Conservadurismo

julius caesar marble statue

El impulso divino de la historia. La creencia que donde hay una hierática capilla hay también una civilización. El impulso a conservar y no remodelar ni reformar. Ir a la busca del tiempo lento. Subsumir las pasiones en el gusto. Subsumir las pasiones a la razón. Y el corazón a la ley universal. Como cualquier modesto propietario rural creo en la tradición y en el anarquismo de la novedad. Me gusta lo viejo y no me exalta el futuro. Me retratan los siglos precedentes y me oscurecen los subsiguientes. El ritmo natural prefiero frente a la mezcolanza del ritmo artificial. Mi asidero es conservar. Mi fe es lo pasado glorioso. Horas de lectura y no amor libre. Horas de lectura y no enfebrecidas discotecas. La felicidad significa que todo debe seguir igual.

De la melancolía a modo de diario como una bella arte

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Lunes: Ganas de huir. El té verde, afortunadamente, estuvo delicioso.
Martes: Todo el rato hablo de ti. Sin ti es imposible la revolución del gusto, de la delicadeza de opinión, de la inteligencia del matiz. Con y sin rímel me gustan tus ojos. Tus pechos solos y con nata. Tus labios con o sin pintalabios. Me gusta depilarte ahí, en el centro o bien inaccesible.
Miércoles: A pesar de los metalizados acrílicos de la ciudad, de la esencia tumefacta y necrosada del tweet, de la apoteosis de la innúmera multitud gregaria (cómo gozan siendo iguales a los demás), a pesar del exceso hiperbólico de detritus, estás tú. A pesar de este Océano Gris de Internet, de la Gula Procaz o la Pereza Creativa, en ti confío.
Jueves: Pero pasó el tiempo y la verdad desagradable asoma. Tú eres silencio. Debemos o debiéramos pretender explicar la biblioteca que rodea a la biblioteca del libro que somos, elucidar o dilucidar el libro que somos, escribir el libro que somos. ¿Pero entonces qué? Tú no eres un billete, ni un ordenador ni un súbdito. Tú, mi amor, no eres un corazón heroico de hermoso temple. Porque todo es silencio.
Viernes: Percepción extraordinaria de lo maravilloso e incorruptible. La esencia de lo magnífico es esto: la vida es una engañifa, el amor una engañifa.
Sábado: De la Fuente de Dafne ahora solo oigo esa negra seda óxida resumida en el vocablo “melancolía”.
Domingo o confesión a mis lectores: Desde donde vivo siento cómo se mueve el mar. Oigo armoniosamente cantar a las cigarras. Desprecio a la televisión con altanería aristocrática. Además, no me falta el dinero. Me dedico, me gustaría creer, al otium cum dignitate u otium divinis. Pero no he siso feliz. Que los glaciares del olvido me olviden, me arrastren y me aniquilen, inmisericordes. No he sido feliz. Acodado en arte y poemas y soledad no he sido feliz.
Y, me digo, si el amor es catacumba plácida y hermosa de los sueños -como los pies dentro de las katiuskas-, si el amor es bosque de Alejandría y ebonita flamante, si el amor es anillo de turquesa y hangar luciente, y acolchada noche cerrada que dimana olor naranjos, o río de aguas tibias que empapa a la vida, si las estrellas tantas veces nos iluminaros luchando desnudos y absolutos en la cama, si veo un ciervo que cruza en llamas la espesura, si el orgasmo -después de que la habitación es una sauna- es una dulce heladera, si los ángeles son hermosos y el amor eterno, si abril es el mes menos cruel, si no, si sé que no termina la luz en la playa, si el amor es…

Humanidades: por qué vivir

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La depauperación del lenguaje significa una mengua en el pensamiento. Pensamos con el lenguaje, pensar es hablar, la vida mental no es más que un conjunto de acaeceres lingüísticos. No lograr expresar con precisión aquello que deseamos decir, trabucarse ante construcciones paratácticas o subordinadas, ser innecesariamente prolijos, no ser relevantes, no ir al grano, ser confuso y desordenado en la expresión, es serlo con una identidad insoslayable con lo que antecede a la expresión, a saber, con la formulación del pensamiento. Los profesores debieran esforzarse en que sus alumnos conozcan la gramática así como la redacción. Una buena educación es clave para que sobrepuje la democracia y el espíritu de una nación. Si decae la calidad mental de los demócratas decae la calidad de la democracia. Sin lenguaje y habla no hay examen socrático posible ni imaginación empática lúcida. Sin expresión escrita digna se derrumba la civilización. No hay que llevar a los hijos a pasar un fin de semana en Ikea o en un hipermercado, ni comprarle tablets o móviles a edad inmadura. Eso los incrusta en el mecanismo del consumo. Y, paralelo a eso, los aleja de las artes. Vivimos una época especialmente turbia para las humanidades, o sea, para prorrumpir en un conato de respuesta a la pregunta por qué vivir.

