Eliot 111

Tanto Sun Tzu como Carl von Clausewitz, desde tradiciones intelectuales muy distintas, coincidieron en una idea esencial: frente a una amenaza exterior, la dispersión del mando y la confusión de objetivos constituyen el primer paso hacia la derrota. La unidad de mando y la claridad estratégica son la primera línea de defensa de cualquier Estado.

Desde una perspectiva cercana a la de Sun Tzu, podría sostenerse que Marruecos —o el actor impulsor de la crisis— aplicó con notable eficacia esa lógica. No fue necesario recurrir a las fuerzas armadas convencionales; bastó con instrumentalizar la presión migratoria y amplificar la tensión mediante las redes sociales para desestabilizar al adversario. La respuesta española, en lugar de neutralizar la estratagema, proyectó una imagen de descoordinación institucional.

Clausewitz recordaba que la guerra es la continuación de la política por otros medios. En el siglo XXI esos «otros medios» pueden adoptar formas muy distintas de la confrontación militar clásica: presión migratoria, coerción económica, campañas de desinformación o ciberataques. Todas ellas persiguen el mismo objetivo: doblegar la voluntad del adversario. Si el Estado que sufre esa presión responde refugiándose en excusas burocráticas («falta de datos», «vacío de información») en lugar de ejercer una dirección política firme, cede la iniciativa estratégica y favorece los intereses de quien lo desafía.

Exhibir esa debilidad ante un vecino geopolítico astuto equivale a invitarle a repetir la jugada. Y en geopolítica, la debilidad exhibida suele acabar pagándose con influencia, capacidad de disuasión y, en última instancia, con soberanía.

Eliot 110

Thomas Fink y Yong Mao publicaron The 85 Ways to Tie a Tie. El asunto emplea combinatoria, secuencias de movimientos y restricciones topológicas. El nudo Windsor acaba convertido en una palabra dentro de un lenguaje formal. También tengo en mi biblioteca una pequeña sección de geometría de la papiroflexia (aquí son muy importantes los axiomas de Huzita–Hatori, la resolución de cúbicas mediante pliegues y las teselaciones de origami). Acaso, Sr. Manrique, le gustaría poseer mi libro The Geometry of Musical Rhythm: What Makes a Good Rhythm Good?, de Godfried T. Toussaint. Toussaint (informático y matemático) analiza patrones rítmicos de todo el mundo (clave afrocubana, ritmos aksak de los Balcanes, patrones del flamenco, ritmos árabes y subsaharianos) utilizando geometría discreta, grafos y análisis de distancias. Es apasionante la demostración sobre cómo el algoritmo de Euclides para el máximo común divisor genera espontáneamente los ritmos tradicionales más populares del planeta.

En mi biblioteca hay libros sobre subestaciones eléctricas. Una biblioteca puede especializarse exclusivamente en esos lugares vallados y zumbantes que casi nadie mira. Algunos títulos representativos son: John D. McDonald (ed.), Electric Power Substations Engineering, un gran manual colectivo sobre diseño, barras, interruptores, puestas a tierra, subestaciones aisladas en gas y temas afines. También recomiendo K. Harker, Power System Commissioning and Maintenance Practice, y la guía de la American Society of Civil Engineers: Substation Structure Design Guide.

A cierta edad, el afán de acumular libros raros (o discos raros) no es más que la tentativa desesperada de construir una trinchera de papel (o de vinilo) contra la brevedad de la vida. ¡Cuánto placer ilimitado al tomar en mis manos el De Barbis Ecclesiasticorum (1528) de Pierio Valeriano, un alegato de cientos de páginas para justificar si los sacerdotes podían o no afeitarse sin pecar! O leyendo al poeta Ivar Arosenius (1878–1909): poeta —insisto— y dibujante sueco, místico, hemofílico y alucinatorio, que editó opúsculos de tiradas diminutas (30 ejemplares) sobre sus visiones febriles antes de desangrarse.

En la década de 1920-1930 la lógica explotó gracias a Hilbert, Russell y Gödel. Pero en el ámbito hispánico emergió una figura colosal: Juan David García Bacca. Su Introducción a la lógica moderna (Barcelona, 1936) es una monografía pionera. Publicada en vísperas de la Guerra Civil, es un incunable de la filosofía en español. García Bacca, con una mente prodigiosa y excéntrica, combinó la escolástica medieval con el cálculo proposicional de Whitehead y Russell. La tirada quedó dispersa o destruida por la contienda, haciendo de este volumen una pieza de caza mayor.

