La novela contra Darwin

Vivimos bajo la administración de soberbios popes científicos que pretenden una exhaustiva explicación monolítica del mundo y la vida. Como lector de novelas percibo la tensión en todo lo humano entre dos orbes disjuntos, el mundo objetivo y la experiencia subjetiva. Como lector de novelas y poesía no entrego el timón del universo y cuanto puede decirse de él a la ciencia. Para mí mucha explicación naturalista y evolucionista es absurda; Emma Bovary o Naphta o usted mismo no se describen por una experiencia aleatoria de selección natural con ventajas físico-químicas. Ni la ciencia, el arte, la razón, la moral y el valor, son meras predisposiciones cósmicas de enlaces de moléculas de carbono y oxígeno. La novela o la simple observación intuitiva introducen una variable teleológica en el devenir y en los eventos que una epistemología laxa debe asumir. ¿Qué le falta al universo napoleónico de los científicos? El respeto impersonal, no egocéntrico, por lo particular. La generalidad de la ley carece de la virtud de la excepción, del ejemplo altamente didáctico de los detalles. La literatura es una suma de detalles, un cosmos de detalles organizados a un fin. La ciencia es una antología de normas inflexibles que, por definición, excluyen el posible milagro.

Nada más punk y contestario, no que teñirse el pelo de verde y ponerse argollas en la nariz, sino que rezar humildemente una plegaria o un avemaría sabiéndola atendida.

Lectura de Paulo Coelho

 

Las obras a reseñar de Coelho son a la vez todas y ninguna; todas saben a intragable papilla de garbanzos, a croquetas de piedra y humo, a denso -con capas de verdín- yogur caduco.

Hay ciertos individuos que cuando hablan de la felicidad o del sentido de la vida parecen perorar o regurgitar como desde una hamaca de una colonia de vacaciones, embobando a adolescentes inarticulados y nada nutricios, o a gentes que no conocen bien el idioma que escuchan. Tal el ínclito Coelho. Su filosofía es un misticoide brebaje de quiropráctico espiritual distribuido en buidas y solemnes beatitudes y sandeces enlatadas.

Es un gurú o masajista anímico que cualquier intelecto mediano y honrado no puede menos que tomarse a chufla. Jamás confiere una intimidad verdadera con el universo de la significación. El fuego de la vida, la corola de las ideas, el pistilo de la sintaxis, son una pavesa reseca y sin fulgor en sus torpes manos. Es nadie, pero en cambio, así, empero, no comienza o principia a vivir, a ser paradojalmente algo. Es nadie en el peor y más lato sentido de la palabra.

Su carácter es aleatorio y su prosa respira rebuznos o grumos o vislumbres de pitonisa nocturna gagá. Su máximo regalo es un cucurucho de churros donde en él uno se pringa con las manchas de grasa. No tiene una belleza ni clara ni carente de claridad, pues la belleza nunca es un atributo que se pueda predicar lógicamente de sus peregrinas obras. Irradia un aire portentoso todo hombre que sabe que él mismo es también una isla para sí mismo; lo contrario de las elucidaciones elementales y churriguerescas del brasileño súbitamente iluminado.

Es infiel a sus muy escasas virtudes y muy fiel -casi todo una poética- en cambio a sus innumerables defectos. Propio de la alucinación industrial coetánea y del pobre sentido del mundo y el valor que más o menos implícitamente tenga representa su éxito multitudinario. Todo parece como el éxito de un vendedor de crece-pelo del Oeste.

En resumen, Coelho es el símbolo y epítome de la bajeza del trazo arbitrario, es el faquir embustero y de farfolla de la bajeza del artista ordinario. Si a usted lector le atrae Coelho y le deja frío digamos Proust o Montaigne (o sus pares), el problema obviamente no es de Montaigne o Proust, sino terminantemente suyo. El orbe decae con la opinión sin gusto, con el dislate del emborronador de cuartillas, o con el desmedido afán de alfalfa. O César o nada, o lectura patricia o nada; parece que disgustan las delicatessen -ostras de Arcade laminadas de aceitunas negras y tomatitos de invierno- en la Era Universal del BigMac.

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En mi vasto dominio

Nadie es particularmente moral o noble.

Toda asociación emotiva refiere al hipermercado.

La música de los nuevos devotos es tropicalmente fértil en escasez.

Las pasiones más desencarnadas se viven como un desenfreno que carece de resistencias.