El país del arte

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Está la mohosa covacha inglesa, el alcohólico iglú nórdico, el tenderete tan vulgar y mediocre y mercantil norteamericano, el presumido palacete óxido francés, la cuadrícula sin vida alemana, el aburrimiento otomano, en fin, a qué seguir. Aunque tú busques el exilio ningún país es jauja, ningún ordenado y limpio destino te espera en ellos. La casucha vieja y desportillada hispánica te tocó por azar. Pero lo mejor de todo y de cualquier sitio es el país de su arte. Lo mejor pensado y dicho y pintado es lo inmanente y perentorio. Lo que no caduca ni cae, esa es la corona o región celeste de las naciones. Si vives en ella no mueres porque realmente has vivido. La República de las Letras, el salón de Madame du Deffand, la Academia de pintura, el barrio licencioso y bohemio, la luna escrita desde la cama por el poeta, ese es el genio para habitar moroso. Lo demás es peluquería rancia, cháchara de taxista, politicastros, kitsch universal, beodas razones, y una fuerte propensión a la nada.

Ideas de un poeta agrario

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Pensemos. A está relacionado con B y B está relacionado con C, por tanto, A está relacionado con C. Pensemos. A es paralela a B, B es paralela a C, por tanto A es paralela a C. A es hijo de B, B es hijo de C, por lo que, cuidado, A no es hijo de C. En poesía muchas veces o casi siempre las conexiones o secuencias no son tan obvias, son más bien conexiones ovnis. Nietzsche (Werke, II, ed. Schlechta, págs. 789-790) habló de que estamos los humanos «seducidos por el lenguaje». Wittgenstein (Philosophische Untersuchungen, nº 109) habló con idea similar que estamos los hombres «embrujados por el lenguaje». El poeta es el prototipo de ese embrujamiento o seducción por el lenguaje. En sus asertos hay una mágica y mántica ética maníaca lingüística revolucionaria. El lenguaje se va a las vacaciones de los hoteles de la amanecida o de vacaciones con las brujas y las meigas, con trasgos y elfos. En la poesía lo cuádruple bebe la tardanza. Y el 9 duerme con las piernas cruzadas. Y las epítomes comen niñas. Y los sueños huelen metros y diademas. Y la fuerza que impulsa la flor es la misma que impulsa nuestra edad. El poeta no ve un lenguaje rutinario e inactivo. Aprecia el descontrol de las paráfrasis y los símbolos y las corajudas metáforas. Más que oraciones con valor veritativo, verdaderas o falsas, debiéramos hablar de versos con valor mágico, embrujados o no embrujados. A veces es difícil saber lo que el poeta imagina pero el poeta es un ser de otoños e imaginaciones. A veces es difícil saber qué situación ejemplifica el poeta o averiguar a qué se parecen esas situaciones, pero el poeta es un ser de inviernos y escenarios. A veces no son usadas las palabras en su contexto adecuado, pero ¿qué será un poeta sino una triste colección o cesta humilde y recia de palabras? A veces el poeta es autocontradictorio, confunde las categorías, o no es traducible a un lenguaje ordinario, pero ojalá que la locura de los poetas fuera Gran Ley. Existe una cohorte de exégetas que confunden la profundidad con una farragosa secuencia de sentencias oraculares. Pero el poeta, si no es quincallero, en su obiter dicta hay una complacida falta de engaño (también frente o por los alrededores de su aurea obscuritas si poco claro gusta ser) Hay como un quorum de pensamiento socialmente permitido; el poeta es el hereje de esa convención. Hay pensamientos y sentimientos expresados casi privados que crecen en lo público del poema leído en la intimidad. Muchos poetas podemos ser unos papanatas, hombres cándidos y simplones, pero el verdadero poeta arde con grito de Almanzor. Boa azulescente el poema. Yunque y duque sádico el poema. Caliente rotación de espiga. Visión vertical que posee esencia. Margaret Astor sombreando un lunar de la cadera. Cabello de oro de medusa esmeralda. Viga del arco-iris. Mansedumbre de búfalo en los ojos de Marylin Monroe. Abominable bisturí en el ano de las películas. Artificio de opio. Ritmo opalino del asco. Muchacha con aliento de muchacho. Cocaína en el pubis. Oficio de serpientes con las uñas pintadas. Ganzúa o quinqué de luz que alumbra al abril y las rosas de junio. Sonámbula yerba. Princesa con zinc en la punta de sus pechos. Ardiente santidad depresiva de la carne. Submarino arenal de los labios.
El aniquilamiento más pavoroso es concebir un mundo sin dolor ni poesía.