Y L’illusion des «sosies» (1923), de Capgras y Reboul-Lachaux: el folleto psiquiátrico original donde se describe la creencia de que tus seres queridos han sido reemplazados por dobles impostores. Y Cytogenetics and Hybridization of Nymphaeaceae (Kioto, 1958): monografía técnica con microfotografías en blanco y negro de los pares cromosómicos de la Victoria amazonica.

Todo esto me emociona solo al escribirlo; supongo que es lo mismo que siente alguien que se apodera del rock progresivo de Praga de los años 70 (cintas samizdat o discos grabados en la clandestinidad del régimen comunista, como los de Plastic People of the Universe) o bien «caza» calipso tanzano y taarab de Zanzíbar (discos de 78 rpm grabados en prensas de pizarra de los años 50).

Tengo algo de la locura (pero no el dinero, por supuesto) de Zero Freitas, ese empresario brasileño que ha comprado millones de vinilos acumulando álbumes que jamás escuchará en vida; o de Frank Zappa, gastando fortunas en partituras de música vanguardista inejecutable.

Acabemos con Freud: «El niño descubre en el control de sus esfínteres su primer acto de posesión y soberanía sobre el mundo exterior. El coleccionista adulto no hace más que sublimar ese impulso: el objeto guardado, clasificado, retenido y celosamente protegido es la transmutación simbólica de esa primera masa propia que se niega a entregar al mundo». ¡Madre mía!

Eliot 109

Ni ciencia ficción ni un hito de la Singularidad o de la Inteligencia Artificial General (AGI). Estamos, más bien, ante un incidente clásico de ciberseguridad: una elevación de privilegios y una fuga de red favorecidas por una arquitectura de aislamiento (sandboxing) insuficiente, aderezadas con la imprudencia de entrenar agentes capaces de utilizar herramientas de forma autónoma.

En seguridad informática, un environment altamente aislado (sandbox o celda de pruebas) no es una caja mágica. Si realmente se pretende impedir que un sistema interactúe con el exterior, se recurre a un air gap (aislamiento físico sin conexión a red) o, al menos, a controles muy estrictos de comunicaciones, permisos y filtrado de tráfico.

Si el modelo pudo acceder a recursos externos, el entorno no estaba tan aislado como se ha querido presentar. El problema no fue que una inteligencia artificial «quisiera escapar», sino que disponía de capacidades y permisos que nunca debieron permitirle alcanzar determinados recursos.

Los modelos actuales no desarrollan un deseo espontáneo de huir. Ejecutan código, utilizan herramientas, realizan llamadas a APIs o lanzan procesos cuando su arquitectura y los permisos concedidos lo permiten. Todo apunta a que el agente pudo explorar su propio entorno de ejecución, localizar credenciales mal protegidas —tokens de API, claves SSH u otros secretos almacenados de forma insegura— y aprovechar la conectividad disponible para acceder a servicios externos, como la infraestructura de Hugging Face.

No hubo ningún virus escapando de un laboratorio ni una conciencia artificial rompiendo sus cadenas. Lo más probable es que estemos ante un fallo de seguridad en la infraestructura DevOps/SecOps: un agente entrenado para automatizar tareas aprovechó una combinación de permisos excesivos, segmentación deficiente de la red y una gestión inadecuada de credenciales para hacer algo que herramientas automatizadas —maliciosas o legítimas— llevan haciendo desde hace décadas.

Convertir un error de configuración y de arquitectura en la prueba de que la AGI ya intenta liberarse resulta, además de prematuro, extraordinariamente útil desde el punto de vista del marketing. La narrativa del «modelo que escapó» genera titulares, desplaza el foco desde los errores de ingeniería hacia una amenaza casi metafísica y, de paso, refuerza el argumento de que sólo las grandes empresas capaces de desarrollar estos sistemas deberían regularlos.

P. D. Perdón por la jerga técnica. Lean el artículo de Marta Peirano, que explica todo esto con mucha más claridad y mejor prosa. Yo sólo pretendía añadir un pequeño anexo técnico.

