Eliot 71

De Prada no escribe propiamente un artículo argumentativo. Eso debe quedar claro: hay que saber distinguir los géneros. Escribe una escena dramática apócrifa, muy brillante, retóricamente seductora, un artefacto literario fascinante, una sátira barroca, un pastiche deliberado, un diálogo de cámara entre el presidente y un asesor monclovita. Ahí está su primer acierto: en lugar de decir «la entrevista fue una operación calculada», inventa la conversación en que supuestamente se decidió la operación.

Este procedimiento tiene una enorme fuerza porque sustituye la abstracción por la escena. No se limita a atribuir intenciones; las hace hablar, las pone en escena. La conspiración deja de ser una hipótesis y adopta una forma teatral, lingüística, carnal (si me permiten la exageración). Una ficción o argamasa que tiene antecedentes ilustres en la literatura, como las cartas satíricas del siglo XVIII o El diario de un loco. Juvenal, Quevedo, Swift o Karl Kraus lo habrían reconocido inmediatamente. Brillante, muy brillante escritor es Pradita.

La voz del asesor es monstruosa, pero no completamente inverosímil. Habla como el lector hostil imagina que hablaría un asesor sin escrúpulos cuando se cierra la puerta. La sátira logra así una forma de verdad psicológica. Pradita es un novelista de enorme oficio (la voz del asesor está magníficamente construida). Los hallazgos expresivos son abundantes («terraplanistas más cafeteros», «secretaria protocharo», etc.). La analogía con el cuento de Borges es perfecta (y provee al artículo de un aliento universal).

Desde el punto de vista lógico, el artículo es efectivamente un desastre. Lo fascinante es que cuanto mejor funciona literariamente, peor funciona lógicamente. Es un triunfo de la literatura (la parábola satírica) sobre la realidad. ¡Qué importa! Los matemáticos razonan en el infierno; los literatos, entre cirros y tímidos cúmulonimbos en las esferas de los cielos estelares.

Eliot 70

Luis Segalá es el responsable de la traducción directa al español de la Ilíada y la Odisea más difundida del siglo XX. Su visión, fuertemente marcada por el rigor filológico del siglo XIX y principios del XX, es aquella de la que me empapé en mi adolescencia (los ejemplares estaban en la biblioteca de mis padres).

Adrados, uno de los grandes helenistas europeos, proponía que la Odisea representa una desviación de la épica heroica tradicional: para él, es el antecedente primigenio de la novela de aventuras e incluso de la comedia. Destacaba la presencia de elementos humorísticos, eróticos —en esto creía lo mismo que Casanova, traductor de las epopeyas a partir del francés más que del griego—, astucias, cuentos populares y engaños cotidianos.

Miralles, que también fue poeta, analizó el uso de la mêtis (la inteligencia astuta de Odiseo) y la importancia de la palabra, y profundizó en cómo la Odisea recoge una espesa trama de tradiciones folclóricas del Mediterráneo antiguo.

La helenística española es excepcional.

P. D.: Gran artículo, Bustos.

Eliot 69

Barthes en La cámara lúcida:

«Buscaba en la fotografía la verdad del rostro que había amado […]. Y he aquí que, de repente, la imagen me fue dada. La fotografía era muy vieja. Los ángulos de cartón estaban ajados […]. Representaba a dos niños de pie, formando grupo, al final de un invernadero de cristales. Mi madre tenía entonces cinco años (1898) y su hermano siete. Él estaba apoyado contra la balaustrada del puente; ella, más pequeña, se mantenía algo más lejos, de frente; tenía la mano cruzada en la otra, como solía sostenerlas con frecuencia […]. Miré a la niña y finalmente reencontré a mi madre. La claridad de su rostro, la postura ingenua de sus manos, el lugar que había ocupado sin imponerse […]: todo ello componía la imagen de una inocencia absoluta […]. En aquella foto del invernadero yo veía la bondad que había formado desde el primer momento su ser […]. Reencontraba así una verdad de la imagen que era para mí inseparable del amor. En la fotografía del invernadero, mi madre era verdaderamente ella misma, la única que el duelo me devolvía».