Del problema catalán como problema bibliotecario

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Ante ciertos Cristos sufrientes de la tradición pictórica es inapropiado comentar «qué bonito», tal categoría estética chirría, e indica el analfabetismo del espectador o contemplador. De pintura, como de todo, hay que saber, desde sus rudimentos y técnicas, hasta la historia de sus estilos, hasta sus alusiones mitológicas, históricas, filosóficas, poéticas, biográficas, y un largo etcétera Ello no obsta para ser un incapaz respecto a la experiencia estética, pero nunca resta para la misma. La finura estética requiere, entre otros ingredientes, conocimiento y un trasfondo de aborde directo. Ese trasfondo que, si se aleja de nuestras coordenadas culturales, debe suplirlo la sapiencia. La ética, el modelo humano de la Ilíada, muy poco se parece al modelo o tipo humano de un habitante occidental del siglo XXI. Conocer Homero, además de muchísimas más cosas, precisa saber de unos valores muy disímiles de los contemporáneos. La bondad y maldad cambia en la historia, como cambia la utilidad y la inutilidad, como cambia la verdad y la falsedad, como cambian en definitiva nuestras mentes tamizadas al contacto del tiempo, esa mezcla de tradición y novedad. Tengo la sensación que muchos van al Prado o al Louvre como yo asisto al teatro japonés tradicional: para quedarse in albis. Las colas y grandes números ante las exposiciones indican interés (acaso de fuentes turbias y espúreas) pero no miden la calidad de ese interés, lo cualitativo frente a lo cuantitativo. Obsérvese que un capitán alemán capturado por un comando inglés en la primera guerra mundial podía comunicarse en latín con el capitán inglés. La koiné era más que una lengua, era un mundo referencial común de citas y textos de la historia cultural sagrada y profana, que incluía elementos siempre comunes y presentes literarios, filosóficos, artísticos, teológicos, científicos. Ese medium común no era un maremágnum ni un pandemónium como se presenta ahora mismo nuestro instante, sino todo lo contrario. Un mare nostrum que les permitía navegar con el mismo viento. Virgilio y Montaigne y Cicerón y Watteau y Rembrandt y la Biblia y toda una serie de pares y satélites y comentadores de esos pares, aunque las trincheras los alejaban, eran el salvoconducto o vial que los mantenía unidos, ganara quien ganara la guerra. Disputaban sus vidas, pero en un mismo mundo. Pese a la muerte, seguían una conversación común y de larguísima historia Y a ese mundo pertenecía una conveniencia jurídica, una reciedumbre, y una determinada calidad de personajes. Ahí un payaso como Puigdemont -la Veneno del independentismo- hubiera sido automáticamente expulsado del club. Pero Thomas Mann murió en 1955 y por esas fechas se empezó a consolidar la TV, después y ahora los mass media e Internet. Y ahí los payasos son el rey. No hay conocimiento (creo que sabiduría ya ni se asomará nunca más al planeta) sino pildoritas de información, caramelitos y souvenirs pero no conocimiento, chuches y gadgets pero no conocimiento. El mundo ya no lo crean los libros sino los tweets y la CNN, la MTV en lugar de la British Library. El mundo ya no lo crea una biblioteca o una pinacoteca seria, sino avispados y listillos y payasos. En la Era del Espectáculo el Payaso es el Rey. Pero no payaso en sentido noble de bufón de corte. Payaso en el sentido de insustancial y descoyuntado, como este Papa Luna o Papa de Palmar de Troya del ridículo Puigdemont, ese inefable Leandro de Borbón de Tele 5 o La Sexta o la BBC. Los sabios no salen en televisión y, si salen, como el medio es el mensaje, en exagerado epigrama pero básicamente correcto de McLuhan, si salen resultan ininteligibles por necesidad Los perros babean carne, pero la carne no es la mente, porque la Mente está en la Era Libresca, una episódica serie de cinco siglos en la historia de la humanidad, una anécdota de la historia. Sí, la mente tipográfica es una excepción en la historia de la mente humana. Ahora la mente es audiovisual e internaútica. El lugar de Puigdemont: la bestia triunfante o símbolo del mundo aniquilado que hermanaba al capitán inglés y alemán, o que, ante el Cristo de Velázquez o Bruchenwald no prorrumpe a reír y carcajearse como una histérica de frenopático. Adiós al mente. Hola Puigdemont.