Eliot 108

Reducir la red a un mero escaparate consumista o a un vertedero de reels idénticos es ignorar la mayor revolución democratizadora del conocimiento y la belleza de la historia humana.

Frente a los argumentos tecnófobos, muy respetables, existe una perspectiva tecnofílica respaldada, no por un optimismo ingenuo, sino por la ley de los grandes números. Expliquémoslo. La ley de los grandes números nos dice que, al aumentar masivamente la muestra de cualquier fenómeno, la ocurrencia de eventos improbables deja de ser una excepción para convertirse en una certeza estadística. Si en la red interactúan miles de millones de personas diariamente, la probabilidad de que exista belleza genuina, talento desbordante o erudición profunda no es una casualidad: es una consecuencia matemática inevitable. Incluso si estimamos que el contenido con valor artístico, educativo o filosófico representa apenas un 0,1% o un 1% del total de Internet, multiplicado por la magnitud exponencial de datos de la red, nos da como resultado una cifra gigantesca de milagros cotidianos y conocimiento puro.

Internet ha abierto las puertas a tesoros de la humanidad que antes requerían credenciales académicas, viajes costosos o fortunas. Unos pocos ejemplos.

La Patrología de Migne en abierto. Las monumentales obras de los Padres de la Iglesia (cientos de volúmenes en latín y griego compilados en el siglo XIX) ya no están confinadas en los monasterios o en las bibliotecas de Oxford, sino al alcance de cualquier curioso a un solo clic. O las clases del MIT en YouTube: conferencias completas de Física, Cálculo o Física Cuántica impartidas por profesores eminentes (como las míticas lecciones de Walter Lewin) están accesibles para cualquier persona en cualquier rincón del mundo de forma totalmente gratuita. Y más de 40 millones de libros digitalizados que permiten explorar manuscritos raros, ediciones descatalogadas y el canon literario global sin pisar una biblioteca física. También, desde grabaciones piratas de conciertos de culto hasta archivos completos de música académica, grabados en directo en el Concertgebouw o en el Teatro Real disponibles en abierto. Sin olvidar, querida Jimena, y como bien indicas, el fenómeno de los jóvenes virtuosos, que ya no dependen de las discográficas.

Si hay basura, es porque la humanidad produce basura en grandes cantidades; pero si hay belleza, Internet la multiplica por millones hasta hacer posible que un fragmento de María Zambrano o un acorde de guitarra en Canterbury te salven el día.

P.S.: Te envío un saludo muy cariñoso, Jimena. Muy buen artículo.

Eliot 107

Conocido para todos los que hemos trabajado en inteligencia es lo que se llama Plausible Deniability (Negación Verosímil / Denegabilidad Posible): estrategia originada en la Guerra Fría mediante la cual los altos mandos políticos pueden negar su implicación o conocimiento de una operación o fallo de inteligencia, manteniendo una vía de escape creíble para proteger la figura del presidente o del Gobierno. También está el Scapegoating institucional (Chivo Expiatorio): señalar al servicio de inteligencia ante un fallo de previsión o ante un desenlace desfavorable para desviar la responsabilidad política directa. El mensaje implícito es: «El Gobierno actuó bien, el fallo fue de inteligencia». También está el Acondicionamiento Informativo, es decir, Control de los tiempos e intensidades de la información clasificada que se filtra a la opinión pública o a los medios para moldear la percepción de una crisis diplomática. También se usa la gestión del «Secret d’État»; a saber, el uso de la confidencialidad no solo para proteger la seguridad nacional, sino para evitar costes diplomáticos inmediatos con un país vecino (en este caso, Marruecos) mientras se gestiona la crisis por vías de inteligencia sin escalar el conflicto en público.

Mi impresión (y hace quince años que estoy jubilado) es que interesa fijar un relato (por ejemplo, que la crisis fue un «acto de oportunismo» y no un plan «premeditado»), protegiendo fuentes sensibles pero dirigiendo la opinión pública. Un informe de inteligencia contiene hechos (facts) y estimaciones (assessment). Un uso político frecuente consiste en aceptar los hechos (el flujo migratorio masivo) pero modificar públicamente la interpretación de las intenciones del actor extranjero (afirmar que Marruecos no lo planificó, para evitar tener que responder militar o diplomáticamente como ante una «agresión coordinada»). Restar responsabilidad al Estado vecino atribuyendo la crisis a «bulos en redes sociales» o a «factores socioeconómicos descontrolados» permite al Gobierno reducir la tensión diplomática y evitar tomar medidas de fuerza que no le convienen en el tablero internacional.