Todos se irritan por constreñimientos inauténticos.

Ninguna palabra impresa da inspiración, consejo o deleite, en la Era de la Televisión o del Océano Informe de Internet.

Las personas se tornan más iguales, al no saber que pueden ser de otra manera.

Se troca en sentimentalismo deleznable el antiguo sentimiento elevado.

No se amolda el gusto a la opinión, la moral al mérito, la paz al espíritu, la costumbre al pensamiento.

Y el anhelo del hombre moderno es remodelar su naturaleza olvidándose de la justicia.

 

Así que, como un príncipe ruso que sube solitario a su trineo para partir -nieve, lobos, nieve- al exilio, quédate en la aldea contemplando lirios y altas nubes, y olvida el destino del hombre común con su idea de «mundo». Porque la posesión coribántica de ese mundo es locura y tú no eres la medida de esa galaxia afásica.

Lectura de Helen Fielding

young lady in warm wear thinking in city street
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Supongo que hay que leer de todo, elongar lecturas. La obrita, que por ningún lugar de grandeza y pericia orbita, la obrilla, que por ningún lugar de digna memoria brilla, a reseñar es: El diario de Bridget Jones. Principiemos hablando de mí, como es hábito en estas críticas impresionistas; yo denuesto la corte y villa y alabo la aldea, vivo (o vivía) en feudal -y casi cartujana y monástica– aldea orensana, agreste y solitaria, lluviosa y bendecida por el silencio, por lo que me alegro de no comerciar mi espíritu con estos especímenes de treintañeras solteronas metropolitanas. Como lector de Montaigne sé que el interés real de una vida recaen en las emociones, pensamientos y costumbres privadas, que recaen, en fin, en el yo. Y advierto apesadumbrado que el yo, a diferencia de lo que relatan las chácharas de terapeutas, no es algo que se encuentra, sino algo que se elabora. Y se elabora llenando el yo de pensamientos augustos, gobernando la vida con visión y sin vanidad, leyendo doctas y esclarecidas doctrinas, asumiendo el destino, rechazando la necesidad de comprar, vender o trabajar. La mayoría de hombres y mujeres llevan una vida de tranquila desesperación y han embutido sus adentros de noticias de televisión, psicología popular, panfletos de tertuliano y sueños de revista de moda, y amor romántico de plexiglás y hojalata. Carecen de una vida bella y alada, fraguada en la contemplación desinteresada del universo. Muchas mujeres, para horror y desesperación del orbe, son como esta heroína de Bridget Jones; preocupadas por la inflación de sus cuerpos pero no por la deflación de sus cerebros, y con un alma como esos terroríficos vestíbulos de casas de provincia donde es impertinente el comentario sobre el gusto, pues carecen absolutamente de él. Esta heroína abusa tanto de las convenciones que ella no es ejemplar sino un acabado prefabricado de convenciones, más que una conciencia autorreferente parece que por dentro la han montado como a un mueble de Ikea; certificaciones manufacturadas que activan sus motivos y propósitos y deseos. Dios alumbra a todos aquellos que escriben a mano y no a máquina. Dios no alumbra a la adiposa y obsesiva Srta. Jones. Su vida interior es un maleducado culebrón de atardecida, una conversación tópica de rancia peluquería, una acumulación de cliché y comida enlatada. La señorita Bridget Jones cae completamente en sus inclinaciones y defectos particulares porque no los contrarresta con los saberes desinteresados e inútiles del espíritu, se envilece en lo concreto y en superfluas bellezas fáciles, es fastuosa e inmensamente susceptible a la conversación liviana y las bagatelas, desea poseer y no gozar, se modela a sí misma para degenerar en lo inferior, como los brutos, y su alma es una insolente e implacable tiranía para sí misma. En las escrituras se compara la verdad con una fuente caudalosa; si sus aguas no fluyen en movimiento continuo, acaban por corromperse en una charca fangosa de conformidad. Bridget Jones se corrompe en la normalidad más vulgar y premeditada.

Lector, la cultura de lo más honorable y perfecto dicho y selecto pensado, sirve para enfatizar la diferencia y salirse del mogollón. Bridget Jones es la típica cuyo lema vital es más o menos el mal pareado «¿Dónde va Vicente? Donde va la gente». El epigrama bueno es cualquiera que arrase con el uso común, con la bestia del uso común, el que desarrolla e inviste nuestra legítima rareza, el que se forja en la heterodoxia si la ortodoxia es plebe y chusma, latón y no oro. La señorita Jones representa esa alma urbana tan hortera típica del siglo veintiuno. Una heroína tan leída y exitosa solo significa la decadencia (irremediable, exponencial, bárbara) de la civilización contemporánea.