Barthes busca a la difunta en las fotografías que de ella conserva. Deshoja el álbum, pero las imágenes solo le devuelven un parecido abstracto, un rostro estándar, una identidad civil. Todas le dicen «así era ella», pero ninguna le susurra «era ella misma», hasta que topa con la fotografía del invernadero. En este cliché de una niña de cinco años a la que él no conoció, Barthes reconoce milagrosamente a su madre. No porque la foto capte sus rasgos físicos de manera exacta, sino porque revela la cualidad misma de su alma: su soberana inocencia, su afirmación sin agresividad, esa manera de estar en el mundo sin ocupar el lugar de nadie.

Querida Ana Iris, de veras, espero que encuentres «la foto del invernadero» de tus hijos.

De parte de un hijo sin hijos.

Eliot 68

Igual que podem fer servir regles lògiques per construir una demostració o desemmascarar una fal·làcia, Pickwick pateix les escletxes del sistema (els tripijocs de Dobson i Fogg), però el sistema mateix és comprensible i computable: té un diagrama de flux amb inici i final.

La Llei a Kafka actua com una veritat que queda fora del sistema formal (el que Tarski o Gödel definirien com una veritat de metallenguatge a la qual l’operador intern no pot accedir). El pagès és davant la porta, però no la pot creuar mai perquè el sistema no li permet autoincloure’s en la demostració.

Llegir Dickens amb ulls matemàtics és com resoldre un exercici de lògica deductiva estàndard on, tot i les dificultats, la demostració tanca. Llegir Kafka és enfrontar-se a la paradoxa de Russell o als teoremes de Gödel: l’experiència de xocar directament contra els límits estructurals del mateix sistema.

Bon estiu, professor. Qui dia passa, any empeny. Prenc a les mans l’Einführung in die mathematische Logik. El volum —particularment en les antigues edicions de Springer— ofereix, des del primer contacte, una dignitat sòbria i acadèmica. El cartoné d’un groc pàl·lid, tan característic de l’editorial, té quelcom d’immediatament recognoscible per a qui ha freqüentat les biblioteques universitàries d’Europa: aquella tonalitat situada entre el pergamí envellit i l’avori tècnic que sembla anunciar, d’antuvi, un univers de definicions rigoroses, de símbols i de demostracions inexorables. La tipografia, neta i geomètrica, exempta de tota concessió ornamental, suscita una impressió de disciplina intel·lectual gairebé monàstica.

M’estimo més discutir de lògica i llegir Dickens a l’infern que no pas romandre ben viu en aquesta grisalla atroç d’ací. Tot arribarà al seu temps.

Passeu-ho molt bé. Bon estiu.

Una abraçada ben afectuosa.

Eliot 67

Pertenezco a Mensa desde los dieciséis años, he escrito catorce libros, hablo las principales lenguas europeas e incluso alguna que otra exótica. Y sin embargo, ¿soy digno de comentar a Arcadi? Heme aquí: admirador, amigo, esclavo y siervo. Como dijo T. S. Eliot sobre Henry James: Tiene una mente tan perfecta que ninguna idea puede profanarla.

Eliot 66

Permítanme el siguiente tren de citas parafraseadas y reelaboradas, pero muy fieles en espíritu, ordenadas cronológicamente y desplegando un hilo narrativo liberal que se amolda perfectamente a mi pensamiento, a propósito del caso Ferran y sus inversiones inmobiliarias:

«El estadista que intentase dirigir a los particulares sobre cómo deberían emplear sus capitales, no solo se cargaría con una atención del todo innecesaria, sino que asumiría una autoridad que no se podría confiar prudentemente ni a una sola persona, ni a un consejo o senado, y que en ninguna parte sería tan peligrosa como en manos de un hombre con la locura y la presunción suficientes para considerarse apto para ejercerla», Adam Smith.