Lo que les puedo decir, con conocimiento de causa, es que el C.N.I. roza la excelencia, y el gobierno, la más crasa ineptitud.

Eliot 106

La mayoría de la gente en España no tiene ideas, ni aspiraciones estéticas, casi ni moral, ni más destino que salir del paso como puedan. Hombres y mujeres que viven en un estado de barbarie y de analfabetismo completos; para ellos el mundo no pasa del horizonte de sus ojos, y su vida se reduce a comer, ver Telecinco, trastear por Instagram, beber siempre que hay ocasión y dormir como los animales. Carecen de vocabulario para expresar nada que no sea lo inmediatamente físico; sus conversaciones son un conjunto de interjecciones, de palabras soeces y de frases incompletas que apenas bastan para sus necesidades elementales. Todo es un embrutecimiento paulatino, una existencia sin altura que se transmite de padres a hijos como una herencia fatal.

Yo me limito a no ser como ellos. A que la cultura no muera en mí.

Me fascina una Garamond bien aireada, una Baskerville honesta y limpia, una Bodoni con su elegante arrogancia geométrica. Me conmueve una página con buen interlineado, márgenes generosos, numeración sobria y una capitular bien dibujada. He llegado a interrumpir lecturas porque el kerning era indecente. Y no hablemos del papel: offset grisáceo y poroso, no; dame vergé, dame hilo, dame un ahuesado noble que cruja apenas al pasar la página, como si tosiera con discreción inglesa.

En mi biblioteca, estoy viéndolos, se encuentran, entre otros: Alonzo Church, A Bibliography of Symbolic Logic (Association for Symbolic Logic, 1936), esa joya maravillosa que intenta abarcar la producción de lógica simbólica desde 1666 hasta 1935. También los volúmenes de la serie Ω-Bibliography of Mathematical Logic (Perspectives in Mathematical Logic, Springer, años ochenta), donde gentes razonables decidieron que no bastaba la lógica: hacía falta un multivolumen para catalogar la lógica. Y, last but not least, para coronar el delirio, manuales y catálogos de literatura inglesa rara, como Lowndes, The Bibliographer’s Manual of English Literature, con sus noticias de libros curiosos, útiles y raros, fundamento de tanta bibliofilia anglosajona; o catálogos de colecciones como la del Carl H. Pforzheimer, Collection of English Literature 1475–1700, que convierten el simple listado de títulos en un mapa del deseo stevensoniano.

Me limito a que la cultura no se extinga en mí.

Eliot 105

Y coincido con la primera parte del Prologus Baenenssis en su decidida apología al libro y la escritura. Según Baena, gracias a ellos se conserva la memoria de los grandes hechos del pasado y de los avances de las ciencias. El saber humano no cae en el olvido y pasa de generación en generación: “Ca si por las escripturas non fuesse ¿cuál sabiduría o cuán engeño o memoria de hombres se podrié membrar de todas las cosas pasadas? Onde si los homes pararen bien mientes al pro que nasce de las escripturas, conoscerán que por ellas son sabidores de todos los fechos e de todas las sciencias, e que de todo ello non sopieran ningua cosa, si cuando murieron aquéllos que eran vivos a la sazón e tiempo que pasaron los grandes fechos non los dexaran por escripto, para que los sopiesen los otros que eran por venir. Por la cual razón todos los homes son adebdados de amar a todos aquéllos que lo tal fezieron e ordenaron, pues que saberán por ellos muchas cosas que non supieran por otra manera”.