Lectura de Susan Wise Bauer

El libro a reseñar, editado en Planeta, tiene el comercial título de Cómo ser culto, mejor expresado en inglés, The Well-Educated Mind. En su versión traducida los editores han omitido por completo el capítulo dedicado a la poesía. Para un norteamericano o lee o cae en la barbarie; para un europeo la civilización, al menos antes, en cierta medida la adquiríamos hablando y conversando, contemplando monumentos y por la inercia de la historia. Desdichadamente las nuevas generaciones ponen un muro con la historia, viviendo en una suerte de asilvestrado puntillismo, creyendo e ideando su experiencia del mundo la que se circunscribe exclusivamente a sus «moments of being». Alguien con veinte años supone y articula su cosmovisión a las vivencias de esos veinte años. El libro de Susan Wise es ordenado y voluntarista. Autoayuda yanqui optimista. Pero su análisis de cómo leer es a mi juicio impecable y definitivo, en la línea de aquel best-seller de los años cincuenta de Mortimer Adler. Divide la autora la asimilación de la educación en una tríada clásica o tres fases consecutivas, a saber, la fase gramatical, la fase lógica y la fase retórica, una actualización del escolástico trivium. Son los pasos de entender -gramática-, evaluar -lógica-, y expresar una opinión -retórica-. Una mente bien formada es el resultado de la aplicación, no de un genio innato, y este método es el menos capcioso y el más racional. Leer requiere una disciplina, como correr regularmente, aprender a cantar, o meditar. El laberinto de detalles ante un libro se vislumbra adecuadamente con el sistema del trívium clásico. «Algunos libros son para ser saboreados, otros, para ser tragados, y unos pocos, para ser masticados y digeridos» escribió Bacon. Saborear, tragar y digerir, es un uso paralelo de la gramática, tener un conocimiento básico de la materia, de la lógica, mezclar con el propio entendimiento el análisis de la información, y de la retórica, tener opinión propia respecto de la materia estudiada. Primero hay que entender los argumentos de una disputa, después evaluarlos respecto a su pertinencia, y por último argumentar con esos argumentos previamente cribados en tu propia elaboración cognitiva del mundo. Primero hay que comprender las ideas, después sopesarlas, y por último reaccionar ante ellas. No lo dice la autora pero esa distribución es la que debiera darse en la educación formal; en la educación primaria adquirimos los rudimentos de la gramática, en la secundaria de la lógica, y en la Universidad de la retórica. Que la malhadada pedagogía actual tiene los valores invertidos se observa cuando a los niños se les pide opinión de temas que todavía no comprenden y los universitarios en cambio estudian pasivamente y con los nefastos apuntes. Hoy en día la gente se siente ilustrada consultando las noticias o un diario web, cuando el conocimiento viene empaquetado en frases complejas y bien ensambladas en los libros. Es lo que decían los versos de Eliot ¿Dónde hemos perdido el conocimiento por tener información? ¿Dónde la sabiduría por conocimiento? La información es cosa de gramática, el conocimiento de lógica, y la sabiduría de retórica. Los media dan información, los libros sapiencia, y tu propia mente sabiduría. Enfrentarse a la verdad es la tarea de un hombre libre. Meditar y estudiar es lo propio de un hombre noble.

A continuación la autora aplica esa educación clásica en los campos de la novela, la autobiografía y memoria, la historia y el teatro. Connota todo como un delicioso Plan de Lectura Para Toda Una Vida. El sesgo en la selección de lecturas es anglosajón. Los comentos de clásicos demasiado resumidos y sucintos.

Un interesante libro para el autoaprendizaje ahora que la escuela es un nido de neoanalfabetismo.

Aristoi

Se difunde y escampa la excelencia de los mejores -aristoi- desde la cúspide de la pirámide a todo el cuerpo social, a través sobre todo de la educación, pero también por otros caminos como pueden ser el periodismo, los medios de comunicación, las revistas, la vida parlamentaria, distintos cenáculos ciudadanos, los museos, y muchas otras plataformas; así un edificio o una organización vecinal pueden ser civilizadas o bárbaras.