«La única finalidad por la cual el poder puede ser ejercido de un modo legítimo sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada, contra su voluntad, es evitar que haga daño a otros. Su propio bien, ya sea físico o moral, no es garantía suficiente. Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y espíritu, el individuo es soberano. Si una persona posee una cantidad ordinaria de sentido común y experiencia, su propio modo de arreglar su existencia es el mejor, no porque sea el mejor en sí mismo, sino porque es el suyo propio», John Stuart Mill.

«El problema económico de la sociedad no es simplemente un problema de cómo asignar recursos «dados»… Es un problema de cómo lograr el mejor uso de los recursos conocidos por cualquiera de los miembros de la sociedad, para fines cuya importancia relativa solo esos individuos conocen. Pretender que una autoridad central puede saber mejor que el propio individuo qué hacer con sus recursos es una «fatal arrogancia»», Friedrich Hayek.

«Si el gobierno le dice a un hombre lo que debe hacer con su dinero, le está diciendo lo que debe hacer con su vida. Si el Estado toma el control de los medios de producción y de la asignación del capital, toma el control de toda la existencia humana. La libertad económica no es simplemente una libertad más; es la condición previa y el requisito fundamental de todas las demás libertades», Ludwig von Mises.

«No existe tal cosa como un «bien colectivo» separado del bien de los individuos que lo integran. La sociedad no es un organismo independiente con derechos propios. El hombre —cada hombre individual— es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de los demás. Nadie tiene el derecho moral de decidir por otro qué riesgo debe asumir, qué meta debe perseguir o cómo debe gastar el dinero que ha ganado legítimamente», Ayn Rand.

«Una sociedad que prioriza la igualdad por encima de la libertad no obtendrá ninguna de las dos. Una sociedad que prioriza la libertad por encima de la igualdad obtendrá un alto grado de ambas. La gran virtud de un mercado libre es que no le importa de qué color eres, cuál es tu religión o de dónde vienes; solo le importa si puedes producir algo que los demás valoren. Y, sobre todo, te deja a ti la responsabilidad y el derecho de tomar tus propias decisiones y sufrir o disfrutar sus consecuencias», Milton Friedman.

Ningún burócrata, ningún asesor no solicitado y ningún gobierno tiene la información completa sobre tus circunstancias, tus metas o tu tolerancia al riesgo. El riesgo de Ferran es suyo, el capital es suyo y su vida es suya; todo lo demás es paternalismo. Tú eres el único señor de tu reino. Tu dinero es tiempo de vida acumulado; decidir sobre él es decidir sobre tu propia existencia. No cedamos soberanía ni libertad: es nuestra posesión más valiosa. La verdadera libertad exige el derecho a cometer tus propios errores y aprender de ellos, sin que un tutor te diga qué hacer. Disfrutar de tus aciertos y pagar tus errores: esa es la gloria de ser libre. Ejerce la mayoría de edad.

Eliot 65

(Zapatero)

Parecía un hombre intentando espantar avispas con una pala. Un tipo grogui, sonado, tambaleándose a la vista de toda España. Da verdadero pánico ver cómo la conciencia se apaga de golpe: las piernas ceden, la mente se va a negro y listo. Cuando al final consiguen ponerlo en pie, se queda mirando a la nada, buscando un sentido de la orientación que ese nocaut le ha arrebatado.

***

«Yo ya no estoy aquí. Lo que usted ve es solo una cáscara vacía. Yo morí en el hospital el mes pasado», afirman algunos pacientes con síndrome de Cotard. La recomiendo como línea de defensa en el caso ZP. ¿Cómo van a declarar culpable a un fantasma?