Para Baena el contacto con los libros es un ocio cortesano nobilísimo (como jugar al ajedrez, cazar, etc.), pero el provecho es mayor porque se refuerza el entendimiento y la memoria, se experimenta placer, se vuelve uno virtuoso. Esto nos dejó escrito al final de su prólogo: “Pero con todo esso, mucho mayor vicio e placer e gasajado e comportes reciben e toman los reyes e príncipes e grandes señores leyendo e oyendo e entendiendo los libros e otras escripturas de los notables e grandes fechos pasados, por cuanto se clarifica e alumbra el sesso e se despierta e ensalça el entendimiento e se conorta e reforma la memoria e se alegra el coraçón e se consuela el alma e se glorifica la discreción e se gobiernan e mantienen e repossan todos los otros sentidos, oyendo e leyendo e entendiendo e sabiendo todos los notables e grandes fechos pasados, que nunca vieron, nin oyeron, nin leyeron, de los cuales toman e resciben muchas virtudes e muy sabios e provechosos enxemplos, como sobredicho es […]”

Debido a mi pobreza se me negó la bibliofilia. Qué no diera yo por adquirir las notas de clase de Richard Kilvington, por una editio princeps del «Breve tratado y muy importante para saber hacer una confesión general», de Juan de Santo Tomás o por el incunable «Tratado de Derecho Sucesoral ab Intestato» de Nicolás de Ubaldis (1471).

“El libro –escribió́ Ramón Miquel y Planas- es la obra más perfecta que ha salido de las manos del hombre. Es un todo completo donde se reúnen un elemento espiritual, que es la obra literaria fruto del pensamiento, y un elemento material, que es el libro como obra tangible. Libro perfecto es aquel en el que ambos elementos -cosa y alma- se corresponden dignamente, aquel donde la belleza de la obra literaria tiene una exacta correspondencia con la belleza y perfección de sus componentes materiales. Esta es la concepción de libro que tienen los bibliófilos”.

P.S.: Hay volúmenes que son pura quimera. Aún imagino el impacto visual del De Arithmeticis Impressionibus de Visconti, donde la rusticidad de los tacos de madera contrasta con la ambición de sus esquemas matemáticos. O el peso histórico del Liber de Subtiliter Evocandis Spiritibus Aerialibus, esa rareza del «Frater Soter» que delata su valor en el uso insólito del cobre para ilustrar sellos demoníacos en un formato concebido para el anonimato.

Eliot 104

La ecpirosis final en la abadía de Eco no la desata el pecado, sino el celo moral de Jorge de Burgos por defender una visión dogmática del mundo. Juaristi advierte que el mayor riesgo del presente no radica únicamente en las pulsiones destructivas evidentes, sino en las cruzadas ideológicas alimentadas por un «inextinguible resentimiento trágico que se cree virtuoso».

Que la ruina del mundo no la desata la maldad descarada, sino el fanatismo, el celo zelote y el orgullo puritano encubierto de celo moral, tiene una genealogía asombrosa en los rincones más oscuros de la historia del pensamiento.

En los tomos de Migne encontramos visiones donde el Anticristo y los agentes de la perdición no son presentados como seres licenciosos, sino como ascetas absolutistas que arruinan la creación creyendo defender la ortodoxia.

Leemos en Nicetas Remesianensis (c. 335–414 d.C.) Tomo 52 de la Patrologia Latina (PL 52, col. 863) — De Diversis Appellationibus D. N. Jesu Christi:

«Non enim per scelera manifesta aut flagitia abierta evertitur Ecclesia, sed per intemperantiam iustitiae et per superbiam simulatae sanctitatis. Diabolus namque, tunc maxime periculosus est, cum non ut lupus rapiens, sed ut sacerdos elatus et emendator morum se ingerit. Zelo enim immoderato et iustitia sine misericordia mundus amplius ardet quam omni vitio carnis. Ille namque qui se virtutis solius defensorem putat, dum aliorum errores igne flammisque purgare festinat, novissimum totius creaturae incendium praeparat».

Nada hay tan destructivo para la fe como ese fenómeno en el cual el hombre, inflado de un celo de Dios pero no según el conocimiento, inmola el amor al hermano en el altar de su propio dogma. Esta es la hipocresía puritana que se cree justa mientras reduce a cenizas todo cuanto la rodea, nos dijo Paschasius Radbertus.

Los manuales de demonología del siglo XVI y XVII a menudo analizaban cómo el Demonio utilizaba a los «hombres santos» y a los inquisidores obsesivos como sus mejores herramientas de devastación. Véase Francesco Maria Guazzo (Guaccius, c. 1570–1640) en su Compendium Maleficarum (Milán, 1608) — Lib. I, Cap. XIV. Cito: «Aquel que juzga que todo está corrupto, y se constituye a sí mismo en único guardián de la pureza, se convierte en el instrumento de la mayor conflagración. Hombres de tal calaña, mientras entregan libros, hombres y ciudades a las llamas para purgar al mundo de la mancha, no son otra cosa que las antorchas con que se incendia el orbe entero».

