Historia

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En el nuevo -lujoso- salón cinematográfico

las parejas acuosas se estremecen

y hay un crujido de rumor de medias

e imperios dormidos en las cálidas

petit-suisses tras su blusa roja y dulce.

En la pantalla dos actores como el universo

se besan, se acarician, se encabalgan, fuman,

y una niebla tenue, rutilante, los encierra.

La maravillosa chica que está contigo

evita tus manos, labios y tus caricias,

busca con la imaginación la boca

rosácea o púrpura del protagonista.

El hombre debe estar solo.

La maravillosa chica que amas y no te ama

con calidades de noche y ocaso en el trópico

se abandona feliz a la pantalla, a su luz

zodiacal y oxigenada de sueños.

Lo aprendiste pronto: el hombre debe estar solo.

Inspirado en David Castillo

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Las dos hermanas gemelas van cogidas de la

mano. Ven a un mendigo justo al bajar la boca

del metro. “¿Qué le pasa, papá?”, pregunta

la más conturbada. “Es un ángel, un ángel rubio

que visita tus noches para cuidarte, o un brujo

que protege a las niñas de los negros aguaceros.

Sus ojos laten profundos porque así dan brillo

a las salamandras y a la Luna, con el pensamiento

es capaz de abrir claros en el bosque y transformar

al pájaro en dragón, al dragón en nube, y volver

otra vez a convertir a la nube en pájaro.

Es un príncipe de los lejanos países de la nieve,

que, en cafés, al salir del metro, escribe libros

y aconseja a los sabios del mundo. Pide monedas

para vivir, es verdad, pero os ofrecerá una rosa

para que nunca olvidéis por qué vivir.

Que no os engañen los ojos:

es el Emperador de los Bombones Tutti Frutti.”

Contra España

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España, demasiados retrocesos, llena de cabreros hirsutos,

con indolencia arábiga andaluza, con inane saltataulells catalán,

feísmo rural gallego, covacha quebrada cántabra,

con tienducha provinciana madrileña y costeras playas horteras,

España ufana como un gusano

que el arado parte en dos.

España televisual, futbolera, barista, de mal gobierno

y zarrapastrosa, pulposa, tuercebotas, chapuzas, pugnaz inculta,

zampabollos, incauta, con mayonesa en la comisura, y baba,

haragana, tumefacta, necrosada, tuitera, lo dicen las sefirot

cabalísticas: eres un ejemplo de burricie y detritus de alma.

España esquirla sin luz, de fanática negrura de confesionario,

ciclópeo atrio de la mendacidad, mucosa sentina idiota:

je acuse l´Espagne, y de mi judería soy, solo mi biblioteca es mi patria.

España sarmentosa ágata de la mecanografía, frutera y verdulera,

país de la caterva y la inepcia. Apostato. Hereje afrancesado

o conde don Julián, o anglófilo imposible, aquí os dejo, y feliz parto al exilio.

Bajo una égida más amable se cobijará mi nombre y ley.

Bajo un cielo de estrellas más brillantes seguirá mi sombra los caminos.

Nunca bajo los vientos congelados y torvos de esta noche ciega.

POST SCRIPTUM: Toda gran nación tiene una tradición de nacionales críticos con esa misma nación. Para mí el más español, el que más ama a España, es el que (queriéndola) también la detesta. Odi et amo, sin entender bien bien por qué. Copio y pego una crítica que hice al libro de Villena «Añoranza y necesidad de la tercera España». Ahí se aclara algo mi punto de vista.

«Me leí esta noche, «Añoranza y necesidad de la tercera España», de Villena, en Athenaica, doce euros muy bien gastados.

Tomito de propósito civil y educativo, divulgativo en la línea de los ideales ilustrados o regeneracionistas. Cela, en su entrevista en The Paris Review, declaraba que le gustaba la España de las moscas, los toreros de pueblo, los curas, la Guardia Civil con su tricornio, el garrote…La España, a fin de cuentas, negra y tópica y arrebatada, la de la cigarreras andaluzas con su faca en la falda y el boticario y el alcalde yendo de putas.

