados anochecidos de Pan y Citerea. Embarco sobre ilimitadas, libres, jugosas, almendradas lunas. Con mi cayado y mis perros. Adieu.

 

De dandy a raro

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Tuve una etapa, entre mi tardoadolescencia y la primera juventud, en que me adornaba con pajaritas de lazo, corbatas vistosas de seda rosa, chaqueta entallada y a medida, botines lustrosos o bien mocasines de piel lujosa cubriendo mis curiales y regios pies. Me creía muy distinto al resto, y lo que pasaba es que vivía mi acusada normalidad de forma irónica, autoparódica, es decir, mentirosa y falsaria; mi afán de distinción era para ser igual al grupo, para que la grey me aceptara. Dandy botarate en nada hubiesen cambiado mis pujos de escritor y poeta si hubiese ido vestido de Zara o de Cortefiel. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma; imperceptible, insensiblemente, al fin (queriéndolo o no) me convertí en un raro, raro fetén, en un -valga la paradoja- bohemio aldeano. Bohemio con pensamientos rococós, ágiles como corzos, diamantinos como raposos. Bohemio con sentimientos de piel de oruga, brillantes como salamandras, lentos como babosas.Ya está suficientemente estudiado que la bohemia o golfemia es cosa de la urbs, de garitos, cafés y discotecas, de sablistas y coqueros e ingeniosos maledicentes. Pero yo, si antes, cuando en el DNI se pedía profesión, le dije -recuerden que era un dandy imberbe y barbilampiño- le dije al policía administrativo, ante su estupefacción, «Ponga propietario», hoy en cambio soy propietario de lunas y de universos de palabras proféticas, propietario de cielos rajados con navajas de luz y cobre, y de soledades que se nutren de sí mismas, y simulo saberlo todo cuando en realidad nada sé (y así, sin saber nada, lo sé todo), y me place vivir emboscado, oculto, sin hijos y con fiel soltería rocallosa, cuidando de gatos bravos y perrillos asilvestrados, pringado de resina de pino, amando la ancianidad mansa de mamá, escribiendo mucho, leyendo todavía más…Igual al Gatopardo mítico en mi hacienda rural galaica en lugar de una siciliana, en mi aldea feudal menuda y lenta y honda, espero la muerte entre sinestesias y escalfadas, intensísimas, eudaimónicas admiraciones.

Gracias por leerme, y un saludo, desde mi compacta soledad y rareza misantrópica, misógina, a mis amigos invisibles cibernéticos, y a la afición en general.

¿Por qué soy conservador?

low light photography of books

Soy conservador, en el sentido que creo que la tradición -la traditio– funciona como un filtro darwiniano seleccionando lo mejor, no necesariamente lo más adaptativo, sino seleccionando la Gran Conversación, la Conversación de lo que las mejores mentes han pensado y dicho, contemplado y descrito, esculpido y musicado, teologado y filosofado. Existe una criba de los grandes respecto de lo grande donde queda -como arena al fondo de la clepsidra- lo excelso de la Conversación Filosófica, de la  Teológica, de la Conversación Musical, de la Conservación Científica, etcétera. La Conversación o tradición es la asunción de lo decantado como eterno e imperecedero por el tiempo. De las obras veteadas en grumos inmortales y eternos de belleza, de verdad y de bondad. Lo actual genera también ideas novedosas pero para pasar a la tradición deben tener las mismas calidades y quilates como aquello con que se debe engarzar. Hay mucha paparrucha moderna, mucho mentecato, muchos mamarrachos desvertebrados e inanes (paséense por ARCO o un museo de arte contemporáneo) Uno conserva lo excelso que ha sido porque con esos elementos se puede fundamentar bien el ser e incrementar sanamente la personalidad. El tiempo también arrastra hierbajos y malas yerbas, pero se perciben por contraste con gran acuidad, con distinción y claridad cartesiana. La paja y la morralla y la alfalfa de los tiempos modernos no permiten el contraste, ergo, muchos los toman como sucedáneos de rosas y trigales geométricos, como nubes definitivas. Soy conservador porque quiero ser lúcido, porque quiero un yo elaborado sin mentiras, pegado a la historia que me explica y que también es mi esencia; soy conservador porque amo el pasado y temo al futuro, porque temo cualquier futuro no devenido ya en marmóreo y memorable pasado.