En las escalinatas de edificios nobles vieneses la altura de los peldaños está pensada para que las suntuosas damas no enseñen pantorrillas inconvenientes o acaso trastabillen pisándose las faldas del vestido. En una noble filípica política se apela al razonamiento ancho, se interpela a la generosidad y grandiosidad del espíritu. En un buen periodismo no se mercadea con la opinión ruin y caldeada y morbosa, sino que su referentes son la verdad y la expresión elegante de la verdad. La retórica capciosa, chulesca y roma de un parlamentario como Rufián es lo mismo que pintarrajear de grafitis un bello edificio, o bien un chismorrear de verduleras violentas y soeces. Entonces se difunde y escampa lo peor, los más viles y vulgares contraejemplos de bondad, verdad y belleza.

Tengamos las paredes de las casas pulidas y limpias. Exijamos lo mejor, denostemos la anemia vírica de los peores. Lector, en tu vida común y consuetudinaria, abroga en pos de la eminencia, denuncia la incuria mediocre. Lee buenos libros, piensa perspicua y claramente, vístete con ricos paños curiales de alcurnia. Pon tu grano de arena para que triunfe la civilización. Una sociedad o democracia como un todo se define por la calidad de cabeza y corazón del ciudadano o demócrata tomado uno a uno. Tienes tu parte alícuota en favorecer lo selecto y enmendar así lo peor. Elige la gloria que esplende y el deseo que aumenta. Juzga como libre. Investiga los altos poderes estéticos, discierne con criterio alto, fomenta la delicada sabiduría. Huye de ese lodazal llamado el aquí y el ahora, la televisión y el mamoneo, el infértil yo patológico. Que tu corazón no sea de ocio tabernario sino de vigor nocturno de jabalí. Alístate en las filas de los que suman más. Y no seas «pueblo», que el pueblo es un eterno y estéril menor de edad. Porque lo capital del asunto no es ser individualista, sino individuo.

Lectura de Miguel Dalmau y Román Piña.

Esta mañana me leí La mala puta. Réquiem por la literatura española. La parte del león la escribe Dalmau; el mallorquín Piña pone unas deslavazadas acotaciones finales desordenadas. Mi recuerdo de Dalmau, al hilo de la lectura de sus biografías de los Goytisolo y Gil de Biedma, era de un gacetillero morboso, corto de entendederas, escabroso y ayuno de ideas. Leías su panfleto sobre Biedma y no inferías una sola idea de por qué es uno de los mayores poetas del siglo XX español, y en cambio te volvías un erudito en chismes de hostias con amantes, en sabores y consistencias de lefas. Al leer esta especie de ditirambo negativo contra autores, agentes, críticos, et caetera, se subraya la misma impresión; ayuno de pensamiento, de diagnosis, de esquema y plan razonado de ataque, de calidades en las certezas y dudas, y mucha presencia de rebuznos, coces y muestras de puertas gayola un si es no es vergonzosas. Lágrimas de cocodrilo de burricie desarticulada, y un irritante colegueo coloquial como de anciano rockero añejo y medio gagá. No puedes sostener la tesis que la literatura moderna española es una mierda -tesis que, por cierto, también creo- con argumentos de detritus y menciones ad hominem, con una crónica de baratura que demuestra precisamente esa bajura y falta de valor. Esto más que un ensayo es un exabrupto de magazine para verduleras. Made in Dalmau.

Lectura de Terenci Moix.