La primera España es tridentina, conservadora, dogmática, católica, monárquica, imperial. La segunda España es una contra-aserción o contra-declaración a esa España, heterodoxa, laica, incorformista, probablemente -seguro- la enterrada en el corralillo o cementerio civil, verdadero muladar de la época. Una España podría simbolizarse en la adusta e híspida mirada de Niño de Guevara, la otra en el empecinado -ciego y vesánico- Juan Negrín.

¿España? Demasiados retrocesos…; «clara, pobre y cejijunta» (Unamuno), la «espaciosa y triste España» sufriendo llamas, dolores, guerras , muertes, asolamientos, fieros males. «Ciego el ibero / de un furor inhumano / fulmina impío el reluciente acero / contra su propio hermano» (Meléndez) Y sorprendió Machado en nuestra patria «un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín» Y no solo Valente, Bousoño, Hierro, Gil de Biedma, Blas de Otero, Lorca («Oh España, luna muerta sobre la piedra dura»), etc…han expresado líricamente el dolor y drama de España, también los intelectuales han inquirido sobre nuestra naturaleza. Villena da un repaso periodístico somero a vuelapluma (pero ponderado y sagaz) a las ideas de Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, Ganivet, Ramiro de Maeztu, la polémica entre Unamuno y Ortega, Laín Entralgo etc…hasta deternerse en la agria disputa entre Américo Castro y Sánchez-Albornoz (inclinándose matizadamente más por el segundo debido a su mayor empirismo histórico)

En la segunda parte del libro dibuja su idea de la tercera España, es decir, de los desafectos de la primera y segunda que suele acabar en una degollina (real o simbólica). Desea una tolerancia respetuosa y culta, una unidad nacional en la pluralidad cultural, una España con una plenitud nueva fundamentada en nuestra vieja historia. Abomina lo feroz y necio (de aquí o acullá), los dislates gubernamentales de la diestra o la siniestra, quiere una educación global y de calidad y no cuarteada en cada reino de Taifas autonómico.

Coincido con el autor a la busca de esa tercera España. Si Villena es un descontento del lado oficial de la izquierda, yo lo soy del lado de la derecha política ortodoxo, a menudo ultramontano, asilvestrado o chupacirios, poco cosmopolita y libresco.

¿Alguna vez viveremos sencilla y doctamente, sin decir nada malo, sintiendo el barullo elegante de la vida?¿dejaremos de oír a politicastros graznando con ideas de chusco torrezno, meros gaznápiros encumbrados por la ambición desmedida, cesará ese ricino, tocino, morcilla y pepino de élites deslustradas, de socialcomunistas de culo dorado con medidas improvisadas a golpe -y sabor- de pimienta y cayena?¿Será España una nación rica, despejada, clara, libre y feliz, de no «inmemorial mal gobierno? Demasiados retrocesos, nuestra historia se cifra en pocos avances y demasiados retrocesos. Y en división cainita. Pero no es una mística del cielo ni indefectible «vox dei» que esto deba ser siempre así».

Ahora tenemos un gobierno mendaz y de categoría liliputiense. De dominguillos mentirosos y aficionados al trilerismo. De catetos palurdos aliados con la anti-España (incluso, para deshonor de la moral, con pro-terroristas y con golpistas) La educación hace aguas, la gente convirtiéndose en gentuza, la mala educación y la falta de humanismo, la no-cultura (que les hacen creer que es cultura), todo eso como moda cultural o rasgo de época. Votaré al PP o a VOX, pero sí, con un punto de culpa. El regeneracionismo urge a España. Una derecha no solo gestora o económica, sino abierta, cosmopolita, culta, que enfatice la libertad individual. Mi padre decía con frase feliz que, así como el queso es el complemento de una buena comida y el suplemento de una mala, así la derecha culta es el complemento de una buena derecha y el suplemento de una mala. Pues eso.

A veces creo que los españoles no sienten Pasión por la Libertad o no la comprenden apenas. Desean ir en manada y ser subvencionados. Este gobierno, si no cae pronto, creará un conjunto de borregos esclavos e ignorantes. También, en mi poema, vitupero metafóricamente a esa forma de España que ahora desgraciadamente ocupa el poder.

Diario

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(contra la tele y la radio)

Una de las formas clásicas de resistir y evitar la manipulación consiste en el discurso intelectual, en una afirmación vital y constante de la libertad de pensamiento.