Elegía por la belleza

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Me agrada la pintura y estatuaria y la arquitectura antigua, las iglesias y catedrales medievales sobremanera. Hoy rodeamos con vallas electrificadas y candados los predios de nuestras casas. Preferimos la piedra preciosa al cuenco de las manos, al íntimo calor de la suavitas. Anhelamos estar rodeados de enardecido oro. Somos ahora una estirpe negligente, condenada, carente de capacidad y vigía solo del vigor de los dineros. Somos bellacos vulgares sin poderío de lo que en verdad importa. Nos parecemos a una masa informe de bacterias. Con emociones ingenuas, sencillas, pueriles y convencionales. La naturaleza no nos suministra tampoco su liberalidad. La ciudad es un patrono condenado, un averno de cemento e hiel. El beneficio verdadero es la estética, no así el peculio, el oficio de oficina, el trabajo engañoso y trilero. El dinero tirita pues da frío de mala vida. Y la mayor belleza es aquella Belleza que hace más bellas a las pequeñas bellezas que encuentra en su camino. Todo es vanidad si se compara con las grandes obras del Hacedor. A esa brasa ardiente, a esa herida luminosa, que muerde los frutos de la tierra y a las aves del cielo, a esa brasa: gloria, gloria, gloria. La iluminación ilimitada es muchísimo más que cualquier divertissement trivial, más que los chuches posmodernos de crecepelos y tentempiés. El Contemplador contemplado, poseído y amado es Belleza Suma, Éxtasis Puro. La sobreabundancia de tal vivencia vislumbra goces eternos. En el pórtico de Chartes hay clemencia, alabanza y dicha, elogio y pasión celeste en cada piedra, y el aire entre las piedras que se mezcla con la luz. Ver el pórtico de Chartes o la Catedral de Burgos es sentir algo insólito, inhóspito, vero, lúcido. Pues no hay más miseria que la del hombre sin Dios. Y profanar a Dios es profanar la causa de su pulcra belleza, de su amada belleza que nos ama. El arte conduce a Dios porque los poetas nos alimentamos de milagros y los artistas de epifanías. El alma es una pequeña placa de vidrio que bordean hojas de acanto y laurel. Que se os ilumine e incendie el alma, amantes lectores, que ardan las hojas contiguas. Ved , observad que en una Virgen pintada por un gran pintor antiguo percibimos nítidas las notas de inquietud, recogimiento, interrogación, sumisión, recepción de la dignidad de la concepción. Hoy el mundo carece de esas calidades de conturbatio, interrogatio, humiliatio y meritatio. El efecto de las estrellas y los planetas dejó de eclipsar a los hombres, y, así, hoy los grupos musicales se llaman ahora Garbage, Mojinos Escozíos, o Public Enemy. o Trash, mera, entonces, expulsión del paraíso. El arte actual naufraga en nihilismo y destierro de la belleza. No hay plenitud sino aniquilación. No hay esperanza sino un enfermo y morboso refocilarse o regodearse en la nada y la consunción subsiguiente. Pero el hombre necesita en sus entrañas belleza, experiencia de la belleza, mímesis de la belleza, creatividad de la belleza y la forma de la belleza como el pan de comer, lo exige como exigen aire los pulmones. La actual grotesca subversión de lo eterno y la instauración universal de la fealdad es todo un síntoma de anomia y decadencia. La belleza es el sutil ornamento de la gracia, en nubes, pájaros y labios, en nubes, pájaros y en abrazos y tirantes pieles. La gracia es una agudeza fina. Lo absolutamente bello es grato. La disposición adecuada de la gracia es la ronquera de Dios, la luz del alba de madrugada es el timbre foniatra dulce divino. Un trueno es furor divinis. Lo sensible en el intelecto agente se acumula y abre nuestras puertas a la percepción. No podemos alterar el teatro de la belleza del mundo y nuestra ínsita necesidad del mismo, de recorrer sus estancias, galerías, palco y antepalco, jardines y torreones. El juicio común bello fundamenta la astronomía, la astrología, la numismática, la náutica, la cartografía, la vida en mayúsculas y la vida en minúsculas. Lo bueno, y lo apacible perfecto es bello. Lo bueno perfecto es la belleza sin imperfección. Y es bello el hombre, lo universal y el universo, todo ello cantos y épicas de belleza. Estamos hechos de un república de células estéticas; esa es la verdad del asunto. Asunto que a todos concierne e impele.
El mundo bello de la antigüedad es el deleite imaginativo de mi vida. El mundo feo y chirriante, cacofónico, de hoy, el hoyo de mi melancolía negra. ¿Sanaremos?