La novela a reseñar, leída solo un tercio por lo tedioso de la misma, es Garras de astracán. Con un lenguaje mineralizado a lo periodístico, con un registro de prensa rosa, y, lo mejor, una vivaracha imaginación construida es escenas casi de sitcom televisual. Este es el tipo de literatura que se lee ahora, no tallada en delfín áureo, no en rosetones de gravedad, sino asentada en una pocilga del contento. Niebla y humedad se ciernen en las Letras, panzas fangosas y memez utilitaria. Este tipo de literatura es un martilleo o baraúnda que ejemplifica la estridente civilización actual. Hay publicidad y no hay logro, pecunio y no elevación, lujo y no pasión, coito y no comedimiento, burda psicología en lugar de orfebrería de delicadeza espiritual. La protagonista del engendro es una tal Imperia Raventós, que proclama sofisticación de vaca pija metropolitana, lujo de arrabal, modales de histérica, soledad de diseño, vagina cuarteada de vitriolo, nula inteligencia. Carece de atributos fascinadores, pese a los esfuerzos del narrador. Se pulveriza, insisto, el lenguaje, hasta convertirlo en un arenque seco de teletipo, en una mampostería de dicción tan aplanada como el vientre de un gusano o el color terroso de un armadillo. Con tanta poca monta el lector se convierte en un ilota de la palabra. Mi experiencia mental ante esta perogrullada es de vacío, de yermo, de estéril pasmo de salvaje en taparrabos. La buena literatura tiene un tapizado de múltiples referencias a los clásicos, y se expresa en una sintaxis y vocabulario de subido tenor. Hay en ella una profunda anatomía de alusiones a fuentes, que se reflejan y aluden en la nueva obra. Una vena de histeria rancia cruza las obras modernas. Ahora se es más perverso pero infinitamente menos sabio. Lo que es el dialecto universal de la juventud, esa superficie sonora patética del reggeatón, se transmuta o traduce en literaturas de sexo a gogó, en trasuntos de guiones de televisión, en costumbrismo de provincia rancia. Con ello tenemos un mundo interior sin cosmología ni cosmogonía; miras al interior de los corazones y solo ves marcas de ropa, vestíbulos de folclórica, deseos sin valladar de consumo obsesivo. El pionero de esta subliteratura fue Terenci Moix. Un tipo con muchas más cualidades y atributos que sus romances. Le libre á venir es esto. Y llegó ya.

De pulchritudo

DE PULCHRITUDO
De “Fuente de Corydon”

 

¡Cómo me gusta la Belleza de los nenes! Escandalosa y desordenada. ¿No es la Belleza un gran desorden? Hablar de pasión por la Belleza es hablar de una meditada pasión por el desorden. La raíz del arte es desorden; los nervios sexuales de la Belleza son arte estético molecularmente gaseoso, cognitivamente fuerte y esclarecidamente sagaz. El desorden pone en la mente vislumbres; la Belleza el deseo de mayor luz. Una extremada energía de Belleza es esa claridad sublime que vemos en el Amor. Y, diría, hay un coeficiente de exactitud o cálculo de estructuras en la Belleza que convierte en cacareo o cacofonía la energía solo científica de la Verdad.

 

Medianoche de la melancolía. Luna llena de finales de Agosto. ¿Dónde obras y seres Bellos?, ¿dónde la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento, y el conocimiento que hemos perdido con la información? ¿dónde la Belleza que hemos perdido con la imagen? ¿dónde la verdad desde que advino el nihilismo?¿dónde la letra miniada en lugar de la tosca tecnología?¿o dónde la soberanía del individuo? La voz de Fausto tejida de Homero es mármol pétreo que no se aviva, la irritación de Freud y la exuberancia de Shakespeare un vago sueño, el aire de Velázquez y la flauta de Mozart un aromado café en el enrejado de nadie. Oh tiempos romos y abajados y pueriles. Solo y meditabundo en mi playa maldigo. Y por ello mismo hago de la Belleza una religión del sentimiento, porque Ella es la clave de bóveda para salvarnos. En la inmensa y terrorífica noche total Su vagar errabundo de caracol, Su frente rosácea de estrella, es el símbolo y lo simbolizado, el enigma y la solución al enigma. En las aureolas de diez mil verdes en un centímetro cuadrado de césped se encuentra, en potencia, la salvación del mundo.

 

Son las cinco de la mañana y truena. Apago la luz y escribo a la luz de una vela. Suena el said (se habrá ido la luz) El repiquetear monótono del said es una prueba del corazón de chatarra de esta civilización. La luz de los relámpagos se cuela por las rendijas de la persiana. Sería hermoso y noble morir hoy, hermoso que ahora me decapitara la espada de Tor. Hermoso que la luna esférica temblara de miedo y osadía Bella. Me he sacado las gafas para escribir. Noche total. Silencio total. Cae una tromba de agua que dobla y tumba las flores. He muerto, ladies and gentlemen, he muerto. Les escribe un muerto. La muerte es desorden, la Belleza es desorden, Tor es desorden, los nenes son desorden. Desordenados del mundo, uníos.