Los periodistas, a mi juicio, cada día adolecen más de los mínimos estándares culturales e intelectuales requeridos para incorpararse a la Gran Conversación Cultural de la Historia.

Y, los intelectuales, al participar en la radio o en la televisión, hablan con frases simples de cualquier cosa hasta llenarlo todo de una universal farfolla de banalidad. La producción de banalidad presupone que el oyente o televidente disfruta escuchando a personas inteligentes, pero, claro, diciendo eso mismo que ellos podrían decir, no sea que se ofenda en su amor propio al oyente (cliente) de masas radiofónico o televisivo.

La radio (más aún la televisión) trivializa el acto de pensar. Dado que es la trivialidad y simplificación su lingua franca, no hace literatura, imita la literatura, no filosofa, divulga filosofía en píldoras o pósits de quiropráctico espiritual de autoayuda, COTILLEA sobre la cultura y la política en lugar de hacer cultura o argumentar políticamente de un modo consistente y lúcido o capaz.

La radio y la tele, al igual que el mercado y público que las sustenta, no pueden ser subversivas o mentalmente altas, solo ligeramente subversivas o mentalmente medias (es decir, falsamente subversivas y falsamente intelectuales) Y deben ser muy hip y muy cool.

Tal es la naturaleza de esos medios. Y el medio (McLuhan) es el mensaje.

Traditio

Papá, defiendo el legado de la casa que me legaste,

aunque España sea una gris y sucia pelambre de rata,

aunque balbuceen con farfollantes

palabras llameantes los incapaces de conversar con el Cielo,

pese a que Cataluña sea una atolondrada

y palurda, aldeana y muy árida, tortura psíquica,

aunque Europa aburra y Occidente

sea un turbio harapo, una Babel Caótica de Ruidos,

yo defiendo la casa que me legaste.

En mi jardín hay luz de altas estrellas,

el judaísmo en el centro de mi corazón

y pistilos untados con cosméticos

y pulpa en dulces odres (tu voz era un rumor

de savia verde en los lagares)

Defiendo la casa, y cuido del jardín y de mamá,

no te preocupes por nosotros papá.

¡Cómo te extraño! Tanto hablamos sobre los burriartistas,

los políticos radiando basura, burrijóvenes, sobre execrables

lerdos que subían al escenario social

con sus maneras de patanes chuscos

y su sebo de rucio diarreico manchando las iglesias.

El calor radiactivo de la civilización

enloquece a hombres y bestias.

De las cosas sagradas solo queda Dios y mamá.

Rememoro el escalofrío de piel de tigre que nos poseía,

la calma y precisión con que derrumbábamos

a la pieza reina del oponente,

nuestro Deus sive Natura como un himno astral,

y si vieras ahora a demasiados que aman su esclavitud

como reos conducidos al palacio de Anás.

Ahora a los hombres les privan

de todo aquello que es venerable,

deliberan traicionándose a sí mismos,

sin ideas claras y determinadas

su instinto niega el conocimiento intuitivo.

Sin discernimiento ni meditación de alma,

no memorizan lo importante para que se ramifique

y enriquezca o distribuya en su interior

sino que el paisaje de sus almas es esta Odisea del Barullo.

Para hacer cualquier cosa terrible,

para sobresalir en la estupidez,

para ser el hazmerreír del planeta,

la oscuridad no parece en general necesaria;

vivimos una época nublada y obscura.

Pero yo, no sin maravilla, defiendo la casa.

Me legaste la gran Belleza y el fogoso amor a la Verdad.

Me legaste la lujuria atlética de la Inteligencia.

Defiendo la casa, papá.

Defiendo tu enorme, lujosa biblioteca,

que es la historia de la fuerza de la mente humana,

tus medallas y monedas,

que dan testimonio de leyes y costumbres,

las pinturas y estatuas,

para que la vida continúe más allá de la tumba,

colecciono tus recuerdos

embalsamados en el ámbar más querido y dulce.

Vendrán noches, vienen ya múltiples noches, habrán más noches,

pero yo armado y presto al combate defenderé la casa.

Prudente es conocer la fragilidad de los hombres

y honroso ser un caballero.

Todo se derrumba o desmorona.