***

Señoría, mi representado creyó con fe de converso que su criterio estaba por encima de los datos, de los informes técnicos y de la mismísima realidad económica. La negación sistemática del concepto «crisis» no fue una estrategia de comunicación; fue la manifestación clínica de una mente estructuralmente reacia a permitir que los hechos le arruinaran el relato.

El señor acusado hablaba en términos trascendentes, casi místicos, rozando la levitación: disertaba sobre la paz universal, la «Alianza de Civilizaciones» o su misión de guiar la historia mundial, mientras la prima de riesgo y el desempleo masivo eran relegados a meras bagatelas.

Años después de abandonar la Presidencia, mi cliente mantiene una febril agenda internacional —ilustrada en sus mediaciones en Venezuela— impulsado por la idea fija, que peritos de esta parte han calificado como delirio mesiánico, de que solo su talante es capaz de pacificar conflictos atroces e irresolubles. Su permanente sonrisa plácida frente al desastre y su discurso irreductiblemente utópico denotan una desconexión severa de la realidad.

Por todo ello, solicitamos la libre absolución por inimputabilidad plena al amparo del Artículo 20.1º del Código Penal. Tanto en el momento de los hechos como en el presente, sus capacidades cognitivas y volitivas se encuentran completamente anuladas por un cuadro de adicción al relato e incontinencia mesiánica que le impide comprender la ilicitud de sus actos o actuar conforme a dicho conocimiento.

***

En la escuela no aprendió a multiplicar ni aunque lo mataran a reglazos. Mientras el maestro explicaba las fracciones, él miraba fijamente una mosca que caminaba por el cristal de la ventana. Para su cabeza, esa mosca era infinitamente más comprensible y fascinante que el numerador y el denominador. Cuanto más le gritaba el profesor, más se encerraba en su caparazón de estupidez aparente.

Con el tiempo comprendí que no era tonto: simplemente había decidido que el mundo de los adultos inteligentes no valía la pena.

Se afilió al PSOE a los dieciocho años.

Eliot 64

Zapatero en televisión con traje y corbata (sin afán patrimonial) fingiendo compostura. El chulo de discoteca, rompebragas, cubata en mano, la solapa levantada, el pitillo enganchado a los labios con un hilo de saliva seca y una forma de mirar de soslayo imitando a un perdonavidas golferas. La velina de Telecinco con la manicura de gel con punta de estilete —diseñada para teclear en Instagram—, camiseta de tirantes donde la palabra PINK reluce en pedrería barata y vestido de licra fluorescente tan ajustado que se le adivina hasta el DNI. Un paleto bisoño con la camiseta de la selección de fútbol viendo la final en el bar.

España 2026.

Eliot 63

El «caso Andic» ejemplifica la paradoja de cómo personas brillantes, astutas y de un pragmatismo implacable en el mundo financiero pueden ser completamente vulnerables y torpes en el ámbito emocional. Ese vacío es, precisamente, el caldo de cultivo donde prosperan charlatanes y vendedores de crecepelo.

Por desgracia, la perspicacia e inteligencia aplicadas a los negocios no se trasladan por defecto al vago y brumoso mundo de los afectos. Y por ahí se cuelan mesmeristas verborreicos y sacacuartos.

El mejor consejo es el que se da uno a sí mismo tras una previa y abundante reflexión racional. El resto es silencio.

Eliot 62

El humor de Keaton —si me permites un par de ideas Boyero— era cerebral, físico e imperturbable. Una de las observaciones más citadas de Pauline Kael sobre él lo resume bien: «El rostro de Keaton no registra sentimientos; registra pensamiento».

Keaton no solo era un gran actor cómico, sino un verdadero autor cinematográfico capaz de estructurar sus películas como auténticas demostraciones geométricas en movimiento. E hizo feliz a millones. El extraño don de hacer feliz, de suspender tus miserias frente a la pantalla.

«Nunca se olvida a quien te amó», dijo Madame du Deffand. Tampoco se olvida nunca a quien te hizo feliz.