El poema

fire and ice by robert frost

A man does not know he is saying until he knows what he is not saying, por lo que el poeta comienza diciendo que no es su idea de poema la cansina y abnegada difusión de un abnegado credo político, ni la farragosa y seca y árida o dogmática propagación de la fe religiosa, ni la quincallería retórica de orientalismos de feria de las vanidades; tampoco cree el poeta lugar del poema la metafísica tan recalcitrante como histérica, como histriónica, esos vaporosos y gélidos, tontamente algebraicos, vaporosos poemas universales que complanan la capacidad perceptiva de un mono creído. La legítima actitud silenciosa del místico a veces siente como certeza ante tanta literatura poética de autoayuda podre y trivial, donde se sustituyen pruebas de digna emoción por perentorios estados de directa sandez. El poeta sabe que en el poema hay que decir lo que es que es y de lo que no es que no es, y ser inteligible, flexible, paciente, elucidar y clarificar ese «no se qué» que ronronea lascivo. En el impensable destino nuestro, toda estrafalaria cosa es posible, a saber, la floración de la apoplejía poética, del chistoso poético, del poeta burgués acomplejado. Ah, ay cuánto coño de cupletista anciana. Qué pomposo acurrucarse en la mendacidad de la letra sin imanes, sin manes. Siempre creciendo los márgenes de esa vida irreal. Siempre el pecado de la irreligiosdad poética.
Umberto Boccioni murió en Verona a consecuencia de la coz de un caballo. La razón turbada de M.L.King y Lincoln cayó con bala. Un íbero en tierras gauchas ajustició a Ecoto Eriúgena. Al rey Cirilo le metiron plomo por el culo. Jill Jarrell soportó al pesado. Y yo muy cuco aprecio a mi chucho. Mi necesidad de cariño es mayor que mi capacidad de recibirlo. Y el mundo deslumbrante de la caza, la táctica, la destreza y la alegría, el mundo de añoranzas y sentido común compartido, está en la mancha de sangre de mi pelo pegajoso. El pelo-poeta.
La poesía es el verbo hecho tango, dijo Biedma. Y el poema demiurgo hace noche en la entelequia galáctica, y sin fundamento racional en su base geomancia es igual que geología, aeromancia que aerología, demonomancia que demonología, lo que acarrea confusión, porque no hay un alma universal o principio activo del todo, porque la adivinación es el presagio de los mutilados e inútiles. El poema legisla previo paso por la realidad. Si el poeta profiere «llueve» de repente no se pone a llover. Si «la nieve es verde» no por ello deja de existir en el mundo la nieve blanca. Y cúantos confunden profundidad con la inmerecida atención a oscuras sentencias oraculares que nada significan, cuentos idiotas de imberbes mimados. Toscamente: sin vivencias, lecturas y lucidez todo es falaz, castillo de naipes sin base.
Afortunadamente resta el furor divinis de un zulo -alto minarate- salpicada de escarcha de palabras, y cuevas con cánticos de yunque, y el crujir del olmo hendido por la locura, y la niebla cubriendo la cocaína del pubis, y la rotación de inmensos opalinos en el mediodía de la luz, y la mimosa gasa manchada de grasa, y la autopista del túnel de las piernas dispuesta por el cielo, y la enorme lengua de yerba de la nada, y las heladas braguitas donde se rompe la zapa, y el ardor que no termina y el tormento que invade, y alacranes dibujados a carbonilla, y el filo de daga del déshabillé, y la clavícula de Calígula, y el Santo Bebedor, y el sexo con aroma a retama, y castores, y coprofagia.
Afortunadamente persistimos los poetas frente a tanta infamia universal.