Al consuelo en la muerte

y a instruirte en vida,

dedicaste los frutos de tu laboriosidad.

A la grandeza rendiste honores.

Tu vida fue un majestuoso solo de violín entre la turbamulta.

Se dispersó a los cuatro vientos del firmamento

tu mente. Yo defenderé tu casa. Tu legado.

La soledad cansa como una radio con interferencias.

La soledad cansa como una novela moderna.

Estoy solo y meditabundo papá,

palabras de invierno agrietan mis labios.

Pero tu Luna de gatopardo me cobija.

Defenderé la casa de música y burbujas historiadas.

Papá, te juro que con mi sangre

defenderé la casa que me legaste.

Pequeña elegía

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Con dos infartos y un par de adicciones

sé que poca, muy poca vida me queda.

¿Balance? Gocé de scorts de inconsolable hermosura,

la exquisita paz de una familia que mucho me quiso,

instantes imprecisos del tiempo donde me creí invulnerable

o un corbeille de rosas al alba, o el château de Chambord

o el de Cheverny (en solemnes mañanas con bridón de llama),

Vermeer, Bernini, Viena, Lisboa, Tarski, Quine, Cavafis,

la prosa de burbuja historiada de Nabokov,

la ovonia que enloquece en amores de solo dos horas,

las penínsulas espaciosas del «Vosne romanee»,

asonante de frutas rojas y viñedos ducales,

largo como claridad de antorcha al trasluz púrpura,

gocé la inteligencia tanto de Fleur Cowles como de Suetonio,

estudié matemáticas, el oreo de novelas, el dramatismo

en el ballet de piruetas pensantes de algunos filósofos,

leí al barón de Maldà, las ocurrencias de senectud de Séneca,

soñé, imaginé, fantaseé, enloquecí con la belleza, ideé, creé,

jugué, canté, me dominó la pasión, hallé luz en la razón,

bebí, amisté, brillé, caí, copulé, amé, busqué y encontré.

Pero ahora mi felicidad no consiste en decir «mañana»,

sino que reside en la tristeza de una fúnebre palabra: «ayer».

Enclaustrado en feraz, feudal aldea gallega, desprecio el hoy

y ya solo espero dulcemente la muerte, esa última habitación

de hotel de lujo. Mero trotamundos por eléctricos eucaliptos,

nadie antes tan rico ha vivido nunca ahora tan mal y pobre.

A veces compensa la paciencia de escuchar cómo levitan las nubes,

las ovejas del vecino, echarle migas de pan a los pájaros,

el bosque enfurecido donde borbota y se fragua una lluvia inescrutable,

o percibir la vertiginosa corona de animales durmiendo

y a babilónicas nubes oníricas muy blancas en verano.

Muy lejos de insecticidas, cosméticos, grafiti, jóvenes adolescentes

en shorts, estallar de coches y el populoso incendio de las avenidas.

Mi alfabeto no son ya pequeñas librerías francesas o inglesas,

sino toxos, abruñeiros, bidueiros, pelusiñas y xestas. Sí, acaso mejor así.

Rodeado de este cascabaleo de inmensa precisión sensorial

el musgo y hojas secas aquí cubrirán mi tumba.

Muy pronto, sea por natura o solución romana, soñaré un sueño

que no podrá volver a soñarse para no soñarse más.

EN EL TIK TOK

Imagino voluptuosamente lo que haría

con tu cuerpo. Pétalos vibrantes, zarpazo

dulce tus labios rojos, tu cabello limpio

imagen de amanecer en Alejandría, algo de

artista en movimiento y porte: la dúctil

coreografía, la vasta alegría dentro de los ojos.

Sin rumbo, lleno de alta pasión desordenada,

tú me hipnotizas, oh líneas suaves del cuerpo,

rímel joven como pantera en la montaña,

calientes miembros, ojos claros en el rostro.

Perfume y razón de mi vida no dejar de mirarte,

henchida belleza a la vista, Belleza dorada

de Deseo. Fulgor de gozo para unos amores jamás

rutinarios, y exquisita emoción que traspasa el alma.

Que la vida sea afable, buena y generosa contigo,

que no te traten mal los híspidos ejércitos de la noche.