 

La lluvia es una glacial apuesta por el desorden; así que no me busquéis en vuestros tugurios de familia feliz, en el reino ordenado de papaíto y mamaíta e hijitos. Soy amante -que conste en la ley moral de los cielos- de Belleza, de las Serpientes de Bronce, de las Serpientes que Une el Amor y Separa el Odio. Soy la Serpiente del Plano Onírico. Quien ama con desmesura la Belleza se acostumbra a vivir mal en el plano real, en el ordenado plano real. En el plano simbólico u onírico se encuentra, empero, a sus anchas. Con nenes como grillos que gimen, con nenes igual que cigarras, con nenes pura mies de luz, con nenes que desordenan al aire. La Belleza desordena in saecula saeculurum. Amén.

 

P.D. ¿Será mañana la Madre de Dios de las Nieves si ayer fue Santa Lidia en la serena noche del año II de Northlilia Bellezza Sherzo antes de nuestra era?

Escenas de vida de provincia

ESCENAS DE VIDA DE PROVINCIA
De “Fuente de Corydon”

 

“Así que te metió la mano en el paquete y tú le dijiste que tampoco olvidara que eres o tienes un alma. Eres delicioso cariño, absolutamente delicioso. ¿Bailarás?, ¿bailarás conmigo?; me gustas tanto que ni lo resisto ni me resisto. Eres Adonis acodado en su cuevita de gatito azul. Gracias por invitarme a tu casa. Me paso ahora mismo. Una de mis aficiones preferidas es derrotar a la soledad”

 

Abisinia es bella, y tu pelo, y el mar. Y tus ojos, su ritmo, parecen púlsares de un marabú. Ríos de lava vienen de los bosques para posarse al atardecer en la playa, playa que gira con quietud de sombra, de seda y acantilado, de tapizada brea al morir el día. En la playa nocturna orgía, marabunta de amantes. Sitges. Julio de 2004 d.C.

 

Se querían. Se amaban. Se querían. Después el tren inerme y frío, la puta luz del alba, la cama fría, solitaria, un triste secarral desabrido y con polvo de barro. Se querían. El vetusto hogar de uno de ellos muy en las afueras. El tiempo debe ser una honda que al impactar con la Belleza se disuelve, se disuelve…

 

Deseó escribir como Shakespeare. Mintió. Solo y únicamente deseaba escribir como se abraza el cuerpo de un hombre a otro hombre.

 

Demasiado Twitter, demasiado invierno, dulce amigo Tulio Christian Sanctis. Natural de antros sin luz, de astros sin luz, atentamente escucha lo escrito en estos grafitos pompeyanos; “el espíritu desea lo que ha perdido”, “herido por la belleza el corazón nunca oscurece”, “armónicos son los gestos del indecente bailarín en el burdel”. Vampiro en un laberinto sin sombras, caro Tulio, será, ocurrirá que amar es rememorar, que entre silvas y arbustos se halla o hallarase el cisne de oro o el diamante de agua. Y tienes los nervios húmedos, Tulio. Y aún tiemblas de deseo, pasión y violencia ante la oscura y brillante carne. Pero jamás olvides -escrito permanece en el aire-, que, bajo el cielo y las estrellas innumerables, solo somos sombras de un recuerdo, no somos sino un breve escalofrío, un astronómico silencio sin respuesta.

 

Verano de ligues y arenas rubias. El sol unta como da las horas un suntuoso y antiguo reloj dorado. Los muchachos son de verdad, como el mar, y juegan embrujados por el deseo y las palabras. Pelotas de Nivea. Mi mirada se centra en su verdor subterráneo. Hay una tensa alba troyana en sus slips. Admito la idea polémica de sus mentes como un campo nada cultivado, cierta general inelegancia. Pero su Belleza traspúa, traspasa, hiende, hiere. Saturno y una fiesta lunar los tatuará duro. En bungalows, en noches y oro y sudores, se abrazarán, se enhebrarán. Historias comunes extraordinarias. Verano de ligues y arenas rubias.

 

El duro tronco de tu falo, el duro durazno de tu verga, lo siento en mi boca igual que si paladease un tallo de hierba entre los dientes. Tu joven cuerpo bañándose en el río es crepúsculo de alma de un poema de Calímaco. Tus abrazos son fuego donde abrasarme, río donde ahogarme, sinfonía de noche donde guerrear, luz desnuda volcada por el alba naciente, fragante agua de rosas y brillante agua de oro. Metámonos manos escondidos tras el Partenón. Seamos de Eleusis espliego. Y después, si puede, que Zeus derribe los acantilados.