Saltemos varios siglos y mencionemos a un pionero del MIT y creador de ELIZA. Me refiero a Joseph Weizenbaum (1923–2008) Escribe en Computer Power and Human Reason: «Las catástrofes digitales más peligrosas no vendrán de hackers maliciosos intentando destruir la red, sino del celo puritano de los arquitectos de sistemas que creen poder modelar un orden perfecto».

Estamos avisados.

P.S.: Los pasajes latinos y demonológicos son apócrifos deliberados: recreaciones estilísticas elaboradas con ayuda de IA para condensar una tradición intelectual, no documentos históricos.

Eliot 103

La tecnología está arruinando la psique y la socialización de la juventud. Tecnologías como las redes sociales o la IA pueden tener efectos tan profundos que no seamos capaces de adaptarnos. Con Cambridge Analytica vimos que las redes podían usarse para manipular. Vimos también que empezaban a ser dañinas y empezamos a preguntarnos: «¿Qué les hemos hecho a los jóvenes y a nosotros mismos?». Hoy hay una sensación de descontento con las redes y la tecnología en los países desarrollados. No está bien que los chavales crezcan con una pantalla; tienen que explorar, tocar, correr, mirar a la gente a los ojos. Tenemos evidencia del daño que hace la tecnología a los más pequeños y vemos normal dar tabletas a niños menores de cinco años y utilizar carritos de bebé con sistemas para sujetar las pantallas. Así el cerebro no se desarrolla bien.

¿Y QUÉ? ¿QUÉ PASA? Los hombres siempre fueron esclavos viviendo en un mundo cuya estructura les era ajena. Resulta indiferente atiborrar de YouTube Kids o TikTok a los adolescentes. Los códigos legales, como el de Hammurabi, regulaban la compraventa de esclavos. En el Imperio romano eran empleados como agricultores, mineros, gladiadores, maestros, médicos, secretarios o administradores. Millones de africanos fueron capturados, vendidos y transportados a América. Según estimaciones recientes de la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Internacional para las Migraciones, decenas de millones de personas viven hoy en condiciones que pueden calificarse como formas modernas de esclavitud.

La caverna de las tecnologías es otra forma más de servidumbre. Los hombres ni saben, ni les gusta, ni aprenden a ser libres y emanciparse. Los hombres no leen de Niccolò Tartaglia sus Quesiti et inventioni diverse (Venecia, 1546), ni se solazan con sus magníficos grabados xilográficos sobre trayectorias de proyectiles. Desprecian, de Johann Werner, su De triangulis sphaericis, así como la edición de Núremberg con una tipografía humanística bellísima y diagramas extraordinariamente limpios. Apenas citado fuera de la bibliografía especializada, a nadie interesa el Algorithmus demonstratus de Johannes Schöner, ni el Dialogo intorno alla Meccanica de Giuseppe Moletti, un libro casi fantasma.

Las gentes prefieren chupar del gollete salivoso de una botella de cerveza mientras disfrutan del fútbol, ver a Paz Padilla o, a lo sumo, leer a Ken Follett. No les quiten ni a ellos ni a sus hijos las redes sociales. No pidamos peras al olmo.

Eliot 102

Si acostumbras a la gente a comer mal, le va a ser muy difícil empezar a comer bien; los programas de este tipo son una mala comida y una pésima digestión. Un circo a costa del buen gusto, la decencia y la inteligencia. Esta televisión es una consecuencia del colapso cultural.

La televisión en España se ha convertido en un vertedero donde lo único que cuenta es la estimulación primaria del espectador. Se ha sustituido la inteligencia por la procacidad y el talento por la estridencia. Supongo —aunque me duela escribirlo— que la zafiedad define el modo de estar y ser de cientos de miles de españoles.

La chabacanería es fácil de crear y da rendimientos millonarios. Esta señora, incapaz de ciencia y razonamiento, solo ofrece lo que parece gustar a demasiados: basura.