Y gracias por estos prohibidos y majestuosos

placeres que al verte acabas de hacer míos,

y que el caminante leerá dichoso en mi lápida.

Solitude

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Escribió sagaz y certero De Quincey: » Ningún hombre que, cuando menos, no haya contrastado su vida con la soledad, desplegará nunca las capacidades de su intelecto» Y Edward Gibbon insistió en una observación similar: «La conversación enriquece nuestro intelecto, pero la soledad es la escuela del genio; y la unidad de una obra denota la mano de un artista individual» O Jung, sobre un punto de vista bastante igual: «Los años en que estuve persiguiendo mis visiones interiores fueron los más importantes de mi vida; en ellos se decidió todo lo esencial» Y concluiré con un poeta, cifra y numen de mi hipótesis, expuesta con discernimiento sapiencial, energía en la dicción y exuberancia en la expresión. Escribió Wordsworth:

«Cuando, durante mucho tiempo, de nuestro mejor Yo fuimos

apartados por el ajetreado mundo, y desfallecemos,

enfermos de su quehacer y cansados de sus placeres,

cuán misericordiosa y benigna es entonces la Soledad».

La psicología popular y el arte comercial (o no tan comercial) nos han convencido implícitamente que la principal y casi única fuente de felicidad son las relaciones interpersonales, el comercio emocional con el amor, la familia y los amigos, desdeñando nuestros intereses, creencias y gustos solitarios e impersonales. Para mí es intensamente más esclarecedor y relevante lo que sucede en mi cabeza estando solo, incluso patológicamente aislado, que aquello, una mera Babel de Ruido u Odisea de Barullo, que me ocurre en compañía (donde siempre actúo algo exageradamente con la máscara -falsaria- de tipo irónico e ingenioso)

Me gusta estar muy solo, solo así soy yo verdaderamente, y, en la energía y bendición augusta de la soledad, mucho meditar, mucho contemplar los temas que me importan y obsesionan, y sentir cómo se modifican y agudizan las sensaciones, trabajar mentalmente en algunos poemas o incipientes y brumosas prosas, o en volanderas ideas indeterminadas, o habitar los poblados -densos, fosforescentes- recuerdos. Me gusta sentarme en el banco solitario de la plaza de mi aldea feudal (pasan a veces horas sin asomo de presencia humana) y ensimismarme y rumiar al compás o correr de la mente, y oír a los pájaros ducales, notar el ulular del viento como un Zeus benigno y cálido con su idioma celeste, asombrarme de la coloración granulada y puntiaguda de la luz mientras oscurece paulatina y lentamente.

Solitario crecen y se ramifican las ideas creativas, y solitario cada vez te conoces mejor ( te afinas mejor) a ti mismo. Cuando estoy en la odiosa Barcelona o en la provinciana Orense -donde también tengo casas- voy yo solo a los restaurantes, al teatro, a los museos, a las librerías o cines o cafés. Flâneur altivo y meditabundo, me siento en una rincón y divago egregio como un noble medieval frente a su fuego en noches de callado invierno.

Uno de los rasgos de mi personalidad es que la ternura y el afecto que indefectiblemente algo necesito no soy capaz de asimilarlos, me producen malestar, tensión y carga. Me desequilibra sufrir compañía y consideración. Por eso desde los nueve años estoy muy solo, desacostumbradamente e increiblemente solo. A veces es duro (la estricta y compacta -yihadista, esquizoide- soledad devora la felicidad y la dulzura), pero no siempre lo es. A veces, confrontado y enfrentado a mi soledad, ayuno de amistades y amores, afloran epifanías gloriosas, momentos eureka, sentimientos de poder, invulnerabilidad y exquisito placer inenarrable no susceptible de un trasunto en palabras. Sé que nado a contracorriente. Mi vida esteparia y eremita probablemente no sea un bien universalizable o deseable.

Paso también horas arrellenado en la butaca de mi galería acristalada contemplando el valle y meditando en las lindas musarañas o mirando árboles pulimentados. Los ruidos de la casa (crujir de la madera, unos perros ladrando, el golpear de la lluvia en los cristales, el tic-tac del reloj del comedor, el leve susurro de la calefacción, la respiración de mi perra) son como la savia que circula dentro de mí, y mi única querible melodía. Prácticamente nunca oigo la radio o enciendo el televisor ruin. Las redes sociales me provocan -su uso excesivo- una orgía de culpabilidad alemana. Mi medio natural es andar enclaustrado en mi mente silenciosa, o muy solo deambular (sin interactuar) entre la populosa muchedumbre.