Redes sociales y nueva era

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El arte sirve para ensanchar la minúscula capucha del yo. Venimos de las artes ignotas del gran océano de la soledad, y a él retornaremos; entre medias ejercitemos nuestra soledad con el arte, para hacer del yo elemento de elevación en pos de la grandeza, para hacer del yo una solitaria y gloriosa soledad, una grandeza solitaria. De nuestra soledad esencial habla el arte. Leemos, también y básicamente, porque somos animales al albur del azar en busca, a la busca de un patronaje de sentido, resumido en la expresión “deseo de inmortalidad”. Leemos, y sabemos y nos entrometemos con el arte, porque deseamos ser solitarios inmortales y gloriosos. Le long désir de duré es la gran razón del arte.
Ítaca es nuestra aniquilación o extinción. Y con el ardid de las artes prohijamos la perfección de ser. Buscamos una vida perfecta, esto es, no mortal. La perfección elusina que viene de lo oscuro pero aclara, la perfección del propósito en la aquiescencia del resultado, la imperfección cartilaginosa vuelta mediante método de perfecciones cristal y luz de acristalada noche, la atmósfera presentida vuelta perfecta elucidación, en fin, que en los raíles de lo perfecto artístico navegamos sin pensar en el puerto de la muerte.
Eso, en el mundo de ayer. El mundo de hoy se resume en la iconosfera vulgar de las redes sociales. El anti-arte par exellence. Imperfectas en grado sumo y efímeramente mortales en grado superlativo, son como una puerilidad que derrite el capuchón del yo. El yo lector de grandes libros de papel está en un iglú de bendecido silencio y soledad, el yo de las redes sociales está en el paradigma de lo insano por feo, y no verdadero y no bueno sino autodegradante. Son yoes labriegos catetos, exhibicionistas de la estulticia y la miseria, apologetas del analfabetismo. Nihil novum sub sole. Dada la natural distribución de sublimidad y estupidez entre el género humano, es normal, que en un design que favorezca la mostración humana (como el caso de las redes sociales) el resultado sea el que sea. Lo raro hubiera sido la inversa. Lo tonto y memo, y en lo humano mucho abunda lo tonto y memo, la barra de bar tabernaria, el estadio deportivo furibundo, la pose y trato de taxista, ya tienen aquí su correlato objetivo. En las redes sociales no abunda la poesía pastoril, el argumento kantiano o la sensibilidad agustina, sino lo grosero, podre, e ineducado. Tal hay, tal ves.
En un muy, pero que muy próximo futuro, el mundo será un calco de las redes sociales. Un mundo poblado por dichosos analfabetos, un palacio de cromañones tecnológicos. Una élite, de gran importancia en el proyecto o concepción del mundo, serán los científicos creativos. Otra élite, la de las catacumbas más sombrías, será la de lectores solitarios y gloriosos. Ambos sumarán poco más del 1% de la población. Le gran bluff restante será la gran miseria cognitiva y estética que asoma ahora en las redes sociales. Seres inmaduros, precarios, de general o universal banalidad y superficie, con el soma de sus malos trabajos y sus malos amores (su patrón de sentido, el lieben und arbeiten freudiano de hechura siglo contemporáneo)
Por tanto el futuro (¿presente?) es soberbiamente estúpido y ful. Acaso pueda o pudiese haber un renacimiento carolingio dentro de cinco o seis siglos tras estas tinieblas medievales electrónicos. Es una hermosa hipótesis. Acaso mucho tiempo después…

Catolicismo

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Voy a opinar y ruego nadie salte a mi yugular. Prefiero el catolicismo, donde bulle la tensión y la ciencia, que chiflados tropicales californianos de la conspiración de Acuario que se llevan en una nave al planeta y sus moradores hacia la conciencia cósmica. Prefiero el catolicismo a parques temáticos mormones filmados por la MTV. Prefiero el catolicismo a bombas chiítas. Prefiero la servidumbre a esa comida que la dogmática científica cerrada. Como diría Montaigne mi terruño es incapaz de sembrar unas flores mejor sembradas en otras cosechas. Y la cosecha católica es todo menos una gilipollez.