El bullicio del mundo me asquea como una rata metida en la tráquea. Ser solitario es mi daimon y destino, mi santa unidad sagrada y rosácea. Lo admito: seguramente soy el más solitario de los hombres que han existido.

Diario

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La canallería incívica, bárbara y vándala son menos que miasmas infectas. Vándalos y suevos cruzan el Rin. Alarico saquea Roma. Los godos completan la conquista de Italia. De la muchedumbre (podedumbre) anfibia y mal nacida surgió demasiado español torticero y tartaja. El único mérito de esta civilización es que es tan mala y nefasta como la misma civilización.

Palingenio: “Tanta est penuria mentis vbique / in nugas tam prona via est!” (Tal es la penuria de la inteligencia en todas partes / que las tonterías tienen allanado el camino) «El impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres democráticos se deslicen hacia la barbarie» Tocqueville. «Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» como señaló cáustico -y muy certero- Gautier. «Vivimos en un siglo de electricidad, de gas,de guano, de crinolina, de caucho, de fotografía,de drenaje y de sufragio universal;y, sin embargo, somos menos letrados,menos artistas, menos delicados y menos educados que nuestros contemporáneos de Luis XIV,e incluso de Francisco I» Edmond About, Le Progrès, Hachette, 1864, p.356. «Lo único razonable en materia de política es un gobierno de mandarines, siempre que los mandarines sepan algo y, si es posible, mucho. El pueblo es un eterno menor de edad» declaró Flaubert, el intelectual más lúcido y profético del siglo XIX. «No me hable usted de los tiempos modernos, a propósito de lo grandioso. No dan ni para satisfacer la imaginación de un folletinista de la peor calaña» Flaubert. «Vulgus dividi in oppositum contra sapientes, quod vulgo videtur verum, falsum est» Roger Bacon. «La plebe se opone a los hombres sabios; lo que la plebe considera cierto, es mayormente falso».

Mandriles tecnológicos con absurdos pensamientos simiescos semiarticulados y proferidos en una semihabla descosida y analfabeta. ¿Cuándo decapitarán a Boecio? ¿Cuándo acuchillarán a Escoto Eriúgena? ¿Cuándo rodará la cabeza de Luis XVI? No entienden a Propercio o Tibulo y por eso desprecian. Se derrumban villas, palacios, estatuas, edificios públicos. Los bárbaros -esa chusma de griterío y mazas- llenan de yedra y cascotes las aulas, o escupen en la Academia platónica su bilis negra. No entienden tu lenguaje y sus intereses son los «reality shows» y el deporte. Huye, Christian, huye. Se oyen agrestes aullidos de lobo. Las bibliotecas devastadas, los caminos llenos de delincuentes, los acueductos no funcionan, los pocos gramáticos sin público, los teólogos sin saber griego. ¿Para quién escribes pequeña y vagabunda alma? ¿Para los ostrogodos? Huye, Christian, no te mezcles y desprecia a la chusma.

«…y ves detrás de cada cara ahondarse el vacío mental/ dejando solo el creciente terror de nada en que pensar;/ o cuando, bajo la anestesia, la mente está consciente pero no consciente de nada» T.S. Eliot, describiendo perspicazmente la mente del «populus». La educación pública no ha formado un público educado. El desastre es ciclópeo. Huye, pequeña alma. Vándalos y suevos están cruzando ya el Rin. Tipejos acémilos casi igual a bacterias, sin un gramo en su sangre de helenización, romanización, cristianización o ilustración ocupan tanto las mansiones de los ricos como pobres chabolas. Escribe y memoriza a Adriano, orgulloso de tu aristocrática, gatopardesca soledad:

Animula vagula blandula,

hospes comesque corporis,

quae nunc abibis in loca,

pallidula, rigida, nudula,

nec ut soles dabis iocos.

Mejor ese lugar desnudo que la pelambre sucia de este aquí y ahora.